El buque Falkor Too regresó al puerto de Buenos Aires tras tres semanas de exploración en el cañón submarino de Mar del Plata. La misión, liderada por el CONICET y el Schmidt Ocean Institute, registró especies nunca antes vistas en la región y marcó un hito en la divulgación científica al transmitir en tiempo real cada hallazgo a una audiencia récord.
El arribo del Falkor Too a Buenos Aires marcó el cierre de la cuarta campaña Talud Continental, una expedición oceanográfica que combinó alta tecnología, cooperación internacional y participación ciudadana inédita.
El equipo científico, encabezado por Daniel Lauretta (Museo Argentino de Ciencias Naturales – CONICET), exploró durante 20 días el cañón submarino frente a Mar del Plata utilizando el robot ROV SuBastian, capaz de descender a 3.900 metros y operar en condiciones extremas.
“La gran diferencia fue compartirlo en vivo, ver al mismo tiempo lo que nosotros veíamos. Descubrimos muchas especies que no sabíamos que existían”, expresó Lauretta, visiblemente impactado por la repercusión que generó la transmisión.
El cañón de Mar del Plata es un área estratégica donde confluyen la corriente cálida de Brasil y la fría de Malvinas, creando un punto de encuentro biogeográfico único. Esta interacción de aguas con distintas temperaturas y nutrientes favorece una biodiversidad excepcional y convierte al sitio en un laboratorio natural para el estudio de hábitats vulnerables, procesos de almacenamiento de carbono azul y dispersión de microplásticos.
Las campañas anteriores (Talud I, II y III) ya habían revelado decenas de especies desconocidas. Pero Talud IV superó los registros previos gracias a mayor capacidad tecnológica y un formato de difusión en tiempo real que acercó la ciencia a audiencias masivas.
Contenido técnico de la misión
La expedición, integrada por más de 30 investigadores de instituciones argentinas e internacionales, permitió:
Capturar imágenes en alta definición de ecosistemas profundos, incluyendo corales de aguas frías y fauna adaptada a la penumbra.
Detectar microplásticos y residuos humanos en zonas remotas, confirmando el alcance de la contaminación marina.
Recolectar muestras de agua, sedimentos y organismos para análisis de ADN ambiental, modelado 3D y clasificación taxonómica.
Documentar comportamientos inusuales, como la defensa activa de una langosta guerrera madre contra el robot explorador.
El material recolectado será depositado en repositorios de acceso abierto como CONICET Digital, OBIS y GenBank, garantizando su disponibilidad para la comunidad científica y educativa.
La transmisión en vivo por YouTube atrajo picos de 92.000 espectadores simultáneos, un récord para el canal del Falkor Too. La interacción fue inmediata: niños y niñas enviaron dibujos de las especies vistas, se generaron memes y debates en redes sociales, y varios de los animales filmados se convirtieron en íconos virales.
“Es maravilloso ver cómo los chicos se inspiran. Esto es pasión, uno tiene que ponerle el corazón y las cosas después resultan así”, dijo Nadia Cerino, bióloga del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA).
Repercusiones e impacto institucional
Además del aporte a la ciencia marina, Talud IV fortaleció la relación entre la investigación y la sociedad, mostrando el potencial de la ciencia abierta como herramienta de divulgación y generación de vocaciones.
El éxito del streaming consolidó al CONICET y al Schmidt Ocean Institute como referentes regionales en exploración profunda y comunicación científica. También abre puertas a futuras colaboraciones con países vecinos, como Uruguay, donde ya se proyectan nuevas campañas.
La próxima etapa será el procesamiento y análisis de las muestras recogidas, un trabajo que demandará años. Se espera que los resultados permitan actualizar registros de biodiversidad, evaluar el estado de los ecosistemas y desarrollar materiales educativos para escuelas y museos.
Las autoridades científicas confirmaron que ya se planifican nuevas rutas en el Atlántico Sur, con la intención de replicar el modelo de transmisión en vivo que demostró ser un poderoso canal para acercar la ciencia a la ciudadanía.
En un reconocimiento al aporte de la ciencia argentina frente a emergencias sanitarias, la Cámara de Diputados de la Nación declaró de interés el trabajo que dio origen al kit Detect-AR Dengue, el primer test de antígeno nacional para el diagnóstico de esta enfermedad. La iniciativa fue presentada por la diputada Marcela Coli, vicepresidenta de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y obtuvo un respaldo casi unánime entre los legisladores.
Agencia CyTA-Leloir– Kit Detect-AR Dengue: la Cámara de Diputados de la Nación declaró de interés el trabajo de investigadores de la Fundación Instituto Leloir
El proyecto para destacar en la Cámara Baja el aporte del primer test de antígeno nacional para el diagnóstico de dengue fue presentado por la vicepresidenta de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Marcela Coli, y aprobado por la mayoría de sus integrantes.
El trabajo de la investigadora del CONICET en la Fundación Instituto Leloir Andrea Gamarnik, que culminó con el desarrollo del kit Detect-AR Dengue, el primer test de antígeno nacional para el diagnóstico de esa enfermedad, fue declarado de interés por la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. La resolución surgió a partir del proyecto presentado por la vicepresidenta de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Marcela Coli (Democracia para Siempre).
“Me parece que es importante visibilizar cuando científicos argentinos pueden dar respuesta a una situación que requiere rápida acción. A veces uno espera las cosas de afuera y realmente tenemos la solución aquí, en el país”, explicó Coli a la Agencia CyTA-Leloir, quien resaltó que la iniciativa fue firmada por el 99% de los integrantes de la Comisión de Ciencia, “lo que no es un dato menor”, enfatizó.
Para hacer entrega del reconocimiento, la diputada se acercó hasta la Fundación Instituto Leloir donde, luego de visitar el Laboratorio de Virología Molecular que allí dirige Gamarnik, se reunió con sus autoridades para hacer entrega del diploma y la copia de la resolución. Del encuentro participaron la directora de la institución, Angeles Zorreguieta; Fernanda Ceriani, presidenta del Consejo de Administración; Belén García Fabiani, quien desde el laboratorio de Gamarnik coordinó el desarrollo del kit; y Marcelo Yanovsky, en representación del Laboratorio Lemos, que lo produce y comercializa.
Fundamentos
Aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en octubre de 2024, el kit Detect-AR Dengue se convirtió en el primer test de antígeno nacional para el diagnóstico de la enfermedad. Está destinado a profesionales de laboratorios de análisis clínicos y permite establecer –en tres horas– la infección por cualquiera de los cuatro serotipos del virus, al identificar la proteína viral NS1 en pacientes que cursan la fase aguda de la infección.
Producido en el país, el kit permitirá resolver la falta de insumos ante un posible brote de dengue, como el que ocurrió durante el verano 2023/2024, cuando el país enfrentó la peor situación desde que se tiene registro, con 583.297 casos confirmados y 419 personas fallecidas por la enfermedad.
A principios de este año, los expertos del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio I. Maiztegui” (INEVH), centro nacional de referencia para diagnóstico de dengue y otros arbovirus, que depende de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos G. Malbrán” (ANLIS/Malbrán), evaluaron el kit Detect-Ar Dengue y concluyeron que tiene un “excelente desempeño”. Ese importante aval, que se obtuvo siguiendo los parámetros internacionales recomendados por la OMS/OPS, abrió las puertas a la exportación y a que pueda ser comercializado y utilizado en otros países.
“La declaración de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación representa un fuerte respaldo a la ciencia argentina y destaca la relevancia de los desarrollos tecnológicos realizados por investigadores del CONICET. Me parece importante subrayar que la misma fue acompañada por representantes de distintas fuerzas políticas, en un contexto en el que el sistema científico y tecnológico nacional enfrenta un ataque sin precedentes”, señaló Gamarnik al recibir el reconocimiento. Y agregó: “La creación y producción de este kit de diagnóstico constituye una respuesta concreta a la escasez de insumos para la detección de infecciones por dengue en el país. Además, al ser de origen nacional, sustituye importaciones y tiene potencial para la exportación, lo que genera divisas para la Argentina”.
Luego de un proceso altamente competitivo de selección, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) iniciaron la expedición “Underwater Oases of Mar del Plata Canyon: Talud Continental IV”, en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institute. El objetivo: explorar el cañón submarino Mar del Plata, una región de alta biodiversidad y escasa investigación en el Atlántico sur.
La misión cuenta con apoyo del CONICET, financiamiento internacional y un salto tecnológico sin precedentes: por primera vez en aguas argentinas del Atlántico Sudoccidental se utiliza el vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, capaz de capturar imágenes en ultra alta definición y recolectar muestras sin alterar el entorno.
La travesía se desarrolla a bordo del buque de investigación Falkor (too), equipado con tecnología oceanográfica de última generación. Además, la campaña se transmite en vivo por el canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute, con imágenes captadas desde profundidades de hasta 3.900 metros.
Un laboratorio submarino en una frontera biogeográfica clave
El Cañón Mar del Plata se ubica frente a la provincia de Buenos Aires, en el límite entre las corrientes de Brasil (cálida) y Malvinas (fría), una frontera biogeográfica crucial para el Atlántico sur. A lo largo de la campaña, el equipo analiza estaciones de muestreo a distintas profundidades para estudiar la distribución de especies y su relación con variables ambientales, topográficas y oceanográficas.
El grupo multidisciplinario está integrado por más de 30 científicos de instituciones argentinas, en su mayoría del CONICET, como el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN), el Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET-UNMDP), el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET), el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) y el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC). También participan investigadores de las Universidades Nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Mar del Plata.
Ciencia en primera persona
El jefe científico de la expedición, Daniel Lauretta (MACN-CONICET), destacó: “Este grupo, que incluye becarios, técnicos y jóvenes investigadores, explora hábitats marinos vulnerables para detectar impactos humanos —como basura marina y microplásticos—, estudiar la biodiversidad bentónica, la reproducción y biogeografía de especies profundas, el ADN ambiental, el carbono azul y la dinámica de sedimentos”.
Sobre la tecnología del ROV SuBastian, remarcó: “Apenas empezamos y ya vemos cosas increíbles: animales que nunca se habían registrado en esta zona, paisajes que parecen de otro planeta y comportamientos sorprendentes. El ROV es un lujo: nos permite observar en directo lo que ocurre a casi 4.000 metros, con mínimo impacto. Es como tener un submarino con ojos súper sensibles que baja por nosotros y nos muestra todo con lujo de detalles”.
La transmisión en vivo, según Lauretta, tiene un enorme valor de divulgación: “Que cualquier persona pueda conectarse desde su casa y ver lo que vemos nosotros es una oportunidad única. La ciencia deja de ser lejana y se vuelve parte del día a día. Nos obliga a explicar con claridad, para que cualquiera pueda entender y disfrutar. Es abrir las puertas del barco, del laboratorio y del fondo del mar al mismo tiempo”.
En cuanto a los desafíos científicos, agregó que “todo allá abajo es extremo: presión altísima, frío intenso y oscuridad total. Además de llegar y tomar muestras, el gran reto es entender lo que vemos. A veces encontramos organismos desconocidos o interacciones que no podemos explicar. Es como explorar otro planeta, pero bajo el agua. En cada inmersión descubrimos algo nuevo”.
De la investigación al conocimiento abierto
Entre las acciones previstas, el equipo planea generar modelos 3D de especies emblemáticas y producir material educativo para escuelas, museos y clubes de ciencia. Los datos recolectados se publicarán en repositorios abiertos como CONICET Digital, OBIS y GenBank.
La expedición continúa el trabajo de las campañas Talud Continental I, II y III, realizadas a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado, que ya habían revelado una diversidad inesperada en corales de aguas frías, moluscos, equinodermos, ascidias, crustáceos, peces de profundidad y sus parásitos.
La empresa RNAgro, surgida a partir de un proyecto científico en la provincia, se encuentra en proceso de desarrollo de un biopesticida innovador que utiliza tecnología de RNA de interferencia. La propuesta apunta al control de *Diaphorina citri*, también conocida como “chicharrita”, un insecto vector de la bacteria que causa el Huanglongbing (HLB), una enfermedad letal para los cítricos.
Esta iniciativa busca brindar una alternativa sustentable a los pesticidas tradicionales, con el respaldo de investigaciones científicas y validaciones institucionales.
“ Estamos desarrollando un biopesticida basado en una tecnología que es RNA de interferencia”, explicó la doctora María José Blariza, investigadora del CONICET y titular de RNAgro a Economis. “A diferencia de los pesticidas químicos convencionales que se utilizan actualmente en el agro, son biodegradables, así que no persisten y no contaminan los suelos, el ambiente, la flora y forma en general la salud humana”, detalló.
Según Blariza, una de las principales ventajas del producto radica en su especificidad, debido a que no dañan a organismos que son polinizadores, los beneficios, debido a que es altamente específico contra el vector del HLB, más específicamente contra la chicharrita que transporta la bacteria”.
El método de aplicación del principio activo fue diseñado para ser compatible con las prácticas actuales en las chacras. “Tratamos de simular la forma de aplicación. El principio activo se aplica de manera muy similar y es bastante amigable la tecnología con lo que el productor está acostumbrado a rociar los pesticidas, sería por aspersión”, explicó. “Entra en contacto con el insecto, que es sumamente específico, entonces lo que hace es inhibir el proceso reproductivo y como consecuencia la sobrevida de este insecto vector”, agregó.
El objetivo del biopesticida es lograr un control poblacional del insecto. “Nosotros lo que hacemos es más bien un control poblacional, no dejamos que el insecto vector se reproduzca y de esta manera controlamos la población del vector”, dijo Blariza.
A diferencia de los productos químicos de amplio espectro, que afectan indiscriminadamente a diferentes especies, la investigadora señaló que esta solución “genera de alguna manera la disminución de la sobrevida” del vector, sin provocar desequilibrios en el ecosistema.
Una propuesta que perdura
Uno de los problemas recurrentes con el uso de pesticidas tradicionales es la resistencia que desarrollan los insectos a medida que son expuestos reiteradamente. “Mientras más pesticidas, el insecto se va adaptando y de esta manera el insecticida químico no le hace efecto”, señaló.
En cambio, “este biopesticida, además de ser biodegradable y no contaminar, evita la generación de esta resistencia. Entonces siempre es efectivo contra esta plaga de manera puntual y específica”.
La tecnología está en una fase avanzada de desarrollo en laboratorio. “En este momento tenemos resultados in vitro dentro del laboratorio, positivos, testógenos”, afirmó Blariza. Además, indicó que se han realizado validaciones independientes. “Tenemos validaciones hechas por terceros, que es del INTA Bella Vista de Corrientes, que tiene un área que es específica y especializada en cítricos. Llevé adelante también experimentos sobre plantas, no en campo, pero en condiciones controladas sobre plantas y se validaron los resultados que habíamos tenido nosotros”.
El siguiente paso en el proceso es desarrollar la formulación final del producto. “El siguiente paso es comenzar a desarrollar la envoltura, lo que va a proteger a este material genético, que es el que es sumamente específico para este vector, y hacer las pruebas e iniciar el marco regulatorio todo a campo: las pruebas de regulación en SENASA y hacer todas las pruebas directamente en el campo”, indicó.
Una vez finalizada esta etapa, la estrategia de RNAgro contempla licenciar la tecnología. “Lo que vamos a hacer es licenciar, es decir, vender nuestro principio activo a las grandes empresas de pesticidas, porque ellos ya tienen las carteras de clientes, canales de venta, toda la infraestructura para la producción del biopesticida”, explicó Blariza.
“ A nosotros nos sirve para posicionarnos rápidamente en el mercado ya ellos les sirve para generar un valor agregado de comercializar un producto que es de línea verde, que es a donde se está apuntando a nivel mundial”.
Producción en serie y comercialización
En cuanto a los plazos estimados para la comercialización, la doctora Blariza calculó que “aproximadamente entre 18 y 24 meses”, siempre que se cumplan todas las etapas regulatorias.
“Necesitamos hacer las pruebas regulatorias que nos van a indicar estos organismos, estos entes reguladores nos indican toda la serie de pruebas que son bastantes, se hacen a otras escalas, mucho más grandes, y bien tengamos estas pruebas se va a poder comercializar”.
El especialista destacó una ventaja adicional del enfoque que se desarrolla desde RNAgro: no requiere la modificación genética de organismos. “A diferencia de otras tecnologías que por ahí actualmente se utilizan, que son las plantas transgénicas o insectos transgénicos, en este caso se trata de una sustancia que se dispersa por aspersión y no modifica genéticamente, no necesita la modificación ni de la planta, ni del insecto, ni del fruto, de nada”.
Esto, según explicó, permite “procesos mucho más rápidos”, siempre bajo normas de evaluación que garantizan su inocuidad.
El origen de la propuesta
El proyecto de RNAgro tiene origen en un trabajo de investigación aplicado a una problemática regional. “Esto comienza en el año 2016, 2017, vengo en el marco de un proyecto de biotecnología, donde nos encontramos con esta problemática regional porque el HLB entra a la Argentina por Misiones”, relató Blariza.
“En 2012 se detecta el primer caso. En América es una enfermedad emergente, entra al continente americano en el año 2004. En realidad es una enfermedad que está esparcida por todo el mundo, las grandes potencias lo tienen: China, Brasil, Estados Unidos”.
Blariza recordó que, cuando se encontraba trabajando en la región, el HLB comenzó a avanzar por el litoral argentino. “Yo me encontré aquí en un proyecto de investigación donde hacemos el diagnóstico del HLB porque una vez que ingresó a Misiones comenzó a esparcirse al resto del NEA. Comenzó a tener Corrientes, Entre Ríos y hay que proteger justamente el NOA, que son los principales productores de limones”.
En ese contexto, su experiencia en enfermedades transmitidas por vectores resultó clave. “Yo venía con una formación donde me especializaba en atacar de alguna manera a vectores causantes de enfermedad. En ese momento estaba trabajando con el vector de la enfermedad de Chagas. Justo me encuentro con esta problemática local y surge este proyecto”.
El desarrollo logró captar la atención de inversores especializados en biotecnología. “Con ese proyecto ingreso como investigadora científica del CONICET y una vez que empezamos a ver los buenos resultados que teníamos, decimos: esto es altamente aplicable, podemos brindar una solución concreta a la sociedad, al productor que sabemos el dolor y las pérdidas que le trae, estas pérdidas millonarias que le trae esta enfermedad a la producción citrícola”.
La iniciativa tomó forma de startup tras presentarse en convocatorias de inversión. “Aplicamos a un comité de inversor, a unos fondos, fuimos seleccionados, viajamos a Santa Fe, a Buenos Aires y finalmente fuimos invertidos para iniciar este startup. Así que es todo un camino desde la mesada, la ciencia básica, a generar una empresa de base tecnológica”.
Proyectos a futuro
Actualmente, el equipo de RNAgro se encuentra focalizado en finalizar este primer producto. “Por ahora nos estamos enfocando en este primer producto”, aclaró Blariza. Sin embargo, existen planes de expansión: “Tenemos propuestas para expandirnos a otras plagas, que es la chicharrita del maíz, que provocó numerosas pérdidas que fueron noticias estos años anteriores”.
El enfoque de la empresa se mantiene firme: actuar sobre los vectores, no sobre las especies afectadas directamente. “Nosotros pretendemos enfocarnos en este único producto por ahora, ni bien estemos posicionados, ni bien ha salido este primer principio activo, sí está planteado el RNAgro como una plataforma en la cual nos vamos a ir a otras plagas agronómicas emergentes, pero así como otros insectos vectores causales de enfermedades en la salud humana, por ejemplo el dengue o chagas. No necesariamente a la persona, pero siempre atacando al vector, al medio por el cual se transportan los virus o las bacterias. Siempre plagas, insectos plagas”.
El horizonte de planificación de RNAgro se extiende a largo plazo. “Tenemos de aquí una proyección como de 10 años, es un montón”, concluyó Blariza.
Se trata de Astigmasaura genuflexa, perteneciente a la familia de los rebaquisáuridos. Era un herbívoro cuadrúpedo de cuello y cola larga, medía unos 18 metros de largo y pesaba más de 10 toneladas.
Investigadores del CONICET, junto con colegas de otras instituciones nacionales, hallaron en el departamento de Añelo, Provincia del Neuquén, los restos fósiles de un nuevo dinosaurio de la familia de los rebaquisáuridos, un grupo de dinosaurios saurópodos que habitó la región hace aproximadamente 95 millones de años. La nueva especie, bautizada Astigmasaura genuflexa, fue presentada en la revista Cretaceous Research.
Astigmasaura era un cuadrúpedo herbívoro de cuello y cola larga, medía unos 18 metros de largo y pesaba más de 10 toneladas. Las vértebras de la cola tenían prolongaciones óseas muy altas, tanto hacia arriba como hacia los costados. Tenía arcos hemales – huesos por debajo de la cola para que protegen el sistema nervioso y circulatorio- muy diversos: alargados y rectos, y en forma de bota y de estrella. Además, poseía patas esbeltas y dedos de los pies ensanchados desde adelante hacia atrás.
Flavio Bellardini, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN) y primer autor del artículo comenta que es la primera vez que se descubre la parte posterior del esqueleto de dinosaurios rebaquisáuridos, con ambos miembros traseros, la cadera y la mitad anterior de la cola perfectamente preservados, permitiendo así aclarar parte de la anatomía aún poco conocida. Además, remarca que Astigmasaura es una de las últimas especies de dinosaurios rebaquisáuridos antes de su extinción, ocasionada hace unos 90 millones de años atrás, por lo que es fundamental para reconstruir las fases finales de la historia evolutiva del grupo, por lo menos en Patagonia.
Gracias a las condiciones de preservación de los huesos de Astigmasaura se pudo reconstruir, por primera vez, la anatomía de las patas traseras y de los pies, así como parte de la musculatura de los rebaquisáuridos. De acuerdo con los paleontólogos que protagonizaron el hallazgo, esto servirá como base para futuros estudios, los cuales podrán determinar cómo se desplazaban, cuál era su postura y que tipo de huellas podían llegar a dejar. Además, los investigadores encontraron que algunas vértebras de la cola presentan patologías y una particular osificación de los tendones, que indicaría una edad avanzada del individuo al momento de su muerte.
Hallazgo y excavación
“En 2017, una denuncia de hallazgo fortuito realizada por petroleros del yacimiento GASNOC YPF de El Orejano permitió descubrir el esqueleto casi completo y articulado de este dinosaurio procedente de los niveles inferiores de la Formación Huincul. Estos niveles arenosos y arcillosos, donde se encontraron los huesos fosilizados, correspondían a un sector de un río de tipo meandroso, que presentaba una trayectoria sinuosa o curvada, en forma de serpiente, que indica que los restos, transportados por una corriente de baja energía, se encallaron en una de las tantas barras arenosas que se formaban a lo largo de su cauce. Con el tiempo, el cuello, espalda, miembros anteriores y el extremo de la cola fueron arrasados por la corriente y no se fosilizaron. Una rápida crecida tapó con sedimento lo que restaba, permitiendo la preservación de lo que hoy representa el material tipo de esta nueva especie de dinosaurio saurópodo rebaquisáurido”, explica Bellardini.
Las tareas de excavación requirieron cinco campañas paleontológicas y más de treinta días de trabajo de campo. Durante ese tiempo, para romper la roca portadora se utilizaron mazas, puntas, martillos, cortafierros, martillos rotopercutores, martillos neumáticos y cortadoras de roca. Para trasladar adecuadamente los huesos se armaron ocho bochones de yeso y arpillera, de los cuales, los más livianos fueron cargados en camionetas mediante un trípode y un malacate, mientras que, para los más pesados, algunos más de una tonelada, se necesitó la intervención de una máquina retroexcavadora y dos camiones.
El paleontólogo del CONICET indica que “en 2023, el último bochón de yeso, fue recuperado del sitio de hallazgo y trasladado al Museo Municipal “Argentino Urquiza” de Rincón de los Sauces. Allí, empezaron las tareas de preparación y limpieza del material, las cuales requirieron meses de trabajo de laboratorio para liberar los frágiles huesos fosilizados de la dura roca portadora. Finalmente, se prepararon 20 vértebras caudales, 19 arcos hemales, ambos isquiones, pubis, parte de los iliones, 2 fémures, 2 tibias, 2 fíbulas, 2 astrágalos y ambos pies casi completos”.
Una vez realizado el estudio anatómico de los huesos recuperados y su comparación con otras especies ya conocidas, el equipo de investigadores no solo encontró semejanzas con otros dinosaurios saurópodos rebaquisáuridos, sino también una serie de características morfológicas únicas que justificaron la formalización de la nueva especie. El nombre del género, Astigmasaura, (del latín a- + stigma, “sin signos”) hace referencia al lugar del hallazgo, El Orejano, una expresión popular que significa “animal sin signos de identificación, sin dueño”. El nombre de la especie genuflexa (del latín genus, “rodilla”, y flectere, “doblar”) alude a la posición en la que se halló el espécimen: arrodillada, con ambas patas traseras dobladas.
Referenciabibliográfica:
BELLARDINI, F., FILIPPI, L., CARBALLIDO, J. É., GARRIDO, A., & BAIANO, M. (2025). Side by side with titans: a new rebbachisaurid dinosaur from the Huincul Formation (upper Cenomanian) of Patagonia, Argentina. Cretaceous Research, 106188. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2025.106188