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Exploración histórica: científicos del Conicet revelan secretos del fondo del mar argentino

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Luego de un proceso altamente competitivo de selección, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) iniciaron la expedición “Underwater Oases of Mar del Plata Canyon: Talud Continental IV”, en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institute. El objetivo: explorar el cañón submarino Mar del Plata, una región de alta biodiversidad y escasa investigación en el Atlántico sur.

La misión cuenta con apoyo del CONICET, financiamiento internacional y un salto tecnológico sin precedentes: por primera vez en aguas argentinas del Atlántico Sudoccidental se utiliza el vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, capaz de capturar imágenes en ultra alta definición y recolectar muestras sin alterar el entorno.

La travesía se desarrolla a bordo del buque de investigación Falkor (too), equipado con tecnología oceanográfica de última generación. Además, la campaña se transmite en vivo por el canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute, con imágenes captadas desde profundidades de hasta 3.900 metros.

Un laboratorio submarino en una frontera biogeográfica clave

El Cañón Mar del Plata se ubica frente a la provincia de Buenos Aires, en el límite entre las corrientes de Brasil (cálida) y Malvinas (fría), una frontera biogeográfica crucial para el Atlántico sur. A lo largo de la campaña, el equipo analiza estaciones de muestreo a distintas profundidades para estudiar la distribución de especies y su relación con variables ambientales, topográficas y oceanográficas.

El grupo multidisciplinario está integrado por más de 30 científicos de instituciones argentinas, en su mayoría del CONICET, como el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN), el Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET-UNMDP), el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET), el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) y el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC). También participan investigadores de las Universidades Nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Mar del Plata.

Ciencia en primera persona

El jefe científico de la expedición, Daniel Lauretta (MACN-CONICET), destacó: “Este grupo, que incluye becarios, técnicos y jóvenes investigadores, explora hábitats marinos vulnerables para detectar impactos humanos —como basura marina y microplásticos—, estudiar la biodiversidad bentónica, la reproducción y biogeografía de especies profundas, el ADN ambiental, el carbono azul y la dinámica de sedimentos”.

Sobre la tecnología del ROV SuBastian, remarcó: “Apenas empezamos y ya vemos cosas increíbles: animales que nunca se habían registrado en esta zona, paisajes que parecen de otro planeta y comportamientos sorprendentes. El ROV es un lujo: nos permite observar en directo lo que ocurre a casi 4.000 metros, con mínimo impacto. Es como tener un submarino con ojos súper sensibles que baja por nosotros y nos muestra todo con lujo de detalles”.

La transmisión en vivo, según Lauretta, tiene un enorme valor de divulgación: “Que cualquier persona pueda conectarse desde su casa y ver lo que vemos nosotros es una oportunidad única. La ciencia deja de ser lejana y se vuelve parte del día a día. Nos obliga a explicar con claridad, para que cualquiera pueda entender y disfrutar. Es abrir las puertas del barco, del laboratorio y del fondo del mar al mismo tiempo”.

En cuanto a los desafíos científicos, agregó que “todo allá abajo es extremo: presión altísima, frío intenso y oscuridad total. Además de llegar y tomar muestras, el gran reto es entender lo que vemos. A veces encontramos organismos desconocidos o interacciones que no podemos explicar. Es como explorar otro planeta, pero bajo el agua. En cada inmersión descubrimos algo nuevo”.

De la investigación al conocimiento abierto

Entre las acciones previstas, el equipo planea generar modelos 3D de especies emblemáticas y producir material educativo para escuelas, museos y clubes de ciencia. Los datos recolectados se publicarán en repositorios abiertos como CONICET Digital, OBIS y GenBank.

La expedición continúa el trabajo de las campañas Talud Continental I, II y III, realizadas a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado, que ya habían revelado una diversidad inesperada en corales de aguas frías, moluscos, equinodermos, ascidias, crustáceos, peces de profundidad y sus parásitos.

📺 Seguí la campaña en vivo: Canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute

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Investigadores del CONICET desarrollan en Misiones un biopesticida para combatir el HLB

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La empresa RNAgro, surgida a partir de un proyecto científico en la provincia, se encuentra en proceso de desarrollo de un biopesticida innovador que utiliza tecnología de RNA de interferencia. La propuesta apunta al control de *Diaphorina citri*, también conocida como “chicharrita”, un insecto vector de la bacteria que causa el Huanglongbing (HLB), una enfermedad letal para los cítricos.

Esta iniciativa busca brindar una alternativa sustentable a los pesticidas tradicionales, con el respaldo de investigaciones científicas y validaciones institucionales.

“ Estamos desarrollando un biopesticida basado en una tecnología que es RNA de interferencia”, explicó la doctora María José Blariza, investigadora del CONICET y titular de RNAgro a Economis. “A diferencia de los pesticidas químicos convencionales que se utilizan actualmente en el agro, son biodegradables, así que no persisten y no contaminan los suelos, el ambiente, la flora y forma en general la salud humana”, detalló.

Según Blariza, una de las principales ventajas del producto radica en su especificidad, debido a que no dañan a organismos que son polinizadores, los beneficios, debido a que es altamente específico contra el vector del HLB, más específicamente contra la chicharrita que transporta la bacteria”.

El método de aplicación del principio activo fue diseñado para ser compatible con las prácticas actuales en las chacras. “Tratamos de simular la forma de aplicación. El principio activo se aplica de manera muy similar y es bastante amigable la tecnología con lo que el productor está acostumbrado a rociar los pesticidas, sería por aspersión”, explicó. “Entra en contacto con el insecto, que es sumamente específico, entonces lo que hace es inhibir el proceso reproductivo y como consecuencia la sobrevida de este insecto vector”, agregó.

El objetivo del biopesticida es lograr un control poblacional del insecto. “Nosotros lo que hacemos es más bien un control poblacional, no dejamos que el insecto vector se reproduzca y de esta manera controlamos la población del vector”, dijo Blariza.

A diferencia de los productos químicos de amplio espectro, que afectan indiscriminadamente a diferentes especies, la investigadora señaló que esta solución “genera de alguna manera la disminución de la sobrevida” del vector, sin provocar desequilibrios en el ecosistema.

Una propuesta que perdura

Uno de los problemas recurrentes con el uso de pesticidas tradicionales es la resistencia que desarrollan los insectos a medida que son expuestos reiteradamente. “Mientras más pesticidas, el insecto se va adaptando y de esta manera el insecticida químico no le hace efecto”, señaló.

En cambio, “este biopesticida, además de ser biodegradable y no contaminar, evita la generación de esta resistencia. Entonces siempre es efectivo contra esta plaga de manera puntual y específica”.

La tecnología está en una fase avanzada de desarrollo en laboratorio. “En este momento tenemos resultados in vitro dentro del laboratorio, positivos, testógenos”, afirmó Blariza. Además, indicó que se han realizado validaciones independientes. “Tenemos validaciones hechas por terceros, que es del INTA Bella Vista de Corrientes, que tiene un área que es específica y especializada en cítricos. Llevé adelante también experimentos sobre plantas, no en campo, pero en condiciones controladas sobre plantas y se validaron los resultados que habíamos tenido nosotros”.

El siguiente paso en el proceso es desarrollar la formulación final del producto. “El siguiente paso es comenzar a desarrollar la envoltura, lo que va a proteger a este material genético, que es el que es sumamente específico para este vector, y hacer las pruebas e iniciar el marco regulatorio todo a campo: las pruebas de regulación en SENASA y hacer todas las pruebas directamente en el campo”, indicó.

Una vez finalizada esta etapa, la estrategia de RNAgro contempla licenciar la tecnología. “Lo que vamos a hacer es licenciar, es decir, vender nuestro principio activo a las grandes empresas de pesticidas, porque ellos ya tienen las carteras de clientes, canales de venta, toda la infraestructura para la producción del biopesticida”, explicó Blariza.

“ A nosotros nos sirve para posicionarnos rápidamente en el mercado ya ellos les sirve para generar un valor agregado de comercializar un producto que es de línea verde, que es a donde se está apuntando a nivel mundial”.

Producción en serie y comercialización

En cuanto a los plazos estimados para la comercialización, la doctora Blariza calculó que “aproximadamente entre 18 y 24 meses”, siempre que se cumplan todas las etapas regulatorias.

“Necesitamos hacer las pruebas regulatorias que nos van a indicar estos organismos, estos entes reguladores nos indican toda la serie de pruebas que son bastantes, se hacen a otras escalas, mucho más grandes, y bien tengamos estas pruebas se va a poder comercializar”.

El especialista destacó una ventaja adicional del enfoque que se desarrolla desde RNAgro: no requiere la modificación genética de organismos. “A diferencia de otras tecnologías que por ahí actualmente se utilizan, que son las plantas transgénicas o insectos transgénicos, en este caso se trata de una sustancia que se dispersa por aspersión y no modifica genéticamente, no necesita la modificación ni de la planta, ni del insecto, ni del fruto, de nada”.

Esto, según explicó, permite “procesos mucho más rápidos”, siempre bajo normas de evaluación que garantizan su inocuidad.

El origen de la propuesta

El proyecto de RNAgro tiene origen en un trabajo de investigación aplicado a una problemática regional. “Esto comienza en el año 2016, 2017, vengo en el marco de un proyecto de biotecnología, donde nos encontramos con esta problemática regional porque el HLB entra a la Argentina por Misiones”, relató Blariza.

“En 2012 se detecta el primer caso. En América es una enfermedad emergente, entra al continente americano en el año 2004. En realidad es una enfermedad que está esparcida por todo el mundo, las grandes potencias lo tienen: China, Brasil, Estados Unidos”.

Blariza recordó que, cuando se encontraba trabajando en la región, el HLB comenzó a avanzar por el litoral argentino. “Yo me encontré aquí en un proyecto de investigación donde hacemos el diagnóstico del HLB porque una vez que ingresó a Misiones comenzó a esparcirse al resto del NEA. Comenzó a tener Corrientes, Entre Ríos y hay que proteger justamente el NOA, que son los principales productores de limones”.

En ese contexto, su experiencia en enfermedades transmitidas por vectores resultó clave. “Yo venía con una formación donde me especializaba en atacar de alguna manera a vectores causantes de enfermedad. En ese momento estaba trabajando con el vector de la enfermedad de Chagas. Justo me encuentro con esta problemática local y surge este proyecto”.

El desarrollo logró captar la atención de inversores especializados en biotecnología. “Con ese proyecto ingreso como investigadora científica del CONICET y una vez que empezamos a ver los buenos resultados que teníamos, decimos: esto es altamente aplicable, podemos brindar una solución concreta a la sociedad, al productor que sabemos el dolor y las pérdidas que le trae, estas pérdidas millonarias que le trae esta enfermedad a la producción citrícola”.

La iniciativa tomó forma de startup tras presentarse en convocatorias de inversión. “Aplicamos a un comité de inversor, a unos fondos, fuimos seleccionados, viajamos a Santa Fe, a Buenos Aires y finalmente fuimos invertidos para iniciar este startup. Así que es todo un camino desde la mesada, la ciencia básica, a generar una empresa de base tecnológica”.

Proyectos a futuro

Actualmente, el equipo de RNAgro se encuentra focalizado en finalizar este primer producto. “Por ahora nos estamos enfocando en este primer producto”, aclaró Blariza. Sin embargo, existen planes de expansión: “Tenemos propuestas para expandirnos a otras plagas, que es la chicharrita del maíz, que provocó numerosas pérdidas que fueron noticias estos años anteriores”.

El enfoque de la empresa se mantiene firme: actuar sobre los vectores, no sobre las especies afectadas directamente. “Nosotros pretendemos enfocarnos en este único producto por ahora, ni bien estemos posicionados, ni bien ha salido este primer principio activo, sí está planteado el RNAgro como una plataforma en la cual nos vamos a ir a otras plagas agronómicas emergentes, pero así como otros insectos vectores causales de enfermedades en la salud humana, por ejemplo el dengue o chagas. No necesariamente a la persona, pero siempre atacando al vector, al medio por el cual se transportan los virus o las bacterias. Siempre plagas, insectos plagas”.

El horizonte de planificación de RNAgro se extiende a largo plazo. “Tenemos de aquí una proyección como de 10 años, es un montón”, concluyó Blariza.

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Descubren en Neuquén una nueva especie de dinosaurio saurópodo que vivió hace 95 millones de años

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Se trata de Astigmasaura genuflexa, perteneciente a la familia de los rebaquisáuridos. Era un herbívoro cuadrúpedo de cuello y cola larga, medía unos 18 metros de largo y pesaba más de 10 toneladas.

Investigadores del CONICET, junto con colegas de otras instituciones nacionales, hallaron en el departamento de Añelo, Provincia del Neuquén, los restos fósiles de un nuevo dinosaurio de la familia de los rebaquisáuridos, un grupo de dinosaurios saurópodos que habitó la región hace aproximadamente 95 millones de años. La nueva especie, bautizada Astigmasaura genuflexa, fue presentada en la revista Cretaceous Research.

Astigmasaura era un cuadrúpedo herbívoro de cuello y cola larga, medía unos 18 metros de largo y pesaba más de 10 toneladas. Las vértebras de la cola tenían prolongaciones óseas muy altas, tanto hacia arriba como hacia los costados. Tenía arcos hemales – huesos por debajo de la cola para que protegen el sistema nervioso y circulatorio- muy diversos: alargados y rectos, y en forma de bota y de estrella. Además, poseía patas esbeltas y dedos de los pies ensanchados desde adelante hacia atrás.

Flavio Bellardini, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN) y primer autor del artículo comenta que es la primera vez que se descubre la parte posterior del esqueleto de dinosaurios rebaquisáuridos, con ambos miembros traseros, la cadera y la mitad anterior de la cola perfectamente preservados, permitiendo así aclarar parte de la anatomía aún poco conocida. Además, remarca que Astigmasaura es una de las últimas especies de dinosaurios rebaquisáuridos antes de su extinción, ocasionada hace unos 90 millones de años atrás, por lo que es fundamental para reconstruir las fases finales de la historia evolutiva del grupo, por lo menos en Patagonia.

Gracias a las condiciones de preservación de los huesos de Astigmasaura se pudo reconstruir, por primera vez, la anatomía de las patas traseras y de los pies, así como parte de la musculatura de los rebaquisáuridos. De acuerdo con los paleontólogos que protagonizaron el hallazgo, esto servirá como base para futuros estudios, los cuales podrán determinar cómo se desplazaban, cuál era su postura y que tipo de huellas podían llegar a dejar. Además, los investigadores encontraron que algunas vértebras de la cola presentan patologías y una particular osificación de los tendones, que indicaría una edad avanzada del individuo al momento de su muerte.

Hallazgo y excavación

“En 2017, una denuncia de hallazgo fortuito realizada por petroleros del yacimiento GASNOC YPF de El Orejano permitió descubrir el esqueleto casi completo y articulado de este dinosaurio procedente de los niveles inferiores de la Formación Huincul. Estos niveles arenosos y arcillosos, donde se encontraron los huesos fosilizados, correspondían a un sector de un río de tipo meandroso, que presentaba una trayectoria sinuosa o curvada, en forma de serpiente, que indica que los restos, transportados por una corriente de baja energía, se encallaron en una de las tantas barras arenosas que se formaban a lo largo de su cauce. Con el tiempo, el cuello, espalda, miembros anteriores y el extremo de la cola fueron arrasados por la corriente y no se fosilizaron. Una rápida crecida tapó con sedimento lo que restaba, permitiendo la preservación de lo que hoy representa el material tipo de esta nueva especie de dinosaurio saurópodo rebaquisáurido”, explica Bellardini.

Las tareas de excavación requirieron cinco campañas paleontológicas y más de treinta días de trabajo de campo. Durante ese tiempo, para romper la roca portadora se utilizaron mazas, puntas, martillos, cortafierros, martillos rotopercutores, martillos neumáticos y cortadoras de roca. Para trasladar adecuadamente los huesos se armaron ocho bochones de yeso y arpillera, de los cuales, los más livianos fueron cargados en camionetas mediante un trípode y un malacate, mientras que, para los más pesados, algunos más de una tonelada, se necesitó la intervención de una máquina retroexcavadora y dos camiones.

El paleontólogo del CONICET indica que “en 2023, el último bochón de yeso, fue recuperado del sitio de hallazgo y trasladado al Museo Municipal “Argentino Urquiza” de Rincón de los Sauces. Allí, empezaron las tareas de preparación y limpieza del material, las cuales requirieron meses de trabajo de laboratorio para liberar los frágiles huesos fosilizados de la dura roca portadora. Finalmente, se prepararon 20 vértebras caudales, 19 arcos hemales, ambos isquiones, pubis, parte de los iliones, 2 fémures, 2 tibias, 2 fíbulas, 2 astrágalos y ambos pies casi completos”.

Una vez realizado el estudio anatómico de los huesos recuperados y su comparación con otras especies ya conocidas, el equipo de investigadores no solo encontró semejanzas con otros dinosaurios saurópodos rebaquisáuridos, sino también una serie de características morfológicas únicas que justificaron la formalización de la nueva especie. El nombre del género, Astigmasaura, (del latín a- + stigma, “sin signos”) hace referencia al lugar del hallazgo, El Orejano, una expresión popular que significa “animal sin signos de identificación, sin dueño”. El nombre de la especie genuflexa (del latín genus, “rodilla”, y flectere, “doblar”) alude a la posición en la que se halló el espécimen: arrodillada, con ambas patas traseras dobladas.

Referencia bibliográfica:

BELLARDINI, F., FILIPPI, L., CARBALLIDO, J. É., GARRIDO, A., & BAIANO, M. (2025). Side by side with titans: a new rebbachisaurid dinosaur from the Huincul Formation (upper Cenomanian) of Patagonia, Argentina. Cretaceous Research, 106188. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2025.106188

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Descubren proteínas clave para comprender la forma progresiva de la esclerosis múltiple

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Un equipo de investigación de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y el CONICET identificó un conjunto de proteínas potencialmente útiles como biomarcadores para diagnosticar el compromiso cortical en la forma progresiva de la esclerosis múltiple, así como posibles blancos terapéuticos. Los resultados, obtenidos a partir de un modelo animal desarrollado en la FIL, fueron publicados recientemente en la revista Frontiers in Immunology.

A diferencia de la esclerosis múltiple recurrente-remitente —la variante más frecuente y con mayores opciones terapéuticas—, la forma progresiva de la enfermedad presenta un deterioro más severo y sostenido, tanto físico como cognitivo. Esta variante compromete principalmente la corteza cerebral y actualmente no cuenta con tratamientos específicos que puedan detener su avance.

El grupo de investigación, liderado por la doctora en Ciencias Biológicas Carina Ferrari y la médica neuróloga Berenice Silva, analizó las proteínas presentes tanto en lesiones corticales como en líquido cefalorraquídeo, utilizando un modelo experimental previamente validado. “En 2018 presentamos en una revista internacional este modelo animal, que reproduce de forma precisa los aspectos clínicos, patológicos y radiológicos más discapacitantes de la esclerosis múltiple progresiva, incluyendo la degeneración neuronal sostenida”, explicó Silva.

Gracias a técnicas de proteómica, se logró establecer un perfil molecular de los procesos que intervienen en la neurodegeneración, la inflamación y la desmielinización. “Identificamos 16 proteínas novedosas en tejido cortical y siete en líquido cefalorraquídeo que hasta ahora no se habían vinculado con esta variante de la enfermedad”, indicó Silva.

Entre las moléculas detectadas, dos resultaron especialmente relevantes: orosomucoid-1 y S100A8, que mostraron niveles significativamente elevados en ambos tipos de muestras. Según detalló Ferrari, “estas proteínas podrían estar desempeñando un rol central en el proceso neurodegenerativo, y si se confirma su participación, podrían convertirse en dianas terapéuticas para frenar la progresión del daño cortical”.

Un modelo animal único en su tipo

El modelo desarrollado por el equipo de la FIL es uno de los cuatro en el mundo capaces de reproducir lesiones corticales sostenidas, y se destaca por su capacidad de generar daño persistente en la corteza cerebral durante más de 60 días, así como por su capacidad de inducir “lesión crónica activa” mediante estímulos inflamatorios periféricos. Esta última forma de lesión es reconocida como una de las principales causas de discapacidad en pacientes con esclerosis múltiple progresiva.

“Este modelo no solo reproduce con precisión la patología cortical, sino que además exhibe perfiles proteicos similares a los observados en modelos ampliamente validados, como la encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), que sirvió de base para el desarrollo de varios tratamientos actuales”, destacó Silva.

Análisis internacional y futuro terapéutico

El estudio incluyó el envío de tejidos lesionados a centros especializados en España, donde se realizaron los análisis proteómicos de alta resolución. En total, se identificaron cerca de 6.000 proteínas en tejido cerebral y 4.000 en líquido cefalorraquídeo. Posteriores análisis estadísticos permitieron reducir esas cifras a un listado más específico: 45 proteínas en tejido y 48 en líquido, dentro de las cuales se seleccionaron las candidatas más prometedoras.

El siguiente paso será validar estos hallazgos mediante técnicas complementarias, como inmunohistoquímica para el tejido cerebral y ELISA para el líquido cefalorraquídeo. Esta etapa ya se encuentra en marcha en la FIL.

“Si se demuestra que estas proteínas cumplen una función determinante en la patología, se abre la posibilidad de desarrollar terapias dirigidas. Por ejemplo, si orosomucoid-1 está sobreexpresada, podría buscarse un compuesto que inhiba su producción”, explicó Ferrari antes de iniciar el proceso de validación.

Un legado científico y humano

La investigación fue posible gracias a un subsidio otorgado por la empresa farmacéutica Biogen, que financió la etapa preclínica del estudio. Para avanzar en ensayos con pacientes, el equipo se encuentra en la búsqueda de nuevos fondos, en un contexto nacional complejo para la investigación científica. “El paso de la validación en modelos animales al ensayo clínico en humanos es imprescindible para que estos descubrimientos puedan traducirse en tratamientos concretos”, coincidieron Ferrari y Silva.

Cabe señalar que la doctora Carina Ferrari, quien lideró esta investigación, falleció el pasado 27 de abril. A pesar de su delicado estado de salud, participó activamente en las etapas finales del estudio. Su compromiso con la ciencia y su pasión por la investigación se mantuvieron intactos hasta el último momento, dejando un legado valioso para la comunidad científica y para las personas que conviven con esta enfermedad.

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Científicos del Conicet identifican claves para frenar el Alzheimer

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Conicet investiga la neuroinflamación como clave para frenar el Alzheimer

Un equipo de científicos del Conicet ha realizado un importante avance en la investigación del Alzheimer, identificando perfiles de neuroinflamación asociados a la progresión de la enfermedad en la población argentina.

Este estudio multicéntrico y colaborativo, que involucró a profesionales de hospitales en Argentina y España, así como a investigadores de la Fundación Instituto Leloir, abre nuevas perspectivas terapéuticas para combatir esta enfermedad neurodegenerativa.

Históricamente, la investigación del Alzheimer se ha centrado en los cambios neuronales en áreas específicas del cerebro. Sin embargo, en los últimos años, ha cobrado relevancia el papel de células del tejido nervioso, como astrocitos y microglía, que regulan las respuestas inflamatorias en el sistema nervioso central.

“Estos hallazgos destacan el papel central de la inflamación en la progresión del Alzheimer y evidencian la función de la neuroglia en las distintas etapas de la enfermedad”, señala Laura Morelli, líder del estudio e investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir).

Nuevas perspectivas terapéuticas

El estudio analizó los niveles de citoquinas y quimiocinas en sangre en tres grupos de personas: cognitivamente sanas, con deterioro cognitivo leve y con diagnóstico de Alzheimer. Los resultados sugieren que la modulación de la respuesta inflamatoria podría ser una estrategia efectiva para frenar la progresión de la enfermedad.

“Nuestros resultados sugieren la posibilidad de diseñar terapias para modular la respuesta inflamatoria y frenar la progresión del Alzheimer”, celebra Morelli.

Este avance científico representa un paso importante en la lucha contra el Alzheimer, una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Fuente: Conicet

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