En las últimas semanas, con el objetivo de llamar la atención de la opinión pública, ciertos personajes del circuito político reavivaron la idea de dolarizar la economía argentina. ¿Pero qué significa la propuesta y cuál sería su impacto en la economía?
A lo largo de los últimos 10 años el proceso inflacionario ha crecido de manera consistente en el país. Desde 2014 convivimos con una tasa de inflación mayor al 20% anual y sólo en el año pasado el peso argentino perdió el 50% de su poder de compra. En este contexto de crisis de legitimidad, la propuesta de empezar a regirnos por la moneda norteamericana vuelve a presentarse como una alternativa que podría solucionar los desórdenes monetarios de nuestra economía.
Particularmente para los países en vías de desarrollo, el debate de dolarizar se enmarca en un problema más general que consiste en definir un régimen cambiario que permita integrarnos de manera sostenible con el resto del mundo. La autoridad monetaria tiene el desafío de diseñar una moneda que cumpla con las características del dinero, que logre encajar con la idiosincrasia y expectativas de la sociedad y a su vez pueda adaptarse para afrontar los desafíos económicos cada vez más vertiginosos debido a la interdependencia de los países y la globalización.
Los encargados de definir el rumbo de la política monetaria de un país son los Bancos Centrales. El Banco Central no solo determina la cantidad de dinero en circulación, sino que también define su valor futuro a través de la tasa de interés y su relación con las monedas de otros países a través del tipo de cambio, entre otras cosas. La principal función de un Banco Central es preservar el valor del dinero y garantizar la liquidez necesaria al sistema bancario.
¿Cómo se dolariza una economía?
La dolarización en un sentido estricto consiste en reemplazar la moneda local sustituyéndola en su totalidad por la moneda extranjera. No existiría más el peso argentino y todos los ciudadanos usaríamos dólares, en este caso se desmantelaría el Banco Central cediendo la soberanía monetaria y heredaríamos las políticas de la Reserva Federal Norteamericana. Algo similar a la idea que Carlos Menem propuso, en 1999, al Tesoro de Estados Unidos. En ese entonces la administración de Bill Clinton dejó en claro que no formalizaría su apoyo, no cedería el derecho a imprimir billetes, no permitiría el desembolso de redescuentos (para asistir al sistema bancario), ni prestaría dólares en caso de faltantes, por lo que el proyecto nunca se concretó.
Por otro lado, se podría dolarizar la economía fijando una paridad del tipo de cambio e incluyendo al dólar como moneda de curso legal. En este caso los pesos estarían atados al dólar en una proporción fija, similar a lo sucedido en la época de la Convertibilidad. Esta idea parecería inviable teniendo en cuenta el contexto actual de endeudamiento que mantiene el país con el FMI y el nivel de las reservas disponibles. En ambos casos le estaríamos sacando la facultad, total o parcialmente, a las autoridades monetarias de utilizar las herramientas que tiene a disposición para adaptar la política monetaria a los cambios exógenos o endógenos que surjan en la economía.
¿Cuáles serían los impactos de dolarizar?
Si bien es incierto predecir el impacto de implementar una medida de este tipo, los sectores que la promueven argumentan que en el periodo de la Convertibilidad la inflación se redujo drásticamente. Esto es verdad, pero el efecto sólo duró mientras pudieron mantener la medida y trajo muchas consecuencias desfavorables como el sobreendeudamiento del sector público y privado, la liquidación de las reservas, la cesación de pagos y una de las mayores crisis económicas en la historia argentina con altas tasas de recesión y desempleo.
Entre los posibles impactos favorables de una dolarización en Argentina podemos destacar que la medida podría ayudar a combatir la inflación, debido a la estabilidad del dólar y su demanda internacional. Otro punto favorable es que ya no sería necesaria la indexación de contratos, al eliminar las cláusulas de actualización se gana previsibilidad para el pago de las obligaciones futuras ayudando a reducir el aumento de precios. Otra garantía es que el acceso al crédito internacional podría ser más simple y barato, esto se debe que ya no existiría el riesgo cambiario, por lo que el costo financiero sería menor reduciendo de la prima de riesgo y en el costo del endeudamiento.
Las consecuencias negativas de dolarizar resultan más significativas. Al ceder la soberanía monetaria se pierden muchas herramientas de política monetaria. Por ejemplo, la opción arbitrar el tipo de cambio, una herramienta que permite ajustarnos a la competencia en el comercio internacional. El tipo de cambio cumple la función de separar precios internos de externos, por lo que, un país exportador de materias primas ante una caída del precio internacional, podría incurrir en déficit comercial si no logra ajustar el tipo de cambio. En la misma línea, el riesgo de default se incrementa debido a que todas las obligaciones pasan a estar en moneda extranjera por lo que ante un shock negativo las recesiones podrían ser más profundas.
Por último, el mercado laboral sin dudas se vería afectado por la medida. Una de las consecuencias de la inflación es que genera una caída de los salarios reales, sobre todo en economías con alta informalidad laboral donde los salarios nunca logran recuperar su poder de compra. Al dolarizar la economía, los salarios podrían hasta aumentar en términos reales sin embargo la consecuencia sería un severo aumento del desempleo. Lastimosamente debido al descontento con la performance económica y la gestión pública vuelven a surgir en Argentina propuestas como la dolarización que en el pasado fueron ensayadas y fracasaron generando un alto costo económico, político e institucional.
“Establécese el dólar de los Estados Unidos de América como moneda de curso legal de la República Argentina“, dice el artículo primero del proyecto que Alejandro Cacace presentó en el Parlamento y cuyos detalles difundió por Twitter en una cruzada para “frenar la inflación”.
Se trata de la primera vez que se presenta en el Congreso un proyecto de ley para dolarizar la economía, idea que fue esbozada por el exministro de Economía Domingo Cavallo pero a la que nunca terminó de darle forma.
¿Qué significa en la práctica “dolarizar” la economía? ¿Es una nueva Convertibilidad? ¿Cuáles son los beneficios? ¿Y los riesgos? Coincidentemente, la propuesta del diputado de Cambiemos cosechó más rechazos que adhesiones. El más enfático fue el presidente del partido radical y socio minoritario de la alianza con el macrismo, Gerardo Morales: “Rechazo terminantemente el payasesco proyecto presentado por un diputado de Evolución (el partido armado por el radical Martín Lousteau). Hay que ser irresponsable e ingenuo, por no decir otra cosa, para plantear que la dolarización es la salida. La dolarización es peor que la Convertibilidad”, retó el jujeño. Añadió que “esto ya nos generó daños irreparables en el pasado, destruyendo el aparato productivo del país”.
“Creer que con 7 artículos de un proyecto de ley se van a resolver los problemas de la economía y la inflación en el país es una gran estupidez“, enfatizó el jefe del radicalismo nacional.
Agregó que “es un delirio pensar que el Banco Central va a contar con dólares para cambiar los pesos de la gente. Estos planteos ortodoxos y neoliberales ya los conocemos, son antiguos, atrasan y fracasaron en el país”.
Hasta hoy, el único dirigente que se había manifestado públicamente a favor de dolarizar la economía fue el “libertario” Javier Milei, ya que ningún representante de JxC optó por impulsar la decisión de que la Argentina renuncie a la soberanía monetaria.
En la práctica, economistas de diversas corrientes ideológicas coinciden en que lejos de solucionar el problema de la inflación, lo que haría una eventual dolarización es impulsar una fuerte suba de la pobreza y destruiría el aparato productivo, que tanto costó recuperar pos caída de la Convertibilidad y la recesión iniciada en 2018, antes de que Mauricio Macri pidiera auxilio al FMI.
Llamativamente, del propio partido de Cacace hubo voces en contra. El ex diputado nacional Luis Pastori, referencia de la alianza Cambiemos en temas económicos, agregó otro dato: “Estoy en contra de la dolarización por la pérdida del manejo autónomo de la política cambiaria. Un ejemplo, si Brasil devalúa se funde medio país”, advirtió.
El ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán fue terminante. “La dolarización afecta a la economía en general, por un lado porque el Gobierno pierde el manejo de la política monetaria, que sirve como herramienta para atenuar los ciclos económicos. Aunque haya economistas que digan que esto no es cierto, está comprobado que es así”.
“La dolarización solo busca que el Banco Central deje de financiar al Tesoro el déficit con lo cual el Gobierno o tiene que cerrar el déficit o endeudarse en bonos para cubrirlo”, explicó. Al mismo tiempo, advirtió que “para Misiones puede ser perjudicial porque si los precios domésticos de los bienes exportables quedan “caros” en dólares, no podremos exportar y además tendremos una invasión de productos importados más baratos, como ocurrió con el 1 a 1. Conclusión. si la dolarización comienza con precios domésticos elevados respecto del resto del mundo estamos condenados a la recesión”.
El ex diputado nacional de Cambiemos, Luis Pastori rechazó de plano avanzar hacia una dolarización. “Son varias las razones y de diversa índole que me llevan a esta posición, pero cito algunas que son fundamentales:
Pérdida de una de las herramientas de política económica como lo es la política monetaria, que va a estar -en tal supuesto- sujeta a los manejos de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Por lo tanto, ante cualquier shock en tiempo de crisis no tendríamos la posibilidad de emitir para atenuarlo.
Pérdida del manejo autónomo de la política cambiaria. Un ejemplo, si Brasil devalúa se funde medio país.
En estos momentos, además, ante la falta de reservas netas en el Banco Central, ¿de donde van a salir los dólares para cambiar los pesos circulando en la economía? Y a que cotización? Las estimaciones más prudentes hablan de un dólar a $400. Ello devendría en una exacerbación de la pobreza y el sufrimiento, además del altísimo impacto inflacionario.
Lo que se necesita son políticas públicas claras para eliminar el déficit fiscal y la irresponsabilidad de un gasto público por encima de nuestras posibilidades, con un Banco Central INDEPENDIENTE del poder político que se limite a su rol central que es el de preservar el valor de nuestra moneda. Por supuesto que esto será un proceso largo por la pérdida de confianza de la población en los gobiernos. Pero es esa confianza la que hay que recomponer y no destruir algo porque no funciona bien por culpas propias.
La economista Eva Sacco recordó que “Argentina ya tuvo algo muy parecido a una dolarización, y se llamó Convertibilidad”.
“No voy a contar cómo se salió porque ya todos lo sabemos. Pero la única diferencia con la dolarización plena es que existía una salida de emergencia. Esta válvula de escape se pudo utilizar cuando no daba para más: se derogó la ley y se hizo una devaluación asimétrica. ¿Cómo podría haber sido la situación social con un corralito, saqueos, inestabilidad política si ni siquiera hubiera existido esa válvula de escape?
Pero quiero aclarar algunas inconsistencias en la propuesta dolarizadora:
1. Algo obvio: Para dolarizar se necesitan….dólares. Algo que no tenemos y tampoco tenía Domingo Cavallo cuando emprendió la Convertibilidad. Para hacerse de dólares emprendió un proceso de “reforma” del Estado, léase privatizaciones y un ciclo de mega-endeudamiento aprovechando la coyuntura internacional de dólares frescos. Hoy no tenemos la posibilidad de endeudarnos y prácticamente nada que vender
Si dolarizamos, nadie tendría dinero para hacer las operaciones del día a día desde comprar leche en el almacén a pagar un crédito o un salario. La economía se desplomaría.
2. Si dolarizamos se acaba el déficit: falso, lo que se termina es la posibilidad de financiarlo con emisión. Cualquier gobierno podría tomar deuda en dólares para financiarse…y cuando no pueda cubrir los préstamos tendríamos una crisis de deuda. Ya sabemos la gravedad de eso.
3. El dólar es una moneda dura que no depende de la política. Por eso la gente “ya eligió”. Falso, el dólar es dinero tan fiduciario como el peso, y depende de las decisiones políticas en Estados Unidos, al igual que el peso depende de decisiones políticas en Argentina. La diferencia es que nosotros como argentinos, elegimos y participamos de la política argentina. Pero no tenemos el más mínimo poder de influencia sobre Estados Unidos.
4. Si dolarizamos se acaba la inflación: falso, en Estados Unidos también hay inflación. Es más, desde hace varios años hay varios sitios que miden la inflación con metodologías alternativas e indican que la inflación para los trabajadores, es al menos 2 o 3 puntos superior a la reconocida.
5. Sin la posibilidad de ampliar el crédito por la dolarización, el Estado no podría por ejemplo, permitir que haya paritarias para compensar la pérdida de poder adquisitivo por un aumento de alimentos internacional.
Con la dolarización la distribución del ingreso se volvería un elemento completamente endógeno a los precios internacionales, pudiendo cambiar de un día al otro y generando muchísima inestabilidad social. Aún más de la que hay hoy.
Por último tengo una reflexión propia: es entendible que los jóvenes se crean que inventaron la rueda (y por eso es tan importante que se enseñe historia y economía) ¿pero cómo explicamos que haya gente de más de 30 años que pueda pensar realmente que es una solución?
El secretario de Hacienda de Posadas, Sebastián Guastavino, advirtió que una dolarización sería muy dañina para la capital misionera, acostumbrada a lidiar con asimetrías internas y externas. “Sería muy dañino, por cuanto de movida nos quedaríamos sin la mitad de las herramientas para encauzar la situación del país frente a un contexto internacional en plena puja”, contextualizó.
“Se usa esta idea como un freno a los procesos hiperinflacionarios pero cierra en el corto plazo, porque en el largo plazo los precios se acomodan o suelen acomodarse a las canastas de economías comparadas y no tanto así los salarios”, explicó.
“Ahora, en el corto plazo es difícil también, porque la capacidad instalada argentina está muy por encima del nivel de explotación real, por lo que necesitamos activar los niveles de consumo de las familias, y con ello el nivel de empleo. Para que esto ocurra deben apuntar bien el gasto/inversión pública para que la inversión privada logre un tamaño saludable, y ese gasto/inversión requiere de dinero. Con imposibilidad para financiarte con el crédito internacional, no te queda otra que buscar con política monetaria. La competitividad con tipo de cambio también tiene sus limitaciones, y se repite la necesidad de llevar a la producción a niveles de eficiencia (en la escala que sea)”, detalló.
“Básicamente es una convertibilidad, pero la pregunta es a qué tipo de cambio cerrás la equivalencia”, analizó.
“Con una medida estructural estamos queriendo resolver una sola variable, un sólo problema, que es la inflación. Es como si quisiéramos cambiar el auto porque tenemos la cubierta pinchada. Para frenar la inflación, terminamos de descalibrar todo el resto de las variables y no es negocio. La cuestión cultural también, perdés hasta la identidad en una de las relaciones más cotidianas. Estamos en un mundo que discute qué nuevos activos financieros se crean, y nosotros estaríamos yendo hacia una receta vieja, que no ha funcionado y es poco común observar en otras economías que intentan recuperarse”, agregó el economista después de una discusión en el seno de la fundación Frontera Económica.
El economista Raúl Karaben, titular de la cooperativa yerbatera Piporé, descartó que dolarizar sea una buena idea. “En realidad, no me parece viable para nada. Yo creo que difícilmente nuestra economía pueda estar dolarizada, por el tipo de Gobiernos y por el tipo de economía que tenemos. ¿Por qué? Porque el problema que tenemos no es de la moneda, el problema que nosotros tenemos es el déficit fiscal. Mientras no se solucione de fondo el déficit fiscal y la deuda, no solo externa, sino la interna, que tiene que ver con el montón de títulos públicos que están dando vuelta, la magnitud de las Leliq y todas las demás deudas que hoy tiene el Estado, no tiene sentido dolarizar”, aseguró.
“Ni siquiera está la posibilidad técnica, si me decís “si se puede hacer” y no, vas a quebrar o reventar la economía. Porque no hay forma de dolarizar con la deuda y el déficit que tenemos. Y no te hablo de la deuda con el FMI, ese es el menor de los problemas, el problema es la deuda con los títulos públicos internos”, insistió Karaben.
Darío Ochoa, también economista, sostuvo que “una dolarización sería algo similar a la Convertibilidad, al menos como se propone desde la UCR y, desde algunos bloques de ese sector. Eso implicaría que podría solucionarse el tema de la inflación de precios, pero cristalizaría una situación de pobreza peor a los niveles que tenemos hoy ya que implicaría también una devaluación, porque tenemos escasos dólares y muchos pesos. Entonces la conversión que habría que hacer, sería sobre un nivel muy, muy alto, que empujaría la pobreza aún más arriba, que andaría en línea a cuando terminó la Convertibilidad, en un 60% de pobreza porque esa era la pobreza al año 2002. Además, implicaría una retracción del aparato productivo, sería el destroce de la industria debido a que perderíamos toda competitividad industrial, donde por escala, por salarios y demás, sería mucho más competitivo importar, que producir en el país. Esto ya lo experimentamos cuando tuvimos una dolarización encubierta durante la Convertibilidad. Así que sería impracticable bajo cualquier punto de vista”.
Particularmente sobre Misiones, Ochoa advierte que sobrevendrá una crisis social. “Somos una provincia que está fuertemente incidida por la dinámica del poder adquisitivo, dedicada al comercio y a la producción primaria, por ende, si bien intentamos hacer esfuerzos en la industria, esto sería imposible, incluso industrias dinámicas como la maderera, se vería muy afectada. Más que nada los cultivos de renta como el tabaco, té y yerba mate que están fuertemente vinculadas al mercado interno, con un mercado interno retraído también verían caer las posibilidades de producción y de demanda”. “Así que, por ningún lado, sería conveniente una dolarización. Generaría situaciones de desigualdad escandalosas socialmente inviables, que ya pasamos, es más la fuerza política que lo propone ya pasó por esta experiencia de sostener una situación dolarización encubierta, como fue la Convertibilidad en el periodo 99 al 2001, y que por no querer salir de esa trampa llevó al país a su peor crisis social, económica y política de la democracia”, recordó.
13,33, 17,38; 56,43; 95,79, 40;53. Números sueltos en una lista. Números que en si mismo no dicen nada. Pero dicen todo. Representan el porcentaje que envió la Nación este año para cubrir la demanda de algunas vacunas en Misiones. Hepatitis B adultos, Doble Bacteriana, Triple Bacteriana, Hepatitis Pediátrica, vacuna inactivada contra la polio, meningococcica A, C, Y,W, son todas enfermedades graves, contagiosas, mortales, pero prevenibles, con la vacuna a tiempo. La bacteria mata, pero más mata la falta de vacunas.
Por la altura del año, el ministro de Salud, Walter Villalba, calcula que ya no se completarán las partidas. Y son vidas indefensas. La degradación del ministerio a secretaría no augura mejores resultados, aunque Carolina Stanley prometió retomar las compras y los envíos. Medido en vacunas, el ajuste en salud ya empezó. Los números no son abstractos. Se traducen en pacientes. En vidas.
Siempre hay vida detrás de los números. Pueden ser 680 familias al año que tienen a sus niños vivos gracias a la reducción en Misiones de la mortalidad infantil a un piso histórico, por debajo de la media nacional. Misiones supo liderar las peores estadísticas. Llegó a tener una mortalidad infantil de 32,1 por mil en 1990. Hoy el mismo indicador es de 7,99 por mil. Esos números también son la consecuencia de una política económica.
La indigencia, que venía en bajada en los últimos registros, volvió a aumentar en el primer trimestre del año. 0,3 por ciento. Son 507 hogares que no eran considerados indigentes y pasaron a serlo, después de un 2017 que venía siendo “mejor” que 2016.
La pobreza y la indigencia habían caído cinco puntos en promedio en el Gran Posadas, según los datos del Instituto Provincial de Estadística y Censos, básicamente porque el ingreso familiar per cápita entre el primer trimestre de 2018 y el mismo período de 2017 creció en promedio 28.6 por ciento -se incluyen no sólo los ingresos laborales sino también los no laborales- mientras que la canasta básica había subido 16.6 por ciento. Con un dólar a 20 pesos.
Pero la inflación que viene en alza y el dólar que cotiza el doble, destrozan las expectativas de pobreza cero. La inflación de agosto fue de 3,9 por ciento, la más alta del año y en el NEA redondeó cuatro puntos. Por si hiciera falta.
Se calcula que la inflación anual será cercana al 45 por ciento y sería la más alta en los últimos quince años, emparentada con la escalada tras el estallido de la Convertibilidad. “Things happened”. Pasaron cosas, evaluó el CitiBank, un poco más pesimista, al advertir que “el traspaso a precios de la devaluación está subestimado”: llegaría al 48,5% este año y tocaría 50% en el primer trimestre de 2019.
El aumento en el precio de los alimentos golpea donde más duele y por eso aumenta la indigencia, ya que las familias de bajos recursos deben destinar la mayor parte de sus magros ingresos a parar la olla. El consumo cayó 2,3 por ciento.
Los datos oficiales son previos a la corrida cambiaria que todavía perdura. Y la disparada del dólar recién se está trasladando a los precios. El de la harina aumentó 82 por ciento en el último mes y disparó la preocupación de los panaderos que están dentro del programa Ahora Pan. El pan francés, el que más se consume en la mesa familiar, seguirá congelado hasta diciembre por la continuidad del programa sellado con el Gobierno misionero. No es la única medida de contención.
El gobernador Hugo Passalacqua selló un acuerdo con el Banco Macro y los principales supermercados misioneros para dar vida al Ahora Góndola, que significará un ahorro inmediato de diez por ciento en alimentos para compras con tarjeta de débito. El objetivo es sostener el consumo y bajar el costo de la canasta básica, que sufre el impacto de la inflación.
El programa Ahora Misiones, del que se desprenden todos los demás, ya generó ventas por 826 millones de pesos, de los cuáles 764 obedecen a los clientes del banco Macro, como principal operador financiero de la provincia. Solo este año, el Estado provincial invirtió 80 millones de pesos en subsidiar las tasas de interés.
Los empresarios misioneros reconocen que sin el aporte del Estado la situación sería peor para un consumo, que no mejoró siquiera con la subida del dólar que emparejó los precios con Encarnación. No se compra allá, pero para muchos, tampoco alcanza para comprar acá.
Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación y en la gatera para ocupar el sillón del ministerio de Economía, recomendó venir a Misiones para conocer in situ las variables del tipo de cambio, que aquí se hace carne entre el Dólar, Guaraní y el Real.
Melconian fue la estrella de un encuentro organizado por la Confederación Económica de Misiones que tuvo una audiencia inesperada: más de 800 asistentes preocupados por saber que le depara el futuro a la economía.
Melconian no quiso hacer futurología, pero reconoció que la salida de la recesión será larga. Acusó de mala praxis al equipo económico y evitó jugarse por el resultado de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, ahora trabadas hasta que se firme el nuevo acuerdo, que implicará, obviamente, profundizar las condiciones de ajuste.
Casi a la misma hora que Melconian estaba en Posadas se conocieron declaraciones del director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Kudlow, quien sugirió que se está negociando una nueva Convertibilidad, esta vez con anuencia del Tesoro estadounidense.
“El Tesoro está profundamente involucrado en esta discusión, profundamente involucrado”, dijo Kudlow respecto de las negociaciones que mantiene la administración de Macri con el FMI. “La única forma de salir del dilema de Argentina es establecer una junta monetaria, el peso se vincula con el dólar”, o como lo conocimos en el pasado, Convertibilidad. No hay creación de dinero a menos que tengas una reserva en dólares“, agregó y recordó que “funcionó en los ’90: derribó la inflación y mantuvo la prosperidad” y sugirió que “eso es lo que necesitan para volver a hacerlo”.
Kudlow no hablaba como analista o comentarista de la realidad: “La gente del Departamento del Tesoro está en eso”, insistió, revelando una negociación que en Argentina no se conocía.
Melconian no quiso hablar de dolarización y negó promoverla. Pero admitió que le gustaría una “bimonetarización”, como en Uruguay o Perú. “Hay que estudiar la bimonetaridad que de manera imperfecta intentó resolver la Convertibilidad, al solo efecto de ver qué destino se le puede dar a los dólares, para que no queden sin uso. La dolarización es otra cosa”.
Al lado de Melconian estaba Eduardo Fidanza, el sociólogo que lidera la consultora Poliarquía. En su exposición, sobre el escenario político, brindó detalles de la caída en la imagen del Presidente, que lo empareja con la negativa que ostenta Cristina Fernández, pese a la paradoja de que es la política con mejor intención de voto de la oposición. Anticipó que el voto será más “económico” que “político” en las próximas elecciones.
“La economía de Cristina Fernández terminó en un desastre sin que ese desastre se traslade a la economía real”, graficó. Del desastre invisible al crecimiento invisible.
Después dejó algunos conceptos para el debate: ¿A quien le habla Macri? ¿A los mercados? ¿A la gente? Si es solo a los mercados, debe olvidarse de su reelección. Pero si es solo a la gente, la disparada del dólar también le puede jugar mal”, argumentó.
Fidanza insistió en que Macri tiene el dilema de cómo hacer para que el ajuste no sea el único horizonte para una sociedad que requiere expectativas.
Para el final guardó un desliz: “No voy a dar detalles, pero vemos un escenario en el que el peronismo, no con Cristina, gana por más de diez puntos un balotaje ante el Presidente”.
Casualmente empiezan a aparecer fotos de gobernadores y dirigentes no kirchneristas en reuniones para analizar la coyuntura, pero con proyección de mediano plazo. Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa, Roberto Lavagna son algunos que comenzarán a aparecer seguido. El misionero Passalacqua prefiere jugar de líbero, aunque comparte en silencio la mirada crítica.
En realidad, muchos analistas consideran que el respaldo de los gobernadores es vital en este momento para sostener la gobernabilidad de Macri, cuya imagen está en declive, lo mismo que la evaluación de su gestión.
Los gobernadores volvieron a dar una muestra de responsabilidad al garantizar la aprobación de la ley de Presupuesto, aunque esto no implica un voto a libro cerrado. Habrá una dura batalla en el Congreso para mitigar el impacto del ajuste.
En consonancia, los mandatarios provinciales quieren revisar el Pacto Fiscal que proyecta continuar bajando impuestos. Estiman que sin recursos no podrán hacer frente al costo del ajuste. En el medio, los empresarios presionan para que baje Ingresos Brutos, el único impuesto que Macri prometió no negociar.
Los datos más optimistas proyectan que Misiones perdería cerca de cuatro mil millones de pesos por los recortes en subsidios, mientras que la economía productiva cedería un monto similar por retenciones e impuestos que no bajarán.
Una encuesta del consultor Gustavo Cordóba revela que solo el 35,7 por ciento aprueba la gestión presidencial, mientras que un 61 por ciento la desaprueba. La imagen negativa hoy es más alta que la de Cristina, mientras que la positiva es menor que la de la ex presidenta.
“Un aspecto central, lo constituye la credibilidad del equipo económico y del ministro de Economía. Un 32% de los encuestados tienen credibilidad y un 64% no le cree. Solo un 20% de argentinos están de acuerdo con la frase “lo peor ya paso”, enumera Córdoba.
La defensa de la gestión es difícil incluso para quienes pertenecen a Cambiemos. Cada vez es más visible el enojo del radicalismo con los socios principales. Solo los mejor acomodados en las pequeñas parcelas cedidas sostienen la defensa del modelo. Otros, los que están más abajo en la cadena de mando, exigen ser escuchados o por lo menos saber qué tipo de acuerdo “hay que bancar”.
En el radicalismo crece el descontento, que se expresa en nuevas líneas internas. Hasta hace unos días el único “rebelde” era el economista Federico Villagra, ex asesor de Gustavo González. Pero ahora se sumaron varios jóvenes reclamando elecciones internas en el radicalismo y forzar un “respeto” dentro de Cambiemos.
El concejal posadeño Maximiliano Florindo quiere generar su propio espacio, lo mismo que la nueva agrupación encabezada por Ramiro Canale de Profundidad, Karina Capli de Posadas, Juan Barreto de Posadas y Jorge Aguirre de Campo Viera, entre otros. Viejos militantes, siempre invisibilizados que ahora exigen internas después de cuatro años sin renovar autoridades. Algunos más jóvenes se suman a las filas de Podemos, el espacio que lidera Facundo Sartori.
Es en “las juventudes inquietas, rebeldes, ansiosas y preocupadas por un destino mejor” donde está el futuro, destacó el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira al abrir un nuevo parlamento estudiantil. El conductor de la Renovación instó a los jóvenes a “conquistar voluntades con inteligencia, sumando votos para obtener logros para la escuela, la comunidad, la provincia, el país o el mundo”.
A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. Un nuevo pico de inflación, empujado por la suba de los servicios y el incremento de los productos de consumo. Con 3,9 de inflación mensual los datos superan ampliamente lo previsto para los primeros 8 meses del año.
A la par el dólar dio otro salto, empujado quizás por los rumores de una nueva convertibilidad o dolarización de la economía.