Ecolatina

La suba de tasas, otro escollo para la recuperación del crédito

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 La reciente suba de 150 puntos básicos en la tasa de referencia de política monetaria implementado por el Banco Central sería otro escollo para la recuperación del crédito. El alza de tasas prioriza la lucha contra la inflación por sobre la reactivación de la actividad y la necesidad de revertir el creciente atraso cambiario presente en nuestra economía.

·      Las señales mixtas que dominaron la economía argentina durante el primer trimestre de 2017 no estuvieron ausentes en el mercado de créditos. Pese a que los préstamos al sector privado en términos reales retomaron la senda positiva en la comparación interanual, el repunte de este mercado se asemejó más a un rebote que a un crecimiento genuino. De hecho, el stock de créditos (descontada la inflación) se ubicó en los primeros tres meses del año, 5% por debajo del último trimestre de 2015. Por ende, todavía no se alcanzaron los niveles previos a la gestión Macri.

·      Cabe destacar que las líneas de préstamos que impulsaron la recuperación cambiaron sustancialmente en relación al año pasado. El mayor dinamismo se observó en los préstamos hipotecarios que treparon 10% en el primer trimestre de 2017 (+4,1% tras descontar la suba del IPC GBA del INDEC) mientras que las demás partidas crecieron por debajo de la inflación.

·      La mejora del crédito hipotecario está asociado al impulso de los préstamos UVA (representaron la mitad de los préstamos hipotecarios otorgados en marzo). Asimismo, el fondeo para consumo e inversión creció sólo 5,3% y 0,7%, lo que representa caídas de 0,9% y 5,3% en términos reales (nuevamente, considerando la inflación del INDEC). El flojo desempeño de estas dos líneas se profundiza al analizar el comportamiento en moneda local: el crédito real al consumo cayó 2,5% y para financiar inversiones 5,5%.

·      Parte de este retroceso obedeció al repunte de la tasa de interés real: más allá de que cayeron los costos nominales del mercado crediticio (las tasas retrocedieron 0,8 p.p. en el caso de los préstamos a los hogares y 1,3 p.p. en las empresas), lo hicieron a una menor velocidad que la inflación esperada para los próximos doce meses. De acuerdo a la mediana del Relevamiento de Expectativas de Mercado que publica el Banco Central, la misma cedió 2,1 p.p. entre diciembre y marzo, por lo que la tasa de interés real avanzó 1,3 p.p. en el financiamiento a consumo y 0,7 p.p. en el destinado a inversión. El reciente salto de 1,5 p.p. de la tasa de referencia de política monetaria agudizaría esta situación.

·      Cabe destacar que el magro desempeño acumulado en el primer trimestre fue patrimonio exclusivo del mercado en moneda local: los préstamos en dólares crecieron 8% (medidos en Pesos) durante el primer trimestre del año, impulsados tanto por el financiamiento a los hogares (+8,4%) como por el efectuado a las empresas (+8,5%), pese a que el tipo de cambio se apreció casi 3% en ese período.

·      Producto de estos movimientos, los préstamos en moneda dura continuaron ganando participación. En promedio, representaron cerca del 14% del crédito a privados durante el primer trimestre de 2017, lo que implica el valor más alto desde el primer trimestre de 2012. En la misma línea, su participación sobre el PBI más que se duplicó desde que se liberaron las restricciones a la compra de divisas, al pasar de 0,5% en el último trimestre de 2015 a más de 1,7% en los primeros tres meses del año.

·      Si bien apuntalaron a una economía debilitada, los límites del endeudamiento en moneda extranjera merecen ser tenidos en cuenta: incrementar las obligaciones en divisas para quienes no tienen ingresos directamente asociados al dólar puede elevar el riesgo de solvencia del sistema financiera en una economía en que el Peso profundiza su apreciación (lo que agudizaría la depreciación, si el dólar llegara a despertarse tras las elecciones).

Por último, vale destacar que tras la frustrada experiencia de Precios Transparentes, el Ejecutivo ha redoblado los planes de financiamiento sin cuotas de interés. El avance del endeudamiento para consumo conlleva riesgos: no incrementa la capacidad de repago del deudor y las tasas son muy positivas en términos reales. Los bancos se están volcando hacia este tipo de préstamos por su elevada rentabilidad (su participación saltó de 27,8% en el primer trimestre de 2016 a 30,5% en 2017, mientras que el crédito a las firmas bajó de 22,7% a 18,9% en lo que va del año) buscando clientes cada vez menos cumplidores

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La consultora que fundó Lavagna afirma que no hay “avalancha importadora” y pide más apertura

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La consultora Ecolatina, fundada en los 80 por el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, difundió hoy un reporte en el que analiza las importaciones que realizó la Argentina el año pasado, el primero de la administración de Mauricio Macri.

En ese análisis, Ecolatina afirma que no existe una “avalancha importadora” y también asegura que la economía argentina sigue siendo de las más cerradas del mundo. Sin embargo, en el reporte reconoce que las importaciones afectaron el empleo en algunos sectores.

“Pese a la recuperación de las importaciones de los últimos meses, el grado de apertura comercial se ubica en niveles claramente inferiores respecto a lo observado en la segunda presidencia de Cristina Kirchner y continúa posicionándonos como la economía más cerrada de la región”, dice el escrito distribuido hoy entre la prensa.

A continuacion, compartimos el informe de Ecolatina sobre las importaciones:

La política comercial del gobierno anterior terminó priorizando el ahorro de divisas por sobre dinamizar la producción interna. Peor aún, en los últimos años la falta de insumos importados terminó asfixiándola. Era necesario entonces cambiar la política comercial.

·      La economía atravesó cuatro años de estancamiento entre 2012 y 2015. En este período, mientras que los volúmenes importados cayeron “tan sólo” 7,4%, las cantidades exportadas hicieron lo propio en 14,4%. Peor aún, el superávit comercial desapareció, mutando de un resultado positivo superior a US$ 9.000 millones en 2011 a un déficit de casi US$ 3.000 millones en 2015. Este hecho, no deja de ser paradójico, considerando que el objetivo principal de la política comercial restrictiva era la contención de la demanda de dólares. Además, la producción industrial cayó 5,7% entre ambos años, mostrando que tampoco sirvió para sustituir importaciones por producción interna. En suma, el “cepo importador” junto con la recesión brasileña y el deterioro de los términos de intercambio, explicaron el estancamiento, caída del comercio exterior, desindustrialización y reversión del superávit comercial observado.

·      El actual gobierno centró su atención en aquellos mercados cuyos funcionamientos perjudicaban el crecimiento. Aunque el cambiario era el que mayores y más urgentes transformaciones requería, la política comercial no estaba exenta. Por ende, el fin del cepo no sólo fue cambiario, sino también importador: a fines de 2015 se sustituyeron las DJAI por el Sistema de Monitoreo de Importaciones (SIMI) que cumple las regulaciones internacionales de la OMC. Pese al contexto recesivo, las importaciones crecieron el año pasado, encendiendo las alarmas sobre el impacto negativo sobre el aparato productivo argentino. En el debate económico-político comenzaron a multiplicarse frases como “avalancha de importaciones”. Ahora bien, ¿cuánto hay de cierto en esto?

·      Históricamente importaciones y Actividad (PBI) se movieron en la misma dirección. Sea porque fueran insumos relevantes para la producción local o porque formasen parte de la canasta de consumo de la población, las compras externas solían acompañar a laperformance de la economía. Esta dinámica no sólo tiene lógica, sino que funciona como un equilibrio para los productores locales que compiten contra esas importaciones en años recesivos: si el mercado se achica, mejor que lo haga tanto para los productores locales como para los producidos externamente.

·      En este marco, se entiende la reacción negativa que tuvieron varios sectores ante la evolución de las importaciones de bienes en 2016. Aunque en valores cayeron durante el último año (-6,9%) y se mantuvieron claramente por debajo del pico de 2011 (-25%), las compras externas avanzaron 3,8% i.a. en cantidades convirtiendo a 2016 en el primer año desde 1975 en el que las importaciones crecieron y la producción interna se achicó (las compras externas de servicios treparon a un mayor ritmo, ya que según Cuentas Nacionales las importaciones de bienes y servicios treparon 5,4% en 2016).

·      La situación es aún más compleja cuando analizamos los pilares del repunte de las cantidades importadas de bienes: el año pasado los vehículos treparon 38,5% y los bienes de consumo crecieron 17,1%. En algunos sectores beneficiados por la protección de las DAJI el salto de las importaciones fue aún mayor. Por las bajas bases de comparación, calzado, indumentaria y juguetes crecieron 21%, 34% y 35% en volúmenes durante 2016.

·      Dado que estos sectores son empleo intensivo, no es extraño que el trabajo registrado haya caído en estas ramas el año pasado. Según datos del Ministerio de Trabajo, hasta el tercer trimestre de los 2016 (últimos datos publicados con ese nivel de desagregación) la industria plástica, de calzados y textiles redujo 5.000 empleos formales (-2,2% i.a.). Teniendo en cuenta el alto porcentaje de informalidad presente en estas actividades, es lógico suponer que la pérdida de puestos de trabajo haya sido considerablemente mayor.

·      Sorteadas las bajas bases de comparación, la tendencia se profundizó en el primer bimestre de 2017. Las importaciones de bienes de consumo treparon 16% i.a. en volúmenes y la situación de los sectores mencionados se agravó. Las cantidades importadas de calzado crecieron 30% i.a., de indumentaria 43%i.a. y de juguetes 24%.

·      La protección para-arancelaria no logró modificar la situación: las importaciones con LNA crecieron 6,4% i.a., mientras que el resto sólo avanzó 2,4% i.a. Es decir, las compras externas de bienes finales afectaron negativamente la producción local, el empleo y la dinámica empresarial de algunos sectores productivos, tras la asunción del nuevo gobierno.

·      Las consignas del primer paro de la CGT contra el gobierno de Macri encontraron en la situación comentada un pilar argumentativo. Según su visión, de no mediar cambios en la dinámica importadora cerca de 450 mil trabajadores correrían peligro.

·      Aunque parcialmente ciertos, estos argumentos hacen foco en sólo una parte de la historia. Argentina es una de las economías más cerradas del mundo y se encuentra lejos del promedio de la región (las importaciones en nuestro país alcanzan al 10% del PBI, mientras que en la región ese ratio promedia el 30%). No son pocos los economistas que entienden que ésta es una de las razones detrás del magro crecimiento económico observado en los últimos años. Sectores que sólo son rentables al calor de la protección estatal provocaron que los estándares de productividad sean bajos imponiéndole un techo al crecimiento.

·      Por otro lado, pese a la recuperación de las importaciones de los últimos meses, el grado de apertura comercial se ubica en niveles claramente inferiores respecto a lo observado en la segunda presidencia de Cristina Kirchner y continúa posicionándonos como la economía más cerrada de la región. Más aún, de cumplirse las proyecciones macroeconómicas que el gobierno plasmó en la Ley de Presupuesto Nacional para 2017, el ratio de importaciones sobre PBI crecería sostenidamente hasta 2019, pero no superaría el cociente de 2011.

·      En relación al empleo, es innegable el impacto negativo en sectores incapaces de competir internacionalmente. Sin embargo, en los últimos meses, mientras que estas ramas destruían puestos de trabajo, otras los creaban. Por caso, comercio minorista generó en dicho período tantos empleos formales como destruyeron los previamente comentados.

·      La política comercial no debe ser la única herramienta para apuntalar la producción interna. Es clave un manejo adecuado del tipo de cambio y la presión impositiva.

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El intercambio comercial con Brasil arrojó un déficit de u$s 700 millones en marzo

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El mes de marzo, en línea con lo que se viene observando desde principio de año, muestra resultados positivos en términos de comercio bilateral con un incremento de 18,3% i.a. arrojando un resultado de USD 2.373 millones.

 

Este valor mensual es el más alto desde Septiembre de 2014 (USD 2.518 millones). En términos acumulados los primeros 3 meses del año se comerciaron casi USD 6.000 millones con Brasil por lo que la comparación contra igual período del 2016 arroja un crecimiento del 19,7%.

 

Sin embargo, tras cuatro meses de crecimiento de las exportaciones argentinas a Brasil, marzo evidenció un descenso de las mismas del -1,2% con respecto al mismo mes del 2016. Las ventas al país vecino contabilizaron USD 835 millones (vs USD 845 millones en marzo de 2016) y cortan la racha creciente que venía desde noviembre del año pasado.

 

La explicación detrás de esta caída se encuentra en las compras de productos del sector automotriz desde el país vecino, particularmente automóviles de pasajeros y vehículos de carga. Entre las principales caídas en las exportaciones a Brasil también se ubicaron las ventas de malta, celulosa, cebada en grano, cebollas frescas, aleaciones de aluminio y trigo en grano entre otros.

Las importaciones desde Brasil crecieron un 32,5% con respecto a marzo del 2016 arribando a un valor de USD 1.538 millones. Este aumento confirma la tendencia de crecimiento de las compras a Brasil que se viene observando en los últimos meses. Los principales rubros de importación fueron vehículos de carga y de pasajeros y sus autopartes. También crecieron las compras de laminados planos y maquinaria para uso agrícola y construcción. El crecimiento de las adquisiciones a Brasil acumula en lo que va del año un 25,6% i.a. y confirma lo que anticipábamos en informes anteriores acerca de la dinámica de intercambio de vehículos entre Argentina y Brasil. En un contexto en el cual las ventas de 0km crecen en nuestro país y siguen frenadas en Brasil (caída de casi 4% de las ventas de automóviles en Brasil en marzo) es de esperar que el déficit comercial no se reduzca y hasta se amplíe. 

 

En base a estos resultados, el saldo comercial se mantuvo en terreno negativo durante el tercer mes del año, con un déficit de USD -703 millones, profundizando la tendencia negativa que se registró durante enero y febrero (USD -356 millones y USD -634 millones respectivamente). Con respecto al mismo mes de 2016, el déficit aumentó 122,5%, y alcanzó el mayor nivel desde septiembre 2013.

 

Más aún, el déficit acumula USD -1.693 millones en lo que va del año, casi el 40% del déficit acumulado durante todo el año 2016. 

Por su parte, la consultora Ecolatina indicó que de acuerdo a los datos del Ministerio de Industria, Comercio Exterior y Servicios de Brasil, en marzo la balanza comercial bilateral con el nuestro principal socio arrojó un déficit mayor a US$ 700 millones. De esta forma, el rojo más que se duplicó en comparación al registrado durante el mismo mes de 2016, cuando había superado los US$ 310 millones (+122% i.a.).

El deterioro del saldo obedeció principalmente al salto de nuestras importaciones desde Brasil: estas treparon 33% i.a., encadenando así la quinta suba interanual en fila. En monto rozaron los US$ 1.540 millones (lo que implica el valor importado más alto para un mes desde septiembre de 2013 y el mayor para un marzo desde 2011). Por su parte, nuestras exportaciones al gigante latinoamericano retrocedieron 1,1% durante el tercer mes del año, totalizando sólo US$ 835 millones (el peor marzo desde 2006),  cortando una racha de cuatro subas interanuales consecutivas. La apreciación real del Peso (el dólar acumula una caída nominal del 3% frente a una inflación cercana al 6%acumulada en el primer trimestre), nos hace menos competitivos frente a los demás proveedores de Brasil.

Además del aumento del déficit, cayó fuerte la participación de nuestras ventas externas al país vecino: puesto que el resto de lasimportaciones realizadas por Brasil treparon 13% i.a. en marzo 2017, la incidencia argentina retrocedió 0,9 p.p. ubicándose en sólo 6,5% de las compras externas de nuestro principal socio comercial (lo que marca la peor participación para un marzo desde el 2000).

Pese al flojo desempeño del mes, en lo que va de 2017 las exportaciones a Brasil saltaron 10,5% i.a. (superando los US$ 2.150 millones). Más allá de este avance, el resto de las compras externas brasileñas treparon 12% i.a., lo que implicó una mínima caída de 0,1 p.p. en la participación argentina en dicho mercado.

Por otro lado, las importaciones argentinas provenientes de Brasil crecieron 26% i.a. en el los primeros tres meses del año (US$ 3.850 millones), por lo que el déficit con nuestro principal socio comercial rozó los US$ 1.700 millones, trepando 52% i.a. (el rojo se agravó en US$580 millones respecto del primer trimestre de 2016).

Por último, el flujo de comercio bilateral superó los US$ 2.370 millones en marzo de 2017, lo que representa un salto de 18% i.a. en relación a igual mes del año pasado y marca un avance de 0,6% al contrastar con el tercer mes de 2015. Este resultado se torna aún más promisorio en el acumulado del año: la suma de exportaciones e importaciones trepó 20% en relación al primer trimestre de  2016 (+4% al comparar con los primeros tres meses de 2015). La intensificación de las relaciones comerciales bilaterales es un aspecto a profundizar, ya que ambas economías se potenciarían al ensanchar sus mercados y obtener ganancias de escala, que redundarían en mejoras de la competitividad (caída de los costos) más allá de las cuestiones cambiarias, en un momento en que los capitales financieros continúan fortaleciendo tanto al Peso argentino como al Real brasileño.

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Ecolatina: la actividad arroja señales de lenta recuperación

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Los datos de Cuentas Nacionales del IV Trimestre de 2016 publicados hoy por el INDEC confirman que el PBI cayó 2,3% en 2016 en línea con el Estimador Mensual de Actividad Económico (EMAE) conocido a fines del mes pasado.

Cabe destacar además, que la inversión (Inversión Interna Bruta Fija) terminó cayendo 5,5% el año pasado. La baja respecto a 2015 se explica principalmente por la caída del componente construcción (-12,8%), y en menor medida por Maquinaria y equipo (-1,1%). El único componente que mejoró el año pasado fue Equipo de transporte (+10,3%) gracias al importado (+32%).

De esta forma, el ratio inversión producto retrocedió el año pasado. A precios constantes dicho cociente pasó de 19,6% del PBI en 2015, a 19% en 2016 (a precios corrientes el ratio IIBF/PBI bajó de 15,8% del PBI en 2015, a 14,8% en 2016).

En cuanto al consumo, el año pasado se observó un retroceso producto de un menor gasto de las familias. De hecho, el consumo privado cayó 1,4% mientras que se observó una mínima expansión del consumo público (+0,3%).

Por ende, la demanda interna (consumo + inversión) cayó casi 2% el año pasado.

Asimismo, el componente externo mostró un mayor dinamismo ya que tanto las exportaciones como las importaciones de bienes y servicios treparon respecto de 2015 (+3,7% y +5,4% respectivamente). Esta dinámica responde en buena medida al levantamiento de las restricciones cambiarias a fines de 2015.

La expectativa de devaluación y levantamiento del cepo paralizó las exportaciones en el cuarto trimestre de 2015 pero durante el primer trimestre se vendieron los stocks retenidos. Por el lado de las importaciones, la sustitución del régimen para las compras externas (se sustituyó las DJAI por el SIMI) fue clave para apuntalar los volúmenes importados,  más allá del encarecimiento de las compras externas por la devaluación (que a lo largo del año la inflación termino licuando parcialmente).

Datos desestacionalizados

El dato desestacionalizado del PBI  muestra un crecimiento trimestral de 0,5% en el cuarto trimestre de 2016, por debajo de la cifra que arrojaba el EMAE (+0,9% trimestral desestacionalizado).

Además, la serie desestacionalizada del PBI para trimestres anteriores se modificó levemente. En particular, la variación del tercer trimestre de 2016 fue modificado al alza: pasó de -0,2% en el comunicado de cuentas Nacionales de diciembre 2016 a +0,1%. Si bien este ajuste es mínimo (dicha variación es prácticamente nula y puede volver a ser negativa con futuras revisiones), le permite al gobierno decir que el PBI creció dos trimestres consecutivos (+0,1% en el 3º Trim. 2016 y +0,5% en el 4º Trim. 2016), por lo que “técnicamente” la economía local salió de la recesión a fines del año pasado. A nuestro entender la interpretación más correcta es decir que la actividad se estabilizó en el 3º  Trim. 2016 y comenzó a dar señales de recuperación en el 4º Trim. 2016.

Por último, el arrastre estadístico* para el 2016 que arroja el comunicado del INDEC es ínfimamente negativo (-0,1%). Esto significa que para crecer al 3,5% en 2017 (meta oficial) la economía tendrá que trepar en términos desestacionalizados casi 1,5% por trimestre (casi 6% entre puntas), un crecimiento que luce muy ambicioso.

El arrastre estadístico es aún  más negativo para el consumo (-1,3% el privado y -1,1% el público). Por último, preocupa lo observado con el principal driver del crecimiento planteado por el actual gobierno: en términos desestacionalizados la inversión interna bruta fija (IIBF) cayó a fines del año pasado por quinto trimestre consecutivo, dejando un arrastre estadístico negativo de 2,3% para 2017.

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La presión tributaria bajó por primera vez desde 2002

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• Con los cambios dispuestos por el nuevo gobierno, la presión tributaria (impuestos nacionales y provinciales) pasó de representar 32% del PBI en 2015 a 31,4% el año pasado, aunque si descontamos el blanqueo de capitales, este porcentaje se reduce a 30,1% del PBI, señala un informe de la consultora Ecolatina.
• De esta forma, la presión tributaria bajó por primera vez desde 2002, a contramano del crecimiento constante registrado en los últimos años producto de la incorporación de nuevos tributos, la falta de actualización de las escalas impositivas en un contexto de elevada inflación, y el crecimiento en las alícuotas.
• Así, en 2015 se registró una presión tributaria récord: alcanzó 32% del PBI, trepando casi 14 puntos porcentuales (p.p.) respecto a 2002, cuando tocó 18,4% del PBI.
• Otro de los hechos estilizados de la última década en materia de la recaudación, fue la creciente tendencia a la centralización, es decir, a la mayor participación de la Nación sobre el total de los recursos tributarios obtenidos. Las provincias, que en la década del ’90 recibían alrededor del 44% de la presión tributaria consolidada, vieron disminuir su participación hasta tocar un mínimo en 2010 (35%).
• La baja verificada el año pasado respondió exclusivamente a la menor presión por el lado de los impuestos nacionales ya que la recaudación por tributos provinciales habría permanecido estable en relación al producto (5,4% del PBI).
• La reducción de la presión tributaria descontado los aportes del blanqueo (-1,9 p.p. del PBI) se explica, en primer lugar, por la baja en Ganancias (-1,1 p.p. del PBI), debido a la suba del Mínimo No Imponible y a que la AFIP dejó de percibir automáticamente anticipos por gastos en moneda extranjera.
• En segundo lugar, se encuentran los Derechos de exportaciones que explicó otro 0,6 p.p. del PBI de la reducción en la presión tributaria. Las retenciones representaron alrededor de 2,2% del PBI durante la última década, pero ya venían perdiendo participación (en 2015 equivalían a 1,3% del PBI).
• En 2016 no sólo se registró una baja en la presión consolidada, sino que también hubo varios factores que alteraron el reparto de la misma en favor de las provincias. Entre estos factores se destacan principalmente el principio de devolución del 15% de la masa coparticipable bruta con destino a la seguridad social, el fallo de la Corte Suprema por el cual no se le realiza esta detracción ni el financiamiento a AFIP a las provincias de Córdoba, Santa Fe y San Luis, y el incremento de la alícuota que recibe la Ciudad de Buenos Aires (de 1,4% a 3,75%). De hecho, por estos factores, las provincias percibieron en 2016 el 55% de la masa coparticipable bruta, frente al 50% en 2015.
• Sin embargo, incluyendo los fondos del blanqueo (que sólo engrosaron las arcas de la ANSES), las provincias recibieron el 38% de la recaudación consolidada, el mismo porcentaje percibido en 2015. El monto que el sector público Nacional resignó en favor de las provincias (por la devolución parcial del 15% de la masa coparticipable que percibía ANSES) fue compensando por los ingresos extraordinarios del sinceramiento fiscal.
• Más allá de la disminución en la presión tributaria, cabe destacar dos aspectos. Por un lado, ésta continúa en niveles muy elevados: descontando el blanqueo, fue igual a la observada en 2012 (12 p.p. por encima de 10 años antes). Por otro, pese a su elevada magnitud, aún es insuficiente para financiar el gasto (la recaudación sin blanqueo sólo cubrió 72% del gasto primario en 2016). Además, la estructura impositiva continúa teniendo las mismas características negativas previas: es distorsiva, regresiva, elevada en impuestos indirectos, al comercio y al trabajo, y reducida en la grabación a las propiedades y rentas.
• Para el año en curso, no prevemos mayores cambios en la presión tributaria puesto que la necesidad de disminuir el déficit reduce al mínimo la posibilidad de resignar recursos. Asimismo, esperamos que las provincias reciban en 2017 una mayor porción de los ingresos recaudados.

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