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Colectivos: el Gobierno prorroga su circulación y busca evitar una crisis en el transporte de pasajeros

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La falta de renovación del parque automotor volvió a poner en evidencia uno de los desafíos estructurales del transporte argentino. A través del Decreto 654/2026, el Gobierno nacional resolvió extender hasta el 31 de diciembre de este año la habilitación para que continúen prestando servicios 559 colectivos modelo 2012, superando así el límite de antigüedad de diez años previsto en la Ley Nacional de Tránsito.

La decisión alcanza a las unidades de jurisdicción nacional que ya se encontraban habilitadas al 1° de enero de 2026 y busca evitar una reducción de la oferta de transporte en los servicios interurbanos de media y larga distancia. Como contrapartida, las empresas deberán someter estos vehículos a una Revisión Técnica Obligatoria (RTO) cada tres meses, un esquema de fiscalización más estricto que el habitual.

La medida responde a un problema que trasciende a una gestión de gobierno y refleja las dificultades que enfrenta el sector para renovar sus flotas. El elevado costo de las unidades nuevas, la caída de la inversión durante los últimos años y el impacto económico que dejó la pandemia generaron un retraso en el recambio de vehículos que hoy condiciona la operación de numerosas empresas.

De acuerdo con los informes técnicos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), las 559 unidades modelo 2012 representan una porción reducida del parque automotor nacional y su permanencia no modifica significativamente la antigüedad promedio del sistema. Ese análisis fue acompañado por la Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial, que consideró técnicamente viable la prórroga siempre que se intensifiquen los controles mecánicos.

El decreto también incorpora un criterio que gana espacio en las políticas de transporte de distintos países: privilegiar el estado de conservación y mantenimiento efectivo de las unidades por encima de un límite cronológico estricto. Bajo esa lógica, el Gobierno sostiene que un vehículo correctamente inspeccionado puede continuar prestando servicio sin comprometer los estándares de seguridad.

Sin embargo, la decisión vuelve a instalar un debate de fondo. Argentina exhibe uno de los parques automotores más envejecidos de la región. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), el país cuenta con casi 15,8 millones de vehículos y una antigüedad promedio de 14,8 años. Más de 4,3 millones superan las dos décadas de uso.

La situación también alcanza al transporte público. Relevamientos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA) muestran que la edad promedio de las unidades urbanas viene creciendo desde hace varios años, mientras que el sector sostiene que serían necesarias alrededor de 150 incorporaciones mensuales para estabilizar el parque automotor y recuperar un ritmo de renovación sostenible.

Desde una perspectiva de periodismo de soluciones, la prórroga puede interpretarse como una respuesta de emergencia para garantizar la continuidad del servicio, especialmente en corredores donde la sustitución inmediata de unidades resultaría inviable. No obstante, especialistas coinciden en que la solución estructural requiere mecanismos que faciliten el acceso al financiamiento para las empresas, incentivos para la renovación de flotas y reglas previsibles que permitan planificar inversiones de largo plazo.

El desafío no se limita a mantener colectivos en funcionamiento, sino a construir un sistema de transporte más seguro, eficiente y competitivo. En ese escenario, la extensión de la vida útil de los vehículos aparece como una medida transitoria que evita un problema inmediato, pero que deja planteada la necesidad de una política integral para modernizar el parque automotor argentino.

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El Gobierno habilitó talleres privados para realizar la verificación técnica vehicular

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La Secretaría de Transporte oficializó un cambio estructural en el sistema de Revisión Técnica Obligatoria (RTO): a partir de la Resolución 32/2026, cualquier taller mecánico, concesionaria o importador que acredite capacidad técnica podrá realizar inspecciones vehiculares, dejando atrás un esquema concentrado en plantas habilitadas específicas. La medida apunta a aumentar la competencia, reducir costos regulatorios y ampliar la oferta del servicio en todo el país.

Para el sector privado, el cambio implica la apertura de un negocio hasta ahora limitado por barreras regulatorias. Para los usuarios, promete mayor disponibilidad y flexibilidad. Para el Estado, el desafío será garantizar que la expansión de prestadores no termine debilitando los estándares de seguridad vial.

La resolución abre de manera permanente el nuevo Registro Nacional de Talleres de Inspección Técnica de Vehículos, que funcionará de forma digital a través de Trámites a Distancia (TAD).

El Gobierno sostiene que la normativa elimina restricciones que limitaban el ingreso de nuevos operadores y que generaban mercados cerrados en distintas jurisdicciones. Bajo el nuevo esquema, los talleres habilitados podrán inspeccionar vehículos particulares, unidades de pasajeros, camiones, maquinaria especial y vehículos antiguos.

La reforma también incorpora un mecanismo de “silencio positivo”: si la administración no realiza observaciones dentro de los 30 días corridos establecidos para analizar la documentación presentada, el taller quedará habilitado provisoriamente para operar, sujeto a auditorías posteriores.

Desde la óptica económica, el Gobierno busca trasladar al mercado la competencia por precio y calidad del servicio, retirando al Estado de cualquier intervención vinculada a la fijación de tarifas.

Qué cambia para los propietarios de vehículos

La modificación más visible para los usuarios está vinculada con la posibilidad de realizar la revisión técnica en una red mucho más amplia de establecimientos.

Además, se consolidan los nuevos plazos establecidos previamente por la reglamentación nacional:

Vehículos particulares

  • Primera revisión a los 5 años desde el patentamiento.
  • Hasta los 10 años de antigüedad, la revisión será cada 24 meses.
  • Más de 10 años, la inspección será anual.

Vehículos de transporte de cargas y pasajeros

  • Primera revisión dentro de los primeros 12 meses.
  • Controles posteriores cada 12 meses.

La acreditación seguirá realizándose mediante el Certificado de Revisión Técnica (CRT), acompañado por una constancia digital y la tradicional oblea para el parabrisas.

Una oportunidad para talleres y concesionarias

La resolución crea un nuevo segmento de negocios para el ecosistema automotor. Los talleres que cumplan requisitos de infraestructura, equipamiento y dirección técnica podrán sumar una fuente adicional de ingresos vinculada a las inspecciones obligatorias.

La normativa exige que cada establecimiento cuente con un director técnico, equipamiento específico y sistemas compatibles con la futura base de datos nacional que centralizará la información de las revisiones.

Para concesionarias oficiales e importadores, la reforma también abre la posibilidad de integrar servicios de mantenimiento, reparación y certificación técnica dentro de una misma estructura comercial.

La principal discusión que abre la reforma no está vinculada con la desregulación económica sino con el control técnico.

El nuevo sistema descansa sobre un modelo de auditorías posteriores realizadas por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), mientras que la Agencia Nacional de Seguridad Vial deberá adecuar sus procedimientos al nuevo esquema.

El riesgo señalado por especialistas en seguridad vial es que una expansión acelerada de prestadores genere diferencias de criterios o inspecciones de menor rigurosidad.

Por esa razón, la resolución ordena desarrollar una base informática nacional que concentre toda la información de las revisiones realizadas, permitiendo seguimiento, trazabilidad y control de certificados emitidos por los talleres habilitados.

La reforma representa uno de los cambios más profundos en el sistema de revisión vehicular de las últimas décadas. El éxito de la medida dependerá menos de la apertura del mercado y más de la capacidad estatal para auditar miles de inspecciones realizadas por actores privados distribuidos en todo el país.

Para Misiones, el potencial beneficio es concreto: más oferta de servicios, menores costos de cumplimiento regulatorio y nuevas oportunidades de negocio para talleres locales. El interrogante de mediano plazo será si la mayor competencia logra traducirse en menores costos para transportistas y automovilistas sin deteriorar los estándares de seguridad vial que justifican la existencia misma de la RTO.

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Transporte sin subsidio: el Gobierno elimina compensaciones por pasajes gratuitos y traslada el costo a las empresas

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La Secretaría de Transporte derogó el régimen que compensaba a las empresas de ómnibus de larga distancia por los pasajes gratuitos destinados a personas con discapacidad, pacientes trasplantados y niños con cáncer. La decisión redefine la ecuación económica del transporte interjurisdiccional en un contexto de desregulación tarifaria y podría tener efectos concretos en provincias periféricas como Misiones, donde las distancias largas, la baja densidad de rutas y las asimetrías fronterizas elevan los costos operativos del sistema.

La Resolución 28/2026 elimina las compensaciones que el Estado nacional pagaba desde 2018 a las compañías por los boletos emitidos bajo las leyes 22.431, 26.928 y 27.674. El argumento oficial es que, tras la liberalización del sector impulsada por el Decreto 883/2024, las empresas ya tienen libertad para fijar precios y absorber esos costos dentro de su estructura tarifaria.

La gratuidad para los beneficiarios seguirá vigente. Lo que desaparece es el reintegro estatal a las transportistas.

Del subsidio al “costo internalizado”

La resolución marca un cambio estructural en la política de transporte nacional. Hasta ahora, el Estado reconocía que el sistema de tarifa regulada impedía a las empresas trasladar ciertos costos a precios. Con la apertura del mercado y la libertad tarifaria, la administración nacional considera que ese argumento dejó de existir.

Traducido al negocio del transporte: las compañías podrán ajustar tarifas, frecuencias y recorridos para compensar el costo de los pasajes gratuitos.

Para Misiones, la medida tiene un impacto diferencial. No es lo mismo operar un corredor rentable como Buenos Aires–Rosario que sostener trayectos extensos hacia Posadas, Iguazú, Bernardo de Irigoyen o San Vicente, donde el costo por kilómetro es más alto y la demanda es más estacional.

En el NEA, además, el transporte de larga distancia cumple una función sanitaria y social mucho más relevante que en el AMBA. Miles de pacientes viajan regularmente hacia centros médicos de alta complejidad en Corrientes, Chaco o Buenos Aires.

El Gobierno sostiene que el nuevo esquema “no afecta el derecho a la gratuidad”. Jurídicamente es correcto: las empresas siguen obligadas a emitir pasajes gratuitos. El problema económico aparece en otro lado: quién absorbe el costo.

Hasta ahora, parte de ese gasto era cubierto por el Estado nacional mediante compensaciones financiadas por fondos fiduciarios y partidas presupuestarias. Desde ahora, el costo quedará íntegramente dentro de la estructura privada del negocio.

Impactos posibles en el mercado: Mayor presión sobre tarifas comerciales para pasajeros comunes. Reducción de frecuencias en rutas de menor rentabilidad. Concentración empresarial en corredores más rentables. Mayor selectividad operativa en destinos periféricos. Revisión de servicios nocturnos o semivacíos en el interior.

Para Misiones, donde la conectividad terrestre sigue siendo crítica pese al crecimiento aéreo, el tema excede al sector transporte: afecta turismo, comercio y acceso sanitario.

Qué impacto tiene en las empresas de transporte

Si bien la gratuidad de los pasajes seguirá vigente, serán las empresas las que deberán lidiar ahora con los costos de los pasajes gratuitos. En ese sentido, los datos más recientes referidos a dichos programas fueron elaborados por la Cámara Empresaria de Larga Distancia, donde se estimó una emisión anual de 100.000 tickets de viajes gratuitos anuales.

Según datos del 2023, el costo de los pasajes gratuitos por discapacidad ascendía a los 10.000 millones de pesos. Dicha cifra, actualizada a niveles inflacionarios actuales deriva en costos de en torno a los 40.000 millones de pesos que recaerá sobre las arcas de las empresas, que posiblemente trasladen la nueva presión financiera al resto de sus pasajes para no quedar desbalanceadas.

De cualquier manera, el sector del transporte de larga distancia ya acusa el estrés financiero que deriva de la nueva lógica de mercado, con tarifas desreguladas. Al igual que otros sectores de la economía, las empresas han advertido que la posibilidad de trasladar costos a los consumidores es cada vez menor en especial ante la competencia creciente de la oferta de vuelos de cabotaje bajo la lógica “low cost”, que el año pasado superó por primera vez la emisión de pasajes por vía terrestre.

Durante 2025, la emisión de pasajes para micros de larga distancia alcanzó los 22,7 millones de pasajeros. Mientras tanto, las aerolíneas emitieron pasajes por 26,4 millones de pasajeros, consolidando un crecimiento récord.

El punto crítico: la CNRT deberá controlar el cumplimiento

Uno de los focos más delicados será el control efectivo de la gratuidad. La resolución encomienda a la CNRT mantener los mecanismos para garantizar la entrega de pasajes gratuitos. Sin embargo, operadores del sector reconocen desde hace años tensiones recurrentes entre empresas y beneficiarios por cupos, disponibilidad y anticipación de reservas.

Sin compensación estatal, el incentivo económico para restringir o dificultar el acceso podría incrementarse. Ahí aparece un dato relevante para el interior: en provincias alejadas, donde hay menos oferta de empresas y menor competencia real, el usuario tiene menos capacidad de elección y menor poder de reclamo.

Aunque la medida no implica un recorte directo sobre beneficiarios, sí representa un retiro parcial del Estado de un esquema de financiamiento social del transporte. El ahorro fiscal nacional es claro. La incógnita es cómo se redistribuirá ese costo dentro del sistema.

En regiones centrales, el mercado puede absorber parte del impacto vía volumen y competencia. En provincias periféricas como Misiones, donde la conectividad tiene costos estructuralmente más altos, la transición puede sentirse con más intensidad en tarifas, frecuencias y calidad del servicio.

Lo que habrá que seguir de cerca es si el nuevo modelo realmente genera eficiencia o si termina profundizando desigualdades territoriales entre el centro del país y las economías alejadas de los grandes corredores comerciales.

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Eliminan normas de seguridad ferroviaria de 2013 y redefinen el esquema operativo del sistema

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El Gobierno avanzó el 14 de abril de 2026 con una decisión de alto impacto operativo y político: mediante la Resolución 23/2026, la Secretaría de Transporte derogó la normativa de 2013 que imponía restricciones estrictas de seguridad en el ingreso de trenes a estaciones terminales. La medida, firmada en el marco de la emergencia ferroviaria vigente, elimina obligaciones como la reducción de velocidad a 5 km/h en los últimos 20 metros y la presencia del jefe de tren en cabina en el tramo final.

El movimiento no es menor. Se trata de una norma nacida tras los accidentes de 2012 y 2013, que había estructurado durante más de una década un esquema de control reforzado sobre el factor humano. Su eliminación abre una pregunta inevitable: ¿el Gobierno consolida una modernización tecnológica o asume un riesgo político al flexibilizar estándares asociados a la seguridad?

De la lógica preventiva al control tecnológico

La resolución se inscribe en un proceso más amplio de revisión normativa impulsado desde el decreto 70/2023 y profundizado bajo la emergencia ferroviaria declarada en 2024, con vigencia prorrogada. En ese marco, el sistema ferroviario quedó sujeto a una auditoría integral de sus reglas operativas, de mantenimiento y seguridad.

El argumento central del Ejecutivo es que las condiciones que justificaron la norma de 2013 fueron “sustancialmente superadas”. La clave de ese cambio es tecnológica: la implementación del sistema ATS (Automatic Train Stop), que permite controlar la velocidad de las formaciones y activar el frenado automático ante incumplimientos.

Según los informes técnicos citados en la resolución —provenientes de la Operadora Ferroviaria, la Administración de Infraestructuras Ferroviarias y organismos técnicos—, ese sistema logró mitigar los riesgos asociados a errores humanos, que habían sido el eje de la regulación original.

En paralelo, el Estado también avanzó en la estandarización de los controles psicofísicos y de capacitación del personal ferroviario. La creación de un régimen unificado de habilitación, con exigencia de certificados psicofísicos vigentes, aparece como otro pilar del nuevo esquema.

El resultado es un cambio conceptual: se pasa de un modelo basado en restricciones operativas rígidas a uno apoyado en tecnología, procedimientos y autonomía de los operadores.

Más margen para operadores, menos regulación central

La resolución no solo elimina una norma. Redefine el equilibrio entre regulación estatal y responsabilidad operativa.

A partir de ahora, serán los propios operadores ferroviarios y administradores de infraestructura quienes podrán definir medidas de seguridad “transitorias” si lo consideran necesario. Es decir, el Estado deja de imponer reglas uniformes y traslada la gestión del riesgo a cada actor del sistema.

Este corrimiento tiene implicancias directas. Por un lado, fortalece la lógica de desregulación que impulsa el Gobierno en distintos sectores. Por otro, introduce una mayor heterogeneidad potencial en los estándares operativos, dependiendo de cada línea o concesionario.

En términos políticos, la decisión también dialoga con la narrativa oficial de reducción de “normas obsoletas” y simplificación del Estado. Pero lo hace en un área particularmente sensible: la seguridad del transporte público.

Señal hacia el sistema

Dentro del sistema ferroviario, la medida se apoya en avales técnicos de organismos clave y en la posición de la Operadora Ferroviaria, que había solicitado explícitamente la derogación. Esto sugiere una alineación entre el criterio político y las áreas operativas.

Al mismo tiempo, el desplazamiento del esquema anterior puede reconfigurar el rol de los organismos de control, como la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, que pasa a supervisar un sistema con mayor discrecionalidad operativa.

En el plano más amplio, la resolución se inscribe en la estrategia del Gobierno de avanzar por vía administrativa en reformas estructurales, sin pasar necesariamente por el Congreso. Aunque no se trata de un DNU, el contexto de emergencia habilita este tipo de decisiones con impacto profundo.

Monitoreo, riesgos y margen político

El cambio abre un escenario en desarrollo. La eficacia del nuevo esquema dependerá de dos variables: el funcionamiento real del sistema ATS y la capacidad de los operadores para gestionar riesgos sin un marco uniforme obligatorio.

En las próximas semanas, el foco estará en cómo se implementan estas facultades descentralizadas y si surgen diferencias entre líneas o regiones. También en la capacidad del Estado para auditar sin intervenir directamente en la operación.

El trasfondo es más amplio. La política ferroviaria se convierte en un laboratorio del enfoque regulatorio del Gobierno: menos reglas generales, más responsabilidad distribuida y confianza en la tecnología.

El equilibrio entre eficiencia y seguridad —siempre delicado— vuelve al centro de la escena. Y esta vez, con menos red normativa y más margen operativo.

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Auditoría integral y retención de subsidios, cómo es el plan oficial para ordenar el sistema de colectivos

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En medio de la polémica por los subsidios al transporte automotor de pasajeros, el Gobierno nacional avanzó con una auditoría integral del sistema de colectivos, que incluye la posibilidad de retener de manera preventiva las compensaciones económicas a aquellas empresas donde se detecten irregularidades. Frente a versiones que señalaban a operadores puntuales, una de las principales compañías del sector, Metropol, salió a aclarar que la medida no está dirigida a una empresa en particular, sino que alcanza a la totalidad de las compañías que integran el sistema.

La decisión forma parte de la estrategia oficial para ordenar el esquema de subsidios, reforzar los controles y garantizar que la asignación de recursos públicos se realice conforme a la normativa vigente, en línea con la política de contención del gasto y transparencia en el uso de fondos estatales.

Alcance de la auditoría y aclaración empresarial

Desde Metropol precisaron que “la auditoría y la eventual retención de subsidios ordenada por la Secretaría de Transporte alcanza a todo el sector y no exclusivamente a la empresa”, al tiempo que remarcaron que no existe ninguna resolución administrativa que disponga una retención focalizada ni que le atribuya irregularidades propias o diferenciales respecto del resto de los operadores.

Según la información oficial difundida por el Gobierno nacional, el proceso en marcha contempla una revisión general del esquema de subsidios, que incluye procedimientos administrativos, sistemas de control y mecanismos de liquidación de las compensaciones. En ese marco, la empresa subrayó que la auditoría no responde a una imputación específica, sino a un proceso de control integral sobre el funcionamiento del sistema de transporte automotor de pasajeros.

Metropol reiteró además su “plena disposición a colaborar con las autoridades competentes”, aportando toda la información requerida en el marco de los procesos de fiscalización y auditoría que se dispongan para el conjunto del sector.

Retención preventiva de fondos y control del sistema SUBE

En paralelo, la Secretaría de Transporte del Ministerio de Economía confirmó que, tras una reunión con las Cámaras de Transporte Automotor Urbano de Pasajeros del AMBA, se resolvió retener de manera transitoria los subsidios a aquellas empresas en las que se hayan detectado irregularidades, hasta tanto se verifique técnicamente lo ocurrido.

La medida se complementa con la instrucción a la Dirección de Fondos Fiduciarios para llevar adelante una auditoría integral sobre el sistema SUBE y los parámetros operativos, no solo respecto de la empresa denunciada sino sobre la totalidad del sistema de transporte. El objetivo es identificar desvíos, corregir fallas y evitar futuras irregularidades en la liquidación de las compensaciones.

El proceso de control contará además con informes técnicos de Nación Servicios S.A. y de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), basados tanto en el análisis de la información del sistema como en fiscalizaciones prácticas y presenciales en las unidades de colectivos.

Contexto político e institucional de la medida

Las decisiones se enmarcan en la política anunciada por el Secretario Coordinador de Infraestructura, Carlos Frugoni, y el Secretario de Transporte, Fernando Herrmann, durante el encuentro mantenido el lunes pasado con las cámaras empresarias del sector. El eje central es garantizar que la distribución de los subsidios se realice conforme a la normativa vigente, asegurando la transparencia, la trazabilidad y la exactitud en la asignación de los recursos públicos.

En un contexto de fuerte debate sobre el peso de los subsidios al transporte en las cuentas públicas, la auditoría integral aparece como una herramienta clave para reordenar el sistema, despejar suspicacias sobre tratamientos diferenciales y sentar las bases de un esquema más controlado y previsible.

Repercusiones y posibles impactos

Para las empresas, el proceso implica una mayor exigencia en materia de cumplimiento operativo y administrativo, con impacto directo en la liquidez en caso de retenciones preventivas. Para el Estado, la auditoría busca mejorar la eficiencia del gasto, reducir riesgos de irregularidades y fortalecer la legitimidad del sistema de compensaciones.

En el plano institucional, el alcance general de la auditoría —confirmado tanto por el Gobierno como por las propias compañías— apunta a desactivar tensiones sectoriales y a evitar que el proceso sea interpretado como una acción selectiva. El resultado final del control será determinante para definir eventuales correcciones en el esquema de subsidios y en la operatoria del transporte público en el AMBA.

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