DESARROLLO SOSTENIBLE

Periodistas y profesionales debatirán sobre el mercado de carbono en el ciclo +Verde del Círculo Thay

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El Círculo Thay impulsa la formación ambiental con un nuevo encuentro sobre mercado de carbono.

La segunda jornada del ciclo +Verde abordará los desafíos y oportunidades del mercado de carbono desde una mirada aplicada al territorio misionero y regional.

Comunicación y sostenibilidad: formación para periodistas y profesionales del sector

El Círculo Thay de Periodistas Agropecuarios de Misiones, junto a las organizaciones Cambium y Pomera, anunció la realización del segundo encuentro del ciclo de formación +Verde, un espacio diseñado para fortalecer la comunicación ambiental y promover el entendimiento técnico sobre cambio climático, sostenibilidad y mercado de carbono.

La capacitación se desarrollará el miércoles 5 de noviembre a las 18 horas, en modalidad virtual y abierta, a través de la plataforma Google Meet, y estará a cargo de la ingeniera Bibiana Duarte y el ingeniero Pablo Aquino, dos referentes del sector ambiental y forestal con amplia trayectoria en gestión climática y desarrollo territorial.

La propuesta, que se presenta como gratuita y de libre acceso, busca brindar herramientas conceptuales y prácticas a periodistas, comunicadores, técnicos y estudiantes interesados en comprender el funcionamiento del mercado de carbono, su aplicación en proyectos locales y su rol en la transición hacia una economía baja en emisiones.

Mercado de carbono: teoría, proyectos y desafíos locales

El eje del segundo módulo del ciclo se titula “Mercado de carbono: de la teoría a los proyectos en el territorio”, y propone analizar cómo los mecanismos de compensación de emisiones pueden convertirse en instrumentos de desarrollo sostenible cuando se aplican con criterios técnicos, ambientales y sociales sólidos.

“El mercado de carbono no es solo una herramienta financiera, sino una oportunidad para que las economías regionales puedan generar valor a partir de la conservación de los ecosistemas”, destacan desde la organización del ciclo +Verde.

Durante el encuentro se abordarán temas como el funcionamiento del sistema de créditos de carbono, las certificaciones internacionales, los estándares de verificación y los desafíos para su implementación en territorios con alta biodiversidad, como Misiones.

También se analizarán casos de proyectos concretos de captura y compensación de carbono, con foco en las experiencias que articulan al sector productivo, la ciencia y las comunidades locales.

Una alianza por la comunicación ambiental y la acción climática

El ciclo +Verde nació como una iniciativa conjunta del Círculo Thay de Periodistas Agropecuarios de Misiones, Cambium y Pomera, con el objetivo de fortalecer la formación en comunicación ambiental aplicada a los nuevos desafíos globales.

En su primera edición, el ciclo abordó los fundamentos científicos del cambio climático y los marcos regulatorios internacionales, y esta segunda jornada avanza hacia una dimensión más práctica y territorial del tema.

“Queremos que los comunicadores, técnicos y actores del sector productivo tengan las herramientas necesarias para explicar, analizar y participar de los procesos de adaptación y mitigación que ya están en marcha”, señalaron desde el Círculo Thay.

La convocatoria al encuentro está abierta y las inscripciones pueden realizarse a través del formulario disponible en el siguiente enlace: https://forms.gle/p8PBUAkpxmZfeET17.

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El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras propone repensar la crisis climática y territorio

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Crisis climática y fronteras: el LIF celebra su décimo aniversario con un ciclo de conferencias internacionales.

El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) del CONICET-UNaM lanza una propuesta para repensar los territorios y las geografías del cambio climático con la participación de destacados especialistas de Argentina y Canadá.

Un espacio de reflexión interdisciplinaria sobre los territorios en crisis

En el marco de su décimo aniversario, el Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF), perteneciente al Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH, CONICET-UNaM), organiza un nuevo encuentro dentro del Ciclo de Conferencias sobre Fronteras, que busca abrir el debate sobre los límites, las tensiones y las transformaciones espaciales en un mundo atravesado por el cambio climático.

La conferencia titulada “Los lugares, territorios y terrenos de un mundo en llamas. Una tríada espacial para la crisis climática” se realizará el martes 4 de noviembre a las 17 horas (Argentina) en modalidad virtual, y será transmitida en vivo a través del canal de YouTube @iesyh.conicetunam.

El evento contará con la disertación del Dr. Gastón Gordillo, investigador de la Universidad de British Columbia (Canadá), reconocido por sus estudios sobre geografía crítica, territorialidad y espacialidad en contextos de conflicto y transformación ambiental.

La conferencia será comentada por Facundo Rojas, investigador del IANIGLA (CONICET-Universidad Nacional de Cuyo), y moderada por Tania Porcaro, integrante del Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires (GEFRE).

Una tríada espacial para entender el cambio climático

El encuentro propone repensar las dimensiones espaciales de la crisis climática a partir de tres conceptos centrales —lugar, territorio y terreno—, en el marco de un mundo marcado por los incendios forestales, el extractivismo y la degradación ambiental.

“Reflexionaremos sobre cómo los incendios y los desastres ecológicos reconfiguran las nociones tradicionales de espacio, y cómo el territorio se convierte en un campo de disputa política, económica y simbólica”, señalaron desde la organización del LIF.

La propuesta busca tender puentes entre la geografía crítica, la antropología, la ecología política y los estudios ambientales, promoviendo un diálogo entre investigadores del norte y del sur global sobre las fronteras como espacios dinámicos de conflicto y resistencia.

Este ciclo se inscribe en una línea de trabajo consolidada por el LIF en la última década. Orientada al análisis de las fronteras geográficas, sociales, culturales y epistemológicas desde una mirada interdisciplinaria.

Una década de investigación sobre fronteras y territorialidades

El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) celebra en 2025 diez años de trayectoria como espacio de referencia en el estudio de las dinámicas de frontera en América del Sur. Integrado al IESyH (CONICET-UNaM), el laboratorio ha impulsado investigaciones sobre movilidad, soberanía, extractivismo, migraciones, pueblos originarios y conflictos ambientales en zonas de frontera.

El ciclo de conferencias, que se desarrolla a lo largo de todo el año, tiene como propósito fortalecer la red académica regional e internacional. Y consolidar un enfoque crítico sobre las transformaciones territoriales contemporáneas.

“El LIF reafirma su compromiso con la producción de conocimiento situado, interdisciplinario y con perspectiva latinoamericana”, destacaron desde la organización.

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Un superrico contamina con carbono 400 veces más que un pobre

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Inter Press Service – Una persona del 0,1 por ciento más rico del mundo emite más de 800 kilos de dióxido de carbono (CO2) al día, mientras que alguien del 50 % más pobre emite una media de solo dos kilos diarios, muestra el más reciente informe, sobre el desastre climático, de la coalición internacional contra la pobreza Oxfam.

“La crisis climática es una crisis de desigualdad. Las personas más ricas del mundo están financiando y beneficiándose de la destrucción del clima, dejando que la mayoría de la población mundial soporte las fatales consecuencias de su poder sin control”, afirmó Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam International.

El estudio, colmado de datos y cifras y titulado “El saqueo climático: cómo unos pocos poderosos están llevando al mundo al desastre”, se realizó de cara a la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se inicia el 10 de noviembre en Belém, una ciudad de la Amazonia brasileña.

Revela que los estilos de vida de los superricos están agotando el presupuesto de carbono restante del mundo. Es decir, la cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático.

Una persona del 0,1 % más rico (a lo sumo unos ocho millones en una población mundial que rebasa los 8200 millones) produce más contaminación por carbono en un día que alguien del 50 % más pobre en todo un año.

Desde 1990, el 0,1 % más rico ha aumentado su cuota de emisiones totales en 32 %. Mientras que la mitad más pobre de la humanidad ha visto reducir su cuota en tres por ciento.

Si todo el mundo emitiera carbono como el 0,1 % más rico, el presupuesto de carbono —la cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático— se agotaría en menos de tres semanas.

Para mantenerse dentro de los límites del umbral de 1,5 grados centígrados (°C), el 0,1 % más rico tendría que reducir sus emisiones per cápita en 99 % para 2030.

Con el Acuerdo de París de 2015, la casi totalidad de las naciones pactaron trabajar para que el calentamiento del planeta no superase el umbral de 1,5 °C sobre la temperatura media de la era preindustrial (1850-1900) para el año 2050, ni más de dos grados para finales de este siglo.

Las emisiones del uno por ciento más rico son suficientes para causar 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor a finales de siglo. Así como 44 billones (millones de millones) de dólares de daños económicos a los países de ingresos bajos y medios-bajos para 2050.

Los efectos de estos daños climáticos afectarán de manera desproporcionada a quienes menos han contribuido a la crisis climática. En particular a las personas que viven en el Sur global, con mayor impacto en las mujeres, las niñas y los grupos indígenas, indica Oxfam.

La investigación también detalla cómo los multimillonarios están utilizando su influencia política y económica para mantener a la humanidad dependiente de los combustibles fósiles. Con el fin de maximizar sus beneficios privados.

Señala que los súper ricos no solo consumen carbono en exceso. Sino que también invierten activamente en las empresas más contaminantes y se benefician de ellas.

El multimillonario promedio produce 1,9 millones de toneladas de CO2 equivalente al año a través de sus inversiones, revela la investigación. Esos multimillonarios tendrían que dar casi 10 000 vueltas al mundo en sus jets privados para emitir semejante cantidad.

Casi 60 % de las inversiones de los multimillonarios se clasifican como sectores de alto impacto climático, como el petróleo o la minería. Lo que significa que sus inversiones emiten dos veces y media más que una inversión media en el índice de capitalización bursátil S&P Global 1200.

Las emisiones de las carteras de inversión de solo 308 multimillonarios suman más que las emisiones combinadas de 118 países.

El poder y la riqueza de las personas y empresas multimillonarias también les han permitido ejercer una influencia injusta en la elaboración de políticas. Y diluir las negociaciones sobre el clima, sostiene el reporte de Oxfam.

En la COP29 (en Bakú, 2024), se concedieron acreditaciones a 1773 lobistas del carbón, el petróleo y el gas. Más que a los 10 países más vulnerables al clima juntos.

Varios países ricos y con altas emisiones, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, han diluido las leyes climáticas tras recibir grandes donaciones de los lobistas contrarios al clima.

Behar comentó que “los súper ricos y las empresas que dirigen tienen un historial mortífero de financiar a grupos de presión, difundir desinformación sobre el clima. Y demandar a las ONG y los gobiernos que intentan interponerse en su camino”.

“Debemos romper el dominio de los superricos sobre la política climática gravando su riqueza extrema, prohibiendo sus actividades de presión. Y, situando a los más afectados por la crisis climática en primera línea de la toma de decisiones”, agregó el responsable de Oxfam.

La coalición presenta una serie de demandas en el contexto de la COP30. Comenzando por reducir drásticamente las emisiones de los súper ricos. Y hacer que los contaminadores más ricos paguen -mediante impuestos sobre la riqueza extrema- tributos sobre los beneficios excesivos de las empresas de combustibles fósiles.

Estima que un impuesto de 60 % sobre los ingresos totales del uno por ciento más rico a nivel mundial podría reducir las emisiones de carbono equivalentes al total de las del Reino Unido y generar alrededor de 6,4 billones de dólares.

Apunta a frenar la influencia económica y política de los más ricos. Prohibiendo a las empresas de combustibles fósiles participar en negociaciones climáticas como la COP. Con normas de sostenibilidad a las empresas y las instituciones financieras.

Propone reforzar la participación de la sociedad civil y los grupos indígenas en las negociaciones sobre el clima. Y abordar los efectos desiguales del cambio climático.

Además, adoptar un enfoque de reparto equitativo del presupuesto climático restante, comprometiéndose con las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC en inglés) que reflejen la responsabilidad histórica y la capacidad de actuar, y garantizando que los países ricos proporcionen una financiación climática ambiciosa.

Finalmente expresa como propuesta “construir un sistema económico equitativo que anteponga a las personas y al planeta. Rechazando la economía neoliberal dominante y avanzando hacia una economía basada en la sostenibilidad y la igualdad”.

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La pérdida forestal mundial, muy lejos de los compromisos globales

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Por Umar Manzoor Shah / Inter Press Service – La Evaluación de la Declaración Forestal 2025 advierte que la pérdida forestal mundial sigue siendo alarmantemente alta, sin apenas signos de mejora.

El informe, publicado el 14 de octubre por una coalición de grupos de investigación internacionales y organizaciones de la sociedad civil. Afirma que solo en 2024 se destruyeron casi 8,1 millones de hectáreas de bosques. Lo que deja al planeta  63 % por debajo del objetivo de deforestación cero prometido en la Declaración de los Líderes de Glasgow, durante la 26 Conferencia de las Partes (COP26), celebrada en esa ciudad escocesa en 2021.

El informe describe 2025 como «un punto medio peligroso» en la década de compromisos forestales.

Afirma que “los bosques mundiales siguen en crisis. A pesar del papel indispensable de los bosques, el veredicto es claro: estamos lejos de alcanzar el objetivo de detener y revertir la deforestación para 2030”.

Los bosques, señala el informe, son “una infraestructura indispensable para la estabilidad del planeta”. Ya que proporcionan medios de vida a más de mil millones de personas y albergan a 80 % de las especies terrestres.

El informe afirma que la COP30, que va a celebrarse en noviembre en la ciudad de Belém, en plena Amazonia brasileña. Es una oportunidad «fundamental» para pasar de los meros compromisos a la acción concreta en materia forestal.

“Bajo el liderazgo de Brasil, que ostenta la presidencia de la COP30, se espera que los países forjen vínculos más fuertes entre el clima, los bosques y la biodiversidad ampliando los compromisos en todo el sector terrestre”, afirma el informe.

Añade que esto incluye ampliar la financiación innovadora para los bosques en pie. Promover cadenas de suministro libres de deforestación y conversión, apoyar sistemas alimentarios resilientes. Y defender los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

El informe pide que los compromisos forestales se incorporen a la próxima ronda de contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC). Los compromisos climáticos voluntarios de los países parte de la COP, de modo que el balance mundial impulse avances tangibles a nivel nacional e internacional.

Una de las autoras del informe, Erin Matson, afirmó que las razones que explican el fracaso en la reducción de la deforestación son muchas y complejas. Pero entre ellas se encuentra la drástica desalineación de la financiación derivada de un sistema económico que recompensa las actividades que dañan los bosques. En lugar de conservar los bosques en pie.

“Tanto la financiación pública como la privada están desajustadas. Por ejemplo, se gastan en promedio 409 000 millones de dólares al año (2021-2023) en todo el mundo en subvenciones agrícolas perjudiciales para el medio ambiente. Frente a solo 1700 millones de dólares destinados a pagos por servicios ecosistémicos a los productores agrícolas”, dijo.

Añadió que en 2024 “las 150 instituciones financieras evaluadas por Forest 500 tenían 8,9 billones (millones de millones) de dólares en financiación activa para las empresas más expuestas al riesgo de deforestación en sus cadenas de suministro”.

Según Matson, la gobernanza débil se caracteriza por varios elementos cruciales:

Una corrupción endémica (que permite a las redes criminales y a las élites con recursos suficientes beneficiarse impunemente de la destrucción ilegal o ilícita de los bosques) y una aplicación de la ley inadecuada y mal orientada (que a menudo se centra en los pequeños actores que se dedican a la tala ilegal o ilícita de bosques, pero deja libres a los grandes culpables).

Además, de la inseguridad de los derechos de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Lo que limita gravemente su capacidad para gestionar y proteger sus territorios forestales.

«Otra razón es la falta de voluntad política y el cortoplacismo. En general, la mayoría de los líderes gubernamentales, empresariales y financieros han tendido, durante la última década, a dar prioridad a políticas y enfoques que reportan beneficios a corto plazo (como el crecimiento económico y el aumento de los beneficios) sin abordar los riesgos y daños fundamentales derivados de la pérdida de naturaleza que socavan la estabilidad y la prosperidad económica y social a medio y largo plazo», afirmó Matson.

Pérdidas crecientes, promesas incumplidas

Según la evaluación, las tasas de deforestación apenas han variado desde 2015. Cuando los gobiernos y las empresas comenzaron a asumir compromisos firmes para la protección de los bosques.

Los 8,1 millones de hectáreas perdidas en 2024 superaron con creces el límite máximo anual de cinco millones de hectáreas necesario para mantener el rumbo.

La mayor parte de esta destrucción se produjo en las regiones tropicales, donde tuvo lugar 94 % de toda la deforestación mundial. Las emisiones resultantes fueron asombrosas: 4200 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente, más que las emisiones anuales de la Unión Europea (UE).

«Cada año que la curva no se inclina, nos quedamos más atrás. La deforestación continúa al mismo ritmo que hace diez años. Eso no es una desaceleración, es un estancamiento», se lee en el informe.

Las más afectadas fueron las selvas tropicales primarias, que almacenan grandes cantidades de carbono y albergan una biodiversidad irremplazable.

En 2024 se destruyeron alrededor de 6,7 millones de hectáreas de selva primaria. Lo que liberó 3100 millones de toneladas métricas de CO₂, casi 150 % de las emisiones anuales del sector energético de Estados Unidos.

El informe califica esta situación de «emergencia ecológica y climática» y advierte de que gran parte de esta pérdida es irreversible.

«Estos bosques tardan siglos en formarse. Una vez que el bosque primario desaparece, ningún proyecto de restauración puede recuperarlo en una generación. El daño es permanente durante nuestra vida», afirma el informe.

La cuenca del Amazonas sigue siendo el epicentro de la degradación forestal mundial y de las emisiones relacionadas con los incendios. Los incendios en la Amazonia en 2024 liberaron 791 millones de toneladas métricas de CO₂, superando las emisiones totales de Alemania.

Bolivia perdió 9 % de sus bosques tropicales húmedos intactos restantes, mientras que Brasil fue responsable de la mitad de toda la degradación en la cuenca amazónica, que engloba a ocho países sudamericanos, además del territorio de la Guayana Francesa.

La agricultura es la principal causa de la pérdida de bosques

El informe identifica la agricultura permanente como la principal causa de la deforestación, responsable de 86 % de la pérdida forestal mundial en la última década. Los bosques se talan para dar paso a cultivos, pastos y plantaciones de productos básicos como el aceite de palma, la soja y el caucho. La minería, la expansión de las infraestructuras y la especulación inmobiliaria añaden aún más presión.

El consumo interno es un factor importante. Por ejemplo, en América Latina, el consumo de carne de vacuno y productos de pastoreo de la región es la principal causa de la deforestación.

Por el contrario, la deforestación en Asia y África está relacionada con una gama más amplia de productos de exportación.

Estudios recientes citados en el informe muestran que los países desarrollados, especialmente Estados Unidos y varios países europeos, provocan una pérdida sustancial de biodiversidad en el extranjero a través de los productos importados. Entre 2000 y 2015, los 24 países más industrializados causaron aproximadamente 13 % de la pérdida de biodiversidad forestal mundial a través del comercio internacional.

La evaluación también señala que «la corrupción, la débil aplicación de la ley y los deficientes sistemas de tenencia de la tierra» contribuyen de manera significativa a la deforestación. Estas fallas de gobernanza permiten la apropiación ilegal de tierras y la tala no regulada, lo que socava los esfuerzos de conservación.

Según Matson, la deforestación impulsada por las materias primas es compleja porque está causada por varios factores. Entre ellos los patrones de demanda de materias primas, tanto para el consumo interno como para el comercio internacional. Las regulaciones comerciales y los aranceles que pueden cambiar las zonas de producción y los flujos de materias primas.

También la impulsa la dinámica del uso de la tierra a nivel nacional, como la especulación inmobiliaria, en la que se considera que el valor de la tierra aumenta una vez que se ha talado el bosque; y la débil aplicación de la ley. Se estima que entre 69 % y 94 % de la deforestación tropical es ilegal.

«Para cambiar este patrón, necesitamos múltiples acciones que se complementen entre sí. Una inversión en una aplicación de la ley justa, equitativa y receptiva para hacer frente a la deforestación ilegal y hacer que no sea rentable talar tierras ilegalmente», afirmó.

Y añadió: «Regulaciones comerciales que prohíban la importación de productos básicos producidos en tierras deforestadas después de una fecha determinada (como 2020), combinadas con inversiones en sistemas de trazabilidad y regulaciones de diligencia debida para garantizar que estas regulaciones se puedan aplicar».

Matson abogó por la adopción y aplicación de normativas de diligencia debida para abordar la deforestación relacionada con el consumo interno de productos básicos.

«Necesitamos esfuerzos y campañas que tengan como objetivo cambiar los patrones de consumo, cuando sea culturalmente apropiado. Por ejemplo, reduciendo el consumo de carne en los países de altos ingresos y alto consumo, pasando a las proteínas de origen vegetal y al consumo de productos básicos certificados libres de deforestación», dijo

Los incendios y la degradación multiplican la amenaza

Mientras que la deforestación elimina bosques enteros, la degradación debilita los que quedan.

En 2024, alrededor de 8,8 millones de hectáreas de bosques tropicales húmedos se degradaron, el doble del nivel compatible con detener la degradación para 2030. El informe califica la degradación como una «crisis invisible», a menudo pasada por alto en los debates políticos, pero igual de perjudicial para la biodiversidad y la estabilidad climática.

La degradación provocada por los incendios, especialmente en la Amazonia, fue la principal causa de estas pérdidas. Las sequías extremas, la mala gestión forestal y las quemas deliberadas para despejar la tierra han hecho que los incendios sean más destructivos.

Según el informe, la Amazonia ardió a una escala que no se había visto en décadas. Estos incendios ya no son acontecimientos aislados, sino síntomas de un ecosistema estresado que ha superado sus límites.

El informe advierte de que los bosques degradados son mucho más propensos a ser deforestados posteriormente, lo que crea un ciclo de declive. Los datos de América Latina, África y Asia muestran que, una vez que la cobertura del dosel arboreo cae por debajo de 50 %, el riesgo de deforestación total aumenta considerablemente.

La degradación es una señal de alarma. El informe afirma que, cuando los bosques comienzan a perder estructura, a menudo se produce la deforestación.

El seguimiento de la degradación sigue siendo un gran reto debido a la escasez de datos a nivel mundial. La mayoría de los informes nacionales se centran únicamente en la pérdida de la cubierta arbórea, y no en la salud de los bosques o la función de los ecosistemas. El informe insta a los gobiernos a integrar los indicadores de degradación en los marcos climáticos y de biodiversidad.

«Consideramos que la degradación forestal es una «crisis silenciosa» porque está muy extendida y es muy perjudicial para la salud y la resiliencia de los bosques. Pero a menudo pasa desapercibida porque es más difícil de detectar y rastrear que la deforestación», djo Matson.

«A diferencia de la deforestación, no existe una definición acordada a nivel mundial ni un enfoque de seguimiento estandarizado para la degradación forestal», añadió.

La autora del informe precisó que «los países que informan a la Evaluación de los Recursos Forestales de la FAO pueden establecer sus propias definiciones nacionales siguiendo las directrices de la FRA 2025».

Pero el hecho de que no haya uniformidad «dificulta la comparación de datos entre regiones o la captura de los impactos acumulativos de la tala, los incendios y otras perturbaciones en la calidad de los bosques», explicó.

Añadió que otros marcos han animado a los países a establecer definiciones y criterios de seguimiento de la degradación forestal, como la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación forestal (REDD+). Por ello, adujo, los países en los que el seguimiento de la degradación está más avanzado son los que han avanzado en los programas REDD+.

«Cuando existen incentivos para supervisar y notificar con precisión la degradación, los sistemas mejoran», consideró Matson.

«La degradación forestal contribuye de manera significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero y también afecta a la biodiversidad, por lo que los países deben establecer objetivos pertinentes, como primer paso, en sus NDC  y en sus NBSAP (estrategias y planes de acción nacionales sobre biodiversidad)», afirmó Matson.

Los esfuerzos de restauración muestran potencial, pero se quedan atrás

A pesar de las sombrías tendencias, la evaluación destaca algunos avances positivos. En septiembre de 2025, había proyectos de restauración activos en 10,6 millones de hectáreas de tierras deforestadas y degradadas. Estos esfuerzos incluyen programas de reforestación, agrosilvicultura y regeneración natural, principalmente en regiones tropicales.

Sin embargo, la cifra representa solo 0,3 % del potencial de restauración forestal mundial, muy por debajo del objetivo de 30 % establecido en el Marco Mundial de Kunming-Montreal para la Diversidad Biológica.

El seguimiento sigue siendo otra área débil. Gran parte de los datos disponibles provienen de fuentes fragmentadas o superpuestas, como la base de datos Restor y los observatorios nacionales. El informe advierte que, sin un seguimiento global unificado, el progreso de la restauración seguirá siendo poco conocido.

La evaluación pide un seguimiento más amplio en el marco del Marco de las Naciones Unidas para el Seguimiento de la Restauración de los Ecosistemas. Que combina datos cuantitativos con información cualitativa sobre la eficacia de los proyectos y la participación local. Persisten las deficiencias en materia de gobernanza y financiación.

El informe destaca que el progreso depende de cambios sistémicos, no de éxitos aislados. Mientras que países como Brasil han reducido la deforestación mediante una aplicación estricta de la ley y una planificación inclusiva del uso de la tierra. Otros han visto cómo sus logros se veían anulados por cambios políticos o una aplicación deficiente.

La financiación para la protección y la restauración de los bosques sigue siendo muy insuficiente. El informe concluye que la financiación positiva para los bosques sigue siendo una fracción de los fondos que apoyan actividades que dañan los bosques, como los subsidios a los combustibles fósiles y la agricultura industrial. Pide que se reformen los sistemas financieros para redirigir el capital hacia el uso sostenible de la tierra.

La evaluación también destaca que las comunidades indígenas y locales siguen estando infrarrepresentadas en la toma de decisiones sobre los bosques, a pesar de gestionar algunos de los ecosistemas más intactos del mundo. La ampliación del reconocimiento legal de los derechos sobre la tierra y la garantía de la participación de la comunidad se describen como «condiciones no negociables» para el progreso.

«Los obstáculos para ampliar la restauración son complejos y se refieren principalmente a aspectos financieros, de gobernanza y estructurales. La restauración suele carecer de financiación suficiente porque los beneficios solo se obtienen a largo plazo. Y las ventajas ecológicas —como el almacenamiento de carbono, la regulación del agua o la biodiversidad— no se valoran plenamente en los mercados», dijo Matson.

«La financiación pública para la restauración tiende a ser a corto plazo o basada en proyectos. Mientras que la financiación privada se muestra reacia debido a los altos riesgos percibidos. Los modelos de ingresos poco claros o la simple falta de proyectos o iniciativas en los que invertir», añadió.

Afirmó que, en lo que respecta a las políticas, muchos países carecen de una tenencia de la tierra clara, de incentivos a largo plazo y de marcos que permitan una restauración a gran escala.

«Integrar la restauración en los planes nacionales de clima, biodiversidad y desarrollo rural, y armonizar los sistemas de financiación, tenencia y seguimiento en consecuencia, incentivaría y canalizaría la acción colectiva para desarrollar enfoques de restauración globales a escala paisajística que vayan más allá de proyectos individuales y dispersos», afirmó Matson.

Deforestación y dinámica del mercado

A solo cinco años de la fecha límite de 2030, el informe afirma que los cambios incrementales no serán suficientes. «Esta crisis no puede quedar relegada a un segundo plano», afirma el informe. «Los éxitos aislados no salvarán los bosques del mundo. Necesitamos una reforma estructural que convierta la protección de los bosques en la norma, no en la excepción», añade.

Los expertos afirman que para revertir las tendencias actuales será necesaria una acción coordinada entre la agricultura, el comercio y las finanzas.

A su juicio, los gobiernos deben cerrar las lagunas legales que permiten la entrada en los mercados de productos relacionados con la deforestación. Las empresas deben rastrear y divulgar sus cadenas de suministro. Y los prestamistas internacionales deben alinear la financiación con los objetivos medioambientales.

«A medio y largo plazo, tenemos que hacer que la conservación y la gestión sostenible de los bosques sean más atractivas y rentables que la deforestación legal. Y eso requiere cambiar los incentivos financieros: reformar las subvenciones; establecer pagos por mantener los bosques en pie, como el Fondo Tropical Forests Forever; y aumentar los pagos por los programas de servicios ecosistémicos para agricultores y silvicultores», dijo Matson.

«Gran parte de la deforestación responde en gran medida a la dinámica del mercado. Cuando sube el precio del oro, se produce una mayor deforestación para la extracción de este metal. Por lo tanto, contrarrestar esos incentivos financieros perjudiciales con otros positivos debe formar parte de cualquier solución permanente a la crisis de la deforestación», concluyó.

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Misiones, referente en bioeconomía y acción climática rumbo a la COP30 en Brasil

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Misiones reafirma su liderazgo ambiental en el Encuentro Federal “Camino a la COP30” en Paraná, Entre Ríos.

La provincia consolidó su rol en la Alianza Verde Argentina y compartió su experiencia en políticas de acción climática junto a gobiernos subnacionales, organismos internacionales y el sector privado.

Un espacio estratégico rumbo a la COP30 en Belém

La provincia de Misiones volvió a destacarse en la agenda climática nacional tras su participación en el Encuentro Federal “Camino a la COP30”, realizado en Paraná, Entre Ríos. El evento, organizado en el marco de la Alianza Verde Argentina (AVA), reunió a representantes de las provincias de Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Jujuy y Santa Fe, consolidando este espacio como la principal instancia de articulación territorial frente a los desafíos del cambio climático.

El encuentro, celebrado en el MiradorTEC, fue la segunda edición de la antesala argentina a la cumbre global de Naciones Unidas sobre cambio climático (COP30), que se desarrollará en Belém, Brasil, en 2025, cuando se cumplan diez años del Acuerdo de París.
Misiones —que el año pasado había sido sede de la PreCOP29 en Posadas— participó como invitada especial, reafirmando su papel pionero en materia de bioeconomía, conservación y acción climática regional.

La jornada contó con la participación de delegaciones de la Unión Europea, GIZ Argentina, el Consejo Federal de Inversiones (CFI), el Banco Mundial, y representantes del sector privado como Grupo Petersen, Genesis y BYMA, además de referentes académicos y de organizaciones ambientales.

Misiones y la Alianza Verde Argentina: cooperación y liderazgo subnacional

Durante el encuentro, Misiones presentó los avances logrados en materia de acción climática y fortaleció vínculos con provincias que aún no integran formalmente la Alianza Verde Argentina, una red que promueve políticas territoriales sostenibles a nivel federal.
La representación misionera destacó el enfoque de la provincia en torno a la protección de la biodiversidad, la gestión sostenible de los bosques y el impulso de la bioeconomía, pilares que posicionan a Misiones como un referente nacional e internacional en la transición ecológica.

Los debates de la cumbre abordaron ejes centrales como la transición justa hacia economías bajas en carbono, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) y los mecanismos de financiamiento climático, temas considerados prioritarios en el camino hacia la COP30.
Expertos del Banco Mundial y de entidades financieras nacionales y extranjeras analizaron los desafíos del acceso al financiamiento para los territorios y la necesidad de movilizar capital verde hacia proyectos ambientales de impacto.

En paralelo, el sector privado y los mercados financieros debatieron sobre el rol de la banca, los bonos verdes y los mercados de carbono como instrumentos de apoyo a la sostenibilidad.
La participación de Pedro Friedrich, de la Fundación Banco de Bosques, aportó una mirada sobre la importancia de las áreas protegidas y la conservación de la biodiversidad, un tema clave en la previa a la COP amazónica.

Rumbo a Belém: una agenda climática con acento federal

El Encuentro Federal Camino a la COP30 no solo buscó consolidar consensos técnicos, sino también fortalecer la voz subnacional argentina de cara a la negociación internacional. En ese marco, la participación de Misiones refuerza su rol estratégico en el Corredor Verde y en la protección del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.

La Alianza Verde Argentina se consolida así como un espacio federal de cooperación climática, que articula gobiernos, organismos internacionales y el sector privado en torno a una misma meta: avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible, resiliente y con equidad territorial.
Camino a Belém, las provincias argentinas se preparan para llevar una posición común que refleje sus realidades, necesidades y aportes en materia de mitigación, adaptación y financiamiento climático.

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