crecimiento económico

La economía se mantuvo en modo “serrucho” y en abril se hundió 1,5% mensual

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Desde el bimestre agosto-septiembre que el EMAE no encadena dos subas mensuales consecutivas. En términos anuales sí arrojó un alza. La economía argentina se mantuvo en “modo serrucho” y cayó 1,5% mensual en abril. Aun así, en el acumulado de 2026 permaneció en terreno positivo, respecto del mismo período de 2025.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC no pudo sostener la mejora de marzo, y desde el bimestre agosto-septiembre que no encadena dos incrementos mensuales consecutivos.

“La dinámica del EMAE en los últimos meses refleja: un sube y baja en la serie mensual desestacionalizada, con una leve tendencia alcista, gracias al fuerte empuje de Minería, Energía y la Agroindustria (el resto de los sectores aún no acompañan)”, remarcó Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de Equilibra.

La economía argentina volvió a mostrar señales mixtas durante abril. Si bien el nivel de actividad registró una mejora del 1,6% respecto del mismo mes del año pasado, el ritmo de recuperación perdió impulso en la comparación mensual: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el INDEC cayó 1,5% frente a marzo en la medición desestacionalizada. En el acumulado del primer cuatrimestre, la actividad exhibe un crecimiento del 2,1% respecto del mismo período de 2025.

El dato confirma que la recuperación económica continúa, aunque con una dinámica menos homogénea que la observada en los primeros meses del año. La baja mensual refleja que varios sectores comenzaron a mostrar un agotamiento del rebote estadístico que siguió a la fuerte contracción registrada durante 2024, mientras otros mantienen un desempeño positivo impulsado por factores específicos.

De acuerdo con el informe oficial, los principales motores del crecimiento interanual fueron la actividad agropecuaria y la explotación de minas y canteras. El sector agro registró una expansión del 17,1%, aportando la mayor incidencia positiva sobre el indicador general, favorecido por una campaña agrícola de elevada producción. En paralelo, la minería creció 10,9%, consolidándose como otro de los pilares del desempeño económico durante el año.

También contribuyeron al resultado positivo la construcción, con un incremento del 6,4%; la intermediación financiera, que avanzó 4,5%; y el sector de electricidad, gas y agua, con una mejora del 2,1%. Estas actividades compensaron parcialmente el comportamiento más débil de otros segmentos relevantes de la economía.

En sentido contrario, la industria manufacturera y el comercio volvieron a convertirse en los principales factores de arrastre. La producción industrial registró una caída interanual del 3,2%, mientras que el comercio mayorista, minorista y reparaciones retrocedió 2,9%, siendo las ramas que más restaron al crecimiento del EMAE. También mostraron bajas hoteles y restaurantes (-28,4%), pesca (-1,3%), administración pública (-1,7%), actividades inmobiliarias (-0,2%) y transporte y comunicaciones (-0,1%).

La combinación de un crecimiento interanual con una caída mensual refleja una economía que aún conserva impulso respecto del año pasado, aunque enfrenta dificultades para sostener una trayectoria ascendente de manera continua. El retroceso de abril interrumpe la mejora observada en marzo y deja abierta la incógnita sobre la velocidad que tendrá la recuperación durante el segundo trimestre.

El desempeño sectorial también evidencia una recuperación cada vez más heterogénea. Mientras las actividades vinculadas al complejo agroexportador y a la minería sostienen el crecimiento, la industria y el consumo continúan mostrando un comportamiento más débil, condicionando la expansión del nivel general.

La mirada de Caputo

El ministro Luis Caputo sigue haciendo malabares para no admitir los datos negativos. Este lunes (29/06), el INdEC informó que la actividad económica cayó 1,5% en abril comparado con el mes previo. Optimista, Toto decidió enfocarse en lo positivo: “el EMAE creció 2,1% en el primer cuatrimestre en relación a igual período de 2025″.

El ministro prefirió no hacer foco en la caída contra marzo sino focalizarse en la comparación interanual de los primeros cuatro meses del año. Hay que sostener el relato…

El problema está en que sectores que habían registrado un repunte en marzo, en la comparación interanual, volvieron a registrar variaciones negativas en abril. Tal es el caso de Construcción, que ahora cayó 1,8%; del Comercio mayorista, minorista y reparaciones que pasó de +4,2% a -3,2%; e Industria manufacturera de +5,2% a -2,9%.

El próximo dato del EMAE, correspondiente a mayo de 2026, será publicado por el INDEC el 22 de julio y permitirá evaluar si la caída mensual de abril respondió a un ajuste transitorio o marca el inicio de una desaceleración más persistente de la actividad económica.

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Caputo: “Argentina ya cambió y no va a volver al pasado”

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La exposición del ministro de Economía, Luis Caputo, en el Meeting 2026 de BATEV dejó una definición que busca condensar la narrativa oficial de la actual gestión: “Argentina ya cambió y no va a volver al pasado”. La frase no fue casual. Llegó en un momento en el que el Gobierno intenta consolidar la percepción de que la estabilización macroeconómica logró dejar atrás los desequilibrios que marcaron la economía argentina durante la última década y media, mientras busca proyectar una nueva etapa centrada en la inversión privada, la apertura económica y el crecimiento sostenido.

Ante empresarios vinculados a la construcción y el desarrollo inmobiliario, Caputo defendió los resultados del programa económico implementado por la administración de Javier Milei y aseguró que el país atraviesa una recuperación que ya se refleja en múltiples indicadores. Según sostuvo, tanto el Producto Bruto Interno como el consumo privado alcanzaron niveles máximos históricos, acompañados por una fuerte desaceleración inflacionaria y una mejora en los salarios reales.

El ministro ratificó que la estrategia de disciplina fiscal y monetaria seguirá siendo el eje central de la política económica. En ese sentido, afirmó que el Gobierno está convencido de que la inflación convergerá hacia niveles internacionales en los próximos meses, apoyada en el equilibrio de las cuentas públicas y la reducción de la emisión monetaria. Además, destacó la caída de la deuda consolidada del sector público y aseguró que se trata de un fenómeno inédito en la historia reciente argentina.

Uno de los aspectos centrales de su discurso estuvo vinculado al sector externo. Caputo sostuvo que la apertura económica y la eliminación de restricciones al comercio están generando un escenario diametralmente opuesto al de los años previos. Según su visión, mientras los modelos anteriores provocaron caída de exportaciones, estancamiento del empleo privado y aumento de la pobreza, el esquema actual impulsa una mayor competencia que beneficia a consumidores y empresas mediante mejores precios y mayor calidad de bienes y servicios.

Como respaldo de esa tesis, remarcó que la Argentina registra niveles récord en exportaciones energéticas y mineras, sectores considerados estratégicos para la generación de divisas en los próximos años. También destacó el desempeño de las exportaciones agropecuarias, que muestran una expansión cercana al 70% en tendencia-ciclo, así como el crecimiento de las manufacturas de origen industrial, que exhiben una mejora del 20%. A ello sumó el desempeño de la economía del conocimiento y las exportaciones de pequeñas y medianas empresas, que según el funcionario se encuentran en máximos históricos.

El mensaje tuvo además un fuerte componente orientado a mostrar normalización financiera. Caputo recordó que hasta hace pocos años el país convivía con cepo cambiario, brechas superiores al 200% y restricciones para importar o girar utilidades al exterior. En contraste, aseguró que el Banco Central logró en apenas cinco meses cumplir la meta anual de acumulación de reservas comprometida con el Fondo Monetario Internacional y continúa fortaleciendo su posición externa.

En materia laboral, el titular del Palacio de Hacienda defendió la recientemente reglamentada Ley de Modernización Laboral. Consideró que la reforma generará incentivos para la contratación formal al reducir significativamente los costos asociados a la incorporación de trabajadores. Según explicó, las cargas vinculadas a nuevas contrataciones bajaron de alrededor de 19 puntos porcentuales a apenas 2, un cambio que, según el Gobierno, favorecerá la creación de empleo privado registrado.

Caputo también vinculó la estabilización económica con una mejora social. Aseguró que entre 12 y 14 millones de argentinos salieron de la pobreza desde el inicio de la gestión, lo que equivale a una reducción cercana al 25% de la población en situación de vulnerabilidad. Sobre esa base, planteó que la próxima etapa estará enfocada en profundizar la baja de impuestos, reducir el costo del crédito, mejorar la infraestructura y acelerar la llegada de inversiones productivas.

Más allá de los datos económicos, el discurso tuvo un claro contenido político. El ministro buscó transmitir previsibilidad a los sectores empresarios y reforzar la idea de irreversibilidad del rumbo económico. “Perderle el miedo al pasado” fue la consigna elegida para convocar al sector privado a incrementar inversiones en un contexto donde el oficialismo considera que las reformas estructurales comienzan a consolidarse.

La intervención en BATEV también dejó entrever el desafío central que enfrenta el Gobierno: transformar la estabilidad macroeconómica en crecimiento sostenido de la inversión y el empleo. En un país históricamente marcado por ciclos de expansión y crisis, el mensaje de Caputo apunta precisamente a instalar que esta vez el cambio de rumbo no sería transitorio, sino el punto de partida de un nuevo modelo económico.

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La industria volvió a caer en mayo y profundiza las señales de desaceleración de la recuperación

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La actividad industrial registró en mayo un retroceso interanual de 2% y acumula una caída de 0.6% en los primeros cinco meses del año.

El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en mayo de acuerdo a información preliminar un retroceso interanual de 2.0%, interrumpiendo un bimestre de avance y elevando la caída acumulada en los primeros cinco meses del año hasta 0.6% en comparación con el mismo periodo del año pasado (véase Tabla 1 y Gráfico Nº 1).

En el mes, la mayor caída de actividad entre los sectores industriales la registró la industria automotriz. Al interior de la rama se combinó una caída en la producción de automóviles –acumula once meses en marcada contracción‐, con una merma más moderada en la producción de utilitarios. En el mes se tuvo una caída de las exportaciones, luego de un bimestre de mejora, al tiempo que las ventas de vehículos tuvieron un importante retroceso, en un contexto de altos stocks a lo largo de la cadena de comercialización y menores expectativas de ventas.

En mayo la segunda mayor caída de la producción entre los sectores de actividad se registró en el de los químicos y plásticos. En efecto, luego de encadenar tres meses de avance en la compasión interanual y marcar en abril la segunda mayor alza sectorial de la producción –en parte por efecto de paradas realizadas en 2025‐, en mayo se tuvo un retroceso –anticipado‐ en la actividad a causa del cese de la operación de la única firma dedicada a la producción de negro de humo, junto con la marcada caída en la producción de neumáticos ‐se extiende desde fines de 2023‐, la que se ha profundizado con el cierre de una de las principales firmas del sector.

En el otro extremo, la refinación de petróleo tuvo en mayo el mejor registro de actividad entre los sectores industriales, encadenando doce meses de aumento de la producción y consolidando la posición del sector al tope del ranking de crecimiento. En efecto, en los primeros cinco meses del año la rama acumula un crecimiento de 9.7% en la comparación interanual, habiendo alcanzado en el período el mayor volumen de petróleo procesado desde 2008.

Entre los restantes sectores de actividad, en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025, con un crecimiento superior al promedio se colocan las industrias metálicas básicas con un avance de 5% y el sector de los alimentos y bebidas con una mejora de 2.7%. La producción de químicos y plásticos igualó (+0.3%) el nivel de actividad acumulado entre enero y mayo del año pasado, mientras que las ramas de papel y celulosa e insumos textiles registran en el período una caída similar al promedio de la industria. Por su parte, la metalmecánica mostró un retroceso ligeramente más elevado (‐0.7%), al tiempo que los despachos de cigarrillos cayeron 3.3% y la producción de minerales no metálicos lo hizo 4.6%, en cada caso en los primeros cinco meses y en comparación con el mismo periodo del año pasado. Finalmente, cierra el ranking sectorial, la industria automotriz con una caída acumulada de la producción del 19.6% entre enero y mayo (véase Gráfico Nº 2). Con lo anterior, en los primeros cinco meses, la refinación de petróleo pasó a hacer el mayor aporte para contener la caída de la actividad industrial relegando a la rama de los alimentos y bebidas.

Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en los primeros cinco meses del año y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 1.9%, seguidos de los bienes de uso intermedio con una mejora acumulada 1.3%. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital que acumulan un retroceso de 5.9%, seguidos de los bienes de consumo durable con una merma del 8.7%, en cada caso en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Respecto al primer cuatrimestre, con la excepción de los bienes de consumo durable que mantuvieron la caída acumulada, todos mostraron un deterioro en el crecimiento, con una profundización de la caída en el caso de la producción de bienes de capital (véase Gráficos Nº 3).

En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de mayo tuvo un retroceso de 0.6% respecto al mes anterior, luego de dos meses de mejora. Las señales que indican que la industria se encontraría transitando una nueva fase de recuperación han mostrado un ligero debilitamiento, sosteniéndose el mes de septiembre del año pasado como potencial inicio de la fase de recuperación de la actividad fabril. Desde aquel mes la producción acumula un crecimiento del 5.2% equivalente anual, el menor ritmo entre las expansiones industriales previas desde 1980. Finalmente, en el trimestre marzo mayo, se registró una ligera mejora de la difusión de la recuperación, aunque cerca del 40% de la industria continúa mostrando una caída en la comparación interanual.

En síntesis. La industria registró en mayo una caída en la comparación con el año anterior, luego de dos meses de mejora, explicada fundamentalmente por la contracción de la producción automotriz y de químicos y plásticos. La refinación de petróleo consolida su posición al tope del ranking de crecimiento y hace el mayor aporte para apuntalar la recuperación de la industria. Con lo anterior, se delinea una divergencia en los desempeños sectoriales, con mejores registros de producción para los vinculados a energía, minería y agro, los que a su vez traccionan sobre algunos intermedios ‐segmentos de la siderurgia‐ y bienes de capital –al interior de la metalmecánica‐, mientras que otros muestran rezagos en un escenario de mayor competencia y debilidad de la demanda.

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Fabián Fernández ocupará el cargo dejado por Javier Lanari

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En un movimiento que busca reforzar la arquitectura comunicacional del Gobierno nacional en una etapa que la administración libertaria considera clave para consolidar su programa económico, el presidente Javier Milei designó a Fabián Fernández como nuevo secretario de Comunicación y Prensa de la Nación.

La decisión se produce en un contexto en el que el oficialismo intenta pasar de una etapa centrada en el ajuste, la estabilización macroeconómica y la reducción de la inflación hacia una narrativa orientada al crecimiento, la inversión y la expansión de la actividad económica. En ese marco, la comunicación aparece como una herramienta estratégica para sostener la construcción política de una gestión que busca consolidar resultados y ampliar consensos.

Fernández llega al cargo con experiencia en comunicación institucional, relaciones públicas y gestión de prensa. Durante más de una década participó en distintos equipos de trabajo vinculados al sector público y privado, mientras que desde 2023 estuvo al frente del área de prensa, medios y comunicación institucional de YPF, una de las compañías más relevantes del país y protagonista central del proceso de expansión energética que impulsa el Gobierno.

Su desembarco en la Casa Rosada también refleja una búsqueda de profesionalización de la comunicación oficial en momentos en que la gestión nacional procura consolidar un relato asociado a la recuperación económica y al fortalecimiento de la inversión privada.

Desde el Gobierno señalaron que Fernández trabajará de manera coordinada con el vocero presidencial, Adrián Ravier, quien asumió recientemente la responsabilidad de la comunicación política cotidiana del Ejecutivo. La articulación entre ambos funcionarios será clave para ordenar los mensajes de una administración que enfrenta el desafío de comunicar una nueva fase de gestión tras más de dos años de profundas transformaciones económicas e institucionales.

La incorporación del exresponsable de comunicación de YPF se interpreta además como una señal de continuidad en la estrategia oficial de sumar perfiles técnicos y especializados en áreas consideradas sensibles para la consolidación del proyecto político libertario.

En el entorno presidencial sostienen que la Argentina atraviesa una etapa distinta a la de los primeros meses de gobierno, caracterizada por la estabilización de variables macroeconómicas, una recuperación gradual de la inversión y mejores perspectivas de crecimiento. Bajo esa lógica, la comunicación deja de estar enfocada exclusivamente en explicar medidas de emergencia para pasar a transmitir los resultados y objetivos de largo plazo del modelo económico.

La llegada de Fernández ocurre en un momento donde el Gobierno busca fortalecer su presencia institucional, ampliar su capacidad de interlocución con distintos sectores y consolidar una narrativa que acompañe la transición desde la estabilización hacia una fase de expansión económica. En esa estrategia, la Secretaría de Comunicación y Prensa adquiere un rol central como puente entre la gestión, los medios y la sociedad.

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¿Paraguay es un espejo en el que mirarse?: la informalidad llega al 20,5% del PIB y alcanza al 60,1% del empleo

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Paraguay se convirtió en una de las referencias más citadas por el presidente Javier Milei cuando habla de competitividad, disciplina fiscal y crecimiento económico. Con una presión tributaria reducida, estabilidad monetaria y una economía que mantuvo dinamismo durante los últimos años, el país vecino aparece como uno de los modelos que la administración libertaria observa con atención.

Sin embargo, detrás de los indicadores macroeconómicos positivos persiste una realidad que condiciona el desarrollo paraguayo: la elevada informalidad laboral y empresarial.

Según estimaciones basadas en cuentas nacionales, la economía informal representa alrededor del 20,5% del Producto Interno Bruto (PIB) de Paraguay. Al mismo tiempo, el 60,1% de los trabajadores se desempeña en condiciones de informalidad, una proporción que se mantiene entre las más altas de la región.

El economista Rodrigo Ibarrola, investigador del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), sostiene que la informalidad no puede explicarse únicamente por la presión impositiva o la burocracia estatal. Se trata de un fenómeno multicausal y estructural, vinculado a factores productivos, educativos e institucionales.

“La informalidad es una parte fundamental del funcionamiento económico paraguayo”, señala en un reportaje del diario Última Hora. Está presente en el comercio callejero, la construcción, el transporte, los servicios domésticos, las actividades agrícolas y miles de pequeños emprendimientos familiares.

Ibarrola advierte que la informalidad no constituye una categoría homogénea. Incluye desde trabajadores de subsistencia que no pueden afrontar los costos de la formalización hasta profesionales y empresarios que optan por permanecer fuera del sistema para aprovechar ventajas tributarias o mayores márgenes de flexibilidad.

Por esa razón, considera que medir exclusivamente la cantidad de trabajadores informales puede conducir a diagnósticos incompletos. Dos países pueden exhibir tasas similares y enfrentar problemas completamente diferentes.

Un modelo que crece pese a la informalidad

Uno de los aspectos más llamativos del caso paraguayo es que el crecimiento económico convive con altos niveles de informalidad.

La experiencia paraguaya contradice parcialmente la idea de que la formalización debe preceder necesariamente al crecimiento. Durante la última década, el país logró consolidar estabilidad macroeconómica, atraer inversiones y expandir sectores como la agroindustria, la energía y los servicios, aun con una importante porción de la economía funcionando fuera de los registros oficiales.

Para Milei y sus equipos económicos, Paraguay suele representar un ejemplo de competitividad regional. Su esquema tributario simple, el impuesto corporativo reducido, la estabilidad fiscal y el bajo nivel de endeudamiento son frecuentemente mencionados como ventajas frente al modelo argentino.

Sin embargo, los especialistas paraguayos advierten que la informalidad sigue generando costos significativos. Reduce la recaudación fiscal, limita el acceso a la protección social, restringe la productividad y dificulta la construcción de empresas de mayor escala.

Para Ibarrola, la clave de una reducción sostenible de la informalidad no pasa por endurecer sanciones ni multiplicar controles.

La evidencia muestra que los trabajadores con mayor nivel educativo tienen más probabilidades de acceder a empleos registrados, cobertura médica, aportes jubilatorios y contratos laborales formales. Además, suelen insertarse en empresas más grandes y productivas.

“La educación incrementa la productividad individual y facilita el acceso a mejores empleos. Los mejores empleos generan mayores ingresos y favorecen la inserción formal”, explica.

En esa lógica, la formalización aparece como una consecuencia del desarrollo económico más que como una condición previa.

El economista también cuestiona las estrategias basadas exclusivamente en fiscalización y castigos.

Paraguay enfrenta una paradoja: posee una alta intención regulatoria, pero limitada capacidad para controlar efectivamente el cumplimiento de las normas. Como resultado, muchos programas de formalización terminan mostrando impactos modestos.

Además, una formalización abrupta podría provocar efectos contraproducentes, como cierres de microempresas, aumento del desempleo o caída de ingresos familiares.

Por eso propone políticas centradas en incentivos, reducción de costos administrativos y mejoras concretas en los servicios públicos que reciben quienes ingresan al sistema formal.

El desafío pendiente del modelo paraguayo

La experiencia paraguaya muestra que es posible sostener crecimiento económico, estabilidad fiscal y competitividad aun con elevados niveles de informalidad. Pero también evidencia los límites de ese modelo cuando se busca avanzar hacia mayores niveles de productividad, innovación y desarrollo social.

Mientras Milei señala a Paraguay como una referencia para la economía argentina, el debate en el país vecino gira precisamente sobre cómo resolver una de sus principales asignaturas pendientes.

La informalidad ya no aparece como una anomalía transitoria. Es un fenómeno estructural que representa una quinta parte de la economía paraguaya y más de la mitad de su mercado laboral.

El desafío para Paraguay será mantener las fortalezas que hoy despiertan admiración en parte de la dirigencia argentina sin resignar el objetivo de construir una economía más integrada, productiva y formal.

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