Diarios de Misiones

Yerbal Viejo: una marca con visión al futuro

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Misiones es crisol de razas, de la tierra pujante y vasta que supo ofrecer tierra fértil a los que la forjaron desde sus principios y que dio valor a la producción. Los inmigrantes y sus hijos vinieron a instalarse a la tierra colorada e iniciaron su vida de la mano de la yerba mate. La yerba, noble producto, llena de selva, que ayudó a crecer la economía y así, la vida de los llegados  a este lugar gracias al oro verde. Esa misma yerba que hoy se proyecta hacia el futuro como una parábola, volviendo a los orígenes.

Una de estas familias rescató la historia y vio, en este cultivo, la posibilidad de un futuro de vida. Poder trascender lo cultural, y seguir la tradición está en el ADN de la familia Sand que, como tantas a lo largo y ancho de Misiones, fue un ejemplo de lucha y progreso.

La producción de yerba dentro de esta cuna familiar ya lleva varias generaciones. Inmigrantes suecos y finlandeses que desembarcaron en Bonpland en 1906  y se asentaron la zona. Pero la tierra ahí, como cuentan los actores de esta historia, no era  fértil para para el cultivo de yerba, algo que se buscaba producir durante los primeros procesos de colonización de Misiones.

Por este motivo, una parte de esta familia siguió la ruta de la inmigración, se acercó hacia el centro de la colonia de Misiones, en lo que fueron los inicios de una comunidad que viró hacia la Colonia de Yerbal Viejo, una región de yerbales silvestres y en el que vieron un suelo que les dejaría producir.

Hacia 1912 una comitiva de Yerbal Viejo llegó desde Bonpland y se a asentó. En 1914 se instalaron, en Colonia Guaraní, a unos cinco kilómetros de Oberá, en la en la chacra donde hoy viven los tataranietos de aquellos inmigrantes. En la década del 30´ empezaron a cultivar yerba mate, una producción que se fue replantando pero que mantiene los cultivos originales.

Este fue el origen del nombre Yerbal Viejo, en homenaje a los antecesores y también a las otras familias de agricultores que apostaron y que establecieron la fundación de Oberá, que en 1928 dejó de nombrarse la Colonia de Yerbal viejo y pasó a llamarse como hoy se la conoce.

A pesar de que la yerba mate fue un producto muy valorado en todo Misiones, la zona centro fue el epicentro de la producción yerbatera, debido a que  posibilitó la generación de muchas cooperativas y  asociaciones de productores. Es por ello que gran parte de la historia de Oberá y sus alrededores está vinculada con la producción del, entonces conocido, “oro verde”.

En aquellos años, los productores y sus familias formaron cooperativas para poder llevar a cabo las  distintas producciones y fue necesario, casi urgente, asociarse para llevar adelante la cosecha, entre otras partes del proceso productivo.

“Los momentos históricos fueron clave para llevar adelante esas trasformaciones sociales”. Con esta frase describen la lucha yerbatera y el asentamiento de las familias en todo el territorio provincial, lucha que se mantuvo desde siempre, hasta la protesta yerbatera con el “Tractorazo” que tuvo lugar durante los años 2001 y 2002 y del que Hugo Sand fue uno de los protagonistas.

Hoy los Sand tienen 24 hectáreas de tierra, con ocho de yerba y el resto es producción de té, monte nativo  y otros cultivos. De esta manera, mantienen la chacra diversificada, un recurso recurrente en las producciones rurales misioneras y que les permite a las familias mantener redituables sus unidades productivas.

 “Yerbal Viejo, es una marca que  comienza a gestarse a finales de la década de los 90´ con mi padre. Luego, se comenzó a comercializar muy incipientemente, pero con la crisis del 2001 se paralizó todo. De cualquier manera, se mantuvo el nombre, a pesar de que se dejó de producir, pero se  seguía cosechando”, expresó Johann Sand, heredero del legado de esta familia de productores.

Johann contó a Economis que todo comenzó en un proceso que llevó mucho tiempo hasta su finalización. “Costó mucho llegar a donde están hoy; con una marca registrada y con una mejor producción en marcha”, señaló Johann.

Luego de que la crisis económica del 2001 empieza a “pasar”, la familia Sand llevó la producción a una cooperativa en Guaraní, pero todavía no se comercializaba bajo el nombre con el que hoy se conoce.

Pasaron poco menos de 20 años, y en 2018, surgió la  propuesta de  reactivar la marca en lo comercial y ver nuevos nichos de mercado.  “Se buscaba ver cómo  poner en funcionamiento la marca, utilizar el sello y venderla primero a muy baja escala, menos de 100 kilos por mes a conocidos y familiares; luego establecimos relaciones con organizaciones de acá y  de otras provincias, mercados y ferias”, señaló Johann quien agregó que esta producción, a pesar de ser mínima, les permite seguir viviendo bien.

El joven productor contó que, este año, comenzaron con los trámites para conformar una cooperativa dentro de la propia familia. La figura de las cooperativas, sostuvo, les permite a acceder a créditos y financiamiento para mantener un crecimiento sostenido.

“En este momento vendemos para el mercado interno, a las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Corrientes, donde trabajan con cooperativas que traccionan la producción local. Dentro de Misiones venden a un  precio accesible en ferias de barrios de Oberá, además de a organizaciones sociales, como así también en las localidades de Posadas y Puerto Iguazú.

“Buscamos fortalecer el mercado local y nacional y más adelante poder llegar a más lugares, hacer crecer la comercialización”, expresó. Los yerbales son de la familia, donde todos nacieron y entre los hermanos y padres se dividen las tareas, para levar a cabo este proyecto.

Una de las características de la chacra de la familia Sand es la producción de yerbales bajo sombra, algo que les permitió sobrellevar la sequía de mejor manera que otras chacras. “Hace muchos años que tenemos los yerbales bajo monte, donde hay yerba, hay árboles nativos que permiten, en los días de mucho sol, generar sombra y mantener la humedad del suelo”.

“Nos dimos cuenta de que la yerba sintió el calor y la falta de agua pero, en comparación con otras chacras, las plantas soportaron bien las altas temperaturas y la escasez de agua. Se cuidaron las cubiertas verdes, las vertientes, lo que sin duda ayudó mucho”, relató.

En la actualidad, la empresa produce de manera orgánica. Utilizan biofertilizantes, abonos orgánicos que los producen en la misma chacra lo que es muy redituable, ya que se evitan tener que comprar, además producir de forma sustentable.

“Esto es experimental, ya que todo apunta a que es positivo, porque la producción de yerba de manera agroecológica tiene sus grandes beneficios. No se produce a gran escala, pero se pueden generar, por ejemplo, 8 mil kilos por hectárea de manera constante. Si bien, con la producción sintética se puede producir 20 mil kilos por hectárea, se debe mantener la cantidad de agrotóxicos que se agregó en un principio para que la producción no caiga”, explicó Sand.

“Cuando uno plantea un nuevo modelo productivo, agroecológico, los nutrientes sintéticos se convierten en costos, en problemas de salud, que a su vez se se traducen en costos para el sistema de salud, en muerte y también en problemas sociales”, sostuvo. El joven Sand expresó además que la mecanización del trabajo traerá miseria e inestabilidad en los sectores productivos ya que más de 15.000 mil productores y sus tareferos dejarían de comer.

“¿Qué va a pasar con la propiedad de la tierra, a dónde irán a parar esas familias si no tienen trabajo en la chacra? Muchos colonos tendrán que vender su chacra, porque no le es redituable y, de hecho, ya lo están haciendo”, reflexionó. “El sistema hegemónico de producción no lo está viendo”, cuestionó.

La familia Sand cosecha la yerba que se lleva a una cooperativa en Guaraní donde hacen el primer proceso, la yerba canchada De esta manera, una parte se estaciona unos meses para llevarlo a otro molino, luego se envasa y, de ahí,  a la comercialización.
Estamos buscando la certificación agroecológica para que podamos certificar un producto de calidad, de esta forma podremos llevar a secaderos certificados y diferenciarlas con otras yerbas agroecológicas”, adelantó Johann.

Para fines de este año esperan contar con el sistema de certificación participativa, en la cual se busca la vinculación de producción sustentable y en lo que están articulados varios actores: los  consumidores y el Estado provincial, a través de Ley de Fomento Agroecológico, con universidades, ingenieros agrónomos y científicos. Todo este grupo de actores certifican que la producción es agro ecológica, tanto la yerba, como el té, la miel e inclusive los biofertilizantes que se producen.

“Nos da una trazabilidad, y vos sabes de donde viene lo que estas consumiendo  a través de un precio justo, y nos permite a acceder a mercados diferenciados, trabajando un producto en base a muchos criterios, éticos y científicos, mucho más sustentable”, señaló.

Una forma y estilo de vida, la producción sustentable. Nuevas formas, un cambio de paradigma no sólo en la yerba mate, sino también, en todos los sectores productivos, tan diversos  como lo es la tierra misionera.

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Se dictó la segunda jornada higiénico sanitaria para tatuadores y piercers

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La Secretaría de Salud y Desarrollo Humano de Posadas realizó la segunda jornada de formación destinada para quienes se desempeñan como tatuadores y colocadores de piercing en la capital provincial con el objetivo de garantizar procedimientos de actuación que respeten la higiene, seguridad y el uso de materiales adecuados al momento de desarrollar la actividad.

Durante la tarde del viernes, alrededor de 30 personas participaron del taller dictado por el Dr. Luis Esquivel, que tuvo lugar en el Salón de Usos Múltiples de la sede central ubicada sobre calle San Martín 1579. El mismo fue gratuito y obligatorio para todos aquellos que quieran habilitar un local. Allí, se trataron temas como: normas sanitarias, esterilización, higiene y bioseguridad, anatomía de la dermis, materiales hipoalergénicos, consideraciones legales, técnicas de primeros auxilios y RCP, entre otros tópicos.

“La realización de tatuajes o piercings, es una práctica cada vez más extendida en nuestra ciudad, y por desde la Municipalidad organizamos estos talleres, para garantizar los normas y los procedimientos de actuación que respeten la higiene, la seguridad, el uso de materiales adecuados, tanto para quienes llevan adelante su trabajo como para quienes depositan su confianza en estas personas”, explicó la Directora General de Control Alimentario y Fiscalización Urbana, Ana María Paredes, en la apertura del encuentro.

Aprobando el examen, el Municipio hará entrega de la certificación correspondiente que consta el cumplimiento de la capacitación, a fin de poder ser exhibida en el local habilitado. Esta actividad se realiza en el marco de la Ordenanza XII – Nº 39 (antes Ordenanza 2934/11) que establece las condiciones sanitarias requeridas por el Municipio para el desarrollo de la actividad, como así también el procedimiento y mecanismos de prevención al momento de llevar a cabo la realización de tatuajes y colocación de punciones.

Qué dice la legislación

La ordenanza XII – Nº 39 (antes Ordenanza 2934/11) establece las normas para la práctica del tatuaje y piercing en el ámbito de la ciudad capital: Las personas que realizan este tipo de actividad deberán ser mayores de 21 años y tendrán la licencia que los habilite para tales fines. Asimismo, deben participar de los cursos de capacitación para los tatuadores y piercers sobre normas sanitarias, esterilización, higiene y bioseguridad, anatomía de la dermis, primeros auxilios, entre otros.

Mientras que, las personas que soliciten alguna de estas prácticas, deberán ser mayores de 18 años y se les exigirá la presentación de cualquier documento que acredite su identidad (original o copia), o en el caso de ser menores de edad, deberán presentar una autorización expresa de los padres, tutores o encargados.

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Procesaron con prisión preventiva a la banda que contrabandeaba soja por Misiones

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Un total de siete de los once implicados en la megacausa por contrabando de granos de soja y maíz a Brasil a través de la frontera de Misiones fueron procesados con prisión preventiva por decisión de la Justicia Federal de la ciudad de Oberá, entre ellos un exjefe de Gendarmería Nacional, informaron fuentes judiciales.

La resolución fue tomada por Alejandro Marcos Gallandat Luzuriaga, quien los acusa de “asociación ilícita en concurso ideal con los delitos de contrabando de exportación agravado por la intervención de tres o más personas organizadas para cometerlo y la participación de un agente de la fuerza de seguridad”.

La investigación por contrabando comenzó en marzo de 2021 y ocho meses después el magistrado ordenó doce allanamientos simultáneos en las ciudades de Oberá, Panambí, El Soberbio, San Javier, Apóstoles, Colonia Aurora y Mojón Grande.

Entre los investigados se encuentra el excomandante de Gendarmería Marco Antonio Duette (50), quien hasta el día de su detención fue jefe del Escuadrón 9 Oberá y al que se le agregó el delito de “cohecho pasivo”.

Otro de los procesados y sindicado cabecilla de la banda es el empresario Santiago Marino (54), dueño de un importante complejo turístico ubicado sobre la ruta provincial 2, en Florentino Ameghino, procesado además con el agravante de “organizador” y por el delito de “cohecho activo en concurso real”.

La medida judicial alcanzó también a Juan Carlos Tivano (68), Ricardo Fabián Gómez (47 y sargento de Gendarmería), Marcelo Da Silva (44), Ricardo Hildebrandt (46) y Francisco Eladio Morel (61).

Se determinó el embargo por 3 millones de pesos a cada uno y se dispuso la apertura de un nuevo expediente para investigar el delito de lavado de activos, dada la gran cantidad de bienes, vehículos y dinero incautados a los involucrados.

El modus operandi de la organización consistía en la utilización de Cartas de Porte y Formularios CTG (Código de Trazabilidad de Granos) emitidas por personas físicas o jurídicas sin capacidad económica, únicamente para dar la apariencia de legalidad al desplazamiento en ruta de las cargas.

Una vez que esos camiones ingresaban a la provincia, casi siempre con un peso muy superior al declarado y permitido, saltaban los controles y esas cartas de porte eran eliminadas o modificadas.

Los efectivos de GNA eran los encargados de liberar la ruta nacional 14 y la ruta provincial 2 para que la soja llegue a destino sin inconvenientes.

Las cargas llegaban a la zona de frontera, donde se acopiaba en cercanías a la costa, se las cargaba en bolsas de 50 kilogramos y se las enviaban a Brasil en canoas por el río Uruguay.

La investigación permitió el decomiso de 298.000 kilogramos de soja.

Las detenciones y allanamientos fueron llevados a cabo por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), mientras que la investigación está a cargo de la Secretaría de Delitos Complejos del Juzgado, con la denuncia inicial efectuada por la Procelac conjuntamente con la Fiscalía Federal de Oberá.

En cuanto a perjuicio fiscal, las maniobras de evasión investigadas a esta organización fueron estimadas por la AFIP para el año 2020 en $139.652.145,35 en concepto de IVA y $465.507.151,16 en cuanto a Impuesto a las Ganancias.

Respecto a 2021 el perjuicio fue calculado en $480.677.034,36 y $1.605.256.781,20 en cuanto a IVA y Ganancias, respectivamente, a lo cual se suma el no pago de las retenciones a las exportaciones de oleaginosas y la diferencia cambiaria entre el dólar oficial y el blue.

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Productores yerbateros apuestan a la producción agroecológica como herramienta para la transformación social

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En el 2014, en Misiones se crea la Ley Provincial de Fomento a la Producción Agroecológica, Nº 68. La misma estipula, mediante la regulación, la promoción e impulso de actividades, prácticas, procesos de producción, comercialización y consumo de alimentos saludables con sostenibilidad ambiental, económica, social y cultural, teniendo en consideración el ordenamiento productivo de cada región.

Es por esto que, bajo este marco regulatorio, en el 2018 cinco familias productoras de yerba mate de las localidades de Oberá, Guaraní y General Alvear decidieron aunar esfuerzos y crear el grupo Oberá Agroecológico. De esta manera, este grupo de productores yerbateros, entre los que se encuentran “Nuestra Chacra”, “Yemarí”, “Agua Escondida”, “El Viejo Roble”, “Alma Anette” y “Yerbal Viejo”, decidieron apostar por este tipo de desarrollo para, de esta manera, recibir la correspondiente certificación otorgada por la Secretaría de Agricultura Familiar, del gobierno provincial.

Johan Sand, es un joven productor de “Yerbal Viejo” e integrante de este grupo que debe mantener reuniones mensuales, como uno de los requisitos para obtener esta certificación. “Vamos rotando, una vez por mes, visitando a cada una de las chacras, donde compartimos experiencias prácticas y teóricas de lo que va sucediendo en cada producción y, además, fomentamos la participación grupal”, explicó a Economis.

“Por el momento estamos en transición agroecológica, hasta que recibamos el certificado que depende de los tiempos de la Secretaría de Agricultura Familiar, que es el organismo encargado de certificar las chacras”, explicó Johan, quien agregó que además también hay una comisión zonal compuesta por productores, consumidores locales e ingenieros agrónomos y forestales que es la encargada de visitar las chacras y corroborar que las prácticas agrícolas, que se están llevando a cabo en cada una de las chacras, se corresponden con los métodos agroecológicos.

Este sistema, explica Johan, se llama Certificación Participativa y se diferencia de la certificación orgánica que compete a otras instituciones que cuentan con la patente para certificar bajo este concepto, mediante un pago y cumpliendo ciertos requisitos exclusivos. En ese caso, es una relación del productor con la empresa certificadora, sin intervención de los organismos mencionados anteriormente.

“En el proceso de certificación agroecológica que estamos llevando a cabo, nosotros nos relacionamos con otros productores, con otras instituciones, con consumidores y con el Estado Provincial que es el ente que va a terminar de certificar y va a darnos los sellos que después vamos a poder colocar en cada uno de los productos que salgan de esas chacras certificadas”, ratificó Johan.

Para los productores involucrados en la certificación agroecológica, la etiqueta va más allá del marketing, tiene un contenido más profundo de lo que se quiere decir y el proceso trabaja tres dimensiones: la económica y productiva, la ecológica y la socio cultural.

En la primera dimensión mencionada, la económica y productiva, el objetivo es dejar de usar en la producción insumos externos a las chacras, es decir, eliminar el uso de fertilizantes sintéticos, herbicidas, etc, para empezar a producir con las herramientas disponibles. “Ahí es donde más se trabaja con abonos, con biofertilizantes para no tener que ir a una agro veterinaria y comprar esos insumos, porque son caros y terminan no siendo lo mejor para las chacras en transición”, reflexionó.

La segunda dimensión, la ecológica, trabaja específicamente en restaurar todo el ecosistema de la chacra que es vista como un sistema en sí mismo. A partir de esto, se intenta restaurar la tierra, el monte, los cultivos y, al mismo tiempo, estimular a que haya mayor biodiversidad natural. Se empieza a cultivar árboles para traer más aves, se cultivan especies florales, para traer más insectos y abejas, porque, mientras más biodiversidad haya en las chacras, mejor va a ser para todo el sistema ecológico.

“Todo cultivo en la chacra debe ser transformado en policultivo, ya no se debe tener una hectárea sólo de yerba o te, sino que, dentro de esa misma hectárea, se deben plantar árboles, hacer huertas, trabajar con protección de vertientes. Mientras más diversas especies vegetales haya en un mismo lugar, mejor va a ser para la chacra, porque va a aumentar la resiliencia que van a tener esos cultivos, ante la emergencia climática”, explicó Johan.

Y la tercera dimensión, lo socio cultural, busca es establecer nuevas relaciones laborales basadas en el respeto por la diversidad de los productores y también el comercio, que debe ser basado en un precio justo en los productos, ya sea para los productores o para los consumidores. “Esto es una clara diferencia con los productos orgánicos que terminan siendo muy elevados en su precio y solamente pueden acceder consumidores que tiene un alto capital económico”.

“En la agro ecología no se plantea producir alimentos sumamente caros, sino poder alimentar a toda la población, porque una de las bases esenciales de la agro ecología es lograr la soberanía alimentaria. Es necesario que el mundo rural y el mundo urbano estén más interconectados, pero que, en esa interconexión, no haya una desigualdad entre los actores rurales y los urbanos”, agregó.

Por eso, desde la concepción agroecológica, se revaloriza la cultura local, los movimientos sociales y las luchas sociales. “Son herramientas y son procesos que la agro ecología siempre va a estar poniendo el ojo, porque son esos momentos de crisis donde se puede transformar la realidad para mejorar”.

Las familias productoras

Las cinco chacras tienen yerbales bajo sombra y trabajan en el mantenimiento del suelo. Cada uno es independiente a la hora de comercializar su producto, por lo que no hay una marca en común. Cada uno trabaja de manera particular, cada uno tiene la autonomía de cómo y a qué mercado vender su producción.

Las cinco familias de productores tienen las chacras y las plantaciones, se dedican a cultivarlas, cuidarlas, cosecharlas y llevarlas a secaderos locales. En algunos casos, hay familias que tienen la posibilidad de tener su propia marca y pueden abarcar otro eslabón, que es la comercialización de la yerba y no sólo vender la materia prima.

La decisión de inclinarse por este tipo de producción viene de muchos motivos, pero todo recae en el compromiso político, desde el plano social, de entender la situación de emergencia climática, la inestabilidad política y las injusticias sociales, producto de un sistema que se intensifica y no discrimina a ningún sector de la comunidad.

“Al conocer estos métodos agro ecológicos y las prácticas agro ecológicas en sí, teniendo la chacra, la posibilidad de seguir trabajando en ello, nos comprometemos con nuestro granito de arena en trabajar de una forma del cual podemos seguir viviendo en la chacra, pero también podamos difundir otras prácticas, otras formas de relacionarnos como personas, entre las personas con la naturaleza que nos rodea. Es un compromiso que atender, que queremos llevar a cabo siempre”, finalizó Johan.

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Hacia una tutela jurídica de los humedales argentinos

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El 9 de junio de 2022 la provincia de Misiones publicó la ley XVI-146 sobre protección de humedales, convirtiéndose en la primera provincia argentina en regular la materia y realizando un valioso aporte para el debate a nivel nacional.

La norma misionera perseguirá la preservación, conservación, defensa y desarrollo de los humedales que protegen y contribuyen a mantener el equilibrio del ecosistema a partir de los servicios ambientales que brindan, entre los que podemos apreciar la provisión de agua, el almacenamiento de carbono y la mitigación del cambio climático.

De esa manera, el aprovechamiento de los humedales misioneros deberá ser planificado considerando un uso sustentable y respetuoso de sus características ecológicas, lo que configura un acierto de los legisladores norteños, en tanto ponderan adecuadamente las tres vertientes del desarrollo sostenible, es decir, en su aspecto económico, social y ambiental.

El apoyo político recibido por la ley merece ser puesto de resalto. En tiempos de extrema polarización, el consenso en cuestiones relativas a la problemática ambiental resulta esperanzador.

Las diferencias de tenor político, religioso o cultural deben dejarse de lado cuando se trabaja con el objetivo de tutelar el ambiente y las distintas formas de vida que componen nuestros ecosistemas.

Contar con una ley de humedales configura una necesidad imperiosa dentro de cualquier ordenamiento jurídico moderno que se jacte de ser receptor de la realidad que regula.

Al día de hoy los humedales continúan siendo los sumideros de carbono más efectivos del planeta. Las turberas cubren solo el 3% de la superficie terrestre y almacenan casi un tercio de todo el carbono, es decir, el doble que todos los bosques del mundo juntos.

La cuestión relativa a los humedales también es trascendental si la relacionamos con los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, donde se afirma perseguir, entre otras cosas, el hambre cero y el trabajo decente.

Sobre ese punto, cabe decirse que el arroz, principal alimento de casi la mitad de la población mundial, se cultiva principalmente en zonas de humedales. Del mismo modo, estos ecosistemas proporcionan 266 millones de puestos de trabajo en turismo y viajes relacionados con ellos.

La protección de nuestros humedales resultará así imprescindible para el adecuado cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por nuestra nación.

Corresponderá ahora preguntarse por qué motivo no fue aún posible sancionar una ley nacional de presupuestos mínimos en materia de protección de humedales, en consonancia con lo estipulado por la Constitución Nacional y con el fin de garantizar la integridad de nuestros ecosistemas.

Es necesario un urgente debate de la problemática referida a los humedales argentinos y evitar que los proyectos presentados sigan perdiendo su estado parlamentario.

La provincia de Misiones ya ha señalado el camino a seguir, regulando una realidad que la Nación parece ignorar.

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