Dólar oficial

El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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El dólar oficial cerró junio en $1.500 y superó ampliamente a la inflación

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El dólar oficial cerró junio con una fuerte recuperación y alcanzó los $1.500 para la venta en el Banco Nación, luego de registrar una suba mensual del 5%, muy por encima de la inflación estimada para el período, que las consultoras privadas ubican por debajo del 2%. El movimiento marcó un cambio de tendencia en el mercado cambiario y volvió a instalar el debate sobre las estrategias de cobertura para el segundo semestre del año.

La cotización oficial avanzó cinco pesos en la última rueda del mes, mientras que el tipo de cambio mayorista finalizó en $1.481,50, con un incremento mensual del 5,2%. Aun así, el precio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Banco Central, actualmente ubicado en $1.806,92, lo que mantiene un amplio margen dentro del esquema de flotación administrada.

La aceleración del tipo de cambio terminó por borrar las ganancias obtenidas durante los últimos meses por las estrategias de carry trade. Quienes apostaron por inversiones en pesos para luego dolarizar sus posiciones registraron pérdidas cercanas al 2,5%, en un contexto donde la apreciación del dólar superó ampliamente el rendimiento obtenido por varios instrumentos financieros de corto plazo.

Detrás de la suba confluyeron diversos factores. La menor liquidación de divisas por parte del complejo agroexportador, la reducción de emisiones de obligaciones negociables en moneda extranjera y un incremento de la demanda de cobertura presionaron sobre el mercado durante todo junio. A ello se sumó la estacionalidad propia del inicio del segundo semestre, cuando disminuye el ingreso de dólares provenientes de la cosecha gruesa y aumenta la incertidumbre financiera.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia alcista. El dólar MEP finalizó el mes en $1.512,05, con un incremento mensual del 5,4%, mientras que el contado con liquidación cerró en $1.561,52, tras avanzar 5% durante junio. En paralelo, el dólar informal concluyó en $1.515, acumulando un aumento cercano al 6%, prácticamente el triple de la inflación esperada para el mes.

En materia cambiaria, el Banco Central moderó el ritmo de intervención. Durante junio compró alrededor de USD 1.371 millones, el volumen mensual más bajo del año, reflejando una menor oferta de divisas en el mercado oficial. Según los datos diarios de la autoridad monetaria, las reservas internacionales se ubicaban en USD 44.873 millones al cierre del 30 de junio, mientras que ese día adquirió otros USD 47 millones en el mercado de cambios.

El fortalecimiento del dólar también se explicó por el reacomodamiento de carteras financieras. La proximidad de importantes vencimientos de deuda en pesos, como el bono CER TZJ26, incentivó el desarme de posiciones en moneda local y elevó la demanda de activos dolarizados. A ello se agregaron factores internacionales, como la apreciación global del dólar frente a otras monedas, fenómeno que también impactó sobre las economías emergentes.

Pese al reciente movimiento, el balance del primer semestre todavía muestra una apreciación relativamente moderada del tipo de cambio oficial, con una suba cercana al 2% desde enero. Durante ese período, las tasas en pesos ofrecieron rendimientos mensuales del orden del 2%, lo que permitió que las colocaciones en moneda local resultaran más rentables que la dolarización. Sin embargo, la recuperación del dólar durante junio modificó parcialmente ese escenario.

Las opiniones entre los analistas continúan divididas respecto de la estrategia más conveniente para los próximos meses. Gustavo Ber considera que el contexto favorece una mayor dolarización de los portafolios ante una esperada reducción de la oferta de divisas. Gustavo Quintana, en cambio, sostiene que la demanda actual responde principalmente a factores estacionales y recomienda prudencia antes de tomar posiciones.

Francisco Díaz Mayer entiende que los actuales niveles no resultan atractivos para comprar dólares con una visión de corto plazo, aunque considera razonable el precio desde una perspectiva de largo plazo. Federico Domínguez mantiene una visión favorable a los instrumentos en pesos, apoyado en el superávit fiscal, el orden monetario y el fortalecimiento del sector exportador.

Desde Cocos Gold, Ian Colombo plantea que la decisión dependerá de la evolución de las tasas de interés. Si los rendimientos en pesos permanecen por encima del 20% anual, el carry trade podría seguir ofreciendo ventajas. En cambio, una reducción adicional de las tasas volvería más atractiva la cobertura cambiaria, especialmente cuando el mercado proyecta un dólar entre $1.630 y $1.650 hacia fin de año.

Otros especialistas, como Juan Pazos, consideran que el segundo semestre podría presentar una dinámica cambiaria relativamente estable gracias a una mayor oferta de granos y una demanda moderada de importaciones. Matías Fernández, de Aurum Valores, señala que el actual nivel del dólar luce elevado en términos reales respecto de meses anteriores, aunque no observa riesgos significativos para la estabilidad cambiaria. En la vereda opuesta, Juan Manuel Truffa, de Outlier, interpreta que el mercado atraviesa un pico estacional y espera una corrección bajista durante las próximas semanas.

Con un riesgo país estabilizado en torno a los 426 puntos básicos y una economía que comienza a transitar un semestre tradicionalmente menos favorable en materia de ingreso de divisas, el mercado seguirá monitoreando la evolución de las reservas, las tasas de interés y la liquidación del sector exportador. La interacción entre esas variables definirá si la reciente suba del dólar representa apenas una corrección transitoria o el inicio de una nueva etapa de mayor volatilidad cambiaria.

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El dólar mayorista alcanzó su nivel más alto en ocho meses

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Durante el último lunes de junio, el mercado cambiario volvió a mostrar una presión alcista sobre el tipo de cambio oficial. El dólar mayorista cerró este lunes en $1.481,50, con un incremento diario de 0,3%, alcanzando así su cotización más elevada desde el 3 de noviembre de 2025. La jornada estuvo acompañada por un importante volumen de operaciones, que superó los USD 818 millones en el segmento de contado, reflejando una demanda sostenida de divisas en un contexto de menor oferta estacional.

Con este movimiento, el tipo de cambio oficial acumuló una suba de 5,2% durante junio, equivalente a $73,50, mientras que en el balance del primer semestre de 2026 el avance alcanza apenas 1,8%, muy por debajo de una inflación acumulada cercana al 16%, lo que mantiene prácticamente estable el tipo de cambio real respecto del inicio del año.

En las pizarras del Banco Nación, el dólar para la venta permaneció en $1.495, nivel que mantiene desde hace cuatro ruedas consecutivas y que representa el valor más elevado desde comienzos de enero. En tanto, el mercado informal mostró un comportamiento diferente: el dólar blue retrocedió cinco pesos y cerró en $1.510, aunque en el mes conserva un incremento de 5,6%.

Mientras tanto, el Banco Central continúa reforzando su posición externa. De acuerdo con las principales variables difundidas por la entidad, las reservas internacionales alcanzaron los USD 46.666 millones, luego de una nueva compra de divisas por USD 25 millones. El techo de la banda cambiaria quedó fijado en $1.805,38, lo que deja al tipo de cambio oficial todavía un 21,9% por debajo del límite superior del esquema de flotación administrada.

Detrás de la dinámica cambiaria aparecen varios factores. Para el analista Salvador Di Stefano, un dólar más elevado mejora los incentivos para el sector exportador, aunque advirtió que la comercialización de granos continúa siendo reducida. Según sus estimaciones, de una cosecha de soja de 51,5 millones de toneladas apenas se comercializaron con precio unas 11,8 millones, mientras que en maíz solo se fijó precio para 22,3 millones de toneladas sobre una producción proyectada de 68 millones. En conjunto, calcula que aún restan liquidarse cerca de USD 33.900 millones provenientes de ambos cultivos.

Di Stefano también sostuvo que la política del Banco Central contribuye al movimiento del mercado. Recordó que la autoridad monetaria ya acumula compras superiores a USD 11.000 millones en lo que va del año y estimó que todavía buscaría incorporar otros USD 6.000 millones durante el segundo semestre. A su juicio, esa estrategia demuestra que el organismo no considera preocupante el nivel actual del tipo de cambio.

Desde la mirada financiera, Gustavo Ber señaló que el mercado comenzó la semana con un “gradual deslizamiento” del dólar mientras las tasas de interés de corto plazo en pesos se reacomodaron al alza tras la última licitación del Tesoro. Según explicó, los operadores concentran ahora su atención en encontrar un nuevo equilibrio entre tipo de cambio, tasas e inflación para anticipar cómo evolucionará la demanda de dinero en una etapa caracterizada por una menor estacionalidad en el ingreso de divisas.

Portfolio Personal Inversiones identificó otro elemento relevante: la disminución en las emisiones de deuda en moneda extranjera. La sociedad de bolsa estimó que durante junio las colocaciones totalizaron unos USD 1.310 millones, frente a los USD 2.169 millones registrados en mayo. Esa menor oferta de dólares provenientes de la cuenta financiera habría contribuido a explicar parte de la presión observada sobre el mercado cambiario y el menor ritmo de compras del Banco Central.

En la misma línea, Invecq Consultora Económica destacó que junio estuvo marcado por un fortalecimiento global del dólar. El índice DXY avanzó alrededor de 2,5%, mientras que monedas regionales como el real brasileño se depreciaron cerca de 2,4%. Argentina no quedó al margen de ese contexto internacional y el tipo de cambio pasó de la zona de $1.410 hasta ubicarse cerca de $1.480, al mismo tiempo que el ritmo diario de compras del Banco Central se moderó desde un promedio de USD 87 millones durante la primera parte del mes hasta unos USD 50 millones diarios.

Para GMA Capital, el inicio del segundo semestre presenta un escenario menos favorable que el observado meses atrás. La consultora advirtió que la menor liquidación del agro, la baja de los precios internacionales de los commodities y una creciente demanda de cobertura financiera reducen el margen de maniobra de la política cambiaria. En ese contexto, el principal desafío será sostener el delicado equilibrio entre tasas de interés, reservas internacionales y tipo de cambio.

Por su parte, desde IEB remarcaron que la apreciación global del dólar y la recomposición de posiciones vinculadas a instrumentos atados al tipo de cambio explican buena parte de la presión observada durante las últimas ruedas.

Finalmente, Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, consideró que el escenario base continúa siendo el de una corrección cambiaria gradual y ordenada, sin episodios de crisis, siempre que continúe el ingreso de divisas provenientes del complejo energético, el agro y el financiamiento privado. No obstante, advirtió que una eventual aceleración inflacionaria o una caída en la oferta de dólares podrían alterar el comportamiento esperado del mercado durante la segunda mitad del año.

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La estabilidad cambiaria se apoya en exportaciones, financiamiento privado y una cuenta corriente equilibrada

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La Bolsa de Comercio de Rosario sostiene que el mercado cambiario atraviesa su período de mayor estabilidad desde la implementación del nuevo esquema de bandas. El superávit de la cuenta corriente, el aporte de la agroindustria y la energía, junto con mayores ingresos financieros privados, permitieron fortalecer las reservas pese al aumento de la dolarización de carteras.

El mercado cambiario argentino cerró el primer cuatrimestre de 2026 con señales de consolidación de la estabilidad nominal del tipo de cambio, una cuenta corriente prácticamente equilibrada y un flujo positivo de financiamiento privado que compensó el incremento de la demanda de dólares por parte del sector privado.

Así lo refleja un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza la evolución del régimen cambiario vigente desde abril de 2025 y concluye que, pese a un contexto de mayor liberalización del mercado y de flexibilización de controles, la economía logró sostener un escenario de relativa estabilidad cambiaria durante los primeros meses del año.

El dato sobresaliente es que el dólar oficial acumula más de nueve meses moviéndose dentro de un rango estrecho, una dinámica poco frecuente en la historia reciente de la economía argentina.

Primer cuatrimestre de 2026: estabilidad cambiaria, cuenta corriente equilibrada y flujos financieros positivos

En esta primera parte del año 2026, el mercado cambiario muestra signos de estabilización. Considerando el esquema que rige actualmente, desde abril de 2025 el Banco Central estableció un mercado de cambios libre para las personas humanas, la persistencia de algunas restricciones para personas jurídicas y bandas cambiarias. Respecto a estas últimas, primero se incrementaron a una tasa fija mensual y desde enero de 2026 con un ajuste en base a la evolución de la inflación.

Por el lado de la evolución nominal del tipo de cambio oficial, el año pasado el dólar se movió al alza con un esquema de subas programadas mensuales (crawling-peg) hasta mediados de abril y, tras la instauración del nuevo esquema más flexible, se aceleró la suba del tipo de cambio. Esto último, teniendo en cuenta que las elecciones de medio término agregaron volatilidad al mercado ante la mayor dolarización de carteras, con el tipo de cambio llegando a tocar el techo de la banda entre los meses de septiembre y octubre. En este contexto, las expectativas y la presión compradora se estabilizaron con la intervención del Tesoro estadounidense y el anunció de un swap por USD 20.000 millones con dicho organismo.

Un punto interesante para marcar es que, desde septiembre de 2025 a la fecha, el tipo de cambio comenzó a lateralizar y ya se llevan más de 9 meses desde que el rango de negociación se ubica entre 1.325 y 1.487 pesos por dólar. Esto, considerando que el techo de la banda fue subiendo a lo largo del tiempo y el tipo de cambio no acompañó dicha tendencia. Es más, en rangos móviles de 120 ruedas de operación, el tipo de cambio llegó a caer en torno al 6,01% en términos nominales recientemente, la segunda mayor caída para el rango establecido desde 2004. Es decir, solo superado por el año 2016 en el cual se marcó una caída de 6,56%, aunque destacando que se dio luego de un salto mucho más importante del tipo de cambio que lo visto en 2025.

Hacia adelante, el mercado de futuros descuenta una suba del dólar y prevé un incremento de 11,61% para todo el año 2026, situación que se tendrá que testear finalmente con la evolución del mercado de cambios.


Las claves de la estabilidad cambiaria: Buen ritmo de liquidación de dólares por exportaciones y gestión de la cuenta financiera

En línea con un tipo de cambio que se muestra estable hace casi un año, cuando se piensa en los fundamentos es clave analizar la evolución de la oferta y demanda de dólares, que se vislumbra en el balance cambiario del Banco Central.

Siguiendo los datos del balance cambiario para el primer cuatrimestre del año, la cuenta corriente arroja un superávit de USD 148 millones, frente a un déficit de USD 4.909 millones en igual período del año pasado.

Por el lado de la cuenta de bienes, se registra una mejora en la liquidación de dólares de la agroindustria (USD 12.037 millones) y una continuidad en el crecimiento de las exportaciones netas de minería y energía (USD 5.568 millones) si se compara con igual período de 2025. Al mismo tiempo, el resto de los sectores de la economía redujo 28% interanual el déficit por importaciones neta de bienes (- USD 8.949 millones) y el saldo negativo de la cuenta de servicios también se contrajo en torno a 31% interanual. Esto se contrarresta parcialmente por un mayor déficit de la cuenta de ingreso primario, por un aumento en el pago de intereses al exterior y un crecimiento en la remisión de utilidades/dividendos tras la flexibilización para los balances contables de 2025 en adelante.

En el caso de la cuenta financiera, en el primer cuatrimestre de 2025 se alcanza un superávit importante de USD 12.798 millones versus USD 2.200 millones de 2026. Un punto clave a mencionar es que en abril de 2025 el FMI realizó un desembolso por USD 12.396,4 millones, flujo extraordinario que este año no se registró. No obstante, este año se ve un crecimiento importante en el flujo de otros préstamos financieros, títulos de deuda y líneas de crédito no vinculados a organismos internacionales de crédito, que en el primer cuatrimestre de 2026 alcanzan un ingreso neto por USD 7.642,3 millones, en comparación con los USD 4.760,3 millones en igual período del año pasado.

Por último, también se ve una mejora en la Inversión Extranjera Directa (IED), que el año pasado marca un déficit de USD 1.788,4 millones y este año un saldo positivo por USD 712,4 millones. El gran contrapeso está siendo la formación de activos externos del sector privado, que muestra un saldo negativo por USD 9.006,2 millones en el primer cuatrimestre de 2026 en comparación con el déficit por USD 1.489,7 millones en igual período del año pasado. Más allá de esto, tal como se mencionó anteriormente, se sigue vislumbrando un saldo positivo de la cuenta financiera y coadyuvando positivamente al resultado de la cuenta corriente, que entre ambos fortalecieron las reservas internacionales brutas en USD 3.421 millones en lo referido al primer cuatrimestre del año.

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El dólar aceleró su suba en junio: la mayor demanda impulsa el tipo de cambio

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El mercado cambiario cerró una nueva semana con una señal que comienza a consolidarse: el dólar retomó una trayectoria ascendente impulsada por una demanda más firme de empresas y ahorristas, en un contexto en el que el Gobierno busca sostener el nuevo esquema de flotación administrada sin resignar reservas ni alterar el programa económico.

Durante la última semana, el tipo de cambio mayorista avanzó 33 pesos, equivalente a un 2,3%, revirtiendo ampliamente la caída registrada en la semana previa. En lo que va de junio, la cotización oficial acumula un incremento de 53 pesos, un alza del 3,8% que, de mantenerse las proyecciones privadas de inflación por debajo del 2%, implicará un ajuste cambiario superior al aumento general de precios por primera vez en varios meses.

El viernes, pese al feriado en Estados Unidos que redujo el volumen operado, la presión compradora volvió a intensificarse. Con negocios por US$408,1 millones en el segmento contado —unos US$160 millones menos que el jueves— el dólar mayorista cerró en torno a los $1.461, tras subir diez pesos en la jornada.

El movimiento llevó al tipo de cambio a su nivel más elevado desde el 12 de enero, cuando había alcanzado los $1.467,50. Además, volvió a ubicarse por encima del valor con el que había finalizado 2025, una referencia que el mercado sigue observando para medir el ritmo de corrección cambiaria.

Un dólar que comienza a recuperar terreno

La aceleración del dólar aparece luego de varios meses de apreciación cambiaria que habían fortalecido el peso en términos reales. Ahora, el escenario parece modificarse lentamente.

En el segmento minorista, el dólar del Banco Nación cerró en $1.480 para la venta, acumulando cuatro ruedas consecutivas de aumento. Durante junio avanzó 50 pesos, equivalente a un 3,5%.

En paralelo, el dólar blue retrocedió cinco pesos en la última rueda hasta los $1.480, aunque también registra una ganancia mensual del 3,5%, luego de haber alcanzado el jueves su valor más alto desde fines de enero.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia. El dólar MEP avanzó hasta los $1.480, mientras que el contado con liquidación permaneció cerca de los $1.509. En el mercado de futuros, todos los contratos operaron con subas de entre 0,4% y 0,9%, reflejando que los operadores continúan incorporando expectativas de un tipo de cambio más elevado para los próximos meses.

El Banco Central mantiene margen dentro del esquema de bandas

Uno de los factores que aporta tranquilidad al mercado es que, pese al avance del dólar, el precio continúa muy lejos del techo establecido por el Banco Central para el régimen de bandas cambiarias.

La autoridad monetaria informó que el límite superior del sistema se ubica en $1.790, por lo que el dólar mayorista todavía permanece unos 330 pesos por debajo de ese nivel, equivalente a una distancia del 22,6%.

Ese amplio margen le permite al Banco Central continuar interviniendo mediante compras en el mercado de contado sin poner en riesgo el funcionamiento del esquema cambiario vigente.

En ese marco, la entidad adquirió US$70 millones durante la última rueda, elevando las compras acumuladas del año hasta US$10.800 millones. Las reservas brutas alcanzaron los US$47.502 millones, aunque las reservas netas continúan en terreno negativo, estimadas en alrededor de US$400 millones.

El mercado espera ahora que el Gobierno anuncie en los próximos días un nuevo financiamiento internacional, ya sea mediante un préstamo con bancos privados o una colocación de deuda respaldada por garantías recientemente otorgadas por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). De concretarse esa operación, las reservas netas volverían a terreno positivo, fortaleciendo el frente financiero.

Cobertura empresaria y señales del mercado de deuda

La dinámica cambiaria también se reflejó en el reciente canje de deuda llevado adelante por el Tesoro Nacional.

La operación permitió reducir los vencimientos de fin de mes desde $20 billones hasta $16 billones. Sin embargo, uno de los datos que más llamó la atención de los analistas fue que el 89% de quienes ingresaron al canje eligieron bonos con vencimiento en julio de 2026.

Para Eric Ritondale, economista de PUENTE, este comportamiento confirma que buena parte de los inversores privados continúa privilegiando instrumentos que ofrecen cobertura frente al riesgo cambiario de corto plazo.

Según el analista, la composición del canje evidencia que la demanda corporativa mantiene un fuerte interés por preservar posiciones protegidas frente a posibles movimientos del tipo de cambio, tanto por razones financieras como por necesidades propias de la operatoria y la contabilidad empresarial.

El desafío del Gobierno

El movimiento del dólar durante junio abre un nuevo escenario para la estrategia económica del Gobierno.

Por un lado, una corrección moderada del tipo de cambio podría contribuir a aliviar parte del atraso cambiario que distintos sectores exportadores vienen señalando desde hace meses. Pero, al mismo tiempo, el Ejecutivo deberá evitar que esa recuperación se traslade rápidamente a precios y complique el proceso de desaceleración inflacionaria, uno de los principales activos políticos de la administración nacional.

La evolución de las próximas semanas dependerá de la capacidad oficial para recomponer reservas, sostener el ingreso de divisas y administrar una demanda de cobertura que comienza a mostrar mayor intensidad en un mercado que, lentamente, vuelve a incorporar expectativas de un dólar más alto.

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