El Presidente además cuestionó la “idea de un bimonetarismo” en el que “nos manejamos en pesos y ahorramos en dólares”.
El presidente Alberto Fernández defendió este martes las nuevas restricciones a la compra de dólares impuestas por el Banco Central y cuestionó la “idea de un bimonetarismo” en el que “nos manejamos en pesos y ahorramos en dólares”.
El jefe de Estado encabezó un acto de anuncio de una línea de financiamiento productivo para empresas, y un plan para favorecer la compra de electrodomésticos, en el Complejo Industrial Visuar-Samsung, en el municipio bonaerense de Cañuelas.
El Presidente justificó el endurecimiento del ‘cepo’ cambiario en la necesidad de preservar las reservas del Banco Central en favor del sector productivo, aunque afirmó que no se trata de una política que “nos haga felices”.
“Los argentinos necesitamos los dólares para comprar insumos para hacer estos electrodomésticos”, dijo al recordar el alto componente importado de esos productos.
“Tenemos que hacer que cada vez sea menos lo que se importa. Pero en el mientras tanto, hace falta cuidar los dólares, porque los necesitan los que tienen que producir”, dijo.
“Está claro que lo estamos viviendo es un tiempo de emergencia es un tiempo de emergencia y ninguna de las medidas que hemos tomados nos hacen felices, pero nos exige la coyuntura por el grado de deterioro que tenían las reservas del Banco Central”, dijo.
En este sentido, el Presidente retomó su discurso más crítico sobre el gobierno anterior.
“A pesar de los agoreros y los que maltratan”, el Gobierno sigue apostando a “producir y al trabajo”, continuó Fernández, y pidió a los empresarios que “no bajen los brazos” porque “siempre” la Argentina se levanta, “como cada vez que ellos dejaron de rodillas”.
“No nos olvidemos, para no darle el derecho de volver a hacer con nosotros lo que hicieron”, agregó el mandatario, y recordó que este Gobierno tuvo que “poner de pie hospitales que estaba sin terminar” porque la anterior gestión pensó que “no era importante”.
El peso argentino en su versión oficial se devaluó un 18% frente al dólar en los últimos cinco meses, mucho más que cualquier otra moneda latinoamericana.
Entre el 1ero de abril y el 28 de agosto la inversión en un plazo fijo rindió un 13%, mientras que el tipo de cambio oficial se incrementó un 18% y el blue un 67%.
La realidad cambiaria es la evidencia de los fuertes desequilibrios que atraviesa la Argentina, que no necesariamente tienen que ver con la situación de pandemia y que se traducen en expectativas devaluatorias.
Sin cambios de raíz en la realidad macroeconómica y en las expectativas, y con alternativas de inversión en pesos con tasas poco atractivas hacia el futuro, la presión sobre el dólar permanecerá.
El mundo (fundamentalmente el occidental) y América Latina siguen sufriendo los efectos económicos adversos de la pandemia. Esto se ha puesto de manifiesto en caídas bruscas en los niveles de actividad, pero no necesariamente en saltos violentos y masivos en las variables financieras y cambiarias, y en general los países están ingresando en un sendero de mayor normalidad y de recuperación relativamente claro. Argentina es una de las grandes excepciones.
Aún con tropiezos, los países latinoamericanos a grandes rasgos han contenido la inestabilidad y no han sufrido fuertes devaluaciones de sus monedas que sí son percibidas como reserva de valor. Incluso, en los últimos cinco meses las monedas de Chile, México, Colombia y Uruguay se han apreciado frente al dólar. Incluso Brasil, que venía padeciendo una presión devaluatoria considerable pudo contener el golpe y entre el 1ero de Abril y el 28 de agosto devaluó tan solo un 3,5% su Real. En el mismo lapso, el peso argentino en su versión oficial se devaluó un 18,2%. De todas formas, la devaluación del peso oficial es tan sólo una muestra gratis de la devaluación verificada en el mercado informal, en el marco de un fuerte control de cambios y de brecha cambiaria.
Fuente: Invenómica con referencias de los Bancos Centrales de cada país.
La falta de acceso al financiamiento externo, una economía y situación social compleja, la fragilidad fiscal, los problemas eternos en la balanza de pagos, y sin soluciones para una inflación imparable, constituyen junto con una montaña de pesos en circulación y la incertidumbre política (que se vive desde agosto de 2019) un escenario poco propicio para atender la gravedad de la crisis generada por el Covid-19, que alimenta expectativas negativas sobre el futuro cercano. Naturalmente, esto afecta la demanda de dólares y su perspectiva de evolución a futuro. Y así lo entienden no solo los grandes inversores sino también los casi 4 millones de individuos que vienen recurriendo al goteo de los 200 dólares mensuales, para atesorarlos o venderlos en el mercado paralelo.
Aun soslayando las expectativas negativas que empujan a la dolarización, y la sensación de que los dólares “en oferta” se acabarán pronto (las potenciales nuevas restricciones adicionales son percibidas como que están a la vuelta de la esquina), tampoco están dadas las condiciones corrientes de rentabilidad que inviten a los (pequeños) ahorristas a buscar con ganas alternativas de inversión en pesos, simplemente “no les queda otra”.
Descartando las inversiones en acciones o bonos que son muy riesgosas para ahorristas no profesionales, la rentabilidad que ofrecen los plazos fijos a las tasas corrientes no preservará el valor del dinero con las proyecciones de inflación existentes. Si bien hasta la fecha las tasas de los plazos fijos vienen superando a la inflación verificada, a futuro el panorama aparece como diferente y si no hay ningún cambio en la política de tasas mínimas terminarán recibiendo tasas negativas.
Si un ciudadano común y con poco acceso a mecanismos sofisticados de inversión disponía de 100 pesos el primer día del mes de abril, a fin de agosto tendría 113 pesos si optaba por constituir un plazo fijo. En ese mismo plazo, si en cambio compraba dólares al tipo de cambio oficial hoy dispondría, al mismo tipo de cambio, de 118 pesos. Finalmente, si decidía comprar dólares blue hoy contaría con 167 pesos.
Es decir, la compra de un dólar blue el primero de abril multiplicó por más de cinco la rentabilidad de un plazo fijo.
Fuente: Invenómica con datos del BCRA, Banco Nación y Ambitoweb. Para el dólar blue se tomó el promedio móvil de 5 días.
La economía argentina y su mercado de cambios en particular están experimentando una situación de gran complejidad y tensión. La Argentina necesita ejecutar políticas contundentes en el corto plazo para frenar la demanda de dólares, generando mejores rendimientos en inversiones en pesos, recreando confianza para incentivar la oferta de dólares, y explicitando un plan realista de absorción de los pesos emitidos. Si bien para el mediano plazo queda la implementación de soluciones para la cuestión fiscal y generar cambios estructurales que definen cuanto y como crecerá la economía argentina, hoy hay que comenzar dando señales concretas y planificando.
Por Tobias Adrian y Fabio Natalucci. En medio de la tragedia humana y la recesión económica desencadenadas por la pandemia de COVID-19, el reciente resurgimiento del apetito por el riesgo en los mercados financieros ha llamado la atención de los analistas. Tras sufrir bruscas caídas en febrero y marzo, los mercados de acciones han repuntado, en algunos casos prácticamente a los niveles observados en enero, mientras que los diferenciales de crédito se han reducido notablemente, incluso para las inversiones de mayor riesgo. Esto ha creado una aparente desconexión entre los mercados financieros y las perspectivas económicas. Al parecer, los inversionistas están apostando a que el apoyo prolongado de los bancos centrales dará pie a una recuperación rápida, si bien los datos económicos apuntan a una desaceleración más profunda delo previsto, como se señala en la Actualización de las perspectivas de la economía mundial de junio de 2020.
Fuerzas divergentes
En la más reciente Actualización del Informe sobre la estabilidad financiera mundial analizamos esta divergencia entre la economía real y los mercados financieros, y los riesgos conexos. Hay mucha incertidumbre acerca de las perspectivas económicas y los inversionistas son muy sensibles a la evolución de la COVID-19, y por eso la pandemia está dejando al descubierto vulnerabilidades financieras preexistentes. Los niveles de deuda están en aumento, y las posibles pérdidas crediticias derivadas de insolvencias podrían poner a prueba la resiliencia de los bancos en algunos países. Las economías de mercados emergentes y preemergentes se enfrentan a riesgos de refinanciación, y los países con calificaciones crediticias más bajas han empezado a recobrar el acceso a los mercados solo lentamente.
Los principales bancos centrales del mundo han contribuido a la notable distensión de las condiciones financieras mediante recortes de las tasas de interés y ampliaciones de los balances equivalentes a más de USD 6 billones, incluidas compras de activos, líneas de swap de divisas y servicios de crédito y liquidez. Estas medidas inmediatas y sin precedentes adoptadas por los bancos centrales han restablecido la confianza y han estimulado la toma de riesgo por parte de los inversionistas, incluso en los mercados emergentes, que por primera vez han recurrido a las compras de activos. Los precios de los activos de riesgo han repuntado después de la estrepitosa caída sufrida a principios de año, mientras que las tasas de interés de referencia han disminuido. Al distenderse las condiciones financieras mundiales, el apetito por el riesgo también ha retornado a los mercados emergentes. Las salidas de cartera agregadas se han estabilizado, y algunos países han percibido algunas entradas modestas. En los mercados de crédito, los diferenciales correspondientes a las empresas de grado de inversión no especulativa ( investment grade) en las economías avanzadas están actualmente bastante contenidos, lo que contrasta con los pronunciados aumentos de los diferenciales durante shocks importantes en el pasado. Los diferenciales también se han reducido considerablemente en los países de mercados emergentes, pero un poco menos en los mercados preemergentes. En términos netos, los riesgos para la estabilidad financiera a corto plazo han variado poco desde el último Informe sobre la estabilidad financiera mundial, gracias a que las medidas inmediatas y enérgicas de las autoridades han ayudado a amortiguar el impacto de la pandemia en las perspectivas económicas mundiales.
Ha surgido una desconexión
Algo que ilustra la desconexión entre los mercados financieros y la economía real es el desfase que ha surgido recientemente entre el dinamismo de la bolsa en Estados Unidos y el desplome de la confianza de los consumidores (dos indicadores que históricamente han tenido la misma tendencia), y esto hace dudar sobre si la sostenibilidad del repunte sería sostenible si no contara con el estímulo proporcionado por los bancos centrales.
Esta divergencia introduce el riesgo de que los precios de los activos sufran una nueva corrección si se produjera un cambio de actitud de los inversionistas, lo cual pondría en peligro la recuperación. En el pasado, durante períodos de fuerte presión económica, se han observado repuntes efímeros de las acciones en medio de mercados bajistas.
¿Cuáles son los factores desencadenantes?
Varios acontecimientos podrían desencadenar un descenso de los precios de los activos de riesgo. La recesión podría ser más profunda y larga de lo que actualmente prevén los inversionistas. Podría haber una segunda ola de infecciones, con las consiguientes medidas de contención. Las tensiones geopolíticas o un aumento del malestar social ante la creciente desigualdad mundial podrían trastocar la confianza de los inversionistas. Por último, puede ser que las expectativas de los mercados sobre la magnitud de la ayuda de los bancos centrales a los mercados financieros terminen siendo demasiado optimistas, lo cual llevaría a los inversionistas a reconsiderar tanto su apetito por el riesgo como la valoración de los riesgos.
Tal revaloración, sobre todo si se ve amplificada por vulnerabilidades financieras, podría dar lugar a un marcado endurecimiento de las condiciones financieras, que restringiría el flujo de crédito a la economía. Las tensiones financieras podrían agudizar una recesión económica que ya de por si no tiene precedentes, complicando aún más la recuperación.
Vulnerabilidades preexistentes
La pandemia está dejando al descubierto las vulnerabilidades financieras preexistentes. En primer lugar, tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes, la carga de la deuda de las empresas y los hogares podría tornarse inmanejable si la economía experimentara una contracción grave. La deuda agregada de las empresas ha venido aumentando por varios años, y ahora se sitúa en máximos históricos en relación con el PIB. La deuda de los hogares también ha aumentado en muchas economías, algunas de las cuales ahora se enfrentan a una desaceleración económica sumamente pronunciada. Este deterioro de las variables fundamentales de la economía ya ha provocado rebajas de las calificaciones crediticias de las empresas, y existe el riesgo de repercusiones más generales en la solvencia de las empresas y los hogares.
En segundo lugar, la materialización de eventos crediticios pondrá a prueba la resiliencia del sector bancario, a medida que este evalúe la forma en que el apoyo de los gobiernos a hogares y empresas se va plasmando en medidas concretas que ayuden a los prestatarios a pagar sus préstamos. Algunos bancos han empezado a prepararse para este proceso, y el decreciente valor de sus acciones denota la expectativa de que su rentabilidad se verá sometida a más presiones.
En tercer lugar, las empresas financieras no bancarias también podrían verse afectadas. Estas entidades han adquirido más preponderancia que antes en el sistema financiero. Pero como no se ha puesto a prueba su capacidad para seguir suministrando crédito durante una desaceleración, es posible que a la larga terminen exacerbando la tensión. Por ejemplo, una corrección brusca de los precios de los activos podría dar lugar a cuantiosas salidas de los fondos de inversión (como ocurrió a comienzos del año), y eso podría desencadenar ventas masivas de activos.
En cuarto lugar, si bien las condiciones en general se han distendido, los riesgos no han desaparecido para algunas economías emergentes y preemergentes con necesidades de refinanciación más urgentes. La refinanciación de sus deudas será más costosa si las condiciones financieras se tornan más restrictivas de repente. Algunos de estos países también tienen bajos niveles de reservas, lo cual complica la gestión de sus carteras. Las rebajas de las calificaciones crediticias podrían empeorar esta dinámica.
Sopesar las disyuntivas
La respuesta a la pandemia plantea prioridades divergentes y los países tienen que encontrar el equilibrio adecuado, sopesando los pros y contras que implica seguir estimulando la economía sin descuidar la estabilidad financiera.
El inédito uso de herramientas no convencionales sin duda a amortiguado el golpe que la pandemia ha asestado a la economía mundial, y ha reducido el peligro inmediato para el sistema financiero mundial, que es el objetivo previsto de las medidas de política. No obstante, las autoridades tienen que prestar atención a las posibles consecuencias no previstas, como una continua acumulación de vulnerabilidades financieras en un entorno de condiciones financieras favorables. Ante la expectativa de que los bancos centrales continúen brindando apoyo, surge la posibilidad de que las ya excesivas valoraciones de los activos se transformen en vulnerabilidades, sobre todo ante el hecho de que los sistemas financieros y los sectores empresariales están agotando sus reservas durante la pandemia. Una vez que esté firmemente en marcha la recuperación económica, las autoridades deberían abordar de forma urgente las vulnerabilidades que podrían sembrar las semillas de problemas en el futuro y poner en riesgo el crecimiento más adelante.
El Banco Central dejó fuera de juego a las sociedades de bolsa que vendían dólares mediante plataformas online y que ofrecían la cotización más conveniente
Mediante la Comunicación “A” 6999 publicada ayer, el Banco Central (BCRA) estableció que la compra y venta de dólares se debe realizar exclusivamente en casas de cambio o bancos.
Hasta ahora, se podía combinar la compraventa de divisas con otras actividades pero esta norma termina con esa alternativa. Solamente habrá una excepción: “Las casas y agencias de cambio podrán realizar simultáneamente actividades relacionadas con el turismo y venta de pasajes”, dice el texto que publicó el BCRA.
Esta norma afecta especialmente a las sociedades de bolsa (Agentes de Compensación y Liquidación, según su nombre técnico) que tenían su licencia para operar en cambios, lo que les permitía acceder al mercado cambiario oficial.
Desde el año pasado, varios agentes habían tramitado su permiso y habían puesto en marcha plataformas específicas donde se podía comprar y vender dólares. Ahora, alegando que busca ordenar el mercado cambiario, el Central les quita esa licencia y deja el negocio restringido a los bancos y casas de cambio.
Los clientes habían recibido muy bien estas alternativas de compraventa de divisas porque ofrecían varios beneficios. En primer lugar, se podía operar todos los días, a toda hora, sin depender del horario bancario y desde el celular.
En segundo término, estas aplicaciones ofrecían un tipo de cambio muy competitivo, en muchos casos, menor al que ofrecían los bancos. Lo mismo sucedía con el spread entre el precio de compra y el de venta.
Por citar sólo algunos ejemplos, Balanz, Bull Market Brokers o InvertirOnline ofrecían este servicio. De hecho, el propio BCRA relevaba hasta ayer las cotizaciones minoristas que ofrecían esos tres agentes y las utilizaba para calcular el promedio de dólar minorista que publica cada día. Según los datos de ayer, por ejemplo, esas tres aplicaciones vendían dólares a $68 o menos, mientras los bancos ofrecían billetes a partir de $68,50.
Previo al cepo cambiario, la venta de divisas se había convertido en una fuente importante de ingresos para este tipo de operadores. En los últimos meses, con la restricción de las compras a u$s200 diarios, las transacciones se derrumbaron. De hecho, según el último informe del BCRA, en marzo las personas humanas solamente adquirieron u$s174 millones. Aun así, había clientes que preferían usar esas plataformas para comprar su cupo mensuial de dólares porque ofrecían mejor cotización.
De acuerdo con la normativa publicada ayer, los operadores de cambios tienen 30 días para adecuarse al nuevo marco regulatorio. Sin embargo, ponerse en regla es bastante difícil y probablemente desincentive el negocio. Es que tendrían que crear una nueva empresa desde cero e inscribirla en la Inspección General de Justicia (que atiende sólo con turno en el contexto de cuarentena) con el objeto exclusivo de operador cambiario.
Después de que el dólar ‘contado con liqui’ llegara a los $120 este martes (28/4) y abriera una brecha de casi el 80% con el dólar oficial, este miércoles (29/4) la Comisión Nacional de Valores convalidó que los Fondos Comunes de Inversión (FCI) en pesos deberán invertir, al menos, el 75% de su patrimonio en instrumentos financieros y valores negociables emitidos en la Argentina y, exclusivamente, en moneda nacional.
Después del paquete de medidas anunciado la semana pasada entre el Banco Central, la Unidad de Información Financiera (UIF) y la Comisión Nacional de Valores (NCV) para moderar la escalada del dólar informal, finalmente este miércoles (29/4) la CNV convalidó que los Fondos Comunes de Inversión (FCI) en pesos deberán invertir, al menos, el 75% de su patrimonio en instrumentos financieros y valores negociables emitidos en la Argentina y, exclusivamente, en moneda nacional, a través de la resolución general 836/2020 publicada en el Boletín Oficial.
La resolución, que se decidió este martes 28/4 cuando el “contado con liqui” (CCL) alcanzó los $120, busca frenar el mercado de compra y venta de dólar bursátil, tanto a través de operaciones con acciones –el denominado Contado Con Liquidación- como de títulos de la deuda pública que cotizan pesos y dólares (Dólar MEP), luego del aumento de la cotización en ambos instrumentos durante las últimas jornadas.
La normativa estableció que al menos el 75% del patrimonio de los FCI debe invertirse en activos autorizados emitidos y negociados en la Argentina, o en los países del Mercosur y en Chile.
Además, señaló que el Fondo cuya moneda sea el peso deberá invertir, al menos, el 75% del patrimonio del mismo en instrumentos financieros y valores negociables emitidos en el país exclusivamente en la moneda nacional.
En los casos de valores negociables emitidos en el extranjero por emisoras extranjeras, las entidades donde se encuentren depositados los valores negociables adquiridos por el FCI deberán reunir los mismos requisitos que los aplicables a los custodios de los Certificados de Depósito Argentinos (Cedear).
Las sociedades gerentes de los FCI abiertos cuya moneda de emisión sea el peso, deberán adecuar sus inversiones de acuerdo con el cronograma que establece que, al 4 de mayo próximo, deberán reducir en un 30% la inversión en exceso; al 8 de mayo, en un 30% adicional; y al 15 de mayo, las inversiones deberán estar adecuadas.
El presidente de la CNV, Adrián Cosentino, explicó que la medida complementa la RG N 835 del 21 de abril que estableció límites a la tenencia de depósitos en moneda extranjera en cartera de los FCI Abiertos, en línea y coordinación con otras dispuestas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), como la suba en la tasa de pases o la decisión de que los fondos T+0 no tengan la obligación de contar con encajes.
Cosentino anticipó que el organismo, además, estableció un cronograma de adecuación para que los fondos que tienen otra constitución alcancen a cumplimentar las disposiciones de la nueva normativa.
En los considerandos, la resolución destaca la promoción de participación en el mercado de capitales “de los pequeños inversores, asociaciones sindicales, asociaciones y cámaras empresariales, organizaciones profesionales y de todas las instituciones de ahorro público, favoreciendo especialmente los mecanismos que fomenten el ahorro nacional y su canalización hacia el desarrollo productivo”.
“La medida atiende el contexto económico y las consecuencias derivadas de la pandemia del coronavirus al considerar necesaria la revisión del tratamiento que corresponde dispensar a las inversiones en cartera de los FCI a fin de que sean canalizadas al desarrollo productivo en el territorio nacional”, concluye.