ECONOMIA

Oficializan el cupo de ingreso y analizan vuelos especiales para acelerar el regreso de argentinos

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El Gobierno nacional oficializó hoy la ampliación a 1.700 personas por día del cupo de ingreso al país de argentinos en el exterior y analiza habilitar vuelos especiales para acelerar el proceso, en el marco de las medidas adoptadas para retrasar el ingreso al país de la variante Delta del coronavirus.

Por medio de la decisión administrativa 793/2021, firmada por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y publicada hoy en el Boletín Oficial, se prorrogó el cierre de las fronteras vigente y se fijó el cupo semanal de 11.900 plazas para el ingreso de argentinos residentes y extranjeros no residentes autorizados con excepcionalidad hasta el 1 de septiembre.

Después de esa fecha, el cupo se eleva a 16.100 plazas si se establecen nuevos corredores seguros aéreos.

La medida había sido anticipada ayer por el jefe de Gabinete, quien precisó que, desde hoy, “se amplía a 1.700 personas por día” el cupo para ingresar al país, a través de “corredores seguros, articulando con las provincias” y con la fiscalización de que se haga efectivo el aislamiento obligatorio.

En conferencia de prensa en la Casa Rosada, junto a la ministra de Salud, Carla Vizzotti, Cafiero señaló que el ingreso seguirá “escalonado” y se continuará “evaluando como funciona de ese modo”.

“Se va a seguir trabajando como hasta ahora, con los testeos previos a tomar el avión y al arribo y los aislamientos”, señaló el jefe de Gabinete, que recordó que para los casos positivos se realizan luego “estudios genómicos” para “detectar variantes”.

En tanto, la Directora Nacional de Migraciones, Florencia Carignano, afirmó que las nuevas medidas dispuestas por el Gobierno nacional habilitan a ese organismo, dependiente del Ministerio del Interior, a la ANAC y la cartera de Salud a “que coordinen de forma conjunta la habilitación de vuelos especiales para acelerar el regreso de los argentinos que se encuentran en el exterior”.

“Esta medida tendrá como eje los destinos donde se encuentran la mayor cantidad de argentinos y es posible gracias al avance de la campaña de vacunación y a la disminución registrada en el incumplimiento del aislamiento obligatorio para quienes ingresan al país”, explicó Carignano en un comunicado de prensa.

En el mismo sentido, la funcionaria recordó que “el 62% de los casos positivos en viajeros se detectó dentro de los primeros 4 días desde el arribo al país y por eso es fundamental que todos cumplan el aislamiento obligatorio”.

“El control de la cuarentena que se está haciendo desde el Gobierno nacional en articulación con los gobiernos provinciales y la responsabilidad de todos y todas permitirá ir flexibilizando las medidas y seguir cuidándonos”, destacó.

Según indica la norma publicada hoy, del total de las plazas mencionadas, 700 pasajeros podrán ser priorizados por el Estado nacional por razones de urgencia o para atender cuestiones esenciales impostergables o de representación oficial o diplomática, a los efectos de facilitar su viaje al país.

También se indica que la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) dispondrá en la aprobación de las programaciones, de al menos dos horas de separación entre vuelos, para la revisión sanitaria de los mismos, y pondrá en conocimiento de la Dirección Nacional de Migraciones los vuelos aprobados con al menos 48 horas de antelación.

Además, se especifica que los gobernadores y gobernadoras podrán solicitar la apertura de nuevos corredores seguros (terrestres y/o aéreos) siempre que cuenten con protocolo aprobado por la autoridad sanitaria provincial, previendo en su caso los mecanismos de testeo, aislamiento y traslado de las muestras respectivas para la secuenciación genómica que deberá demás estar aprobado por el Ministerio de Salud de la Nación.

Dentro de los nuevos corredores seguros a implementar a partir del 6 de septiembre del 2021, y según la situación de cobertura de vacunación, sanitaria y epidemiológica en origen y en destino, los gobernadores podrán proponer la implementación de una experiencia piloto de turismo limítrofe para permitir el ingreso de extranjeros provenientes de Chile y la República Oriental del Uruguay solo con esquemas completos de vacunación y cuarentena obligatoria.

En este aspecto, el Gobierno remarcó que “resulta factible promover escalonadamente flexibilidades graduales a los condicionamientos impuestos al ingreso al país”, pero advirtió que eso dependerá de que “se mantengan los controles en viajeros para seguir retrasando la transmisión comunitaria de nuevas variantes”.

De esta manera ratificó la exigencia de la presentación de PCR previa al ingreso a la aeronave, test al arribo al país, aislamiento en hoteles de aquellos casos positivos y cumplimiento de cuarentena por 10 días posteriores al primer testeo, y una última prueba de PCR para finalizar la cuarentena.

En los considerandos de la medida, se advierte que “el riesgo de introducción de nuevas variantes, aún más transmisibles, podría generar nuevamente un aumento brusco y elevado de casos, lo que llevaría indefectiblemente a una mayor mortalidad”.

Por otra parte, la Dirección Nacional de Migraciones, por medio de la disposición 2097/2021, firmada por Carignano, y publicada hoy en el Boletín Oficial, habilitó, en forma excepcional, el ingreso de extranjeros no residentes que sean parientes directos de ciudadanos argentinos, y que ingresen transitoriamente a nuestro país por razones de necesidad.

En todos los casos, se tratará de extranjeros que no requieran visado en virtud de acuerdos bilaterales o medidas unilaterales que eximan de dicho requisito, siempre que las personas extranjeras autorizadas den cumplimiento a las recomendaciones e instrucciones dispuestas por la autoridad sanitaria nacional.

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La inyección electoral suma casi un punto al PIB

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El primer semestre concluyó con un déficit fiscal primario de 0,5% del PIB, una performance muy superior al 3,7% de la primera mitad de 2020. El gobierno se vio forzado a la disciplina fiscal dada la necesidad de controlar el impacto del gasto público sobre la demanda de dólares y de mostrar credenciales en la negociación con el FMI.

En los próximos meses, gracias a este colchón, el déficit irá creciendo, pero sin superar el objetivo de 4,5% sancionado en el presupuesto, tanto por la caída en los ingresos extraordinarios (aporte extraordinario de las grandes fortunas, retenciones a la soja) como por el aumento del gasto. Estimamos que este mayor “gasto electoral” aportará un crecimiento adicional de 0,9% sobre la actividad económica entre el tercer y el cuarto trimestres.

El interrogante es cómo se reemplazará este impulso fiscal en 2022 cuando, cierre del acuerdo con el Fondo mediante, el gobierno esté obligado a reducir aún más el déficit.

En el primer semestre los ingresos fiscales crecieron 22% en términos reales en tanto el gasto primario se contrajo 9%. De este modo, el Tesoro logró un déficit de $208.100 millones, apenas 10% del presupuestado para todo 2021 y más bajo que el promedio mensual de abril, mayo y junio del año pasado. Este colchón fiscal tiene componentes autónomos y otros exógenos que comenzaron a desaparecer en la segunda mitad del año. Veamos:

  1. Autónomos
    Jubilaciones: en los primeros seis meses, el gasto en jubilaciones y pensiones contributivas cayó 8% en términos reales; si se compara respecto a 2019, la reducción fue del 6%. La eliminación del pago de bonos compensatorios que existió en 2020 y el cambio de fórmula de actualización de los haberes jubilatorios son decisiones que van en línea con una mayor sostenibilidad fiscal.
    Salarios públicos: cayeron 5,6% en términos reales en el primer semestre. Las paritarias acordadas en los primeros meses de este año no lograron compensar la inflación.
    Aporte solidario a las grandes fortunas: generó un ingreso extra hasta ahora de $233.000 millones, luego de que 10.300 personas humanas hagan su contribución. En el universo estimado por la AFIP, 13.000 personas deberían haberlo abonado
  1.  Exógenos:
    Recaudación récord de derechos de exportación: traccionada por el aumento de 66% en el precio de soja, estos ingresos se duplicaron en términos reales respecto de un año atrás. A pesos corrientes, generó una caja adicional de $300.059 millones.

Hacia adelante, estos cuatro componentes invertirán su dinámica. La recaudación se queda sin ingresos extraordinarios: el saldo del aporte solidario es marginal y la liquidación de exportaciones del agro se reduce por cuestiones estacionales. A su vez, se suman ampliaciones de gasto ligadas a la seguridad social y de operación por un total de $429.361 millones, explicadas en parte por el bono de 5.000 pesos a los jubilados y la reapertura de las paritarias en los gremios estatales.

Según nuestras estimaciones, incorporando los efectos multiplicadores del gasto, el año cerraría con un déficit primario de 3,5% del PBI. Así la disputa por el 1,2% del PIB extra de recaudación que aportaron el agro y los grandes contribuyentes, se resolvió levemente en favor del equipo económico: 0,7 puntos fueron a reducir el déficit y 0,5 puntos al aumento del gasto.

En un año electoral y en un contexto de crisis como el actual, es de esperar que los gastos sean mayores que los estipulados. Por caso, entre los años 2007 y 2015, las erogaciones estatales fueron 25% superiores a los aprobados por el Congreso. A su vez, el presupuesto puede sufrir modificaciones debido a que la inflación es superior a la esperada al momento de consolidar las partidas. Obviamente, este año ése está siendo el caso.

El gasto corriente, principalmente salarios y subsidios económicos, ya se amplió en $ 108.000 millones (+3% nominal), estimando que restan unos $ 60.700 millones más. En tanto, el gasto social también creció 3% nominal respecto del presupuesto ($141.000 millones), proyectando ampliaciones por $ 393.000 millones. Por último, el gasto de capital (obra pública), la gran apuesta del gobierno, registró modificaciones similares a las partidas anteriores, del orden del 3%, pero lleva ejecutado apenas un 37% del total; por el momento descartamos ampliaciones presupuestarias en infraestructura, aunque seguramente haya redistribución entre obras de menor ejecución hacia aquellas con mayor grado de avance.

Los impactos que el aumento de cada partida de gasto tiene sobre el nivel de actividad se estima mediante los desencadenamientos virtuosos generados al resto de la economía. El remanente de ejecución por encima de lo previsto será el impulso fiscal en este segundo semestre. El cuadro a continuación muestra cómo se distribuye entre las distintas partidas.

Destinar cerca de 0,7% del PIB extra en los sectores más golpeados redunda en un crecimiento extra del +0,9% para 2021 y un panorama inicial más favorable en 2022. La explicación más sencilla es obvia; nuestra estructura productiva depende 60% del consumo, y aquellos sectores con mayores necesidades básicas y sociales insatisfechas gastan todo ingreso adicional. Vale recordar que desde 2017 la pobreza crece en forma sostenida y hoy 4 de cada 10 argentinos la
padece.

Aumentar el gasto público, revertir la pobreza y a la vez dinamizar el mercado interno es el sueño de cualquier gobierno. El problema es que debe proseguir un proceso sostenido de reducción del déficit fiscal, dada la dificultad para financiar el gasto sin más inflación. En la primera mitad del año el gasto social cayó 17% en términos reales, en tanto los subsidios económicos aumentaron en igual proporción. Hasta ahora, el gobierno decidió recortar salarios públicos y de las jubilaciones antes que disminuir los subsidios a la luz y el gas en los sectores medios y altos del AMBA. En 2022 tendrá menos margen para expandir el gasto, con lo cual la disputa entre ganadores y perdedores seguramente será más intensa.

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La Argentina dual: corazón de clase media, bolsillo de clase baja

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Un estudio de Ecolatina hace foco en como impactó la pandemia de Covid-19 en el bolsillo de los argentinos y ¿qué pesa más, el corazón de clase media o el bolsillo de clase baja?

En todos los ámbitos, la pandemia, más que crear tendencias, aceleró y profundizó las que ya estaban delineadas. Ahora que podemos apreciar y dimensionar los acontecimientos con mayor precisión, esta conclusión resulta evidente. Del mismo modo que no es una sorpresa la velocidad exponencial con la que se integraron el mundo físico y el digital en una única fuente de sentido y realidad, tampoco debería serlo que la nueva configuración social de la Argentina ahora esté a la vista de todos.

Su carácter bifronte se viene gestando desde hace años. La pandemia más la extensa cuarentena lo único que hicieron fue cristalizarlo.

Como todo ser dual, es complejo de definir y de predecir. Sus conductas resultan paradójicas, erráticas, en apariencia contradictorias. No encajan dentro de las características clásicas del juicio y del prejuicio. Y es justamente por ello que pueden conducir a errores de interpretación.

A un extremo de la grieta se preguntan: ¿cómo es posible que un laburante vote a la derecha?, sin llegar a comprender que para ese trabajador no se trata de derecha o izquierda. Del otro lado sucede lo mismo, solo que en sentido inverso. ¿Cómo se explica que un profesional formado, educado, con acceso a una vida confortable pueda adherir a propuestas que a la larga pueden terminar atentando contra su propio confort?

Parafraseando a Pascal, ¿de qué manera ese corazón de clase media tiene razones que la razón no comprende? Interrogando desde el otro lado del fenómeno cabe recordar a Juan Carlos Pugliese, aquel ministro de Economía de Alfonsín que asumió en plena hiperinflación de 1989 y dejó para la historia una frase arquetípicamente argentina: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”.

El problema de la hibridez es que siempre se torna complejo dilucidar la proporción de carga genética de cada una de las partes. ¿Qué pesa más, el corazón de clase media o el bolsillo de clase baja? ¿El acervo cultural y la carga de valores o los apremios de la economía cotidiana? ¿Cómo se influencian mutuamente lo uno con lo otro? ¿Hasta dónde el problema son las siempre ascendentes expectativas de la clase media, que por lógica no hay bolsillo que pueda satisfacer? ¿Es la clase media una construcción simbólica e identitaria que siempre se corre el arco a sí misma y por eso “nunca llega”? ¿O en realidad estamos asistiendo a un proceso de degradación en cámara lenta donde nos encontramos pidiendo siempre lo mismo en un espiral descendente?

Por ser un espiral no llegamos a percibir que aunque el requerimiento sea el mismo, en cada ocasión lo hacemos desde un escalón más abajo y eso nos aleja más y más del objeto de deseo.

¿Tiene la sociedad argentina, por su configuración dual, una insatisfacción crónica, o en realidad la velocidad del deterioro es superior a la de readecuación de sus demandas?

En pocas palabras: ¿siempre queremos más de lo que podemos o a pesar de querer cada vez menos no llegamos ya ni siquiera a eso?

Números para el análisis
Si le ponemos números al análisis, tal vez quede más claro el dilema.

Entre 2012 y 2020, la economía de la Argentina cayó 13%, la inflación fue del 1438% y el desempleo subió 3,5 puntos porcentuales.

A pesar de haber caído 7 puntos, como lo demuestra el estudio publicado recientemente por el Banco Mundial, la clase media sigue abarcando en nuestro país al 45% de las familias. Y si lo vinculamos ya no con lo fáctico, sino con el imaginario, lo que expresa la clase media continúa siendo atractivo para 3 de cada 4 argentinos. Tanto nuestros estudios como los del Observatorio de Psicología Social de la UBA lo confirman. El 75% de la población se autopercibe integrando este gran colectivo social.

El punto hoy es cómo se articulan el componente simbólico con la realidad constante y sonante de la economía cotidiana. Corazón y bolsillo.

Al cierre del cuarto trimestre de 2020, para considerarse como parte de la clase media alta, una familia de la Argentina tenía que tener ingresos mensuales totales “piso” de $120.000 y “techo” de $250.000. El promedio, $150.000. Con esos valores se pertenecía al 17% de la familias que en la pirámide social se ubican en el segundo escalón, inmediatamente debajo de la clase alta. A la cotización del dólar blue del cierre del año, esos valores eran: US$720 piso, US$1500 techo, y US$900 promedio.

Si nos detenemos a analizar el otro segmento que integra la clase media, que es la clase media baja, mucho más frágil y vulnerable, la situación resulta más apremiante. El piso de ingresos era $60.000, el techo $120.000 y el promedio, $75.000. Llevado a dólares blue, US$360, US$720 y US$450 respectivamente.

La conversión de los ingresos familiares de la clase media a dólares está lejos de ser trivial. Responde a que justamente sus expectativas de consumo están vinculadas en gran medida con bienes icónicos que tienen “dólares adentro”. Simplificando, y a riesgo de ser demasiado lineales, para la clase media alta, el viaje, el auto, la tecnología y la ropa. Para la clase media baja, el celular, la computadora y las zapatillas.

Podrá decirse, con razón, que esos bienes, en el caso de ser importados o tener componentes que llegan del exterior, entran al país a dólar oficial, lo cual es cierto. Pero no puede desconocerse que en la Argentina lo que sucede con el dólar blue se filtra en todas las cadenas de valor disfrazado de inflación. Al fin de cuentas es lo mismo, o bastante parecido.

El shock de los precios
Es lo que, al “salir de la caverna” en la que hibernaron buena parte del año pasado llevó a los consumidores a shockearse con ciertos precios haciéndose una pregunta simple y casi infantil: ¿qué pasó? ¿Un celular cuesta entre $150.000 y $250.000? ¿Un par de zapatillas, entre $10.000 y $20.000? ¿Un kilo de asado entre $600 y $800? ¿Qué pasó?

Buena parte de la explicación hay que buscarla justamente en el dólar blue. Entramos a la cuarentena con un dólar de $86 y salimos con uno que valía casi el doble.

Si no queremos tomar este parámetro y pasamos a pesos, basta registrar que hoy la inflación interanual es del 50%, según la medición del Indec de junio. Por donde se lo que quiera mirar el problema es similar. El poder adquisitivo de los hogares argentinos se redujo 8% en promedio durante el primer trimestre de 2021. Medido en pesos, considerando ingresos de los hogares e inflación publicados también por las estadísticas oficiales. Y medido en dólares blue, la caída fue del 19%, con un dólar “contenido”.

La Argentina dual le está encontrando sus propias respuestas al dilema. Son de orden práctico más que filosófico.

Se consolidan patrones de consumo más sajones que latinos. Prima la sensatez, la austeridad y la conveniencia. Lo que antes se escondía ahora se socializa. La cultura low cost gana cada vez más adeptos. Crecen los outlets, los mayoristas, las ferias, los showrooms, las segundas marcas y, por supuesto, el comercio electrónico, propio de la nueva era donde físico y digital ya son una única cosa.

Otro símbolo de la época es que muchos consumidores ya no hablan tanto de segundas marcas, sino de “primeras marcas desconocidas”, sutileza que busca calmar a ese corazón de clase media que se inquieta cuando siente que su bolsillo ahora es de clase baja. Al menos para su percepción y sus expectativas.

¿De qué manera esta dualidad que se venía gestando, pero que ahora se transparentó y quedó expuesta, reconfigurará la narrativa de nuestra identidad nacional? ¿Será aceptada con resignación o, por el contrario, provocará enojo? ¿Se procesará el dolor que produce un movimiento descendente de este calibre o se manifestará en el decir y el hacer de los ciudadanos?

Interrogantes que se abren ahora que todo está a la vista.

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Banca argentina necesita de la automatización para mayor efectividad

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Por Javier Ailbirt*, CEO de TheEye – En el nuevo contexto mundial, con una creciente tendencia a la digitalización y un creciente volumen de procesamiento de datos, la automatización de procesos se vuelve de vital importancia para la banca. Hoy existen múltiples soluciones de este tipo.

Alrededor del mundo, los bancos empezaron a implementar cada vez más soluciones de Automatización Robótica de Procesos (RPA), que se apoyan en la inteligencia artificial para llevar adelante la automatización de procesos de negocio, principalmente transaccionales, basadas en reglas específicas. 

El año pasado fue, sin dudas, bisagra en el proceso de digitalización del sistema financiero. Y algunos datos de la Argentina así lo demuestran:

–       El uso de las aplicaciones bancarias creció, durante 2020, entre un 200% y un 300%, según datos de las entidades financieras. 

–       Los niveles de penetración de los canales digitales crecieron un 20% y en la actualidad ronda el 80%.

–       Los chatbots incrementaron en más de 20 veces su promedio de interacciones diarias

–       Los call-centers duplicaron los llamados diarios y las consultas en redes sociales. 

Uno de los principales desafíos que enfrentan las entidades bancarias en este contexto es el de integrar muchos sistemas dispares y las herramientas de RPA les permiten transferir y migrar información hacia y desde cada sistema asegurando que los datos sean consistentes. El sector bancario en Argentina está en constante cambio de normativas y regulaciones a los cuales sus participantes deben adaptarse inmediatamente y cumplir para asegurar la continuidad. Sumado a que, acelerados por la pandemia, dichas entidades debieron hacer frente a la digitalización y demanda virtual.

Hoy existen soluciones e implementaciones con proceso de repago menor a 6 meses logrando muy buenos resultados mediante la automatización de procesos de negocios que van desde conciliaciones, pasando por procesos regulatorios y bots más complejos de trading (un robot de software con Inteligencia Artificial que ayuda en la compra/venta de títulos en el mercado nacional e internacional). Además, ofrecen la flexibilidad para adaptarse rápidamente a cambios, en estructuras tradicionalmente de poca agilidad. 

Específicamente para la banca los beneficios de la tecnología de RPA son muchos. Permiten configurar “Robots de Software” para automatizar tareas repetitivas y de poco valor agregado, complementan al equipo humano de las entidades y, así, mejoran la productividad a través de la reasignación de actividades de alto valor a los empleados, reduciendo costos y errores humanos o manuales.

Por las ventajas que ofrece la automatización, los expertos anticipan que la banca tenderá a volcarse hacia ese camino y predicen que, al finalizar el 2021, el 25% de las tareas bancarias ya estará automatizado en su totalidad. 

Esta evolución está impulsada por cuatro objetivos principales: aumentar la eficiencia, mejorar las tareas repetitivas y de alto volumen, cumplir con auditorías y disminuir las tasas de error por incumplimientos regulatorios y ofrecer una mejor experiencia a sus clientes.

*Javier Ailbirt CEO de TheEye – Única plataforma de Automatización de Procesos con Inteligencia Artificial de LATAM con tecnología y metodología propia

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La industria creó 31.000 empleos desde abril de 2020

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Un informe sobre la actividad económica en mayo de 2021 realizado por Nadin Argañaraz del IARAF muestra que la industria recuperó más del triple de los puestos de trabajo formales perdidos en lo peor de 2020.

• En mayo el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una contracción de 2,0% respecto a abril y de 2,7% respecto de enero (serie desestacionalizada).
• En el mismo mes de 2020 la actividad económica ya estaba afectada por la pandemia y las medidas restrictivas aplicadas. Por esta razón es apropiado comparar también con mayo de 2019. El EMAE de mayo se encuentra 9,1% debajo de 2019 y 13,6% arriba de 2020.
• Si se mantuviera el nivel de actividad de mayo en los siguientes meses del año, el PIB se garantizaría un crecimiento del 6,0% en 2021.
• De las cinco actividades consideradas se aprecia que la más afectada luego de dos años es Hoteles y Restaurantes (57,0% debajo de 2019 y 54,3% superior a 2020) seguido por la Construcción (23,9% debajo de 2019 y 52,1% superior a 2020). El Comercio y la Industria Manufacturera se encuentra un 3% debajo de igual mes de 2019.

La actividad industrial generó en diez meses el triple de los puestos de trabajo que había perdido en el inicio de la pandemia, aunque con diferencias sectoriales notorias, con los mayores incrementos concentrados en los rubros de Alimentación y Radio y Televisión, así como las principales caídas en Confecciones, Edición y Minerales no Metálicos.

La información forma parte del último reporte del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) y no solo deja en evidencia la recuperación global de la actividad industrial sino también cómo la mejora fue liderada por los sectores considerados “esenciales” desde el inicio del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO).

“En el segundo trimestre de 2020 la industria había perdido 9.100 puestos de trabajo formales, alcanzando el piso en el mes de mayo”, se precisó en el estudio elaborado por el economista Nadín Argañaraz. La recuperación tras esa caída quedó reflejada en la creación de 31.875 puestos de trabajo entre ese mes de 2020 y abril de 2021.

En ese lapso, indicó IARAF, se generó “un número equivalente a más del triple de la pérdida que se generó cuando más impactó la pandemia el año pasado”. La entidad remarcó que “la actividad industrial es una importante fuente generadora de empleo” y que “la pandemia en 2020 tuvo un fuerte impacto negativo en la actividad económica y los asalariados registrados en esta actividad no fueron ajenos a esta dinámica”.

En base a datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial del Ministerio de Trabajo, IARAF destacó que “el empleo asalariado formal en la industria manufacturera venía cayendo antes de la pandemia y alcanzó un mínimo en mayo de 2020”. “La recuperación posterior permitió que el nivel de empleo en el cuarto trimestre de 2020 sea un 0,3% superior al del igual trimestre de 2019, implicando una creación neta de 3.294 puestos de trabajo”, indicó.

Asimismo, precisó que “el último dato de abril de 2021 muestra un crecimiento de 2,9% respecto a abril de 2020”, con 31.800 nuevos puestos creados. No obstante, esos 3.294 nuevos puestos de trabajo formales no corresponden una evolución homogénea de los diferentes sectores industriales, que mostraron marcadas diferencias en los doce meses transcurridos.

Al respecto, las cinco industrias que generaron más empleo en 2020 fueron Alimentos (3.649), Radio y Televisión (3.555) y Productos de caucho y plástico (2.222), Maquinaria y equipo (2.104) y Productos químicos (1.515). En el otro extremo se anotaron Cuero y calzado (-1.555), Otros minerales no metálicos (-1.823), Edición (-1.952), Otros productos de metal (-2.533) y Confecciones (-2.989).

En cuanto a la distribución regional, la actividad se concentra en la región pampeana (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y la Pampa), que con el 58,6% de la población cuenta con el 64,6% del empleo formal privado industrial. Si se mide el empleo en la actividad industrial en relación con la población, la Ciudad de Buenos Aires más que duplica el promedio nacional, con 55 puestos de trabajo cada mil habitantes, contra 24 en todo el país.

Le siguen la región Pampeana (28), Cuyo (22) y Patagonia (20). En el extremo inferior se encuentran el NOA (12) y el NEA (10). Con respecto a la estructura productiva formal privada, a escala nacional la industria manufacturera participa con el 18,8%.

Al considerar por regiones, la industria tiene una mayor participación en la región Pampeana (23,5%) y en Cuyo (19,4%), seguido por NOA (15,3%) y NEA (15,0%). Con menor participación se encuentran la Patagonia (12,4%) y CABA (11,3%).

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