COMUNICACIÓN

Dictarán el Seminario de Posgrado Repensar la comunicación en estos tiempos de “dueñidad”

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Tendrá un dictado de clases intensivas entre los días 26 al 30 de noviembre. Los horarios de dictado serán de 8 a 11 y de 16 a 20 hs en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (lugar a determinar) de la Universidad Nacional de Misiones

En los fundamentos de la propuesta, Maidana caracteriza el escenario actual signado por una crisis capitalista sobreactuada y una “dueñidad”  extrema de unos pocos que se manifiesta en “renovados ejercicios del poder global capitalista, patriarcal, colonial; intensiva acumulación por desposesión que profundiza desigualdades y señoríos descontrolados; conexiones tecnológicas en simultaneidad con procesos a todo terreno que erosionan la construcción de vínculos y la defensa de lo común” y, simultáneamente, como un territorio de “visibilidades recientes –en la calle, los medios y la web- de resistencias milenarias y luchas presentes no siempre articuladas; así como disputas off y on line por el sentido hegemónico del orden social;  signan entre otras tendencias este presente de crisis”.
Agrega entonces que “nada de eso sería posible sin la comunicación, aquello con y por lo que se lucha. Es que la comunicación – la mediatizada en particular- se encuentra en el centro de los procesos de acumulación del capitalismo actual, de su reproducción material y simbólica. Por eso mismo, es potencia y poder, cuestión de tácticas y estrategias que hacen al sostenimiento y/o a la resistencia contra el orden social dominante”.
Para la profesora “urge entonces repensar una vez más a la comunicación en las tensiones -que hoy- la constituyen, urge politizar la comunicación, revisar las concepciones y supuestos que signan teorías y prácticas del campo, poner en cuestión las reglas hegemónicas del comunicar del presente, interrogar una vez más la centralidad de la comunicación mediada tecnológicamente inscribiéndola en los procesos históricos concretos que le dan y a los que da sentido”.
La propuesta tendrá un dictado intensivo en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales ( lugar a determinar).
Cupo: mínimo: 25. Máximo: 50
Cantidad de horas:40 hs.
Aranceles:  $2.000
Clases presenciales: del 26 al 30 de Noviembre
Horarios: de 8 a 11 hs y de 16 a 20 hs

Inscripción AQUÍ

Información: Secretaría de Investigación y Posgrado. FHyCS- UNaM (Tucuman 1605, primer piso).   Tel. 0376-4430140 – Correo electrónico: investigacionfhycsunam@gmail.com
Programa Seminario Postgrado 2018

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La verdad los hará libres

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En este domingo la Iglesia celebra la Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales. El texto del Evangelio (Mc. 16,15-20), empieza señalando el mandato evangelizador que el Señor hizo a los Apóstoles: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura». En realidad, este mandato se sitúa en el centro de la tarea de todo bautizado que es evangelizar y siempre implicará, por lo tanto «comunicar» el Evangelio.
Cada año recibimos un mensaje del Papa sobre las comunicaciones. Este año dicho mensaje del Papa Francisco se titula: «La verdad los hará libres (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz». En dicho mensaje el Papa nos dice: «En el proyecto de Dios, la  comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.
Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.
Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas “fake news”».
« “Fake news” es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias».
«Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados».
«El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad». «En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas». «La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza»
«En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que  se puede contar siempre, es decir, verdadero, es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: “Yo soy la verdad” (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: “La verdad los hará libres”».
«Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa».
«El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se
responsabilizan en el uso del lenguaje».
En esta jornada de las comunicaciones sociales queremos rezar por este gran desafío que nos ofrece nuestra cultura. Cada uno desde su propio lugar, es responsable de generar una cultura de respeto, de diálogo y amistad. Pedimos especialmente por los trabajadores de la comunicación para que vivan su trabajo, como una responsabilidad que surge de una vocación desafiante, pero maravillosa.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Gobierno analiza aceptar el pedido de “operadores Pymes” y postergar la competencia plena en telecomunicaciones

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Las empresas chicas, que no participan del negocio móvil, quieren estirar el inicio de la convergencia al menos tres años más. Las chances reales de cambio
Las pequeñas operadoras de telecomunicaciones pidieron de tres a cinco años más para estar en condiciones de competir con las grandes compañías del sector. Y el oficialismo estaría dispuesto a ceder en la petición. De modo que, a partir de 2019, la convergencia arrancará principalmente en las grandes ciudades de la Argentina, y luego a todo el territorio nacional. Los pedidos van de 2022 a 2024 aunque hoy nadie se atreve a poner una fecha tentativa.
Es lo que surge de las primeras dos reuniones de la Comisión de Medios, Sistemas y Libertad de Expresión del Senado, a donde giró el Poder Ejecutivo el proyecto de “ley corta” que, según el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, apunta a incentivar las inversiones en infraestructura.
En estos primeros dos encuentros tanto las grandes compañías como las pequeñas y medianas, incluidas las cooperativas de telecomunicaciones, manifestaron sus posturas frente al inicio de la competencia. Mientras algunas se mostraron a favor de su inicio inmediato, las más chicas pidieron más tiempo para poder actualizarse en términos tecnológicos porque, de lo contrario, aseguraron estarán en inferioridad de condiciones frente a los jugadores más importantes.
Las empresas pequeñas y medianas se oponen a que prestadores como Telefónica y Claro den televisión paga por satélite en las localidades de menos de 80.000 habitantes. Fue una postura que dejaron en claro desde la cámara que nuclea a las empresas de internet (CABASE) y la de Cableoperadores Pymes (CACPY), aunque con fechas distintas en cuanto a la apertura total.
Así, mientras desde CABASE pidieron tres años más para el inicio de la competencia plena, es decir, en 2022, desde CACPY solicitaron una extensión de cinco años más, es decir, que arranque en 2024.
“Pedimos que el DTH (TV paga por satélite) en las localidades de menos de 80.000 habitantes se abra en cinco años para corregir las asimetrías porque estamos en proceso de reconversión. Y como no tenemos movilidad nunca vamos a tener las mismas condiciones”, dijo a iProfesional, Marcelo Tulissi, presidente de CACPY.
Desde CABASE se expresaron en la misma sintonía. Consideraron que el plazo del 1° de enero de 2019 para abrir el mercado en su totalidad “resulta insuficiente para fomentar la competencia y proponemos que el mismo se extienda como mínimo hasta el 1° de enero de 2022” con el objetivo de que todos los jugadores del mercado se preparen para brindar servicios múltiples. Y también se refirieron a la imposibilidad que aún tienen de participar del negocio móvil.
Aquellas empresas que no logran ingresar en la telefonía móvil más allá de los constantes pedidos que han elevado al Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) consideran absolutamente desigual competir sin esa pata, especialmente porque del otro lado tienen a los tres grandes operadores del sector, Telecom, Telefónica y Claro.
“Hace 20 años que sufrimos el oligopolio móvil con tarifas caras y servicios pésimos. El decreto 1340 expresaba la necesidad de un cuarto operador y parece que hoy ya no es tan importante. Debería haber competencia en todos los servicios, los territorios y los servicios por existir porque la demanda está insatisfecha en oferta y en calidad”, subrayó Franco Cecchini, presidente de CATIP, la cámara de telefonía IP, que nuclea a las operadoras independientes.
En la misma dirección se expresó Héctor Nocetti, presidente de la Cooperativa Popular de Obras, Servicios Públicos y Electricidad de Santa Rosa (La Pampa) quien consideró que así como se les va a otorgar a las grandes compañías a brindar TV paga por satélite debería contemplarse la chance de que las pequeñas empresas reciban frecuencias móviles de modo de estar en condiciones igualitarias.
“La postura de las pymes es razonable por una cuestión fáctica. Si todo sale tal como lo prevé el Gobierno, la ley va a salir en octubre o noviembre, y tendría efecto de aplicación automática, de modo que pensar que es posible iniciar la competencia plena en 2019 resulta poco defendible”, contó a iProfesional una fuente que sigue de cerca las discusiones que se vienen dando en el Senado.
En otras palabras, el oficialismo estaría dispuesto a estirar los tiempos que están pidiendo los pequeños prestadores para iniciar la competencia plena. ¿En todo el país? Posiblemente no. Seguramente arranque en las grandes ciudades y se extienda el esquema de protección para las localidades de menos de 80.000 habitantes, aunque por estos días nadie se atreve a arriesgar hasta qué año se ampliaría.

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¿La mentira es el mensaje?

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Desinformación, (in)comunicación y noticias falsas en tiempo de crisis de representación
Los últimos dos años trajeron consigo algunos eventos políticos globales de gran trascendencia. La conmoción frente al rechazo de los colombianos del acuerdo de paz con las FARC, el ‘Brexit” y la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, fueron tres eventos políticos que dejaron en evidencia que la racionalidad no es la única variable que juega a la hora de tomar decisiones en política, al tiempo que mostraron el fracaso de las encuestas como herramientas de medición de la realidad y de predicción de los eventos políticos y sociales.
En ese contexto, en el último tiempo se ha puesto mediáticamente de moda el término “post-truth” o “posverdad” en español.  Se trata de un neologismo que fue elegido por el Diccionario de Oxford como la palabra del año 2016 y que ha tenido importante trascendencia mediática, aunque su significado no  ha mostrado hasta el momento mayor desarrollo conceptual desde lo académico y sigue sonando ambiguo. No obstante, aquí deslizamos algunas líneas de reflexión para ir pensando las nuevas formas de comunicación política. 
Desinformación e (in)comunicación en tiempo de crisis de representación
Es un hecho que los ciudadanos dependemos de los medios de comunicación y cada vez más de las redes sociales para informarnos de la actualidad de los asuntos públicos y en general del mundo en el que vivimos, y es un hecho que estos funcionan como un sistema de educación informal.
Consumimos información permanentemente. Todo el tiempo devoramos datos en las pantallas: en el teléfono, en la computadora, en las tabletas, en la televisión; y sin embargo, retenemos apenas algunas imágenes, algunos mensajes, muchos de los cuales ni siquiera nos resultan útiles para tomar las decisiones cotidianas que debemos hacer todo el tiempo. A ello se le suma una crisis de representación en los ámbitos político, periodístico y cultural. Una crisis que es de larga data y que además es global.
Frente al exceso de información, estamos cada vez más desinformados sobre los temas que realmente importan. Y ante al exceso de conexión, nos encontramos cada vez menos comunicados interpersonalmente, replegados en el ámbito de lo privado y desmovilizados ante los temas que impactan directamente en nuestras vidas. Y tenemos, sin embargo, la ilusión de estar participando activamente de la vida colectiva. Nos hacemos la idea de que estamos formando parte, de que estamos opinando y participando de la democracia. Nunca antes los pares sobreinformación-desinformación y conectados-desmovilizados tuvieron tanta vigencia como hoy.
Así, la combinación entre desinformación, (in)comunicación y crisis de representación constituye el caldo de cultivo ideal para la eficacia comunicacional de la “posverdad”, entendida como un  estilo de comunicación y propaganda en el que la información que devoramos continuamente es considerada a priori como relevante y verdadera, no por su adecuación con los hechos, sino en virtud de cuánto coinciden con nuestras creencias, nuestros gustos y nuestras emociones. Hoy más que nunca nos exponemos permanentemente a estímulos sin filtros de lo más irracional de los internautas. Son estímulos que, en lugar de poner en duda nuestros esquemas mentales (lo que sería muy saludable), lo que hacen es apelar a los prejuicios y estereotipos, que por lo general terminan por reforzarse. Básicamente porque buscamos informaciones que confirmen nuestras creencias y expectativas.
La vedette de la fiesta comunicacional de la “posverdad” es la comunicación política: una máquina de producir micro historias en las que la apariencia se vuelve ficción: como una obra literaria, como un cuento o una novela que, al ser texto escrito, es verdadero en sí. Fin de la historia.
¿Fin de la historia?
Una cosa es afirmar con Nietzsche que no hay hechos sino interpretaciones, y que el poder seria el poder de imponer una versión de  la realidad como si fuera LA verdad de todos. Otra muy distinta es sencillamente asumir que en lugar de hechos lo que hay son invenciones deliberadas fomentadas por la propaganda sensacionalista, y que entonces, todo es susceptible de ser difundido masivamente.  Aquí está precisamente el meollo del asunto. Se trata de una historia vieja sobre la que se ha debatido ampliamente. Basta con leer las producciones de Walter Lippmann (1922) cuando analizó la cuestión de la mediatización como generadora de opiniones e ideas, para señalar que el comportamiento del individuo está determinado en gran medida por lo que “cree ver”. O la reflexión del emblemático Robert Park (editada en 1955) sobre el rumor como forma de control social.
Insisto en que no es un fenómeno nuevo. Sabemos desde hace largos años con Noelle-Neumann (1977) que las opiniones están ligadas a tradiciones, valores, prejuicios o modas antes que a posturas racionales. El condimento novedoso que marca la actualidad es que cuando una información se echa a rodar en las redes, por más disparatada o imposible que suene es tomada como cierta y replicada instantáneamente millones de veces: primero por perfiles robotizados que se cuelan en las redes con información que después termina siendo compartida y viralizada por usuarios de carne y hueso. La viralización entonces explota y se vuelve incontrolable.  En términos de credibilidad, está demostrado que una noticia resulta mucho más confiable cuando uno de nuestros contactos bien reputados la comparte. Porque funciona como una suerte de líder de opinión que realza el valor de la creencia frente al dato y la potencia de su masificación.
Se genera entonces en las redes un “clima de opinión” que marca tendencias globales y que se ubica  rápidamente en una especie de altar de la irrefutabilidad de la que es muy difícil sacarlo.  Y más cuando los medios tradicionales, en virtud de las propias condiciones de elaboración de las noticias (exigencia de primicias rápidas que impacten y que vendan, falta de tiempo para  buscar datos de primera mano, falta de recursos para investigar, pereza mental), replican las historias viralizadas; la mayoría de las veces sin procesarla.
El resultado: millones de personas consumen al mismo tiempo exactamente la misma información y la adecuación del relato con la realidad directamente es evaluada como innecesaria. Dicho de otro modo: que algo aparente ser cierto es más importante que la propia verdad. Y diría más: cuanto más fantasiosa suena una historia, más se replica en las redes y más éxito tiene. Ejemplo de ello fue el supuesto respaldo del Papa Francisco a la candidatura de Donald Trump, algo que nunca sucedió. La supuesta noticia se viralizó y alcanzó un millón de interacciones en Facebook.
Si bien para la filosofía el límite entre realidad y ficción es prácticamente imposible de establecer (porque nos llevaría a la pregunta por la verdad), y aún cuando coincidimos largamente en que “un hecho es solamente un hecho en algún universo del discurso”, tal como señalara oportunamente Robert Park, la historia cambia cuando nos referimos a políticas públicas y a decisiones que impactan directamente en la vida de millones de ciudadanos. En este caso, inquietante que tengan mayor eficacia comunicacional el rumor, las noticias falsas, la propaganda y la mentira a secas.
Estamos en un momento en el que todo es susceptible de ser cuestionado y al mismo todo es susceptible de ser creíble más allá de los hechos. Habitamos una auténtica guerra de información que no es nueva pero que presenta condimentos novedosos. Uno de ellos es que en muchos casos la fuente de información es prácticamente imposible de rastrear, y por lo tanto, se vuelve muy dificultoso poder definir la responsabilidad sobre lo dicho.
A tal punto las noticias falsas cuyo origen es muy difícil de definir son tendencia en las redes, que existen portales dedicados exclusivamente a difundirlas. Y en la vereda opuesta, ya son tendencia los sitios web dedicados a desenmascararlas. Ejemplo de esto último son la web estadounidense Snopes.com, dedicada a desvelar el origen de las historias falsas. Desde Alemania el portal hoaxmap.org lucha contra la difusión de noticias falsas sobre los refugiados. En Viena, el grupo  Mimikama recibe consultas sobre informaciones falsas, las investiga y las corrige. Los objetivos de estos portales, a su vez, también deberían ser puestos en cuestión por la misma lógica que venimos planteando. Y fundamentalmente porque las campañas de desinformación no tienen estéticas especiales ni barreras ideológicas: atraviesan las prácticas políticas y son de derecha, de centro y de izquierda.
No hace falta ir tan lejos para advertir el fenómeno: basta con ver los artículos que abundan en internet sobre cómo detectar noticias falsas como sistemas antiengaños. También, recientemente desde Google anunciaron que implementaron una actualización que restringe los avisos publicitarios en los sitios de noticias falsos. También la red social Facebook, una de las principales plataformas de distribución de noticias a nivel global, anunció que se asoció con Snopes, FactCheck.orgPolitifactABC News y AP para que los ayuden a corroborar la veracidad de las historias. Es un mecanismo que se inicia con el reporte de los usuarios y que intenta controlar el desborde de informaciones falsas que tuvo su pico máximo en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2016 y que continúa todos los días.
Si el anonimato es lo que manda en la generación de noticias dudosas o falsas,  y si no podemos saber exactamente quién genera las informaciones, entonces ¿Todo puede decirse? ¿Debemos sencillamente aprender a convivir con la mentira como mensaje?
Parafraseando a Fiss (2010), podemos decir que la libertad de expresión puede ser absoluta hasta que deja de ofrecerles a los ciudadanos los fundamentos necesarios para construir el autogobierno. Los límites se corren todo el tiempo en un mundo cada vez más acelerado, de ciudadanos que buscan devorar información permanentemente para saciar ansiedades y sentir que forman parte de la democracia de las pantallas. Una de las preguntas que se abren es: ¿A quién beneficia que habitemos y reproduzcamos las condiciones del entorno posverdad? El futuro será de quienes logren ganar las mejores batallas de la guerra por la información, que es la guerra por imponer la verdad propia como si fuera la de todos. Hagan sus apuestas.
 

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¿El e- mail ya fue? Qué están usando las empresas argentinas para reemplazarlo?

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Cuando se trata de mejorar el trabajo en equipo e incrementar la productividad, el correo electrónico parece haberse vuelto obsoleto ya que se pierden muchos minutos entre e-mails que van y vienen sumados a las cadenas de mensajes que pueden llegar a ser interminables.

Por este motivo, las empresas están adoptando distintas herramientas que les permiten a los miembros gestionar todo su trabajo en un único lugar, proporcionando acceso a más información y mejorando la visibilidad del estado del trabajo.

La solución más básica y espontánea

Pla es una compañía de agroindustria de alta tecnificación y desarrollo oriunda de Las Rosas, en Santa Fe, que cuenta con 372 empleados en Argentina y 90 en la planta de Brasil. Ellos, al igual que sucede en otras tantas organizaciones en donde los colaboradores buscan sus propias vías de eficiencia, utilizan WhatsApp como herramienta de comunicación interna. “Aunque no es una herramienta oficial para la organización, notamos que los colaboradores que la utilizan son más productivos y eso tiene que ver por su uso dual, tanto con fines personales como corporativos. De hecho, todos están siempre pendientes de WhatsApp, cosa que no pasa con el e-mail, lo que permite una comunicación más fluida”, explican German Carballido y German Maccarini, responsables de Tecnología SAP y Web. En concreto, cada equipo de trabajo tiene un grupo en esta aplicación para asegurar la inmediatez de la información a pesar de la distribución geográfica de los colaboradores.

Según los ejecutivos, los empleados de Pla pueden mantener todo tipo de conversación laboral a través de la aplicación, excepto temas sensibles. “Recomendamos a los colaboradores que cuando quieran compartir documentos utilicen el correo electrónico porque en el segundo caso tenemos implementadas medidas de seguridad que no están en WhatsApp”, detallan.

De Slack a Evernote

Si bien las herramientas de productividad se presentan en el mercado con el mismo objetivo, cada una tiene sus particularidades, por eso los entrevistados indican que lo idea es no “casarse” con la primera, sino que lo ideal es probar varias. Esto hizo el doctor Sergio Montenegro, que es CEO de Integrando Salud, una Pyme de 12 empleados que ofrece servicios digitales para médicos y pacientes.

“Cinco colaboradores probaron Slack, que sirve para evitar el aislamientos y organiza las conversaciones por temas para que todos los miembros del equipo tengan una visión clara de lo que está sucediendo. Sin embargo, la abandonaron a los pocos días porque no encontraron mayores beneficios y no les disminuía la carga de trabajo”, recuerda Montenegro. Por este motivo, se quedaron con Evernote, que usan desde hace dos años para para planificar los desarrollos futuros. “Elegimos esta aplicación porque podemos compartir la lista de tareas con otros miembros del equipo. Además, se sincroniza y se puede consultar desde cualquier dispositivo. Incluso tiene funciones para armar una biblioteca de links de utilidad, agruparlos en carpetas y agregarles etiquetas. Todo esto nos permite organizar mejor la información por proyectos”, detalla.

Según Montenegro, con Evernote aumentaron la productividad de la empresa en un 20% “gracias a que nos permite seguir una lista de pendientes y darles continuidad en el tiempo, evitando perderlos de vista. También podemos planificar los desarrollos futuros, dividirlos en tareas y seguirlos”, explica. Por el uso de esta solución, Integrando Salud abona u$s 8 por cuenta por mes.

Exclusiva para uso empresarial

En 2016 el banco Santander Rio tuvo la posibilidad de formar parte de un proyecto piloto para probar Workplace, la red social de Facebook creada para empresas, cuyo objetivo es poner en contacto a todos los miembros de una organización. Tal como sucede con la plataforma creada por Mark Zuckerberg, el servicio (que el banco tiene bonificado hasta 2019) cuenta con un muro, chat, permite transmisiones en vivo y formar grupos.

Alejandro Blanco Smith, gerente de Aprendizaje y Cultura, y Gabriel Costa, encargado del área de Comunicación Interna, cuentan que, tras analizar otras propuestas, como Yammer, de Microsoft, y Jam, de SAP, se inclinaron por Workplace ya que como la mayoría de las personas son usuarias de Facebook la curva de aprendizaje es prácticamente nula. “Si bien el e-mail y la intranet siguen siendo canales importantes, la red social empresarial gana cada vez más terreno entre los colaboradores”, enfatizan.

Hasta la fecha, los usuarios del banco crearon en Workplace más de 550 grupos de conversación sobre distintas temáticas. “Al ingresar por primera vez, se deben aceptar ciertas políticas y condiciones, entre ellas, no se puede hablar sobre transacciones ni clientes para garantizar la seguridad y confidencialidad. Hay que respetar a la marca y usar lenguaje apropiado. Tampoco se pueden comentar cuestiones estratégicas y sensibles. Además, hay moderadores que van chequeando los contenidos”, dice Blanco Smith.

Si bien el punto fuerte de esta herramienta es aumentar la camaradería y el sentido de pertenencia, el ejecutivo nota un impacto directo en el incremento de la productividad. “La colaboración permite conectar ideas, algo que acelera el avance y desarrollo de nuevos productos, el rediseño de procesos internos y las mejoras de los sistemas. Por ejemplo, antes era prácticamente imposible establecer un diálogo entre empleados de sucursales de distintas provincias, y ahora esto sucede. Hoy, todos pueden proponer ideas de cambio que aceleran la innovación dentro de la organización”, señalan. (El Cronista)

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