dólares

Día de la masacrada industria argentina

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Tristísimo el contexto general, y mucho peor aun el específico del
intencionalmente muy maltratado Sector Industrial de Argentina, cuyo día se ¿celebra…? el 2 de setiembre.
Interesante y necesario es analizar como se llegó a esta deplorable realidad actual.
Después de superar los negativos y nada inocentes dogmatismos ultra liberales y por ende anti industriales, de los gobiernos oligárquicos feudales que desde el mitrismo gobernaron casi sin solución de continuidad, Argentina se fue industrializando en forma elemental y por pura necesidad vital durante la primera guerra mundial y luego en el marco de la falta de divisas a consecuencia de la crisis mundial de los años ’30.
Pero ese proceso de industrialización no fue promovido como política de Estado, siendo apenas tolerado por la vieja oligarquía campera, desde siempre excluyente y opuesta a las grandes evoluciones positivas, tal como operan con escaso criterio y mucho egoísmo de clase los sectores ultra conservadores.
En la primera mitad del siglo XX, los voceros del establishment agro ganadero, habían establecido la muy rebuscada diferenciación entre industrias “naturales” y las “artificiales”, tolerando de mala gana a las primeras, que eran –en esa cerrada concepción- las que con tecnologías bastante elementales, solo se dedicaban a elaborar las producciones primarias masivas. Dicho en castizo simple, eran las industrias alimenticias, algunas textiles y unos pocos rubros más, de tecnologías simples y sin mayores pretensiones de involucrarse en procesos productivos de mediana o alta tecnología.
En cambio, eran consideradas “artificiales” las industrias como las metal mecánicas, las mecánicas, químicas, electrónicas, o similares; pues el argumento pueril pero nada inocente era que no se encontraban dentro de las actividades para las que –supuestamente- teníamos “condiciones naturales”.
En realidad, los “dueños del poder” temían las transformaciones económicas, sociales y políticas que previsiblemente serían consecuencia del desarrollo industrial diversificado y con mayores soportes tecnológicos, que romperían el cerrado oligopolio agro ganadero en el que se encontraba embretada la economía argentina.
Los acentuados cambios en el perfil productivo nacional, se dieron a partir de la irrupción del peronismo y sus acciones estratégicas para desarrollar la industria, sectores tecnológicos claves (como la Energía, la Aeronáutica, la Nuclear, la Metalmecánica, y otros); dándose origen a varias décadas de crecimiento y desarrollo, que no pudieron ser revertidos incluso por gobiernos pro oligárquicos y ultra conservadores –que hicieron daño, sin duda, pero no pudieron alterar el rumbo industrialista-, como el de la “revolución fusiladora” (1955) y sus continuadores.
Fueron poco más de tres décadas en los que la industria y la tecnología recibieron fuertes impulsos, con altibajos pero mostrando una tendencia claramente positiva, llegándose incluso a consolidar buena parte de la estructura industrial pesada y la de mediana y alta tecnología; todo eso en el marco creciente del PBI a tasas moderadas pero importantes.
En ese período, tal como solo volvió a vislumbrarse menos de un quinquenio atrás, Argentina llegó a posicionarse en el umbral del desarrollo, en la difusa línea que separa al subdesarrollo de estadios superiores socio económicos.
Pero las presiones del establishment geopolítico mundial, con renovadas fuerzas a partir de la entronización de severas pautas de predominio financiero sobre la economía productiva, con el neoliberalismo como doctrina y la Escuela de Chicago como ariete académico; encontraron campo fértil en los sectores ultra 
conservadores de Argentina, siempre añorantes de “las buenas épocas” de patronos ahítos de riqueza con peonada dócil de “pata’l suelo” cosificados y ninguneados como seres humanos descartables.
Y esos sectores ultra reaccionarios formaron la guardia pretoriana a la medida de sus necesidades represivas que ahoguen toda posible protesta, al uniformar el pensamiento militar abroquelándose en el liberalismo económico “la única doctrina correcta” para la doctrina de la seguridad nacional; para cuyas desmedidas reacciones se habían previamente prefabricados sectores proclives a la violencia, que no por casualidad atacaron con preferente recurrencia a referentes del desarrollo tecnológico e industrial, como muy bien lo señala el Dr. Julio Carlos González, al describir el rol de violencia desestabilizante de grupos guerrilleros que terminaron siendo el otro brazo de la misma tenaza antinacional 
complementario del accionar militarista ultra liberal carente de visión geopolítica
de grandeza nacional, al que fueron relegadas las FFAA y FFSS.
Estaban entonces dadas las condiciones de violencia interna desmadrada y desmesurada, que el intelectual británico Harry S. Ferns expusiera como la única posibilidad de destruir los acentuados avances económicos y sociales concretados desde el surgimiento del peronismo.
El “proceso”, golpe de Estado alineado visceralmente con los dictados del Consenso de Washington, se dedicó sin oposición posible (en el marco de violencia institucionalizada), a destruir el tejido industrial argentino, amén de concentrar la riqueza y alinear dócilmente a nuestro país a los dictados anglosajones.
Toda esa destrucción socio económica planificada, y la extranjerización de la economía, siguió y se profundizó en el período de la partidocracia cleptocrática, que involucró parcialmente al alfonsinato, pero principalmente al menemato y al
delarruato.
Habiéndose revertido en el último gobierno peronista ese cuadro de
destrucción generalizada, que en el 2001/2002, nos puso al borde de la disolución nacional y la nefasta iniciativa de canje de deuda por territorios; e incluso alcanzándose logros significativos en distintos aspectos socio económicos; el masivo operativo de periodismo de guerra, en el contexto de guerra híbrida desarrollada en forma poco perceptible para la gran mayoría de la población, logró prefabricar las condiciones para que por primera vez en la historia nacional,  desembozadamente un gobierno declaradamente neoliberal, acceda al poder formal por medio de las urnas, en 2015.
Claramente, vinieron a implementar un neoliberalismo salvaje en versión recargada, para completar las “tareas pendientes” que no pudieron perpetrar sus antecesores directos del período de la partidocracia cleptocrática. Uno de sus claros objetivos es arrasar rápida y brutalmente con todo el sector industrial, aniquilando a la vez todos los entes tecnológicos y sus respectivos programas de desarrollos propios de tecnologías nacionales.
Buscan al como sea la primarización brutal de nuestra economía, en un modelo socio económico en el que “sobramos” al menos 25 millones de argentinos.
Contra toda lógica, buena parte de los académicos universitarios, los científicos y técnicos altamente calificados, pero ignorantes de la realidad política nacional y geopolítica mundial, inicialmente apoyaron al gobierno neoliberal que vino dispuesto a barrer con todo vestigio tecnológico propio y a enanizar a las Universidades Nacionales.
También, contra toda lógica, la dirigencia de la UIA (Unión Industrial Argentina), apoyó y aun apoya las políticas industricidas del actual gobierno neoliberal hoy en el poder. Son simplemente la oligarquía diversificada, de abstrusa y egoísta visión.
En ese tremendo contexto general, el Sector industrial, hace cuatro años poderoso y en pleno desarrollo, está en terapia intensiva, y con pronóstico de cercana defunción total, ante el desguace perpetrado con total premeditación y alevosía, por los genocidas económicos hoy en declinante pero aun muy destructivo poder residual formal.
Día de la Industria, nada para festejar.

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La recaudación tributaria aumentó 56,3% en agosto

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La recaudación tributaria alcanzó los $ 458.494,6 millones el mes
pasado, con un incremento interanual de 56,3%.

El IVA neto creció el 44,1%; en particular, el IVA impositivo
aumentó el 49,2% y el aduanero el 40,9%.

El impuesto a las Ganancias exhibió un crecimiento del 49,5%. Cabe
recordar que el mes pasado operó el ingreso del primer anticipo de
personas humanas y el tercero de las sociedades con cierre diciembre,
por el período fiscal 2019. A la vez, el resultado se vio atenuado
por la disminución de la tasa del impuesto para las sociedades del
35% al 30% contemplada en la reforma tributaria.

Los ingresos por el impuesto a los débitos y créditos en cuenta
corriente crecieron el 53,8%. En tanto, la recaudación del Sistema
de Seguridad Social aumentó el 39,5%, suba que se vio moderada por
efecto de la reforma tributaria a partir de la convergencia a la
unificación de la alícuota y el aumento del mínimo no imponible.

En el comercio exterior, los derechos de exportación crecieron
519,4%. Por un lado, el resultado se vio fortalecido por la suba del
tipo de cambio y por los derechos de exportación adicionales; por el
otro, fue afectado por la caída de los precios promedio del complejo
sojero y por un día hábil menos de recaudación respecto del mismo
mes del año pasado.

En tanto, los derechos de importación presentaron un incremento del
51,4%.
En Bienes Personales el aumento fue del 215,5%, ya que el mes pasado
operó el ingreso del primer anticipo por el período fiscal 2019.

Por su parte, en combustibles el alza fue del 26,3%.

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Cuando la realidad se impone al dogma

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El 30 de agosto la tasa de política monetaria (tasas de LELIQS) cerró en 83,26%, el valor máximo desde el inicio del gobierno de Mauricio Macri. A principio de mes la tasa ya era muy alta (60,64%) e incompatible con la mayoría de las actividades productivas. Esto tiene su correlato en el nivel de empleo, especialmente en el sector industrial: entre junio de 2019 (último dato disponible) y junio de 2015 se perdieron 150 mil puestos de trabajo en el sector privado registrado. El grueso de la caída se produjo en la industria, con una retracción de 12%. La tasa de desempleo llegó a 10,1% el primer trimestre del año, siendo muchísimo más grave para las mujeres menores de 29 años: casi 1 de cada 4 esta desocupada. En este contexto es razonable el resultado de las elecciones primarias del 11 de agosto, aunque su contundencia haya asombrado a la mayoría de la oposición y el oficialismo. ¿quién diría que el precio de la leche resultó mucho mas significativo para explicar el voto que la protección mediática desplegada y la inauguración de obras?

Agosto de 2019 terminó el 1 de septiembre, cuando el domingo finalmente se anuncia, mediante publicación en el Boletín Oficial y sin mediar declaraciones de ningún funcionario, la reinstalación del control de cambios y obligación de ingreso de los dólares provenientes de las exportaciones. El Decreto de Necesidad y Urgencia 609/2019 asigna la responsabilidad de la crisis desencadenada “al proceso eleccionario”, y sin mas impone el pragmatismo y regresa al punto de partida. O casi…. porque en menos de cuatro años el dólar pasó de $9 a $61 (al viernes 30/8) y sumando la Formación de Activos Externos (coloquialmente conocido como fuga) y el pago de intereses se fueron 150 mil millones de dólares. Volvimos al FMI y la deuda externa vuelve a ser una pesada cruz que condiciona tanto la economía como la política.  Las inversiones prometidas en campaña nunca llegaron, y en cambio, sólo entraron dólares especulativos que ahora se están yendo (o probablemente ya se fueron) en estampida.

Las medidas de control de cambios resultan razonables cuando los dólares de las reservas caen al ritmo de estos últimos días: sólo en agosto se perdieron casi US$ 14 mil millones y el fatídico viernes 30 salieron US$ 1943 millones. Pocos días hubieran durado las reservas de libre disponibilidada este ritmo, 20 como máximo. Si el control de cambios es razonable en este contexto, el default resulta una medida de lo más irracional y dañina. Tiene un impacto directo sobre la economía real. Además, considerando el curso de las decisiones tomadas, era totalmente innecesario. El default suspende el pago de letras en pesos, lo cual tenía sentido siempre que se intentara frenar la conversión a dólares. Algo que en presencia de control de cambios estaría limitado sin necesidad de entrar en incumplimiento. Por su parte, el pago de las LETES con dólares de las reservas era absolutamente plausible si paralelamente se regulaba la fuga que se produjo los últimos días. Puede apreciarse que los supuestos beneficios del default se diluyeron frente a las medidas tomadas apenas cuatro días más tarde. 

El default (rebautizado reperfilamiento) de las letras de corto plazo anunciado el 28 de agosto por el ministro de Economía Hernán Lacunza generó que Estándard & Poor (S&P) califique como Default Selectivo a las letras involucradas, aunque luego de 24 hs elevara la nota. Otra calificadora (Fitch), por su parte, indicó que se trata de un default restringido. Las consecuencias de este evento se harán sentir al momento de emitir nueva deuda y volver a los mercados, tanto para el Estado como para las empresas argentinas. Consecuencias que se harán notar durante la próxima gestión. Mientras, la acumulación de vencimientos en 2020 le sirve tanto al mercado como al actual gobierno para presionar y condicionar a la oposición en el sentido de aprobar apresuradamente en el Congreso un programa de reestructuración de la deuda de largo plazo y con el FMI en condición de desventaja para nuestro país y en contradicción con su base electoral.

Otras consecuencias de tal reperfilamiento resultan más inmediatas en un país donde un horizonte de 6 meses parece futurista: el capital de trabajo de numerosas empresas se encuentra comprometido, amenazando la cadena de pagos cuando a partir del lunes se deberían abonar sueldos y pagos a proveedores. En una economía inflacionaria, los Fondos Comunes de Inversión (FCI) constituyen una herramienta de gestión de la liquidez. El funcionamiento es simple: los inversores suscriben cuotapartes, que constituyen una pequeña porción del total del fondo, mientras que los administradores gestionan la política de inversión en diferentes activos. En virtud de la gran cantidad de suscripciones, los FCI permiten la entrada (suscripción) y salida (rescate) de las cuotapartes independientemente del momento. Mientras todo estuviera estable, se permitiría obtener una rentabilidad sobre cualquier capital del que se disponga temporalmente -aunque fuese por unos días- ya que continuamente habría nuevas suscripciones y rescates. Una política muy extendida entre empresas, comercios y hasta entidades públicas y hogares era ir comprando cuotapartes a medida que ingresaban los fondos para rescatarlas al momento de realizar los pagos. De esta manera, el capital de trabajo (que es el capital en efectivo, o líquido) que las empresas deben tener para gestionar el día a día, no se depreciaba frente a una inflación promedio mensual de 3%, siendo posible, incluso, compensar financieramente una parte de la caída en ventas. Al momento de declararse el default, esto afectó especialmente a los FCI que tienen en su cartera altas proporciones de las letras afectadas cayendo la cotización de las cuotaspartes hasta un 65%. En definitiva, si se pretende rescatar el capital invertido, se enfrentarán fuertes pérdidas.

En el mismo sentido, el default dejó expuesta las posiciones financieras de algunas provincias. Según una nota publicada en diario Clarín el 1 de septiembre, fueron diez las provincias atrapadas por un total de US$ 1250 millones. Siendo las más comprometidas las provincias gobernadas por Cambiemos, que según el autor de la nota del periódico citado, invirtieron por pedido expreso de Mauricio Macri. La Provincia de Buenos Aires, con US$ 500 millones, Mendoza US$ 234 millones y CABA US$ 123 millones.

Queda por último destacar que habiendo tomados las medidas a su alcance para condicionar a un futuro gobierno y luego de veinte días de insistir echando nafta al fuego, recién al finalizar agosto y presionado por las circunstancias Cambiemos toma por fin, una decisión atinada. Sin ser el control de cambios la opción más feliz y sin estar exenta de peligros, resulta la más aceptable en el contexto de la emergencia. A pesar de esto, el gobierno insiste en hacer cargo a la oposición por las decisiones erradas que los condujeron a la crisis actual. Sólo enumeraremos algunos ejemplos que hubieran evitado este desenlace:  pudieron no acudir al FMI en 2018, cuando el mercado dejó de prestarnos. O bien, aun habiendo acudido al Fondo pudieron respetar el cronograma de desembolsos pactado inicialmente. Pudieron haber reconstituido el salario real en 2018 después de devaluar y habrían podido bajar la tasa de interés reactivando el consumo y el mercado interno.

Recién después de haber perdido las elecciones primarias como consecuencia de apostar por un modelo de valorización financiera en detrimento de la producción, y en medio de una crisis sistémica, comprobamos duramente que, en política y economía, una vez más la realidad se impone al dogma. Claro que el costo del aprendizaje lo asumimos todos los argentinos -en especial los y las más humildes- midiéndose en Calidad de Vida, puestos de trabajo perdidos, destrucción de la industria y el ahorro, hambre y pobreza.

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El Macri de Schrödinger

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Argentina está en una situación muy delicada en términos económicos y es 100% responsabilidad de Cambiemos. Somos muchxs quienes venimos alertando sobre esta crisis autoinfligida. 

De las PASO a hoy se aceleró un proceso económico que no empezó el 12 de agosto, sino que viene desde tiempo atrás y que responde al proyecto económico de Cambiemos. Además, con la entrada del FMI a la escena local y una batería de políticas más restringidas aún, el gobierno terminó de dinamitar toda posibilidad de recuperar una senda de crecimiento, ni hablar de desarrollo económico. Se cansaron de repetir que “el único camino” era el que estaban transitando, de ajuste y apertura financiera indiscriminada. Este camino llevó a duplicar las proyecciones de caída económica en pocos meses, devaluar la moneda, multiplicar la inflación, llevarse puestos los salarios y empeorar absolutamente todos los indicadores sociales. 

La situación actual no es culpa de los votos, como dijo encendido Macri el día después de su derrota en las urnas. La situación actual es resultado de un plan económico diseñado y ejecutado por los equipos de SturzeneggerCaputo y Sandleris en el BCRA y de Dujovne en Hacienda. Incluso, está todo tan pendiente de un hilo y delicado, que nos quitaron la posibilidad de debatir medidas, ideas, programas y plataformas en el momento electoral. 

El mercado es Dios y vos sos solo una falla

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) tiene como una de sus responsabilidades sostener el valor de la moneda, pero como bien explica Martín Guzmán en esta nota, las medidas que puede tomar frente a una corrida cambiaria como la de estos días no son infinitas. 

En principio, cuando se disparó el tipo de cambio, el BCRA subió la tasa de interés de las Leliq, de manera de que no sobren pesos en el mercado (que se puedan ir a compra de dólares o consumo). Pero lo hizo a un nivel demasiado alto (~75%) y que no es sostenible en el tiempo. Una tasa de interés tan alta implica menos pesos circulando. La escasez de crédito encarece cualquier inversión, eso hace que la inversión no suceda (o caiga) y por tanto no se genere empleo. Es decir, una tasa de interés tan alta detiene la economía, es recesiva. En un contexto en que la economía viene cayendo, no ayuda demasiado. Al mismo tiempo, el efecto de su suba es cada vez menor para contener expectativas negativas o servir de incentivo a no dolarizar.

Por otro lado, el BCRA puede inyectar dólares para que haya más disponibilidad en el mercado y su precio no se dispare tanto, pero eso debilita las reservas. Si bien todavía hay margen en términos de solvencia, es un camino peligroso dado que finalmente se está financiando una burbuja especulativa: ¿Cuál es el techo? ¿Hasta donde se puede dejar crecer el dólar? ¿Cuánta plata va a quemar el BCRA para contenerlo? ¿Es razonable financiar la fuga con estos recursos del Estado? 

Otro factor que juega en estos contextos es el de las expectativas de cómo será el futuro. Si yo pienso que a fin de año mi salario se va a mantener y los precios se van a duplicar, entonces voy a buscar una manera de protegerme de esa pérdida de poder adquisitivo. Puede ser guardar todo el excedente de dinero que tenga en un activo financiero que me de rendimientos, o al menos mantenga el poder adquisitivo (bonos, acciones, plazos fijos, etc), comprar dólares, o simplemente adelantar consumos (llenar la alacena). Es decir, si las expectativas son de devaluación y/o inflación, lo lógico es que la gente quiera adelantar compras de bienes, comprar dólares para cubrirse. O bien, que quienes tienen bonos o inversiones en un país en el cual el rendimiento futuro de ellas va a caer, se quieran ir en busca de nuevos horizontes. 

En un contexto como el actual, la fuga de divisas y la incertidumbre frente a un gobierno que no muestra solidez ni capacidad para manejar la crisis generó nerviosismo y comportamientos que hicieron que mucha gente retire sus depósitos, o se pase de pesos a dólares. Pero aquí vale la pena señalar que quienes realmente inclinan la cancha no son los pequeños ahorristas queriendo poner a salvo su esfuerzo monetizado, sino los grandes jugadores, esos “mercados” que de tanta abstracción parecen un ente de otro universo pero no: son bancos, son empresas, son especuladores.

Cambiemos el modelo 

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Las PASO tuvieron efecto sobre el modelo económico de Cambiemos. Las primeras medidas que anunció Macri buscaron contener el impacto de la inflación que ya generó la violenta devaluación post PASO. Se eliminaron impuestos a alimentos básicos y se otorgaron bonos varios o descuentos impositivos para más de 17 millones de trabajadores, alguna que otra reprogramación de deuda para las Pymes. Estas medidas paliativas tardías e insuficientes mostraron la primera señal de que Cambiemos empezaba a tomar nota de que si seguían en el mismo rumbo el aterrizaje sería más brusco aún. El manotazo de ahogado por supuesto fue torpe, y el plan generó bastantes críticas dado que no se analizó en profundidad ni se conversó con las provincias (que se verán afectadas presupuestariamente por algunas de ellas). Además, causó la primera ¿víctima?: Nicolás Dujovne, el ministro del ajuste y el chocoarroz dejó su cargo en Hacienda. Probablemente esté tomando whisky en su “terreno baldío”, ese con el que evadió impuestos, y disfrutando de vacaciones pagas con el aumento de su patrimonio y todo su dinero a salvo en cuentas del exterior. En su lugar, entró Hernán Lacunza, quien fuera ministro de economía de la Provincia de Buenos Aires junto a Vidal. Lacunza tuvo que interrumpir sus vacaciones y tardes de ski para hacerse cargo de continuar el tránsito hacia ¿octubre?.

En casi cuatro años de Cambiemos aprendimos todo un vocabulario gestado por los expertos de las comunicaciones: lluvia de inversiones, brotes verdes, segundo semestre, crecimiento invisible, tormenta, pasaron cosas, te vas a enamorar de Christine, pacto de caballeros, reperfilamiento. Lo que se anunció luego hoy (domingo) son controles de cambio, una especie de cepo pero con buenos modales, que se suman a los reperfilamientos de deuda en diferentes niveles. Son medidas que buscan patear la pelota para adelante, postergando vencimientos y también evitando que mañana, lunes, haya otra vez una fuga de divisas como la del viernes pasado que tuvo niveles que amenazaban la sostenibilidad en el corto plazo. ¿Estas medidas son buenas? Ni buenas ni malas, a esta altura podríamos decir que se dieron cuenta lo suficientemente tarde. El daño, lamentablemente, ya está hecho y una vez que pasen estos días de pánico y locura en las venas van a empezar a aparecer las imágenes crudas de lo que derribó a su paso el huracán Mauricio. 

A todo esto, Cambiemos firmó un acuerdo con el FMI en el que se compromete con una serie de medidas y objetivos. En estos días tienen que decidir si se hace un nuevo desembolso… Por más matemagia que le pongan a las planillas de excel, es difícil que lleguen a cumplir algo de aquello con lo que se comprometieron. Habrá que ver cómo sigue esa relación extraña entre dos espacios que hoy están funcionando en modo transición: Macri hacia el próximo gobierno y el FMI hacia su próxima dirección, dado que Christine Lagarde, esa mujer de la que todos los argentinos se iban a enamorar, renunció a su cargo para irse a Europa. 

¿Pero hacia dónde va todo esto? Leí algunas fantasías por ahí, así como al pasar, de que si explota todo ahora después entra Alberto y queda como un campeón. Un salvador que empieza a recoger los frutos de la otra siembra invisible de esas que nos vienen prometiendo para los segundos semestres. La verdad es a esta altura ya está todo bastante explotado en el corto y mediano plazo. Argentina va por su 2do a 3er año de recesión (si consideramos el 2020 que ya está perdido). La administración pública de la miseria no es un buen momento para ningún gobierno y el 2020 no promete ser un año de grandes noticias. Por otra parte, es difícil pensar en un paralelismo con 2003 (como fantasean algunes) porque entre los principales socios comerciales de Argentina están Brasil y China, y ambos países están pasando por mal momento económico. Estas últimas semanas las bolsas de todo el mundo oscilaron con grandes bajas por las expectativas de caída de la actividad económica a nivel mundial. China bate récords en picada industrial y a plena batalla comercial con USA.  Muy distinta la situación con aquellas “tasas chinas” que conocimos en el pasado. El pronóstico de poco crecimiento global ensombrece expectativas. No se vislumbra un milagro sojero o boom de las commodities. A diferencia del recordado 2001, y la posterior entrada de Néstor Kirchner al gobierno, no hay una expectativa de rebote tan grande.

Se habla también de ponerle plata en el bolsillo a la gente para que, vía demanda, se reactive el motor de producción de la economía. Esta es una idea clásica de multiplicador, pero para la que se necesita dinero. ¿Volverá la emisión monetaria? ¿Volverán a activarse nuevos (viejos) mecanismos de inflación? ¿Cuánto impulso se necesita para subir la colina? Suspenso.

¿Vamos a volver? 

El próximo equipo económico que asuma tendrá grandes responsabilidades. La más importante sin duda será remover escombros y levantar caídos. Eso implica generar mecanismos y políticas que contengan, amortigüen y alivianen los efectos que todavía quedan pendientes para la economía de los próximos meses. Tendrá que ser creativo, dado que los recursos son muy limitados. 

Pero lo que es realmente urgente es pensar/repensar un modelo económico nuevo. El “vamos a volver” puede ser una canción pegadiza pero lo que es seguro es que no se puede volver al modelo económico anterior, que también estaba agotado. No es una opción. Se repiten mantras industrializantes que miran a proyectos fracasados una y cien veces en el pasado, frente a un mundo que está cambiando su dinámica de funcionamiento. El futuro del trabajo se filtra en el presente de la pobreza y la precarización bajo la forma de apps de explotación laboral, que te dan la oportunidad de acceder a ese alfajor que te olvidaste antes de meterte en la cama a ver Netflix. Todo a un click de distancia.

Necesitamos incorporar otras perspectivas: el feminismo y el ecologismo no son lujos que nos podemos dar cuando todo pase.  Quienes más sufren el impacto de la crisis son las mujeres, porque son las que peores condiciones de empleo enfrentan, tienen menores salarios y se cargan con los cuidados en una sociedad que redobla sus necesidades de contención cuando la pobreza explota. No se puede seguir pensando el país en mesas de discusión de todos varones. El feminismo y el ecologismo son herramientas de redistribución de la riqueza social. Y ahí es donde tenemos que ponernos firmes para pensar cuál es el rol que van a tener las mujeres en un esquema productivo. Así también, es ineludible e impostergable diseñar un modelo en el cual Vaca Muerta, el uso intensivo de agroquímicos, la deforestación, la minería a cielo abierto vayan quedando atrás. Ese no es el futuro, ni en Argentina ni en ningún lugar del mundo. La salida de la crisis no puede ser pagada con nuestra calidad de vida y la de nuestros hijes.

 Lo que está pasando hoy no es ni el modelo Macri, ni el modelo Alberto. La economía está en una especie de superposición transitoria de dos visiones antagónicas y excluyentes. La diferencia con la explicación del Gato de Schrödinger es que en el caso de Macri, ya sabemos que cuando abramos la caja el modelo Cambiemos estará muerto.

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Preguntas frecuentes – Si querés dejar comentarios en la nota o hacer preguntas podés AQUÍ

¿Se viene una hiperinflación? 

Cavallo dice que hay riesgo de hiper. Gran parte de los analistas económicos, no obstante, lo niega. Recordemos que una hiper implica una inflación mensual superior al 30%. Estamos hablando de movimientos de precios realmente muy grandes. Quienes vivimos esa época tenemos recuerdos bien vívidos. Hoy no parecemos estar frente a esto… 

¿Se viene un corralito? 

El corralito fue una medida que se dio en un contexto muy diferente al actual. En ese entonces se encontraba vigente la convertibilidad, una regla monetaria que exigía que para emitir un peso el BCRA tenía que tener de respaldo un dólar (algo masomenos así). Lo que hicieron entonces los ideólogos de la convertibilidad para esquivar sus propias limitaciones fue emitir distintas monedas/bonos provinciales. En la Argentina del 2001 hubo más de 15 cuasi/pseudo monedas (patacones, lecop, cecacor, lecor, federal, y muchas otras más) de carácter nacional o provincial. En general se usaban para pagar sueldos. Servían para que el consumo no se hiciera percha en medio de la recesión. La convertibilidad y el corralito fueron de la mano, porque para romper con esa regla monetaria había que romper también con la relación 1 a 1 entre el peso y el dólar. Eso significaba que quienes tenían ahorros en dólares, verían esos ahorros pesificados y perderían. Eso provocó que la gente quisiera retirar sus ahorros de los bancos generando una corrida gigantesca que se resolvió mediante la confiscación y pesificación compulsiva, cerrando filas ante el público que se amontonaba frente a los cajeros. Quienes vivimos esa crisis también recordamos las escenas de martillazos a las máquinas en el microcentro porteño.

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El Gobierno “descongela” los combustibles mayoristas, pero el minorista sigue igual

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El Gobierno ha definido una serie de cambios en el Congelamiento de Combustibles: 

• Los precios en las estaciones de servicio de todas las naftas y gasoils continúan congelados.

• Se liberan los precios del canal mayorista.

• Dados los ingresos extras que generará esta liberación de las ventas mayoristas, se aumentará el valor del dólar de 45,19 a 46,69 pesos para la fijación del precio del barril a los productores. Esto implica un aumento del 3,3% del precio del barril.

• El canal mayorista representa el 17% del total del volumen, lo que sumado al 30% de otros productos no congelados originalmente (combustibles de aviación, buques, asfaltos, lubricantes y otros) hace que el 47% del volumen ya no caiga bajo el congelamiento. Este 47% de volumen equivale aproximadamente a un 38% de las ventas en pesos.

• Por otro lado se establece una transferencia de  2,81 pesos por dólar para los productores de petróleo, llevando entonces el dólar de $46,69 a $49,50 para todos los barriles entregados al mercado interno por un periodo de 30 días. Este monto agrega un 6% de aumento al precio del barril, por lo que se acumula un 9,54% de mayor precio para los productores. El costo fiscal de esta transferencia es de $1.550 millones de pesos y será solventado reasignando partidas del presupuesto de la Secretaría de Gobierno de Energía.

• No se realizará la actualización del Impuesto a los Combustibles correspondiente al 1/9.

• Se instruye a la Secretaría de Gobierno de Energía para que, teniendo en cuenta los fines perseguidos por el Decreto de Congelamiento del 15 de agosto de 2019 y en la medida que las circunstancias lo permitan, dicte los actos que resulten necesarios para ir normalizando los precios del sector: modificando los valores de referencia, los precios topes y/o requiriendo transferencias del Tesoro Nacional, con el fin de proteger al consumidor y sostener el nivel de actividad y el empleo.

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