economía argentina 2026

El superávit nacional y el costo silencioso que pagan las provincias

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En materia económica, pocas discusiones generan hoy tanto consenso como la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Después de más de una década de déficits fiscales casi permanentes, la búsqueda del equilibrio financiero aparece como una condición necesaria para estabilizar la economía argentina, reducir la inflación y reconstruir la confianza. Sobre ese objetivo, incluso el peronismo se sumó a la ola: el equilibrio fiscal llegó (aparentemente) para quedarse.

Sin embargo, alcanzar el equilibrio fiscal no es solamente una cuestión de números. También importa cómo se llega a ese resultado, quién absorbe el costo del ajuste y cuáles son sus efectos sobre el resto de la economía. Porque las cuentas públicas no son compartimentos estancos: el ahorro de un nivel del Estado muchas veces implica menores recursos para otro. Y eso es precisamente lo que muestran las finanzas provinciales desde el inicio de la actual gestión nacional. Nada que no hayamos ya dicho en innumerables ocasiones, pero que cada mes vale la pena repasar. 

El Gobierno nacional exhibe mes tras mes el superávit fiscal como uno de los principales logros de su programa económico. Es un dato objetivo. Pero existe otra realidad, mucho menos visible, que también merece formar parte del análisis: una parte significativa de ese ordenamiento se consiguió reduciendo las transferencias hacia las provincias, tanto las automáticas como, especialmente, las discrecionales. El resultado fue un deterioro profundo de la capacidad financiera de los gobiernos subnacionales, cuyas consecuencias comienzan a sentirse sobre la actividad económica del interior del país. Otra vez: ya lo hemos dicho hasta el cansancio, pero cada cierre de mes, al observar los datos de coparticipación y transferencias nacionales, vuelve el tema a la agenda (y a la preocupación).

Las transferencias automáticas representan el principal vínculo financiero entre la Nación y las provincias. La coparticipación federal explica la mayor parte de esos recursos y constituye la fuente de financiamiento más importante para la mayoría de las jurisdicciones. Su comportamiento depende de la evolución de la recaudación de impuestos coparticipables y, por lo tanto, del desempeño de la economía. Los datos permiten observar con claridad lo ocurrido desde comienzos de 2024; es decir, en la era Milei.

Durante prácticamente todo ese año las transferencias automáticas registraron fuertes caídas en términos reales. En nueve de los doce meses del año hubo caídas, de las cuales ocho fueron en dos digitos llegando a máximos como -26,8% en marzo. 

Sobre el cierre de año (noviembre y diciembre) comenzaron a observarse algunas mejoras, que se dieron principalmente como rebote, pero esa incipiente recuperación nunca alcanzó para compensar el derrumbe acumulado durante tres cuartas partes del período. 

En términos económicos, recuperar una parte de lo perdido no implica volver al punto de partida. Solo en 2024, el conjunto de provincias perdió, mirándolo a precios actuales, unos $ 8,5 billones de pesos

La expectativa era que, superado ese impacto, 2025 consolidara una trayectoria más favorable. Pero eso tampoco ocurrió. Si bien el año inició con fuertes rebotes (productos de la muy baja base comparativa), a partir del tercer trimestre se vieron deterioros en la trayectoria, con reducción en la velocidad de recuperación como también con caídas (como septiembre y noviembre). Esto marcaba el hecho de que la recaudación no encontraba un ritmo estable de recuperación, y por ende, la economía seguía estando muy inestable sin lograr consolidar una recuperación homogénea. El acumulado de ese año, aun con ello, cerró con una relativa mejora: se “recuperaron” unos $ 1,3 billones, aunque el saldo acumulado seguía siendo altamente negativo (-$ 7,2 billones perdidos en dos años).

Lejos de mejorar definitivamente, durante 2026 la situación volvió a deteriorarse y con fuerza. En los primeros seis meses del año, cinco registraron caídas reales interanuales y solamente mayo logró mostrar un crecimiento impulsado por un factor tributario estacional. El saldo acumulado del primer semestre muestra pérdidas por $ 1,1 billones contra el primer semestre de 2025 y, a su vez, los 30 meses de gobiernos completos de Milei dejan un saldo negativo de $ 8,3 billones para las provincias, solo por envíos automáticos. Es decir, más de dos años después del inicio del nuevo esquema económico, las transferencias automáticas siguen presentando un escenario altamente deteriorado.

Pero si la evolución de la coparticipación genera preocupación, las transferencias no automáticas describen un panorama todavía más contundente. Históricamente, estos recursos permitían financiar obras públicas, programas específicos, asistencia financiera extraordinaria y distintas políticas acordadas entre la Nación y las provincias. Su distribución siempre fue objeto de debate por su carácter discrecional, pero constituían una herramienta relevante para atender desequilibrios fiscales o impulsar inversiones estratégicas.

Con la llegada de la nueva administración nacional, esa herramienta prácticamente desapareció. Los números son elocuentes. Durante 2024 las transferencias no automáticas registraron caídas reales en todos los meses, superiores en todos los casos al -70% real. En moneda de hoy, se recortaron envíos por $ 7,9 billones. 

En otras palabras, el Gobierno nacional eliminó prácticamente la totalidad de los instrumentos de financiamiento provincial. 

Hacia 2025, se puede ver de nuevo una relativa recuperación de estos envíos, con subas en los primeros siete meses de ese año. Sin embargo, esas subas se dieron (otra vez) contar una base de comparación que era extraordinariamente baja, casi nula en algunos casos. Crecer respecto de un año en el cual las transferencias virtualmente desaparecieron no significa haber recuperado los niveles previos. El saldo acumulado mostró una recuperación equivalente a los $ 800 millones, apenas un 10% de lo perdido en 2024.

La evidencia más reciente confirma el sesgo bajista de este cuadro. Durante el primer semestre de 2026 las transferencias no automáticas volvieron a registrar caídas reales muy significativas en todos los meses, llegando a su pico en junio con -87,7% con una en particular: los envíos de junio de 2026 fueron los más bajos para ese mes desde 2005. En otras palabras, el peor junio en veinte años. Por ende, lejos de consolidarse una recomposición, la asistencia a provincial volvió a retraerse con fuerza. Esto produjo que el primer semestre termine con una caída del 62% interanual, siendo el peor primer semestre también en veinte años. De este modo, en los 30 meses completos de Milei en el gobierno nacional, se recortaron transferencias a provincias por un total, a precios actuales, de $ 8,1 billones

Así, la tendencia que muestran los datos es clara: desde el inicio de la actual administración nacional las provincias reciben considerablemente menos recursos provenientes de la Nación: sumando las pérdidas por transferencias automáticas y no automáticas de los últimos treinta meses, las provincias resignaron ingresos por $ 16,5 billones a precios actuales.

Las consecuencias de este proceso exceden ampliamente el plano contable. Las provincias no administran recursos para acumularlos. Los utilizan para financiar hospitales, escuelas, rutas, seguridad, programas sociales, salarios públicos, infraestructura y servicios esenciales. Cuando los ingresos disminuyen de manera persistente, las alternativas disponibles son pocas: reducir gastos, postergar inversiones, incrementar la presión tributaria provincial o aumentar el endeudamiento, cuando ello resulta posible.

En mayor o menor medida, todas esas respuestas comenzaron a observarse durante los últimos dos años. Muchas jurisdicciones redujeron el ritmo de ejecución de obras públicas. Otras demoraron inversiones en infraestructura, equipamiento o mantenimiento. Algunas intensificaron la utilización de impuestos provinciales para compensar parcialmente la pérdida de recursos nacionales o, también, la toma de deuda. En varios casos también aparecieron crecientes dificultades para sostener los compromisos salariales con los trabajadores estatales.

Pero existe además un efecto menos visible y probablemente más importante: el impacto sobre la actividad económica. Cada peso que deja de ingresar a una provincia representa menor capacidad de gasto dentro de esa economía regional. Menos obra pública implica menor demanda para empresas constructoras, industrias proveedoras de materiales, transportistas y profesionales. Menores compras del Estado afectan directamente a cientos de pequeñas y medianas empresas que dependen de la contratación pública. Salarios públicos que pierden poder adquisitivo reducen el consumo en comercios y servicios locales. Todo ello termina repercutiendo sobre el empleo, la inversión y el nivel de actividad.

En definitiva, el ajuste nacional no concluye en el Ministerio de Economía. Se transmite hacia las provincias y desde allí al entramado productivo de cada región. Esto adquiere una relevancia aún mayor en el norte argentino, donde la dependencia de los recursos nacionales resulta significativamente superior a la observada en las jurisdicciones con mayor capacidad de recaudación propia. Para muchas provincias del NOA y del NEA, la coparticipación constituye el principal sostén de sus presupuestos. Cuando esos recursos pierden poder de compra y las transferencias discrecionales prácticamente desaparecen, el margen de maniobra fiscal se reduce de manera considerable.

Por supuesto, reconocer este fenómeno no implica desconocer la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Tampoco supone defender los excesos del pasado ni cuestionar el objetivo de alcanzar un Estado fiscalmente sostenible. El verdadero debate pasa por la distribución del esfuerzo. Hasta ahora, buena parte del ajuste fue absorbido por las provincias. Mientras la Nación exhibe superávits crecientes, los gobiernos provinciales administran presupuestos cada vez más tensionados, con menos recursos para cumplir responsabilidades que siguen siendo esencialmente las mismas.

En ese contexto, celebrar únicamente el resultado fiscal nacional implica observar apenas una parte del problema. El equilibrio de un nivel del Estado no necesariamente refleja el equilibrio del sistema en su conjunto. Si el ordenamiento de las cuentas nacionales se consigue trasladando recursos y obligaciones hacia las provincias, entonces el costo simplemente cambia de lugar. 

Así, el balance global de la era Milei continúa siendo claramente desfavorable para las finanzas provinciales. Las provincias disponen hoy de menos recursos nacionales, cuentan con menor capacidad para impulsar políticas propias y enfrentan crecientes restricciones para sostener el nivel de actividad en sus economías. El superávit fiscal nacional podrá ser una condición necesaria para estabilizar la macroeconomía. Pero difícilmente alcance para garantizar el desarrollo si ese equilibrio se construye sobre unas provincias financieramente más débiles.

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Las variables que seguirá el mercado durante el segundo semestre, según Mills Capital

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La economía argentina ingresa en el segundo semestre de 2026 con un escenario diferente al de los últimos años. Tras una etapa marcada por la aceleración inflacionaria, los desequilibrios fiscales y la volatilidad financiera, el mercado comienza a enfocarse en nuevas variables: la consolidación de la desinflación, la recuperación de la actividad y la capacidad de sostener la estabilidad macroeconómica.

Ese es el diagnóstico de Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, quien considera que el país atraviesa una fase de estabilización avanzada, aunque todavía incompleta, y que el desafío ya no pasa por contener una crisis, sino por consolidar un proceso de crecimiento sostenible.

“La economía argentina está transitando una etapa de estabilización avanzada, aunque todavía inconclusa. El desafío ya no es frenar una dinámica inflacionaria disruptiva, sino consolidar un proceso que permita sostener la desinflación, recuperar la actividad y avanzar en una mayor normalización financiera”, sostuvo.

Una macro más ordenada

Según Botto, el mercado observa una combinación de factores que hace tiempo no coincidían en la Argentina.

Entre ellos mencionó una macroeconomía más ordenada, una menor incidencia del déficit fiscal sobre la política monetaria, expectativas de inflación en descenso, el regreso del crédito y la presencia de sectores con capacidad de impulsar el crecimiento estructural durante la próxima década.

“Hoy se observa una combinación de factores que hace tiempo no coincidían en Argentina: una macroeconomía más ordenada, menor dominancia fiscal sobre la política monetaria, una expectativa de inflación descendente, el regreso del crédito y motores de crecimiento estructural vinculados con energía, minería, agroindustria y economía del conocimiento”, explicó.

A pesar de esas mejoras, el ejecutivo considera que los activos argentinos todavía no reflejan plenamente el nuevo escenario.

“Uno de los elementos más llamativos es que las valuaciones de los activos argentinos continúan relativamente bajas y la participación de inversores extranjeros sigue siendo reducida”, indicó.

A su juicio, esto se explica porque históricamente los procesos de revalorización de activos en la Argentina no se desarrollaron de manera gradual, sino mediante fuertes compresiones del riesgo país y rápidas correcciones de precios.

Los sectores con mayor potencial

En materia de oportunidades de inversión, Botto identificó a la energía como uno de los sectores más atractivos de largo plazo.

“El desarrollo de Vaca Muerta y la creciente demanda global de recursos estratégicos posicionan al sector como uno de los grandes generadores de divisas de la próxima década”, afirmó.

La minería también ocupa un lugar destacado dentro de las perspectivas positivas, especialmente los proyectos vinculados al litio y al cobre, dos minerales considerados estratégicos para la transición energética global.

“La minería, especialmente vinculada al litio y al cobre, también presenta un potencial estructural importante”, señaló.

A esos sectores suma la agroindustria y la economía del conocimiento, actividades que, según su análisis, continúan mejorando sus niveles de productividad y capacidad exportadora.

En el mercado bursátil, Botto considera que todavía existen oportunidades selectivas debido a que las acciones argentinas mantienen valuaciones inferiores a las de otros mercados de la región.

“Las valuaciones todavía lucen rezagadas respecto de otros países de la región y el Merval aún se encuentra por debajo de sus máximos medido en dólares, lo que abre oportunidades selectivas para inversores con horizonte de largo plazo”, indicó.

Las tres variables que seguirá el mercado

Para el segundo semestre, el jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital identifica tres indicadores centrales que marcarán la evolución de los mercados.

El primero es la actividad económica.

“La recuperación del nivel de actividad será determinante no sólo para el humor social, sino también para fortalecer la recaudación y sostener el superávit fiscal”, explicó.

La segunda variable es la inflación. Aunque considera que la tendencia sigue siendo favorable, advierte que el proceso todavía puede presentar episodios de volatilidad.

“La consolidación de la baja de la inflación será una de las variables centrales. La tendencia de fondo sigue siendo descendente, aunque el proceso puede presentar cierta volatilidad en el corto plazo”, sostuvo.

El tercer elemento es la normalización financiera y cambiaria.

“El avance hacia una mayor normalización del mercado cambiario y financiero será clave para facilitar una mayor participación de capitales internacionales en los activos argentinos”, afirmó.

Una nueva etapa para los inversores

Botto entiende que, si el proceso de estabilización continúa, también cambiará la lógica de inversión que predominó durante años en la Argentina.

“Si el escenario macroeconómico continúa normalizándose, la generación de valor dependerá cada vez menos de encontrar un activo puntual y más de la capacidad de construir estrategias diversificadas, detectar oportunidades específicas y administrar el riesgo con una mirada integral”, señaló.

En ese contexto, considera que los inversores deberán priorizar la gestión activa y la diversificación por encima de las apuestas concentradas.

“Con rendimientos más bajos, la gestión activa, la diversificación y una visión de largo plazo volverán a ganar protagonismo”, indicó.

Bajo esa lógica, proyecta un crecimiento sostenido de herramientas como los Fondos Comunes de Inversión y las carteras balanceadas, instrumentos que podrían ganar relevancia a medida que la economía avance hacia un escenario de menor inflación y mayor previsibilidad financiera.

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Industria: caídas de cerca del 40% y una economía cada vez más dependiente de la energía

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La industria argentina sigue en alerta naranja. Después de algunos meses en los que parecía consolidarse una recuperación, mayo marcó un punto de inflexión: la producción manufacturera cayó 2% interanual y 0,6% respecto de abril, según el Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL, con cerca del 40% de las ramas industriales continúa en caída.

La baja interrumpió dos meses consecutivos de mejora y dejó al acumulado de los primeros cinco meses del año con una contracción de 0,6%.

Pero detrás del dato general se esconde un fenómeno más profundo: la economía industrial argentina ya no se mueve como un bloque. La recuperación está concentrada en pocos sectores. Mientras energía, petróleo y algunos segmentos agroindustriales avanzan, una porción significativa del entramado manufacturero continúa en retroceso.

La pregunta ya no es si la industria crece o cae. La pregunta es qué industria está creciendo.

Una industria partida en dos

Los datos de FIEL coinciden con las señales que surgen del último informe de Estadísticas de Productos Industriales del INDEC. La fotografía muestra una economía cada vez más dual.

Por un lado, aparecen los sectores vinculados a recursos naturales, energía y exportación. Por otro, las actividades ligadas al consumo interno, la inversión productiva y la fabricación de bienes durables siguen atravesando dificultades.

El caso más evidente es el de la refinación de petróleo.

FIEL identifica a este sector como el principal sostén de la actividad manufacturera nacional. Acumula doce meses consecutivos de expansión y un crecimiento del 9,7% en los primeros cinco meses de 2026. El volumen procesado alcanzó incluso el nivel más alto para este período desde 2008.

Los datos del INDEC refuerzan ese diagnóstico. En el primer trimestre, la extracción de petróleo crudo creció 16,4%, mientras el procesamiento de petróleo aumentó 10%. También avanzaron los combustibles: la producción de gasoil creció 14,5%, la nafta premium 9,9% y la súper 3,6%.

No se trata de una diferencia menor. La energía pasó a ocupar el rol que históricamente desempeñaba la industria alimenticia como principal amortiguador de las crisis manufactureras.

El problema es que la expansión energética no tiene la misma capacidad de derrame sobre empleo, proveedores y cadenas regionales que una recuperación industrial más diversificada.

La contracara de ese fenómeno es la industria automotriz. Según FIEL, el sector registró la peor performance de toda la economía manufacturera. Entre enero y mayo acumuló una caída de 19,6%, afectado por once meses consecutivos de retroceso en la producción de automóviles, menores exportaciones, caída de ventas y elevados stocks en concesionarias.

Los datos del INDEC muestran la misma tendencia. En los primeros meses del año la producción de automóviles y utilitarios retrocedió 18,6%, confirmando que uno de los sectores históricamente más dinámicos de la industria argentina atraviesa una etapa de ajuste.

La situación resulta particularmente relevante porque el complejo automotor tiene fuertes encadenamientos productivos con metalurgia, plásticos, neumáticos, autopartes y logística. Cuando el sector frena, el impacto se multiplica.

Otro dato preocupante aparece en la maquinaria agrícola. Tradicionalmente, la compra de tractores, sembradoras y cosechadoras funciona como termómetro de expectativas.

Sin embargo, el INDEC registra caídas de 38,5% en tractores, 17,3% en cosechadoras y 8,5% en sembradoras durante el primer trimestre.

La lectura económica es contundente: el agro produce más, exporta más y genera más divisas, pero no está transformando ese excedente en inversión productiva.

La señal coincide con otros indicadores nacionales que muestran una desaceleración en la incorporación de bienes de capital y maquinaria.

La construcción sigue siendo otro de los eslabones débiles. Los despachos de cemento portland retroceden 3,3%, el yeso cae 10,8% y los ladrillos cerámicos muestran una baja de 1,5%.

El consumo aparente de pisos y revestimientos también continúa en terreno negativo.

Aunque existen algunos nichos con recuperación -como sanitarios cerámicos o placas de yeso- el cuadro general sigue reflejando una actividad afectada por la virtual desaparición de la obra pública nacional y por un crédito hipotecario todavía insuficiente para impulsar una expansión sostenida.

Durante gran parte de 2024 y 2025, alimentos y bebidas funcionaron como refugio industrial.

Hoy siguen mostrando mayor estabilidad que otros sectores, pero también exhiben señales de agotamiento.

La producción de aceite de soja cayó 7,5% en el primer cuatrimestre, mientras los subproductos oleaginosos retrocedieron 6,7%.

Las compensaciones aparecen en girasol, cuyos aceites crecieron 36,3% y cuyos subproductos aumentaron más de 50%.

En carnes también aparecen contrastes. La faena vacuna cayó 9,6% y la aviar retrocedió 3%, mientras la porcina creció 11%, reflejando un cambio en los hábitos de consumo impulsado por diferencias de precios.

El informe del INDEC registra una caída de 14,4% en la producción de pastas celulósicas, uno de los indicadores más sensibles para Misiones, donde la cadena forestal constituye uno de los principales complejos industriales.

La baja se suma a un contexto ya complejo para aserraderos y fabricantes de productos de madera, que enfrentan dólar apreciado, pérdida de competitividad externa y menor demanda interna.

Paradójicamente, mientras la Nación celebra el crecimiento exportador de algunos segmentos forestales, muchas empresas del sector advierten que la rentabilidad sigue deteriorándose.

La principal conclusión que surge al cruzar los informes de FIEL e INDEC es que la economía argentina está experimentando una recuperación muy distinta a las observadas en otros ciclos.

No lideran los bienes durables. No lidera la construcción. No lidera el consumo. No lidera la inversión manufacturera.

Los sectores que hoy empujan la actividad son petróleo, refinación, energía y algunos complejos exportadores ligados a recursos naturales.

El dato no es necesariamente negativo. Son actividades capaces de generar divisas y sostener niveles de actividad.

Sin embargo, plantean una pregunta estratégica para los próximos años: si la expansión económica se concentra en sectores con bajo efecto multiplicador sobre el resto del tejido productivo, ¿cuánto podrá crecer el empleo industrial, la inversión manufacturera y las economías regionales?

Por ahora, la respuesta aparece reflejada en una cifra que resume el momento actual: según FIEL, cerca del 40% de las ramas industriales continúa en caída.

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Deuda externa, déficit de cuenta corriente y llegada de capitales: la economía argentina volvió a financiarse con endeudamiento en el arranque de 2026

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La economía argentina inició 2026 con una combinación que vuelve a encender señales de alerta entre los analistas: aumento de la deuda externa, déficit en la cuenta corriente y necesidad de financiamiento vía ingreso de capitales. Según informó el INDEC, la deuda externa bruta a valor nominal alcanzó los USD 321.783 millones al cierre del primer trimestre, con un incremento de USD 2.261 millones respecto del último trimestre de 2025.

El dato adquiere relevancia porque se produce en un contexto donde el programa económico del Gobierno mantiene una fuerte apertura financiera y busca consolidar un esquema de estabilidad macroeconómica basado en la atracción de inversiones y el acceso al financiamiento externo. Sin embargo, las cifras de la balanza de pagos muestran que la economía continúa demandando dólares por encima de los que genera genuinamente a través del intercambio de bienes, servicios y rentas.

Durante el primer trimestre, la cuenta corriente registró un déficit de USD 1.651 millones, reflejando que la salida de divisas por distintos conceptos superó a los ingresos corrientes de la economía. Paralelamente, la cuenta financiera mostró un ingreso neto de capitales por USD 2.398 millones, permitiendo compensar el desequilibrio externo y sostener la disponibilidad de divisas.

La dinámica revela uno de los principales desafíos del modelo económico actual: la necesidad de atraer permanentemente fondos externos para cubrir el déficit generado por la propia actividad económica. En otras palabras, el país volvió a financiar parte de su funcionamiento mediante endeudamiento e ingreso de capitales, un esquema que históricamente mostró vulnerabilidades cuando cambian las condiciones internacionales o se deteriora la confianza de los inversores.

Uno de los motores del ingreso de fondos fue la inversión directa. El INDEC registró un ingreso neto de capitales por USD 1.291 millones bajo esta modalidad, impulsado principalmente por mayores participaciones de capital en empresas y fondos de inversión.

Al mismo tiempo, la cuenta financiera reflejó movimientos relevantes en materia de deuda. Dentro del rubro “otra inversión”, el Banco Central incrementó sus pasivos externos en USD 2.310 millones, fundamentalmente por la concreción de una operación de pase pasivo (REPO) con bancos internacionales por USD 3.000 millones, parcialmente compensada por cancelaciones de otras obligaciones.

Pese a este escenario, la posición patrimonial externa del país mantiene un saldo favorable. Al 31 de marzo de 2026, la Posición de Inversión Internacional (PII) neta de Argentina continuó siendo acreedora por USD 26.244 millones, lo que implica que los activos externos de residentes argentinos superan a los pasivos frente al resto del mundo. Esta situación constituye una diferencia significativa respecto de otras etapas históricas caracterizadas por elevados niveles de vulnerabilidad financiera.

Otro dato destacado fue la evolución de las reservas internacionales. Los activos de reserva aumentaron USD 958 millones durante el trimestre y alcanzaron un stock de USD 42.052 millones al cierre de marzo. El incremento respondió tanto a transacciones financieras como a efectos de valuación derivados de movimientos cambiarios internacionales.

La fotografía que deja el primer trimestre muestra una economía que logró captar financiamiento externo y sostener la acumulación de reservas, pero que aún no consigue equilibrar completamente sus cuentas externas. Para el Gobierno, el desafío de los próximos meses será transformar esos ingresos financieros en inversiones productivas capaces de generar exportaciones, empleo y divisas genuinas que reduzcan la dependencia del endeudamiento y de los flujos de capital de corto plazo.

Balanza de pagos, inversión internacional y deuda externa by CristianMilciades

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Crucero del Norte encaró una profunda reestructuración por caída de demanda y aumento de costos

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Profunda reestructuración”. La empresa de transporte de pasajeros Crucero del Norte inició una etapa de revisión de rutas, líneas, procedimientos y plantel, para afrontar la crisis provocada por la inédita caída en la venta de pasajes y un aumento de costos que hace inviable sostener el servicio. 

Julio Koropeski muestra una foto como prueba de la adversidad: la terminal de Retiro vacía en la mañana del martes, a mitad de semana. Aunque todavía es temporada baja, las expectativas de mejoría son escasas. El empresario misionero señala como motivo principal al endeudamiento familiar, que llega a niveles récord y a un efecto low cost: es más barato volar en las aerolíneas baratas que pagar un pasaje en colectivo de larga distancia. La caída de Flybondi abre expectativas, pero recién hacia fin de año. 

Aunque había rumores de una posible venta o fusión con uno de los gigantes del mercado nacional, Koropeski descartó una venta. “Es una reestructuración operacional por baja ocupación como todo el sector de larga distancia”, explicó a Economis.

“La situación del sector no escapa a la general. Se venden menos pasajes. Nuestros clientes son los de la clase media endeudada con la tarjeta de crédito y con Mercado Pago. Y el que puede, vuela en Flybondi, ahora que está en problemas, podemos recuperar flujo, pero recién para fin de año”, detalló. 

“Es una reestructuración interna, hacemos más chicos para sostener la empresa. Flecha Bus decidió cerrar su boletería en Retiro y vender sólo de modo virtual.

La crisis ya muestra consecuencias concretas en el sector. Empresas que supieron liderar el mercado cambiaron de manos o fueron absorbidas por otros grupos, en un intento por mantenerse a flote frente a la caída de ingresos y el aumento de costos.

La combinación de ingresos reducidos y mayores costos llevó a un deterioro de la liquidez en varias empresas. Se registraron atrasos en el pago de salarios y la cancelación de aportes a las ART, lo que motivó la intervención gremial: la UTA convocó a un paro que afectó servicios en la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos. Estos hechos muestran la tensión entre la necesidad de achicar gastos y el cumplimiento de obligaciones laborales y previsionales.

Crucero, al igual que otras empresas, redujo frecuencias y servicios entre Misiones y Buenos Aires. Otra empresa misionera dejó de viajar a Córdoba. Es una “ventaja” de la flexibilización que habilitó el Gobierno nacional: las empresas pueden decidir frecuencias, cantidad de servicios y precios, que de cualquier modo, no se pueden aumentar ante la caída de la demanda. 

“Vamos a reducir frecuencias y readecuarnos. Venimos golpeados desde 2024, porque el cliente está sobreendeudado”, explica Koropeski. 

Los números acompañan la descripción: el servicio de cabotaje opera al 40 por ciento de su capacidad. Es decir, de cada diez asientos, apenas cuatro van ocupados. En paralelo, el combustible aumentó 40 por ciento y el costo de neumáticos se disparó. Otro golpe fue reciente: el Gobierno nacional decidió dejar de pagar los pasajes de discapacitados, que ahora deben quedarse a cargo de las empresas. “No era mucho y pagaban tarde, pero es otro costo que ahora deben absorber las empresas”, señaló el empresario misionero. “¿Por qué no hacen que vuelen? ¿Por qué únicamente en servicio de transporte de colectivos? Es un costo más que asumimos”, enumera. 

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