Concesiones Viales

El presupuesto para las rutas nacionales tocó el nivel más bajo en 30 años y hay provincias con recortes de hasta 85%

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El presupuesto destinado a las rutas nacionales cayó en 2026 a su nivel más bajo en al menos tres décadas. La Dirección Nacional de Vialidad (DNV) dispone este año de unos $563.000 millones, un monto que representa una reducción real del 79% frente a 2023.

El recorte se produce sobre una red vial que acumula señales de deterioro. De acuerdo con los indicadores oficiales procesados por la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina), el 57,5% de los kilómetros relevados se encuentra en estado malo o regular.

La medición, sin embargo, alcanza apenas al 49% de los 40.643 kilómetros que integran la red nacional. Es decir, más de la mitad de los caminos no cuenta con una evaluación comparable y actualizada.

El registro presupuestario es el menor desde 1995, punto inicial de la serie reconstruida por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) sobre la base de datos oficiales.

“Si bien medimos los últimos diez años, estamos con los registros más bajos desde 1995, desde que tenemos integrado todo en el sistema presupuestario nacional como lo conocemos ahora”, explicó Natán Spollansky, integrante del área de Justicia Distributiva de ACIJ.

De $2,7 billones a $563.000 millones

La dimensión del ajuste aparece con claridad al comparar el gasto de los últimos años a valores constantes de 2026.

Vialidad ejecutó casi $4,3 billones en 2016 y alrededor de $2,7 billones en 2023. El monto cayó a $811.000 millones en 2024 y a $783.000 millones en 2025. Para 2026, el crédito vigente se ubica en $563.000 millones.

La comparación requiere una precisión metodológica: entre 2016 y 2025, ACIJ tomó el gasto efectivamente devengado; para 2026 utilizó el crédito presupuestario vigente. Por lo tanto, la cifra de este año expresa los recursos disponibles y todavía puede modificarse durante el ejercicio.

La caída también golpeó al programa de Mantenimiento en Rutas Nacionales. Los recursos asignados pasaron de $828.000 millones, a precios actuales, en 2023 a $333.000 millones en 2025. En 2026, el programa dispone de $248.000 millones: cerca de 70% menos que tres años atrás.

El mapa provincial del recorte

La contracción presupuestaria no fue uniforme. Entre 2023 y 2025, dos períodos en los que puede compararse el gasto ejecutado, Buenos Aires y Chubut encabezaron el ajuste, con caídas cercanas al 85%.

Luego se ubicaron Chaco, con una reducción del 83%; Formosa, con 77%; Santa Fe, con 73%; y Córdoba, con 72%.

En Buenos Aires, el gasto real de Vialidad pasó de $468.500 millones en 2023 a $70.200 millones en 2025. En Chubut bajó de $66.800 millones a $9.800 millones; en Chaco, de $65.300 millones a $11.100 millones; en Santa Fe, de $107.300 millones a $28.600 millones; y en Córdoba, de $115.900 millones a $32.900 millones.

Las cifras provinciales de 2026 corresponden al presupuesto vigente, no al gasto efectivamente realizado, por lo que todavía podrían cambiar.

Obras con partidas de un peso

El ajuste no se limita al monto global asignado a Vialidad. Un relevamiento de Fepevina detectó que, de los 179 proyectos que tenían partidas previstas originalmente para 2026, 112 —el 63%— quedaron con un crédito vigente de apenas un peso o directamente sin fondos.

La ejecución de los recursos disponibles también se mantiene por debajo del avance del calendario. Al 31 de julio, cuando ya había transcurrido el 58,3% del año, Vialidad había devengado el 32,6% de su presupuesto vigente y pagado el 29,8%.

Representantes de Fepevina presentaron estos datos ante la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados, durante una reunión informativa sobre el Sistema Vial Integrado (SisVial).

Patricia Mazzitelli, representante de la federación, definió el escenario como “el peor desmantelamiento y vaciamiento de los últimos años” y aseguró que prácticamente no existen obras en ejecución por falta de pagos.

Las restricciones presupuestarias ya derivaron en intervenciones judiciales. La Justicia federal ordenó recientemente al Gobierno nacional reparar de manera inmediata las rutas nacionales 7, 8 y 33 en el sur de Santa Fe, después de que la propia Vialidad reconociera que sus limitaciones financieras impedían realizar con normalidad las tareas mínimas de conservación.

Los fondos viales que no llegaron a las rutas

El recorte presupuestario convive con la acumulación de recursos que tienen asignación vial, pero no fueron aplicados íntegramente a obras.

El SisVial, financiado con una porción del impuesto a los combustibles, recaudó más de $1,5 billones durante los primeros dos años y medio del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, solamente destinó $394.406 millones a infraestructura.

Al cierre de mayo, el sistema mantenía más de $1 billón colocado en títulos públicos y plazos fijos.

Spollansky consideró que ambos fenómenos forman parte del mismo proceso: por un lado, una administración nacional con menos recursos y menor ejecución; por otro, fondos con destinos específicos que tampoco se vuelcan completamente a infraestructura.

Los recursos no utilizados contribuyen al resultado fiscal y, cuando son colocados en títulos públicos, también funcionan como una fuente de financiamiento para el Tesoro.

Casi seis de cada diez kilómetros, deteriorados

La reducción de fondos ocurre mientras los indicadores de la propia DNV muestran un empeoramiento de la red vial.

Del total de kilómetros evaluados, el 31,8% fue calificado en mal estado y otro 25,7%, en estado regular. Solamente el 42,4% se encuentra en buenas condiciones.

La comparación histórica también muestra un retroceso. Al homogeneizar los datos de los dos últimos períodos, Fepevina determinó que los kilómetros en mal estado pasaron del 23% en 2022-2023 al 31,8% en 2024-2025, un incremento de casi nueve puntos porcentuales.

En sentido contrario, los tramos considerados en buen estado disminuyeron del 55% al 42,4%.

Fepevina sostiene que la situación del conjunto de la red podría ser todavía más crítica. “De acuerdo con nuestras inspecciones visuales, en todas las provincias vemos que el estado de la red se encuentra entre un 70% y un 75% en mal estado”, afirmó Mazzitelli.

Esa estimación no proviene del Índice de Estado oficial de Vialidad, sino de las inspecciones realizadas por la organización gremial.

Siniestros y deterioro vial

La federación cruzó los indicadores de infraestructura con un relevamiento de 22 siniestros graves ocurridos durante junio y julio en rutas nacionales. Los episodios dejaron 29 muertos y más de 20 heridos.

Para 17 de esos casos existía información sobre el estado de la calzada. Once —casi dos de cada tres— ocurrieron en tramos calificados como malos.

La propia Fepevina aclaró que los siniestros viales responden a múltiples causas y que esa correlación no permite atribuir directamente las muertes al estado de las rutas. El relevamiento sí muestra una concentración de accidentes graves en corredores identificados técnicamente como deteriorados.

Del retiro del Estado a las concesiones privadas

El mínimo presupuestario coincide con un cambio estructural en el modelo de administración vial. Desde el inicio de su gestión, el Gobierno de Javier Milei paralizó buena parte de la obra pública y planteó que la infraestructura debe ser desarrollada y administrada por el sector privado.

El Ministerio de Economía avanzó con la adjudicación de la Etapa III de la Red Federal de Concesiones, que comprende más de 3.900 kilómetros distribuidos en ocho tramos estratégicos. Con este proceso, el Gobierno informó que el total de corredores concesionados supera los 9.000 kilómetros.

Los contratos, previstos por veinte años, trasladan a los concesionarios tareas de operación, mantenimiento y conservación, como reparación de baches, mantenimiento de banquinas, corte de pasto, renovación de señalización y asistencia a los usuarios.

Las obras de ampliación de capacidad —entre ellas, nuevas autovías o la incorporación de terceros carriles— quedaron mayormente fuera de esta ronda y serán objeto de futuras licitaciones.

El repliegue de la Nación también incluye el traspaso de corredores a las provincias. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el ministro de Economía, Luis Caputo, tienen previsto firmar un convenio con el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, para transferir rutas nacionales y ferrocarriles.

Entre los corredores involucrados se encuentra la ruta nacional 151, una vía estratégica para la logística de Vaca Muerta. Fepevina la ubica entre los casos críticos, con baches profundos, circulación por las banquinas y un deterioro estructural que ya no podría resolverse únicamente con trabajos de reparación superficial.

El cuadro resume la transformación en marcha: mientras el presupuesto nacional para rutas toca su piso en tres décadas, el Estado nacional reduce su intervención directa y traslada una porción creciente de la red hacia concesionarios privados o gobiernos provinciales.

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Oficializaron la concesión de las rutas 12 y 105 al consorcio Carlos E. Enríquez S.A. – Hormi S.A.

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El Gobierno nacional oficializó la adjudicación del Tramo Noreste de la Red Federal de Concesiones al consorcio integrado por las empresas misioneras Carlos E. Enríquez S.A. y Hormi S.A., que tendrá a su cargo durante 20 años la explotación, administración, conservación y mantenimiento de un corredor estratégico de las rutas nacionales 12 y 105. La decisión quedó plasmada en la Resolución 1379/2026 del Ministerio de Economía, publicada este lunes.

La adjudicación representa un cambio relevante para la infraestructura vial de Misiones: una empresa con fuerte presencia en la provincia quedará al frente de uno de los corredores más importantes para el movimiento de personas, cargas, producción y turismo hacia los principales centros urbanos y los pasos fronterizos con Brasil y Paraguay. La concesión forma parte de la Etapa III de la Red Federal de Concesiones, mediante la cual Nación avanza con el traspaso a operadores privados de distintos corredores de la red vial nacional.

El Tramo Noreste comprende aproximadamente 456 kilómetros y contempla sectores de la Ruta Nacional 12 desde el empalme con la Ruta Nacional 118, en Corrientes, hasta el acceso al puente internacional Tancredo Neves, en Puerto Iguazú. También incluye la Ruta Nacional 105, entre su vinculación con la Ruta 12 y el empalme con la Ruta Nacional 14, además del corredor de acceso a Posadas.

La resolución establece que Carlos E. Enríquez S.A. – Hormi S.A. resultó la oferta económicamente más conveniente para el Renglón N° 6, con una tarifa ofertada de $2.950 sin IVA y un plazo de concesión de 20 años. En el orden de mérito quedaron detrás IEB Construcciones S.A. – Trading MRG S.A.U., con una oferta de $2.969,99, y BASAA S.A. – CECOSA S.A., con $2.973,22. La diferencia económica entre las tres propuestas fue estrecha, de apenas $23,22 entre la primera y la tercera.

El contrato no se limita al cobro de peajes. El esquema licitado comprende la construcción, explotación, administración, reparación, ampliación, conservación, mantenimiento y prestación de servicios al usuario, además de la posibilidad de desarrollar explotaciones complementarias o colaterales que generen ingresos adicionales. El objetivo declarado del sistema es trasladar a la gestión concesionada una parte de las responsabilidades sobre la infraestructura y asegurar condiciones de conservación y prestación de servicios durante el período contractual.

Para Misiones, el punto central estará en cómo se traduzca la concesión en calidad efectiva de las rutas. La Ruta 12 constituye el principal eje longitudinal de la provincia y concentra buena parte del tránsito turístico y productivo, mientras que la Ruta 105 cumple una función estratégica como conexión entre Posadas y el corredor de la Ruta 14. El mantenimiento de banquinas, calzada, señalización, iluminación, asistencia al usuario y condiciones de transitabilidad será, por lo tanto, el aspecto más concreto que permitirá evaluar el resultado de la nueva modalidad de gestión.

La estructura de peajes también será uno de los aspectos de mayor impacto para usuarios y empresas. El corredor contempla estaciones ubicadas en Ituzaingó, Santa Ana, Colonia Victoria y Fachinal, además de una nueva estación proyectada en Puerto Rico, según la documentación difundida durante el proceso licitatorio. Fachinal, que actualmente opera bajo un esquema provincial, pasaría a integrarse al sistema federal.

Desde el punto de vista económico, el desafío será encontrar un equilibrio entre la tarifa que permita financiar la conservación de la infraestructura y el costo que finalmente soportarán transportistas, productores, trabajadores y turistas. En un corredor que conecta Misiones con Corrientes y, a través de los pasos internacionales, con Brasil y Paraguay, cualquier incremento significativo del costo logístico puede impactar sobre la competitividad de las economías regionales.

La adjudicación también tiene una dimensión empresarial relevante: el Estado nacional eligió una propuesta encabezada por dos firmas misioneras, que ahora deberán demostrar capacidad para administrar durante dos décadas un corredor de escala regional. El éxito de la concesión no estará determinado únicamente por la adjudicación ni por el monto de la oferta, sino por la capacidad de transformar el esquema de peajes en rutas más seguras, previsibles y eficientes para quienes las utilizan diariamente.

Con la Resolución 1379/2026, el proceso iniciado con la privatización de Corredores Viales S.A. da un paso decisivo. Para Misiones comienza ahora la etapa más sensible: controlar que las obligaciones asumidas por el concesionario se cumplan, que la infraestructura reciba las inversiones comprometidas y que el usuario pueda percibir una mejora concreta en el servicio vial que paga cada vez que utiliza el corredor.

Los otros corredores

La resolución firmada por Luis Caputo no se limita al corredor que atraviesa Misiones. El Ministerio de Economía adjudicó en la misma licitación los ocho tramos que integran la Etapa III de la Red Federal de Concesiones, con contratos de 20 años y bajo el régimen de concesión de obra pública por peaje. El esquema comprende los corredores Centro, Centro Norte, Mesopotámico, Noroeste, Litoral, Noreste, Chaco-Santa Fe y Cuyo.

Para el Tramo Centro, la adjudicación quedó en manos de AFEMA S.A., Pablo Federico e Hijos S.A. y Guido Mogetta S.A., con una tarifa ofertada de $1.399 sin IVA. El contrato tendrá una duración de 20 años y comprende uno de los corredores incorporados al nuevo esquema de administración privada de la Red Federal.

El Tramo Centro Norte fue adjudicado a José Cartellone Construcciones Civiles S.A., que ofertó una tarifa de $2.175 sin IVA, también por 20 años. En tanto, el Tramo Mesopotámico quedó en manos de IEB Construcciones S.A. y Trading MRG S.A.U., con una tarifa de $3.564,99 sin IVA y el mismo plazo contractual.

El Tramo Noroeste fue adjudicado al consorcio integrado por Autovía Construcciones y Servicios S.A., VAPEU S.R.L. y GUIGIVAN S.R.L., con una oferta de $2.285 sin IVA. Para el Tramo Litoral, la adjudicataria fue JCR S.A. junto con Néstor Julio Guerechet S.A., que presentó una tarifa de $2.876,04 sin IVA.

El corredor que concentra el interés misionero es el Tramo Noreste, adjudicado a Carlos E. Enríquez S.A. y Hormi S.A. por $2.950 sin IVA durante 20 años. Se trata de una definición especialmente relevante para la provincia porque el corredor comprende sectores estratégicos de las rutas nacionales 12 y 105 y conecta los principales circuitos productivos, urbanos, turísticos y fronterizos del nordeste.

A su vez, el Tramo Chaco-Santa Fe fue adjudicado a José Eleuterio Pitón S.A., Rovial S.A. y Obring S.A., con una tarifa de $3.520 sin IVA. Finalmente, el Tramo Cuyo quedó a cargo de Laugero Construcciones S.A., Green S.A. y Corporación del Sur S.A., con una oferta de $3.090,2462 sin IVA.

En conjunto, las ocho adjudicaciones configuran una de las principales transformaciones del esquema de administración de rutas nacionales impulsadas por el Gobierno de Javier Milei. El proceso se inició con la decisión de avanzar sobre la privatización de Corredores Viales S.A. y busca trasladar a concesionarios privados la explotación y conservación de corredores estratégicos, bajo contratos de largo plazo y con mecanismos de financiamiento vinculados al cobro de peajes.

El punto que ahora queda bajo escrutinio será la contraprestación que recibirán los usuarios por esas tarifas. La adjudicación establece obligaciones que exceden el mantenimiento rutinario: los concesionarios deberán afrontar tareas de explotación, administración, reparación, ampliación, conservación, mantenimiento y prestación de servicios al usuario. También podrán desarrollar nuevas explotaciones complementarias o colaterales destinadas a generar ingresos adicionales.

Para Misiones, la diferencia estará en la capacidad de convertir esa nueva estructura contractual en una mejora visible sobre la Ruta 12 y la Ruta 105. El desafío será particularmente relevante para el transporte de cargas, la producción regional y el turismo, sectores cuya competitividad depende en buena medida de contar con corredores seguros, transitables y previsibles durante todo el año.

La resolución oficializa así una nueva etapa para la infraestructura vial nacional: ocho corredores, ocho adjudicaciones y contratos de dos décadas. En el caso misionero, además, el proceso incorpora un elemento diferencial: una empresa local, asociada con Hormi, tendrá la responsabilidad de administrar uno de los corredores estratégicos del Nordeste durante los próximos 20 años.

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Rutas nacionales: Ravier defiende el ajuste y promete concesiones mientras crece la presión por el deterioro vial

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El Gobierno nacional ratificó este martes su estrategia de ajuste sobre la obra pública y aseguró que el mantenimiento de las rutas nacionales tendrá respuestas mediante una combinación de recursos presupuestarios, acuerdos con las provincias y futuras concesiones privadas. La definición del vocero presidencial, Adrián Ravier, llega en un momento de creciente preocupación por el deterioro de la red vial y de fuertes cuestionamientos sobre el destino de los recursos provenientes del Impuesto a los Combustibles Líquidos.

Ravier sostuvo que existe un proceso de transferencia de determinadas rutas nacionales hacia las provincias y puso como ejemplo a San Juan. Según explicó, esos acuerdos buscan que los gobiernos provinciales puedan asumir la administración de corredores que atraviesan sus territorios y encontrar soluciones allí donde el Estado nacional dejó de contar con capacidad financiera y operativa suficiente para sostener la infraestructura.

El funcionario también aseguró que Vialidad Nacional dispone de materiales para realizar tareas de bacheo y mantenimiento, financiadas con recursos vinculados al impuesto a los combustibles. Su argumento se apoyó en una premisa central del Gobierno: la situación heredada en diciembre de 2023 y el proceso de estabilización posterior limitaron durante los primeros años la posibilidad de avanzar rápidamente con nuevos esquemas de concesión.

“En una Argentina con más de 200% de inflación anual” y tasas de interés superiores al 100%, sostuvo Ravier, resultaba prácticamente inviable estructurar concesiones de largo plazo. Ahora, según su diagnóstico, el cambio de las condiciones macroeconómicas permitiría sentar a empresas privadas interesadas en participar del mantenimiento y explotación de corredores viales.

La discusión, sin embargo, no se limita al modelo de administración de las rutas. También alcanza al flujo de recursos que genera el impuesto específico que pagan los usuarios de combustibles. Ravier aseguró que el Gobierno respeta las partidas establecidas por el Presupuesto nacional y negó que exista una desviación ilegal de esos fondos. Explicó que los recursos que no son ejecutados permanecen administrados por el Ministerio de Economía y son invertidos para evitar que pierdan valor.

Esa explicación choca con las denuncias formuladas en la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados, donde representantes de trabajadores de Vialidad, intendentes y dirigentes de la oposición cuestionaron el nivel de ejecución presupuestaria y reclamaron información sobre el destino de los recursos del Sistema Vial Integrado.

Según los datos expuestos durante esa reunión, el presupuesto destinado a rutas nacionales habría sufrido una caída real del 85% desde 2017. Patricia Mazzitelli, de la Federación del Personal de Vialidad Nacional, sostuvo además que el Presupuesto 2026 fue ajustado en mayo y redujo las partidas del organismo de $396.000 millones a $296.000 millones.

Uno de los principales puntos de controversia está en la relación entre la recaudación del Impuesto a los Combustibles Líquidos y los recursos efectivamente destinados al sistema vial. En la comisión se señaló que durante 2025 la recaudación alcanzó $1,601 billones, mientras que el SisVial recibió $530.156 millones. La diferencia, según los expositores, superaría el billón de pesos.

Para 2026, los especialistas y representantes sindicales denunciaron una brecha todavía mayor. Afirmaron que el impuesto recaudó $3,84 billones y que hasta el momento se habría ejecutado apenas el 2,59% de esos recursos. La acusación deberá ser contrastada con la información oficial de ejecución presupuestaria, pero instala un interrogante económico de fondo: cuánto dinero efectivamente se transforma en mantenimiento de rutas y cuánto permanece fuera de las obras viales.

La controversia tiene una dimensión que excede la discusión presupuestaria. El deterioro de las rutas impacta directamente sobre los costos logísticos, la seguridad vial, el acceso a servicios esenciales y la competitividad de las economías regionales. En provincias alejadas de los principales centros de consumo, la calidad de los corredores nacionales condiciona además la posibilidad de transportar producción hacia puertos, mercados internos y pasos fronterizos.

El reclamo también adquiere relevancia para el Norte Grande, donde buena parte de la producción agroindustrial, forestal y yerbatera depende del transporte terrestre. Una red vial deteriorada incrementa los tiempos de viaje, el desgaste de los vehículos y los costos de flete, trasladando parte del ajuste fiscal hacia empresas, transportistas y consumidores.

Durante la reunión parlamentaria, Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires y exministro nacional de Obras Públicas, cuestionó duramente el rumbo adoptado por la Nación y sostuvo que el deterioro de la red vial amenaza incluso a sectores estratégicos como Vaca Muerta. También afirmó que la falta de mantenimiento genera costos económicos y sociales que finalmente recaen sobre el conjunto de la población.

Desde el oficialismo, en cambio, Ravier defendió el esquema de reducción del gasto como condición para construir una nueva arquitectura de infraestructura. El vocero afirmó que la Argentina puede comenzar a ofrecer soluciones diferentes a partir de la estabilización macroeconómica y reiteró que el objetivo es avanzar hacia una mayor participación privada.

La definición forma parte de una concepción más amplia del Gobierno sobre el rol del Estado. En la misma conferencia, Ravier aseguró que “la motosierra no se apaga nunca” mientras Javier Milei permanezca en la Presidencia y sostuvo que el ajuste permitió equilibrar las cuentas públicas y reducir la inflación anual desde niveles superiores al 200% hasta alrededor del 30%.

El vocero también atribuyó a esa estrategia una reducción de la pobreza desde niveles superiores al 50% hasta aproximadamente el 28% y una caída de la indigencia desde más del 18% hasta cerca del 6%. Además, afirmó que la economía atraviesa récords de producción, exportaciones y consumo, argumentos con los que buscó defender la continuidad del programa frente a las críticas por su impacto social.

El contrapunto entre ambas posiciones plantea una cuestión central para el próximo ciclo de infraestructura: si el Estado reduce su participación directa, el reemplazo deberá traducirse en corredores efectivamente mantenidos, reglas previsibles y mecanismos de financiamiento sostenibles. La transferencia a provincias y las concesiones privadas pueden convertirse en herramientas de solución, pero su eficacia dependerá de que exista inversión verificable, control público y estándares de servicio capaces de evitar que el deterioro termine convirtiéndose en un costo permanente para la economía.

En ese punto aparece el desafío más concreto para el Gobierno: transformar el ahorro fiscal en infraestructura funcional. Porque una ruta que no se mantiene no deja de generar costos; simplemente los desplaza hacia quienes transportan, producen y viajan. La discusión sobre las rutas nacionales, por lo tanto, ya no pasa únicamente por cuánto gasta el Estado, sino por cuánto valor económico y social logra preservar cada peso destinado al sistema vial.

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Vialidad Nacional gastó menos de lo que le llegó asignado por el Impuesto a los Combustibles

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La red vial nacional atraviesa uno de sus momentos más críticos en años. El deterioro de las rutas se profundiza al mismo tiempo que el Estado nacional incrementó significativamente la carga impositiva sobre los combustibles, un tributo que justamente tiene como destino específico el financiamiento de la infraestructura vial.

Los números muestran una contradicción difícil de explicar. Desde el cambio de gestión, la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) ejecutó menos recursos —considerando todas sus fuentes de financiamiento— de los que ingresaron únicamente por la porción del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) que le corresponde por ley.

De acuerdo con los datos disponibles, la DNV utilizó apenas un tercio de los fondos provenientes del impuesto que tiene asignación específica para infraestructura vial. En términos acumulados, la diferencia entre lo efectivamente recaudado y lo ejecutado asciende a 1,35 billones de pesos.

Ese monto no requería mayores transferencias del Tesoro Nacional ni un aumento adicional del gasto público. Eran recursos generados por un impuesto ya pagado por los consumidores cada vez que cargan combustible.

Más impuestos, menos inversión

El cambio también se observa en el surtidor. En noviembre de 2023, el Impuesto a los Combustibles representaba el 8,9% del precio de la nafta súper. Para julio de 2026, esa participación prácticamente se duplicó hasta alcanzar el 18,6%.

Es decir, los automovilistas, transportistas y productores pagan hoy una carga tributaria considerablemente mayor sobre cada litro de combustible. Sin embargo, esa mayor recaudación no se traduce en una mejora equivalente de la infraestructura vial.

Por el contrario, numerosos corredores nacionales presentan un creciente deterioro, con baches, deformaciones del pavimento y falta de mantenimiento preventivo.

Qué podría haberse hecho

Las estimaciones indican que, si Vialidad Nacional hubiera ejecutado la totalidad de los recursos provenientes del ICL que le corresponden, habría contado con 534.000 millones de pesos adicionales por año.

En términos acumulados, esos 1,35 billones de pesos habrían permitido financiar el mantenimiento anual de aproximadamente 9.148 kilómetros de rutas nacionales, cerca de una cuarta parte de toda la red vial federal.

La dimensión del número también puede medirse de otra manera: representa una distancia superior a dos veces el recorrido entre Ushuaia y La Quiaca, el extremo sur y norte del país.

Mientras disminuye la ejecución de recursos públicos destinados al mantenimiento, el Gobierno nacional avanza con un profundo proceso de reorganización del sistema vial.

En una primera etapa adjudicó aproximadamente 2.500 kilómetros de rutas nacionales, mientras que posteriormente incorporó otros 3.900 kilómetros dentro del esquema de concesiones.

El objetivo oficial es alcanzar cerca de 9.000 kilómetros de corredores administrados por operadores privados, modificando de manera sustancial el modelo de gestión de la red vial federal.

La discusión de fondo

El debate trasciende el nivel de gasto público. El Impuesto a los Combustibles fue concebido como un tributo de afectación específica, es decir, con un destino determinado para financiar infraestructura vial.

La principal crítica es que los usuarios continúan pagando un impuesto cuya carga sobre el precio final prácticamente se duplicó en menos de tres años, mientras el estado de las rutas nacionales sigue empeorando y la ejecución de los recursos destinados a su mantenimiento permanece muy por debajo de la recaudación disponible.

Para especialistas en infraestructura y finanzas públicas, la brecha entre lo que recauda el Estado por este concepto y lo que efectivamente invierte en conservación vial constituye una de las principales explicaciones del acelerado deterioro que hoy exhibe gran parte de la red nacional.

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El Gobierno adjudicó cuatro corredores viales por 20 años: el mileismo le abre la puerta Cristóbal López en el negocio de los peajes

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El Gobierno nacional dio un nuevo paso en su plan de reorganización de la infraestructura vial al adjudicar cuatro corredores viales correspondientes a la Etapa II-B de la Red Federal de Concesiones. La medida, formalizada mediante la Resolución 1186 del Ministerio de Economía, entrega la operación de más de 2.500 kilómetros de rutas nacionales por un plazo de veinte años y redefine el mapa de los concesionarios privados, con el desembarco de nuevos jugadores y el regreso de empresarios que ya habían participado del sistema de peajes.

La licitación forma parte de la estrategia oficial para transferir al sector privado la operación, el mantenimiento y las futuras inversiones sobre corredores estratégicos, bajo un esquema en el que las empresas podrán comenzar a percibir peajes una vez cumplidas las obras mínimas exigidas en los contratos. Los valores presentados durante el proceso licitatorio fueron calculados a precios de julio de 2025, por lo que deberán ser actualizados antes de su aplicación efectiva.

Uno de los principales ganadores fue el Grupo Corven, cuyo brazo financiero, Creditech, obtuvo dos de los cuatro corredores licitados. La compañía, históricamente vinculada a la fabricación de motocicletas y al sector financiero, ingresará por primera vez al negocio de las concesiones viales, convirtiéndose en uno de los operadores con mayor presencia dentro del nuevo esquema.

El consorcio integrado por Creditech y Plantel se adjudicó el corredor Mediterráneo, de 672 kilómetros sobre las rutas nacionales 7 y 35, que atraviesan Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, con una tarifa propuesta de $1.989,67 más IVA cada 100 kilómetros. El mismo grupo también obtuvo el corredor Portuario Sur, integrado por 636,75 kilómetros sobre las rutas nacionales 9 y 188, en Buenos Aires y La Pampa, donde ofertó un peaje de $1.256 más IVA cada 100 kilómetros.

Otro de los corredores adjudicados fue el denominado Puntano, que quedó en manos de la unión transitoria conformada por Basaa y Cecosa. La propuesta contempla la administración de 720 kilómetros distribuidos sobre las rutas nacionales 8, 36, 193 y la circunvalación de Río Cuarto, con una tarifa de $1.440,08 más IVA cada 100 kilómetros. Basaa, sucesora de Britos, mantiene una trayectoria vinculada a la obra pública en Córdoba y fue una de las constructoras con mayor participación durante las gestiones provinciales de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti.

Sin embargo, el aspecto que concentra mayor atención política y empresarial es la adjudicación del corredor Portuario Norte a CPC, la constructora perteneciente al empresario Cristóbal López. El tramo comprende 528 kilómetros sobre las rutas nacionales 9, 33 y la avenida A-008 e incorpora futuras estaciones de peaje en localidades como Venado Tuerto, Rufino, Casilda, General Villegas y Trenque Lauquen. La empresa presentó una oferta con una tarifa de $1.856 cada 100 kilómetros.

La adjudicación marca el regreso de López al negocio de las concesiones viales luego de casi una década. Durante el gobierno de Mauricio Macri, la entonces concesionaria de las autopistas Riccheri y Ezeiza-Cañuelas perdió el contrato por incumplimientos en los planes de inversión y por la retención de fondos provenientes de los peajes que debían ser transferidos al Estado. Posteriormente, la empresa atravesó un concurso preventivo del que logró salir recién en 2025.

El regreso del empresario también reaviva el debate sobre los criterios de evaluación utilizados en las licitaciones públicas. López enfrenta actualmente procesos judiciales vinculados a las causas Cuadernos y Los Sauces-Hotesur, mientras que en el expediente Oil Combustibles obtuvo una absolución por parte de la Cámara de Casación Penal, aunque esa decisión permanece bajo revisión de la Corte Suprema tras la apelación del Ministerio Público Fiscal.

A ello se suman antecedentes contractuales de CPC como constructora. Entre ellos figura la rescisión de obras sobre la Ruta Nacional 3 durante 2018 y la paralización de la duplicación de la Ruta Nacional 5 entre Mercedes y Suipacha, un proyecto adjudicado en 2022 que no llegó a completarse y cuya continuidad deberá redefinirse dentro del nuevo esquema concesionado.

La decisión del Gobierno refleja el avance de la política de privatización de la infraestructura vial impulsada por el Ministerio de Economía. No obstante, la composición de los adjudicatarios vuelve a instalar interrogantes sobre los mecanismos de selección, la ponderación de antecedentes empresariales y los sistemas de control que deberán garantizar el cumplimiento de las inversiones comprometidas durante los próximos veinte años.

Para las provincias y los usuarios del sistema vial, el desafío excede el cambio de operadores. La eficiencia de las nuevas concesiones será medida por la capacidad de mejorar el estado de las rutas, reducir los costos logísticos y garantizar niveles adecuados de seguridad vial. En ese contexto, la transparencia en la ejecución de las obras y el monitoreo del cumplimiento contractual serán factores determinantes para evaluar si el nuevo modelo logra traducirse en mejores servicios para el transporte de personas y mercancías.

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