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Caputo viaja a EE.UU. para destrabar USD 1.000 millones y redefine con el FMI la meta de reservas

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El ministro de Economía, Luis Caputo, viajará la próxima semana a Washington D.C. para participar en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, en un contexto donde la Argentina aún no logra cerrar la segunda revisión del acuerdo vigente. El dato central: está en juego la aprobación de un desembolso por USD 1.000 millones que impactaría directamente sobre las reservas.

La delegación argentina —integrada también por el viceministro José Luis Daza y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili— llegará a Estados Unidos con una negociación abierta desde hace dos meses y con un punto crítico en discusión: la dificultad para transformar compras de dólares en acumulación efectiva de reservas.

La negociación: reservas en el centro del acuerdo

El eje técnico de la revisión no pasa por el frente fiscal ni monetario, sino por la dinámica de reservas. Según lo informado, el Banco Central compró cerca de USD 5.000 millones en lo que va del año, aproximadamente la mitad de la meta prevista para 2026.

Sin embargo, ese volumen no se tradujo en un fortalecimiento equivalente de las reservas netas. Parte de esos dólares fue absorbida por el Tesoro para afrontar pagos y obligaciones en moneda extranjera, lo que limita el impacto sobre el stock del BCRA.

Este punto se convirtió en el principal foco de discusión con el FMI: no se trata solo de generar divisas, sino de retenerlas.

Metas flexibles y posible “waiver”

El escenario se completa con un probable pedido de “waiver” (dispensa) por el incumplimiento de la meta de reservas en 2025. En paralelo, el Gobierno busca redefinir los objetivos futuros.

Tras la primera revisión, las metas trimestrales quedaron establecidas en niveles más bajos: reservas netas de USD -3.100 millones al cierre del primer trimestre, USD 1.600 millones para el segundo y USD 8.400 millones hacia fin de año.

Caputo plantea modificar esa lógica. Según expresó, el equipo económico propone reemplazar metas trimestrales por objetivos anuales, bajo el argumento de que el flujo de divisas depende de variables difíciles de anticipar, como el comportamiento de exportadores.

Menos rigidez y foco en la dinámica real de dólares

La negociación apunta a introducir mayor flexibilidad en el esquema de seguimiento del acuerdo. El cambio de metas implicaría reducir la presión sobre el corto plazo y trasladar la evaluación hacia un horizonte más amplio.

Al mismo tiempo, el Gobierno enfrenta restricciones externas: sin acceso pleno al mercado internacional de deuda —en un contexto donde el riesgo país se ubica en torno a los 550 puntos básicos—, la estrategia depende casi exclusivamente del superávit comercial y de la intervención en el mercado cambiario.

El FMI condiciona el ritmo del programa

El viaje de Caputo también tiene una dimensión política. La presencia conjunta con Daza y Bausili busca mostrar cohesión del equipo económico ante el FMI y los países miembros del organismo.

El Fondo, por su parte, mantiene capacidad de condicionamiento sobre el ritmo del programa económico. La aprobación del desembolso no solo implica liquidez, sino también una señal de respaldo institucional.

En ese equilibrio, la discusión sobre reservas se convierte en el punto donde se cruzan credibilidad, financiamiento y sostenibilidad del esquema cambiario.

Reservas, estabilidad y expectativas

El resultado de la negociación tiene efectos concretos sobre la economía. La acumulación de reservas es un factor clave para sostener la estabilidad cambiaria y reducir la incertidumbre financiera.

Si el desembolso se concreta, el BCRA podría fortalecer su posición, aunque el desafío estructural —retener los dólares— seguiría vigente.

Efectos indirectos sobre actividad y consumo

Para economías como Misiones, el impacto aparece por vía indirecta. La estabilidad cambiaria y la disponibilidad de divisas influyen sobre precios, costos logísticos y nivel de actividad, variables sensibles en una provincia con fuerte dependencia del comercio y las cadenas productivas regionales.

Sin datos específicos en el texto base, el efecto se vincula principalmente a la evolución macroeconómica general.

Negociación en curso y variables críticas

La segunda revisión del acuerdo sigue abierta. Entre las variables a observar se destacan la definición de nuevas metas, la eventual aprobación del “waiver” y la decisión final del FMI sobre el desembolso.

También será clave el margen que obtenga el Gobierno para flexibilizar el esquema de seguimiento sin comprometer la credibilidad del programa.

El resultado de las reuniones en Washington marcará el ritmo financiero de las próximas semanas.

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El dueño de Marolio a los empresarios: “El dólar está barato, pónganse a invertir”

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El empresario Víctor Fera, dueño de una de las marcas más reconocidas y queridas en el país, Marolio, anunció recientemente una megainversión que contempla la construcción de una fábrica. De la mano de esta, prevé la creación de 700 puestos de trabajo.

Sin embargo, el también propietario de Molto y la cadena Maxiconsumo, se mostró crítico con el contexto económico actual y, puntualmente, criticó a los empresarios que no invierten en el país.

¿Hay dólar barato? No lo usen para conocer el mundo, úsenlo para invertir”, expresó.

En esta línea, Fera se explayó acerca de la nueva planta que proyecta y la inversión que hizo su compañía en diálogo con Serrucho Económico, emitido por Ahora Play.

El emprendimiento, que se encuentra a la espera de la autorización municipal, incluye la construcción de galpones, un centro de distribución y un molino destinado a procesar trigo candeal y harina.

“Ni bien tengamos la autorización municipal para hacer todo eso, firmamos los contratos y al otro día empiezan a trabajar todos”, afirmó Fera. Además, el empresario señaló que se analiza la incorporación de maquinaria con capacidad superior a los 4500 kilos, con el objetivo de ampliar la producción.

Pese a esta inversión proyectada, fue contundente en su opinión sobre el modelo económico actual. “Me iba mejor antes. El modelo que me convenía era el de antes”, sostuvo. “Si querés la fácil, el de antes; si querés uno más difícil, el de ahora”, remarcó.

En la misma línea, Fera se refirió a la baja del consumo y al aumento de la mora en familias argentinas.

“Me preocupa muchísimo. Por eso necesitamos crear fuentes de trabajo. De parte del Estado no acompaña para que cree nada”, dijo. “No acompañar no quiere decir que tenga que poner plata ni nada por el estilo. No te brinda las herramientas rápido. Cada vez se va a achicar más y cada vez vamos a estar peor”, opinó.

Nosotros tenemos que crear trabajo. Si la gente tiene trabajo, va a consumir más y nosotros vamos a poder desarrollar”, remarcó Fera.

En este sentido, apuntó contra los empresarios nacionales. “Cuando son multinacionales lo primero que hacen es irse, porque vienen a sacarle las cosas al país, no a devolverle. Pero los nacionales tendríamos que invertir más. No más en viajar al exterior y seguir gastando como si fuéramos el país más rico del mundo”, sostuvo.

“Total, el dólar está barato, y si está barato, ponete a construir, ponete a hacer algo, traé maquinaria para poder competir“, expresó. “¿Hay dólar barato? No lo usen para conocer el mundo, úsenlo para invertir. No los critico, está muy bien. Hay gente que lo necesita, se lo tiene que contar a todo el mundo, pero te gastaste los dólares y después ¿qué pasó?“, preguntó.

Hay que invertir para reducir costos, para producir más barato y para poder competir con China o con quien sea“, remarcó.

Finalmente, subrayó la necesidad de competir en el mercado actual y descartó la búsqueda de acuerdos con el Gobierno para fijar precios. “Para vender más barato no me tengo que juntar con [Luis] Caputo. Hoy tenés que competir y el que no quiera no va a poder seguir”, concluyó.

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Caputo admite dudas sobre la recuperación y anticipa posible rebote inflacionario

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Un reconocimiento incómodo en pleno proceso de estabilización. El 1 de abril, en la Bolsa de Comercio de Rosario, el ministro de Economía, Luis Caputo, dejó una señal que no suele aparecer en la narrativa oficial: admitió su “preocupación” por la velocidad de la recuperación económica y anticipó que la inflación de marzo podría interrumpir la tendencia descendente.

El dato introduce una fisura en el discurso del Gobierno. Mientras sostiene que el programa económico no se modificará, el propio titular del Palacio de Hacienda reconoce que la actividad podría mostrar señales de retroceso —con un EMAE de febrero “para abajo”— y que los precios podrían acelerar. ¿Se trata de una advertencia preventiva o de un primer ajuste discursivo frente a datos menos favorables?

Entre la consistencia del plan y los límites de la economía real

El planteo de Caputo se inscribe en una defensa explícita del modelo económico. Aun con las señales de desaceleración, el ministro sostuvo que “no nos va a desviar del rumbo” y reafirmó la meta oficial.

Sin embargo, el diagnóstico revela tensiones concretas. Por un lado, el consumo no logra consolidar un repunte sostenido. Por otro, la actividad muestra signos de enfriamiento en indicadores clave. En ese contexto, el funcionario reconoció que la economía tiene potencial para crecer entre 9% y 10%, pero dejó implícito que ese escenario aún no se materializa.

El discurso también abordó un punto estructural: la política fiscal y las retenciones. Caputo expresó su intención de llevar los Derechos de Exportación a cero, aunque advirtió que una baja inmediata generaría déficit fiscal. La ecuación es directa: sin equilibrio fiscal, el financiamiento volvería a tensionar el esquema económico.

Ese límite condiciona cualquier decisión. El Gobierno prioriza el orden fiscal como ancla central, incluso cuando eso retrasa medidas de estímulo que podrían acelerar la actividad.

Señales al mercado y disputa de expectativas

El reconocimiento de posibles desvíos en inflación y actividad tiene un doble impacto. Hacia el mercado, funciona como una señal de realismo: el programa no desconoce los costos de corto plazo. Pero hacia la política, también redefine la narrativa.

Caputo vinculó la resistencia al programa con sectores que “estaban cómodos con el modelo anterior”. Esa lectura introduce una dimensión de conflicto: el ajuste no solo es económico, también es político.

Al mismo tiempo, el ministro descartó de plano la posibilidad de una devaluación como herramienta de competitividad, en un mensaje dirigido tanto a economistas como a actores del sistema productivo. La definición busca cerrar el debate interno sobre el tipo de cambio, uno de los puntos más sensibles para la estabilidad del programa.

En ese marco, el Gobierno intenta sostener una expectativa: que los fundamentos —PIB, exportaciones, consumo privado y cosecha— respalden la estrategia en el mediano plazo. Pero el corto plazo aparece más incierto.

Un programa que entra en fase de prueba

Las próximas semanas serán clave para validar el diagnóstico oficial. La evolución de la inflación de marzo y los datos de actividad definirán si la desaceleración es transitoria o si marca un cambio de tendencia.

El Gobierno enfrenta un equilibrio delicado. Mantener el rumbo implica sostener el ajuste y la disciplina fiscal, pero la demora en la recuperación puede erosionar el respaldo social y político.

La definición de Caputo deja abierta esa tensión. El programa económico no se modifica, pero empieza a mostrar sus límites en la velocidad de los resultados. La incógnita ya no es solo si el plan funciona, sino cuándo empieza a sentirse en la economía cotidiana.

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El Banco Central acelera compras de dólares y refuerza su poder en el mercado cambiario

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El Banco Central volvió a mostrar capacidad de intervención en el mercado cambiario con una señal concreta: compró USD 208 millones en una sola jornada sobre un total operado de USD 384 millones, lo que equivale al 54% del volumen. El dato no solo marca la segunda mayor adquisición del año, sino que se inscribe en una secuencia más amplia: 57 ruedas consecutivas con saldo comprador. En un contexto donde la estabilidad del dólar y la acumulación de reservas son variables críticas, la pregunta se impone: ¿es este un punto de consolidación del esquema monetario o un equilibrio sostenido por condiciones transitorias?

Una estrategia sostenida en el tiempo

El movimiento del Banco Central no es aislado. Desde enero, en el inicio de la cuarta fase del esquema monetario, la entidad acumula USD 4.245 millones, lo que representa más del 42% del objetivo anual. En lo que va de 2026, el total supera los USD 4.000 millones.

La lógica es clara: aprovechar un contexto de mayor oferta de divisas —impulsada en parte por exportaciones agropecuarias y emisiones de deuda— para recomponer reservas sin presionar sobre el tipo de cambio. La cotización mayorista cerró en $1.398, todavía 18,3% por debajo del techo de la banda cambiaria fijado en $1.653,70, lo que le permite al Banco Central intervenir sin tensionar el sistema.

Sin embargo, el mecanismo elegido introduce una variable sensible. Para sostener las compras, la autoridad monetaria incrementó la emisión de pesos sin absorber completamente ese excedente con instrumentos tradicionales. El equilibrio se completa con la intervención del Tesoro, que retira liquidez mediante colocaciones de deuda en el mercado local.

Reservas en tensión: acumulación y pagos

A pesar del ritmo comprador, las reservas internacionales mostraron una baja en la última jornada: cerraron en USD 43.381 millones, con una caída diaria de USD 331 millones. La explicación oficial combina factores estacionales —movimientos de fin de mes— y pagos de deuda a organismos internacionales por USD 180 millones.

El dato revela una dinámica más compleja. La acumulación de reservas convive con la necesidad de utilizarlas para atender compromisos externos. De hecho, el Tesoro requirió dólares al Banco Central para afrontar vencimientos, lo que limita el crecimiento neto de las reservas.

Esa tensión no es nueva, pero adquiere relevancia en un escenario donde la acumulación de divisas es uno de los pilares del programa económico.

Correlación de fuerzas en el frente económico

El desempeño del Banco Central fortalece al equipo económico en su objetivo de estabilizar el mercado cambiario y consolidar expectativas. La continuidad de compras durante 57 jornadas consecutivas —algo que no ocurría desde 2007— refuerza la señal de control sobre el frente externo.

Al mismo tiempo, la estrategia depende de una coordinación fina entre la autoridad monetaria y el Tesoro. La emisión de pesos para comprar dólares requiere ser compensada para evitar efectos sobre la inflación y la cotización. Esa articulación se vuelve central para sostener el esquema.

En términos de mercado, la intervención del Banco Central —absorbiendo más de la mitad del volumen en una rueda— muestra un actor con peso decisivo. Pero también evidencia que el equilibrio cambiario se apoya en condiciones específicas: oferta de divisas, demanda de pesos y acceso al financiamiento.

Un equilibrio que se pone a prueba

Las proyecciones oficiales estiman compras netas de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones para 2026. Hasta ahora, lo acumulado equivale a cerca del 39% de esa meta. El ritmo es consistente, pero no lineal.

En las próximas semanas, el foco estará en la capacidad del Banco Central para sostener este esquema sin alterar otras variables sensibles. La evolución de las reservas, el comportamiento del dólar dentro de la banda y la coordinación con el Tesoro serán claves.

El mercado ya tomó nota de la señal. Falta ver si las condiciones que la hicieron posible se mantienen en el tiempo.

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Dólar a la baja y reservas en tensión: el Gobierno gana margen, pero el frente financiero sigue abierto

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En la antesala de la liquidación de la cosecha gruesa, el Gobierno encuentra un respiro táctico en el frente cambiario: el dólar oficial cerró la semana en $1.376, con una baja del 1,2%, mientras el Banco Central sostuvo compras en el mercado. Sin embargo, detrás de esa calma aparente emerge una tensión estructural: las reservas no acompañan. El interrogante ya no es si el esquema funciona en el corto plazo, sino cuánto margen político y financiero tiene para sostenerse sin nuevas fuentes de dólares.

Estabilidad cambiaria con intervención activa

Según el informe de Ecolatina, el mercado local mostró estabilidad en las últimas ruedas, incluso en un contexto internacional volátil. El tipo de cambio operó a la baja, las tasas se mantuvieron en niveles reducidos y el BCRA continuó comprando divisas frente a una oferta creciente del agro.

La autoridad monetaria adquirió cerca de USD 4.000 millones en lo que va del año. Pero esa acumulación no se tradujo en reservas: las reservas brutas apenas subieron USD 600 millones y las netas cayeron cerca de USD 2.600 millones. El dato revela el núcleo del problema: los dólares que ingresan se diluyen en pagos de deuda, caída de depósitos en moneda extranjera y variaciones en activos como el oro.

El esquema, así, descansa sobre una lógica de flujo más que de stock. Mientras entren dólares —por exportaciones o financiamiento— el sistema se sostiene. Pero la fragilidad aparece cuando se observa el balance.

Apreciación cambiaria y señales cruzadas

La baja nominal del dólar convive con una fuerte apreciación en términos reales. El tipo de cambio real multilateral se apreció más de un 20% desde septiembre de 2025 y acumula una caída cercana al 11% en lo que va de 2026.

Esa dinámica amplía la distancia con el techo de la banda cambiaria —que pasó del 4% en diciembre a cerca del 20% actual—, pero al mismo tiempo reabre un debate clásico: competitividad versus estabilidad.

El fenómeno tiene dos motores. Por un lado, factores estructurales como el cambio en la matriz exportadora, donde energía y minería explicaron el superávit comercial de 2025. Por otro, elementos coyunturales: suba de precios internacionales, menor nivel de importaciones y expectativas de ingreso de divisas por la cosecha.

A esto se suma una demanda contenida, en un contexto donde el mercado apuesta a posicionarse en pesos ante la expectativa de mayor oferta de dólares en el corto plazo.

El frente financiero: reservas y deuda

El dato más sensible sigue siendo la dinámica de las reservas. Pese a las compras en el mercado, el BCRA no logra fortalecer su posición neta. La caída de depósitos en dólares y los compromisos de deuda erosionan cualquier acumulación.

En paralelo, el Tesoro comienza a moverse para cubrir vencimientos en moneda extranjera. La colocación de instrumentos como el AO27 y el AO28 apunta a testear la capacidad del mercado local para absorber deuda en dólares, incluso con vencimientos que exceden el actual mandato.

El desafío no es menor: el Gobierno necesita nuevas fuentes de financiamiento por fuera del circuito comercial. En ese contexto, no se descarta una eventual vuelta a los mercados internacionales, aunque con una ventana temporal acotada por el calendario electoral.

Margen táctico, presión estructural

La actual estabilidad cambiaria fortalece al Gobierno en el corto plazo. Le permite sostener tasas bajas, contener la brecha cambiaria —en torno al 3,5%— y evitar tensiones inmediatas en el mercado.

Pero esa misma estrategia condiciona el mediano plazo. La apreciación del tipo de cambio impacta sobre sectores exportadores, mientras la falta de acumulación de reservas limita la capacidad de respuesta ante shocks externos.

El equilibrio es delicado: el Gobierno gana tiempo, pero no resuelve el problema de fondo.

Entre la cosecha y el financiamiento

En los próximos meses, la liquidación del agro debería reforzar la oferta de dólares y sostener la dinámica actual. Ese flujo puede darle al BCRA una oportunidad para recomponer reservas, especialmente en un período con menores pagos de deuda hasta julio.

Sin embargo, la sostenibilidad del esquema dependerá de algo más que la cosecha. La clave estará en si el Gobierno logra transformar este alivio coyuntural en una estrategia financiera más robusta.

El mercado ya mira más allá: no sólo cuánto bajará el dólar, sino cómo se financiará la Argentina en un escenario donde los dólares comerciales podrían no alcanzar.

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