DEFENSA

Malvinas: Milei impulsa una reforma integral de la ley de defensa y de la seguridad nacional

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El proyecto que Javier Milei envió al Congreso bajo el nombre de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional comienza en Malvinas, pero no termina allí. Las 43 páginas y 133 artículos de la iniciativa revelan una reforma de una escala considerablemente mayor a la anticipada cuando el Presidente anunció, el 3 de septiembre, una ofensiva jurídica contra las compañías involucradas en la explotación petrolera alrededor de las islas.

El texto endurece las consecuencias económicas y penales para quienes exploten recursos naturales sin autorización argentina en Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. Pero, al mismo tiempo, diseña una nueva arquitectura de Seguridad Nacional, modifica la Ley de Defensa Nacional, amplía las funciones previstas para las Fuerzas Armadas, establece procedimientos para el empleo de la fuerza en el espacio aéreo y marítimo, crea un sistema de protección de infraestructura crítica y otorga al Poder Ejecutivo instrumentos económicos para reaccionar ante amenazas provenientes del exterior.

En otras palabras, Malvinas funciona como disparador de una legislación que redefine buena parte de la estructura jurídica con la que la Argentina pretende enfrentar amenazas externas.

El propio mensaje enviado al Congreso lo explicita. El Ejecutivo sostiene que la iniciativa busca articular bajo una misma política las capacidades diplomáticas, económicas, cibernéticas, militares, jurídicas y de inteligencia del Estado.

El origen: petróleo en Malvinas

El contexto inmediato es el avance del proyecto petrolero Sea Lion. El 3 de septiembre, el Gobierno anunció que respondería al desarrollo hidrocarburífero alrededor de Malvinas mediante una combinación de instrumentos administrativos, económicos, diplomáticos y penales.

Ese mismo día Milei dictó el Decreto 868/2026, que aceleró el procedimiento sancionatorio previsto por la Ley 26.659 y colocó al Ministerio de Relaciones Exteriores como autoridad de aplicación. El decreto también reforzó los mecanismos de información y estableció controles vinculados al acceso al RIGI y a permisos hidrocarburíferos.

La nueva ley pretende dar el salto siguiente. La legislación vigente desde 2011 está concentrada fundamentalmente en las actividades hidrocarburíferas realizadas en la Plataforma Continental Argentina sin autorización nacional. El proyecto directamente deroga la Ley 26.659 y la reemplaza por un régimen mucho más amplio.

La primera diferencia es decisiva: ya no se persigue solamente la actividad petrolera.

El artículo 3 prohíbe cualquier aprovechamiento no autorizado de recursos naturales renovables o no renovables en Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, sus espacios marítimos e insulares y la Plataforma Continental Argentina. Esto permite abarcar, además de petróleo y gas, otras explotaciones de recursos naturales.

También amplía el círculo de responsabilidad. Quedan alcanzados quienes realicen directamente esas actividades, pero también quienes celebren operaciones económicas, financieras, logísticas, técnicas o de consultoría que resulten esenciales para los proyectos, así como socios, accionistas y controlantes.

La estrategia jurídica es hacer más difícil aislar la operación realizada en Malvinas de la estructura empresarial internacional que la financia, abastece o controla.

Multas atadas al precio del petróleo

El régimen administrativo introduce multas expresadas en barriles de petróleo, una fórmula que evita que las sanciones pierdan peso económico por inflación o variaciones cambiarias.

Las penalidades generales podrán oscilar entre el equivalente a 4.000 y 500.000 barriles de WTI, además de la suspensión o cancelación de habilitaciones y una inhabilitación de cinco a veinte años. La inhabilitación tiene consecuencias particularmente extensas.

Puede impedir al infractor desarrollar actividades económicas en Argentina, provocar la revocación de permisos, terminar beneficios fiscales y previsionales y forzar la rescisión de contratos ejecutados en el país o relacionados con bienes situados en territorio argentino.

El proyecto incluso califica algunas de esas disposiciones como normas internacionalmente imperativas, buscando que prevalezcan frente al derecho extranjero elegido contractualmente por las partes.

Es uno de los aspectos jurídicamente más ambiciosos del texto: intenta proyectar las consecuencias del régimen argentino sobre estructuras contractuales y societarias internacionales siempre que exista una conexión relevante con el país.

Hasta 20 años de prisión

El segundo brazo es penal. La exploración o prospección hidrocarburífera sin autorización argentina podrá recibir penas de 12 a 15 años de prisión. La exploración o explotación de otros recursos naturales no renovables tendrá penas de 12 a 20 años.

Y la extracción, transporte o almacenamiento de hidrocarburos podrá ser castigada con 15 a 20 años de prisión, además de multas que pueden alcanzar el equivalente a tres millones de barriles de petróleo.

También aparece una figura nueva para los proveedores: quien, sabiendo cuál es el destino de la operación, suministre un bien o servicio esencial para esas actividades podrá recibir entre cinco y siete años de prisión.

La responsabilidad alcanza además a las personas jurídicas y a directores, gerentes, administradores, representantes o responsables que hayan intervenido en los hechos.

Otro detalle importante apunta a impedir una salida frecuente en los conflictos societarios internacionales: cambiar la empresa involucrada.

La responsabilidad podrá continuar ante fusiones, escisiones, transferencias de activos, fondos de comercio o reorganizaciones cuando, detrás de la modificación formal, persista sustancialmente la misma actividad económica.

Uno de los cambios procesales más importantes es la habilitación del juicio en ausencia para los delitos contemplados por la nueva ley.

La explicación del Ejecutivo es práctica: buena parte de los potenciales acusados son directivos o empresarios extranjeros que probablemente nunca se sometan voluntariamente a los tribunales argentinos.

El proyecto modifica para ello tanto el Código Procesal Penal Federal como el Código Procesal Penal de la Nación.

De aprobarse, la Justicia argentina podría avanzar sobre estos delitos aunque el imputado no esté físicamente a disposición del tribunal, dentro del régimen procesal aplicable al juicio en ausencia.

El proyecto combina el endurecimiento de las sanciones con un mecanismo de salida. Crea un Régimen de Desistimiento y Regularización al que podrán ingresar empresas o personas que abandonen las actividades cuestionadas.

Para acceder deberán demostrar el cese de la operación, comprometerse a no reincidir y elegir entre pagar una multa o reconvertir las inversiones hacia actividades lícitas dentro de la Argentina.

La consecuencia puede ser considerable: cumplido el acuerdo, se archivan las actuaciones administrativas, se elimina al infractor del registro y se extingue la acción penal.

Aquí aparece una de las piezas centrales de la estrategia. El proyecto no busca únicamente castigar. Construye simultáneamente un incentivo económico para que compañías, inversores y proveedores salgan de los proyectos desarrollados bajo autorización británica y trasladen eventualmente esas inversiones a territorio bajo jurisdicción argentina.

El cambio estructural: nace el Consejo de Seguridad Nacional

A partir del Título II la iniciativa abandona el terreno específicamente malvinense.

Crea un Sistema de Seguridad Nacional y coloca en su centro al Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el Presidente e integrado permanentemente por el jefe de Gabinete, los ministros de Relaciones Exteriores, Defensa y Economía, el secretario de Inteligencia de Estado y la Secretaría Legal y Técnica.

El Consejo elaborará una Política de Seguridad Nacional obligatoria y transversal para el Estado. Además podrá requerir obligatoriamente información y asistencia a cualquier organismo del sector público nacional.

La novedad conceptual es relevante porque reúne áreas que tradicionalmente funcionaron bajo marcos jurídicos diferentes: defensa, diplomacia, economía, inteligencia, ciberseguridad e infraestructura estratégica.

Economía, incluso, deberá elaborar una Política Económica de Seguridad Nacional.

La seguridad deja así de ser concebida exclusivamente desde una dimensión militar o policial y pasa a incorporar instrumentos comerciales, financieros y tecnológicos.

Poder económico frente a amenazas externas

Ese concepto se vuelve concreto en el Título IV. El proyecto crea una infracción administrativa para acciones vinculadas con Estados u organizaciones extranjeras que busquen afectar la integridad territorial argentina, interferir mediante mecanismos clandestinos, engañosos o coercitivos en las decisiones de las autoridades o atacar infraestructura crítica.

Las sanciones pueden incluir multas, pérdida de permisos, imposibilidad de contratar con el Estado, eliminación de beneficios fiscales y exclusión de actividades vinculadas con la Seguridad Nacional.

Pero el instrumento más potente aparece bajo la figura de las medidas urgentes. Ante una amenaza grave e inminente, el Consejo podrá ordenar temporalmente restricciones a operaciones cambiarias, transferencias financieras, pagos, importaciones y exportaciones; bloquear activos; suspender permisos y contratos y restringir el acceso al financiamiento estatal.

También podrá aumentar los derechos de importación o exportación aplicables al Estado extranjero involucrado, con un límite del 75%.

Se trata, en los hechos, de incorporar al ordenamiento argentino una herramienta de coerción económica vinculada a la Seguridad Nacional.

Las decisiones podrán ser revisadas por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, aunque la presentación judicial no suspenderá automáticamente sus efectos.

Uso de la fuerza en el aire

Otro capítulo particularmente sensible regula la defensa aeroespacial. El proyecto diferencia entre tránsito aéreo irregular y tránsito aéreo hostil y establece una respuesta gradual.

La secuencia comienza con identificación e interceptación y puede avanzar hacia advertencias y medidas coercitivas. El último escalón es el uso de la fuerza para impedir que la aeronave continúe volando.

La orden deberá ser expresa e inequívoca del Presidente, aunque esa facultad podrá delegarse en el ministro de Defensa. El propio articulado establece que la aplicación deberá respetar el derecho internacional y, particularmente frente a aeronaves civiles, evitar poner en peligro la vida de sus ocupantes.

En términos políticos, puede hablarse de un régimen de derribo. Jurídicamente, el texto utiliza una formulación más cuidadosa: habla de medidas coercitivas destinadas a impedir la continuación del vuelo y las coloca como último recurso.

El mismo criterio progresivo aparece para los espacios marítimos, fluviales y lacustres.

Ante un buque que desobedezca una orden podrán utilizarse advertencias, maniobras de interposición y disparos de advertencia. Si fracasan las alternativas menos lesivas, se permiten disparos destinados a inutilizar el buque, procurando reducir riesgos para las personas y el ambiente. El hundimiento queda reservado como medida militar extrema frente a un buque hostil.

El texto prohíbe expresamente hundir un buque civil como castigo, medida policial o mecanismo para impedir su fuga.

La inutilización requerirá autorización política superior. El hundimiento necesitará una orden expresa, previa e inequívoca del Presidente, aunque el proyecto contempla que pueda delegarla en el ministro de Defensa. Todo el procedimiento deberá quedar registrado y, cuando exista posible delito o uso de fuerza capaz de producir daños, deberá intervenir inmediatamente la Justicia.

Infraestructura crítica: de una represa a un centro de datos

Otra pieza del proyecto tiene especial importancia para las provincias. Se crea un régimen nacional de Infraestructuras Críticas, entendidas como redes, instalaciones o sistemas públicos o privados cuya destrucción o afectación pueda comprometer servicios esenciales, salud, seguridad, defensa, economía o funcionamiento estatal.

Las provincias deberán identificar las infraestructuras críticas ubicadas en sus territorios, informar anualmente al Consejo de Seguridad Nacional y mantener registros actualizados. Los propietarios y operadores deberán elaborar planes específicos de seguridad.

El universo potencial es amplio: energía, telecomunicaciones, transporte, sistemas informáticos, centros de datos, instalaciones estratégicas y eventualmente infraestructura binacional.

Para Misiones, este capítulo tiene una derivación particular: el proyecto contempla expresamente infraestructuras binacionales o plurinacionales, cuya protección deberá coordinarse con otros Estados.

Cambia la Ley de Defensa Nacional

Probablemente el cambio doctrinario más profundo esté contenido en apenas tres artículos. La Ley 23.554 vigente construyó históricamente una separación entre Defensa Nacional y Seguridad Interior. El artículo 4 de esa norma establece expresamente esa diferenciación.

El proyecto no deroga ese artículo, pero modifica la definición de Defensa Nacional.

Ya no habla solamente de agresiones externas en términos tradicionales. Incorpora “riesgos, amenazas y desafíos de origen externo, de carácter estatal o no estatal, sean cinéticos o no cinéticos”.

También dispone que las Fuerzas Armadas deberán estar preparadas para operaciones convencionales, no convencionales y operaciones militares distintas de la guerra, además de poder intervenir, cuando corresponda, en la protección de infraestructura crítica.

La discusión jurídica futura probablemente pase por allí: hasta dónde puede ampliarse el concepto de amenaza externa sin desdibujar la frontera legal que separa defensa nacional y seguridad interior.

El proyecto incorpora además un bloque que prácticamente no tiene relación directa con la explotación petrolera de Malvinas. Prohíbe que extranjeros sin residencia permanente y personas jurídicas extranjeras financien, organicen, dirijan o ejecuten campañas o propaganda electoral.

También incorpora nuevos delitos al Código Penal. Entre ellos, penaliza determinadas formas de apoyo material a operaciones clandestinas de inteligencia extranjera y establece penas de cinco a doce años para quien, actuando por cuenta o con financiamiento de un Estado u organización extranjera, procure alterar procesos electorales o manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva.

La escala sube hasta quince años cuando intervengan amenazas, sobornos, coerción o estructuras criminales.

El alcance de estas figuras, especialmente conceptos como “desinformación masiva”, será previsiblemente uno de los puntos jurídicos que requieran mayor precisión durante el debate legislativo, por su relación con libertades constitucionales y por las exigencias de taxatividad propias del derecho penal.

La iniciativa también eleva a rango legislativo el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento, que funcionará bajo la Unidad de Información Financiera.

La inscripción podrá realizarse cuando existan “motivos razonables para sospechar” una vinculación con terrorismo, financiamiento del terrorismo o proliferación de armas de destrucción masiva, sin necesidad de que exista previamente una causa penal.

La inclusión provoca efectos económicos inmediatos: inmovilización de activos, prohibiciones de operaciones y restricciones para contratar con el Estado o recibir beneficios públicos.

La UIF deberá comunicar la inmovilización al Ministerio Público Fiscal y al juez federal penal competente, que podrá ratificarla, modificarla o revocarla.

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Milei habló de un reconocimiento especial para los veteranos de Malvinas y prometió mejores salarios para las Fuerzas

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El 2 de abril, en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el presidente Javier Milei transformó una conmemoración en señal política: anunció un reconocimiento especial a los veteranos para 2027, mejoras salariales para las Fuerzas Armadas y la decisión de destinar el 10% de los ingresos fiscales provenientes de privatizaciones al sistema de Defensa.

El dato no es menor. En un contexto de ajuste fiscal y redefinición del Estado, el Gobierno introduce una excepción estratégica: priorizar el financiamiento militar. La pregunta queda planteada: ¿se trata de un giro estructural en la política de defensa o de un movimiento táctico para consolidar una narrativa de autoridad y soberanía?

De la conmemoración a la política pública

El anuncio se inscribe en un marco institucional claro: el Presidente anticipó un decreto para que en 2027, al cumplirse 45 años de la guerra, la Secretaría General de la Presidencia otorgue una distinción a los veteranos. No es solo un gesto simbólico. Funciona como punto de anclaje de una agenda más amplia que busca reposicionar a las Fuerzas Armadas dentro del esquema estatal.

El mensaje oficial articula tres ejes. Primero, el reconocimiento de una “deuda histórica” con el personal militar. Segundo, la intervención sobre áreas sensibles como la obra social, con una reorganización orientada a reducir gastos administrativos y garantizar cobertura. Tercero, el componente presupuestario: asignar parte de los ingresos por privatizaciones a equipamiento y bienes de capital.

En términos operativos, el Gobierno traduce conceptos abstractos —soberanía, defensa, reconocimiento— en decisiones concretas: financiamiento, salarios y estructura institucional. Ese pasaje es clave para entender el alcance político del anuncio.

Recursos, relato y correlación de fuerzas

La decisión de vincular el financiamiento de Defensa con las privatizaciones introduce un elemento de lectura estratégica. El Gobierno conecta dos agendas centrales —reforma del Estado y seguridad nacional— y redefine prioridades en el uso de recursos.

Esto impacta en varios niveles. Por un lado, fortalece la posición del Ejecutivo frente a las Fuerzas Armadas, al ofrecer mejoras salariales en un contexto de restricciones. Por otro, envía una señal hacia el sistema político: la defensa nacional se instala como política de Estado, más allá de la coyuntura.

También hay una dimensión externa. El discurso reafirma el reclamo sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y anticipa respuestas diplomáticas frente a iniciativas sobre recursos en la cuenca Malvinas Norte. La referencia a inversiones en el yacimiento Sea Lion introduce un componente económico concreto en la disputa geopolítica.

Sin embargo, el esquema abre interrogantes. La asignación de fondos dependerá del volumen efectivo de privatizaciones, lo que condiciona la sostenibilidad del financiamiento. Al mismo tiempo, el énfasis en Defensa podría tensionar otras áreas del gasto público en un contexto de caída de ingresos.

Entre el giro estratégico y la construcción política

El Gobierno plantea la reconstrucción de las Fuerzas Armadas como un proceso de largo plazo y como política de Estado. Pero la temporalidad de los anuncios —reconocimiento en 2027, financiamiento atado a privatizaciones— sugiere una combinación de estrategia y gradualismo.

En el corto plazo, el foco estará en la implementación: cómo se traduce la mejora salarial, qué alcance real tiene la reorganización institucional y qué volumen de recursos logra canalizar el nuevo esquema. En paralelo, la política exterior sumará presión, con el frente Malvinas activo y la vigilancia sobre actividades en la región.

La decisión abre una nueva fase en la agenda del Gobierno. No solo redefine el lugar de las Fuerzas Armadas, también reintroduce la defensa como eje de poder estatal. Queda por ver si ese movimiento logra consolidarse como política sostenida o si queda condicionado por las variables económicas y el escenario internacional.

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La OTAN enfría la tensión por Groenlandia con diplomacia silenciosa y refuerza el eje Ártico-Atlántico

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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, confirmó que la Alianza trabaja “entre bastidores” para rebajar la tensión con Estados Unidos en torno a Groenlandia, a través de una “diplomacia reflexiva” y sin declaraciones públicas. La definición, formulada este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos, busca contener un foco de fricción entre aliados en un momento de máxima sensibilidad geopolítica, mientras la organización redobla su mensaje sobre la centralidad del Ártico, el Atlántico y Europa para la seguridad estadounidense y refuerza el compromiso con el gasto en defensa.

Rutte evitó pronunciarse de manera directa sobre Groenlandia y subrayó que “la única forma de abordar esta cuestión es mediante una diplomacia reflexiva”, una estrategia que, explicó, requiere discreción para preservar la capacidad de mediación. “No voy a comentar eso (Groenlandia)”, insistió, al recordar antecedentes de tensiones internas entre aliados —como las registradas entre Grecia y Turquía— en las que la conducción de la OTAN optó por no intervenir públicamente.

Diplomacia “entre bastidores” y control de daños entre aliados

El jefe de la Alianza Atlántica fue explícito respecto de los límites de su rol en el plano público: “Eso es imposible. ¿Por qué es imposible? Porque en cuanto lo haga, ya no podré ayudar de alguna manera (…) a otros líderes a rebajar la tensión”, afirmó. Y reforzó la idea: “Pueden estar seguros de que estoy trabajando en este tema entre bastidores, pero no puedo hacerlo en público”.

La postura quedó en evidencia luego de que el presidente de Estados Unidos publicara una captura de pantalla de un intercambio privado con Rutte, en el que el secretario general expresó su disposición a encontrar una salida consensuada: “Estoy deseando verte. Tuyo, Mark”, se lee en el mensaje difundido por Donald Trump. En paralelo, Rutte insistió en que el diferendo debe resolverse “de forma amistosa” y advirtió que “no es el problema principal”, en referencia a la guerra en Ucrania, por lo que manifestó su preocupación por un eventual desvío de la atención estratégica.

Groenlandia, el Ártico y la seguridad de Estados Unidos

Sin ingresar en definiciones políticas, Rutte encuadró el debate en términos de arquitectura de seguridad. Remarcó que la OTAN es “crucial” no solo para la defensa de Europa, sino también para la defensa de Estados Unidos, y sintetizó el enfoque geoestratégico de la Alianza: “Para que EE.UU. permanezca seguro, se necesita un Ártico seguro, un Atlántico seguro y una Europa segura”.

La referencia al Ártico coloca a Groenlandia en el centro de un tablero más amplio, donde la estabilidad regional y la coordinación entre aliados resultan claves para el control de rutas, la disuasión y la proyección defensiva. En ese marco, la diplomacia silenciosa aparece como un instrumento de gestión de riesgos para evitar escaladas innecesarias entre socios estratégicos.

Gasto en defensa, artículo 5 y presencia militar en Europa

En Davos, Rutte también abordó el debate sobre el gasto en defensa y el compromiso colectivo. Aseguró no tener “ninguna duda” de que, si se invoca el artículo 5 del Tratado de Washington sobre defensa mutua, Estados Unidos acudiría al rescate, al igual que el resto de los aliados, y subrayó que todos están “completamente integrados”.

El secretario general destacó un cambio de tendencia atribuido al actual contexto político: señaló que ocho grandes economías europeas —entre ellas España, Italia y Bélgica— y Canadá alcanzarán en 2025 el 2 % del PIB en gasto en defensa, cuando a principios de año estaban en torno al 1,5 %. “Ahora no soy muy popular entre ustedes porque defiendo a Donald Trump, pero realmente creo que pueden alegrarse de que él esté ahí, porque nos ha obligado a los europeos a dar un paso al frente”, sostuvo ante la audiencia.

Rutte añadió que Estados Unidos mantiene más de 80.000 soldados en Europa, pese a orientar crecientemente su defensa hacia Asia, y consideró “lógico” que Washington espere un mayor esfuerzo europeo. “Seguiremos teniendo una fuerte presencia convencional de EE. UU. en Europa también en el futuro. Y, por supuesto, el paraguas nuclear como nuestro máximo garante”, concluyó.

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Recambio en el Ejército: Passalacqua recibió al nuevo comandante de la XII Brigada de Monte

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El Gobernador Hugo Passalacqua recibió al nuevo comandante de la XII Brigada de Monte en el marco del recambio de autoridades del Ejército y ratificó el vínculo institucional entre Misiones y el Ejército Argentino

El gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, recibió este martes 23 de diciembre de 2025 al coronel Carlos Rodrigo Surraco, recientemente designado como nuevo comandante de la XII Brigada de Monte, con asiento en la ciudad de Posadas. El encuentro se realizó en el marco del proceso de recambio de autoridades dispuesto por el Ejército Argentino y contó también con la presencia del coronel mayor Carlos Julio Sanmillán, jefe saliente de la unidad.

La reunión tuvo un fuerte contenido institucional y simbólico, en tanto ratificó la continuidad del vínculo entre el Gobierno provincial y una de las principales unidades militares con presencia territorial en Misiones, provincia que ocupa un lugar estratégico dentro del despliegue del Ejército en el nordeste argentino. El gobernador dio la bienvenida formal al nuevo comandante y destacó el valor histórico, federal y operativo de las fuerzas armadas en la región.

Identidad histórica, arraigo territorial y continuidad institucional

Durante el encuentro, Passalacqua puso en valor el arraigo histórico del Ejército Argentino en Misiones y recordó que en el territorio provincial confluyen tradiciones militares profundamente ligadas a la construcción del Estado nacional. En ese marco, señaló que “en la provincia confluyen dos tradiciones militares profundamente emblemáticas: la de los Blandengues de Andresito, las milicias criollas comandadas por el caudillo guaraní Andrés Guacurarí y Artigas a comienzos del siglo XIX, y la del Regimiento de Infantería 1 ‘Patricios’, la unidad más antigua del Ejército Argentino, creada en 1806”.

El mandatario subrayó que estas referencias forman parte de la identidad histórica y federal de Misiones, y destacó la continuidad institucional que enlaza ese pasado con el presente del Ejército en la provincia. En ese sentido, la reunión se desarrolló en un clima de cordialidad y respeto institucional, donde se abordaron aspectos vinculados al rol actual del Ejército Argentino en Misiones y a la continuidad del trabajo articulado con el Gobierno provincial, en un contexto de estabilidad y cooperación entre las autoridades civiles y militares.

Al finalizar el encuentro, el gobernador acompañó a las autoridades militares hasta la salida de la Casa de Gobierno, donde compartió una breve reseña sobre la historia del edificio y su significado como sede del Poder Ejecutivo provincial, reforzando el carácter protocolar y simbólico de la visita.

El nuevo comandante y la trayectoria de la Brigada de Monte XII

El coronel Carlos Rodrigo Surraco asumió la conducción de la XII Brigada de Monte tras haberse desempeñado durante dos años como jefe del Regimiento de Artillería 1 “Brigadier General Tomás de Iriarte”, con asiento en Campo de Mayo, provincia de Buenos Aires. Su designación se inscribe en el proceso de reorganización dispuesto por el Ejército Argentino a nivel de conducción, orientado a la renovación de mandos y a la continuidad operativa de sus unidades.

En la nueva estructura de mando, el coronel Gustavo Daniel Barroso ocupará el cargo de segundo comandante y jefe de Estado Mayor de la brigada, completando el esquema de conducción de una de las unidades más relevantes del Ejército en el noreste del país.

La Brigada de Monte XII posee una extensa trayectoria en la región. Su historia se vincula a las reorganizaciones del Ejército Argentino durante el siglo XX y tuvo un punto decisivo el 26 de noviembre de 1979, con la creación del núcleo de la Brigada de Infantería XII, integrada por unidades de infantería, artillería, caballería, ingenieros y comunicaciones. Inicialmente, su asiento funcionó en dependencias de la División Reclutamiento y Movilización “Misiones”, con Cuartel General en Posadas, y en 1981 se trasladó a su edificio definitivo.

Desde entonces, la brigada ejerce jurisdicción sobre Misiones, el norte de Corrientes, Chaco y Formosa, consolidándose como un actor central en la estructura operativa del Ejército Argentino en el nordeste. La especialización en operaciones de monte se profundizó a partir de 1986, con el primer Curso de Cazadores de Monte, y se consolidó en 1991 con el establecimiento de la Aptitud Especial de Monte. Finalmente, en enero de 1992, la unidad adoptó la denominación Brigada de Monte XII, reforzando su perfil operativo en el ambiente selvático característico de la región.

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El Gobierno crea el Centro Nacional Antiterrorista bajo la órbita de la SIDE para coordinar la lucha contra el terrorismo

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El Gobierno crea el Centro Nacional Antiterrorista, un nuevo eje estratégico bajo la órbita de la Secretaría de Inteligencia de Estado. “No se combate con improvisación”, dijo Patricia Bullrich al presentar el organismo.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, presentó el Centro Nacional Antiterrorista, un organismo creado con el objetivo de articular las políticas de prevención y respuestas ante las amenazas de grupos armados extremistas, las que “no se combaten con improvisación”, consideró la funcionaria.

Según la candidata a senadora nacional de La Libertad Avanza por la Ciudad de Buenos Aires, el CNA “viene a cerrar una brecha histórica” debido a “la falta de coordinación entre organismos” públicos “para responder” a las intimidaciones del Estado Islámico (ISIS), Hamás, Al Qaeda y Hezbolá (implicado en los atentados a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994), entre otros.

De acuerdo a su explicación, la entidad funcionará bajo el control de la Secretaría de Inteligencia del Estado, al tiempo que la cartera de Seguridad se encargará de activar protocolos y coordinar fuerzas federales en todo el territorio nacional.

Por Decreto 717/2025, el Poder Ejecutivo formalizó la creación de un organismo destinado a integrar información, coordinar acciones y diseñar estrategias nacionales frente a las amenazas terroristas. La medida se enmarca en las recomendaciones del GAFI y busca fortalecer la cooperación internacional y la capacidad operativa del Estado argentino.

Un nuevo esquema de coordinación en inteligencia y seguridad nacional

El Gobierno nacional oficializó este 7 de octubre la creación del Centro Nacional Antiterrorista (CNA), que funcionará bajo la órbita de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), con el objetivo de centralizar el análisis, la coordinación y la respuesta frente al terrorismo.

El decreto 717/2025, firmado por el presidente Javier Milei y el ministro del Interior Guillermo Francos, define al CNA como un espacio de integración interinstitucional para recibir, analizar y compartir información estratégica, elaborar lineamientos y protocolos operativos y diseñar políticas específicas de prevención, detección y respuesta ante amenazas terroristas.

El organismo actuará como unidad de comando nacional y coordinará acciones con las fuerzas de seguridad federales, organismos de inteligencia, la UIF, la ARCA y Migraciones, además de ministerios clave como Defensa, Seguridad, Justicia y Relaciones Exteriores.

Según el texto oficial, el CNA contará con “recursos humanos y presupuestarios provistos por la SIDE” y su creación responde a la necesidad de fortalecer la capacidad estatal frente al “ciclo terrorista”, un concepto que comprende las fases de propaganda, radicalización, financiamiento, logística, reclutamiento y ejecución de actos terroristas.

Respuesta a recomendaciones internacionales y antecedentes locales

La medida surge en cumplimiento de observaciones formuladas por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) durante la Cuarta Ronda de Evaluación Mutua sobre la Argentina.
El informe del organismo recomendó “desarrollar medios y procedimientos adicionales para identificar actividades sospechosas de financiamiento del terrorismo”, más allá de los reportes de operaciones sospechosas, incluyendo una coordinación más estrecha entre organismos de inteligencia, justicia y seguridad.

El decreto recuerda también los ataques terroristas contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994), aún sin resolución judicial definitiva, y señala que el país “ha adoptado múltiples reformas normativas con escaso resultado operativo”, por lo que se busca ahora institucionalizar un esquema de gestión centralizada para la prevención y respuesta.

En los fundamentos, el Ejecutivo advierte que el fenómeno terrorista contemporáneo se ha complejizado, con redes transnacionales que vinculan el extremismo violento con el crimen organizado, el tráfico ilícito de armas y el financiamiento ilegal. En ese marco, la creación del CNA pretende “incrementar la cooperación internacional y garantizar la vigencia del Estado de Derecho” bajo una estructura especializada.

La norma cita antecedentes internacionales como la creación del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (tras los atentados del 11-S) y el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista de España (CITCO), instaurado luego del atentado de Madrid de 2004, como modelos de referencia en la materia.

Estructura, integración y funciones del nuevo organismo

El Centro Nacional Antiterrorista estará dirigido por la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), con una unidad operativa dedicada al diseño de directivas, estrategias y lineamientos técnicos, cuyo titular será designado a propuesta del Ministerio de Seguridad Nacional.

El CNA estará integrado por representantes de diez organismos del Estado nacional:

  • Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE)
  • Ministerio de Defensa
  • Ministerio de Seguridad Nacional
  • Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto
  • Ministerio de Justicia (a través de la Secretaría de Justicia)
  • Unidad de Información Financiera (UIF)
  • Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA)
  • Dirección Nacional de Inteligencia Criminal
  • Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar
  • Dirección Nacional de Migraciones

Además, el Ministerio Público Fiscal fue invitado a designar un enlace administrativo, y el CNA podrá convocar a organismos provinciales, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y entidades internacionales cuando sea necesario.

El organismo tendrá la potestad de requerir información a entidades públicas y privadas, celebrar convenios nacionales e internacionales, emitir informes y estadísticas oficiales sobre terrorismo, y proponer reformas legislativas y regulatorias para reforzar las capacidades estatales.

También podrá conformar Comités Especializados permanentes o temporarios, orientados a coordinar la respuesta frente a riesgos específicos o crisis vinculadas al terrorismo.

Un paso hacia una política integral de seguridad estratégica

El Decreto 717/2025 marca un punto de inflexión en la política de seguridad e inteligencia del país. La creación del CNA centraliza la información dispersa en distintos organismos y permite al Estado reaccionar con mayor rapidez y precisión frente a potenciales amenazas.

“El terrorismo no se combate con improvisación. Se combate con inteligencia, cooperación nacional e internacional, planificación y acción concreta. Eso es exactamente lo que va a hacer este centro”, agregó la ministra, quien remarcó que la Argentina será el primer país de América Latina en implementar una política pública de estas características.

La funcionaria estuvo acompañada por la secretaria de Seguridad, Alejandra Monteoliva,  el jefe de la SIDE, Sergio Darío Neiffert, y el subsecretario de Lucha contra el Narcotráfico, Ignacio Ernesto Cichello, durante la conferencia de prensa brindada en el barrio porteño de Recoleta.

La iniciativa, alineada con los estándares internacionales en la lucha contra el terrorismo, busca mejorar la capacidad preventiva y operativa del país, reforzando la cooperación interinstitucional y la articulación con organismos internacionales.

El Gobierno nacional sostiene que esta medida es parte de una estrategia de fortalecimiento institucional y defensa de los valores republicanos y democráticos, en un contexto global donde el terrorismo se presenta bajo formas no convencionales y vinculaciones financieras transnacionales.

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