Ciencia

Diego, el donjuán de Galápagos que salvó a su especie de tortugas

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TheNewYorkTimes. La tortuga gigante en Galápagos revirtió la amenaza de extinción y “seguirá reproduciéndose hasta que muera”, según un científico. Su experiencia ha servido como ejemplo sobre cómo evitar la desaparición de especies en el laboratorio de la evolución que son las islas.

De todas las tortugas gigantes que hay en estas islas, donde nació la teoría de la evolución, solo unas cuantas han recibido nombres memorables.

Existió Popeye, adoptado por marineros en una base naval ecuatoriana. También hubo un Solitario George, el último de su linaje, que pasó años ignorando a las hembras con las que compartía una jaula.

Además está Diego, un macho vetusto que es lo opuesto a George.

Diego ha procreado a cientos de crías: 350 según cálculos conservadores o unas 800 según los cálculos más fantasiosos. Sin importar cuál sea la cifra, son buenas noticias para su especie, Chelonoidis hoodensis, que estaba al borde de la extinción en los años setenta. Apenas quedaban más de una decena de sus familiares; la mayoría de ellos eran hembras.

Después llegó Diego, que en 1977 regresó a las Galápagos desde el zoológico de San Diego.

“Seguirá reproduciéndose hasta que muera”, dijo Freddy Villalva, quien cuida a Diego y a muchos de sus descendientes en un centro de reproducción en este complejo de investigación, ubicado en una costa volcánica rocosa. Las tortugas generalmente viven más de 100 años.

Las historias sobre Diego y George demuestran lo mucho que las Galápagos, en Ecuador, han servido como laboratorio evolutivo del mundo. Muy a menudo, el destino de toda una especie que ha evolucionado a lo largo de millones de años puede depender de la supervivencia de un día al otro de tan solo uno o dos animales individuales.

Diego y sus descendientes son parte de una de las iniciativas más destacadas para hacer que prosperen las poblaciones de tortugas de las Galápagos. Se estima que quizá tiene un siglo de edad y es uno de los principales motores de una recuperación notable de la especie hoodensis: ahora hay más de 1000 de esas tortugas en la isla Española, una de las muchas en Galápagos.

Su historia contrasta con la de Solitario George, que quizá era el residente más famoso de las Galápagos cuando murió en 2012 y tenía casi 100 años. Su especie, Chelonoidis abingdonii, ahora vive solo en camisetas y postales porque George, encontrado en 1971 por un biólogo en la isla de Pinta, jamás procreó ninguna cría en cautiverio.

En Galápagos, alrededor de 11 de casi 115 especies animales conocidas se han extinto desde que los científicos comenzaron a llevar registros. Sin embargo, el establecimiento de un parque nacional, así como los esfuerzos de los científicos, significan que las extinciones son una rareza. Por eso la muerte de George fue un golpe tan fuerte.

Los científicos hicieron todo lo que pudieron para sacar más abingdonii de George y sus parejas. Cuando George murió, una autopsia reveló que no se trataba de una falta de potencia, sino de una afección anatómica que afectaba su órgano reproductivo e impedía que procreara.

“No nos gusta hablar de eso”, dijo –medio en broma– James P. Gibbs, un profesor de biología de conservación de vertebrados en la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York en Siracusa (SUNY), y uno de los expertos en tortugas en el mundo.

Gibbs había regresado a las Galápagos desde el norte de Nueva York para traer los restos embalsamados de George y varias unidades costosas de aire acondicionado y filtros UV que conservarán al reptil en perpetuidad dentro de una suerte de mausoleo en una de las islas.

Tanto George como Diego tenían caparazones mucho más pequeños que los de otras especies, así como largos cuellos para alcanzar los pocos cactus que crecían en su ventosa isla. De alguna manera, esos pequeños caparazones fueron una maldición en sus hogares: los abingdonii y hoodensis eran presa fácil para los bucaneros y balleneros que llegaron a sus islas en siglos anteriores y tan solo los veían como alimentos indefensos y lentos que podían recoger fácilmente.

Tampoco ayudó que las tortugas gigantes de las Galápagos pueden sobrevivir hasta un año en el casco de un barco, lo que significa que brindan un suministro casi infinito de carne fresca, pues apilaban cientos de ellas debajo de la cubierta. Incluso las arrojaban por la borda cuando una nave necesitaba perder lastre para escapar rápidamente.

Una de las personas que cenaban carne de tortuga gigante era Charles Darwin.

“Vivíamos solo de carne de tortuga; cuando la coraza se asa con carne en ella es muy buena. Además, se puede hacer una sopa excelente con las tortugas jóvenes”, escribió Darwin en 1839, cerca del punto máximo del saqueo de tortugas, en el que unas 200.000 fueron asesinadas o cazadas en las islas.

Al final, los peces lo llevaron a la teoría de la evolución, no las tortugas.

“Puede que se haya comido a sus mejores especímenes”, dijo Gibbs.

La recuperación de la especie hoodensis de Diego también trae consigo un dilema que desconcertó a Darwin durante sus aventuras en las Galápagos hace más de un siglo, cuando estudió su fauna.

Conforme Diego produce más crías, y conforme las que ha producido se reproducen entre sí, toda la especie hoodensis podría comenzar a parecerse a Diego.

Los científicos evolucionistas llaman a este proceso el efecto de cuello de botella; es cuando los genes de los sobrevivientes llegan a dominar el acervo genético mientras las poblaciones repuntan. Eso es particularmente cierto en islas como Española, donde las tortugas de otros linajes no se reproducirán con los familiares de Diego.

Durante una tarde reciente, los expertos en tortugas se mostraron polarizados en cuanto a qué riesgo representa eso para la especie hoodensis. Gibbs lo llamó una “zona peligrosa”, donde la falta de diversidad genética podría significar que sean susceptibles a enfermedades peligrosas o cambios en el hábitat a causa del cambio climático.

Sin embargo, Linda Cayot de Galápagos Conservancy no estuvo de acuerdo, y dijo que las especies isleñas de las Galápagos tienen una larga historia de verse reducidas a tan solo algunos sobrevivientes que repuntaron sin incidente alguno, como una población de tortugas gigantes que eligió vivir en la caldera de un volcán. Después de que el volcán hizo erupción hace 100.000 años, las tortugas repuntaron y regresaron a la caldera.

“Cada especie vino de un cuello de botella”, dijo Cayot. “Es lo que pasa en las Galápagos”.

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La utopía de la innovación

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La Escuela de Robótica que se acaba de inaugurar es el corolario de una política de Estado comenzada a pergeñar hace más de una década. Misiones pasó de ser una de las provincias más afectadas por el modelo de ajuste y endeudamiento de los 90, con consecuencias nefastas sobre su economía y su población, a revertir indicadores sociales negativos y lentamente, transformarse en una de las provincias de mayor crecimiento del país, envidia de las vecinas del norte empobrecido.

Era utópico pensar en 2001 que Misiones podía tener una Costanera y un Centro del Conocimiento en Posadas, una Cruz de Santa Ana o un hotel de lujo en la selva cercana a las Cataratas del Iguazú. Muchos de esos sueños fueron vilipendiados por oposiciones rastreras y miradas cortoplacistas. El costumbrismo político aceptaba el destino ineludible de ser el tercer mundo del tercer mundo. Hubo que soportar la bilis y echar a andar las decisiones. Había hospitales vacíos de remedios pero llenos de necesidades. Hoy hay un impactante Parque de la Salud con un robot Da Vinci para las más complejas operaciones. Hay nuevos nosocomios públicos de norte a sur de la provincia. Con profesionales, con remedios y gratis que están al alcance no sólo de los misioneros, sino que salvan vidas de los vecinos de otros países y del norte correntino. 

La Biofábrica comenzó a clonar la producción misionera y a usar mentes formadas en la Universidad Nacional de Misiones.

De a poco, los inversores empezaron a ver a las Cataratas del Iguazú como un destino para apostar y florecieron hoteles en las 600 hectáreas. La Cruz de Santa Ana fue bendecida por el Vaticano y hoy es un vigía que se aprecia a simple vista desde varios kilómetros, pero también un destino turístico que cada día recibe a más fieles.

El Centro del Conocimiento pasó de ser una promesa a un faro del pensamiento. Biblioteca, sala de lectura, un escenario para las danzas y la música de primerísimo nivel y el fascinante IMAX, la nueva joya que se sumó al Parque y que está a la altura de las mejoras salas de cine 3D del mundo, según los ejecutivos de las cadenas Warner y Fox, que visitaron el lugar.

La escuela de Robótica es el corolario de este proceso. Pero a su vez, abre las puertas a nuevos sueños, los de cientos de chicos que comenzarán a formarse en ciencias como nunca imaginaron y desde apenas cinco años de edad. Va de la mano de una educación integral que contiene a más de 400 mil chicos en toda la provincia. En la apertura del ciclo lectivo Misiones tiene 29 escuelas por inaugurar. Debe haber pocas provincias con semejante ritmo de construcción de escuelas.

Es, sin dudas, un ejemplo palpable del resultado de la constancia y la decisión política, que se sostuvieron más allá de los momentos políticos y económicos. Llegará en estos días Tecnópolis Federal. Misiones podrá ser protagonista, ya no mera espectadora de la innovación. Una innovación que no se debe detener.

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La muestra Tecnópolis llegará a Misiones

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Hace unos meses, la idea comenzó a hacerse carne en una conversación entre el gobernador Hugo Passalacqua y el titular de Medios Públicos, Hernán Lombardi, encargado de la muestra Tecnópolis. Ahora se hizo realidad. La megamuestra se expondrá en Misiones durante dos semanas, entre el 30 de marzo y el 15 de abril, según confirmaron a Economis en el Gobierno provincial.

Los equipos técnicos de la Nación arribaron a Posadas para mantener encuentros con los funcionarios locales de Educación, Turismo y Jefatura de Gabinete para empezar a coordinar los detalles de la muestra que convocará a miles de familias no sólo de Misiones, sino de otras provincias de la región.

Misiones será la cuarta provincia del país a donde llegará la muestra. La primera fue Salta, con un enorme éxito.  Tecnópolis presenta atracciones dedicadas a la moda, paleontología, física, matemática, robótica, cuerpo humano, geología, máscaras e indumentaria y al científico Leornardo Da Vinci es lo que todo niño en edad escolar quiere ver y todo lo que los docentes sueñan con mostrar.

La muestra se expondrá en el Centro del Conocimiento y el objetivo del Gobierno es que la mayor cantidad de escuelas de la provincia pueda participar, lo que supone un enorme trabajo de logística que quedará a cargo de los funcionarios locales.

Desde el mes de enero comenzaron las reuniones con los equipos técnicos de Buenos Aires y las autoridades del Parque del Conocimiento para coordinar la organización de este evento. La presidente del Parque, Maggie Solari Quintana junto a la directora de Tecnópolis Federal, Alejandra Cuevas, iniciaron las acciones para la organización. El gobernador Hugo Passalacqua intervino para conseguir extender las fechas de manera que abarque los días de Semana Santa para sumar este atractivo a las propuestas turísticas provinciales y favorecer el flujo de visitantes.

El Parque es un lugar único por su infraestructura para poder contener la gran exposición. Si bien son varias las muestras importantes que se han realizado en este espacio, la envergadura de Tecnópolis es mayor, por lo tanto se está calculando todo lo necesario para el armado y puesta en funcionamiento.

Todos los estamentos del Poder Ejecutivo provincial fueron convocados para participar, en especial el Ministerio de Educación, la Subsecretaría de Ciencia y Tecnología y el programa Conozco Misiones de Gobernación, que tendrá a su cargo el traslado de escolares de toda la provincia para visitar la muestra.

Por la magnitud y extensión de este evento, son varias las cuestiones que deben definirse y para ellos se trabaja de manera conjunto con los técnicos de Buenos Aires, en base a su experiencia en las otras provincias. Misiones aportará en áreas como logística, seguridad, atención sanitaria, personal para atención a los visitantes, entre otras funciones.

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Científicos argentinos descubrieron una bacteria que puede estirar la vida más allá de los 120 años

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Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad Nacional de Rosario, del que participaron investigadores del CONICET, reveló que una bacteria probiótica llamada Bacillus Subtilis, además de sus propiedades positivas en el sistema inmunitario, puede actuar en forma directa sobre la longevidad.

La Bacillus Subtilis no es una novedad en sí misma. Se consume hace miles de años, sobre todo en algunos países asiáticos, donde no por casualidad su longevidad promedio se ubica por encima de la media mundial. Ahora los científicos rosarinos comprobaron sus efectos de longevidad en los gusanos nematodo Caenorhabditis elegans, que según los especialistas poseen las mismas vías regulatorias que los seres humanos.

Roberto Grau, director de la investigación publicada en la prestigiosa revista Nature Communications, pasó más de 30 años en el estudio de la bacteria. “Lo que pudimos observar en el caso del nematodo es que además de alargarles la vida tiene el efecto de mantener la vitalidad. Esto, extrapolado a humanos, significaría vivir más allá de los 120 años con una vitalidad de una persona de 50“, remarcó.

La bacteria tiene la peculiaridad, a diferencia de otras, de no requerir refrigeración para emanar sus efectos positivos. “Además, tiene la particularidad de producir un tipo de célula que se llama espora, que es altamente resistente y que, luego de ser consumida, germina y aparece la bacteria probiótica activa, produciendo efectos beneficiosos”, señaló a La Capital.

Para Grau, la Bacillus subtilis puede proteger contra las dos principales causas de muerte a nivel mundial. Por un lado, los distintos tipos de enfermedades. Por otro, el envejecimiento natural tanto de células, como de tejidos y órganos.

En el experimento realizado, el equipo de investigación demostró que el probiótico extendió la expectativa de vida de los gusanos y retrasó su envejecimiento. A su vez, lograron definir los mecanismos que entran en juego en el proceso. “Sabemos qué genes de la bacteria están implicados en regular genes del hospedador que llevan al aumento de la longevidad y encontramos que existe una correlación directa con los que se encuentran afectados en personas centenarias”, explicó Grau.

Uno de los puntos fuertes que arrojó la investigación radica en que la bacteria se puede incorporar sin mayor inconveniente tanto en comidas como en bebidas, aunque todavía queda esperar por el trámite que permita su inclusión como aditivo alimenticio.

“Puedo incorporar el probiótico en el alimento o bebida que más me guste o que esté más accesible según mi nivel económico o gustos culturales. Este es otro plus de nuestro trabajo ya que puede traducirse en un futuro cercano en una manera de mejorar la calidad y la duración de la vida de todas las personas de la sociedad”, resaltó el investigador.

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