En una pasarela italiana, entre luces y cámaras internacionales, se coló un pedazo de los Esteros del Iberá. No fue casualidad ni un capricho estético: fue el resultado de años de trabajo de una pareja correntina que decidió transformar residuos en identidad. Ase se construyó una marca correntina que se lució mostrando la moda sustentable que se hace, y exporta, desde el interior argentino.
Kuarajhy Diseños Sustentables, el emprendimiento liderado por Viviana Acosta Pared y Ramón Risso Patrón, participó recientemente del Mad Mood Milano Fashion Week, uno de los eventos de moda más relevantes de Italia, presentando ante el público europeo sus alpargatas ecológicas confeccionadas con materiales reciclados y una estética inspirada en la flora y fauna correntinas.
Los modelos presentados, entre los que se incluyen alpargatas, remeras, chalecos, camisas, carteras y bombachas de campo, representan la flora y fauna regional visibles en su estampa “Iberá”, que reproduce la belleza natural de los esteros correntinos, mientras que en el caso de las alpargatas, sus suelas están fabricadas con retazos de material antideslizante que hoy encuentran una segunda vida productiva.
“Llegar a Milán con nuestros diseños fue mucho más que una vidriera comercial: fue la posibilidad de contar quiénes somos, de dónde venimos y por qué creemos que la moda puede construirse de otra manera”, destacaron Viviana y Ramón responsables del proyecto.
Viviana y Ramón
La invitación llegó de la mano de la conocida conductora y empresaria de moda Andy Garmendia. “Significó mucho más que la posibilidad de mostrar un producto, fue la oportunidad de narrar, a través del diseño, una forma de entender la moda desde la provincia” Agregaron.
El Mad Mood Milano Fashion Week, creado por la diseñadora y empresaria Marianna Miceli, tiene entre sus objetivos centrales visibilizar a diseñadores emergentes y dar espacio a proyectos comprometidos con la sostenibilidad ambiental. Que una marca correntina haya sido parte de esa selección no es un dato menor: es el reconocimiento a un modelo productivo que combina economía circular, identidad cultural y compromiso ambiental presente en la moda correntina.
De una capacitación en pandemia a los escenarios europeos
La historia del emprendimiento comenzó en 2020, en pleno contexto de pandemia, cuando Viviana y Ramón participaron de una capacitación en emprendimientos sustentables organizada por la UNNE, el programa GIRSU, la Fundación Manos Verdes y el Gobierno de la Provincia. Aquel proceso de formación no solo les dio herramientas técnicas, sino también un premio y una mención especial por el impacto ambiental positivo de la propuesta.
Un año y medio después de esa primera idea, el proyecto tomó forma concreta en el mercado con alpargatas de economía circular con suelas hechas con restos de material antideslizante, el mismo que se coloca en escaleras, un insumo que anteriormente terminaba incinerado y que hoy se reinserta en el circuito productivo. A esto se suma el uso de textiles recuperados, como jeans en desuso, para la confección de la capellada de las alpargatas.
La marca fue declarada de interés ecológico y cultural por el Concejo Deliberante de Corrientes en julio de 2022, y meses más tarde recibió un reconocimiento de la Cámara de Diputados provincial. También formó parte de la muestra federal Diseñoteca, que reúne proyectos de diseño sustentable de distintos puntos del país, y fue nominada a los Premios Iberá 2024 por su aporte cultural y ambiental.
Su presencia se hizo notar además en espacios como el Festival Nacional del Chamamé, la Feria Puro Diseño de La Rural en 2023, el Desfile Glam Paraná y el evento “Miramar se viste de moda” en 2024, sumando cada vez más visibilidad a una propuesta nacida puertas adentro de un hogar correntino.
Más allá del brillo de Milán, lo que deja la experiencia de emprendimientos como Kuarajhy Diseños Sustentables, que siguen creciendo en la provincia, es que la moda sustentable no es un privilegio de las grandes capitales del diseño, sino que puede germinar en cualquier rincón del país cuando hay convicción, trabajo y una mirada puesta en el cuidado del ambiente. Que una marca familiar, nacida de una capacitación comunitaria en plena pandemia, haya terminado desfilando en uno de los escenarios de moda más importantes de Europa, habla de un camino posible para otros emprendedores del interior argentino.
En 2025, Argentina envió al exterior cerca 154.808 t de sebo bovino, un volumen inimaginable 10 años atrás. En este sentido, se propone un recorrido que aborde los últimos acontecimientos que llevaron a la reconfiguración de este mercado.
En 2015, la Argentina había colocado 6.819 toneladas de sebo bovino en el mercado externo. En 2025 exportó 154.808 toneladas equivalentes a 125,2 millones de dólares: el volumen se multiplicó por más de 20 en 10 años, convirtiendo a un subproducto de bajo perfil en una de las categorías con mayor crecimiento del complejo en apenas unos años, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Las causas del salto, sin embargo, son más externas que internas. La producción local de sebo depende de la faena bovina, ya que se trata de un subproducto obtenido durante el faenado y el desposte del ganado en los frigoríficos. Y durante un período de casi quince años el volumen faenado creció un 25%, mientras los envíos externos de sebo lo hicieron un 4.480%. Lo que cambió fue la demanda internacional, empujada sobre todo por la política energética de Estados Unidos, que reordenó por completo el mapa de un mercado hasta entonces marginal en el comercio agroindustrial.
Sebo bovino: de un subproducto más de la faena a multiplicar sus exportaciones
El sebo bovino es la grasa que se obtiene del procesamiento de los subproductos de la faena. En el frigorífico el producto principal es la carne, pero del mismo proceso salen también cueros, menudencias, huesos y tejido grasoso. Este último se destina a plantas de rendering, donde se cocina a altas temperaturas para separar el componente líquido del sólido. De ahí se obtienen dos productos principales: sebo y harina de carne y hueso.
Durante siglos ese sebo tuvo un destino previsible: jabones, cosméticos, velas y alimentación animal. Mercados de valor moderado, estables y poco disputados. Eso empezó a cambiar en la última década.
El motor de la demanda: el diésel renovable estadounidense
Desde 2020, Estados Unidos desarrolló una industria de diésel renovable de escala considerable. Según datos de la Energy Information Administration (EIA), la producción pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025, con la mayor parte de la expansión concentrada en 2022 y 2023.
A diferencia del biodiésel tradicional, el diésel renovable se elabora mediante hidrotratamiento y resulta químicamente equivalente al diésel de origen fósil, lo que permite utilizarlo sin límites de mezcla. Esa característica amplió el mercado potencial y motivó la conversión de refinerías de petróleo existentes, que sumaron capacidad de procesamiento y pasaron a requerir aceites y grasas en volúmenes significativos.
El sebo, que hasta entonces competía en mercados de valor moderado, pasó a integrar la canasta de insumos de una industria energética en crecimiento. El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles trepó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 a fines de 2025: un crecimiento superior al 720% en menos de cinco años.
¿Por qué grasa bovina?
La preferencia por el sebo responde a factores de dos órdenes distintos.
En el plano técnico, se trata de una grasa con un alto grado de saturación, con un perfil de ácidos grasos comparable al del aceite de palma. Esa característica la hace apta para los procesos de hidrotratamiento con los que se elaboran el diésel renovable y el combustible de aviación sostenible.
El segundo factor, y probablemente de los más determinante, es de orden regulatorio: el sebo califica con una intensidad de carbono menor que la de los aceites vegetales. La intensidad de carbono (CI, por su sigla en inglés) mide las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todo el ciclo de vida del combustible, por unidad de energía, e incluye desde el origen del insumo hasta la combustión final. A esto hay que sumarle que la EPA (Agencia de Protección Ambiental), fijó para 2026 y 2027 los volúmenes obligatorios de mezcla de biocombustibles más altos para la historia del país.
En cuanto a la forma de medición de la intensidad de carbono, formalizado en el modelo GREET del Argonne National Laboratory (base metodológica de los programas estadounidenses), parte de que el animal se cría para producir carne, de modo que la huella de la actividad ganadera se asigna a ese producto principal. El cálculo correspondiente al sebo comienza en el proceso de rendering, sin incorporar las etapas previas. El mismo criterio se aplica al aceite vegetal usado, una materia prima aún más limpia por tratarse enteramente de un residuo. El aceite de soja, en cambio, es el producto primario del cultivo y por lo tanto incorpora en su cálculo las labores agrícolas, los fertilizantes, el transporte del grano y la molienda.
Son dos esquemas los que resumen, para Estados Unidos, los beneficios de incorporar materias primas con un CI bajo:
El crédito 45Z del Departamento del Tesoro es un crédito impositivo de hasta un dólar por galón cuyo monto varía en función inversa de la intensidad de carbono del combustible. Reemplazó a un esquema anterior que pagaba un monto fijo por galón, sin considerar la intensidad de carbono ni el origen de la materia prima, y que venció a fines de 2024.
El Low Carbon Fuel Standard de California, por su parte, obliga a reducir la intensidad de carbono promedio del combustible comercializado en ese estado y genera créditos proporcionales. Sus enmiendas de noviembre de 2024 incorporaron un tope a los créditos provenientes de biodiésel elaborado con aceites de soja y canola vírgenes.
Un mercado mundial reordenado
El desarrollo de esta industria dejó su marca en la estadística de comercio internacional. El volumen mundial importado de sebo bovino se mantuvo relativamente estable durante los últimos años, en torno a los 2 millones de toneladas anuales, aunque con algunas oscilaciones. Lo que se modificó fue la composición de esa demanda.
Estados Unidos, que a comienzos de la serie explicaba una porción marginal de las importaciones mundiales, pasó a concentrar más de la mitad en 2025. En paralelo, el conjunto de los demás destinos redujo sus compras de manera sostenida. La lectura que sugieren estos datos es que buena parte del sebo que antes se destinaba a jabonería, oleoquímica y alimentación animal se fue reasignando hacia el nuevo uso energético. Al dejar de ser un residuo de bajo costo, terminó reemplazado parcialmente en esos usos tradicionales por otras materias primas, como derivados sintéticos o de origen vegetal para la producción de jabones.
Del lado de la oferta, el movimiento fue igualmente marcado. Estados Unidos, que en 2015 era el segundo exportador mundial, descendió al sexto lugar en 2025: el país pasó a retener su propia producción para abastecer a su industria de combustibles. Ese espacio fue ocupado por proveedores del hemisferio sur.
El caso más notable es el de Brasil. Hace diez años se ubicaba en el puesto 31, con exportaciones menores a las 1.000 toneladas anuales; hoy es el segundo exportador mundial de grasas bovinas, con envíos por 402.000 toneladas, un volumen prácticamente similar al de Australia, que encabeza el ranking.
El caso de Argentina es similar al de su vecino. En 2015 se ubicaba en el puesto 15 del ranking mundial, con una participación del 0,4% en el comercio internacional de la posición. En 2025 alcanzó el cuarto lugar, con el 7,8% del total, detrás de Australia, Brasil y Canadá.
El caso argentino
El crecimiento del volumen exportado argentino tuvo como contrapartida una reorientación completa de los mercados de destino. En el promedio del período 2018-2022, los principales compradores eran Países Bajos y Brasil, mientras que Estados Unidos representaba una porción menor de los envíos. En el promedio 2023-2026, con el último año todavía en curso, Estados Unidos concentró cerca del 60% del total y Uruguay una cuarta parte, en tanto que la participación brasileña se redujo de manera marcada.
Hay además un rasgo del caso argentino que merece atención: a diferencia de lo que ocurre en otros países productores, la industria local de biocombustibles no utiliza grasas animales como insumo. El biodiésel argentino se elabora a partir de aceite de soja, según consigna la Secretaría de Agricultura. La totalidad del sebo disponible queda entonces orientada al mercado externo o a los usos industriales tradicionales.
Sin embargo, conviene hacer una aclaración. A partir de 2026, el crédito 45Z excluye de elegibilidad al sebo bovino importado. En ese sentido, los envíos hacia Estados Unidos en los primeros 7 meses del año registraron una caída moderada (-4% interanual para el mismo período en 2025) y dos factores contribuyen a explicarlo. Por un lado, la demanda estadounidense excede su capacidad de abastecimiento interno: los operadores del mercado señalan que, con obligaciones de mezcla en aumento, los volúmenes importados continuarían siendo un componente relevante de la oferta. Por otro, el sebo mantiene sus destinos industriales tradicionales (oleoquímica, jabonería, alimentación animal).
En ese sentido, la fuerte absorción interna que Estados Unidos viene realizando de su propia producción es lo que abrió el espacio que proveedores como Brasil y Argentina ocuparon en el mercado internacional, tanto para uso energético como para los segmentos tradicionales de demanda.
Profundidad será sede el 12 y 13 de septiembre de la sexta expo de la Cuenca Ovino Caprina, un encuentro que busca convertir la producción rural en un espacio de intercambio, capacitación y generación de valor. Durante dos jornadas, productores, familias rurales, emprendedores, instituciones y visitantes confluirán alrededor de una agenda que combinará producción ovina y caprina, turismo rural, gastronomía, cultura y propuestas para toda la familia.
La actividad fue presentada oficialmente por el Ministerio del Agro y la Producción junto con las instituciones que integran la Mesa de Gestión de la Cuenca Ovino Caprina de la Zona Sur. La Expo se consolidó como una instancia para mostrar el trabajo que realizan las comunidades rurales, pero también como una herramienta para fortalecer los vínculos dentro de una cadena que busca ampliar sus capacidades productivas y comerciales.
El eje está puesto en el agregado de valor. Las charlas técnicas y las actividades previstas abordarán desde el desarrollo de productos hasta el aprovechamiento de la lana, la economía circular y la incorporación de nuevos recursos forrajeros. La propuesta apunta a que la producción primaria pueda conectarse con nuevos usos, conocimientos y oportunidades económicas.
Una agenda que vincula producción y territorio
El sábado 12, la apertura oficial será a las 9 y dará paso a un ciclo de capacitaciones sobre distintos aspectos de la actividad ovina y caprina. Entre los temas previstos aparecen el desarrollo de productos y agregado de valor, el trabajo con perros, la prevención y mitigación de ataques de predadores, la calidad del agua, el fortalecimiento de la cadena productiva y los nuevos recursos forrajeros.
La jornada también incorporará una dimensión cultural con la elección de la Embajadora de la Cuenca Ovino Caprina 2026. La intención es que la Expo funcione como un punto de encuentro entre los saberes productivos de las familias rurales y una comunidad más amplia.
El domingo 13, el predio abrirá nuevamente a las 9. La programación continuará con contenidos vinculados al turismo rural, el aprovechamiento de la lana, la economía circular, la calidad del agua y los recursos forrajeros.
El cierre buscará llevar esa producción al plato. El “Desafío de Fuego y Sabores” tendrá como protagonistas al cordero y el chivito, con un concurso gastronómico que contará con la participación de chefs de la provincia. La entrega de premios marcará el cierre de la sexta edición.
Una actividad que busca ampliar su peso económico
El encuentro se desarrolla sobre una base productiva que ya tiene una dimensión relevante en Misiones. La actividad ovina reúne a más de 800 productores y productoras distribuidos en 829 unidades productivas, con un stock cercano a las 18.000 cabezas.
En el sector caprino participan alrededor de 450 productores con stock y se contabilizan más de 4.700 cabezas. Son dos actividades que, por su escala y distribución territorial, tienen una particularidad: están estrechamente vinculadas con las economías de las familias rurales.
En la zona sur, la Cuenca Ovino Caprina comprende 10 municipios y una superficie superior a las 116.000 hectáreas. Allí unas 333 familias rurales están directamente vinculadas con la actividad y funcionan cerca de 200 emprendimientos organizados.
Ese entramado explica por qué el desafío no pasa solamente por incrementar el número de animales. La construcción de una cadena productiva más sólida requiere mejorar conocimientos, aprovechar subproductos, desarrollar alimentos y derivados, fortalecer la comercialización y generar vínculos entre producción, gastronomía y turismo.
La estrategia provincial: fortalecer la cadena desde el territorio
El ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori, planteó que la Expo constituye una oportunidad para fortalecer los vínculos entre los actores de la cadena y generar herramientas para el desarrollo del sector.
“Esta Expo representa una oportunidad para poner en valor el trabajo de los productores ovinos y caprinos, fortalecer los vínculos entre los distintos actores de la cadena y generar nuevas herramientas para el desarrollo del sector”, sostuvo.
La definición apunta a una cuestión central para las economías regionales: la capacidad de transformar una actividad productiva en una cadena con mayor generación de valor. La capacitación, el intercambio entre productores y la conexión con otras actividades pueden contribuir a ampliar las posibilidades económicas de las familias involucradas.
La intendenta de Profundidad, Silvia Estigarribia, destacó a su vez que la localidad vuelva a ser sede y puso el foco en la convocatoria abierta a las familias, con producción, gastronomía, música y actividades culturales.
Del campo a la comunidad
La Expo plantea una lógica que excede la exhibición de animales o productos. El objetivo es acercar al público a una actividad que forma parte de la estructura productiva de numerosas familias rurales y mostrar las posibilidades que existen alrededor de ella.
El turismo rural, la gastronomía y la economía circular incorporan nuevas dimensiones a una producción tradicional. La lana puede transformarse en un recurso con nuevos usos; la gastronomía puede funcionar como vidriera para la producción primaria; y las experiencias rurales pueden convertirse en una vía adicional para generar ingresos y visibilidad territorial.
En ese sentido, la Expo funciona como una herramienta de articulación. Productores, instituciones, emprendedores y consumidores pueden encontrarse en un mismo espacio y poner en circulación conocimientos, productos y proyectos.
Profundidad recibirá así una nueva edición de un encuentro que busca consolidar a la Cuenca Ovino Caprina como una expresión de la economía rural del sur misionero. Con más de 1.200 productores ovinos y caprinos involucrados en la provincia y cientos de familias vinculadas directamente a la actividad en la zona sur, el desafío es que la producción pueda seguir avanzando hacia más conocimiento, agregado de valor y nuevas oportunidades para quienes sostienen la actividad desde el territorio.
El interés por los hongos dejó de ser un tema circunscripto al ámbito académico y comienza a ganar espacio como una alternativa vinculada con la producción, la educación ambiental y el agregado de valor. Desde Misiones, una iniciativa de formación busca aprovechar ese potencial y conectar conocimientos, experiencias y oportunidades con productores, investigadores y emprendedores de distintos puntos de Latinoamérica.
Se trata de BioTalleres, un espacio de capacitación e intercambio que reúne a profesionales, productores, investigadores y aficionados alrededor de la micología, el cultivo y el aprovechamiento sustentable de los recursos fúngicos. La propuesta comenzó el 20 de marzo con un taller dedicado al reconocimiento de hongos, donde participantes de diferentes países abordaron aspectos básicos de identificación, ecología y diversidad de especies.
La respuesta obtenida impulsó una segunda etapa. El 21 de agosto comenzó un nuevo ciclo de capacitación orientado específicamente al cultivo de hongos, que continúa actualmente con la participación de especialistas y productores de distintos países latinoamericanos. El intercambio incorpora experiencias sobre producción, comercialización, investigación y agregado de valor.
En ese entramado aparece Misiones como uno de los territorios con mayor potencial. El técnico agropecuario Santiago Andrés Martínez, oriundo de la provincia, participa como disertante a partir de experiencias desarrolladas en Argentina, Paraguay y Brasil. Su trabajo pone en discusión las posibilidades que ofrece la Mata Atlántica misionera, una región caracterizada por su elevada biodiversidad.
La mirada productiva no se limita a identificar especies. Martínez aborda también las posibilidades de desarrollar sistemas de cultivo a partir del aprovechamiento de residuos forestales y agrícolas. El objetivo es explorar alternativas que puedan generar valor a partir de recursos disponibles y, al mismo tiempo, resulten compatibles con la conservación de los ecosistemas.
Ese enfoque adquiere particular relevancia para Misiones, donde la actividad forestal y agrícola genera una disponibilidad significativa de biomasa residual. La posibilidad de convertir parte de esos residuos en insumos para nuevos procesos productivos abre una línea de trabajo que vincula economía circular, innovación y diversificación productiva.
La propuesta también incorpora la experiencia del técnico agroecológico Agustín Ortiz, impulsor del proyecto Yerba Fungi. Su aporte se concentra en el aprovechamiento sustentable de hongos silvestres, la elaboración de extractos y otros productos derivados, además de estrategias de recolección responsable destinadas a preservar los ecosistemas y garantizar la continuidad de las poblaciones naturales.
La discusión resulta especialmente relevante porque el crecimiento de una actividad asociada a los recursos naturales puede generar oportunidades, pero también exige reglas de aprovechamiento. La capacitación en identificación, recolección y manejo sustentable permite reducir riesgos y avanzar hacia modelos donde la generación de ingresos no dependa de la degradación del recurso que los sostiene.
BioTalleres busca además superar la lógica de los cursos aislados. Uno de sus objetivos es construir una red de productores y especialistas capaz de conectar experiencias a escala nacional e internacional. La circulación de información sobre costos operativos, técnicas de producción, mercados y agregado de valor puede ayudar a transformar conocimientos dispersos en herramientas concretas para quienes buscan desarrollar emprendimientos vinculados con los hongos.
La construcción de esa red también permite abordar uno de los principales desafíos de las actividades emergentes: pasar del interés inicial a modelos productivos viables. Conocer qué especies pueden cultivarse, qué insumos requieren, cuáles son los costos, qué mercados existen y cómo agregar valor resulta tan importante como dominar las técnicas de producción.
En ese sentido, el potencial de la micología no se reduce al cultivo. El aprovechamiento de especies silvestres, la elaboración de derivados, la investigación aplicada y el uso de residuos como sustratos conforman un abanico de posibilidades que puede integrarse a estrategias más amplias de diversificación económica y desarrollo sostenible.
La experiencia que se proyecta desde Misiones adquiere así una dimensión regional. El intercambio con Paraguay, Brasil y otros países latinoamericanos permite comparar condiciones productivas, identificar problemas comunes y encontrar soluciones que puedan adaptarse a distintos territorios. La biodiversidad funciona como punto de partida, pero el conocimiento compartido aparece como una herramienta para convertirla en oportunidades sin comprometer su conservación.
La participación creciente en los talleres muestra, además, que existe una demanda por conocimientos que conecten ciencia, producción y territorio. Esa demanda puede convertirse en una oportunidad para profesionalizar una actividad todavía emergente, generar emprendimientos y ampliar el campo de acción de productores y técnicos.
El desafío será consolidar ese interés con información confiable, formación técnica y modelos productivos sostenibles. En esa transición, Misiones cuenta con un activo diferencial: su biodiversidad y la posibilidad de vincularla con conocimiento, innovación y aprovechamiento responsable.
BioTalleres propone justamente ese puente. Más que acercar a nuevos públicos al mundo de los hongos, busca construir una comunidad capaz de entender su función ecológica y explorar, con criterios de sustentabilidad, el potencial económico que existe detrás de un recurso todavía poco desarrollado.
¿Puede una mermelada convertirse en una herramienta de conservación ambiental? En Misiones, un grupo de mujeres rurales encontró una respuesta concreta: aprovechar los frutos nativos de la selva sin talar los árboles y transformar esa biodiversidad en alimentos con identidad, ingresos para las familias y una oportunidad para poner en valor el monte en pie.
Elaboran mermeladas a partir de frutos nativos como pitanga, jaboticaba, guaviroba, caraguatá, ubajay, cerella, yacaratiá y mbocayá, además de productos provenientes de las chacras de la zona. Son sabores poco habituales que permiten llevar a la mesa parte de la diversidad de la selva misionera.
Pero el diferencial de Mujeres Soñadoras va más allá del producto. El aprovechamiento de estos frutos permite generar ingresos sin necesidad de talar los árboles. Recolectan una parte de la producción de cada ejemplar y dejan el resto para la fauna, promoviendo una forma de producción que busca mantener el monte en pie y poner en valor sus recursos.
La iniciativa nació en 1996 a partir del trabajo de mujeres rurales que recuperaron recetas transmitidas por sus abuelas y encontraron en la elaboración de alimentos una alternativa para generar ingresos y fortalecer a sus familias. Con el tiempo, el proyecto se consolidó alrededor del aprovechamiento sustentable de los frutos nativos y la conservación de la selva misionera.
“Hay algo muy valioso en esta propuesta: pudieron encontrar una forma de generar trabajo a partir de los frutos de la selva, sin dejar de lado el cuidado del monte. Y eso también es desarrollo, encontrar maneras de aprovechar lo que tenemos sin perder de vista que tenemos que conservarlo”, destacó Graciela de Moura, Presidente de ADEMI.
“Además, tienen productos con sabores muy particulares, de esos que cuentan algo de Misiones. Desde Origen queremos acompañar ese trabajo y ayudar a que puedan llegar a más personas”, agregó.
Con esta incorporación, Origen Misiones continúa ampliando la presencia de productos misioneros en sus distintos espacios de comercialización. Los productos de Mujeres Soñadoras ya pueden encontrarse en los puntos de venta de los Aeropuertos de Posadas e Iguazú y el Parque Temático de la Cruz de Santa Ana.