El sonido de las máquinas se apagó este viernes por última vez en la planta de Dass en Eldorado. Terminó así una historia de casi dos décadas en la que la fábrica produjo zapatillas para marcas internacionales como Nike y Adidas y se convirtió en uno de los principales empleadores industriales del norte de Misiones, con un pico de 1.500 empleos.
El cierre deja a 150 trabajadores sin empleo y representa uno de los golpes más significativos para la industria manufacturera misionera en el contexto de apertura importadora y retracción de la producción nacional. Sin embargo, detrás del cierre definitivo aparece un dato que abre una pequeña ventana hacia el futuro: la empresa no desmantelará la planta ni trasladará la maquinaria fuera de la provincia.
Fuentes del Ministerio de Trabajo de Misiones confirmaron a Economis que Dass mantendrá la infraestructura industrial de Eldorado. La decisión responde a una expectativa empresarial de regresar si en el futuro cambian las condiciones macroeconómicas y las políticas vinculadas a la producción nacional.
“No se van a llevar las máquinas. La idea de la empresa es preservar la planta porque existe la expectativa de volver si las condiciones cambian”, señalaron desde la cartera laboral, donde continúan las negociaciones con la firma y el acompañamiento a los trabajadores afectados.
Otro aspecto relevante del cierre es el esquema acordado para las desvinculaciones. Según confirmó el delegado gremial de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA), Gustavo Melgarejo, las indemnizaciones serán abonadas conforme al régimen anterior, lo que implica que los trabajadores percibirán la totalidad de los montos que les corresponden, sin aplicación de las nuevas modalidades previstas por la reforma laboral.
Pero no todos optaron por cobrar íntegramente en efectivo. Según pudo saber Economis, un pequeño grupo de operarios decidió destinar parte de esa compensación a recibir maquinaria industrial con el objetivo de poner en marcha un emprendimiento propio de fabricación de calzado. La iniciativa todavía se encuentra en etapa de organización, pero representa una alternativa para aprovechar el conocimiento técnico acumulado durante años de trabajo en la planta.
En paralelo, el Ministerio de Trabajo mantiene un programa de contención para las familias afectadas. Las acciones incluyen capacitación y formación laboral destinada a los 150 operarios despedidos, con el objetivo de facilitar su reinserción en otras actividades productivas o acompañar proyectos de empleo independiente.
El último día
La jornada estuvo cargada de emoción. Hubo un almuerzo de despedida entre compañeros y una audiencia formal para concluir el proceso administrativo de cierre.
En declaraciones a Eldópolis Radio 106.3, Melgarejo, definió la jornada como “un día muy triste”, marcado por la bronca y la impotencia de quienes perdieron su fuente laboral.
Melgarejo sostuvo que aún conserva la esperanza de que en algún momento puedan modificarse las condiciones para la industria nacional y se regulen nuevamente las importaciones, escenario que, a su entender, permitiría recuperar la producción local.
El dirigente también destacó el acompañamiento recibido por parte de autoridades provinciales y municipales durante el conflicto y pidió a los empresarios de la región que tengan en cuenta la experiencia y capacitación de los trabajadores despedidos al momento de incorporar personal.
Además, confirmó que ocho empleados aceptaron una propuesta para trasladarse temporalmente a una planta de Dass en Brasil, donde realizarán un período de prueba de tres meses antes de decidir si permanecen allí de manera definitiva.
Melgarejo también cargó contra referentes de La Libertad Avanza en Misiones. Cuestionó especialmente a la dirigente Maura Gruber, de quien dijo que “paga como quiere a sus empleados“, y afirmó que no tiene expectativas de recibir apoyo de su parte. También apuntó contra el diputado nacional Diego Hartfield, a quien criticó por sus declaraciones públicas y calificó de “desafortunadas”. “Hartfield, con las boludeces que dice (perdón el vocabulario), dice que muchos van a sufrir, el único que no sufre es él, dice que el gobierno nacional está sacando muchos argentinos de la pobreza, yo creo que son todos los miembros de su gabinete nada más”, remarcó.
“La Libertad Avanza es responsable de lo que hoy sucede, no solamente en esta industria, sino en muchas otras que están siendo golpeadas“, afirmó el dirigente sindical, quien atribuyó el cierre de Dass a las políticas económicas del Gobierno nacional.
Una fábrica que espera
La decisión de conservar la planta y la maquinaria introduce un elemento diferente respecto de otros procesos de cierre industrial ocurridos en el país. No habrá desguace ni mudanza del equipamiento productivo.
La fábrica permanecerá inactiva, pero técnicamente en condiciones de volver a operar si el contexto económico cambia y la producción local recupera competitividad frente a las importaciones.
Para Eldorado, sin embargo, el impacto es inmediato. Son 150 familias que pierden un ingreso estable y una ciudad que despide una industria que durante años fue símbolo del empleo formal y del desarrollo manufacturero del Alto Paraná.
El cierre de Dass no sólo refleja la crisis de una empresa. También resume el desafío que enfrenta la industria del calzado argentino en un escenario donde las grandes marcas continúan abasteciendo el mercado con producción importada mientras las plantas locales reducen actividad o bajan definitivamente sus persianas.
No fue una jornada más. El ruido de las máquinas que durante casi veinte años marcó el ritmo de miles de familias de Eldorado se apagó definitivamente. Este viernes, la planta de Dass cerró sus puertas y con ella terminó una historia que supo convertir a la fábrica en uno de los mayores símbolos del empleo industrial de Misiones.
El último turno no estuvo marcado por la producción ni por las metas de fabricación. En lugar de cajas con zapatillas, hubo abrazos. En lugar de planillas de producción, despedidas. La empresa organizó un almuerzo para sus trabajadores y entregó un presente a cada uno de los 150 empleados que permanecían en la planta, un gesto que intentó poner un cierre digno a una decisión que desde hace meses parecía inevitable.
“Hola, mañana es el último día”, resumió ayer al ser consultado por Economis, Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). Detrás de esa frase se condensan meses de incertidumbre, negociaciones y una realidad que terminó imponiéndose: ya no había pedidos para fabricar.
Antes del cierre definitivo, los representantes sindicales mantuvieron una audiencia para definir las condiciones finales de la desvinculación. El eje estuvo puesto en garantizar las indemnizaciones, conocer el futuro del predio y dejar establecido un compromiso para que, si algún día la producción vuelve a Eldorado, los actuales trabajadores tengan prioridad para regresar.
Pero la preocupación va mucho más allá del acuerdo laboral.
Para muchos empleados, Dass no fue solamente un lugar de trabajo. Fue el proyecto alrededor del cual organizaron su vida adulta. Allí crecieron profesionalmente, formaron familias, accedieron a una vivienda o sostuvieron durante años la economía de sus hogares. Hoy, con el cierre consumado, el interrogante ya no pasa por la fábrica sino por el día después.
“No sé qué voy a hacer con mi vida”, reconoció Melgarejo días atrás. Su reflexión refleja el sentimiento de buena parte de sus compañeros. En una ciudad con escasas alternativas industriales, la pérdida del empleo formal deja un horizonte incierto. Algunos intentarán insertarse en actividades informales; otros evalúan migrar temporalmente a Brasil para trabajar en cosechas estacionales, aun cuando los salarios tampoco resultan alentadores.
La Municipalidad de Eldorado comenzó a elaborar un registro laboral para vincular a los despedidos con empresas que puedan requerir personal. Sin embargo, incluso desde el propio sindicato reconocen que la posibilidad de absorber a semejante cantidad de trabajadores especializados es muy limitada.
El cierre también representa el final de un ciclo para la industria misionera
Dass desembarcó en Eldorado en 2007, impulsada por políticas de promoción industrial articuladas entre los gobiernos nacional, provincial y municipal. En pocos años se convirtió en uno de los principales empleadores privados de Misiones y llegó a superar los 1.500 trabajadores, con picos cercanos a los 1.700 empleados y una producción diaria que alcanzó los 23.000 pares de zapatillas para marcas globales como Nike y Adidas.
La planta atravesó distintos ciclos económicos. Creció al calor del mercado interno, sufrió una fuerte retracción durante la apertura importadora de fines de la década pasada, recuperó parte de su actividad con nuevas inversiones en 2021 y finalmente quedó atrapada nuevamente por la caída de los pedidos y el avance del calzado importado.
Los propios trabajadores sintetizan el cambio con un dato contundente: mientras Adidas habría importado cerca de 12 millones de pares de zapatillas, la producción local no alcanzó el medio millón. Esa diferencia terminó dejando sin volumen suficiente a una planta diseñada para fabricar a gran escala.
Paradójicamente, el final deja una pequeña puerta entreabierta. Según explicó el sindicato, la empresa no desmanteló completamente las instalaciones ni retiró la maquinaria. El compromiso expresado por sus directivos fue mantener la infraestructura disponible ante la eventualidad de que un cambio en las condiciones del mercado permita retomar la producción.
Hoy esa posibilidad aparece lejana. Mientras tanto, las máquinas permanecen en silencio.
Para Eldorado, el cierre de Dass no representa únicamente la pérdida de una fábrica. Significa el final de un espacio donde miles de misioneros construyeron su identidad laboral durante casi dos décadas. Las indemnizaciones podrán cerrar el vínculo contractual, pero no reemplazan la rutina, el oficio, la pertenencia ni la certeza de volver el lunes al mismo lugar.
El último día de trabajo terminó con un almuerzo compartido. Sin embargo, para 150 familias, el verdadero desafío comienza cuando se apagan las luces de la planta y cada trabajador emprende el camino de regreso a su casa, esta vez sin saber dónde será su próximo destino laboral.
Este viernes 17 de julio cuando suene la sirena que anuncia el final del turno, no será una jornada laboral más. Será la última vez que las máquinas de Dass funcionen en Eldorado. Después de casi veinte años de producción, miles de historias compartidas y generaciones de trabajadores que hicieron de la fábrica su proyecto de vida, la planta cerrará definitivamente sus puertas.
El viernes no estará marcado por los objetivos de producción ni por los controles de calidad. En su lugar habrá abrazos, fotografías, un almuerzo de despedida organizado por la empresa y la entrega de un presente para cada uno de los 150 trabajadores que aún permanecen en la planta. Será un intento de ponerle un cierre humano a una historia que durante meses pareció inevitable.
“Hola… mañana es el último día”, resumió con una mezcla de resignación y tristeza Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). La frase, breve y sin dramatismos, refleja el estado de ánimo de quienes pasaron gran parte de su vida detrás de esas líneas de producción.
Antes de la despedida habrá una última audiencia entre el sindicato y la empresa. Allí buscarán dejar garantizado el pago de las indemnizaciones, conocer qué destino tendrá el predio y obtener un compromiso para que, si algún día la producción regresa a Eldorado, los actuales trabajadores sean los primeros convocados.
Pero el problema excede ampliamente la relación laboral.
Para cientos de familias, Dass nunca fue solamente un empleo. Fue el lugar donde crecieron profesionalmente, donde sostuvieron la economía de sus hogares y desde donde proyectaron su futuro. Ahora ese horizonte desaparece en una ciudad donde las oportunidades industriales son escasas.
“No sé qué voy a hacer con mi vida”, había reconocido Melgarejo. La preocupación atraviesa a toda la plantilla. Algunos buscarán insertarse en otras actividades, otros analizan cruzar la frontera para trabajar temporalmente en Brasil y muchos todavía no tienen una respuesta para la pregunta más inmediata: qué harán el lunes.
Mientras tanto, la Municipalidad de Eldorado puso en marcha un registro laboral para vincular a los trabajadores con empresas que puedan requerir personal. Es una respuesta necesaria, aunque insuficiente frente al cierre de uno de los principales empleadores privados que tuvo la provincia.
La historia de Dass también resume buena parte de la evolución de la industria argentina. La compañía desembarcó en Misiones en 2007 y, en sus mejores años, llegó a emplear a más de 1.500 personas y fabricar hasta 23.000 pares de zapatillas diarios para marcas internacionales como Nike y Adidas. La expansión del mercado interno impulsó su crecimiento, mientras que los cambios en el modelo económico, la caída de los pedidos y el aumento de las importaciones fueron reduciendo progresivamente su actividad.
Hoy la planta produce menos de 3.000 pares diarios, un volumen insuficiente para sostener la operación. Según relatan los trabajadores, las marcas dejaron de realizar pedidos y optaron crecientemente por abastecerse mediante importaciones.
Paradójicamente, el cierre deja una pequeña señal de esperanza. La empresa no retiró la maquinaria ni desmanteló completamente la planta. Según explicó el sindicato, los directivos manifestaron que, si las condiciones del mercado cambian, las instalaciones permanecerán disponibles para una eventual reactivación.
Esa posibilidad hoy parece lejana. Lo concreto es que mañana terminará una etapa que marcó la identidad productiva de Eldorado.
Porque las indemnizaciones podrán cerrar un vínculo laboral, pero difícilmente compensen lo que representa perder el lugar donde durante años se construyeron amistades, proyectos familiares y una rutina que organizaba la vida cotidiana.
Este viernes no cerrará solamente una fábrica. También terminará un capítulo de la historia industrial de Misiones, escrito durante casi dos décadas por miles de trabajadores que, hasta el último turno, siguieron apostando por mantener encendidas las máquinas.
El cierre de Dass en Eldorado se anunció como epílogo de una tragedia anunciada. Es también una biografía de la economía argentina de las últimas dos décadas. La empresa de capitales brasileños desembarcó en Misiones durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando el país apostaba por un modelo de sustitución de importaciones, protección de la industria y expansión del mercado interno.
En ese escenario encontró el ecosistema ideal para crecer: llegó a fabricar más de 20.000 pares de zapatillas por día para marcas internacionales como Nike y Adidas, empleó a unos 1.500 trabajadores y convirtió a Eldorado en uno de los polos industriales más importantes del Nordeste.
Durante aquellos años, el ruido de sus máquinas era también el sonido de una Argentina que creía que el desarrollo industrial podía ser el camino hacia la movilidad social.
Después llegó el péndulo. Con Mauricio Macri comenzó una apertura comercial que expuso a muchas industrias a competir con productos importados en condiciones muy desiguales. Dass empezó a flaquear: suspensiones, despidos y líneas de producción cada vez más vacías. La llegada de Alberto Fernández al poder, le dio algo de oxígeno, con una visita simbólica, pero nunca recuperó el volumen perdido.
Con Javier Milei el péndulo volvió a acelerar, esta vez sin frenos. La apertura casi irrestricta de las importaciones, el retiro del Estado como actor de la política industrial y la convicción de que el mercado debe decidir quién vive y quién desaparece terminaron de sellar un destino que ya venía escribiéndose. Las grandes marcas optaron por producir en Asia o Paraguay, donde los costos son más bajos, y la planta de Eldorado dejó de ser competitiva.
Dass cierra, pero la discusión trasciende a una fábrica. La pregunta es si la Argentina seguirá condenada a oscilar entre modelos que se deshacen mutuamente cada cuatro años. El kirchnerismo construyó industria, pero sin resolver problemas estructurales de competitividad. El macrismo apostó a abrir la economía antes de que esa industria estuviera preparada para competir. Milei decidió directamente que la supervivencia industrial no debe ser una preocupación del Estado. En ese péndulo permanente quedaron atrapadas miles de familias. Porque las inversiones industriales se planifican para décadas, no para un mandato presidencial. Y ningún empresario serio apuesta a un país donde las reglas cambian cada vez que cambia el inquilino de la Casa Rosada.
El de Dass es un dato más en una profunda crisis que se vive en la industria textil argentina, que atraviesa una situación cada vez más compleja y su principal desafío hoy es la pérdida de escala productiva. Con maquinarias operando a menos de la mitad de su capacidad, el sector enfrenta crecientes dificultades para sostener la competitividad, el empleo y la inversión.
Según los últimos indicadores difundidos por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), se registró una caída interanual de la producción de 22,2% en abril y una retracción acumulada de 25,5% entre enero y abril de 2026, un retroceso superior a la baja registrada por la industria manufacturera en su conjunto.
La industria textil alcanzó apenas 42,4% de su capacidad productiva, lo que implica que más de la mitad de las máquinas, instalaciones y recursos disponibles permanecieron detenidas sin utilizar. Además, el impacto sobre el empleo es concreto y acumulado. Desde diciembre de 2023, la cadena textil, de la confección, cuero y calzado perdió más de 24.000 puestos de trabajo. Dass anotará otros 150.
El ciclo de la yerba mate también sirve para auscultar cómo impactan los modelos económicos y cómo las decisiones tomadas en Buenos Aires, repercuten directamente en el bolsillo y la (in) estabilidad de miles de familias.
La primera regulación de la yerba mate ocurrió en 1935, durante la llamada Década Infame. Llegó para poner un poco de equilibrio en un mercado protagonizado por peones y mensúes, con productores dispersos que reclamaban un mejor precio para la materia prima. Fue apenas unos meses antes de la Masacre de Oberá, que desnudó con violencia las décadas acumuladas de desigualdad.
La regulación atravesó casi todo el siglo pasado, con distintos modelos económicos y colores políticos. El mercado estaba medianamente equilibrado, con productores e industria emparejados, con ganadores y perdedores temporales. Oro Verde era sinónimo de yerba mate.
En 1991 Domingo Cavallo inició la década desregulada y el derrumbe productivo fue la consecuencia en un puñado de años, con precios de miseria y un silencioso éxodo desde chacras malvendidas.
Entre 2001 y 2002 los tractorazos parieron al Instituto Nacional de la Yerba Mate, que paulatinamente puso equilibrio en la cadena y acercó el precio de la materia prima a los míticos 50 centavos de dólar.
Milei le puso fin a 20 años de regulación con el DNU 70/23 y la promesa de una prosperidad que vendrá -en un inasible futuro-, pero que no alcanzará a todos al mismo ritmo, como admitió Martín Menem en su breve paso por Posadas el sábado pasado, como parte de la comitiva de Karina Milei, en el virtual lanzamiento de la campaña por la reelección del Presidente, junto a a los diputados Diego Hartfield y Adrián Núñez. En su paso por Misiones, Karina Milei se llevó una foto con Stuart Navajas y Víctor Saguier, ejecutivos de las principales yerbateras, pero sería un error considerar que toda la industria está alineada con las políticas nacionales. “Es una foto inoportuna“, describieron desde otra yerbatera.
En su paso por Misiones, Karina Milei se llevó una foto con Stuart Navajas y Víctor Saguier, ejecutivos de las principales industrias yerbateras.
Éste último estuvo en la reunión la primera reunión que el desregulador Federico Sturzenegger tuvo con representantes de toda la cadena. En la fría recepción en la Secretaría de Agricultura escuchó los planteos de productores y representantes de cooperativas y el Gobierno de Misiones. La respuesta lacónica no sorprendió: “La política de desregulación económica del sector y la no fijación de precios constituyen lineamientos de gestión de carácter innegociable”.
En realidad, ninguno de los que fueron a la reunión esperaba otra cosa de Sturzenegger, quien durante su paso por la alianza y por Cambiemos, ya había dado acabadas muestras de su dogmatismo. Sorprendió si, el silencio de Sergio Iraeta, el secretario de Agricultura que no es un simple tecnócrata, sino un productor agropecuario, de una histórica familia patricia.
“Le pedí a Iraeta que intercediera y defienda a los productores, ya que un modelo de desarrollo rural con predominio de minifundistas, con éstas políticas corre serio riesgo de desaparecer. Si esto sigue así, me gustaría encontrarlos dentro de 3 o 4 años y ver quién estaba equivocado”, cuestionó Ricardo Maciel, representante de Misiones en la cumbre.
Un estudio realizado por el ministerio del Agro sirve para dimensionar el impacto de la desregulación en un municipio que depende casi exclusivamente de la yerba mate, como Andresito, con 18 mil hectáreas plantadas. Con los valores actuales, los productores generan ingresos cercanos a los $36.000 millones, pero si el precio alcanzara los $700 por kilo -cerca de 50 centavos de dólar-, esa cifra ascendería a $100.800 millones, dejando una brecha de $64.800 millones que hoy no ingresan a la economía local.
La reducción de ingresos afecta el empleo de tareferos y contratistas, la compra de insumos, combustible y maquinaria, además del movimiento comercial en talleres, estaciones de servicio, comercios y otros sectores que dependen directa o indirectamente de la actividad yerbatera.
El informe también proyecta el escenario a escala provincial. Considerando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actual y el considerado necesario implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones al circuito económico, con consecuencias sobre la inversión, el consumo y la recaudación. Pierden los productores, pierden el comercio y la industria. Pierde la economía misionera.
Por eso la preocupación del Gobierno provincial en recuperar la economía yerbatera. Desde que Nación impuso la desregulación y descartó cualquier intervención para recomponer el precio que reciben productores y tareferos, Misiones optó por explorar herramientas propias para amortiguar el impacto de la crisis.
Sin las facultades del INYM para fijar valores de referencia, la Provincia comenzó a utilizar el crédito como un mecanismo de incentivo económico, orientando el financiamiento hacia aquellos operadores que pagan mejores precios por la materia prima. Es una estrategia que busca influir en el mercado mediante señales financieras, allí donde la Nación decidió retirarse.
Desde mayo ya se inyectaron más de $5.491 millones en distintas líneas de financiamiento para la cadena yerbatera. El esquema incluye más de 215 operaciones de descuento de cheques a tasa cero, por un monto superior a $2.769 millones; $2.222 millones en créditos de corto plazo con tasa bonificada y $500 millones en préstamos de largo plazo, canalizados a través de los bancos Macro y Nación. La prioridad se concentró en las empresas y cooperativas que respetan los precios mínimos de referencia impulsados por la Provincia –$301 por kilo de hoja verde y $1.160 por kilo de yerba canchada– con el objetivo de generar un efecto gradual de mejora sobre el valor que perciben los productores.
En ese contexto deben leerse las palabras del gobernador Hugo Passalacqua en Cerro Corá, durante el acto por el aniversario de la Independencia. El mandatario reivindicó el protagonismo histórico de las provincias y especialmente de Misiones en la construcción del país, al recordar el legado de José Gervasio Artigas, Andrés Guacurarí y el Congreso de los Pueblos Libres como antecedentes fundamentales del federalismo argentino. Al referirse a esos procesos históricos, sostuvo que muchas de aquellas discusiones continúan vigentes y recordó una frase atribuida a José Gervasio Artigas –’Buenos Aires siempre da amarguras’– para contextualizar los históricos debates sobre el federalismo y el rol de las provincias en la construcción del país.
“Los misioneros debemos pensar de forma independiente para tomar las riendas de los desafíos que se vienen”, remarcó en una frase con una profunda significación política, en relación con la Nación, pero también hacia dentro de la política misionera.
No fue una frase al azar. Passalacqua eligió estar en un pequeño municipio misionero en lugar de la foto de Tucumán, donde estuvo el presidente Milei con un grupo de mandatarios. Casi como sucedió en 1816. Passalacqua recordó que Misiones protagonizó el primer grito de independencia como parte de la Liga de los Pueblos Libres, que sucedió en 1815. Esa liga, liderada por José Gervasio Artigas, nucleó a la Provincia Oriental (actual Uruguay), Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y, por un tiempo, Córdoba. Su modelo político era republicano, federal y democrático. Lo que nunca terminó de consolidarse en la Argentina desde la independencia formal.
Otra frase de Cerro Corá sirve para explicar el presente político. “Querido pueblo de Misiones, quiero decirle que estoy orgulloso de los misioneros. Orgulloso de cada uno de ustedes, sus familias. En un momento tan angustiante para la República, difícil, difícil. Sin embargo, siempre los veo con una sonrisa. Y si hay algo que podemos hacer desde acá, quienes fuimos legitimados con ese con ese voto, es tratar de hacerles un poco más fácil la vida cada día. Un poco más fácil. Si no cumplimos eso, ahí está la urna”.
El llamado es explícito, aunque el propio Passalacqua todavía no lo haya verbalizado. Buscará ser ratificado en las urnas. “Movimiento por lo que viene”, fue bautizado el nuevo espacio liderado por Passalacqua, quien exhibió músculo, acompañado por buena parte de los intendentes, diputados y los principales ministros del Gabinete.
El espacio asume el compromiso de recuperar los valores históricos del misionerismo, reflejados en el discurso de Cerro Corá: pensar con independencia, sostener una mirada profundamente federal y defender, por encima de cualquier otra consideración, los intereses de las familias misioneras, sin aceptar imposiciones ni condicionamientos desde Buenos Aires. Ese principio supone que cada decisión política debe medirse por su impacto concreto en Misiones y no por las conveniencias de las disputas nacionales, lo que marca también un posicionamiento distinto al expresado hasta ahora por los legisladores nacionales. Desde esa perspectiva, resulta inevitable revisar las decisiones que, en los últimos años, significaron acompañar iniciativas impulsadas desde el poder central aun cuando sus efectos terminaron perjudicando a la provincia. La subordinación a agendas nacionales por encima de las necesidades locales debilitó la capacidad de defensa de Misiones en debates estratégicos y terminó afectando a sectores productivos, trabajadores y economías regionales. Recuperar una voz propia implica volver a colocar a los misioneros en el centro de cada decisión política.
Hubo un tiempo en que el sonido de las máquinas de Dass marcaba el ritmo de Eldorado. Miles de personas entraban y salían de la planta ubicada en el Parque Industrial Alto Paraná. Familias enteras vivían de una fábrica que llegó a convertirse en el mayor empleador privado del norte de Misiones. En sus mejores años producía más de 22.000 pares de zapatillas por día para algunas de las marcas deportivas más importantes del mundo.
Ese tiempo terminó.
La empresa brasileña Dass anunció este lunes que cerrará definitivamente su planta de Eldorado el próximo 17 de julio, poniendo fin a una historia industrial de casi veinte años y dejando 150 trabajadores sin empleo. La comunicación fue realizada a los operarios durante la jornada y confirmó lo que desde hacía meses era un temor creciente: la fábrica ya no tenía volumen de producción suficiente para sostenerse.
El cierre constituye mucho más que la pérdida de 150 puestos de trabajo. Es el golpe final para una industria que supo generar casi 1.500 empleos directos, miles de ingresos indirectos y que durante años fue símbolo de la política de industrialización de Misiones.
La historia de Dass en Eldorado resume, casi como una radiografía, los vaivenes de la política industrial argentina.
La planta comenzó a producir en 2007 y vivió una expansión acelerada durante la década siguiente. En su momento de mayor esplendor llegó a emplear alrededor de 1.500 trabajadores, con una producción que abastecía a Nike, Converse, Fila, Umbro, Asics y posteriormente también a Adidas, luego del cierre de la planta de Coronel Suárez.
Durante esos años Eldorado dejó de depender exclusivamente de la actividad forestal. Miles de jóvenes encontraron su primer empleo formal dentro de la fábrica. Comercios, alquileres, transporte y servicios crecieron alrededor de una industria que parecía consolidada.
Pero el escenario comenzó a cambiar a partir de 2016. El primer gran golpe llegó durante la presidencia de Mauricio Macri.
La apertura comercial, la caída del consumo interno y el ingreso creciente de calzado importado golpearon de lleno a toda la industria nacional del sector. Mientras las marcas internacionales comenzaron a abastecerse crecientemente desde Asia y Brasil, la producción nacional perdió competitividad.
Dass fue una de las principales víctimas.
Entre 2016 y 2019 la planta pasó de casi 1.500 trabajadores a apenas 308, luego de sucesivas tandas de despidos que redujeron más del 80% de su dotación. El deterioro fue tan profundo que en varios momentos se creyó que la fábrica cerraría definitivamente. No ocurrió entonces.
Dass Eldorado
Los números de una caída histórica
La planta que llegó a ser símbolo industrial del Alto Paraná cerrará con apenas 150 trabajadores.
Inicio de operaciones
2007
Pico de empleo
1.500
trabajadores
Producción máxima
22.000
pares diarios
Empleo actual
150
trabajadores
Fecha de cierre
17 de julio
de 2026
Caída desde el pico
90%
del empleo industrial
Fuente: reconstrucción periodística en base a datos históricos de la planta, información sindical y comunicación empresarial.
Una recuperación que nunca terminó de consolidarse
Con el cambio de gobierno en 2019 la empresa logró evitar el cierre. El presidente Alberto Fernández vino a la planta como una muestra de respaldo. Hubo programas nacionales de asistencia durante la pandemia, reaparecieron órdenes de producción para Nike y se anunció una inversión de 25 millones de dólares destinada a ampliar la capacidad instalada.
La planta volvió a superar los 500 trabajadores y pareció iniciar un nuevo ciclo. Sin embargo, aquella recuperación nunca alcanzó la solidez de la década anterior.
La dependencia de insumos importados provocó nuevos problemas productivos durante 2022, cuando la empresa llegó a despedir más de cien trabajadores por falta de materiales, medida que luego fue parcialmente revertida tras la intervención sindical y del Estado.
Era una señal de una fragilidad estructural: la fábrica necesitaba protección frente al calzado importado, pero al mismo tiempo dependía de insumos provenientes del exterior para fabricar localmente.
La llegada del gobierno de Javier Milei encontró a Dass con una estructura mucho más pequeña que la de sus años dorados, pero todavía funcionando.
Sin embargo, el nuevo escenario económico aceleró un proceso que venía gestándose. La apertura comercial volvió a favorecer la importación de calzado terminado. Las grandes marcas internacionales comenzaron a reemplazar progresivamente la producción argentina por zapatillas fabricadas en Asia y otros países de menor costo.
Al mismo tiempo, el propio Grupo Dass consolidó su operación industrial en Paraguay. Es decir, mientras el mercado argentino se abastecía crecientemente con productos importados, parte de la producción regional migraba hacia un país con menores costos laborales, fiscales y logísticos.
El resultado terminó siendo inevitable. La planta de Eldorado quedó prácticamente sin órdenes de fabricación.
Durante los últimos meses la empresa aplicó retiros voluntarios, redujo turnos y fue achicando lentamente su operación hasta comunicar ahora el cierre definitivo.
Nike y Adidas cambian el mapa
El caso Dass también refleja una transformación más profunda. Durante años Argentina fabricó buena parte de las zapatillas que vendían las principales marcas deportivas. Hoy la tendencia es exactamente la inversa.
Las multinacionales priorizan importar productos terminados desde Asia o abastecerse desde plantas regionales, principalmente en Paraguay y Brasil. El costo argentino, la presión tributaria, la inestabilidad macroeconómica y la apertura comercial modificaron completamente la ecuación económica. El resultado es la sustitución de producción nacional por importaciones.
Los 150 empleos que desaparecen ahora son apenas el último capítulo de una sangría que comenzó hace casi una década. Desde su pico de aproximadamente 1.500 trabajadores, Dass perdió alrededor del 90% de su personal.
Cada uno de esos puestos sostenía consumo, comercios, servicios, alquileres y actividad económica en Eldorado. El impacto se extenderá mucho más allá de la planta. El Alto Paraná pierde uno de los pocos establecimientos industriales de gran escala que todavía permanecían activos. Cuando el próximo 17 de julio se apaguen definitivamente las máquinas de Dass, no sólo terminará una producción. También se cerrará un capítulo de la historia económica de Eldorado.