Deuda externa

Los sistemas de seguimiento de deuda demuestran ser inadecuados

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El 40 % de los países de ingreso bajo no han publicado datos de su deuda soberana durante más de dos años. Un nuevo informe del Banco Mundial presenta una evaluación completa de la transparencia de la deuda en estas economías, y proporciona una hoja de ruta para los responsables de formular políticas sobre cómo aumentar la transparencia de la deuda.

En un contexto de niveles récord de deuda soberana, se observan enormes brechas en los sistemas de seguimiento de deuda. La presentación de informes incongruentes representa un riesgo adicional para los países más pobres

En un momento en que la deuda soberana de los países más pobres ha alcanzado niveles extremadamente altos, los sistemas mundiales y por país para realizar su seguimiento demuestran ser inadecuados. Estas brechas hacen más difícil evaluar la sostenibilidad de la deuda, y en los países sobreendeudados reestructurar la deuda de manera inmediata y generar una recuperación económica duradera, según un nuevo informe del Banco Mundial.

El informe, Debt Transparency in Developing Economies (La transparencia de la deuda en las economías en desarrollo), constituye la primera evaluación integral de los sistemas mundiales y nacionales de supervisión de la deuda soberana. Según esta publicación, la vigilancia de la deuda hoy depende de una combinación de bases de datos con diferentes normas y definiciones y distintos grados de confiabilidad, confeccionadas por diversas organizaciones. Estas incongruencias dan lugar a grandes variaciones en los registros de la deuda disponibles públicamente en las economías de ingreso bajo: alcanzan hasta el 30 % del PIB de un país, en algunos casos.

“Los países más pobres saldrán de la pandemia de COVID-19 con las cargas de deuda más grandes de las últimas décadas, pero una transparencia limitada de la deuda retrasará aspectos críticos como la conciliación y la reestructuración de la deuda”dijo David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial. “Mejorar la transparencia de la deuda requiere un marco sólido de gestión de la deuda pública, un registro y sistemas de gestión de la deuda integrados, y mejoras en la supervisión mundial de la deuda. Las instituciones financieras internacionales, los deudores, los acreedores y otras partes interesadas, tales como las agencias de calificación crediticia y la sociedad civil, tienen que desempeñar un papel clave para fomentar la transparencia de la deuda”.

Según el estudio, el 40 % de los países de ingreso bajo no han publicado datos de su deuda soberana durante más de dos años, y muchos de aquellos que  la publican tienden a limitar la información a la deuda del Gobierno central. Muchos países en desarrollo están recurriendo cada vez más a préstamos respaldados por recursos, con los cuales los Gobiernos aseguran la financiación poniendo futuros flujos de ingresos como garantía. Los préstamos respaldados por recursos representaron un 10 % de los nuevos préstamos en la región de África al sur del Sahara entre 2004 y 2018. Más de 15 países tienen dicha deuda, pero ninguno proporciona detalles sobre los acuerdos de garantía.

Los bancos centrales también están utilizando herramientas de política monetaria, tales como acuerdos de recompra y swaps, a fin de facilitar la deuda pública externa. Pero esta deuda no está claramente identificada en los balances de los bancos centrales ni surge de las bases de datos de las instituciones financieras internacionales. Los mercados internos de deuda de las economías más pobres tampoco son transparentes: según el informe, solo el 41 % de estas economías utilizan subastas de mercado como el principal canal para emitir deuda interna. Y los países que utilizan subastas solo divulgan información irregular a los inversores.

El Grupo Banco Mundial ha considerado desde hace mucho tiempo a la transparencia de la deuda un paso fundamental del proceso de desarrollo de los países, dado que esta facilita nuevas inversiones, mejora la rendición de cuentas y contribuye a reducir la corrupción. El Sistema de Notificación de la Deuda global del Banco Mundial sigue siendo la única fuente más importante de información verificable acerca de la deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano. Todos los países que reciben financiamiento del Banco Mundial —más de 100— deben informar los detalles de la deuda externa de cualquier organismo gubernamental. Asimismo, la Política de Financiamiento Sostenible para el Desarrollo del Banco Mundial incentiva a los países que pueden recibir asistencia de la AIF a implementar medidas de política sobre desempeño concretas a fin de mejorar la transparencia de la deuda, la sostenibilidad fiscal y la gestión de la deuda.

Lograr una supervisión eficaz de la deuda no será sencillo, pero puede lograrse. El informe incluye una lista detallada de recomendaciones, clasificadas en función de su urgencia. Entre ellas se destacan: publicar estadísticas de la deuda pública y la deuda con garantía pública con una periodicidad anual; fomentar la coordinación de la recopilación de datos y la presentación de informes, e implementar sistemas integrados de registro y gestión de la deuda que se ajusten a la normativa internacional.

Sitio web: La transparencia de la deuda en las economías en desarrollo (i)

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Evitar una Gran Divergencia: Una encrucijada en el camino de la economía mundial

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Mientras los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20 se reúnen virtualmente esta semana, el mundo continúa recuperándose de la peor recesión en tiempos de paz desde la Gran Depresión.

El FMI proyectó recientemente un crecimiento del PIB mundial de 5,5% para este año y de 4,2% para 2022. Sin embargo, va a ser una recuperación larga e incierta. La mayor parte del mundo se enfrenta a una lenta distribución de las vacunas mientras se propagan nuevas mutaciones del virus, y las perspectivas de recuperación presentan peligrosas divergencias entre países y regiones.

No cabe duda de que la economía mundial se halla ante una encrucijada. La pregunta es: ¿tomarán las autoridades medidas para evitar esta Gran Divergencia?

Como se señala en nuestra nota para la reunión del G-20, existe un riesgo considerable de que, mientras las economías avanzadas y algunas de mercados emergentes se recuperan a mayor velocidad, la mayoría de los países en desarrollo languidezcan durante años. Esto agravaría no solo la tragedia humana de la pandemia, sino también el sufrimiento económico de los más vulnerables.

Estimamos que, para el final de 2022, el ingreso per cápita acumulado será un 13% inferior a las proyecciones previas a la crisis en las economías avanzadas, frente a 18% en los países de bajo ingreso y 22% en las economías emergentes y en desarrollo, excluida China. Este impacto previsto en el ingreso per cápita incrementará en varios millones el número de personas en situación de pobreza extrema en el mundo en desarrollo.

Por lo tanto, la convergencia entre países ya no puede darse por sentada. Antes de la crisis, pronosticamos una reducción de las brechas de ingreso entre las economías avanzadas y 110 países de economías emergentes y en desarrollo para el período 2020–22. Sin embargo, ahora estimamos que tan solo 52 economías lograrán convergir durante ese período, mientras que otras 58 se quedarán rezagadas.

En parte, esto se debe al acceso desigual a las vacunas. Incluso en el mejor escenario, se espera que la mayoría de las economías en desarrollo no alcancen una cobertura vacunal generalizada hasta finales de 2022 como pronto. Algunas están especialmente expuestas a sectores muy perjudicados por la pandemia, como el turismo y las exportaciones de petróleo, y la mayoría están lastradas por su limitado margen de maniobra presupuestario.

El año pasado, las economías avanzadas desplegaron en promedio un 24% de su PIB en medidas fiscales, frente a tan solo 6% en los mercados emergentes y menos de 2% en los países de bajo ingreso. Las comparaciones entre países también muestran que medidas de apoyo más sustanciales se asociaron en muchos casos con una menor pérdida de empleo.

Además, no se trata solo de divergencias entre países. También observamos una aceleración de la divergencia dentro de los países: los jóvenes, los trabajadores menos cualificados, las mujeres y los trabajadores informales se han visto afectados de manera desproporcionada por la pérdida de puestos de trabajo. Y millones de niños todavía sufren interrupciones en su educación. Permitir que se conviertan en una generación perdida sería un error imperdonable.

Se agravarían igualmente las cicatrices económicas duraderas dejadas por la crisis, lo que complicaría aún más el objetivo de reducir la desigualdad e impulsar el crecimiento y el empleo. Pensemos en los retos que nos esperan: solo para el conjunto de las economías del G-20 (con la exclusión de India y Arabia Saudita por limitaciones de los datos), se proyecta que se pierdan más de 25 millones de puestos de trabajo este año y cerca de 20 millones en 2022, con respecto a las proyecciones previas a la crisis.

Así que una vez más nos hallamos ante una encrucijada, y si queremos revertir esta peligrosa divergencia entre países y dentro de ellos, debemos adoptar ya medidas de política contundentes. Veo tres prioridades:

Primero, redoblar los esfuerzos para acabar con la crisis sanitaria.

Sabemos que la pandemia no habrá terminado en ninguna parte hasta que termine en todas partes. Aunque últimamente se han reducido las nuevas infecciones en todo el mundo, nos preocupa que hagan falta varias rondas de vacunación para mantener la inmunidad frente a las nuevas variantes.

Por eso necesitamos una cooperación internacional mucho más fuerte que permita acelerar la distribución de vacunas en los países más pobres. Disponer de financiamiento adicional para adquirir dosis y cubrir las necesidades logísticas resulta fundamental. También lo es una redistribución oportuna de las vacunas sobrantes de países excedentarios a países deficitarios, así como una significativa ampliación de la capacidad de producción de vacunas para 2022 y años sucesivos. Proporcionar un seguro a los fabricantes de vacunas contra los riesgos de pérdidas por sobreproducción puede ser una opción digna de consideración.

También debemos garantizar un mayor acceso a terapias y pruebas diagnósticas, incluida la secuenciación del virus, y evitar restricciones a la exportación de suministros médicos. Los argumentos económicos a favor de la acción coordinada son abrumadores. Un avance más rápido en la batalla contra la crisis sanitaria podría traducirse en un incremento acumulado del ingreso mundial de 9 billones de dólares en el período 2020–25. Esto reportaría beneficios a todos los países, incluidos unos 4 billones de dólares para las economías avanzadas, lo que supera con creces cualquier medida de los costes relacionados con las vacunas.

Segundo, intensificar la lucha contra la crisis económica.

Con los países del G-20 a la cabeza, el mundo ha adoptado medidas sincronizadas nunca antes vistas, incluidos casi 14 billones de dólares en medidas fiscales. Los gobiernos deben consolidar estas medidas manteniendo el apoyo fiscal —debidamente calibrado y focalizado en función de la fase de la pandemia, el estado de sus economías y su espacio de política.

La clave es ayudar a mantener los medios de vida y, al mismo tiempo, tratar de evitar la quiebra de empresas que en otras circunstancias serían viables. Para eso no solo hacen falta medidas fiscales, sino que también hay que mantener unas condiciones financieras favorables mediante políticas monetarias y financieras acomodaticias que apuntalen el flujo de crédito a hogares y empresas.

La considerable expansión monetaria de los principales bancos centrales también ha posibilitado que varias economías en desarrollo vuelvan a tener acceso a los mercados internacionales de capitales y reciban financiamiento a tasas de interés históricamente bajas para hacer frente a sus gastos, pese a sufrir recesiones históricas. Dada la gravedad de la crisis, no hay ninguna alternativa al mantenimiento del apoyo de la política monetaria. Pero existen preocupaciones legítimas sobre las consecuencias no deseadas de estas medidas, incluidas la excesiva asunción de riesgos y la euforia de los mercados.

Un riesgo para el futuro —especialmente en vista de las recuperaciones divergentes— es la posible volatilidad del mercado en respuesta a cambios de las condiciones financieras. Los principales bancos centrales tendrán que comunicar con mucho cuidado sus planes en materia de política monetaria para evitar una volatilidad excesiva en los mercados financieros, tanto en sus países como en el resto del mundo.

Tercero, reforzar el apoyo a los países vulnerables.

Dado que sus recursos y el margen de maniobra de sus políticas son limitados, muchos países de mercados emergentes y de bajo ingreso podrían enfrentarse en breve a una elección imposible: mantener la estabilidad macroeconómica, hacer frente a la crisis sanitaria o cubrir las necesidades básicas de sus habitantes.

El aumento de su vulnerabilidad no solo afecta a sus propias perspectivas de recuperación de la crisis, sino también a la velocidad y la magnitud de la recuperación a escala mundial, y puede ser una fuerza desestabilizadora en varias zonas ya de por sí frágiles. Los países vulnerables necesitan ayudas sustanciales en el marco de un esfuerzo integral.

El primer paso debe darse en los propios países, cuyos gobiernos han de recaudar más ingresos, incrementar la eficiencia del gasto público y mejorar el contexto empresarial. Al mismo tiempo, las iniciativas internacionales son vitales para seguir incrementando el financiamiento en condiciones concesionarias y movilizar financiamiento privado, incluso mediante instrumentos de distribución del riesgo más sólidos.

Otra opción que se está sopesando es una nueva asignación de DEG para contribuir a satisfacer la necesidad a largo plazo de reservas en todo el mundo. Esta asignación podría suponer una inyección directa y sustancial de liquidez para los países, sin incrementar su endeudamiento. Asimismo, podría aumentar la capacidad de los donantes bilaterales para proporcionar nuevos recursos para ayudas en condiciones concesionarias que permitan financiar gastos en salud, entre otros. Una asignación de DEG ayudó al mundo a afrontar la crisis financiera mundial en 2009, y podría volver a sernos de gran utilidad en la actual tesitura.

Aplicar un enfoque integral también implica afrontar la deuda. La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 (ISSD) liberó con rapidez recursos vitales. El nuevo Marco Común puede ir aún más allá, al facilitar el tratamiento oportuno y ordenado de la deuda para países que cumplen las condiciones de la ISSD, con una amplia participación de acreedores, incluido el sector privado. Estos tratamientos deberían incluir el reperfilamiento del servicio de la deuda para ayudar a países que tienen grandes necesidades de financiamiento, y un alivio más profundo allí donde la carga de la deuda se haya tornado insostenible. Ahora que las primeras solicitudes ya han llegado, todos los acreedores —públicos y privados— deberían poner en funcionamiento rápidamente el Marco Común.

Por su parte, el FMI ha intensificado de forma inusitada sus esfuerzos proporcionando más de 105.000 millones de dólares en nuevo financiamiento a 85 países y alivio del servicio de la deuda para los países miembros más pobres. Nuestro objetivo es llegar aún más lejos para apoyar a nuestros 190 países miembros en 2021 y en lo sucesivo.

Esto incluye respaldar las iniciativas de modernización de la tributación internacional de las empresas. Necesitamos un sistema que sea verdaderamente apropiado para la economía digital y se ajuste más a las necesidades de los países en desarrollo. En este ámbito, serán esenciales esfuerzos multilaterales para contribuir a lograr que empresas sumamente rentables paguen impuestos en los mercados en los que operan y refuercen así las finanzas públicas.

Todas estas medidas de política pueden ayudarnos a atajar la Gran Divergencia. Puesto que disponen de los recursos necesarios, las economías avanzadas continuarán invirtiendo en capital humano, infraestructura digital y la transición a la nueva economía del clima. Es vital que los países más pobres tengan el apoyo que necesitan para poder realizar inversiones similares, especialmente en las medidas de adaptación al cambio climático —generadoras de mucho empleo— que serán imprescindibles a medida que nuestro planeta se caliente.

La alternativa —dejar atrás a los países más pobres— solo afianzaría la desigualdad extrema. Aún peor, constituiría una grave amenaza para la estabilidad socioeconómica en todo el mundo. Y sería una oportunidad histórica perdida.

Podemos inspirarnos en la espectacular cooperación internacional que nos ha permitido disponer de vacunas eficaces en tiempo récord. Ese espíritu es ahora más importante que nunca para superar esta crisis y lograr una recuperación fuerte e inclusiva.

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FMI dijo que continuará el diálogo con Argentina para alcanzar un programa de facilidades extendidas

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La delegación del Fondo Monetario Internacional que trabajo durante la últimos diez días en el país cerró hoy su visita y anunció que continuará el diálogo por vía remota con las autoridades del Gobierno para alcanzar un acuerdo de Servicio Ampliado o facilidades extendidas.

En un comunicado, el organismo señaló que el equipo del Fondo “acogió positivamente la intención de las autoridades de solicitar un programa bajo el Servicio Ampliado del FMI (SAF o EFF por sus siglas en ingles), así como su intención de respaldarlo con un amplio consenso político y social”.

El día previo a la llegada de la misión, el pasado 10 de noviembre, el ministro de Economía, Martín Guzmán, adelantó que la Argentina iba a solicitar al Fondo Monetario Internacional (FMI) un programa de facilidades extendidas para devolver al organismo la deuda de US$ 44.000 millones que el país recibió durante el gobierno de Mauricio Macri.

El nuevo programa daría un margen de, al menos, cuatro años y medio para comenzar a pagar el dinero adeudado e incluirá la presentación ante el Congreso de un programa de consolidación macroeconómico plurianual, en el cual se determinarán las metas fiscales, monetarias y financieras para cumplir con un sendero de equilibrio hasta 2025.

“El staff del FMI y el Gobierno argentino consideran que, en las circunstancias actuales, ese tipo de programa es la mejor alternativa disponible”, dijo Guzmán en esa oportunidad.

“El equipo del FMI y las autoridades argentinas, comenzaron a delinear los contornos de un programa con el FMI que podría respaldar los planes del gobierno para hacer frente a los profundos desafíos económicos y sociales del país que se han visto agravados por la pandemia del COVID-19″, señaló esta tarde el organismo.

“Se han logrado buenos avances en definir los elementos iniciales de dicho programa y se espera que las negociaciones entre los equipos continúen de manera remota durante las próximas semanas. Existe una visión compartida entre el equipo y las autoridades: para abordar los desafíos de corto y mediano plazo de la Argentina se requerirá un conjunto de políticas cuidadosamente calibradas para fomentar la estabilidad, restablecer la confianza, proteger a los más vulnerables y establecer las bases para un crecimiento sostenible e inclusivo”, agregó el comunicado.

La delegación del FMI estuvo encabezada por Julie Kozack, subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, jefe de Misión para Argentina.

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Guzmán: “El Congreso deberá avalar emisión de bonos en moneda extranjera y acuerdos con el FMI”

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, explicó hoy que el proyecto establece que en el futuro toda emisión de títulos públicos en moneda extranjera deban ser aprobados por el Congreso.

“Además, establece que todo programa con el FMI deberá también tener aprobación del Honorable Congreso de la Nación”, amplió ante los senadores que integran la Comisión de Presupuesto y Hacienda.

El ministro aseguró que el proyecto de ley para que las negociaciones en materia de deuda pública con cualquier tipo de financiación internacional deban contar con aval parlamentario es parte del “proceso de ordenamiento y estabilización de la economía argentina”.

Además, es parte de “la hoja de ruta para sentar base de estabilidad más permanente” y fue “bien recibido en el contexto de las negociaciones con el FMI”, aseguró Guzmán ante los senadores.

En otro orden, Guzmán, aseguró hoy que el objetivo del Gobierno es “poder alcanzar un programa con el FMI que nos permita refinanciar los vencimientos programados”.

“Necesitamos tener un programa que nos permita tener una reprogramación de esos pagos, un programa de la sociedad argentina que siente los pilares de un crecimiento económico”, afirmó Guzmán.

En su exposición, hizo hincapié en el “valor de la integración financiera”, pero “con reglas sanas, para no caer en deudas insostenibles”.

En ese sentido, consideró que “el Congreso también debería definir reglas de juego” que eviten que “como hoy, volvamos a tener que definir cómo nos integramos financieramente al mundo”.

Tras remarcar que el Gobierno trabaja en un “programa plurianual”, reafirmó la necesidad de “construir consensos en cuestiones pilares de la estabilidad como la cuestión de evitar caer en problemas de la balanza de pagos, sostenibilidad de la deuda pública”, entre otros temas macroeconómicos.

La iniciativa enviada al Senado determina en su artículo primero que “la Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional de cada ejercicio deberá prever un porcentaje máximo para la emisión de títulos públicos en moneda extranjera y bajo legislación y jurisdicción extranjeras respecto del monto total de las emisiones de títulos públicos autorizadas para ese ejercicio”.

Toda emisión de títulos públicos en moneda extranjera y bajo legislación y jurisdicción extranjeras que supere dicho “porcentaje requerirá de una ley especial del Honorable Congreso de la Nación que la autorice expresamente”.

En su segundo artículo dispone que “todo programa de financiamiento u operación de crédito público realizados con el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como también cualquier ampliación de los montos de esos programas u operaciones, requerirá de una ley” del Congreso “que lo apruebe expresamente”.

La iniciativa se presenta en momentos en que Guzmán se encuentra en plenas negociaciones con el FMI para refinanciar la deuda de US$ 44.000 millones de dólares más unos US$ 5.000 millones de intereses que contrajo el gobierno de Mauricio Macri.

A tono con el proyecto enviado al Congreso para la sostenibilidad de la deuda en moneda extranjera, el Gobierno anticipó días atrás que remitirá a consideración del Poder Legislativo el eventual acuerdo de renegociación que se alcance con el FMI.

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El FMI resaltó llevarse una “comprensión más profunda” de los planes del Gobierno y anticipa nueva visita en noviembre

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La misión técnica que visitó el país la semana pasada sostuvo que se llevó “una comprensión más profunda de los planes políticos de las autoridades para estabilizar la economía y ponerla en una senda de crecimiento más sostenible e inclusiva”.

La delegación del Fondo se pronunció al hacer un balance de las reuniones que sus miembros mantuvieron durante los últimos seis días con funcionarios y representantes de distintos sectores del país, en el marco de las negociaciones iniciadas para sellar un nuevo programa.

“El personal técnico acogió con satisfacción el compromiso de las autoridades con las políticas para asegurar una consolidación fiscal favorable al crecimiento y al mismo tiempo proteger a los más vulnerables”, sostuvo el organismo en un comunicado emitido desde Washington.

También afirmó que la Argentina enfrenta “complejas dificultades económicas y sociales, en el contexto de una crisis de salud sin precedentes” a causa de la pandemia de coronavirus.

Advirtió que la “profunda recesión” provocó elevados niveles de pobreza y desempleo, “cuyos efectos se ven agravados por importantes presiones en el mercado cambiario”.

Estas son algunas de las principales conclusiones de la misión del FMI que visitó el país entre el martes y el domingo pasados, en el marco del proceso encarado para negociar un nuevo programa de financiamiento por la deuda de US$44.000 millones que Argentina tiene con el organismo multilateral.

Añadió que “el personal técnico acogió con satisfacción el compromiso de las autoridades con las políticas para asegurar una consolidación fiscal favorable al crecimiento y al mismo tiempo proteger a los más vulnerables, permitir una reducción gradual de la inflación e impulsar la creación de empleo, la inversión y las exportaciones”.

“El personal del FMI seguirá colaborando estrechamente con las autoridades. El equipo planea regresar a Buenos Aires a mediados de noviembre para iniciar discusiones sobre un nuevo programa respaldado por el FMI”, concluye el comunicado.

La delegación del FMI fue encabezada por Julie Kozack, subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental; y por el jefe de la Misión para la Argentina, Luis Cubbedu.

Los directivos del FMI se reunieron con el ministro de Economía, Martín Guzmán; el presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce; el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Gustavo Béliz; el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo; el titular de la cartera de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; y la vicejefa de Gabinete, Cecília Todesca; entre otros funcionarios.

En los cinco días de trabajo a pleno que desarrollaron entre el martes y el domingo, los enviados del FMI analizaron las cuentas públicas, las demandas del sector privado y el dañado entramado social tras varios años de caída de la actividad económica y el efecto de la actual pandemia; y escucharon a dirigentes la oposición, a representantes del sector privado, de los sindicatos y a economistas, entre otros actores de la sociedad civil.

La entidad multilateral confirmó además, que la misión retornará al país a mediados de noviembre próximo, “para iniciar conversaciones sobre un nuevo programa respaldado por el FMI”.

El principal objetivo de la delegación que estuvo en el país hasta la víspera fue “conocer y evaluar más sobre los planes económicos y políticos de las autoridades argentinas”, precisó el organismo multilateral.

“Argentina enfrenta complejas dificultades económicas y sociales, en el contexto de una crisis de salud sin precedentes. La profunda recesión ha provocado un aumento de los ya elevados niveles de pobreza y desempleo, cuyos efectos se ven agravados por importantes presiones en el mercado cambiario. Estos son desafíos excepcionalmente difíciles sin soluciones fáciles. Un conjunto completo de políticas podría respaldar el restablecimiento de la confianza, pero deberá calibrarse con mucho cuidado para promover la recuperación y asegurar la estabilidad macroeconómica”, sostuvo el documento elaborado por Kozack y Cubbedu.

La semana pasada, junto con la llegada al país de la misión del organismo, el presidente Alberto Fernández y la titular del FMI, Kristalina Georgieva, marcaron la tónica de las negociaciones para alcanzar un acuerdo sin un pedido explícito de ajuste de gasto, que le permita a la Argentina una recuperación económica con más empleo y disminución de la pobreza.

El tema Argentina, entre otros, será uno de los ejes de la asamblea anual del otoño boreal que comenzó formalmente hoy organizado por el FMI y el Banco Mundial, que se realizará de manera virtual a causa de la pandemia de coronavirus.

El encuentro, que se extenderá hasta el próximo domingo, tendrá formalmente su puntapié inicial el miércoles con una rueda de prensa que encabezará la titular del FMI, Kristalina Georgieva; y el portavoz del organismo, Gerry Rice.

Mañana, martes, dará a conocer el FMI las Perspectivas de la economía mundial (WEO), en una conferencia de prensa en la que participarán Gita Gopinath , economista jefe y directora del Departamento de Estudios del FMI; Gian Maria Milesi-Ferretti , subdirector del Departamento de Estudios del FMI; y Malhar Nabar , Jefe de División, Departamento de Estudios del FMI.

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