CONSUMO INTERNO

La economía cayó 0,5% en mayo y creció apenas 0,2% en el último año

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La economía argentina llegó a mayo con señales cada vez más claras de desaceleración y una composición profundamente desigual. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento interanual de apenas 0,2%, mientras que en la medición desestacionalizada cayó 0,5% respecto de abril.

El dato técnicamente mantiene a la actividad en terreno positivo frente al año pasado, pero revela que la recuperación perdió velocidad. Más aún: el crecimiento general se sostuvo gracias al desempeño de un reducido grupo de sectores primarios y extractivos, mientras que la industria manufacturera y el comercio, dos actividades centrales para la generación de empleo y el movimiento del mercado interno, profundizaron su retroceso.

El componente tendencia-ciclo, utilizado para identificar la dirección de fondo de la economía más allá de las oscilaciones mensuales, mostró una mejora de 0,2%. Esa variación evita hablar todavía de una contracción consolidada, aunque confirma una trayectoria de expansión extremadamente moderada.

Dos caídas mensuales en tres meses

La evolución de los primeros cinco meses de 2026 muestra una economía volátil, sin capacidad para encadenar una secuencia sostenida de crecimiento.

En enero, el EMAE avanzó 0,2% respecto de diciembre. En febrero cayó 2,5%, en marzo rebotó 2,8%, en abril volvió a retroceder 1,5% y en mayo disminuyó otro 0,5%.

De esta manera, la actividad registró bajas mensuales en tres de los últimos cuatro meses. El fuerte crecimiento de marzo alcanzó para compensar parte de esas pérdidas, pero no logró consolidar una tendencia expansiva.

En términos interanuales, la secuencia también muestra una marcada irregularidad: la economía creció 2% en enero, cayó 1,5% en febrero, saltó 6,2% en marzo, se moderó a 1,7% en abril y prácticamente se estancó en mayo, con una suba de apenas 0,2%.

Como resultado, el crecimiento acumulado entre enero y mayo fue de 1,7%, por debajo del 2,2% que se registraba al cierre de abril. El arrastre positivo del comienzo del año continúa, pero se reduce a medida que aparecen comparaciones más exigentes y se debilitan algunos motores de la actividad.

El magro crecimiento de mayo también debe leerse contra una base relativamente elevada. En mayo de 2025, la actividad había aumentado 5,3% interanual, en pleno proceso de recuperación después de la recesión de 2024.

El índice original alcanzó en mayo de 2026 los 165,5 puntos, apenas por encima de los 165,1 puntos registrados un año antes. En cambio, el índice desestacionalizado se ubicó en 153,6 puntos, por debajo de los 154,3 de abril y también lejos de los 156,7 alcanzados en marzo.

La comparación permite distinguir dos fenómenos. Por un lado, la economía conserva un nivel superior al observado durante buena parte de 2024. Por otro, desde comienzos de 2026 no logra atravesar con firmeza ese techo: los avances mensuales son interrumpidos rápidamente por nuevas correcciones.

Incluso la tendencia-ciclo, que creció 0,2% mensual y llegó a 154,7 puntos, dibuja una curva ascendente, pero de pendiente muy reducida.

El campo y la minería sostuvieron el resultado

Ocho de los quince sectores que integran el EMAE crecieron frente a mayo de 2025, mientras que siete registraron caídas. Sin embargo, el resultado general estuvo muy concentrado.

La explotación de minas y canteras encabezó las subas, con un incremento interanual de 15,7%. El sector mantiene una expansión de dos dígitos impulsada principalmente por la producción de petróleo y gas, y se consolida como uno de los motores más dinámicos de la economía argentina.

La agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 4,6%. Aunque su porcentaje fue inferior al de la minería, resultó el sector con mayor incidencia positiva sobre el índice general debido a su peso dentro de la estructura productiva.

Entre ambos aportaron 1,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE. Dicho de otro modo: sin el empuje conjunto del agro y la actividad minera, el resultado de mayo habría sido claramente negativo.

Electricidad, gas y agua también exhibió una expansión importante, del 8%, mientras que la construcción avanzó 1,9%. Este último dato permitió al sector volver al terreno positivo luego de haber caído 1,8% interanual en abril.

Los servicios sociales y de salud crecieron 0,8%; transporte y comunicaciones, 0,6%; las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, 0,4%; y la intermediación financiera, 1,5%.

La industria volvió a quedar en el centro de la caída

La contracara estuvo en la industria manufacturera, que cayó 5,6% frente a mayo de 2025. Fue la actividad con mayor incidencia negativa sobre el resultado general, una señal especialmente relevante por su capacidad para irradiar efectos sobre el empleo, la inversión, el transporte y las cadenas de proveedores.

La caída industrial de mayo fue, además, más profunda que la registrada en abril, cuando la baja había sido de 2,7%. El sector alternó un crecimiento de 5,2% en marzo con retrocesos de 2,4% en enero, 8,4% en febrero, 2,7% en abril y 5,6% en mayo.

La secuencia muestra que el repunte de marzo no alcanzó para revertir una tendencia de debilidad que atraviesa buena parte del entramado fabril.

El índice sectorial de la industria se ubicó en 114,4 puntos, por debajo de los 121,2 de mayo de 2025 y también de los 134,8 puntos que había registrado en mayo de 2023. La comparación expone que la producción manufacturera no solo perdió terreno durante el último año, sino que continúa alejada de niveles previos.

El comercio refleja la debilidad del consumo

El comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron 4,3% interanual. El dato prolongó la caída de abril, que había sido de 3,2%, y se sumó a los descensos de enero y febrero.

El deterioro comercial representa una de las señales más directas sobre el estado del mercado interno. Aun cuando la desaceleración de la inflación permitió cierta recomposición de los ingresos reales, el consumo continúa condicionado por el debilitamiento del empleo, la pérdida de poder adquisitivo acumulada, el encarecimiento del crédito y la cautela de los hogares.

El índice del sector comercial descendió desde 160,9 puntos en mayo de 2025 hasta 153,9 en mayo de 2026. La actividad también quedó por debajo del nivel de marzo, cuando había alcanzado los 160,3 puntos.

Industria y comercio, junto con la pesca, restaron en conjunto 1,4 puntos porcentuales al resultado interanual. Ese aporte negativo fue superior a la expansión total del EMAE y debió ser compensado por las actividades primarias y extractivas.

La pesca registró el mayor derrumbe

La pesca sufrió la caída sectorial más pronunciada, con una baja interanual de 29,3%. El retroceso se produjo después de una contracción de 28,4% en abril y cortó el fuerte crecimiento registrado durante el primer trimestre.

Hoteles y restaurantes también pasaron a terreno negativo, con una disminución de 1,8%, después de haber permanecido sin variaciones en abril. Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales retrocedieron 1,3%.

La administración pública y la defensa cayeron 1,4% interanual, prolongando la reducción observada desde comienzos de 2025. Enseñanza disminuyó 0,1%, mientras que los impuestos netos de subsidios crecieron apenas 0,5%.

Una economía con motores de crecimiento poco intensivos en empleo

El informe de mayo describe una economía partida. De un lado aparecen el agro, la energía y la minería, actividades competitivas, generadoras de exportaciones y divisas, pero con una capacidad de creación directa de empleo relativamente menor que la industria, la construcción o el comercio.

Del otro lado se encuentran precisamente los sectores más vinculados con el mercado interno, el entramado de pequeñas y medianas empresas y la ocupación urbana. La caída fabril y comercial indica que la mejora de las variables macroeconómicas todavía no se traduce en una recuperación homogénea de la economía real.

La construcción ofreció una señal moderadamente favorable, aunque su crecimiento de 1,9% debe leerse con cautela: el nivel de actividad del sector se mantiene muy por debajo de sus registros de 2023. El índice de mayo fue de 124,4 puntos, contra 147 puntos en el mismo mes de aquel año.

Algo similar ocurre con hoteles y restaurantes. Pese a que el nivel sectorial es superior al de 2023 y 2024, en mayo mostró una caída interanual, lo que podría anticipar una pérdida de impulso en el consumo de servicios.

Del rebote a una meseta

Durante 2025, la economía había crecido 4,5% en el acumulado anual, impulsada en buena medida por la comparación contra la recesión de 2024. Ese efecto estadístico comenzó a diluirse.

En los primeros cinco meses de 2026, el avance acumulado se redujo al 1,7%. Mayo representa la expresión más clara de ese cambio: la actividad ya no compara contra los meses más profundos de la recesión, sino contra una economía que un año antes se encontraba en recuperación.

El desafío dejó de ser simplemente rebotar desde niveles bajos. Ahora consiste en transformar la estabilización en crecimiento sostenido, ampliar la recuperación hacia la industria y el comercio y generar una expansión capaz de mejorar el empleo y los ingresos.

Por el momento, el EMAE muestra una economía que evita la recesión, pero que tampoco consigue acelerar. El agro, la minería y la energía mantienen encendido el motor externo; la industria y el consumo interno, en cambio, continúan funcionando a media marcha.

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La yerba mate profundiza su crisis: caen la cosecha, el consumo interno y las exportaciones

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No es únicamente el precio lo que cae en la yerba mate. Todos los eslabones de la cadena entraron en un terreno negativo. Los datos acumulados entre enero y mayo de 2026 reflejan una caída simultánea en los tres principales indicadores de la actividad: producción, consumo y exportaciones. El resultado es una contracción general del mercado que confirma las advertencias que vienen realizando productores, cooperativas e industrias sobre el deterioro de la cadena. Los datos negativos llegan en un momento particular: por primera vez el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aceptó recibir a los representantes de la cadena yerbatera para analizar el impacto de la desregulación. Aunque son prácticamente inexistentes las posibilidades de que haya una revisión del plan económico, los representantes de la cadena yerbatera presentes en el directorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate fueron convocados para el próximo 8 de julio a a una reunión con Sturzenegger; el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta; y el secretario de Coordinación y Producción del Ministerio de Economía, Pablo Lavigne.

El dato más contundente surge de la cosecha. Entre enero y mayo ingresaron a secaderos 275,17 millones de kilos de hoja verde, lo que representa una caída del 13,06% respecto del acumulado previo y una baja interanual del 13,46%.

La reducción en el ingreso de materia prima confirma que la zafra avanza con menor volumen, en un contexto marcado por precios deprimidos para el productor, incertidumbre regulatoria y una menor rentabilidad en las chacras. La caída productiva no encuentra compensación en la demanda.

El mercado doméstico, principal destino de la yerba mate argentina, también muestra señales de debilidad. Las salidas de molino destinadas al consumo interno alcanzaron 113,09 millones de kilos entre enero y mayo de 2026, frente a los 116,88 millones de kilos registrados en igual período de 2025.

La diferencia equivale a 3,79 millones de kilos menos, una contracción del 3% interanual acumulada.

La tendencia negativa se profundizó durante mayo. Las ventas al mercado interno fueron 5% inferiores a las de abril y quedaron 7,72% por debajo del mismo mes del año pasado, evidenciando que el consumo sigue sintiendo el impacto de la pérdida de poder adquisitivo y la retracción general del gasto de los hogares.

Aunque la yerba mate conserva su condición de producto esencial en la canasta de los argentinos, la desaceleración del consumo se hace visible en las estadísticas de salida de molino, el indicador más cercano al comportamiento real de las ventas en góndola.

Las exportaciones tampoco logran despegar

El frente externo, que había funcionado como un sostén para la actividad durante 2025, también comenzó a mostrar signos de agotamiento. Entre enero y mayo se exportaron 18,81 millones de kilos, lo que implica una baja acumulada del 0,53% interanual.

Más preocupante aún resulta el desempeño de mayo, cuando los embarques registraron una caída del 19,18% respecto del mismo mes de 2025. El dato marca una desaceleración importante en los mercados internacionales y pone en evidencia que el crecimiento exportador observado durante el año pasado perdió impulso.

La combinación de menores ventas internas y exportaciones en retroceso impactó directamente sobre el volumen total comercializado por la cadena. Entre enero y mayo de 2026, las salidas de molino destinadas al mercado interno y al exterior sumaron 131,90 millones de kilos.

En igual período de 2025 habían alcanzado 135,79 millones de kilos.

La diferencia es de 3,89 millones de kilos, equivalente a una caída cercana al 2,9% interanual.

Se trata de un dato particularmente relevante porque resume el comportamiento agregado del sector: la yerba mate está vendiendo menos tanto dentro como fuera del país.

La fotografía de los primeros cinco meses del año muestra un fenómeno poco habitual para la actividad yerbatera: caen simultáneamente la oferta y la demanda.

Por un lado, los productores entregan menos hoja verde a los secaderos. Por otro, los molinos colocan menos producto tanto en el mercado doméstico como en el exterior.

La situación adquiere mayor relevancia en un contexto en el que el sector continúa atravesado por la discusión sobre el impacto de la desregulación impulsada por el DNU 70/2023 y la pérdida de facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate.

Mientras las entidades de productores sostienen que la crisis de precios está afectando la rentabilidad y desincentivando la cosecha, los números oficiales comienzan a reflejar una desaceleración integral de la actividad.

El consumidor sigue prefiriendo los paquetes de medio kilo

En medio de la caída general del mercado, los hábitos de consumo muestran pocos cambios.

Los envases de medio kilo continúan liderando ampliamente las preferencias de los compradores y representan el 56,3% de las ventas internas.

Los paquetes de un kilo concentran el 37,78%, mientras que los formatos de dos kilos apenas alcanzan el 1,59%.

En conjunto, las presentaciones de medio kilo y un kilo explican más del 94% del mercado interno, confirmando una tendencia que se mantiene estable desde hace varios años.

Una cadena bajo presión

Los números de mayo consolidan una tendencia que se viene observando desde comienzos de año: la yerba mate enfrenta una retracción generalizada.

La cosecha cayó más de 13%, el mercado interno retrocede 3%, las exportaciones dejan de crecer y el volumen total comercializado se reduce en casi cuatro millones de kilos.

Para una economía regional que tiene en la yerba mate uno de sus principales motores productivos, los datos encienden una señal de alerta. La evolución de los precios al productor, el comportamiento del consumo y la capacidad de recuperar mercados externos serán factores decisivos para determinar si la actividad logra revertir la tendencia durante el segundo semestre.

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El consumo masivo sigue sin reaccionar: supermercados, mayoristas y shoppings profundizaron la caída en abril

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El consumo interno continúa sin encontrar un piso de recuperación. Los últimos datos publicados por el INDEC correspondientes a abril muestran que las ventas reales volvieron a caer en los principales canales comerciales del país. Supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras registraron bajas interanuales y acumulan un primer cuatrimestre en terreno negativo, reflejando que la desaceleración de la inflación aún no se traduce en una recuperación sostenida del poder de compra de los hogares.

Si bien algunos indicadores desestacionalizados exhiben leves mejoras respecto de marzo, la tendencia general sigue mostrando un mercado interno debilitado, con consumidores que priorizan gastos esenciales, financian cada vez más sus compras y restringen el consumo discrecional.

Supermercados: segunda peor caída del año

En abril, las ventas en supermercados a precios constantes retrocedieron 3,7% respecto del mismo mes de 2025, mientras que el acumulado entre enero y abril arrojó una disminución de 3,3%. En términos desestacionalizados hubo una mejora mensual de apenas 0,8%, insuficiente para revertir la tendencia negativa.

En valores corrientes, las ventas totalizaron $2,4 billones, un incremento nominal del 21,5% interanual, impulsado principalmente por el aumento de precios. Los rubros con mayores incrementos nominales fueron carnes (37,3%), alimentos preparados y rotisería (25,7%), artículos de limpieza y perfumería (25,2%) y otros productos (23,8%).

El informe también confirma que el financiamiento continúa siendo un sostén del consumo. Las tarjetas de crédito representaron el 42,5% de todas las operaciones, muy por encima del débito (25,1%), el efectivo (17,3%) y otros medios de pago, como billeteras virtuales y códigos QR (15,1%).

El ticket promedio alcanzó los $35.920, con un incremento nominal de 26,9% respecto de abril del año anterior, otra evidencia de que el crecimiento monetario responde principalmente al efecto inflacionario más que a un mayor volumen de ventas.

Los mayoristas tampoco logran revertir la tendencia

El desempeño de los autoservicios mayoristas continuó mostrando debilidad. Durante abril las ventas reales registraron una caída interanual del 5% y también retrocedieron 1,1% frente a marzo.

De esta manera, el acumulado del primer cuatrimestre cerró con una baja del 3,2%, confirmando que el canal tradicional de abastecimiento tampoco consigue recuperar niveles de actividad, pese a que históricamente suele fortalecerse cuando las familias buscan alternativas de menor precio.

En valores corrientes, las ventas alcanzaron aproximadamente $359.000 millones, con un incremento nominal de 19,7%. Al igual que en supermercados, el rubro carnes lideró los aumentos, seguido por lácteos, almacén y bebidas.

En este segmento, los medios de pago alternativos —transferencias y pagos mediante QR— concentraron la mayor participación de las operaciones (32,1%), seguidos por tarjetas de crédito (26,1%), efectivo (25,4%) y débito (16,4%). El ticket promedio se ubicó en $43.870.

Los shoppings tampoco escaparon a la retracción

Los centros de compras también reflejaron el menor dinamismo del consumo. En abril registraron una caída interanual del 5,9% en términos reales, mientras que el acumulado del año presenta exactamente la misma variación negativa.

Además, luego de varios meses con mejoras mensuales, las ventas desestacionalizadas retrocedieron 0,8% respecto de marzo, interrumpiendo esa tendencia.

Las ventas corrientes alcanzaron alrededor de $560.000 millones, un incremento nominal de 12,6%, nuevamente muy por debajo del crecimiento observado en los precios durante el mismo período.

Regionalmente, la Ciudad de Buenos Aires mostró el mayor crecimiento nominal (20,9%), seguida por Cuyo (17,6%), la región Pampeana (12,7%), Patagonia (10,3%), Gran Buenos Aires (6,5%) y el Norte argentino (3,3%).

Un mercado interno que sigue sin encontrar impulso

Los datos del INDEC consolidan un escenario en el que la desaceleración inflacionaria todavía no logra transformarse en una recuperación efectiva del consumo. Las mejoras mensuales observadas en algunos indicadores aparecen como movimientos puntuales más que como un cambio de tendencia.

El comportamiento de los consumidores continúa marcado por una fuerte racionalización del gasto, mayor utilización del crédito para sostener compras cotidianas y una concentración del consumo en bienes esenciales.

Para provincias con fuerte dependencia del mercado interno como Misiones, donde el comercio representa uno de los principales motores de la actividad económica, la persistencia de esta debilidad implica un desafío adicional para la recuperación del empleo, las ventas minoristas y la inversión privada durante el segundo semestre del año.

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Misiones paga aguinaldos sin descuentos bancarios y vuelca $72.000 millones a la economía provincial

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El Gobierno de Misiones dispuso que los aguinaldos acreditados este viernes para los trabajadores activos de la administración pública provincial no estarán sujetos a descuentos automáticos por deudas bancarias vencidas durante toda la jornada.

Según se informó oficialmente, las entidades financieras postergarán la ejecución de los débitos hasta las 20 del viernes, permitiendo que los empleados públicos puedan disponer de la totalidad de sus haberes complementarios antes de que se apliquen eventuales retenciones vinculadas a compromisos crediticios pendientes.

La decisión apunta a preservar el carácter excepcional del Sueldo Anual Complementario (SAC) y garantizar que los trabajadores cuenten con liquidez inmediata para afrontar gastos familiares, consumo y compromisos propios de mitad de año.

La medida no alcanza al personal activo del Instituto de Previsión Social (IPS) ni a jubilados, pensionados y retirados. Desde el Gobierno provincial explicaron que existen dificultades operativas en el proceso necesario para evitar la aplicación de descuentos en estos sectores, lo que impidió extender el beneficio en esta oportunidad.

El desembolso representa además una fuerte inyección de recursos para la economía misionera. La Provincia destina aproximadamente 72.000 millones de pesos al pago de aguinaldos, una masa salarial que impactará de manera directa sobre el consumo, el comercio y la actividad económica en todo el territorio provincial, a horas del Día del Padre y en medio del Mundial.

En un contexto de desaceleración económica y caída del consumo en distintos sectores, el pago del medio aguinaldo constituye uno de los movimientos de liquidez más relevantes del semestre, con efecto multiplicador especialmente en comercios, servicios y pequeñas empresas que dependen de la demanda interna.

La decisión de diferir los débitos bancarios busca precisamente maximizar ese impacto, permitiendo que los trabajadores dispongan libremente de sus ingresos extraordinarios antes de que operen las compensaciones automáticas por obligaciones financieras vencidas.

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Economía a dos velocidades: el BCRA apuesta al “eslabonamiento” mientras persisten dudas sobre empleo y consumo

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La economía argentina exhibe una paradoja cada vez más evidente. Mientras algunos sectores vinculados a la exportación, los recursos naturales y las finanzas muestran tasas de crecimiento que superan ampliamente el promedio nacional, amplias ramas de la actividad continúan atravesando un escenario de estancamiento, caída de ventas y pérdida de empleo. Frente a esta realidad, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) presentó una interpretación que busca explicar cómo la recuperación podría extenderse al conjunto de la economía: el denominado “eslabonamiento” productivo.

El concepto fue expuesto por el vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, durante la presentación de un informe en el que el organismo reconoce explícitamente que la actividad económica avanza a distintas velocidades. Sin embargo, lejos de considerar esta situación como un problema estructural, el BCRA sostiene que los sectores más dinámicos terminarán generando una demanda indirecta de bienes y servicios capaz de impulsar a las actividades más rezagadas.

La apuesta oficial se apoya en el desempeño de los principales ganadores del actual esquema económico. Con una proyección de crecimiento del Producto Bruto Interno cercana al 3,5% para 2026, actividades como la minería, la energía y el agro muestran una expansión significativamente superior al promedio de la economía. Según la visión del Gobierno, estos sectores no funcionan de manera aislada, sino que requieren infraestructura, transporte, logística, servicios urbanos, construcción especializada y una amplia red de proveedores que podrían convertirse en motores secundarios del crecimiento.

“Su eslabonamiento con otros sectores contribuirá a la creación de oportunidades de empleo”, sostiene el documento difundido por la autoridad monetaria. La idea remite a una lógica económica conocida: los sectores más competitivos generan una cadena de demanda que termina irradiando actividad hacia otras ramas productivas.

Sin embargo, detrás de esa explicación aparece un debate que excede lo académico y se instala en el terreno político. Para muchos analistas, el concepto de “eslabonamiento” se acerca a una versión actualizada de la histórica teoría del “derrame”, según la cual el crecimiento de determinados sectores termina beneficiando al conjunto de la economía. La diferencia es que, en este caso, el Gobierno evita utilizar ese término y pone el foco en los vínculos productivos que podrían surgir alrededor de los sectores exportadores.

Los datos más recientes parecen reforzar la existencia de esa economía dual. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la producción minera creció 9,5% interanual en abril. Dentro de ese resultado sobresalen el aumento de casi 20% en la extracción de petróleo crudo, el crecimiento de 12,5% en minerales metalíferos y un salto de 45,5% en los minerales no metalíferos. Son actividades intensivas en capital, orientadas a la exportación y beneficiadas por medidas de promoción como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI).

La energía, la minería, el agro y el sector financiero explican buena parte de los indicadores positivos que exhibe actualmente la macroeconomía. Sin embargo, el panorama es muy distinto en sectores históricamente vinculados al empleo masivo y al mercado interno.

La industria manufacturera, el comercio y la construcción continúan mostrando dificultades para recuperar los niveles de actividad previos al ajuste económico. La caída del salario real, la retracción del consumo, la paralización de gran parte de la obra pública y la mayor competencia derivada de la apertura de importaciones impactaron directamente sobre estos sectores, provocando cierres de empresas, reducción de planteles y una creciente presión sobre el mercado laboral.

La principal incógnita es si el crecimiento liderado por sectores extractivos y exportadores puede traducirse efectivamente en una recuperación amplia del empleo formal. A diferencia de la industria o la construcción, la minería y la explotación hidrocarburífera demandan una menor cantidad de trabajadores en relación con el volumen de inversión que movilizan. Por eso, aun cuando generan divisas y aumentan la actividad agregada, su capacidad para absorber mano de obra es considerablemente más limitada.

En paralelo, el Banco Central identifica a la inversión privada como el tercer motor de la recuperación económica, junto con las exportaciones y la estabilización macroeconómica. El informe destaca una reactivación del financiamiento corporativo, tanto en el mercado local como en el exterior, impulsada por la reducción del riesgo país y la mejora en las condiciones financieras.

No obstante, el organismo también advierte que las empresas deberán adaptarse a un escenario diferente al que predominó durante los años de alta inflación. Según el diagnóstico oficial, los márgenes extraordinarios obtenidos mediante la remarcación constante de precios tenderán a desaparecer. En una economía con inflación descendente, la rentabilidad dependerá cada vez más de la productividad, la eficiencia operativa, la innovación tecnológica y la capacidad de aumentar volúmenes de venta.

En ese contexto, el consumo aparece como una de las variables más sensibles. Aunque el BCRA proyecta una recuperación gradual, reconoce que el sector privado deberá redefinir estrategias comerciales y adaptarse a cambios acelerados en los canales de comercialización y en los hábitos de compra de los consumidores.

El optimismo oficial también se apoya en el proceso de desinflación. Tras registros cercanos al 2% mensual, el Banco Central considera posible que el índice de precios perforé ese umbral durante los próximos meses, consolidando uno de los principales objetivos económicos de la administración de Javier Milei.

Sin embargo, la gran pregunta sigue siendo temporal. El informe del BCRA plantea una expectativa de convergencia entre sectores dinámicos y rezagados, pero no establece plazos concretos ni cuantifica cuándo ese efecto de arrastre comenzaría a reflejarse en el empleo, el consumo y la actividad de las economías regionales.

Para provincias como Misiones, donde el comercio, la construcción, la industria forestal, la producción yerbatera y el turismo tienen una fuerte incidencia sobre el empleo, la discusión adquiere una dimensión particular. El desafío no pasa únicamente por sostener el crecimiento agregado de la economía, sino por determinar si los beneficios de los sectores exportadores terminarán llegando al entramado productivo que genera trabajo y movimiento económico en el interior del país.

La apuesta oficial está hecha. El interrogante que sigue abierto es si el “eslabonamiento” llegará a tiempo para compensar las dificultades de los sectores que todavía esperan señales concretas de recuperación.

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