Deuda Pública

Deuda, IA y comercio redefinen el mapa de riesgos de la economía mundial según el FMI

Compartí esta noticia !

La economía mundial llega a 2026 con una combinación que obliga a revisar los supuestos de crecimiento: mostró resiliencia frente a shocks geopolíticos y comerciales, pero enfrenta nuevas tensiones por el aumento de la deuda pública, los conflictos, las interrupciones de las cadenas de suministro y el impacto todavía incierto de la inteligencia artificial. El Informe Anual del FMI 2026, titulado “Navegando en un mundo incierto”, plantea que el desafío ya no pasa solamente por absorber una crisis, sino por construir capacidad de respuesta frente a shocks cada vez más frecuentes y simultáneos.

El documento, que analiza el ejercicio comprendido entre el 1 de mayo de 2025 y el 30 de abril de 2026, organiza su diagnóstico alrededor de cuatro grandes transformaciones: las crecientes presiones fiscales, la adopción y disrupción de la inteligencia artificial, las tensiones sobre el comercio y el crecimiento y las nuevas fronteras de las finanzas digitales. El Fondo, que reúne a 191 países miembros, ubica estos procesos dentro de una misma ecuación: preservar la estabilidad macroeconómica mientras cambian las condiciones de producción, financiamiento y comercio global.

La deuda vuelve a ocupar el centro de la escena

Uno de los principales focos de tensión es fiscal. El FMI advierte que la deuda pública mundial volvió a aumentar después del descenso transitorio registrado tras los máximos de la pandemia y señala que, incluso antes del conflicto en Oriente Medio, se proyectaba para 2028 un nivel comparable con los registrados durante la Segunda Guerra Mundial.

El problema no se limita al volumen de deuda. El encarecimiento de la energía, unas condiciones financieras más restrictivas y un crecimiento más lento presionan simultáneamente sobre las cuentas públicas. En los últimos tres años, según el informe, los pagos de intereses aumentaron casi 50%, desde alrededor del 2% hasta casi el 3% del PIB mundial. Esa mayor carga financiera reduce recursos disponibles para infraestructura, educación y otras prioridades públicas, mientras los gobiernos también enfrentan nuevas necesidades de gasto vinculadas con la seguridad.

El FMI plantea así una cuestión que trasciende la discusión sobre cuánto gastar: la capacidad de los Estados para preservar margen fiscal antes de que llegue el próximo shock. Entre las herramientas mencionadas aparecen una mayor priorización presupuestaria, reformas permanentes en sistemas de pensiones y subsidios regresivos a los combustibles, además de una mejor evaluación del costo-beneficio de las inversiones y presupuestos plurianuales.

La inteligencia artificial abre una segunda ecuación

La otra gran transformación ocurre en el frente tecnológico. El informe estima que las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial aportaron 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de Estados Unidos durante 2025. También recoge estimaciones externas según las cuales la inversión privada mundial en IA podría superar los US$2 billones en 2026.

Pero el FMI presenta la IA como una transformación con efectos distributivos y financieros, no solamente como una fuente potencial de productividad. La expansión de estas tecnologías puede elevar la productividad en múltiples sectores, aunque también existe el riesgo de sustitución de determinados empleos y de presión sobre los salarios de algunos trabajadores. El informe identifica una exposición particularmente significativa en ocupaciones de calificación media, mientras que los trabajadores con competencias específicas en IA aparecen entre los principales beneficiados.

El desafío, por lo tanto, pasa también por la adaptación. El Fondo señala la necesidad de fortalecer las capacidades laborales, la infraestructura digital y los marcos regulatorios. Al mismo tiempo, advierte sobre un riesgo menos visible: inversiones muy costosas en IA financiadas crecientemente con deuda podrían generar pérdidas de valor, destrucción de riqueza y despidos si la rentabilidad esperada no se materializa. También identifica mecanismos de financiamiento circular dentro del ecosistema tecnológico que podrían amplificar los problemas de una empresa hacia otras.

Comercio: más resiliencia, pero a un costo mayor

El comercio internacional también mostró capacidad de adaptación. Durante 2025, los volúmenes comerciales aumentaron casi 5%, pese a los shocks comerciales y a los cambios en la política comercial estadounidense. El comercio vinculado con la tecnología mantuvo un ritmo elevado y varias economías buscaron acuerdos bilaterales o regionales para sostener los flujos.

Sin embargo, esa adaptación tiene un costo. El FMI señala que la necesidad de construir cadenas de suministro más resilientes puede implicar resignar parte de la eficiencia alcanzada durante décadas de globalización. A esto se suman las consecuencias de la guerra en Oriente Medio, que afectaron el suministro energético, otras materias primas, los alimentos y las cadenas logísticas.

La conclusión operativa del organismo es que la diversificación de proveedores y mercados puede reducir la vulnerabilidad frente a interrupciones futuras. También advierte que los desequilibrios comerciales excesivos incrementan la exposición a shocks económicos y financieros, elevando el riesgo de correcciones abruptas. Para reducir esa incertidumbre, el FMI plantea la importancia de marcos comerciales previsibles, transparentes y comunicados con claridad.

El sistema financiero entra en una nueva etapa digital

El cuarto eje del informe está relacionado con las finanzas digitales. Las monedas estables, la tokenización y las monedas digitales de bancos centrales avanzan en distintos grados, mientras las tecnologías basadas en cadenas de bloques comienzan a incorporarse de manera más institucional al sistema financiero.

La tokenización todavía se encuentra en una etapa inicial, pero el FMI señala que podría extenderse desde activos financieros hasta bienes inmuebles y préstamos, con potencial para agilizar transacciones, reducir costos y ampliar el acceso. Las monedas estables, por su parte, ya ampliaron su utilización en pagos transfronterizos y remesas, aunque todavía representan una porción limitada de esas operaciones.

El mismo proceso genera nuevos riesgos. Una pérdida de valor de los activos que respaldan una moneda estable o una pérdida generalizada de confianza podría provocar inestabilidad. El FMI también identifica riesgos vinculados con la estabilidad financiera, la sustitución de monedas, la integridad financiera y eventuales movimientos abruptos en los mercados de deuda pública. Por eso plantea la necesidad de marcos regulatorios globales coherentes y de mayor interoperabilidad entre sistemas de pago.

Un FMI más enfocado en gestionar shocks

La transformación del contexto global también redefine el papel del propio Fondo. Durante el ejercicio 2026 realizó 138 consultas del Artículo IV y 11 evaluaciones de estabilidad financiera mediante el Programa de Evaluación del Sector Financiero. Además, concedió un total de US$40.000 millones a 18 países, incluidos unos US$2.000 millones destinados a nueve países de ingreso bajo, y destinó US$400 millones a asistencia técnica, capacitación y desarrollo de capacidades.

El mensaje transversal del informe es que la resiliencia dejó de ser una condición asociada exclusivamente a las crisis financieras. Ahora abarca las cuentas públicas, las cadenas de suministro, el mercado laboral, la infraestructura digital, la estabilidad financiera y la capacidad de las instituciones para adaptarse.

Para los gobiernos, empresas y trabajadores, el desafío consiste en administrar esa transición sin trasladar todos los costos hacia el futuro. El informe del FMI coloca en una misma agenda cuestiones que durante años se analizaron por separado: deuda y productividad, comercio y energía, inteligencia artificial y empleo, digitalización y estabilidad financiera. En ese cruce se juega buena parte de la capacidad de las economías para sostener crecimiento cuando los shocks ya no aparecen como acontecimientos excepcionales, sino como una característica permanente del escenario internacional.

Compartí esta noticia !

El Tesoro busca postergar vencimientos en dólares con una nueva licitación

Compartí esta noticia !

La Secretaría de Finanzas realizará el martes 22 de septiembre una nueva licitación de conversión de deuda en dólares mediante suscripción en especie. La operación permitirá a los tenedores de la LELINK D30S6, con vencimiento el 30 de septiembre, canjear ese instrumento por títulos con vencimientos posteriores: la LELINK D30O6, el 30 de octubre; la LELINK D30N6, el 30 de noviembre; o el bono dólar linked TZV28, con vencimiento el 30 de junio de 2028.

La operación no implica una colocación tradicional por efectivo. Los participantes que resulten adjudicados deberán entregar títulos D30S6 que ya tienen en cartera y recibirán a cambio nuevos instrumentos dólar linked. El mecanismo se encuadra en el artículo 2° del Decreto 846/2024, que habilita este tipo de operaciones de conversión de activos.

La decisión se produce en un contexto en el que Finanzas viene utilizando operaciones de conversión para administrar el perfil de vencimientos del Tesoro. En agosto, una operación similar permitió convertir parte de una LELINK con vencimiento a fines de agosto hacia instrumentos con vencimientos posteriores, incluyendo la D30S6 y la D30O6.

Tres alternativas para el mismo vencimiento

Los tenedores de la D30S6 tendrán tres opciones. La primera será la LELINK D30O6, una reapertura con vencimiento el 30 de octubre de 2026. La segunda será la LELINK D30N6, también una reapertura, con vencimiento el 30 de noviembre. La tercera alternativa extenderá considerablemente el plazo: el bono dólar linked TZV28 vencerá el 30 de junio de 2028.

En los tres casos, el parámetro de la licitación será el precio. Los participantes deberán indicar la cantidad de valor nominal que desean recibir y el precio en dólares por cada VNO de USD 1.000. El monto máximo a colocar estará limitado por la normativa vigente.

La estructura permite que el mercado defina cuánto valor está dispuesto a aceptar para extender el plazo de los instrumentos. Para los inversores, la decisión implica comparar el rendimiento implícito y el plazo de cada alternativa; para el Tesoro, significa transformar un vencimiento concentrado a fines de septiembre en obligaciones con fechas posteriores.

La lógica es particularmente visible en la tercera opción. El salto desde el 30 de septiembre de 2026 hasta junio de 2028 extiende el horizonte de repago en aproximadamente 21 meses. No se trata, por lo tanto, de una simple renovación del vencimiento inmediato, sino de una herramienta para modificar el perfil temporal de la deuda.

Cómo funcionará la conversión

La recepción de ofertas comenzará a las 11:30 del martes 22 de septiembre y finalizará a las 15:00. La liquidación se realizará el viernes 25, bajo modalidad T+3.

La cantidad de D30S6 que deberá entregar cada participante no será idéntica al valor nominal del nuevo instrumento recibido. Finanzas utilizará una fórmula que relaciona el valor nominal del nuevo título, su precio de corte y el precio de mercado ajustado de la D30S6. El resultado será redondeado a la denominación mínima correspondiente.

La operación tiene además una exigencia operativa concreta. Antes de las 17 horas del jueves 24 de septiembre, los participantes con ofertas aceptadas deberán transferir una única vez los títulos D30S6 desde su cuenta en la CRYL del Banco Central hacia la cuenta de la Secretaría de Finanzas.

Quienes tengan los títulos depositados en Caja de Valores deberán realizar previamente la transferencia hacia su cuenta en CRYL para cumplir con el plazo establecido. El procedimiento busca asegurar que el activo utilizado como contraprestación se encuentre efectivamente disponible al momento de la liquidación.

Un mecanismo que modifica el calendario, no elimina la deuda

La operación debe leerse como una herramienta de administración de pasivos. El Tesoro no cancela la obligación económica asociada a los títulos que ingresen a la conversión: reemplaza un instrumento próximo a vencer por otro con una fecha posterior.

Ese mecanismo permite distribuir los compromisos financieros en el tiempo, aunque el resultado final dependerá de cuánto VNO de la D30S6 sea efectivamente convertido y de los precios de corte que surjan de la licitación.

El antecedente inmediato muestra que este tipo de operaciones ya forma parte de la estrategia de Finanzas. En la licitación de agosto para convertir la D31G6, el total adjudicado representó 34,12% del valor nominal en circulación del título elegible.

La nueva convocatoria agrega además una particularidad: ofrece un bono con vencimiento en 2028 como alternativa a dos letras de corto plazo. Esa estructura permite a los tenedores elegir entre una extensión relativamente breve o una salida hacia un instrumento de mayor duración.

Si algún participante incumple con la entrega de la D30S6 comprometida, la Secretaría de Finanzas podrá liquidar la operación mediante un débito en pesos, calculado sobre el valor efectivo del nuevo instrumento, con un factor adicional de 1,20 y el tipo de cambio de referencia del Banco Central correspondiente al día establecido para la liquidación.

El viernes 25 de septiembre, la CRYL acreditará los nuevos instrumentos en las cuentas de los participantes adjudicados. De esta manera, la licitación tendrá como resultado concreto una transformación del calendario de vencimientos: parte de la deuda que originalmente debía resolverse a fines de septiembre podrá trasladarse a octubre, noviembre de 2026 o junio de 2028, según las condiciones que surjan del mercado.

Compartí esta noticia !

El Tesoro captó $8,41 billones y logró un rollover del 103,46%

Compartí esta noticia !

La Secretaría de Finanzas adjudicó este viernes $8,41 billones en la licitación de instrumentos del Tesoro Nacional, frente a ofertas por $14,17 billones. El resultado permitió alcanzar un rollover del 103,46% sobre los vencimientos que debía afrontar en la jornada, es decir, una renovación ligeramente superior al total de obligaciones que expiraban.

El resultado muestra una demanda financiera significativamente mayor al monto finalmente colocado: el Tesoro recibió 5.010 ofertas y adjudicó $8,41 billones de valor efectivo, frente a los $14,17 billones ofrecidos. La diferencia entre ambos montos también refleja una estrategia de selección de instrumentos y precios de corte, en lugar de convalidar toda la demanda disponible.

La mayor parte de la colocación correspondió a instrumentos denominados en pesos, que representaron $7,43 billones de valor efectivo adjudicado. Los instrumentos dólar linked aportaron otros $982.108 millones, calculados en pesos al tipo de cambio de referencia utilizado por el Ministerio de Economía para la operación.

Dentro de la deuda a tasa fija, la reapertura de la LECAP S13N6, con vencimiento el 13 de noviembre de 2026, concentró la mayor colocación individual. Se adjudicaron $4,07 billones de valor efectivo, a un precio de corte de $1.053,92 por cada $1.000 de valor nominal y una TIREA del 27,88%. La oferta por este instrumento había alcanzado $5,41 billones de valor nominal.

El Tesoro también tomó $688.925 millones mediante la reapertura de la letra ajustada por CER X29E7, con vencimiento el 29 de enero de 2027. El instrumento recibió ofertas por $2,25 billones de valor nominal y fue adjudicado a una TIREA de 5,50% sobre CER, con un precio de corte de $1.000,55 por cada $1.000 nominales.

La otra pata relevante de la estrategia estuvo en los instrumentos a tasa variable vinculados a TAMAR. El bono TMF27, con vencimiento el 26 de febrero de 2027, consiguió una adjudicación de $1,39 billones de valor efectivo, con una TIREA de 30,55%. El TML27, que vence el 30 de julio de 2027, obtuvo $1,28 billones, con una TIREA de 31,66%.

En términos financieros, la combinación permite al Tesoro distribuir el perfil de deuda entre diferentes referencias. La LECAP ofrece una tasa nominal prefijada, el instrumento CER incorpora cobertura frente a la inflación y los bonos TAMAR trasladan a los inversores la evolución de una tasa de referencia del mercado. La licitación, por lo tanto, no se limitó a buscar pesos, sino que puso a prueba la demanda por distintas formas de cobertura.

El menú se completó con cuatro instrumentos dólar linked. Por la letra D30O6, con vencimiento el 30 de octubre de 2026, se adjudicaron $470.216 millones de valor efectivo, equivalentes a USD 314 millones nominales, con una TIREA de 8,78%. La nueva letra con vencimiento el 30 de noviembre de 2026 captó $93.697 millones, equivalentes a USD 63 millones, a una TIREA de 7,42%.

También se colocaron $224.105 millones correspondientes al D31M7, con vencimiento el 31 de marzo de 2027 y una TIREA de 7,58%. Finalmente, el bono TZV27, que vence el 30 de junio de 2027, recibió $194.090 millones, con una TIREA de 5,24%.

El componente dólar linked adquiere relevancia porque permite observar que parte de la demanda continúa buscando instrumentos asociados a la evolución del tipo de cambio oficial, mientras que otra porción del mercado optó por tasa fija, CER o TAMAR. Para el Tesoro, esa diversificación amplía las alternativas de financiamiento, aunque también implica administrar vencimientos expuestos a diferentes variables financieras.

El dato de rollover superior al 100% marca, en lo inmediato, que el Tesoro consiguió refinanciar los vencimientos de la jornada y obtener financiamiento neto marginal. Sin embargo, el resultado debe leerse junto con el costo de las colocaciones y el perfil de vencimientos que queda por delante. La sostenibilidad de esta estrategia dependerá de que las próximas licitaciones mantengan niveles de refinanciamiento suficientes sin una escalada del costo financiero.

La operación deja así una señal mixta pero concreta: hubo una demanda de $14,17 billones, suficiente para cubrir con holgura el monto que Finanzas decidió adjudicar, y el Tesoro logró renovar el 103,46% de sus compromisos inmediatos. El desafío pasa ahora por sostener ese nivel de rollover mientras administra una cartera en la que conviven tasa fija, inflación, tasas variables y cobertura cambiaria.

Compartí esta noticia !

Finanzas licita ocho instrumentos y suma una nueva Letra dólar linked a noviembre

Compartí esta noticia !

La Secretaría de Finanzas realizará este viernes 11 de septiembre una nueva licitación de deuda del Tesoro Nacional, con una oferta que combina instrumentos en pesos a tasa fija, ajustados por CER, bonos a tasa TAMAR y títulos vinculados al dólar. La operación incorpora como novedad una Letra dólar linked con vencimiento el 30 de noviembre de 2026 y busca captar financiamiento con distintos perfiles de cobertura.

La recepción de ofertas comenzará a las 10 y finalizará a las 15. La liquidación de las operaciones adjudicadas está prevista para el martes 15 de septiembre, bajo el esquema T+2. Para todos los instrumentos, la licitación se realizará mediante indicación de precio y no habrá precio mínimo ni máximo, por lo que las condiciones finales de colocación surgirán de las ofertas recibidas.

En el segmento de tasa fija, Finanzas reabrirá la LECAP S13N6, con vencimiento el 13 de noviembre de 2026. La oferta se completa con la LECER X29E7, ajustada por CER y con vencimiento el 29 de enero de 2027, que ofrece una alternativa vinculada a la evolución de los precios.

También estarán disponibles dos bonos del Tesoro a tasa TAMAR. Se trata del TMF27, con vencimiento el 26 de febrero de 2027, y del TML27, que vence el 30 de julio de 2027. En ambos casos se trata de reaperturas y el parámetro de licitación será el precio.

El cuarto segmento estará concentrado en instrumentos dólar linked. Finanzas reabrirá la LELINK D30O6, con vencimiento el 30 de octubre de 2026, y la D31M7, que vence el 31 de marzo de 2027. A ellas se sumará el bono dólar linked TZV27, con vencimiento el 30 de junio de 2027.

La principal novedad de la convocatoria es la LELINK con vencimiento el 30 de noviembre de 2026. Se trata de un instrumento nuevo, denominado en dólares estadounidenses, pero cuya suscripción y pago se realizarán en pesos tomando como referencia el tipo de cambio establecido por la Comunicación “A” 3500 del Banco Central.

El título será emitido el 15 de septiembre y amortizará íntegramente al vencimiento. No pagará intereses, ya que es un instrumento cero cupón, y su precio de colocación será determinado en la propia licitación. Para la suscripción se utilizará el tipo de cambio de referencia correspondiente al día hábil previo a la licitación, mientras que para el pago se aplicará el tipo de cambio de referencia correspondiente al tercer día hábil previo a la fecha de pago.

La estructura de la licitación permite distinguir dos tipos de participación. El tramo no competitivo está destinado a inversores que no cuentan con especialización suficiente para evaluar por sí mismos las condiciones financieras y requieren el asesoramiento de una entidad especializada. En los instrumentos en pesos podrán presentar ofertas de entre VNO $10.000 y $50 millones por inversor, mientras que para el instrumento denominado en dólares el rango será de VNO USD 1.000 a USD 50.000.

Los inversores especializados y quienes superen esos límites deberán participar del tramo competitivo. Para los títulos en pesos, la oferta mínima será de VNO $1 millón para los agentes excluidos del tramo no competitivo y no habrá un máximo. En el caso de los instrumentos dólar linked, el mínimo será de VNO USD 1.000, también sin límite máximo.

La diferencia entre ambos segmentos no es menor para el funcionamiento de la operación. En el tramo competitivo, los inversores deberán indicar tanto el volumen que buscan suscribir como el precio que están dispuestos a pagar. Para las LECAP, LECER y bonos TAMAR, el precio se expresará en pesos por cada VNO $1.000. En las LELINK y el bono dólar linked, el precio se expresará en dólares por cada VNO USD 1.000, aunque la integración se realizará en pesos.

La licitación vuelve a colocar al Tesoro frente a un mercado que deberá definir cuánto está dispuesto a pagar por instrumentos con diferentes mecanismos de cobertura y horizontes de vencimiento. La combinación de tasa fija, CER, TAMAR y dólar linked permite al Gobierno captar demanda de inversores con expectativas diferentes respecto de inflación, tasas de interés y evolución cambiaria.

En el caso de los títulos dólar linked, además, el diseño traslada al inversor una cobertura frente a la variación del tipo de cambio oficial de referencia. La suscripción se realiza en pesos, pero el valor nominal y la amortización están expresados en dólares, con el tipo de cambio aplicable definido según las reglas establecidas para cada instrumento.

Finanzas no fijó de antemano un monto máximo específico para cada título: la colocación será de hasta el monto máximo autorizado por la normativa vigente. El volumen efectivamente adjudicado y los precios de cada instrumento quedarán determinados una vez finalizado el proceso competitivo.

La operación tendrá así dos lecturas. En el corto plazo, permitirá observar el costo al que el Tesoro consigue renovar o captar financiamiento en pesos y qué cobertura demanda el mercado frente a inflación, tasas y dólar. En una perspectiva más amplia, la composición de la oferta muestra la estrategia de diversificar los instrumentos disponibles para administrar los vencimientos y captar fondos de inversores con distintas expectativas financieras.

Compartí esta noticia !

Caputo prometió bajar impuestos, pero postergó la reforma integral para un segundo mandato de Milei

Compartí esta noticia !

El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que el Gobierno nacional proyecta reducir en otro punto la presión impositiva durante 2027, aunque aclaró que una reforma tributaria integral requerirá un acuerdo profundo con las provincias y quedará como uno de los grandes objetivos para un eventual segundo mandato de Javier Milei.

Durante su participación en el encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), realizado en Puerto Iguazú, Caputo reconoció que la Argentina arrastra una estructura tributaria “malísima”, atravesada por impuestos distorsivos en los tres niveles del Estado.

El ministro aseguró que la Nación ya redujo la presión tributaria en tres puntos desde el comienzo de la gestión libertaria, pero admitió que todavía persisten gravámenes que castigan la producción, la inversión y la formalidad.

Entre ellos apuntó especialmente contra Ingresos Brutos y las tasas municipales. Sin embargo, reconoció que las provincias construyeron una fuerte dependencia de esos recursos ante la inestabilidad de las transferencias nacionales y las recurrentes crisis fiscales.

“Le preguntás a cualquier gobernador y te va a decir que era la única forma de defenderse”, señaló. Según Caputo, los impuestos provinciales llegan a representar alrededor del 80 por ciento de los ingresos propios en muchas jurisdicciones.

Por esa razón, sostuvo que una reforma tributaria de fondo no podrá resolverse exclusivamente desde Buenos Aires. Será necesario sentar a la Nación y a las provincias en una misma mesa para redefinir la distribución de los recursos y reemplazar gradualmente los tributos más perjudiciales.

“La reforma de fondo va a requerir sentarnos con las provincias y hacer un cambio profundo. Eso va a llegar para el segundo mandato”, afirmó.

Mientras tanto, adelantó que el Gobierno continuará bajando impuestos en la medida en que el superávit fiscal lo permita. “El año que viene vamos a bajar un punto más”, prometió.

Caputo también defendió la recuperación desigual de los distintos sectores productivos. Rechazó que las distintas velocidades constituyan necesariamente un problema y las definió como una consecuencia natural de la reasignación de recursos que impulsa el programa económico.

El ministro recordó que el período de mayor caída industrial se produjo durante el último año y medio de la administración anterior, cuando la actividad fabril retrocedió catorce puntos en medio del desorden macroeconómico, la falta de precios de referencia y la brecha cambiaria.

Para explicar el potencial que, a su entender, permaneció desaprovechado, recurrió a una metáfora futbolística: la Argentina tenía a “Messi, Di María y Enzo Fernández en el banco de suplentes”.

En esa comparación ubicó a la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento, sectores que estuvieron condicionados durante años y que ahora comenzaron a ganar protagonismo.

“Energía y minería estaban pisadas. Ahora les das la posibilidad de surgir y van a arrancar”, planteó. Para Caputo, el crecimiento de esas actividades no perjudica al resto del entramado productivo, sino que aporta divisas, inversiones, empleo y mayor previsibilidad para toda la economía.

El ministro sostuvo que durante décadas el desempeño de las empresas estuvo sometido a la discrecionalidad del funcionario de turno, que decidía mediante permisos, cupos, regulaciones o acceso diferencial al mercado cambiario quién podía crecer y quién quedaba relegado.

La estrategia oficial, explicó, consiste en estabilizar primero la macroeconomía y permitir después que el mercado determine la asignación de recursos. “Es un proceso. Estamos reconstruyendo el país y esto es parte de la reconstrucción”, afirmó.

Caputo admitió que la transformación beneficiará más rápidamente a algunas actividades que a otras, pero insistió en que se trata de un movimiento inevitable dentro de una economía que abandona restricciones acumuladas durante años.

Otro de los ejes de la presentación fueron los vencimientos de deuda, que durante el próximo período alcanzarán los 23.000 millones de dólares.

Caputo buscó despejar las dudas sobre la capacidad de pago y aseguró que el programa financiero está cerrado con un año y medio de anticipación. Según destacó, se trataría de una situación inédita para la Argentina reciente.

“No tenemos necesidad de salir al mercado financiero internacional”, afirmó. El ministro aclaró que el Gobierno podrá refinanciar vencimientos, pero únicamente cuando encuentre condiciones convenientes y tasas suficientemente bajas.

Caputo reveló que el equipo económico recibió propuestas de financiamiento con costos hasta 200 puntos básicos inferiores a las condiciones disponibles en el mercado. “Hemos cerrado el financiamiento”, insistió.

La afirmación apunta a reducir la incertidumbre sobre los compromisos externos y a evitar que el calendario de deuda vuelva a condicionar el programa económico.

Mora, bancos y un límite al rescate estatal

El ministro también se refirió al aumento de la mora de familias y empresas. Lo describió como parte de un proceso de aprendizaje de un sistema financiero que, durante años, tuvo pocos incentivos para prestar al sector privado porque encontraba rentabilidad en el financiamiento al Estado.

Caputo rechazó de plano la posibilidad de utilizar recursos públicos para compensar a las entidades que otorgaron créditos de manera deficiente.

“No podemos usar la plata de los contribuyentes para compensar a entidades financieras cuyo trabajo es dar crédito”, sostuvo. A su entender, rescatar a los bancos por una mala evaluación de sus clientes sería una medida “populista e inmoral”, tanto para quienes cumplen con sus obligaciones como para el conjunto de los contribuyentes.

El ministro aseguró que las entidades están respondiendo mediante refinanciaciones, extensión de plazos y reducción de tasas. Como ejemplo, señaló que el Banco Nación concretó más de 100.000 operaciones de refinanciamiento.

Para Caputo, esa conducta no responde solamente a una decisión de acompañamiento, sino también a la lógica del propio negocio bancario: refinanciar puede ser más conveniente que ejecutar una deuda o asumir una pérdida definitiva.

Aunque reconoció la existencia del problema, descartó que la mora represente una amenaza para la estabilidad financiera. Estimó que equivale aproximadamente a un punto del producto y remarcó que deberá resolverse entre las entidades y sus clientes.

“No es un problema sistémico. Es un problema que tiene que resolverse entre privados”, concluyó.

“Me importa tres pitos lo que digan”

Caputo también rechazó los pronósticos que anticipan un escenario de tensión económica y cambiaria durante el próximo año. Con una expresión poco habitual para un ministro de Economía, buscó quitarles dramatismo a las advertencias: “Me importa tres pitos lo que digan. Va a ser un año que no tendrá nada que ver con lo que se está diciendo. Va a ser súper tranquilo”.

De todos modos, aclaró que su responsabilidad no consiste solamente en confiar en el rumbo oficial, sino en preparar al Gobierno frente a las expectativas y los temores del mercado. “No importa lo que pienso yo, me preparo para lo que piensa la gente”, señaló.

El ministro afirmó que la Argentina llegará al próximo proceso electoral en una posición mucho más sólida que en 2025, especialmente en materia cambiaria. Como respaldo mencionó la acumulación de 15.000 millones de dólares de reservas y la disponibilidad del swap con China.

“Nos preparamos para el peor de los escenarios, pero no va a pasar”, aseguró.

Caputo reconoció que la oposición tiene capacidad para instalar incertidumbre y generar episodios de tensión. Sin embargo, consideró que el margen para provocar una crisis se reduce cuando las cuentas públicas, la emisión monetaria y el frente cambiario permanecen bajo control.

“La oposición es buena generando crisis, pero si tenés la macroeconomía en orden no es tan fácil desestabilizar”, sentenció. Para el ministro, el equilibrio fiscal y el fortalecimiento de las reservas funcionarán como las principales defensas ante cualquier intento de trasladar la disputa política al terreno financiero.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin