El verdadero costo de vida

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Escriben Lawrence H. Summers, Marijn A. Bolhuis y Judd Cramer / F&D – El drástico aumento del costo de endeudamiento, especialmente para la compra de una vivienda, ha creado una desconexión entre los datos sobre inflación y la confianza de los consumidores

Los estadounidenses empiezan, por fin, a mostrarse más optimistas con la economía. La confianza de los consumidores, según el índice de confianza del consumidor de la Universidad de Míchigan, alcanzó en marzo el nivel más alto en casi tres años. La confianza ha bajado desde entonces, pero la mayoría de los consumidores parece pensar que su suerte está mejorando.  

Ya era hora. Desde la pandemia, los estadounidenses han vivido abatidos por el estado de la economía. A mediados de 2022, mientras la inflación alcanzaba el nivel más alto en 40 años, la confianza de los consumidores se hundía hasta el nivel más bajo jamás registrado; y durante gran parte de 2023, continuó estando en niveles persistentemente bajos a pesar de que una serie de indicadores daban indicios del comienzo de una amplia recuperación económica, así como de un mayor crecimiento, el aumento del empleo y la reducción de la inflación.

Los economistas han quedado perplejos ante esta aparente paradoja: sus predicciones sobre cómo respondería la gente a las noticias económicas positivas no encajaban con el pesimismo generalizado de los consumidores. Algunos argumentaron que este pesimismo se debía al hecho de que se necesita tiempo para que la gente pueda sentir los beneficios de la desaceleración de la inflación, otros lo atribuyeron a percepciones negativas o una mala sensación, mientras que otros hicieron referencia a los elevados precios de los bienes que más valoran los consumidores, como la gasolina y los alimentos. Los investigadores han agrupado estas teorías y otras en la hipótesis del “efecto del dolor reflejo”, que sugiere que las preocupaciones no económicas podrían estar afectando la confianza en la economía.

No descartamos ninguno de estos argumentos. Sin embargo, en un reciente estudio publicado junto a Karl Oskar Schulz, de la Universidad de Harvard, sostenemos que esta explicación pasa por alto un mecanismo crucial que los economistas y las autoridades apreciaban más en el pasado: el aumento del costo del dinero.

Para los consumidores, el costo del dinero es parte del costo de vida, por lo que, cuando las tasas de interés alcanzaron los niveles más elevados de los últimos 20 años en el segundo semestre de 2023, los consumidores sintieron la presión financiera. En Estados Unidos, los precios de la vivienda siguen siendo un 50% más altos desde el inicio de la pandemia y las tasas hipotecarias prácticamente se han duplicado. Los intereses de una hipoteca nueva a 30 años para una casa promedio han subido casi tres veces desde finales de 2019. Los pagos de préstamos para la compra de un automóvil nuevo casi se han duplicado. Como resultado, los pagos de intereses de los hogares subieron un 30% en 2023, el aumento de tasa más rápido registrado (gráfico 1).

Sin embargo, el índice de precios al consumidor (IPC) no recoge directamente ninguno de estos aumentos. Pero eso no ha sido siempre así. Cuando Arthur Okun presentó su “índice de miseria” en la década de 1970, que combinaba inflación y desempleo, la Oficina de Estadísticas Laborales incluyó en el IPC las tasas hipotecarias y las de financiamiento para la compra de vehículos. Este organismo eliminó estos dos componentes en 1983 y 1998, respectivamente. El índice de miseria actual, por tanto, no tiene en cuenta componentes esenciales del gasto de los consumidores.

Con buenas razones, la Oficina de Estadística eliminó de su índice las tasas hipotecarias y de financiamiento para la compra de vehículos, y no creemos que deba restablecerlas. Sin embargo, creemos que estos datos que la medición actual no incluye permiten comprender la situación del consumidor estadounidense. Una vez abordado este cambio, será posible poner a prueba las demás hipótesis.

Dinero perdido

Presentamos nuestro argumento en tres pasos. En primer lugar, mostramos que la variación del índice de la Universidad de Míchigan sobre la confianza de los consumidores, que no puede explicarse mediante la inflación y el desempleo, ha estado siempre estrechamente relacionada con el aumento del costo de endeudamiento de los consumidores. 

Es posible agrupar los datos subyacentes de la encuesta, por un lado, en preocupaciones por los ingresos y, por el otro, en preocupaciones relacionadas con el costo de vida. La preocupación por los ingresos, que alcanzó un mínimo comparable al nivel previo a la pandemia en 2023, era coherente con un contexto de bajo nivel de desempleo y no explica la anomalía del consumo.

La preocupación por el costo de vida, que tiende a estar estrechamente relacionada con la inflación oficial, alcanzó su punto álgido durante el ciclo inflacionario de principios de las décadas de 1980 y 1990, finales de la década de 2010 y en el reciente período posterior a la COVID. Sin embargo, durante este ciclo ha aumentado la proporción de las preocupaciones por el costo de vida que no pueden explicarse por las variaciones de la inflación oficial. Esta proporción sin explicación está estrechamente relacionada tanto con el crecimiento real de los gastos por intereses hipotecarios como con la disposición de los bancos a conceder créditos de consumo. Los resultados sugieren que la exclusión del costo del dinero de las medidas oficiales explica en gran medida la diferencia entre el nivel de preocupación de los consumidores y las tasas de inflación oficiales.

El costo de endeudamiento

Además, mostramos que otras preguntas de la encuesta presentan datos claros de que la preocupación de los consumidores por el costo de endeudamiento alcanzó máximos históricos en 2023, superados únicamente durante el mandato de Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal, entre 1979 y 1987. Elaboramos un índice que resume las variaciones de las respuestas a las preguntas sobre el costo de endeudamiento para bienes duraderos, vehículos y viviendas. 

La preocupación de los consumidores por las tasas de interés ha registrado dos picos claros. El primero se produjo durante la era Volcker, cuando la tasa de los fondos federales y las tasas hipotecarias se dispararon por encima del 15%. La preocupación se redujo drásticamente después de que la Reserva Federal flexibilizara su política en 1982. El segundo pico de preocupación se produjo en 2023. A medida que las tasas de interés empiecen a bajar, este indicador debería mejorar.

Por último, presentamos medidas alternativas del costo de vida que incorporan explícitamente el costo del dinero. La metodología actual de la Oficina de Estadísticas Laborales se basa únicamente en el mercado de alquiler para explicar los cambios en el valor locativo (Bolhuis, Cramer y Summers, 2022). Antes de 1983, el IPC incluía una medida del costo de la propiedad de la vivienda que reflejaba las tasas hipotecarias y los precios de la vivienda. Del mismo modo, las estadísticas oficiales no recogen el costo de los créditos para la compra de vehículos ni el pago de los intereses de otros créditos personales, por ejemplo, de deudas de tarjetas de crédito, lo que refleja con mayor exactitud los costos reales asumidos por los consumidores.

Una vez establecidos estos puntos, presentamos medidas alternativas del IPC que reflejan el pago de los intereses hipotecarios, el pago de los intereses de créditos personales para la compra de vehículos y otros gastos de consumo no relacionados con la vivienda, así como el costo de los arrendamientos con opción de compra para vehículos. Nuestra principal medida alternativa de la inflación reconstruye la medida del IPC anterior a 1983 y la amplía agregando el costo de la propiedad de la vivienda y el pago de los intereses de créditos personales. Estas medidas alternativas muestran un pico mucho más alto y una inflación elevada constante a lo largo de 2023 (gráfico 2).

Nuestra metodología alternativa para calcular la inflación del IPC ayuda en gran medida a comprender la continua falta de confianza de los consumidores en un contexto de escaso desempleo y caída de la inflación oficial. A lo largo de 2023, la brecha de confianza de los consumidores —tras tener en cuenta el desempleo, la inflación oficial del IPC y el crecimiento del mercado bursátil estadounidense— se situó en niveles récord. Si se tiene en cuenta el costo de la propiedad de viviendas y el pago de los intereses de créditos personales, esta brecha se reduce en más de dos tercios en 2023.

Desde la publicación de nuestro estudio, algunos académicos han sugerido que los factores que más afectan a la confianza de los consumidores son el precio de la gasolina y de los alimentos, y no el costo de endeudamiento. Sin embargo, observamos que la brecha se mantiene prácticamente intacta, incluso después de tener en cuenta los cambios en el precio de la gasolina y de los alimentos.

Una explicación tangible

El desfase entre las mediciones de los economistas del bienestar económico y lo que los consumidores decían realmente sentir desconcertó a muchos investigadores. A mediados de 2023, los analistas económicos hablaron de un pesimismo generalizado, de “malas vibraciones”, y acuñaron el término vibracesión para referirse a este fenómeno: una recesión que no se siente en el aumento del costo de la vida ni en el desempleo, sino en la percepción o el sentimiento de los ciudadanos. ¿Acaso la escasa confianza de los consumidores —que debería haber sido abrumadoramente positiva dado el fuerte crecimiento del PIB, el descenso de los precios y la continua creación de empleo en 2023— presagiaba una recesión? ¿Volvería todo a la normalidad si los precios de la gasolina y los alimentos descendieran a niveles más normales? 

Presentamos una explicación más tangible del distanciamiento entre la confianza de los consumidores y los fundamentos económicos: en la percepción de los consumidores sobre su propio bienestar económico se incluye el costo del dinero. Los economistas y las medidas oficiales pasan por alto este componente esencial.

Según nuestro estudio, la divergencia de confianza observada en 2023 no se produjo únicamente en Estados Unidos o en este ciclo. Los consumidores de todo el mundo digirieron los datos económicos de forma coherente con la confianza registrada por los consumidores durante períodos anteriores de inflación alta y tasas de interés al alza. Los datos de los países confirman que a los consumidores de todo el mundo les preocupa el costo del dinero: por norma general, los países en los que el costo de endeudamiento registró el mayor aumento fueron aquellos en los que la confianza de los consumidores fue inferior a los datos económicos. Hallamos pocos indicios de que Estados Unidos —a pesar del aumento del partidismo, la desconfianza social y los numerosos informes sobre el “efecto del dolor reflejo”— presentara diferencias significativas con respecto a otras democracias occidentales.

Desde la publicación de nuestro estudio, se reconoce cada vez más que el costo de la vivienda es una de las principales preocupaciones de los consumidores de los países ricos (Romei y Fleming, 2024). Unas tasas de interés más bajas no son la panacea para el anquilosado mercado de la vivienda estadounidense y de otros países, pero podrían contribuir a fomentar la confianza de los consumidores si se construyen más viviendas y se mejora el acceso de la población a opciones asequibles de financiamiento. Si la oferta de vivienda sigue estancada y el descenso de las tasas de interés no hace sino inflar los precios, los consumidores podrían acabar mostrándose aún más pesimistas de lo que sugiere el índice de miseria.

LAWRENCE SUMMERS es profesor de la cátedra Charles W. Eliot de la Universidad de Harvard y ex secretario del Tesoro de Estados Unidos.

MARIJN A. BOLHUIS es economista en el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI).

JUDD CRAMER es profesor de Economía en la Universidad de Harvard.

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Para no ser pobre, en noviembre una familia necesitó 74.000 pesos

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La Canasta Básica Total (CBT), integrada por alimentos y artículos de primera necesidad, experimentó en noviembre un aumento del 42,8% con relación a igual período de 2020.

Una familia de cuatro integrantes necesitó en noviembre un ingreso de 73.918 pesos para no ser pobre, cifra que significó un incremento del 2,1%, informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

De este modo, la Canasta Básica Total (CBT) integrada por alimentos y artículos de primera necesidad experimentó en noviembre un aumento del 42,8% con relación a igual período de 2020.

Según la información oficial, para no ser indigente, una familia tipo -también de cuatro integrantes- requirió un ingreso de 31.724 pesos, registrando una suba del 2,6% con relación al mes anterior. En comparación con noviembre de 2020, la denominada Canasta Básica Alimentaria (CBA) acumuló un ajuste de 47,1%, siempre según la estadística oficial.

De acuerdo con el INDEC, la inflación de noviembre fue del 2,5%, la más baja del año junto a agosto, y de esta forma acumuló una variación interanual del 51,2%. La variación del IPC de noviembre representó una desaceleración de 1 punto porcentual con relación a octubre cuando había sido de 3,5%.

En tanto, desde enero los precios suman un avance 45,4%, siempre de acuerdo a la evaluación del INDEC. . En el caso de las canastas se dio también una suave desaceleración en comparación con los dos meses precedentes al informado.

La CBA había registrado incrementos del 3,0% en octubre y del 2,7% en septiembre; mientras que la CBT había aumentado 2,6% en octubre y 3,2% en septiembre. El equivalente a un adulto de la canasta básica fue determinado en 10.267 pesos, mientras que en el caso de la canasta total se ubicó en 23.922 pesos.

Si el hogar está conformado por tres integrantes la CBA llegó en noviembre a 25.256 pesos, mientras que la CBT trepó a 58.841 pesos. En una casa de cinco integrantes, la canasta de alimentos fue fijada en 33.367 pesos, y la total llegó a 77.745 pesos, según el INDEC.

En enero, la CBA para una familia considerada tipo tenía un costo de 23.722,21 pesos, por lo que hasta noviembre acumuló una suba de 8.002 pesos. La CBT, a comienzos de año, costaba 56.458,84 pesos -para cuatro integrantes de la familia- y acumuló una suba de 17.460 pesos.

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Así se pulverizó el poder de compra de los argentinos

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El deterioro del nivel salarial afecta a una gran proporción de trabajadores argentinos y también a los jubilados. Datos preocupantes

El costo de vivir en cualquier otro país en general está dado por el valor o costo de bienes y servicios que un hogar consume para mantener cierto nivel de satisfacción, en nuestro país podemos abstraer este mismo concepto, con la salvedad que es “necesario e indispensable” agregar el impacto de la inflación para responder la pregunta: ¿cuántos pesos necesita una familia para vivir una vida con lo básico y necesario?

Bajo esta perspectiva, es importante analizar ciertas definiciones como el nivel de Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) que según la Organización Internacional de Trabajo (OIT) explica que éste debe fijarse y ajustarse de acuerdo a las necesidades de las familias, niveles de productividad y empleo; y que ciertamente “debería alcanzar” un nivel necesario para cubrir lo básico.

Si observamos la serie histórica de la evolución del SMVM podemos ver que en el tiempo fue creciendo en términos nominales (en el cuadro de abajo mostramos numéricamente los valores de octubre 2011 al 2021).

Al comparar el SMVM con otras variables como la Canasta Básica Total (compuesta por la ampliación de la Canasta básica al considerar bienes y servicios no alimentarios) y el nivel de alquileres, la nominalidad del crecimiento de los salarios no es suficiente para cubrir los costos de vida.

Abajo mostramos gráficamente estas comparaciones en donde el deterioro del nivel del salario es considerable (recordemos que de cada 100 personas al menos 58 reciben un SMVM), el cual no es suficiente para cubrir los niveles básicos de una Canasta Básica Total (por adulto equivalente) y menos aún un alquiler en promedio (se tomó como referencia un alquiler con 2 ambientes en CABA).

Se puede hacer la misma dinámica si comparamos la Canasta Básica Total y el nivel de alquiler promedio, pero esta vez con las jubilaciones (haber mínimo). Aproximadamente hay más de 6 millones de jubilados que se encuentran en el Sistema Previsional.

Entonces, si hacemos el comparativos, podemos ver que sucede lo mismo que con el SMVM; este ingreso sigue siendo insuficiente para cubrir un nivel mínimo de vida (abajo se encuentran representados numéricamente los valores de octubre 2012 al 2021).

Abajo mostramos un desagregado del nivel de salarios, pero por categoría. Observamos que con un salario como el de una enfermera de piso, en el tiempo aumentó más que la categoría de Maestranza (incluye Oficial 1era A) y en un nivel proporcional con respecto a una Empleado de Comercio (Vendedor B).

Si comparamos los mismos niveles salariales pero con respecto a la Canasta Básica Total y el nivel promedio de alquileres, sucede que, aun con un salario de una categoría mayor, éste puede cubrir un poco más que el SMVM, pero de igual forma sigue siendo aún insuficiente para cubrir la totalidad de la Canasta Básica Total  más el nivel promedio del alquiler.

Abajo vemos seleccionadas fechas eleccionarias entre legislativas y presidenciales, donde ni el SMVM ni el haber mínimo de una Jubilación cubre el costo de vida necesario para alcanzar un mínimo nivel de satisfacción.

Por tanto, esto significa que la diferencia faltante puede estar en el sector informal, alguna prestación social o simplemente no se pueden cubrir las necesidades básicas (correspondencia directa con el nivel de pobreza, según el Indec está ascendió a un 40,6%)

Por último, en el siguiente cuadro observamos una síntesis de todo lo expuesto, ya que si tomamos el período de octubre 2021 la suma de una Canasta Básica Total más un alquiler promedio es de $67.592, y con un SMVM falta aún cubrir el 52,7%, mientras que con una Jubilación mínima falta cubrir un 57,1%.

El deterioro del nivel salarial permite advertir que la gran proporción de trabajadores argentinos, que ganan un SMVM y aún más los que perciben un salario mayor por estar en una categoría de mayor escala salarial, no logran cubrir las necesidades mínimas básicas, necesitando así buscar formas creativas para obtener la diferencia de lo que les falta o necesitan.

Y la situación se agrava más aun cuando observamos una jubilación, que escasamente logra cubrir en muchos de los casos tan solo un 50% de un nivel de satisfacción mínima.

El impacto de esta situación tiene una relación directa, con todos los desajustes que existen en la economía real; ya que la destrucción del poder adquisitivo del salario es debido a que éste no logra aun alcanzar al nivel inflacionario (según el último dato de inflación en octubre fue de 3,5% y de 52,1 % Interanual), esto repercute directamente, y más aún si el que recibe el salario no se encuentra dentro de un sindicato que pueda exigir un nivel salarial mucho más elevado y que puje para no se deteriore contra la inflación. La cuestión es qué sucede si el sector no tiene poder o, peor aún, si directamente éste se encuentra dentro de la informalidad, la brecha salarial se hace mucho más amplia y cubrir un nivel de satisfacción y bienestar mínimo.

Los argentinos conocen el costo de toda la parafernalia política que deja las elecciones pero no conocen el precio de nada por qué la inflación cada vez distorsiona aún más los precios relativos en un país donde las malas decisiones en materia política y económica dejará como saldo en los próximos meses una aceleración mayor de la variación de precios y deterioro aún mayor del cuadro postelecciones de esta nota.

Los Argentinos tienen un problema de ingresos enorme por qué el protagonista es un sector público sin recursos que sostiene a los excluidos del sistema social que no son incorporados por un desincentivo total hacia la inversión privada, la producción, el empleo y la generación real de riqueza desde hace 15 años.

Nuestros abuelos construyeron la mejor versión Argentina a principios del Siglo XX con solo 4 herramientas: Producción, Trabajo, Ahorro y Reinversión. No quedaba otro opción más que el afán del crecimiento y progreso. Hoy estamos esas 4 herramientas han sido adulteradas perversamente por otras 4: Subsidios, Planes Sociales, Consumo y Gasto Público. Se agotó el Plan. Se agotó la Argentina.

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Inédita paridad en el costo de vida en Misiones y Buenos Aires

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Históricamente el costo de vivir en Misiones fue mucho más alto que en el centro del país. La diferencia llegó a ser de cinco mil pesos en el momento de la brecha más ancha. Sin embargo, en los últimos meses, con un dólar alto y la aceleración de la inflación, la distancia se achicó e incluso, se revirtió en la canasta básica alimentaria, que mide la indigencia. Hoy en Misiones cuesta 19.673,03 pesos, contra 20.710,20 pesos de Buenos Aires.

En paralelo, la Canasta Básica Total, que incluye servicios también se emparejó. En Buenos Aires cuesta 49.911,60 y en Misiones 50.443,66, según los datos relevados por el Instituto Provincial de Estadística y Censos. La brecha en la CBT es del 1,1 por ciento y en la canasta básica alimentaria, del 5 por ciento.

Durante octubre de 2020, la variación mensual de la canasta básica alimentaria (CBA) con respecto a septiembre de 2020 fue de 6,6%, mientras que la variación de la canasta básica total (CBT) fue de 5,7%. Las variaciones interanuales de la CBA y de la CBT resultaron del 45,8% y 40,0%, respectivamente.

Los números van en consonancia con los datos de inflación registrados en octubre. Mientras que en octubre los precios subieron 3,8 en el promedio país, el NEA subió “solo” 3,7, pero bastante por debajo del NOA, con 4,1 y la región pampeana con 4 por ciento.

En el equipo económico misionero aseguran que la brecha se achicó por la aceleración de los precios por tipo de cambio. Y anotan otro dato: las fronteras cerradas y la pandemia motivaron una vuelta al consumo natural, con las ferias francas como emblema, donde se pueden conseguir productos sanos y más baratos que en el supermercado.

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