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El peso argentino está 19% sobrevaluado frente al dólar: qué revela el Índice Big Mac sobre el atraso cambiario

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Argentina vuelve a aparecer en una discusión conocida, aunque esta vez el termómetro no surge de las reservas, el comercio exterior ni de las cotizaciones financieras. Surge del precio de una hamburguesa.

La última actualización del Índice Big Mac, elaborado por The Economist y correspondiente a julio de 2026, estima que el peso argentino está sobrevaluado un 19% frente al dólar cuando la comparación se ajusta por las diferencias de ingreso entre países.

El resultado aporta otra señal a uno de los debates centrales de la economía argentina: cuánto se encareció el país en dólares y hasta qué punto el tipo de cambio acompaña el aumento que acumularon los precios internos.

La particularidad es que el indicador ofrece dos fotografías diferentes.

Si se observa únicamente el precio de mercado, Argentina todavía aparece como un país ligeramente más barato que Estados Unidos. Un Big Mac cuesta US$5,91 en Argentina frente a US$6,22 en Estados Unidos, una diferencia del 5%.

Pero esa comparación cambia cuando se incorpora una variable decisiva: el ingreso por habitante.

Según el cálculo de The Economist, por la diferencia de PIB per cápita entre ambos países, la hamburguesa debería costar en Argentina 20,2% menos que en Estados Unidos. Como la brecha real es de apenas 5%, el resultado es que el peso argentino aparece sobrevaluado en 19%.

Argentina se encareció en dólares

El dato no significa que el dólar necesariamente deba subir 19% ni constituye una proyección sobre el futuro del tipo de cambio. Pero sí ofrece una referencia interesante para medir cuánto se modificaron los precios relativos de la economía argentina.

El Índice Big Mac nació en 1986 como una manera sencilla de representar la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA). La idea es que, a largo plazo, los tipos de cambio deberían tender hacia niveles que permitan que una misma canasta de bienes tenga precios similares entre diferentes países.

En Argentina, la señal resulta particularmente significativa por el fuerte movimiento de los precios internos. El propio análisis que acompaña al índice advierte que el país pasa de una ligera subvaluación en la comparación directa a una sobrevaluación cuando se incorpora el nivel de ingresos, un fenómeno asociado al avance de los precios domésticos.

En términos simples: Argentina puede seguir siendo algo más barata que Estados Unidos en dólares, pero resulta cara para el nivel de ingresos que genera su economía.

Y esa diferencia es relevante.

Porque el problema de un país que se encarece en dólares no se limita al turista argentino que encuentra más conveniente viajar al exterior. También impacta sobre empresas que deben competir con productos importados, industrias exportadoras cuyos costos se pagan en pesos pero se traducen a dólares y economías regionales que venden su producción en mercados internacionales.

El contraste regional

Argentina no es, sin embargo, la economía con mayor sobrevaluación de América Latina según este indicador.

El caso extremo es Uruguay. Allí un Big Mac cuesta US$8,94, 43,7% más que en Estados Unidos. Cuando se ajusta la comparación por PIB per cápita, el peso uruguayo aparece 77,4% sobrevaluado frente al dólar.

Le sigue Colombia, donde el peso aparece sobrevaluado 63,6% ajustado por ingresos. Costa Rica registra 38,1% y México, 25,4%.

Argentina, con su 19%, aparece después de ese grupo.

En niveles inferiores se encuentran Honduras, con 7,7%; Chile, con 6,1%; Nicaragua, con 5,9%; y Perú, prácticamente en equilibrio, con una sobrevaluación de apenas 0,5%. En sentido contrario, Brasil conserva una mayor competitividad cambiaria: el real aparece subvaluado alrededor de 6%, mientras que el quetzal guatemalteco registra una subvaluación del 9%.

La comparación con Brasil resulta especialmente significativa para Argentina por tratarse de su principal socio comercial y de un competidor directo para numerosas actividades industriales.

Mientras el Índice Big Mac ubica al peso argentino 19% por encima de su valor de equilibrio ajustado por ingresos, el real brasileño aparece 6% por debajo.

No constituye por sí sola una medición de competitividad bilateral, pero la diferencia ilustra dos estructuras de precios que se mueven en direcciones distintas.

La otra cara del dólar barato

Una moneda apreciada tiene beneficios evidentes para determinados sectores de la economía. Abarata en términos relativos los bienes importados, los viajes internacionales, la maquinaria y determinados insumos provenientes del exterior.

Pero también tiene costos.

Una moneda sobrevaluada encarece al país para el turismo receptivo y resta competitividad a las exportaciones, mientras que una moneda subvaluada produce el efecto inverso: vuelve al país relativamente más barato para extranjeros y mejora las condiciones de quienes venden al exterior.

La discusión adquiere una dimensión particular para provincias exportadoras como Misiones.

Yerba mate, té, madera y productos forestales compiten en mercados internacionales y tienen una parte importante de sus costos determinada dentro de la economía argentina. Si esos costos aumentan en dólares más rápido que los precios internacionales de los productos, los márgenes se comprimen aunque las exportaciones continúen creciendo en volumen.

Por eso, detrás de la curiosidad estadística de una hamburguesa aparece una discusión mucho más profunda: qué dólar necesita una economía que busca estabilizar sus precios sin perder capacidad para producir, exportar y competir.

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Día del Niño: cuánto gastarán las familias y cómo cambió la elección de regalos

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El Día del Niño 2026 llegará con un consumidor más selectivo y una combinación cada vez más marcada entre tradición, utilidad y experiencias. Según un relevamiento realizado por Focus Market sobre 3.003 casos de distintos grupos etarios en todo el país, las familias proyectan un gasto promedio de $57.500 por regalo para la celebración del domingo 16 de agosto.

El dato no solo permite dimensionar el esfuerzo económico que representa la fecha para los hogares, sino que también muestra un cambio en los criterios de compra. Los juguetes mantienen el liderazgo, pero pierden exclusividad frente a categorías como libros didácticos, artículos deportivos e indumentaria. A la vez, cuando se consulta a los propios chicos sobre qué prefieren recibir, aparecen con fuerza los videojuegos, los parques de diversiones y los viajes cortos.

La tendencia de consumo en el mercado de regalos muestra un cambio interesante en las prioridades de compra”, señaló Damián Di Pace, director de Focus Market. El especialista destacó que el crecimiento de libros e indumentaria deportiva refleja un consumidor que procura combinar el valor simbólico del regalo con utilidad, educación y durabilidad.

Los juguetes concentran el 31% de las preferencias de compra y recuperan el primer lugar frente al año anterior, cuando la indumentaria ocupaba esa posición. En segundo lugar aparecen los libros didácticos, con 21%, seguidos por artículos deportivos, con 16%, e indumentaria, con 12%. Informática concentra 8%, rodados como bicicletas y triciclos 6% y calzado 3%.

La fotografía cambia cuando la pregunta se dirige a los chicos y se plantea la posibilidad de elegir entre un objeto material y una experiencia. En ese escenario, los videojuegos lideran con 24%, seguidos por los parques de diversiones, con 20%, los juguetes, con 18% y los viajes cortos, con 14%. La tecnología reúne 10%, mientras que cine, restaurantes y teatro representan 7%, 4% y 3%, respectivamente.

La diferencia entre lo que compran los adultos y lo que elegirían los niños revela una transformación relevante en la lógica del consumo infantil. El regalo comienza a incorporar con mayor peso el entretenimiento, el tiempo compartido y las experiencias. El videojuego conserva el atractivo tecnológico; el parque propone una experiencia colectiva; el juguete mantiene su lugar tradicional, especialmente entre los más pequeños, y el viaje corto introduce una dimensión vinculada con el recuerdo.

En paralelo, los canales de comercialización muestran que la compra física mantiene un peso significativo, aunque el comercio electrónico ya ocupa un lugar central. Los centros comerciales a cielo abierto concentran 31% de las compras previstas, mientras que el comercio electrónico representa 28%. Dentro de este último canal, los marketplaces reúnen 42%, seguidos por los sitios web de las marcas o comercios, con 27%, Instagram, con 20%, y otros canales, con 7%, mientras Facebook concentra 4%.

Los shoppings aparecen con 20% de las preferencias, los supermercados con 12% y los outlets con 9%. La combinación muestra un consumidor que alterna cercanía, promociones, variedad y conveniencia, en un mercado donde la búsqueda de precio adquiere mayor relevancia antes de definir la compra.

El comportamiento de los precios también introduce matices. Focus Market relevó nuevamente algunos de los juguetes relevados en 2025 y observó que, en términos generales, la evolución de los precios de los regalos se ubicó por debajo de la inflación, aunque con diferencias importantes según producto, marca, stock y nivel de demanda.

El relevamiento detectó, además, casos puntuales de aumentos muy superiores al promedio. Uno de ellos corresponde a un juguete de El Hombre Araña, cuyo precio registró una suba del 62% respecto de 2025. El informe vincula este comportamiento con factores como la promoción que tenía el producto el año anterior y el efecto de novedad asociado al lanzamiento de una nueva película del personaje.

Para Di Pace, esta dispersión es una señal de que el promedio de precios no alcanza para explicar por completo el comportamiento del mercado. Los productos vinculados con franquicias, personajes y marcas de alta demanda pueden experimentar incrementos superiores cuando aumenta la demanda o disminuye la disponibilidad, especialmente sobre la fecha de celebración.

En este contexto, el Día del Niño vuelve a funcionar como un termómetro del consumo de los hogares. El gasto promedio proyectado de $57.500 convive con una mayor diversificación de las alternativas y con consumidores que comparan precios, canales y utilidad antes de decidir. Para las familias, la planificación previa puede convertirse así en una herramienta concreta para evitar que la compra de último momento quede expuesta a la escasez de stock o a los productos con mayor presión de demanda.

El dato más relevante, sin embargo, excede al juguete tradicional: el mercado infantil comienza a distribuir el presupuesto entre bienes y experiencias. La celebración conserva su dimensión comercial, pero también evidencia una modificación en las prioridades de consumo, donde educación, actividad física, tecnología, entretenimiento y experiencias compartidas ganan espacio junto al regalo convencional.

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Retenciones al agro: las seis principales cadenas aportarían US$ 4.613 millones al fisco en 2026

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Las retenciones al agro volverían a mostrar en 2026 una paradoja fiscal: el Estado recaudaría prácticamente lo mismo que un año atrás pese a que las alícuotas de los derechos de exportación (DEX) son menores. La explicación está en una combinación de mayor volumen exportado, cambios en el momento en que las empresas registran sus operaciones y el efecto estadístico de las rebajas transitorias aplicadas durante 2025.

De acuerdo con una estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las seis principales cadenas agroindustriales —soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo— aportarían unos US$ 4.613 millones en derechos de exportación durante todo 2026. El monto resulta apenas 1% inferior a los US$ 4.665 millones recaudados en 2025 y marca una relativa estabilidad del aporte del complejo agroexportador a las cuentas públicas.

La recaudación por retenciones se mantiene estable respecto a 2025, con menores alícuotas y mayor volumen exportado. Sin embargo, el efecto intertemporal de bajas transitorias de DEX comprime la recaudación del 1er semestre, que se compensa en el 2do.

Para 2026, el aporte de las seis principales cadenas del agro (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo) en concepto de derechos de exportación se proyecta en US$ 4.613 millones, prácticamente sin cambios respecto de los US$ 4.665 millones de 2025 (-1% interanual. Este guarismo se encuentra por debajo de los máximos de 2021 y 2022 (US$ 8.373 y US$ 9.101 millones), cuando los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron sus máximos históricos al desatarse la guerra entre Rusia y Ucrania, pero un 50% por encima del mínimo de 2023, año de la histórica sequía.

Discriminando por complejos, el de la soja (que incluye poroto, harina, aceite y biodiesel) continúa siendo el principal aportante, con US$ 3.275 millones proyectados para el año 2026, dado que es el producto que afronta las mayores alícuotas. Le siguen el complejo maíz con US$ 754 millones, el de trigo con US$ 324 millones, el de girasol con US$ 158 millones, y los de cebada y sorgo con US$ 79 millones y US$ 22 millones, respectivamente.

Sin embargo, los esquemas temporales de modificación de alícuotas de derechos de exportación vigentes en el 2025 sí impactan en el flujo intertemporal de la recaudación proyectada para el 2026. Así, en el primer semestre del año los seis principales complejos del agro aportaron US$ 1.881 millones en concepto de Derechos de Exportación (DEX). El monto implica una caída del 51% frente a los US$ 3.804 millones del primer semestre de 2025 y se ubica como el segundo registro más bajo de los últimos seis años, solo por encima de 2023 (US$ 1.153 millones).

No obstante, esta comparación interanual está fuertemente condicionada por dos esquemas excepcionales que rigieron durante 2025 y que alteraron el patrón habitual de declaración y tributación. 

Por un lado, la reducción temporaria de alícuotas vigente entre febrero y junio de 2025 incentivó una fuerte anticipación en el registro de ventas al exterior (DJVE). Ese mayor volumen declarado más que compensó las menores alícuotas y precios, apuntalando la recaudación del primer semestre de 2025 y elevando así la base de comparación contra la que hoy se mide 2026.

Por otro, la eliminación temporaria de DEX de septiembre de 2025 permitió registrar ventas al exterior libres de retenciones hasta alcanzar un cupo de negocios. Esto comprimió la recaudación por retenciones del segundo semestre de 2025, que tocó los US$ 861 millones y, al mismo tiempo, consumió parte del volumen que, bajo un patrón normal, se habría declarado y tributado a comienzos de 2026.

Así, el bajo aporte del primer semestre se compensa con una marcada recuperación proyectada para el segundo, una vez normalizado el patrón de declaraciones de venta al exterior, asumiendo que un ritmo de anote de DJVE como proporción de la producción igual al promedio de últimos 5 años. En definitiva, se estima que el aporte del agro en concepto de retenciones entre julio y diciembre del 2026 ascienda a US$ 2.731 millones, más que triplicando la recaudación por igual concepto del segundo semestre de 2025, y dejando la recaudación total por DEX para el año 2026 en US$ 4.613 millones.

Vale mencionar que durante todo el 2026 ya rigió la baja permanente de alícuotas a los derechos de exportación dispuesta el 7 de diciembre de 2025. Si bien ello implica una menor tributación por unidad exportada respecto de la vigente durante buena parte del año anterior, el aumento en el volumen exportado por las cadenas del agro compensa dicha reducción y contribuye a estabilizar el resultado fiscal entre años. 

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El BCRA compró US$80 millones, el mayor monto de agosto, pero las reservas brutas cayeron US$50 millones

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El Banco Central (BCRA) cerró la semana con una señal que sintetiza las tensiones del actual esquema cambiario: aceleró fuertemente su intervención compradora en el mercado oficial, pero las reservas internacionales brutas terminaron la jornada con una baja de US$50 millones. La autoridad monetaria adquirió US$80 millones este viernes, el mayor monto diario de agosto, aunque el stock bruto descendió hasta US$49.496 millones.

La compra se produjo en una rueda con US$557 millones operados, por lo que la intervención oficial representó cerca del 14% del volumen negociado. La magnitud de la operación marcó un salto respecto de las jornadas anteriores y mostró una presencia más activa del Central en una plaza en la que durante agosto la capacidad de absorción de divisas venía siendo sensiblemente menor a la observada en los meses previos.

Con la operación del viernes, el saldo comprador de agosto alcanzó los US$329 millones, mientras que las compras acumuladas durante 2026 llegaron a US$13.656 millones. En la semana, el BCRA incorporó US$218 millones. Sin embargo, el promedio diario de compras de agosto se mantiene en torno de los US$33 millones, muy por debajo de los US$103 millones de julio, los US$68 millones de junio y los US$137 millones de mayo.

La lectura, por lo tanto, tiene dos velocidades. El Central continúa comprando dólares y acumula un volumen significativo desde el inicio del año, pero lo hace a un ritmo inferior al de los meses anteriores. El dato es particularmente relevante dentro del esquema de bandas cambiarias, donde la capacidad de acumular reservas constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la fortaleza del régimen.

Un superávit comercial que encuentra un límite en la demanda privada

El margen para comprar divisas proviene, en buena medida, del excedente generado por el sector externo. El último balance cambiario del BCRA, correspondiente a junio, mostró un superávit de cuenta corriente de US$857 millones, impulsado por exportaciones de bienes por un récord de US$9.438 millones.

Pero el flujo comercial no se transforma íntegramente en reservas. En el mismo período, las personas humanas adquirieron US$2.821 millones netos, una demanda que absorbe parte importante de las divisas disponibles y limita la velocidad con la que el Central puede incrementar sus tenencias.

En ese contexto, la política cambiaria parece buscar un equilibrio delicado: comprar divisas sin generar una presión adicional sobre el tipo de cambio que pueda interrumpir el proceso de desinflación. A la intervención directa en el mercado oficial se suman herramientas de cobertura mediante futuros y títulos ajustables por el tipo de cambio.

El oro amortiguó la caída de las reservas

La reducción de US$50 millones en las reservas brutas no respondió exclusivamente a movimientos de flujo. La valuación de los activos internacionales también tuvo incidencia y, en esta oportunidad, el comportamiento de algunos activos permitió amortiguar el impacto.

El oro avanzó 0,25%, movimiento que habría aportado cerca de US$50 millones al valor contable de las tenencias del Central. Al mismo tiempo, el dólar perdió valor frente a otras monedas a nivel global: el índice DXY retrocedió 0,31%, mientras el euro avanzó 0,34% y la libra esterlina ganó 0,36%.

La combinación permitió compensar parcialmente otros factores de valuación que venían presionando sobre el stock. Así, la compra de dólares del BCRA operó positivamente sobre el flujo, mientras que la valuación de las reservas tuvo un efecto menos adverso que en las jornadas precedentes.

La diferencia entre reservas brutas y netas vuelve a adquirir relevancia. Según estimaciones privadas citadas en el mercado, la recompra de Letras Intransferibles realizada a comienzos de la semana con dólares que el Tesoro había obtenido tras la cancelación de BOPREAL habría llevado las reservas netas a su mejor nivel desde septiembre de 2021.

Esto permite separar dos fenómenos que pueden moverse en direcciones diferentes: una caída diaria del stock bruto no necesariamente implica un deterioro equivalente de la posición financiera del Central. Para el mercado, la mejora de las reservas netas constituye una señal más significativa sobre la calidad del balance de la autoridad monetaria.

El dólar mayorista volvió a quedar debajo de $1.500

En el mercado cambiario, el dólar mayorista retrocedió 0,30% y cerró en $1.487,50 para la venta. La cotización volvió a ubicarse por debajo de los $1.500 en una jornada de menor volumen, en la que la oferta volvió a marcar el ritmo de la plaza.

El tipo de cambio oficial A3500 terminó en $1.512,59, mientras que el techo de la banda se ubicó en $1.879,97. La distancia entre ambos valores alcanzó el 24,29%, dejando un margen todavía considerable antes de alcanzar el límite superior del esquema.

Los dólares financieros, en cambio, tuvieron una evolución heterogénea. El MEP cayó 0,40% hasta $1.514,78, mientras que el contado con liquidación subió 0,32% hasta $1.585,42. El blue avanzó 0,65% y terminó en $1.545.

Con esos valores, la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial se amplió al 3,87%, mientras que el diferencial del contado con liquidación se ubicó en 4,66%. La dispersión sigue siendo acotada en términos históricos, aunque el comportamiento de las tasas mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor compensación para permanecer posicionado en pesos.

La suba de tasas encarece la cobertura contra el dólar

El movimiento más significativo de la jornada apareció en el mercado de dinero. La TAMAR saltó hasta 24,19%, desde 23,19%, mientras que la BADLAR avanzó hasta 22,56%, frente al 21% previo.

La suba de las tasas es consistente con una estrategia orientada a sostener el atractivo de las posiciones en pesos y desalentar una dolarización inmediata de las carteras. Ese mecanismo también tuvo impacto en los futuros de dólar, que terminaron con bajas generalizadas.

Agosto cayó 0,20%, septiembre retrocedió 0,26% y los contratos correspondientes a 2027 también finalizaron en terreno negativo, con una variación general de 0,20%. La tasa implícita para agosto quedó en 1,74% mensual, equivalente a 20,88% anualizado, una señal de expectativas relativamente contenidas sobre la depreciación del peso.

El movimiento revela una tensión central del programa cambiario: el BCRA busca acumular reservas, pero al mismo tiempo procura evitar que esa estrategia genere una presión alcista sobre el dólar que termine trasladándose a los precios. Para ello, la tasa de interés se convierte nuevamente en una herramienta de regulación de los incentivos entre pesos y dólares.

Crédito en dólares: más oferta hoy, un riesgo potencial mañana

En paralelo, la habilitación de financiamiento en dólares para empresas que no sean necesariamente exportadoras agrega una variable nueva al mercado. La medida permite que las entidades financieras destinen hasta 15% de sus depósitos en moneda extranjera a estos nuevos créditos, bajo un esquema de requisitos prudenciales específicos.

El mecanismo puede ampliar la oferta de dólares en el mercado oficial si los préstamos son liquidados allí y, de esa manera, generar un flujo adicional que favorezca la acumulación de reservas. Pero el efecto depende de que exista demanda genuina de crédito y de que el comportamiento cambiario permanezca estable.

El riesgo aparece si el escenario se invierte. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, una empresa puede encontrar conveniente endeudarse en moneda extranjera y utilizar los fondos para financiar capital de trabajo o inversiones. Ante un episodio de volatilidad, en cambio, la necesidad de comprar dólares para afrontar esos compromisos puede transformar ese flujo en una fuente adicional de demanda cambiaria.

Por eso, la ampliación del crédito en dólares puede funcionar como mecanismo de profundización financiera y, simultáneamente, exige una gestión prudente del riesgo de descalce de moneda. El desafío no está solamente en generar más crédito, sino en garantizar que el crecimiento de la intermediación no termine trasladando riesgo cambiario hacia empresas sin ingresos suficientes en dólares.

El desafío para el segundo semestre

El mercado llega así a una segunda mitad de agosto en la que convergen señales favorables y tensiones todavía abiertas. El BCRA acumula US$13.656 millones de compras en el año y las reservas netas habrían alcanzado su mejor posición desde 2021, pero el ritmo de adquisición mensual es menor al de julio y las tasas de interés volvieron a tensionarse.

El frente cambiario mantiene, por ahora, una dinámica relativamente controlada. El dólar mayorista permanece debajo de $1.500, la brecha continúa contenida y los futuros no reflejan un salto significativo en las expectativas de depreciación. Sin embargo, la suba del costo del dinero muestra que sostener esa estabilidad requiere una política monetaria más activa.

El escenario también está condicionado por las expectativas de inflación. El REM del BCRA proyecta una variación mensual de precios de 1,8% para agosto y un tipo de cambio oficial cercano a $1.652 hacia diciembre. La consistencia entre esas expectativas y la evolución efectiva del mercado será uno de los principales tests del esquema de bandas y acumulación de reservas.

La cuestión de fondo es si el Central puede sostener simultáneamente tres objetivos: comprar dólares, evitar una aceleración cambiaria y mantener el proceso de desinflación. La jornada del viernes mostró que todavía puede intervenir con fuerza cuando las condiciones de mercado lo permiten. La incógnita es cuánto margen tendrá para hacerlo de manera sostenida sin tensionar nuevamente las tasas ni trasladar presión al mercado cambiario.

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El empleo privado registrado cayó por tercer mes consecutivo

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El mercado laboral argentino volvió a mostrar en mayo una señal de debilidad que ya dejó de ser episódica: el empleo privado registrado encadenó su tercer mes consecutivo de caída y acumuló doce meses de contracción en el segmento asalariado. La fotografía que surge de los registros oficiales combina una moderación de la velocidad de destrucción de puestos con un problema más estructural: los empleos formales de mayor densidad productiva siguen perdiendo terreno, mientras crecen modalidades como el monotributo, que amortiguan estadísticamente el deterioro pero no sustituyen en cantidad ni calidad al empleo asalariado perdido.

De acuerdo con los datos desestacionalizados del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo privado registrado disminuyó en mayo en 9.059 puestos, equivalente a una baja mensual del 0,15%. La caída fue menor que la registrada en marzo y abril, cuando había alcanzado 0,2% y 0,3%, respectivamente. Sin embargo, la desaceleración no modificó la tendencia de fondo: el empleo asalariado privado mantiene doce meses consecutivos de retroceso.

En términos interanuales, el sector privado registrado perdió 135.438 puestos, un 2,16%. El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa qué actividades explican la mayor parte del ajuste. La industria manufacturera destruyó 52.341 empleos en un año, una reducción del 4,5%, mientras que el comercio perdió 39.154 puestos, equivalente a un 3,1%. Transporte, almacenamiento y comunicaciones recortó otros 13.915 empleos y la intermediación financiera, 6.924.

En conjunto, esas cuatro ramas concentran alrededor del 49% del empleo asalariado privado registrado y unos tres millones de trabajadores. Por eso, la evolución de estos sectores resulta determinante para evaluar si la economía consigue transformar una eventual recuperación de la actividad en generación neta de empleo formal. La señal actual es todavía insuficiente.

La composición de la variación mensual ofrece, al mismo tiempo, una lectura más compleja. Mientras el empleo privado asalariado cayó, el monotributo incorporó 2.676 trabajadores en mayo y acumuló 42.672 nuevos inscriptos en los últimos doce meses. El trabajo en casas particulares también creció, con 1.352 puestos adicionales en el mes y 6.319 en términos interanuales.

Ese desplazamiento es relevante porque permite distinguir entre una recuperación de la ocupación y una recuperación del empleo formal asalariado. El crecimiento del monotributo puede ampliar la cantidad de personas registradas, pero no compensa automáticamente la pérdida de puestos en empresas privadas. De hecho, el aumento de esta modalidad durante el último año absorbió menos de la mitad de los empleos privados asalariados destruidos.

La otra cara del mercado laboral aparece en el sector público. En mayo sumó apenas 736 puestos, un 0,02% mensual, y en doce meses acumuló una reducción de 16.701 empleos, equivalente a 0,49%. El ajuste estatal, por lo tanto, fue considerablemente menor al observado en el sector privado registrado.

La evolución desde el inicio de la actual gestión también exhibe una transformación en la estructura ocupacional. Desde entonces, el empleo privado registrado acumula una reducción de 241.176 puestos, mientras el empleo público retrocedió en 79.865. En sentido contrario, el monotributo incorporó 160.573 inscriptos, un crecimiento del 7,88%.

El problema no se limita a la cantidad de puestos. El salario real también comenzó a deteriorarse nuevamente. La remuneración real promedio del empleo registrado privado cayó 2,9% en mayo y volvió a retroceder 0,9% en junio. Como resultado, quedó por primera vez en 20 meses por debajo del nivel de noviembre de 2023, con una pérdida acumulada del 0,6% respecto de aquel punto de referencia.

La dinámica muestra que la desaceleración de la inflación no necesariamente se traduce de manera inmediata en una recuperación del poder adquisitivo. Durante los primeros cuatro meses de 2026, las remuneraciones nominales habían aumentado en promedio 2,1% mensual, pero entre abril y mayo ese ritmo se redujo a aproximadamente 1%. Si los salarios nominales desaceleran más rápido que los precios, el resultado termina siendo una nueva pérdida de salario real aun en un contexto de menor inflación.

La situación tampoco es uniforme entre los distintos convenios colectivos. Algunas actividades lograron recomponer poder adquisitivo, entre ellas encargados de edificio, camioneros, construcción y farmacia. En el extremo opuesto, textiles acumula una pérdida real del 12,6% interanual, metalúrgicos del 12,4%, comercio del 11% y calzado del 10,5%.

Esta dispersión confirma que la discusión salarial se volvió progresivamente más sectorial. La capacidad de cada actividad para trasladar mejoras nominales y sostener el poder de compra depende de su estructura productiva, productividad, condiciones de demanda y capacidad de negociación. También existe una fuerte dimensión territorial: en el convenio metalmecánico, la mediana salarial de la provincia mejor remunerada llega a ser 4,4 veces superior a la de la jurisdicción con menor salario. En construcción la brecha alcanza 3,7 veces y en alimentación, 3,5 veces.

Para Misiones y el NEA, este componente territorial resulta especialmente relevante. La recuperación del empleo no depende únicamente de que mejore el nivel general de actividad, sino de que esa mejora se traduzca en inversión, producción y demanda laboral en las economías regionales. La brecha salarial entre jurisdicciones y la concentración de la destrucción de puestos en sectores como industria y comercio muestran que una política de empleo efectiva necesita considerar las estructuras productivas locales y no solamente los agregados nacionales.

Los datos de junio tampoco anticipan todavía un cambio de ciclo. La Encuesta de Indicadores Laborales registró una nueva caída del empleo asalariado privado en empresas de diez o más trabajadores de los principales centros urbanos, del 0,1% mensual. En el interior del país la contracción fue del 0,2%, superior a la observada en el Gran Buenos Aires.

La clave para revertir esta dinámica, entonces, excede cualquier modificación normativa sobre el mercado laboral. El propio análisis citado de LCG plantea que la actividad económica, tanto por el lado de la demanda interna como de la externa, tiene mayor capacidad para traccionar la creación de empleo que los cambios regulatorios aislados. El desafío de política económica pasa por conseguir que la estabilidad macroeconómica y la recuperación sectorial se conviertan en inversión productiva y, finalmente, en puestos de trabajo formales.

Ese es el punto donde el dato laboral deja de ser una estadística y se convierte en una señal sobre el modelo de crecimiento. La economía puede estabilizar precios, recuperar determinados sectores y ampliar modalidades de trabajo independiente, pero la prueba decisiva será si consigue reconstruir empleo asalariado formal, particularmente en industria, comercio y servicios. Sin esa transmisión, la mejora macroeconómica corre el riesgo de convivir durante más tiempo con un mercado laboral que todavía no logra recuperar capacidad de absorción.

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