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Rebotaron las ventas en supermercados de Misiones en abril: crecen 13,9% interanual

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Durante abril, las ventas en los grandes supermercados a nivel nacional  alcanzaron los $ 1,98 billones y registraron una suba del 8,9% interanual a precios constantes, siendo esta la mayor suba relativa desde marzo de 2020, aunque muy sustentado en la baja  base comparativa. 

Por su parte, las ventas relevadas en las bocas de expendio de los grandes supermercados de Misiones totalizaron en abril unos $23.988 millones con un incremento del 13,9% interanual medido a precios constantes. Se trata de la cuarta suba consecutiva para la provincia y también, del incremento más fuerte en términos relativos desde diciembre de 2021.  

Desagregando las ventas del mes de abril en Misiones según los once grupos de artículos que componen el relevamiento realizado por la Encuesta de Supermercados del INDEC, por  segundo mes consecutivo diez lograron subas interanuales y ocho tuvieron subas de doble dígito.  

Los rubros que más crecieron fueron Indumentaria con 113,1%, Alimentos preparados y rotisería (19,5%), Verduras y Frutas (17,2%) y Carnes (17,1%). Le siguieron luego Panadería (16,7%), Bebidas (14,1%), Almacén (12,4%) y Lácteos (12,2%). Por su parte, los Artículos de Limpieza y Perfumería (6,5%) y Electrónicos y artículos para el hogar (4,4%) crecieron a un dígito. Por el contrario, la única caída se observó en la categoría Otros con -1,4%. 

En el NEA, las cuatro provincias mostraron incrementos significativos en abril, siendo la de  Misiones la tercera en la región, detrás de Corrientes (21,6%) y Chaco (14,6%) y por encima  de Formosa (9,4%). A nivel país, se destaca que todas las jurisdicciones presentaron alzas,  aunque en diferentes magnitudes. 

Si se analiza el comportamiento del primer cuatrimestre acumulado, Misiones exhibe el mejor desempeño en la región del NEA con un crecimiento del 7% interanual, ubicándose por encima de Corrientes (5,1%), Chaco (3,3%) y Formosa (-2,9%); además, en el plano nacional, Misiones registra el séptimo mayor crecimiento del país en la variación acumulada.

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Día del Padre 2025: las ventas cayeron 1,7% anual

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Las ventas por el Día del Padre 2025 cayeron 1,7% frente al 2024, medidas a precios constantes, con más del 90% de los comercios realizando promociones especiales.

El Día del Padre 2025 dejó un balance con resultados dispares y un desempeño general débil para el comercio minorista. Las principales estrategias aplicadas para motorizar las ventas fueron las facilidades de financiación con tarjetas de crédito y los descuentos por pago en efectivo, aunque su efectividad resultó limitada en un contexto con gran cautela por parte de los consumidores.

El ticket promedio alcanzó los $ 41.302, lo que representa un incremento nominal frente al año pasado, pero al descontar la inflación del período implica una caída real del 8,9% en el poder de compra de ese gasto respecto al 2024. Este dato se alinea con el comportamiento observado en la mayoría de los rubros, donde las ventas se concentraron en productos de menor valor y en artículos en promoción, priorizando el cuidado del gasto familiar.

El Índice de Ventas Minoristas para el Día del Padre elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró por tercer año consecutivo una variación interanual negativa, reflejando una tendencia sostenida de debilidad en el consumo vinculado a esta celebración.

El descenso del -1,7% de este año se suma al retroceso del -10,2% de 2024 y del -1,2% de 2023, consolidando un ciclo de resultados desfavorables para el sector en esta fecha clave del calendario comercial.

Esta evolución evidencia que el Día del Padre, lejos de constituir un motor para el comercio minorista, se ha visto desdibujado como oportunidad de recuperación de las ventas.

En cuanto a la percepción de los comerciantes, el 58% de los encuestados señaló que el Día del Padre no tuvo impacto o, si bien sumó algo de movimiento, no modificó la realidad comercial del mes. Sólo un 11,3% afirmó que la fecha fue clave para impulsar las ventas, como se detalla en el gráfico “Impacto del Día del Padre en sus ventas”.

Un elemento que jugó en contra de la actividad comercial fue la coincidencia de la fecha con un fin de semana largo, lo que redujo la circulación en centros comerciales y priorizó el turismo u otras actividades recreativas por sobre las compras.

En este contexto, el comercio minorista volvió a enfrentar un escenario de bajo dinamismo, donde los esfuerzos promocionales y las estrategias de financiación no alcanzaron para revertir la tendencia decreciente de las ventas reales.

Resultado sectorial

En la comparación interanual, cuatro de los seis rubros medidos presentaron subas, siendo Equipos periféricos, accesorios y celulares el de mayor variación positiva (+9,7%), seguido por Electrodomésticos, artefactos del hogar y equipos de audio y video (+5,8%), Cosméticos y perfumería (+4,6%) y Calzado y marroquinería (+0,6). En sentido contrario, dos rubros presentaron fuertes caídas: Indumentaria (-12%) y Librerías (-8,6%).

Los datos surgen del relevamiento realizado por CAME entre el viernes 13 y el sábado 14 de junio en 220 comercios del país.

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Desinflación en marcha ¿Es suficiente?

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En los últimos años, nos acostumbramos, si vale la expresión, a vivir bajo un régimen de alta inflación que alteró notablemente la vida económica de los argentinos. Aún en procesos de expansión de empleo, el valor de la moneda se perdía e impedía incrementar niveles de calidad de vida ante la imposibilidad de ahorrar o, incluso, de consumir más. 

Hubo momentos, pocos, donde el salario, vía indexación, podía rendir un poco más, y se contenía la pérdida de poder adquisitivo vía otros mecanismos como ser subsidios, por ejemplo, que permitían destinar una parte menor del salario en servicios públicos u otros para poder usarlos al consumo del hogar. 

Esto tornó insostenible a la macro nacional pero también impactaba en la economía real, naturalmente. La solución, entonces, como ya incluso lo había dicho Mauricio Macri allá por 2015, era terminar con la inflación. La premisa parecía obvia: bajar inflación era terminar con prácticamente todos los problemas económicos de la sociedad.

Los simpatizantes del actual gobierno nacional sostienen, aún hoy, esa premisa. Celebran el dato de inflación como si, automáticamente, eso repercute en una mejora de la calidad de vida de la gente. Sin embargo, no es el único factor que está actualmente en juego y tampoco vino a ser la solución definitiva. 

Primero, hay que dejar claro lo siguiente: que la inflación transite un sendero a la baja es altamente positivo. No hay dudas que un proceso de desinflación, con los datos que conocimos esta semana, es una herramienta fundamental para que el país transite caminos de normalidad y para que se estabilice el escenario nacional. Pero solamente con bajas la inflación no alcanza: el Estado debe necesariamente articular políticas que permitan a la ciudadanía disfrutar, por llamarlo de un modo, de ese descenso en la velocidad de suba de precios. 

El 1,5% de inflación de mayo es la suba más leve desde 2020 para el país. Datazo. Pero ¿qué nos dicen otros datos vinculados a la calidad de vida? También esta semana conocimos los datos del empleo registrado que corresponden al mes de marzo: cayó 0,1% mensual que equivale a 12.729 empleos menos que en febrero de este año. Veamos por modalidad: el sector privado formal cayó 0,1% y perdió 7.310 empleos; el sector público tuvo una variación de -0,02% que significa 802 empleos perdidos; el empleo registrado en casas particulares descendió 0,2% con -870 puestos de trabajo. En el sector independiente, los autónomos cayeron 0,5% (-1.990 empleos), los monotributistas, en cambio, crecieron 0,2% sumando 5.091, y los Monotributistas Sociales descendieron 2,8% (-6.848 personas). 

Habrá algunos que quizás argumenten que el dato puntual de marzo, que había sido malo para la economía con una baja sustancial del EMAE, en parte por la incertidumbre ante la inminente corrección del esquema cambiario (que se dio finalmente en abril) no debe ser tomado como una generalidad. Pero hay dos cosas que agravan la situación del empleo: la trayectoria y las expectativas.

¿A qué nos referimos con la trayectoria? Si tomamos los datos de marzo 2025 respecto a noviembre 2023, el mes previo al cambio de gobierno, de modo tal de analizar globalmente todo el período del actual gobierno nacional, la pérdida de empleo fue importante: el total del empleo registrado (excluyendo el monotributo social por cambios administrativos en su régimen) bajó 0,9%: son 116.680 empleos menos. En ese marco, el sector privado está 1,8% por debajo de antes del inicio de la era Milei con 115.353 empleos perdidos; el sector público -1,7% y 58 mil empleos menos; en casas particulares -4,8% (-22.111) y por el contrario, creció el registro en los independientes: Autónomos +1% y Monotributistas +3,7%, sumando en conjunto 78.994 empleos. Aun suponiendo que una parte de las personas con empleo en el sector privado o público se haya reconvertido en monotributista, el saldo global es altamente negativo. 

Es decir, aun con un proceso de desinflación muy importante y con mejoras en las condiciones macro, el empleo sufrió mucho y no mostró señales claras de recuperación sostenida.

Vamos a lo otro, ¿a qué nos referimos con expectativas? Marzo fue malo, sí. Pero parece que abril podría ser parecido. La misma Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, en la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), el nivel de empleo privado registrado es -0,2% respecto a marzo. El EIL, que se puede considerar como un proxy de los registros de SIPA, releva a empresas de más de diez personas ocupadas en once aglomerados urbanos del país. La caída que presenta en abril de 2025 es la tercera consecutiva y es además más elevada que en los meses previos. Ese -0,2% global está contenido por GBA, pero es más grave si miramos hacia adentro del territorio nacional: en los aglomerados del interior marcó -0,4%. Al ver el EIL analizado por tamaño de empresa, en las pequeñas de 10 a 49 personas ocupadas la caída es del -0,5%. Pero hay un dato que pasó un poco por alto de la agenda económica que es preocupante: la tasa de despidos en abril 2025 se ubicó en su mayor nivel del último año. Esto naturalmente provoca que las expectativas en torno al empleo no sean favorables para el corto plazo. 

Volviendo al tema inicial: bien por la desinflación, pero sin mejora de empleo y principalmente, recuperación de lo perdido en este proceso, los beneficios en precios no se pueden ver reflejados en mejora de calidad de vida. 

La otra pata de esta discusión es el salario: en abril de 2025, el promedio de los salarios privados en SIPA tuvo una disminución del 1,6% mensual real y ya acumula tres meses consecutivos de caída (-0,2% en febrero y -2,6% en marzo). De esta forma, se ubicó en igual nivel de noviembre 2023 pero con una diferencia: habría logrado estar arriba del mismo entre septiembre 2024 y marzo 2025, por lo cual no está atravesando un sendero de recuperación sino por lo contrario, de nueva pérdida. 

Por otro lado, el promedio de los salarios de convenios colectivos de trabajo en abril sigue por debajo de niveles de noviembre 2023 en un 3%, por lo que no tuvieron recomposición salarial.  Si a esto le sumamos el hecho de que, en marzo, el salario en el sector público mostraba caída del 16,7% respecto a noviembre de 2023, se fortalece más el punto. 

Recapitulemos: el empleo no logra un proceso sostenido que le permita recuperar lo perdido y los salarios siguen en sendero bajista que se traduce, pese a la desinflación, en caída del poder adquisitivo. Esto, a su vez, se traslada inevitablemente a un consumo más débil aunque con algunas paradojas: se observa una fuerte dicotomía entre el consumo masivo (que no recupera) con los bienes durables (que están volando). ¿Qué significa esto? Los durables como ser electrodomésticos, automóviles, escrituraciones e incluso turismo están teniendo crecimientos muy importantes en el último tiempo; pero por el otro lado, los indicadores de venta en supermercados, autoservicios, minoristas pymes y consumo masivo siguen sin lograr recuperarse, ubicándose en todos los casos por debajo del nivel de noviembre 2023. 

Es decir, algunos pueden consumir más y se vuelcan a los durables, que son seguramente los que tenían poder de compra incluso con la crisis (y por ende no se modificó su comportamiento en la compra de masivos) pero los que no logran recuperar su poder adquisitivo (o su ingreso, en el caso de los que quedaron sin empleo) disminuyen sistemáticamente su canasta de consumo de bienes básicos. En otras palabras, una gran parte de la población compra menos, no porque los precios suban mucho, sino porque aún con precios relativamente estables, no le alcanza para aumentar su volumen de compra. 

En términos generales, aunque más aplicado a los bienes de consumo básicos, hay una evidente paradoja: los precios suben menos, pero la calidad de vida no mejora. Esto pone en evidencia que la desinflación, por sí sola, no implica bienestar. Es una condición necesaria, sí, y por ello se celebra el proceso. Pero esta estabilidad de precios necesariamente debe estar acompañada de mejoras en la situación del empleo y de salarios reales.

Reducir la inflación es clave, sin dudas. Pero lograrlo sin que la mayoría de la población lo sienta como una mejora concreta en su vida puede hacer que ese esfuerzo, por más consistente que sea, pierda legitimidad. Aunque la ideología libertaria no esté de acuerdo, el rol del Estado en acompañar procesos de recomposición de ingresos (como por ejemplo, no ponerle techo a paritarias en 1% cuando la inflación no llegó a ese nivel) y de creación de empleo (por ejemplo, obra pública) es clave para que la mejora en las condiciones macro tenga su impacto a nivel social. 

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Las ventas minoristas pyme descendieron 2,9% interanual en mayo

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En mayo, las ventas minoristas pymes registraron una caída interanual del 2,9% a precios constantes. En la comparación mensual desestacionalizada, se observó un descenso del 0,7% respecto a abril. Con estos valores, el acumulado de 2025 muestra una suba del 11%, en comparación con el mismo período de 2024.

En cuanto a las expectativas, el 49,2% de los encuestados cree que su situación económica mejorará dentro de un año, mientras que sólo el 9,3% prevé un empeoramiento. Respecto a las inversiones, el 55,9% considera que no es un buen momento para invertir, frente a un 14,4% que opina lo contrario.

En los últimos meses, la actividad comercial experimentó una leve retracción, en un contexto caracterizado por una menor disponibilidad de recursos, ajustes de precios y mayores exigencias operativas. En mayo se advirtió una tendencia hacia compras más medidas, una circulación algo reducida en los centros comerciales y una competencia creciente con los canales online y con los formatos informales.

En el análisis por rubro, se observó que, de los siete sectores relevados, dos registraron crecimientos interanuales. Perfumería lideró con un alza del 5,2%, seguido por Farmacia (1,5%). Por otro lado, cuatro rubros presentaron caídas: Alimentos y bebidas, con un descenso del 7,6%, seguido por Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción (-2,6%), Textil e indumentaria (-1,6%) y Calzado y marroquinería (-0,5%). Finalmente, el rubro Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles mantuvo niveles similares a los de 2024.

En comparación con el año anterior, el 58,3% de las empresas indicó que su economía se mantuvo, mientras que un 28% expresó estar peor que hace un año atrás. Por otro lado, el 13,6% notó una mejora en su situación económica.

En el comercio minorista persiste un escenario de cautela, con sectores que enfrentan caídas en las ventas, márgenes estrechos y dificultades para sostener la rentabilidad. Rubros como Alimentos y bebidasCalzadoBazarFerretería, e Indumentaria registran un consumo más selectivo, limitado por el poder adquisitivo, la falta de crédito y la competencia informal o externa.

A pesar de los esfuerzos por adaptarse con ventas online, promociones o financiamiento, predomina la incertidumbre y muchos comercios recurren a liquidaciones anticipadas o reducen inversiones. No obstante, algunos actores logran mejoras puntuales mediante estrategias digitales o de fidelización, mientras un rubro como Farmacia muestra cierta estabilidad. El sector comercial en su conjunto espera señales de mayor previsibilidad y medidas que impulsen la demanda para revertir la tendencia.

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Empresas: el motor misionero en tiempos complejos

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En medio de la inestabilidad económica a la que nos tiene acostumbrados la Argentina, uno de los desafíos más urgentes —y muchas veces poco visibilizado— tanto para el país como para las provincias, es sostener su entramado productivo mediante, primero, el sostenimiento y, luego, la expansión de empresas activas que no solo generan empleo, sino que impulsan inversiones y le dan dinamismo a la economía local. Pero, sobre todo, son una señal clara de resiliencia frente a contextos adversos.

Es harto sabido que las empresas, en particular las pequeñas y medianas, son el corazón económico de muchas (por no decir todas) provincias argentinas. Pero aquí pueden encontrarse algunas sutilezas: en los grandes centros urbanos del centro del país, la concentración de capital y consumo define buena parte de la actividad, mientras que en las provincias, muchas veces, una sola empresa —como una fábrica, un aserradero, una firma exportadora o una pyme tecnológica— no solo genera empleo directo, sino que arrastra consigo una red de proveedores, contratistas, comercios y servicios conexos. Se convierten así en una pieza imprescindible del tejido económico y social, pero también de la política fiscal local: provincias con una estructura empresarial sólida tienen mayor actividad económica, lo que redunda en mejores niveles de recaudación en sus distritos.

En este sentido, Argentina presenta una densidad empresarial baja en comparación con otros países. En 2024, había unas 12 empresas cada 1.000 habitantes, un número significativamente inferior al promedio de países como México (40 empresas cada 1.000 habitantes) o los países de la Unión Europea (72). Esto, sumado a que el stock total de empresas en Argentina viene mostrando una tendencia decreciente, representa una problemática que obstaculiza el desarrollo económico nacional.

En contextos nacionales históricamente desafiantes, volátiles y altamente inciertos, la provincia de Misiones mostró signos de resiliencia económica. No estuvo exenta de los impactos de cada crisis, pero supo sostener una estructura que permitió amortiguarlos y, a la vez, propició una recuperación más rápida. Un primer ejemplo de esto se dio durante la pandemia: un golpe que se sintió en todo el país, pero del que Misiones comenzó a recuperarse con mayor celeridad que otras regiones. En los primeros meses de la crisis se cerraron casi 100 empresas, pero hacia fines de ese mismo año se habían abierto 184. Esto no es otra cosa que una potente demostración de capacidad de resistencia y despegue.

Misiones se destaca en la región del NEA por su liderazgo en cantidad de empresas y empleo. En particular, concentra el 36% del total de empresas de la región. Esto se explica por una economía diversificada, con fuerte peso del comercio y los servicios, pero también de la industria, que genera un movimiento de cadena fundamental para la vida económica misionera. En este marco, la provincia mostró un crecimiento sostenido en la creación de empresas en la última década: entre 2013 y 2023, el volumen creció un 10%.

El año 2024 presentó fuertes complejidades, marcadas por una feroz recesión que se llevó consigo muchos empleos y empresas. De hecho, entre noviembre de 2023 y mayo de 2024, se cerraron 220 empresas en la provincia. Sin embargo, a partir de allí volvió a evidenciarse la resiliencia de Misiones: de manera lenta pero sostenida, comenzó a recuperar lo perdido, logrando sumar 156 nuevas empresas hacia fin de año. Naturalmente, algunos sectores se recomponen más rápido que otros, pero lo relevante es el saldo global positivo.

El 2025 marca un rumbo que permite cierto optimismo: la cantidad de empresas, hacia abril, crece un 1,7%, con un desempeño parejo entre los distintos sectores, aunque algunos encabezan el proceso. Por ejemplo, el sector de Información y Comunicaciones crece 5,3%; las Asociaciones, 3,4%; los Servicios Inmobiliarios y los Servicios Profesionales, 3,1% cada uno; y las Actividades Administrativas y de Apoyo a Empresas, 2,5%. También hay crecimiento en sectores claves de la economía local: el Comercio aumenta un 1,7% y la Industria Manufacturera, un 2,6%.

En este contexto, solamente dos sectores muestran descensos: la Construcción y la Explotación de Minas y Canteras. Sin embargo, hay cierto optimismo, especialmente en el primer caso, de que la situación pueda revertirse en el mediano plazo si continúa el proceso de expansión del sector privado. No obstante, resulta igualmente importante que la Nación retome el financiamiento de obra pública para dinamizar el sector. En relación con esto, la ejecución de obras por parte del Estado nacional en la provincia (que incluye edificaciones, infraestructura, etc.) acumulada a mayo se ubica un 64% por debajo de los niveles de 2023, por lo cual aún queda mucho por recomponer en materia de inversión nacional.

En el plano regional, Misiones muestra una dinámica de crecimiento superior a otras provincias del NEA en 2025: su alza del 1,7% es mayor que la de Corrientes (0,2%) y contrasta con la baja del 1,2% que presenta Chaco. Nuevamente, se evidencia una diferenciación positiva de Misiones respecto de su entorno.

Así como es relevante entender qué sectores están traccionando la recuperación, también lo es analizar ese proceso por tamaño empresarial: entre diciembre de 2024 y abril de 2025, las empresas de hasta 10 empleados se mantienen estables, pero las que tienen entre 11 y 40 trabajadores son las que impulsan el crecimiento, con una suba promedio del 3,4%.

Detrás de estos datos, hay una articulación entre un perfil empresarial con capacidad de reinvención y un marco de políticas públicas provinciales orientadas al desarrollo del sector privado, con instrumentos clave como incentivos fiscales, financiamiento y acompañamiento en la gestión. En tiempos de crisis, las empresas no solo son un termómetro de la economía, sino que, ante todo, constituyen un motor fundamental para la recuperación y el crecimiento.

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