La calificadora de riesgo Moody’s consideró que la reforma laboral aprobada en Argentina mejora el clima de inversión y reduce rigideces estructurales del mercado de trabajo, pero advirtió que su implementación implicará costos de transición económicos y sociales, especialmente en el corto plazo.
En su último informe, la agencia señaló que el cambio en las reglas de contratación, despido e indemnizaciones apunta a reducir la informalidad laboral y mejorar la productividad, aunque remarcó que los beneficios no serán inmediatos.
Según Moody’s, la reforma podría generar inicialmente ajustes en el mercado laboral, incluyendo mayores despidos en algunos sectores mientras las empresas se adaptan al nuevo esquema normativo y al proceso de estabilización macroeconómica.
“Es probable que los beneficios económicos y crediticios a corto plazo sean limitados y se materialicen de forma gradual y desigual entre sectores”, señaló el reporte, que también menciona riesgos de litigios laborales, resistencia sindical y desafíos de implementación.
Ajustes en el empleo y reconfiguración del mercado laboral
La calificadora explicó que los cambios en el sistema de indemnizaciones, la extensión de los períodos de prueba y la creación de nuevos mecanismos de cese laboral reducen costos para las empresas, pero implican una etapa de reorganización del mercado laboral.
Ese proceso podría traducirse en reacomodamientos empresariales y despidos en sectores que todavía atraviesan procesos de ajuste, en un contexto de consolidación fiscal y desaceleración económica.
El informe también remarca que el empleo formal privado en Argentina permanece prácticamente estancado desde 2010, mientras que la informalidad continúa siendo uno de los principales problemas estructurales del mercado laboral.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, en el tercer trimestre de 2025 el trabajo informal representó 43,3% del total del empleo, una proporción que limita la productividad, reduce la recaudación fiscal y debilita los sistemas de seguridad social.
Impacto fiscal y presión sobre el sistema previsional
Uno de los principales costos de transición identificados por Moody’s está vinculado al frente fiscal.
El informe estima que las contribuciones a la seguridad social podrían caer entre 0,3% y 0,4% del PBI, debido a que una parte de los aportes patronales que antes se destinaban a la Administración Nacional de la Seguridad Social será redirigida al nuevo Fondo de Asistencia Laboral (FAL) creado por la reforma.
Aunque el impacto fiscal directo sería manejable bajo el actual esquema de déficit cero impulsado por el gobierno de Javier Milei, la calificadora advirtió que en el corto plazo podría aumentar la presión sobre el sistema previsional nacional.
Ese efecto también podría trasladarse a las provincias que mantienen regímenes jubilatorios propios, cuyos equilibrios financieros dependen en parte de las transferencias de la ANSES.
Sectores con mayor impacto
En términos sectoriales, Moody’s sostiene que los principales beneficiarios de la reforma serán actividades intensivas en mano de obra, como construcción, manufactura, agroindustria y servicios.
La flexibilización de los convenios colectivos, la reducción de litigios laborales y la mayor previsibilidad en los costos de despido podrían mejorar la rentabilidad empresarial y favorecer nuevas inversiones.
Sin embargo, la calificadora remarcó que los beneficios dependerán de la estabilidad macroeconómica, la reglamentación de la ley y la interpretación judicial, factores que determinarán la velocidad real de los cambios en el mercado laboral.
Tras retroceder 0.8% en 2025, la industria se contrajo 3.6% en enero en la comparación interanual y avanzó 2.1% respecto a diciembre en la medición desestacionalizada
La industria en 2025
El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en 2025 un retroceso de 0.8% respecto a 2024 (véase Tabla Nº 1 y Gráfico Nº 1) encadenando tres años de caída. Así, la producción industrial de 2025 resultó un 12.9% inferior a la de 2011 cuando se tuvo el mayor registro de actividad de acuerdo al IPI de FIEL.
La industria en el último mes del año registró una caída de 4.2% en la comparación con diciembre de 2024. En el mes destacó la contracción interanual de la producción automotriz ‐que alcanzó 30.9% con un retroceso cercano al 60% en la fabricación de automóviles‐, junto con una nueva merma de los químicos y plásticos, rama al interior de la cual la producción de neumáticos acumulaba más de dos años de caída. En el otro extremo, la actividad de las industrias metálicas básicas ‐con avance en acero crudo y productos laminados‐, y la producción de minerales no metálicos tuvieron los mayores avances. En el cuarto trimestre de 2025 la industria tuvo una contracción (5.2%), acumulando dos trimestres en retroceso en la comparación con el mismo período del año anterior, mientras que en la medición desestacionalizada, con una caída del 1.2% respecto al tercer trimestre, se encadenan cuatro trimestres de recorte de la actividad.
Hasta el primer semestre, la actividad industrial llegó a acumular una mejora del 2.6% en la comparación interanual, en parte por un efecto de base en el año anterior ‐el cambio de régimen puesto en marcha a fines de 2023 impactó la actividad industrial en el primer semestre de 2024 cuando ésta llegó a acumular un retroceso de 11.8%‐ que permitió un rebote de la producción en los primeros seis meses de 2025. Así, hasta junio, varios sectores mostraban una recuperación en la comparación con el año anterior, con ramas como la de minerales no metálicos o la automotriz que llegaron a acumular mejoras del orden del 15%.
En el segundo semestre, con una base de comparación más desafiante, se sumaron turbulencias cambiarias y financieras junto con una mayor incertidumbre pre electoral, lo que derivó en un debilitamiento de la actividad.
Desde julio, tuvieron fuertes retrocesos la producción de textiles, químicos y plásticos, en la metalmecánica y en la industria automotriz, en la que se combinó el cese de producción de modelos y la adecuación de líneas de producción con la caída de exportaciones, especialmente con destino a Brasil. A diciembre se encadenaban seis meses de contracción de la producción industrial de acuerdo al IPI de FIEL en la comparación con el año anterior.
En cuanto al desempeño de las ramas industriales en el año y en la comparación con 2024, de las diez que reporta FIEL, cuatro mostraron una mejora, otra igualó el nivel de producción de un año atrás, mientras que las restantes tuvieron una contracción más profunda que el promedio.
La mayor contracción acumulada en el año la registró la producción de químicos y plásticos (‐9.9%), seguida de la producción de papel y celulosa (‐3.6%), de la de automotores (‐3.3%), de despachos de cigarrillos (‐2.9%) y de la metalmecánica (‐2.7%). La producción de insumos textiles igualó (+0.2%) el nivel de actividad de 2024, mientras que las restantes ramas mostraron un avance comenzando por la producción de alimentos y bebidas que acumuló un crecimiento de 3%, seguida de la refinación de petróleo y de la producción de las industrias metálicas básicas que creció 3.2%, y de la de minerales no metálicos que se incrementó 6.5%, en cada caso en la comparación interanual. De lo anterior, destaca el avance por quinto año de la refinación de petróleo y por segundo de la producción de alimentos y bebidas, mientras que en el otro extremo resalta la caída por cuarto año de la producción de químicos y plásticos, por tercero en la metalmecánica y por segundo en la producción automotriz (véase Gráfico Nº 2).
En lo que respecta a la producción industrial por tipo de bien, en 2025 la actividad estuvo liderada por la de bienes de capital que acumularon una mejora de 4.3% en la comparación con 2024 a partir del aporte de la producción de material de transporte pesado y a pesar del deterioro en los últimos meses de la producción de maquinaria agrícola y el menor ritmo de crecimiento de la producción de utilitarios. Los bienes de consumo no durable alcanzaron un crecimiento de 2.3%, con un mayor aporte de la producción de alimentos, mientras que los despachos de cigarrillos cerraron el año con caída. La producción de bienes de uso intermedio retrocedió en 2025 2.1%, encadenando cuatro años de contracción, con mejoras en refinación de petróleo, producción de acero y de minerales no metálicos que no alcanzaron a compensar la caída de químicos y plásticos y de papel y celulosa. Finalmente, con un recorte de 6.1% en el año, los bienes de consumo durable cierran el ranking afectados por el retroceso en la producción de automóviles y durables para el hogar, encadenando tres años de caída tras el rebote que siguió a la pandemia (véase Gráfico Nº 3).
La industria en enero 2026
En enero de 2026, de acuerdo a información preliminar la producción industrial registró un retroceso interanual de 3.6%, encadenando siete meses de caída en la comparación con el año anterior. En el mes volvió a mostrar una profunda contracción la industria automotriz ‐actividad que enfrenta un escenario desafiante‐, al tiempo que la producción de alimentos y bebidas continúa exhibiendo mejoras en la comparación interanual, del mismo modo que lo hace la refinación de petróleo. Adicionalmente, en enero se moderó la caída de la producción de químicos y plásticos, aunque desde el mes próximo se anticipa el impacto en el nivel de actividad del cierre de una de las principales fábricas de neumáticos. Así mismo, la producción automotriz se verá afectada por la realización de nuevas paradas en terminales durante la segunda quincena de febrero.
Con todo, en el primer mes del año el mayor crecimiento en la comparación interanual lo registró la producción de alimentos y bebidas con un avance de 4.7%, seguida de la refinación de petróleo que se elevó 1.6%. Las restantes ramas industriales relevadas por FIEL mostraron una caída de la producción en la comparación con enero del año pasado. Tuvieron un recorte de la actividad menos profundo que el promedio, los despachos de cigarrillos que se contrajeron 0.6%, seguidos de la producción de minerales no metálicos que retrocedieron 2.9% y de los insumos textiles que cayeron 3.0%, en cada caso en la comparación interanual. Con una caída de la actividad más profunda que el promedio se ubican las industrias metálicas básicas cuya producción registró una merma de 4%, seguidas de la producción de químicos y plásticos (‐5.2%), la de papel y celulosa (‐7.1%), la de la metalmecánica (‐12%) y de la industria automotriz (‐30.3%), en cada caso en la comparación con el mismo mes de 2025.
Al observar la actividad industrial desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos se tiene que en el primer mes del año el aporte de los alimentos determina una mejora interanual del 4% en la producción de bienes de consumo no durable en comparación con enero de 2025. Por su parte, la mejora en el proceso de petróleo no compensa el retroceso registrado en minerales no metálicos, textiles, químicos y plásticos o papel y celulosa, determinando una caída de 3.5% en el mes en la producción de bienes de uso intermedio. En el caso de la producción de bienes de capital, esta se contrajo 15.5%, mientras que la de bienes de consumo durable lo hizo 21.3%, en ambos casos en la comparación con el mismo mes de 2025.
En términos desestacionalizados la actividad industrial registró en enero una mejora mensual del 2.1%, colocando el nivel de producción 3.7% por debajo del observado en febrero de 2025. En relación a lo anterior, merece mencionarse que, entre septiembre y noviembre pasados, la serie ajustada se coloca en mínimos, señalando potenciales puntos de giro para la fase contractiva de la industria iniciada en febrero de 2025.
Al respecto, las señales que permiten anticipar una reversión de la fase cíclica de la industria son consistentes con una moderación en el ritmo de caída, aunque la difusión sectorial del retroceso de la producción se muestra elevada afectando al 65% de las actividades industriales en el trimestre noviembre enero. En los meses por venir se requiere la emergencia y consolidación de actividades que lideren la recuperación, para dar por finalizada la fase recesiva de la industria que inició en febrero de 2025.
El dólar volvió a retroceder y perforó el umbral de los $1400, alcanzando su nivel nominal más bajo desde octubre del año pasado, en una jornada en la que el mercado combinó optimismo político y abundante oferta de divisas.
El tipo de cambio mayorista cerró en $1375,97, con una caída diaria de $15,01 (-1,08%). Se trata de un valor que no se veía desde mediados de octubre, previo a las elecciones de medio término. En el segmento minorista, el dólar oficial terminó la rueda en $1395 en el Banco Nación, también con un retroceso de $15 (-1,2%). En lo que va del año, acumula una baja del 5,3%.
La caída se produjo en un contexto de fuerte ingreso de dólares. Las liquidaciones del agro promedian cerca de US$80 millones diarios en lo que va de 2026, mientras que las emisiones de deuda corporativa y provincial rondaron los US$5000 millones, con liquidación prevista para el primer semestre. A esto se suman tasas en pesos cercanas al 3% mensual, que sostienen estrategias de carry trade y reducen la demanda de cobertura en moneda extranjera.
En el mercado financiero, las cotizaciones mostraron variaciones mixtas. El dólar MEP se ubicó en $1405,64 (-0,2%), mientras que el contado con liquidación (CCL) avanzó levemente hasta $1448,73 (+0,1%).
Reforma laboral y rally bursátil
El movimiento cambiario coincidió con la segunda victoria legislativa del Gobierno en el año, luego de que la Cámara de Diputados aprobara la reforma laboral, que ahora deberá volver al Senado para su sanción definitiva.
La Bolsa porteña reaccionó en positivo. El índice S&P Merval subió 1,3% y se ubicó en 2.876.590 puntos (US$1985 al CCL). Entre los papeles más destacados figuraron Irsa (+5,5%), Grupo Financiero Galicia (+4,2%), Cresud (+4%) y BYMA (+3,5%).
En Wall Street, los ADR argentinos operaron con comportamiento dispar: Galicia (+3,6%), Irsa (+2,8%) y Cresud (+2,6%) avanzaron, mientras que Tenaris (-3%), Edenor (-1,9%) y Globant (-1,3%) retrocedieron.
En renta fija, los bonos soberanos en dólares mostraron recuperación tras la baja del día anterior. Los Bonares subieron hasta 1,31% (AL41D) y los Globales avanzaron hasta 0,71% (GD38D). El riesgo país cedió ocho unidades y cerró en 516 puntos básicos (-1,53%).
¿Piso transitorio o rebote en puerta?
Para algunos analistas, la baja del dólar responde a factores técnicos y financieros más que estructurales. No descartan un rebote en marzo, especialmente ante eventuales tensiones internacionales, conflictos internos o un cierre masivo de posiciones de carry trade.
En el mediano plazo, el mercado mira dos variables clave: la acumulación de reservas netas y la implementación de reformas pro oferta que sostengan el crecimiento. También será determinante si los llamados “dólares del colchón” comienzan a canalizarse hacia consumo e inversión.
Por ahora, el mercado celebra. Pero la estabilidad cambiaria sigue atada a un delicado equilibrio entre oferta financiera, disciplina fiscal y clima político.
El costo de construir en el Gran Buenos Aires aumentó 2,3% en enero de 2026, de acuerdo con el Índice del Costo de la Construcción (ICC) difundido por el INDEC. En términos interanuales, el indicador acumuló una suba de 24,9%, mientras que en lo que va del año registra el mismo 2,3%.
El principal factor de presión volvió a ser la mano de obra, que subió 3,1% en el mes. Dentro de este capítulo, la mano de obra asalariada aumentó 3,4% y los subcontratos 1,6%, en línea con el acuerdo salarial alcanzado por la UOCRA a mediados de enero. En comparación con enero de 2025, el componente laboral acumula un alza de 28,1%.
Los materiales, por su parte, registraron un incremento más moderado del 1,4%, aunque con subas destacadas en insumos clave como cables y conductores eléctricos (4,9%), piezas de carpintería y productos de hormigón y cemento (2,7%). En contraste, el rubro ascensores mostró una baja de 1%.
También los gastos generales presionaron al alza, con un incremento mensual de 2,2%, reflejando actualizaciones tarifarias en electricidad, agua y gas autorizadas por los entes reguladores nacionales.
En el análisis por tipo de vivienda, el costo del modelo multifamiliar subió 1,0% en enero, mientras que el de la vivienda unifamiliar avanzó 2,1%.
El inicio del año confirma que la construcción continúa atravesando un escenario de recomposición salarial y ajustes en servicios públicos, con materiales mostrando un comportamiento más estable. En un contexto de reactivación selectiva del mercado inmobiliario, la evolución del ICC sigue siendo una referencia clave para desarrolladores, inversores y particulares que proyectan nuevas obras.
Los precios mayoristas comenzaron 2026 con una suba mensual de 1,7%, según el Sistema de Índices de Precios Mayoristas (SIPM) difundido por el INDEC ipmayo. De esta manera, la variación interanual del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) se ubicó en 26,4%, mientras que la acumulada del año alcanzó el mismo 1,7%.
El movimiento de enero estuvo impulsado tanto por los productos nacionales, que aumentaron 1,7%, como por los importados, que subieron 1,5%. Sin embargo, fue el segmento primario el que volvió a mostrar mayor dinamismo: dentro de los productos nacionales, las mayores incidencias provinieron de los productos agropecuarios, alimentos y bebidas y derivados del petróleo.
En detalle, los productos primarios treparon 2,6% en el mes, con un fuerte salto de 4,1% en los agropecuarios. En términos interanuales, este rubro acumula un incremento del 41%, confirmando que la presión en la base productiva continúa siendo significativa. También alimentos y bebidas muestran una variación elevada frente a enero del año pasado, con un alza del 29,3%.
El Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB), que excluye impuestos, registró un aumento mensual de 1,6% y una variación interanual de 26,6%, mientras que el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) -que mide los precios percibidos por los productores locales- avanzó 1,6% en el mes y 27,7% en términos interanuales.
El comportamiento de enero muestra una dinámica relativamente contenida en comparación con los picos observados en años anteriores, pero mantiene tensiones relevantes en sectores clave. Para economías regionales con fuerte peso agroindustrial, como Misiones, donde la producción primaria y la industria alimentaria son determinantes, la evolución mayorista sigue siendo un indicador estratégico para anticipar costos y márgenes en la cadena productiva.