Ciencia

Ciencia paraguaya avanza sobre antidepresivos naturales

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Un equipo de investigadores de Paraguay logró validar científicamente el potencial antidepresivo de una planta nativa y puso en circulación un dato que trasciende lo académico. El estudio sobre la Aloysia gratissima var. gratissima —conocida como cedrón del monte— fue publicado en la revista internacional Pharmaceuticals y confirma que sus compuestos actúan sobre los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, claves en el tratamiento de la depresión. En una región como la frontera entre Paraguay y Misiones, donde el uso de plantas medicinales es parte de la cultura cotidiana, el hallazgo plantea una tensión silenciosa: ¿puede la ciencia regional traducir ese conocimiento tradicional en política sanitaria y desarrollo productivo?

Un hallazgo científico con impacto más allá del laboratorio

La investigación fue desarrollada por un equipo de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción, en el marco de un proyecto financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) a través del programa Prociencia.

El trabajo no se limitó a confirmar un uso tradicional. Avanzó en la identificación de mecanismos de acción concretos. Según los resultados, la fracción de acetato de etilo del cedrón del monte presenta “actividades similares a las de los antidepresivos”, al intervenir en los sistemas que regulan neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.

Los ensayos experimentales mostraron una reducción del tiempo de inmovilidad en pruebas asociadas a conductas depresivas, un indicador clave en este tipo de investigaciones. Ese efecto, además, se revirtió al bloquear los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, lo que permitió confirmar la vía biológica involucrada.

De la medicina tradicional a la validación científica

El estudio se apoya en antecedentes: el extracto etanólico de la planta ya había mostrado actividad similar a la de antidepresivos. Sin embargo, esta investigación profundiza en la composición química y en la interacción de sus compuestos con receptores cerebrales.

Entre las sustancias identificadas aparecen el ácido ferúlico, el ácido cumárico y el ácido 13-oxooctadecadienoico, con afinidad por los receptores vinculados al estado de ánimo. Las simulaciones computacionales indicaron que algunos de estos compuestos tienen capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica, una condición necesaria para que actúen directamente en el cerebro.

Otro dato relevante: no se detectaron efectos negativos en la movilidad durante los ensayos, lo que abre la puerta a pensar en alternativas terapéuticas con menor carga de efectos secundarios.

Una oportunidad estratégica en la frontera

El avance científico se inscribe en un contexto donde la depresión afecta a cerca del 4% de la población mundial, según la publicación. En ese marco, la posibilidad de desarrollar tratamientos a partir de recursos naturales cobra una dimensión económica y sanitaria.

Para regiones como Misiones, donde el vínculo con Paraguay es cotidiano y el uso de plantas medicinales forma parte de la vida social, el hallazgo no es ajeno. Expone un activo regional: biodiversidad, conocimiento tradicional y capacidad científica en crecimiento.

Al mismo tiempo, pone en escena una discusión más amplia sobre el rol del Estado y los sistemas de salud en la incorporación de desarrollos científicos locales. La validación internacional del estudio —publicado en una revista indexada en Scopus, Web of Science y PubMed— le otorga visibilidad, pero no garantiza su transferencia al sistema productivo o sanitario.

Un punto de partida, no de llegada

El descubrimiento no implica la disponibilidad inmediata de un nuevo tratamiento. Pero sí marca un avance en la dirección de integrar ciencia, biodiversidad y salud pública.

En las próximas etapas, la clave estará en observar si estos resultados escalan hacia desarrollos farmacológicos concretos o quedan circunscriptos al ámbito académico. También será relevante el papel de las políticas de financiamiento y articulación regional para transformar conocimiento en aplicación.

En la frontera, donde la circulación de saberes es tan fluida como la de personas, el cedrón del monte deja de ser solo una planta. Se convierte en un indicio de lo que podría ser una agenda compartida entre ciencia, salud y desarrollo.

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ATENEA completó su misión: el satélite argentino validó tecnología en el espacio profundo

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La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) informó que la misión del microsatélite argentino ATENEA finalizó con éxito luego de cumplir las 20 horas previstas de operación en el espacio profundo, tras haber transmitido correctamente los datos programados a estaciones terrestres.

El cubesat, que formó parte de la misión Artemis II como carga secundaria, logró comunicarse con estaciones en Córdoba y Tierra del Fuego y enviar telemetría sobre su funcionamiento en condiciones extremas.

La primera señal fue recibida a más de 40.000 kilómetros de distancia, mientras que el satélite alcanzó una distancia superior a los 70.000 kilómetros de la Tierra, un récord para la tecnología espacial argentina.

Durante su operación, ATENEA validó sistemas electrónicos en entornos de alta radiación, probó enlaces de comunicación de largo alcance y analizó señales de navegación en altitudes superiores a las de constelaciones como GPS, GLONASS y Galileo. Los datos recolectados serán clave para el desarrollo de futuras misiones con mayor complejidad técnica.

El proyecto, liderado por la CONAE junto a universidades y organismos científicos, representó un hito para la actividad espacial nacional al posicionar al país en un entorno de alta exigencia como el de Artemis II. Con el cierre de la misión, el satélite dejó resultados concretos en materia de validación tecnológica y experiencia operativa en el espacio profundo. 

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Ciencia que cura: innovación y conocimiento en el modelo del Parque de la Salud

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Las decisiones de políticas públicas conviven en tensión con la urgencia. A largo plazo, la paciencia y el esfuerzo colectivo tienen un costo en el presente que cosecha sus frutos en generaciones futuras. Por eso, cuando los recursos escasean, la tentación es recortar aquello que no produce resultados inmediatos. Sin embargo, está demostrado que en el campo de la salud los sistemas sanitarios que invierten en investigación, innovación tecnológica y formación profesional logran mejores resultados médicos y, a la vez, utilizan de manera más eficiente los recursos disponibles.

Investigaciones académicas de universidades de vanguardia como la que se realizó en la Universidad de Oxford respaldan esta afirmación. Los autores demostraron que los hospitales con mayor actividad científica presentan mejores indicadores de calidad asistencial y menores tasas de mortalidad. En la misma línea, trabajos de la Universidad de Pensilvania sobre hospitales universitarios en Estados Unidos muestran que las instituciones que combinan atención médica con investigación y formación de especialistas registran menos complicaciones clínicas y mejores resultados para los pacientes. Incluso estudios del National Bureau of Economic Research, en colaboración con investigadores de Harvard, concluyen que la innovación médica desde nuevas tecnologías hasta protocolos terapéuticos avanzados no solo mejora la supervivencia, sino que también reduce costos en el largo plazo.

La lógica detrás de estos resultados es sorprendentemente simple: un sistema sanitario que investiga, aprende. Y un sistema que aprende, evoluciona. La investigación clínica permite detectar antes las enfermedades, ajustar tratamientos, incorporar terapias novedosas y formar equipos profesionales capaces de responder a desafíos cada vez más complejos.

En ese sentido, la experiencia del Parque de la Salud en Misiones ofrece un ejemplo interesante de cómo la innovación puede integrarse al funcionamiento cotidiano de un sistema público de salud. Allí conviven la atención médica de alta complejidad, la formación de profesionales, la investigación científica y la incorporación progresiva de nuevas herramientas terapéuticas.

El Instituto de Genética Humana, por ejemplo, trabaja en el diagnóstico molecular y el abordaje de enfermedades poco frecuentes, un campo donde la ciencia y la medicina clínica se entrelazan de manera directa. La genética médica permite detectar patologías hereditarias, orientar tratamientos personalizados y acompañar a las familias en procesos que antes resultaban mucho más inciertos.

Algo similar ocurre en los espacios académicos del Hospital Madariaga, donde los ateneos clínicos permiten discutir casos complejos entre distintas especialidades, integrando miradas médicas, quirúrgicas y científicas. Lejos de ser una formalidad académica, estos encuentros constituyen uno de los motores silenciosos de mejora en la práctica clínica cotidiana. La innovación también aparece en el terreno de la capacitación profesional. Jornadas de intercambio entre equipos de enfermería, médicos y especialistas permiten actualizar conocimientos, compartir experiencias y mejorar los protocolos de atención en patologías cada vez más complejas.

Incluso en el acompañamiento a pacientes se observan nuevas formas de abordaje. Espacios de encuentro para personas con enfermedades hematológicas, como la leucemia mieloide crónica, buscan fortalecer redes de apoyo entre pacientes, familiares y profesionales de la salud, combinando información científica con contención humana.

Todos estos elementos configuran algo más que una suma de iniciativas aisladas. Forman parte de un modelo de sistema sanitario que entiende que la innovación no se limita a comprar tecnología. También implica generar conocimiento, formar profesionales, construir redes interdisciplinarias y fortalecer la relación entre ciencia y atención médica.

Este enfoque cobra una dimensión particular en el contexto económico que atraviesa la Argentina. La fragilidad macroeconómica empieza a reflejarse en distintos indicadores del mercado laboral y de la actividad productiva, mientras muchas jurisdicciones enfrentan restricciones presupuestarias crecientes. Las provincias no son ajenas a ese escenario y deben administrar recursos escasos en medio de un clima de incertidumbre.

En ese contexto, sostener políticas públicas vinculadas a la educación, la investigación y la salud continúan siendo los pilares de la Fundación del Parque. La incorporación de equipamiento médico de última generación en hospitales públicos, los programas de atención territorial y las iniciativas de capacitación profesional reflejan el esfuerzo por mantener en funcionamiento estructuras complejas que impactan directamente en la vida cotidiana de la población, confirmando una orientación clara: apostar al conocimiento como herramienta de mejora institucional.

La experiencia internacional muestra que los sistemas de salud que se limitan a administrar la demanda terminan estancándose. En cambio, aquellos que integran asistencia, ciencia e innovación logran adaptarse mejor a los cambios epidemiológicos, tecnológicos y sociales.

Investigar también es cuidar. Cada estudio clínico, cada instancia de formación profesional y cada avance científico que amplía el conocimiento médico también mejora la posibilidad de que una persona reciba un diagnóstico más preciso, un tratamiento más eficaz y una atención más humana.

En el contexto de creciente incertidumbre, invertir en innovación sanitaria puede parecer una apuesta ambiciosa. Pero la evidencia demuestra que, a largo plazo, es una de las decisiones más inteligentes que puede tomar un sistema de salud.

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Biofábrica Misiones: más del 80% de los puestos jerárquicos son ocupados por mujeres

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El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que busca poner en valor el rol y el aporte fundamental de las mujeres para el desarrollo de conocimiento científico. Un rol que ha existido históricamente pero que al mismo tiempo ha sido invisibilizado.

Proclamado en el año 2015 por las Naciones Unidas, reconoce el papel clave que desempeñan las mujeres en la comunidad científica y la tecnología. En este contexto, se busca apoyar a las mujeres científicas y promover el acceso de las mujeres y las niñas a la educación, la capacitación y la investigación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Según los datos oficiales de Naciones Unidas “en la actualidad, solo 1 de cada 3 científicos es mujer. La falta de igualdad de género en la ciencia no es solo un problema que afecta a las mujeres. Limita también el progreso científico y frena el desarrollo de un país y sus esfuerzos por construir sociedades pacíficas.”

En Argentina el instituto público que se dedica a la ciencia y la tecnología ha sido por casi 70 años el CONICET. En este sentido, más allá del contexto nacional actual de recortes y falta de presupuesto, cabe destacar que las mujeres son mayoría en la carrera de investigación, representando más del 54%. Aunque en la cúpula del directorio la participación ha sido limitada.

Biofábrica: equidad de género y aportes al agro misionero

En este marco, Biofábrica Misiones, el hito de las soluciones biotecnológicas en la provincia, una empresa pronta a cumplir sus primeros 20 años, está a la vanguardia en cuestiones de equidad de género. Así lo muestran los datos socializados de la empresa, de donde se pueden compartir varias cuestiones.

En primer término, destacar el rol de las mujeres en los puestos jerárquicos donde alcanzan el 84,6%. Cabe señalar que puestos jerárquicos son todas las áreas clave de investigación y desarrollo, gerencia, sub gerencia, administración, vivero. Al mismo tiempo, el componente de formación de estas mujeres es muy valioso no solamente en haber alcanzado en su mayoría doctorados o masters, sino también por el aporte en términos científicos que eso representa.

En el segmento de quienes realizan las tareas dentro de cada área el porcentaje de mujeres es menor, alcanzando el 41%. Cabe mencionar que estas tareas incluyen también las que se desarrollan en el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente.

Biofábrica se encuentra transitando sus primeros 20 años, una empresa que surgió para brindar soluciones biotecnológicas al agro misionero. En este contexto, vale destacar también en este día, el rol de quienes sostienen mediante su trabajo cotidiano un sinnúmero de tareas, remarcó el presidente Federico Miravet. Por su parte, la gerenta Luciana Imbrogno destacó “la alta presencia de mujeres profesionales, científicas, biólogas, genetistas, ingenieras, en cargos donde muchas veces hay procesos críticos que se resuelven mediante la planificación, alta capacitación, perfiles que deben monitorear y corregir procesos mejorando continuamente.”

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Biofábrica Misiones: una usina biotecnológica al servicio del desarrollo agroindustrial

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En casi dos décadas de trayectoria, Biofábrica Misiones se consolidó como un centro de agrobiotecnología de referencia en el país y la región. Bajo la dirección de la ingeniera agrónoma y magíster Luciana Imbrogno, la institución se transformó en un verdadero puente entre la ciencia y la producción, donde el conocimiento aplicado se traduce en soluciones concretas para el sector agroindustrial.

Desde sus laboratorios, ubicados en Posadas, se desarrollan plantas, bioinsumos agrícolas y tecnologías de cultivo in vitro que convierten la biodiversidad misionera en bienes y servicios de alto valor agregado. “Biofábrica representa una innovación tecnológica significativa que ha transformado los métodos tradicionales de producción vegetal”, señalan desde la entidad, que combina investigación, desarrollo y transferencia tecnológica con una fuerte impronta social.

De Cuba a Misiones

La historia de Biofábrica comenzó con la transferencia de tecnología desde Cuba, pionera en el desarrollo de biofábricas en América Latina, a través del Instituto de Biotecnología de las Plantas. Esa colaboración permitió diseñar e instalar una de las biofábricas más modernas de la región, equipada con tecnología de última generación y concebida bajo criterios de eficiencia energética, iluminación natural y esterilización avanzada.
Este modelo técnico-constructivo posibilitó un salto cualitativo: la provincia dejó de tener un laboratorio de micropropagación para contar con una planta capaz de producir material vegetal en escala y con estándares internacionales.

Biofábrica desarrolló un modelo productivo basado en competitividad tecnológica. Su estrategia combina la clonación in vitro con biorreactores de inmersión temporal y protocolos propios que aseguran uniformidad, sanidad, trazabilidad y escalabilidad. Estas capacidades le permitieron convertirse en un socio tecnológico clave para distintas cadenas agroindustriales.

La empresa pública-privada logró además la certificación ISO 9001 desde 2010, lo que garantiza procesos estandarizados y mejora continua en todas sus etapas: desde el diseño y desarrollo hasta la comercialización y transferencia de productos biotecnológicos.

Consciente de que la innovación requiere capital humano calificado, Biofábrica impulsa la formación técnica especializada mediante diplomaturas superiores en Biotecnología Vegetal y Bioinsumos Agrícolas. Estas instancias, desarrolladas en el Aula Taller Móvil, ya suman cinco cohortes y se complementan con entrenamientos a demanda para equipos de distintos puntos del país.

Además, la empresa diseñó y comercializa biofábricas móviles: unidades transportables que permiten replicar procesos de producción e investigación en otras provincias, junto con la capacitación de los equipos locales.

Entre sus principales hitos, Biofábrica produjo a escala plantas in vitro de banano, eucalipto, kiri, caña de azúcar y mandioca, todas con alta calidad genética y sanitaria. Estas iniciativas contribuyeron a la precocidad, mayor rendimiento y sanidad de las cuencas productivas locales.
En ornamentales, el centro se destaca por el rescate de orquídeas nativas y la producción de spathiphyllum, dracenas, alocasias, crisantemos y gipsófilas, estas últimas destinadas a la Cooperativa Misioflor.

En el campo de los bioinsumos agrícolas, la institución logró un avance pionero: el primer biofertilizante y biofungicida misionero, elaborado a partir de cepas nativas de Trichoderma. Registrado ante Senasa y autorizado para producciones orgánicas, se distribuye mediante capacitaciones a productores locales. Actualmente, se encuentra en fase de evaluación un biosinsecticida a base de Beauveria, que pronto estará disponible para el sector.

Cannabis medicinal

Desde 2022, Biofábrica lidera el desarrollo tecnológico en cannabis medicinal, integrando sistemas in vitro, indoor y de invernadero para garantizar el abastecimiento continuo de flores ricas en CBD. Este proceso —alineado con la norma internacional GACP— permite a la provincia producir aceite medicinal local, seguro y gratuito para pacientes del sistema público de salud, reduciendo la dependencia de importaciones.
Por esta innovación, la institución obtuvo el Primer Premio del Concurso Acciones Positivas de la Cámara de Comercio Suizo-Argentina en la categoría Pymes, en el eje de innovación tecnológica.

A lo largo de 19 años, Biofábrica Misiones se transformó en una herramienta estratégica para el desarrollo agroforestal, integrando ciencia, producción y territorio. Su aporte no se limita a la transferencia tecnológica: implica también una visión de sostenibilidad, inclusión y diversificación productiva que consolida a Misiones como un polo de innovación biotecnológica en América Latina.

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