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El cepo, combustible transitorio para la inversión

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La inversión, tanto pública como privada, está mostrando un dinamismo inusual para una economía bajo una profunda crisis marcada por la incertidumbre. En el primer trimestre creció 38% respecto de 2020, y consolidó el aumento del 16% de los últimos tres meses del año pasado. Con el FMI auditando los movimientos del gobierno, la inversión en infraestructura es la bala de plata para compensar, aunque sea discursivamente, el ajuste en el gasto social. En tanto, la inversión privada se acelera paradójicamente debido a la persistente brecha cambiaria que se ubica nuevamente en 75%. Con restricciones para operar en pesos, las empresas asignan parte de sus excedentes en nuevos equipamientos. Ahora, ¿bajo qué lógica?

El segmento más dinámico de la inversión es el de equipos de transporte (+78%), principalmente de origen nacional (+98), en tanto maquinaria y equipo, y construcciones también muestran crecimientos significativos, de 38,7% y 35,5% respectivamente.

La inversión privada es siempre una buena noticia; se garantiza más productividad y más oferta. No sorprende entonces que mientras la inversión se aceleraba, la producción industrial creciera al 14% respecto del primer trimestre de 2020.

Sin embargo, desde abril el panorama productivo comenzó a cambiar. La caída acumulada entre abril y mayo de 2021 fue de 7 puntos; en este último mes alcanzó a los 16 sectores que computa el INDEC. El nivel actual de la producción industrial está 6,6% por debajo de 2018, cuando la economía comenzaba a atravesar una nueva recesión.

En paralelo, la capacidad instalada de la industria volvió a resentirse. Ya en mínimos históricos, a niveles similares a los de 2003, en el segundo trimestre volvió a declinar, ubicándose en 61,5% en mayo, luego del pico de marzo (64,5%). Si bien está dentro del promedio desde 2016, sigue lejos de niveles considerados aceptables para la industria, superiores al 70%.

Entonces, ¿qué factores explican la mayor inversión con tanta ociosidad respecto del producto potencial y con una economía operando en niveles inferiores a los picos de 2013 y 2017. ¿Por qué equiparse si hay capacidad instalada excedente?

Concretamente, vemos que los márgenes vienen recuperando fuerte y esto genera excedentes que se canalizan en la inversión.

La expectativa de beneficios futuros aplica. Ciertos sectores, como alimentos, pueden estar previendo una recuperación sostenida de la demanda. Las empresas invierten planificando en un horizonte no inferior a cinco años. Sin embargo, a nivel agregado esta justificación no se sostiene.

Domina la incertidumbre que, en forma cuantitativa, muestran los mercados financieros.

Los bonos argentinos cotizan a precios que descuentan una nueva crisis de deuda en los próximos años. Por tanto, el salto en la inversión puede deberse casi con exclusividad a ineficiencias en la asignación de los recursos propia del control de capitales. Se sabe que, frente al cepo, el dólar financiero es la única puerta de acceso para transferir dólares al exterior. Desde fines de 2019 no se giran utilidades y dividendos al exterior, algo que no sucedió nunca desde la creación del mercado único y libre de cambios (MULC). Estas transferencias tocaron un pico en el primer gobierno de CFK, con usd 3.900 millones anuales, para caer a usd 750 millones por año en su segundo mandato, con el primer cepo. En la era Macri, con una cuenta capital liberada, el giro de dividendos y utilidades promedió los usd 1.800 millones anuales.

Para evitar que la cobertura de las empresas en los meses previos a las elecciones presione sobre el dólar “contado con liquidación” (CCL), tanto la Comisión Nacional de Valores (CNV) como el Banco Central, endurecieron las restricciones una semana atrás. Por un lado, se limitó el acceso al mercado de cambios a una empresa si otra de su mismo holding había realizado operaciones con CCL en los tres meses anteriores. Hasta ahora, el acceso dependía únicamente de las operaciones de cada empresa. Al mismo tiempo, se fijó un límite al volumen máximo operado por las empresas en el CCL mediante los agentes de liquidación y compensación (Alycs). Los montos semanales superiores a usd 50.000 nominales deberán cursarse por el mercado de negociación bilateral (Senebi), donde el precio se negocia en forma directa y el Banco Central no interviene vendiendo bonos.

La profundización del cepo busca garantizar la pax cambiaria hasta las elecciones. La brecha entre el dólar oficial y el financiero (CCL) promedió casi 70% en los primeros siete meses del año, pero con una tendencia alcista desde fines de mayo, cuando alcanzó 74%.

Bajo este escenario, las empresas tendrán mayores dificultades para acceder al dólar, una cobertura clásica para aislar sus excedentes de los shocks. En consecuencia, seguramente continúen sobre-acumulando capital en forma preventiva e impulsando así la inversión a precios “subsidiados”, al tipo de cambio oficial. Si se descuenta que luego de las elecciones el peso se depreciará, el racional de esta suerte de “inversión encepada” es consistente.

¿Cómo se está financiando la inversión? Básicamente, a través de tres canales:
 La participación de los beneficios empresarios en el PBI, con un aumento de 2,7 puntos porcentuales entre el último trimestre del 2019 e igual periodo del año pasado.
 Los excedentes de liquidez en pesos, más de dos puntos del producto superiores al nivel alcanzado en la etapa Kicillof del cepo cambiario (2012-2015), como indicamos en el Analytico#606. Son colocaciones a plazo fijo, en su mayoría corporativas.
 Los márgenes de rentabilidad, medidos cómo la relación entre los precios al productor y los precios al consumidor, están en máximos de la serie histórica, como dijimos en el Analytico#602.

En tanto, otras vías más usuales para financiar la inversión pierden terreno. El crédito a las empresas cae en términos reales desde el pico en septiembre de 2020 y converge a niveles prepandemia.

Entre mayo y julio este crédito se contrajo al 18% mensual respecto a un año atrás. Por su parte, luego del reperfilamiento forzado de la deuda externa privada en 2020, el ingreso de dólares por ese mecanismo es prácticamente inexistente. Hasta mayo ingresaron apenas usd 360 millones por líneas de crédito y financiaciones, un 90% menos que en igual periodo de 2019 (usd 3.000 millones).

Es claro que en las condiciones actuales el impulso a la inversión tiene corta vida. La expansión de la oferta siempre se correlaciona con el nivel de actividad, actual y esperado. Más pronto que tarde, si el gobierno no logra estabilizar la macro, generar más certidumbre e impulsar la demanda a través del consumo privado y las exportaciones, la inversión volverá a caer. Con esos pesos sin destino, la presión sobre el dólar será aún más fuerte

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Dólar calmo hasta las elecciones, ¿y después?

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Nuestro país se caracterizó históricamente por una gran volatilidad del tipo de cambio. Esta dinámica tan inestable como inusual a lo largo del mundo es de vital importancia, ya que bruscas devaluaciones vinieron siempre seguidas de aceleraciones de la inflación, que erosionan el poder adquisitivo del salario y el nivel de actividad. Por el contrario, los procesos de apreciación cambiaria mejoran la actividad en el corto plazo, pero complican la competitividad del sector productivo, en tanto suelen ser difíciles de sostener más allá de algún tiempo. 

En la actualidad, el dólar oficial parece tan calmo como controlado. En 2020, esta variable subió en línea con la inflación (38% y 36%, respectivamente), preservando gran parte de la competitividad ganada en 2018 y 2019. Sin embargo, esta dinámicase interrumpió en marzo de 2021. Con el afán de utilizar un ancla cambiaria para reducir la inflación, la autoridad monetaria redujo sensiblemente la tasa de depreciación del peso: entre marzo y mediados de junio, el dólar avanzó poco más de 6%, mientras que la inflación acumularía 16% en el período. En este marco, reaparecieron algunos fantasmas de apreciación cambiaria. 

Sin embargo, al analizar la competitividad real del tipo de cambio en perspectiva histórica, vemos que se encuentra en línea con el promedio de los últimos 25 años. Esto implica que es un 50% más caro que en el cierre de la convertibilidad, 30% mayor a los meses que precedieron al salto de 2018 y 20% más competitivo que en la media 2012-2015. No obstante, también está casi 30% por debajo de la media del período 2002-2007 y de la de la segunda mitad de 2018 y 2019. Considerando la volatilidad de esta variable y su tendencia a correrse fuertemente entre extremos, mantener un tipo de cambio estable en un valor cercano al promedio -evitando en simultáneo un salario en dólares deprimido y una pérdida de competitividad de nuestros productos- podría ser una alternativa deseable. Sin embargo, algunos motivos podrían hacernos pensar que una comparación histórica no alcanza para afirmar que el tipo de cambio seguirá estable en el mediano plazo. 

Por el lado de la economía real no habrá grandes tensiones 

En 2020, Argentina tuvo un resultado externo positivo. Este fue consecuencia de un superávit en el comercio de bienes, un saldo de servicios muy acotado (pasó de mostrar un rojo de más de USD 5.000 millones a uno menor a los USD 2.400 millones por la virtual desaparición del turismo internacional) y un saldo de rentas disminuido por la reestructuración de la deuda y las restricciones al giro de utilidades y dividendos de las empresas. Aunque el balance externo estuvo potenciado por factores transitorios, su resultado de cuenta corriente representó un importante ingreso de divisas a la economía local (USD 3.000 millones). En 2021, esperamos que este saldo vuelva a ser positivo, en una magnitud que dependerá de la continuidad del precio de las commodities (que siguen en valores altos pese a la baja relevante en los últimos días) y la recuperación económica local e internacional.  

Respecto al panorama global, esperamos que nuestros socios comerciales crezcan en 2021, incrementando su demanda por nuestras exportaciones y elevando el volumen de nuestros envíos. Por el lado de nuestras compras externas, aunque crecerán respecto del año pasado, no alcanzarán valores que pongan en riesgo al superávit comercial luego de tres años de recesión.  

Adicionalmente, no hay grandes pagos de intereses programados para 2021 y el giro de utilidades y dividendos seguiría restringido. Por último, aunque la competitividad de nuestros productos se erosiona rápidamente con el avance de la inflación, se espera que las monedas de países vecinos (particularmente el Real brasileño) también se aprecien frente al dólar. Esto golpearía su competitividad, relajando nuestros problemas en este frente. Por lo tanto, los flujos corrientes, es decir, la economía real, no traerá motivos para que el dólar oficial se acelere en el corto plazo. 

Sin embargo, en los planos fiscal, monetario y financiero hay luces y sombras 

A diferencia del año pasado, cuando el Tesoro realizó una importante expansión fiscal para ayudar a familias, empresas y Estados subnacionales a hacer frente al shock de la pandemia, en 2021 los programas de gasto por el Covid están siendo más acotados. Más importante para la cuestión cambiaria, la fuente de financiamiento de estos muestra una mayor composición de deuda de mercado en pesos y una menor proporción de emisión. Este cambio de estrategia obedece al efecto de la elevada monetización del déficit el año pasado (7,5% del Producto) sobre los dólares paralelos primero y sobre las Reservas después. En este sentido, resalta que la asistencia del BCRA al Tesoro fue de apenas 0,6% del Producto hasta mediados de junio, mientras que en los primeros cinco meses de 2020 había rozado el 4%.  

A la vez, los agregados monetarios tampoco están creciendo significativamente por otras vías. En 6 de los últimos 7 meses, la suma de la base monetaria, los depósitos privados a la vista y los plazos fijos se contrajo en términos reales. Esto indica que la emisión récord del 2020 está quedando atrás, no solo a través de la menor asistencia al fisco, sino también por la absorción vía LELIQs y pases. 

Más allá de esta dinámica positiva, las Reservas netas continúan en niveles delicados. En la actualidad, las mismas superan los USD 8.500 millones y, si bien marcan un avance de 75% en relación con el cierre del año pasado (USD +3.800 millones), también implican una caída de 20% en la comparación interanual. Considerando que ya pasó la temporada alta de liquidación de divisas del agro, y que en el segundo semestre el Banco Central históricamente vende Reservas en lugar de acumularlas, este número enciende algunas señales de alerta, especialmente de cara al mediano plazo. 

Sumando la asignación de Derechos Especiales de Giro del FMI por casi USD 4.500 millones, los problemas parecieran disiparse. Sin embargo, considerando también los pagos a este organismo multilateral (casi USD 5.000 millones entre agosto y diciembre) y el vencimiento con el Club de París (USD 2.500 millones) los mismos reaparecen. Más aún, al contemplar las necesidades de intervención para calmar al dólar oficial y paralelo durante el período electoral, el desenlace se vuelve más incierto. Aunque el poder de fuego alcanzaría para contrarrestar las presiones en la previa a los comicios, no está claro que lo pueda seguir haciendo después de noviembre.  

En resumen, si bien la situación fiscal viene siendo más austera que durante el año pasado, y de ahí parte de las menores presiones cambiarias, el panorama de las Reservas netas también es algo más complejo, de modo que no es posible asegurar que esta calma cambiaria se extienda más allá de los próximos meses. 

El poder de fuego del Banco Central será lo que determine el ritmo del dólar 

De acuerdo con lo dicho, la situación monetario-fiscal no está impulsando nuevas presiones sobre el tipo de cambio, a la vez que la competitividad de nuestros productos no será un problema en el corto plazo. Sin embargo, nunca se puede descartar la posibilidad de una suba del dólar en la Argentina: la clave para saber si el gobierno podrá sostener al tipo de cambio en estos niveles será la disponibilidad de reservas internacionales netas. Este activo del Banco Central se redujo más de 60% en 2020, acercándose a sus mínimos históricos. En lo que va del 2021 viene recuperándose, pero su stock todavía es muy acotado. De esta forma, la aparición de shocks o el aumento de la incertidumbre podrían gatillar una corrida, aun en ausencia de factores “objetivos” para una suba.  

En este aspecto, resalta la negociación con el FMI, que sería el principal uso de reservas netas en los próximos meses. Si las autoridades lograran postergar los pagos a dicho organismo, la situación cambiaria tendría una perspectiva mucho más sólida -si, en el acuerdo, no se restringe el accionar del Banco Central, tal como se hizo en 2018-. Por el contrario, de mantenerse el calendario de pagos actual, el año próximo deberíamos afrontar vencimientos por más del doble de las reservas netas, algo imposible de realizar. 

En síntesis, la situación cambiaria dista de ser extrema: habrá ingresos de divisas mayores a los egresos en 2021 en el mercado oficial y la situación fiscal está en camino a corregirse. No obstante, la sostenibilidad de la estrategia dependerá de despejar el horizonte de vencimientos internacionales de los próximos años: sin un acuerdo con el FMI que ayude a descomprimir los pagos será difícil mantener la calma. 

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Maradona y las gambetas a la teoría económica

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Como ya sabemos, este 2020 entre otras desgracias se llevó al máximo ídolo futbolístico, sobre el que hay canciones, pinturas, esculturas, chistes, memes etc. etc. No voy a entrar en polémicas sobre su vida personal ni profesional ya que de eso está todo saturado…

El dato poco conocido para muchos es que Maradona, años después de aquel inolvidable partido contra Inglaterra en México 86; inspiró con sus goles a nada menos que el gobernador del Banco Central de Inglaterra, Lord Mervin King, para escribir un trabajo sobre el rol de los Bancos Centrales en el combate de la inflación y la posición de las tasas de interés.

El texto compara los dos goles de Maradona a los ingleses con reglas que debe seguir un Banco Central para llegar a controlar la inflación;

Importante:

El texto habla exclusivamente sobre el manejo de la tasa de política monetaria, que en nuestro caso es la tasa de las Leliq, y  que en la era de Macri eran la Lebac.

Quiero agregarle al manejo del control del precio del dólar, ya que coincido con Martin Redrado en que en Argentina es más importante controlar el dólar que la tasa de interés, porque la divisa norteamericana es tomada más como referencia para el nivel de precios.

Esta ampliación no invalida las reglas de Mervin King, ya que en ambos casos se refiere a cómo la política monetaria influye sobre una variable.

A continuación, transcribo una traducción del fragmento del trabajo donde propone la regla y daré mi explicación personal del tema:

Primer gol: el de la mano de Dios o el zigzagueo

“Esto es lo que yo llamo la teoría de tipos de interés de Maradona. El gran futbolista argentino, Diego Maradona, no suele asociarse con la teoría de la política monetaria. Pero su actuación contra Inglaterra en la Copa del Mundo en la Ciudad de México en junio de 1986, cuando marcó dos goles, es un ejemplo perfecto de mi punto. El primer objetivo de Maradona de la “mano de Dios” fue un ejercicio del antiguo enfoque de “misterio y mística” de la banca central. Su acción fue inesperada, inconsistente en el tiempo y contra las reglas. Tuvo suerte de salirse con la suya.”

Fuente:

https://www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/speech/2005/monetary-policy-practice-ahead-of-theory#:~:text=As%20the%20Maradona%20theory%20of,Mais%20lecture%20has%20itself%20demonstrated

Explicación:

Con algo de frustración inglesa por el hecho (y algo de razón si se me permite) aquí el autor destaca que si bien convirtió el gol, lo que tuvo es “suerte” y que esa suerte es inconsistente en el tiempo. Es decir… , no te va a salir siempre.  

Segundo gol, la línea recta

“El segundo objetivo fue un ejemplo del poder de las expectativas en la teoría moderna de las tasas de interés. Maradona corrió 60 metros desde el interior de su propio campo batiendo a cinco jugadores antes de colocar el balón en la portería inglesa. Sin embargo, lo verdaderamente destacable es que Maradona corrió prácticamente en línea recta. ¿Cómo puedes vencer a cinco jugadores corriendo en línea recta? La respuesta es que los defensores ingleses reaccionaron a lo que esperaban que hiciera Maradona. Como esperaban que Maradona se moviera hacia la izquierda o hacia la derecha, pudo seguir recto. La política monetaria funciona de manera similar. Las tasas de interés del mercado reaccionan a lo que se espera que haga el Banco Central”.

Fuente:

https://www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/speech/2005/monetary-policy-practice-ahead-of-theory#:~:text=As%20the%20Maradona%20theory%20of,Mais%20lecture%20has%20itself%20demonstrated

Explicación:

Entiéndase bien: la regla no trata de como hacer un gol…. Se trata de cómo se van a comportar tus adversarios en el objetivo. Maradona pudo hacer un gol en línea recta porque los ingleses esperaban de Él el zigzagueo o “la magia”. Si lo repite con insistencia, seguro no hace el gol pero consigue que todo el equipo contrario corra en el mismo sentido, porque eso esperan de Él. 

Vamos a la política monetaria: Si yo dejo que el dólar suba o baje, subo o bajo las tasas de interés, esto se va a transmitir a toda la economía y por ende todo va a zigzaguear, que en el caso de Argentina va a significar que el dólar se dispare y se disparen los precios. Si trazo un camino en línea recta y soy creíble de que voy a ir por ese camino, aunque a veces tenga que correrme para esquivar una patada, pero vuelvo a la línea, todo se va a terminar alineando. Si pongo una meta de inflación y del valor del dólar, y demuestro a la sociedad que voy a hacer todo para cumplirla, voy a conseguir calmar el dólar y los precios. Nadie compraría dólares para atesorar si sabemos que no va a subir… no sería negocio. Pero como no vemos la línea recta corremos a comprarlo; porque en la Argentina ya aprendimos todos que lo único que nos protege del zigzagueo de la política monetaria son los dólares abajo del colchón.

El caso:

El gobierno de Macri anunció un esquema de metas graduales para combatir la inflación controlando la tasa de política monetaria; si bien en los dos años que duró, no se cumplieron las metas, la diferencia entre lo deseado y lo real se iba achicando. Hasta que el 28 de diciembre de 2017 el ex Jefe de gabinete Marcos Peña tuvo la fantástica idea de cambiar las metas para 2018 de 12 a un 15 por ciento con la excusa de acelerar la recuperación económica. 

El resultado: el mercado lo tomó como un avasallamiento del Ejecutivo sobre el BCRA, una pérdida de poder de Federico Sturzenegger y por ende de sus metas….en fin, se abandonaba la línea recta donde todos los jugadores iban entrando y volvía el eterno zigzagueo de la política monetaria argentina :

Seguro que en 2018 tampoco se iba a cumplir la meta original del 12 por ciento porque “pasaron cosas”; pero también es seguro que si no existía el bendito #28D y dejaban a Sturzenegger seguir la línea recta, el desastre no hubiera sido tal. Marcos Peña quería hacer “magia y mística” y no le salió.

Lo mismo aplica para el actual presidente del BCRA, Miguel Pesce: está desesperado por controlar el dólar; entonces endurece y ablanda el cepo, pone y quita el parking para el dólar ccl. Sube y baja la tasa de interés etc. Resultado: de tanto zigzagueo, los que pueden, corren detrás del dólar porque nadie espera que haya un toque de “magia y mística “ en esas medidas y solo esperan el desenlace caótico que siempre pasa. El mensaje sería este: Pesce “ Tampoco tenés la mano de Dios; trazá una línea recta de una vez”.

Conclusión:Así como saltar del noveno piso y vivir para contarlo solo puede hacerlo García, un gol con la mano de Dios sólo pudo salirle a Maradona. Si no sos Charly o Diego y en vez de dedicarte a la música o al fútbol se te da por ser presidente del Banco Central, no intentes tener suerte o “misterio y mística”, porque te puede salir bien una, pero es inestable en el tiempo.  Lo que necesitamos es que pienses, planifiques, traces una línea recta, hagas que todos los jugadores contrarios vayan por ahí y domines las expectativas, para que dé una vez para siempre seamos un país normal y no tengamos inflación.

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Las leyes económicas y la realidad real

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En esta ocasión, decidí que más que enfocarme en una problemática de la actualidad, quiero hablar de “Economía”. Sin dudas que, cuando se habla de ella, los debates son acalorados y para nada aburridos: todos opinan y probablemente cada uno tendrá una postura diferente. Incluso, es notable cómo se contradicen los economistas entre sí. Es por ello, que hoy quiero presentarles algunas de las principales ideas de esta apasionante y contradictoria ciencia, contarles las contradicciones entre las diferentes corrientes de pensamiento económico y, finalmente, contrastarlas con la realidad (y con el sentido común) y ver cuán acertadas están:

  1. “No puede existir demanda sin que haya oferta” o “la oferta crea su propia demanda” este enunciado se conoce en economía como “la ley de Say” y se trata de una idea fuertemente relacionada con la teoría clásica. De algún modo, lo que está ley trata de decir es, que evidentemente, para que alguien pueda consumir un producto, primero ese producto debe existir, por lo que es muy importante estar siempre pendientes de la estructura de producción: si ella funciona bien, siempre existirá un mercado para vender el producto.
    Sin embargo, en la historia aparece otro famoso economista que no estaba para nada de acuerdo con esta ley: el célebre Sr. Keynes: quien decía que, en muchas ocasiones, la demanda efectiva es menor a la oferta, lo cual llevaba a la generación de excedentes y que en esos casos era importante incentivar la demanda para que se puedan colocar esos excelentes.
    Y… ¿en la realidad? Fuera del plano teórico, todos tienen razón, aunque digan exactamente lo contrario. Existen periodos de tiempo, generalmente los de crisis económica, donde la demanda cae y donde un país tiene muchos factores productivos (recursos) ociosos. En esos casos, la historia ha demostrado que los incentivos para hacer crecer la demanda han servido para salir de la crisis, ya que al incrementar la demanda, se producía más para satisfacerla y así, se incrementaba el ingreso. Pero también es cierto que, este es un remedio temporal y mientras se tengan recursos ociosos. En el largo plazo, si no hay incentivos para la producción, por más demanda que exista, no habrá disponibilidad de bienes y no se podrá consumir (miremos el caso de Venezuela: el desabastecimiento y las largas colas para conseguir algunos bienes).
  2. “El dinero no es riqueza” esta ley se basa enteramente en el sentido común, sin embargo, es ampliamente ignorada, incluso por muchos gobernantes que llevan adelante la política económica. El dinero, es básicamente un instrumento de intercambio y su valor se encuentra en el poder adquisitivo del mismo. Es decir que, la riqueza de una persona reside en su posibilidad de acceder a bienes y servicios.
    Entonces, un país en su conjunto, no puede aumentar su riqueza aumentado sus existencias de dinero. En criollo: que apelemos a “la maquinita” no nos hace más ricos, si es que la producción y disponibilidad de bienes y servicios no aumenta.
  3. Y… como frutilla del postre, les voy a contar de otra interesante ley económica y que realmente es importante traerla a colación: se trata de la “ley de Gresham”. La misma establece que cuando en un país circulan dos tipos de monedas, y una de ellas es considerada por el público como “buena” y la otra como “mala”, la moneda mala siempre expulsa del mercado a la buena. En otras palabras, las personas siempre querrán ahorrar en la moneda buena y deshacerse de la mala.
    Entonces, si la contrastamos con la realidad, podemos notar que los argentinos no somos egoístas cuando queremos comprar dólares y deshacernos del peso, sino que solamente estamos tomando decisiones económicas racionales, tratando de mantener el poder adquisitivo futuro (para algún día poder llegar a cambiar de auto o cumplir el sueño de la casa propia). En definitiva, el problema no es la gente, el problema es el peso y las políticas económicas que llevaron al peso argentino a ser la “moneda mala”.

A modo de cierre, no es posible demostrar fehacientemente que una teoría es correcta y otra no lo es. Cuando hablamos de leyes económicas, tenemos que tratar a las mismas como un “conocimiento no exacto”, aplicado a un contexto y recordar que se trata de una “ciencia social” sin verdades absolutas.

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El dólar condiciona el futuro de las Pymes

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Así lo grafica el informe Coyuntural: Primer semestre 2020 y perspectivas de la Fundación Observatorio PyME la recuperación del sector industrial depende de un efectivo control del tipo de cambio por parte del Gobierno nacional

Si el Gobierno logra controlar el tipo de cambio y evitar un salto violento del dólar, el 51% de las PyME industriales prevé recuperar el nivel de producción pre-pandemia en diciembre 2020 y el 33% durante el primer semestre de 2021. El restante 16% prevé alcanzarlo en el segundo semestre de 2021 y el primero de 2022, aunque algunos sectores manufactureros como autopartes y la industria del vidrio, cerámica y minerales no metálicos prevén recuperaciones más distantes.

Aun con las diferentes características estructurales y dinámicas, las previsiones de recuperación de las PyME de la Industria Manufacturera siguen el mismo ciclo que las PyME de Software y Servicios Informáticos.

El ciclo de recuperación del segmento de pequeñas y medianas empresas sigue, además, un patrón muy similar al observado en la economía mundial según los reportes del FMI, Banco Mundial y OECD, siempre que no ocurra un fuerte rebrote del COVID-19.

Si, por el contrario, ocurriera un salto devaluatorio antes de fines de año, el principal impacto será sobre el poder de compra del mercado interno y no sobre la balanza de comercial de las PyME. No habrá más exportaciones y tampoco mayor protección contra las ya muy deprimidas importaciones. Es decir, la devaluación de la moneda postergará el ritmo de recuperación de las PyME locales y alejará al país del patrón de recuperación mundial.

El resultado de las encuestas realizadas por FOP durante los meses de julio agosto muestra que mejoran las expectativas de reactivación para los próximos meses, pero que el grado de iliquidez de las empresas es máximo. Entre las PyME manufactureras se liquidan stocks de materias primas, a pesar del riesgo de devaluación que perciben todos los empresarios (y su potencial efecto sobre el ritmo de aumento de los precios). La profunda recesión y la necesidad de liquidez se observa también en la velocidad de entrega de los proveedores de estas PyME que aumentó drásticamente durante la pandemia (el indicador de FOP pasa de un nivel de 53 en abril a 64 en julio).

En un escenario de parcial recuperación de la economía internacional (ahora amenazada por un nuevo rebrote del COVID-19), los rasgos más destacados de la actual coyuntura de las PyME argentinas son tres:

  1. A partir del piso de la recesión observado en el segundo trimestre del año, comenzó a recuperarse la confianza de las PyME de todos los tamaños, sectores y regiones del país. Está aumentando la cartera de pedidos y en algunas actividades el ritmo previsto de recuperación es muy importante: software y servicios informáticos, madera y muebles, aparatos eléctricos y electrónicos y alimentos y bebidas. Es probable que el año para las PyME cierre con una caída de la producción inferior al estimado para el conjunto de la economía que ronda el 10-12%.
  2. Actualmente, el problema con mayor difusión entre las PyME manufactureras es el incremento de los precios de las materias primas (afecta al 68% de las empresas), que desplazó del primer lugar al problema de la caída de las ventas (afecta al 57% de las empresas). En tercer lugar de difusión, pero muy cercano a la caída de las ventas, se sitúa el retraso en el pago de los clientes (55%). El incremento de los precios de las materias primas se explica, en buena parte, por el ritmo de devaluación del peso.
  3. Se amplió la diferencia de desempeño entre las pequeñas empresas (10-50 ocupados) y las medianas (50-250 ocupados) que se viene observando desde hace ya prácticamente un quinquenio en el sector industrial. En el segundo trimestre del año la caída interanual de la producción de las firmas pequeñas fue del 30,5% mientras que la caída en las medianas fue del 9%. Las discrepancias entre ambos grupos en el ritmo de producción fueron acompañadas con diferencias en la dinámica del empleo: entre las pequeñas la ocupación cayó 5% en términos interanuales, mientras que entre las medianas se mantuvo prácticamente constante (+0,5%).
    El programa de asistencia del Gobierno “ATP”, créditos blandos al 24% y algunas otras medidas (laborales, fiscales y financieras), aunque están disponibles para todos los tamaños de empresas, parece que impactan más entre las empresas medianas que entre las empresas de menor tamaño. En tal sentido, es probable que la “Moratoria ampliada 2020” también muestre este patrón de impacto sobre el segmento PyME.
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