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Divergencia creciente: Se ahondan las brechas en la recuperación mundial

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Por Gita Gopinath – La recuperación económica mundial continúa, pero se ahonda la brecha entre las economías avanzadas y las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Nuestro último pronóstico de crecimiento mundial de 6% en 2021 no ha variado con respecto al de las perspectivas anteriores, pero la composición ha cambiado.

Las perspectivas de crecimiento para las economías avanzadas este año han mejorado en 0, 5 puntos porcentuales, pero esta mejora se ve neutralizada exactamente por una revisión a la baja de las proyecciones para las economías de mercados emergentes y en desarrollo debido a que se ha rebajado significativamente el pronóstico para las economías emergentes de Asia. Proyectamos que la economía mundial crezca 4,9% en 2022, una revisión al alza con respecto al pronóstico anterior de 4,4%. Pero, de nuevo, lo que subyace es una sustancial revisión al alza para las economías avanzadas y otra más modesta para las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

Estimamos que la pandemia ha reducido el ingreso per cápita en un 2,8% por año en las economías avanzadas, con respecto a las tendencias previas a la pandemia en el período 2020–22, en comparación con la pérdida per cápita anual del 6,3% en las economías de mercados emergentes y en desarrollo (excluida China).

Estas revisiones reflejan en gran medida la evolución de la pandemia ahora que la variante delta es dominante. Cerca del 40% de la población en las economías avanzadas ha recibido la vacunación completa, en comparación con el 11% en las economías de mercados emergentes y una fracción mínima en los países de bajo ingreso. El avance de la vacunación a un ritmo más rápido de lo previsto y la vuelta a la normalidad han dado lugar a revisiones al alza, mientras que la falta de acceso a las vacunas y las nuevas olas de COVID-19 en algunos países, especialmente en India, han provocado correcciones a la baja.

Las divergencias en las políticas de apoyo son una segunda fuente que aumenta las brechas. Observamos que las economías avanzadas continúan brindando un sustancial apoyo fiscal y se han anunciado medidas relacionadas con la pandemia por USD 4,6 billones, disponibles en 2021 y los años posteriores. La revisión al alza del crecimiento mundial para 2022 refleja en gran medida el apoyo fiscal adicional en Estados Unidos y los fondos previstos en el marco del plan de la Unión Europea, conocido como Next Generation European Union. 

Por otra parte, en las economías de mercados emergentes y en desarrollo, la mayoría de las medidas expiraron en 2020 y esperan recomponer sus márgenes de maniobra fiscal. Algunos mercados emergentes, como Brasil, Hungría, México, Rusia y Turquía, también han comenzado a elevar las tasas de política monetaria para evitar presiones alcistas sobre los precios. Los países exportadores de materias primas se han beneficiado de un aumento de los precios de las materias primas más significativo de lo previsto.

Preocupación por la inflación

Los shocks que sigue provocando la convulsión del año pasado plantean desafíos singulares. La demanda reprimida y los cuellos de botella en las cadenas de suministro están empujando los precios al alza. Sin embargo, se prevé que en 2022 en la mayoría de las economías avanzadas la inflación se reduzca hasta sus márgenes previos a la pandemia por las razones siguientes:

En primer lugar, una fracción importante de las mediciones inusualmente elevadas de la inflación es transitoria, atribuible a sectores afectados por la pandemia como los viajes y la hotelería, y resultante de la comparación con las mediciones inusualmente bajas del año pasado, por ejemplo, de los precios de las materias primas. 

En segundo lugar, las tasas de empleo globales se mantienen muy por debajo de los niveles previos a la pandemia en la mayoría de los países y si bien los salarios han aumentado a un ritmo rápido en algunos sectores, el crecimiento de los salarios globales permanece dentro de los rangos normales. A medida que mejoran los indicadores de salud y expiran las medidas excepcionales de apoyo a los ingresos, se espera que las dificultades de contratación en algunos sectores disminuyan.

En tercer lugar, las expectativas de inflación a largo plazo (según las encuestas y los indicadores basados en el mercado) siguen bien ancladas, y algunos factores como la automatización que han reducido la sensibilidad de los precios a los cambios en la capacidad ociosa del mercado laboral probablemente se hayan intensificado durante la pandemia.

Sin embargo, esta evaluación está sujeta a una gran incertidumbre debido a la naturaleza desconocida de las recuperaciones. Las perturbaciones de oferta más persistentes y el fuerte aumento de los precios de la vivienda son algunos de los factores que podrían contribuir a una inflación persistentemente elevada. Además, se prevé que la inflación se mantenga elevada en 2022 en algunas economías emergentes y en desarrollo, debido en parte a las continuas presiones sobre los precios de los alimentos y las depreciaciones cambiarias, lo que generará otra brecha más.

Si bien el acceso más generalizado a las vacunas podría mejorar las perspectivas, los riesgos en general se inclinan a la baja. La aparición de variantes muy infecciosas del virus podría descarrilar la recuperación y reducir el PIB mundial en USD 4,5 billones en términos acumulados de aquí a 2025. Las condiciones financieras también podrían endurecerse abruptamente en un contexto de tensiones en las valoraciones de los activos si se produce una revaluación repentina de las perspectivas de la política monetaria, especialmente en Estados Unidos. También es posible que el gasto en paquetes de estímulo en Estados Unidos sea más débil de lo esperado. Un empeoramiento de la pandemia y el endurecimiento de las condiciones financieras infligiría un doble golpe a las economías de mercados emergentes y en desarrollo y afectaría gravemente su recuperación.

Políticas para frenar las divergencias y mejorar las perspectivas

Se necesita una acción multilateral para garantizar un acceso rápido a las vacunas, elementos de diagnóstico y terapias en todo el mundo. Eso salvaría innumerables vidas, impediría la aparición de nuevas variantes y añadiría billones de dólares a la recuperación económica mundial. La propuesta reciente del personal técnico del FMI para poner fin a la pandemia, avalada por la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, fija como objetivo la vacunación de 40% de la población de cada país como mínimo para fines de 2021 y de 60% como mínimo para mediados de 2022, al mismo tiempo que busca asegurar un volumen adecuado de elementos de terapia y diagnóstico a un costo de USD 50.000 millones.

Para lograr estas metas, se necesita que los países con superávits de vacunas compartan por lo menos 1.000 millones de dosis de la vacuna en 2021, y que los fabricantes de vacunas prioricen la entrega a los países de ingreso bajo y mediano-bajo. Es importante eliminar las restricciones comerciales a los insumos de las vacunas y a las vacunas ya producidas e invertir en la expansión de la capacidad regional de vacunación para garantizar una producción suficiente. También es esencial facilitar el financiamiento inicial necesario en forma de donaciones por un monto de alrededor de USD 25.000 millones para elementos de diagnóstico, terapias y preparación de cara a la vacunación en los países en desarrollo de bajo ingreso.

Una prioridad relacionada es garantizar que las economías con limitaciones financieras mantengan el acceso a la liquidez internacional. Los bancos centrales deberían comunicar claramente las perspectivas de la política monetaria y evitar que los temores a la inflación provoquen un endurecimiento rápido de las condiciones financieras. La asignación general de derechos especiales de giro (DEG) equivalente a USD 650.000 millones (de la cual USD 250.000 millones beneficiarían a las economías de mercados emergentes y en desarrollo), propuesta por el FMI, debería completarse rápidamente a fin de proporcionar reservas de liquidez a los países y ayudarlos a atender necesidades de gasto esenciales. El impacto podría amplificarse si las naciones ricas canalizan voluntariamente sus DEG hacia las economías emergentes y en desarrollo. Por último, deberán redoblarse los esfuerzos para asegurar que el Marco Común acordado por el G-20 facilite la reestructuración de la deuda para los países cuyo nivel de deuda ya es insostenible.

El otro gran reto común es la reducción de las emisiones de carbono y del ritmo de aumento de las temperaturas mundiales para evitar consecuencias sanitarias y económicas catastróficas. Se necesitará una estrategia en múltiples frentes que gire en torno a la tarificación del carbono. El ingreso fiscal generado por los mecanismos de tarificación podría servir para financiar transferencias compensatorias a favor de las personas cuyos medios de vida se vean perjudicados por la transición energética. Paralelamente, es necesario dar ímpetu a la infraestructura verde y otorgar subsidios para la investigación en tecnologías verdes a fin de acelerar la transición hacia una menor dependencia del carbono. Hasta ahora, solo 18% del gasto para la recuperación se ha destinado a actividades con bajas emisiones.

Se necesitan políticas a nivel nacional para afianzar los esfuerzos multilaterales destinados a asegurar la recuperación

Las medidas de política a nivel nacional deben seguir adaptándose a cada etapa de la pandemia:

  • Primero, superar la crisis aguda priorizando el gasto sanitario, incluida la vacunación, y el respaldo focalizado en los hogares y las empresas afectados.
  • Luego, garantizar la recuperación haciendo más énfasis en un respaldo fiscal y monetario más amplio según el margen de maniobra disponible, entre otras cosas mediante medidas correctivas para recuperar las pérdidas educativas y apoyar la reasignación de la mano de obra y el capital hacia sectores en expansión mediante subsidios a la contratación focalizados y mecanismos eficaces de resolución de quiebras.
  • Y, por último, invertir en el futuro mediante la promoción de objetivos a largo plazo, estimular la capacidad productiva, acelerar la transición hacia una menor dependencia del carbono, aprovechar los beneficios de la digitalización y lograr que los avances estén distribuidos equitativamente.

Las medidas fiscales deberían encuadrarse dentro de un marco fiscal a mediano plazo creíble para que la deuda siga siendo sostenible. Para muchos países esto implicará mejorar la capacidad tributaria, aumentar la progresividad de los impuestos y eliminar los gastos innecesarios. Los países en desarrollo de bajo ingreso también requerirán un sólido respaldo internacional.

Los bancos centrales deberán evitar un endurecimiento prematuro de las políticas en respuesta a presiones inflacionarias transitorias, pero también estar preparados para actuar con celeridad si las expectativas de inflación muestran señales de desanclaje. Las economías de mercados emergentes también deberán prepararse para un posible endurecimiento de las condiciones financieras externas prolongando los vencimientos de las deudas cuando sea posible y limitando la acumulación de deuda en moneda extranjera sin cobertura.

La recuperación no está garantizada mientras no se haya vencido la pandemia a nivel mundial. Las medidas de política concertadas y bien dirigidas a nivel multilateral y nacional pueden marcar la diferencia entre un futuro en el cual todas las economías experimenten recuperaciones duraderas y otro en el que se ahonden las divisiones, los pobres se vuelvan más pobres y aumenten las tensiones geopolíticas y el malestar social.

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Se requieren medidas urgentes para frenar la divergencia de la recuperación

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Cuando los ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20 se reúnan en Venecia esta semana, podrán inspirarse en el espíritu inquebrantable de la ciudad.

Venecia, que fue el primer centro financiero internacional del mundo, ha experimentado los caprichos del devenir económico durante siglos y además sufre directamente los efectos del cambio climático. Esta resiliencia extraordinaria es más necesaria que nunca en un momento en el que los responsables de las políticas económicas continúan afrontando retos extraordinarios.

La buena noticia es que la recuperación mundial avanza, en líneas generales, en consonancia con las proyecciones de un crecimiento de 6% para este año formuladas en abril por el FMI. Tras una crisis sin parangón, en algunos países está teniendo lugar una recuperación sin parangón, impulsada por una combinación de contundentes medidas de apoyo fiscal y monetario y una rápida vacunación.

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, proyectamos un crecimiento de 7% para este año, el mayor desde 1984. La recuperación también está cobrando impulso en China, en la zona del euro y en un puñado de otras economías avanzadas y emergentes. 

Pero los nuevos datos también confirman una creciente divergencia en la evolución económica de los distintos países, muchos de los cuales se están quedando rezagados.

El mundo se enfrenta a una recuperación que, cada vez más, se produce a dos velocidades, como consecuencia de las enormes diferencias en la disponibilidad de vacunas, las tasas de infección y la capacidad para proporcionar apoyo mediante las políticas económicas. Estamos en un momento crítico que requiere medidas urgentes del G-20 y de las autoridades económicas de todo el mundo.

Como se señala en nuestra nota para la reunión del G-20, es vital actuar con celeridad. Según nuestras estimaciones, un acceso más rápido a la vacunación de las poblaciones de alto riesgo podría salvar más de medio millón de vidas solo en los próximos seis meses.

Los peligros de la divergencia

Las bajas tasas de vacunación significan que los países más pobres están más expuestos al virus y a sus variantes. Aunque la variante delta es motivo de preocupación en todo el mundo, incluidos los países del G-20, en estos momentos está causando un incremento brutal de las infecciones en el África subsahariana. En esta región, menos de 1 de cada 100 adultos han recibido la vacunación completa, frente a un promedio de más de 30 en las economías más avanzadas. La existencia de poblaciones no vacunadas en cualquier lugar incrementa el riesgo de que surjan cepas aún más letales, lo que socavaría los avances en todas las regiones e infligiría más daños en la economía mundial.

La merma de recursos fiscales hará que a las naciones más pobres les resulte aún más difícil impulsar la vacunación y apoyar a sus economías. Millones de personas quedarán sin protección y expuestas a un aumento de la pobreza, la indigencia y el hambre. La crisis ha causado ya un incremento de la inseguridad alimentaria y en muchos países aumenta el temor a nuevas subidas de la inflación de los precios de los alimentos.

El mundo también observa atentamente el reciente repunte de la inflación, en particular en Estados Unidos. Sabemos que la acelerada recuperación estadounidense beneficiará a muchos países al incrementar el comercio; además, las expectativas de inflación se han mantenido estables hasta ahora. Sin embargo, existe el riesgo de que la inflación o las expectativas de inflación aumenten de forma más sostenida, lo que exigir un endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos antes de lo previsto. Otros países afrontan desafíos similares como consecuencia de las subidas de precios de las materias primas y los alimentos.

Unas tasas de interés más altas en Estados Unidos podrían dar lugar a un marcado endurecimiento de las condiciones financieras mundiales y a cuantiosas salidas de capital de economías emergentes y en desarrollo. Esto supondría graves dificultades sobre todo para los países con grandes necesidades de financiamiento externo o niveles de deuda elevados.

No está de más reiterar que el mundo se encuentra en un momento crítico. Si queremos frenar la creciente divergencia de esta recuperación a dos velocidades, debemos tomar ya medidas de política urgentes.

Primero, intensificar la cooperación internacional para poner fin a la pandemia.

Los beneficios económicos serían extraordinarios, y trabajar para salvar, potencialmente, cientos de miles de vidas en los próximos meses es un imperativo moral. Los costos son relativamente pequeños.

El personal técnico del FMI propuso recientemente un plan que costaría USD 50.000 millones y que podría generar ganancias de billones de dólares gracias a la agilización de la vacunación y una recuperación más rápida. Sería la mejor inversión pública de nuestra vida y cambiaría el panorama en todo el mundo.

Para acelerar la ejecución de las medidas previstas en este plan, el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Salud (OMS) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) han establecido un «comité de crisis». En nuestra primera reunión, convocada por el Banco Mundial y celebrada la semana pasada, acordamos trabajar juntos para contribuir a supervisar, coordinar y promover la entrega de recursos sanitarios vitales a países en desarrollo y movilizar a los responsables de políticas para eliminar obstáculos fundamentales.

El respaldo del G-20 y de otras economías marcará la diferencia, al apoyar la meta de vacunar a por lo menos el 40% de la población en todos los países para finales de 2021, y a por lo menos el 60% para el final del primer semestre de 2022.

Para lograr estos objetivos, se emprenderán iniciativas fundamentales como repartir más dosis en el mundo en desarrollo; respaldar el financiamiento concesionario y las donaciones para incrementar y diversificar la producción de vacunas, e impulsar la capacidad nacional de administración de vacunas, diagnóstico y tratamiento; y eliminar todas las barreras a la exportación de insumos y vacunas ya producidas, así como otras barreras en las operaciones de las cadenas de abastecimiento.

También resulta esencial adaptarse rápidamente a los cambios de las circunstancias, como la escalada de las infecciones en África subsahariana. El suministro inmediata de paquetes de emergencia, que incluyan oxígeno, material de detección, equipos de protección personal y tratamientos, a países en desarrollo de África subsahariana y de otras regiones afectadas es clave para salvar vidas.

Segundo, redoblar los esfuerzos para afianzar la recuperación.

Con las economías del G-20 a la cabeza, el mundo ha adoptado medidas sincronizadas extraordinarias, incluidos aproximadamente unos USD 16 billones en medidas fiscales. Ahora ha llegado el momento de redoblar estos esfuerzos con medidas que tengan en cuenta la exposición a la pandemia y el margen de maniobra de política de cada país.

En los países que experimenten un rápido incremento de las infecciones, es fundamental que la sanidad y los hogares y las empresas vulnerables continúen recibiendo apoyo. Para ello se requieren medidas fiscales focalizadas, dentro marcos a mediano plazo plausibles.

Una vez que la mejora de los indicadores sanitarios permita una normalización de la actividad, los gobiernos deben replegar gradualmente los programas de apoyo y, al mismo tiempo, incrementar el gasto social y los programas de capacitación para amortiguar el impacto en los trabajadores. Esto ayudaría a reparar las secuelas a largo plazo de la crisis, que afectó de manera especial a los jóvenes, las mujeres y los trabajadores menos cualificados.

Para afianzar la recuperación también es necesario que la mayoría de los países sigan adoptando políticas monetarias acomodaticias, acompañadas de una estrecha vigilancia de la inflación y los riesgos para la estabilidad financiera. En los países en los que la recuperación se está acelerando, incluido Estados Unidos, es fundamental que se eviten reacciones exageradas ante incrementos pasajeros de la inflación.

Para mantener bien ancladas las expectativas inflacionarias, los principales bancos centrales han de comunicar con cuidado sus planes en materia de política monetaria. Esto contribuiría también a evitar una excesiva volatilidad financiera en sus países y en el extranjero. La clave es prevenir los efectos de contagio que se produjeron a principios de año.

Tercero, reforzar el apoyo a las economías vulnerables.

Los países más pobres se enfrentan a un doble golpe devastador: corren el riesgo de perder la carrera contra el virus y, además, podrían quedar excluidos de una transformación histórica que sentará las bases de una nueva economía mundial verde y digital.

Estimamos que los países de bajo ingreso deben desplegar unos USD 200.000 millones en cinco años solo para luchar contra la pandemia, y otros USD 250.000 millones para tener margen fiscal para reformas transformadoras que les permitan retornar a la trayectoria de convergencia hacia niveles de ingreso más elevados. Estos países pueden cubrir únicamente una parte de esos importes por sí solos. Por lo tanto, es vital que los países más ricos redoblen sus esfuerzos, especialmente en lo que respecta al financiamiento concesionario y las ayudas para hacer frente a la deuda.

La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 ha dado un respiro fiscal a estos países, pero, habida cuenta de la necesidad de proporcionar alivio de la deuda de carácter permanente, debemos trabajar para que el nuevo Marco Común esté plenamente operativo. Chad, por ejemplo, recibió seguridades de financiamiento de sus acreedores bilaterales miembros del G-20, y ahora necesitamos compromisos rápidos, en condiciones comparables, de sus acreedores privados.

También apoyamos firmemente la oportuna creación del comité de acreedores, para posibilitar la operación de deuda solicitada por Etiopía. El éxito de los primeros casos del Marco Común es fundamental para otros países con deudas insostenibles o necesidades de financiamiento persistentes. Estos países también deberían solicitar medidas tempranas de resolución o reorganización de la deuda.

El papel del FMI

Por su parte, el FMI ha redoblado sus esfuerzos de una forma sin precedentes, proporcionando USD 114.000 millones en nuevo financiamiento a 85 países y alivio del servicio de la deuda a los países miembros más pobres. Tenemos respaldo para incrementar los límites de acceso, lo que nos permite ampliar nuestra capacidad de préstamo a tasa de interés cero. También estamos estudiando un nuevo «mecanismo de financiamiento de vacunas» en el marco de nuestros servicios de financiamiento de emergencias, que ayudaría a los países a financiar programas de vacunación si lo necesitan.

Nuestros países miembros también apoyan una nueva asignación de Derechos Especiales de Giro por un monto de USD 650.000 millones, la mayor emisión de la historia del FMI. Esta asignación complementará las reservas y ayudará a todos nuestros países miembros, especialmente a los más vulnerables, a dar respuesta a las necesidades urgentes, incluidas las vacunas. Nuestro Directorio Ejecutivo debatió recientemente la propuesta y esperamos que el proceso de asignación se complete para finales de agosto.

Además, estamos procurando amplificar los efectos de la nueva asignación de DEG, y en tal sentido estamos fomentando la canalización voluntaria de parte de los DEG, junto con préstamos presupuestarios, para alcanzar un objetivo mundial total de USD 100.000 millones para los países más pobres y vulnerables. Estamos analizando con los países miembros fórmulas para lograr ese objetivo, por ejemplo a través de nuestro Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) y, posiblemente, de un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad.

La cumbre del G-20 de esta semana es una oportunidad para impulsar el plan para un nuevo fondo de resiliencia y sostenibilidad, que brindaría apoyo a países de bajo ingreso, así como a países de ingreso mediano más pobres y vulnerables asolados por la pandemia. La idea es ayudarlos en su transformación estructural y a afrontar, entre aspectos, los desafíos relacionados con el cambio climático.

Para reforzar las medidas contra el cambio climático, el personal técnico del FMI propuso recientemente un mecanismo de precio mínimo internacional del carbono. Dicho precio mínimo podría contribuir a acelerar la transición a un crecimiento con bajas emisiones de carbono en el curso de esta década, y nuestra intención promoverlo vigorosamente en la Conferencia sobre el Clima del G-20 que se celebrará esta semana en Venecia.

En el ámbito tributario, nos complace mucho el histórico acuerdo alcanzado por 130 países en el contexto del Marco Inclusivo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el G-20. El acuerdo prevé un impuesto mínimo mundial a las sociedades que contribuirá a garantizar que las empresas muy rentables tributen en proporción a sus beneficios en todo el mundo. A partir de nuestros propios estudios, sabemos que los regímenes de impuestos mínimos pueden ayudar a los países a preservar su base del impuesto de sociedades y a movilizar ingresos, algo que ahora es más importante que nunca.

Decenios de competencia fiscal han provocado una «carrera hacia el abismo», que ha privado a muchos países de los recursos necesarios para realizar inversiones vitales en salud, educación, infraestructuras y políticas sociales. La pandemia trajo consigo nuevas presiones para las políticas fiscales, lo que dificulta la inversión en la transformación verde y digital. Por lo tanto, aprovechemos este momento crucial para construir un sistema tributario internacional más justo y eficaz acorde con las realidades del siglo XXI.

Espero que las generaciones futuras que estudien este momento aprecien en nuestra asociación el inquebrantable espíritu de Venecia. Podemos poner fin a la pandemia y convertir esta recuperación a dos velocidades en crecimiento sincronizado y sostenible, pero para ello hemos de actuar con decisión y de forma mancomunada.

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El creciente poder de mercado: ¿Un peligro para la recuperación?

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Por Kristalina Georgieva, Federico J. Díez, Romain Duval y Daniel Schwarz -La crisis ha asestado un golpe especialmente duro a las pequeñas y medianas empresas (pymes), provocando enormes pérdidas de empleo y dejando otras cicatrices económicas. Entre ellas —menos obvias, pero no por eso menos graves— está el creciente poder de mercado de empresas dominantes, que se están afianzando aún más mientras los rivales más pequeños pierden terreno.

La experiencia y los estudios del FMI demuestran que un poder de mercado excesivo concentrado en manos de unas pocas empresas puede lastrar el crecimiento a mediano plazo, sofocando la innovación y frenando la inversión. Ese desenlace podría socavar la recuperación tras la crisis de la COVID-19 y obstaculizaría el avance de muchas empresas incipientes en un momento en que su dinamismo es urgentemente necesario.

Hoy es más importante que nunca emparejar el campo de juego. Y los gobiernos tendrán que hacerlo en un amplio abanico de sectores, desde las destilerías hasta el mundo digital, pasando por los hospitales.

Un nuevo estudio del FMI muestra que están en alza indicadores críticos del poder de mercado: los recargos aplicados al costo marginal o la concentración de ingresos entre las cuatro entidades más grandes de un sector. Estimamos que, debido a la pandemia, esta concentración podría aumentar en las economías avanzadas en la misma medida que en los primeros 15 años de este siglo o incluso más. Incluso en las industrias que se beneficiaron de la crisis, como el sector digital, los operadores dominantes están entre los principales ganadores.

¿Está por agravarse una tendencia de varias décadas?

El aumento del poder de mercado motivado por la pandemia en múltiples sectores exacerbaría una tendencia que arrancó hace más de cuatro décadas. Por ejemplo, los recargos de los precios internacionales han aumentado más de 30%, en promedio, entre las empresas cotizadas en bolsa de las economías avanzadas desde 1980. Y en los 20 últimos años, ese aumento fue el doble en el sector digital comparado con el resto de la economía.

De más está decir que las pingües utilidades siempre han sido la recompensa natural de las empresas que lograron desplazar a otras mediante innovación, eficiencia y mejor servicio. Basta pensar en cómo Ikea transformó la manera en que compramos muebles, o Apple, el mercado de los móviles.

Sin embargo, últimamente observamos crecientes indicios en muchas industrias de que el poder de mercado se está arraigando debido a la falta de competencia fuerte para las empresas dominantes. Estimamos que, en diferentes sectores, las empresas con los recargos más elevados en un año determinado (decil superior) tienen casi 85% de posibilidades de seguir aplicándolos el año siguiente; esa cifra es alrededor de 10 puntos porcentuales más alta que durante la era de la «nueva economía» en la década de 1990.

Las grandes empresas tecnológicas son un ejemplo claro: las que desplazaron a sus rivales y trastocaron el mercado hace dos décadas se están transformando en operadores dominantes que hoy no enfrentan la misma competencia por parte de compañías nuevas. Los efectos vinculados a la pandemia están exacerbando poderosas fuerzas subyacentes como los efectos de red y las economías de escala y alcance.

La influencia de las fusiones y las adquisiciones

En múltiples industrias, observamos una tendencia decreciente del dinamismo empresarial. Por ejemplo, hay fabricantes jóvenes que no pueden ir más allá del mercado local, o minoristas nuevos que no puede ofrecer los precios de un rival grande que vende provisionalmente a pérdida para impedir la entrada de competidores en el mercado.

Son oportunidades perdidas en términos de crecimiento, creación de empleos y aumento de los ingresos. Nuestro estudio muestra que algunas empresas controlan los sueldos en los mercados laborales, pagándoles a los trabajadores menos de lo que justifica la productividad marginal.

Un factor que contribuye a estas tendencias es el auge de la fusión y la adquisición de empresas, especialmente por parte de empresas dominantes. Si bien esa actividad puede recortar los costos y mejorar los productos, también erosiona los incentivos para la innovación y le da a una empresa mano más fuerte para subir los precios. Una determinación preocupante de nuestro análisis es que la actividad de fusión y adquisición por parte de operadores dominantes contribuye a la pérdida de dinamismo empresarial en todo un sector, ya que provoca una disminución del crecimiento y del gasto en investigación y desarrollo entre todos los competidores. Se trata de algo particularmente preocupante en un mundo de escaso crecimiento de la productividad.

Implicaciones para las autoridades

Entonces, ¿qué pueden hacer los gobiernos? Desearíamos resaltar cinco prioridades, cuya importancia varía según la jurisdicción.

Primero, las autoridades en materia de competencia deberían ser cada vez más vigilantes a la hora de controlar las fusiones. Los criterios para examinar una operación de ese tipo deberían abarcar todos los casos pertinentes, incluidas las adquisiciones de sociedades pequeñas que podrían transformarse en competidores de las empresas dominantes. Por ejemplo, Alemania y Austria fijaron hace poco niveles mínimos basados en el precio de la operación, además de los basados en el volumen de ventas. Las evaluaciones de decisiones anteriores sobre fusiones también podría contribuir a la aplicación más eficaz de las reglas de competencia.

Segundo, las autoridades en materia de competencia deberían hacer cumplir de manera más activa las prohibiciones relacionadas con el abuso de posición dominante y lanzar más investigaciones de mercado para sacar a relucir comportamientos perjudiciales sin que medie una denuncia de violación de la ley. En 2018, una investigación australiana de la industria láctea ilustró los beneficios: llevó a mejoras obligatorias de las prácticas de contratación entre productores y procesadores.

Tercero, es necesario redoblar los esfuerzos por garantizar la competencia en el mercado de insumos, incluido el del trabajo. En ese sentido, sería beneficioso velar por el estricto cumplimiento de reglas que impidan a las empresas pactar «prohibiciones de caza» de los empleados de un rival. Las cláusulas inhibitorias de la competencia en algunos contratos de trabajo minoristas y de alimentación rápida también ponen trabas a los empleados que desean pasarse a un puesto mejor remunerado, algo que guarda especial relevancia para los trabajadores menos calificados.

Cuarto, las autoridades encargadas de la competencia estarían facultadas para mantenerse a la par de la economía digital, donde el auge de los datos masivos y la inteligencia artificial está multiplicando la ventaja de las empresas firmemente establecidas. Facilitar la portabilidad de los datos y la interoperabilidad de los sistemas puede facilitar la competencia por parte de empresas nuevas. Como precedente de la manera en que la regulación puede hacer posible el cambio y mejorar el bienestar de los consumidores, basta recordar cómo promovió la competencia la Unión Europea hace dos décadas al darles a los clientes el derecho de conservar el número del móvil al pasarse de operador.

Por último, los recursos son importantes. En Estados Unidos, por ejemplo, el presupuesto combinado de la Comisión Federal de Comercio y la División Antitrust del Departamento de Justicia se redujo aproximadamente a la mitad en las últimas cuatro décadas, como proporción del PIB. En muchas jurisdicciones, posiblemente se necesite inversión para apuntalar los conocimientos especializados en determinados sectores en medio de un rápido cambio tecnológico. El Reino Unido anunció hace poco una nueva Unidad de Mercados Digitales que regirá el comportamiento de plataformas dominantes como Google y Facebook.

Indicios prometedores de brotes verdes

Un hecho alentador es que grandes economías como la Unión Europea y Estados Unidos ya han puesto en marcha exámenes activos de los marcos de competencia. Se trata de una oportunidad imperdible. Las autoridades deben actuar sin demora para evitar otro aumento drástico del poder de mercado que podría mantener frenada la recuperación.

La crisis transformará nuestras economías a través de cambios estructurales profundos que deberían generar una ola de empresas jóvenes y dinámicas capaces de innovar y crear empleos de calidad. Se merecen un campo de juego parejo y una buena oportunidad de triunfar. 

También es importante brindar a las pymes una política de apoyo más amplia, ya que muchas sociedades pequeñas no han podido beneficiarse de los programas públicos pensados para ayudar a las empresas a acceder al financiamiento durante la pandemia. A medida que la recuperación se afiance y se retiren paulatinamente las políticas de respaldo, será aún más apremiante que las pymes viables tengan acceso al financiamiento, de modo que no queden más en desventaja frente a las empresas más grandes.

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Según OCDE, la Argentina crecerá un 4,6% en 2021 apenas por arriba de Brasil

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El organismo elevó en nueve décimas las proyecciones locales respecto de lo que había anunciado en diciembre último. Sin embargo la expectativa está por debajo del promedio global. Las estimaciones forman parte del último informe sobre la economía mundial que crecerá 5,6% este año y 4% el próximo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estimó que la economía argentina crecerá 4,6% este año y que también mejorará en 2022. Sin embargo, para el año próximo, la proyección de crecimiento es menor apenas 2,1%.

El organismo elevó en nueve décimas las proyecciones para la economía argentina respecto de lo que había anunciado en diciembre último. Sin embargo la expectativa está por debajo del promedio global. Las estimaciones forman parte del último informe sobre la economía mundial que crecerá 5,6% este año y 4% el próximo.

Las estimaciones forman parte del último informe sobre la economía mundial: para el organismo, la clave es “acelerar la producción y el despliegue de vacunas” contra el Covid-19, por entender que es “la mejor política económica disponible en la actualidad para impulsar el crecimiento y la creación de empleo”.

En el caso de Brasil, uno de los principales socios comerciales de la Argentina, la proyección de crecimiento para este año es de 4,5%, y para 2022, del 2,7%.

“Las perspectivas han mejorado en los últimos meses y los indicios de un repunte en el comercio de bienes y la producción industrial se harán evidentes para fines de 2020. Se proyecta ahora que el crecimiento del PIB mundial será del 5,6% este año, una revisión al alza de más de 1 punto porcentual con respecto a diciembre”, puntualizó el organismo.

En su informe, la OCDE señaló que, a nivel mundial, la actividad económica, en muchos sectores, se ha recuperado “y se ha adaptado parcialmente a las restricciones pandémicas”.

“El lanzamiento de vacunas, aunque desigual, está ganando impulso y es probable que el estímulo gubernamental, particularmente en los Estados Unidos, proporcione un gran impulso a la actividad económica”, resaltó.

Al mismo tiempo, consideró que las perspectivas de crecimiento sostenible varían mucho entre países y sectores: por ello, sostuvo que el despliegue de la vacunación “más rápido y eficaz en todo el mundo es fundamental”.

“Se espera que la producción mundial alcance niveles prepandémicos a mediados de 2021, pero mucho dependerá de la carrera entre las vacunas y las variantes emergentes del virus”, afirmó.

A la vez, insistió con la vacunación: en ese sentido, dijo que el lanzamiento mundial de vacunas “sigue siendo desigual, con restricciones en algunos países y sectores”.

“Las perspectivas de crecimiento mejorarían (escenario alcista) si la producción y distribución de dosis se acelera, se coordina mejor en todo el mundo y se adelanta a las mutaciones del virus. Esto permitiría que las medidas de contención se relajen más rápidamente y que la producción mundial se acerque a las proyecciones de actividad prepandémicas”.

Luego agregó que “el gasto de los consumidores y la confianza empresarial se verían afectados (escenario a la baja) si los programas de vacunación no son lo suficientemente rápidos para reducir las tasas de infección o si las nuevas variantes se generalizan y requieren cambios en las vacunas actuales”, concluyó.

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Cómo gestionar los flujos de capitales: Un método integrado

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Por Tobias AdrianGita Gopinath y Ceyla Pazarbasioglu – En un esfuerzo continuo por ayudar a los países a gestionar la volatilidad de los flujos transfronterizos de capitales, el FMI ha dado un importante paso hacia un nuevo marco macroeconómico analítico que sirva para orientar respuestas adecuadas de política económica. Este trabajo refleja la evolución del pensamiento sobre política macroeconómica y alimentará la próxima revisión de la Perspectiva Institucional con respecto a la liberalización y la gestión de los flujos de capital, que actualmente orienta el asesoramiento del FMI y las evaluaciones de las políticas de sus miembros.

Los flujos internacionales de capitales benefician sustancialmente el desarrollo económico, pero también pueden generar shocks o intensificarlos. Desde hace tiempo, este dilema presenta un reto para las autoridades económicas de muchas economías abiertas.

Si bien los tipos de cambio flexibles pueden actuar como un mecanismo adecuado de absorción de shocks frente a la volatilidad de los flujos de capitales, este mecanismo no siempre ofrece suficiente protección, en particular cuando se interrumpe el acceso a los mercados mundiales de capitales o cuando la profundidad del mercado es limitada.

Métodos diversos

Cuando se trata de gestionar los flujos de capitales, muchas autoridades recurren a una combinación de herramientas para complementar la política de tasas de interés. Estas herramientas incluyen medidas macroprudenciales, intervención cambiaria y medidas de gestión de los flujos de capitales.

Estos métodos diversos también se han utilizado durante la crisis de la COVID-19, con diferencias importantes en las respuestas según el país.

Pese al uso generalizado de las distintas herramientas, hasta la fecha, no ha existido un marco conceptual definido que oriente su uso integrado.

Múltiples herramientas para la estabilidad

Con el nuevo estudio, titulado Toward an Integrated Policy Framework (IPF), empieza a paliarse esta carencia. En este estudio se engloban perspectivas de nuevos modelos, así como investigaciones empíricas y estudios de casos, y se establece un marco coherente para el uso de múltiples herramientas con el fin de lograr la estabilidad macroeconómica y financiera.

Nuestro análisis sugiere que no existe una respuesta universalmente válida a la volatilidad de los flujos de capitales, y que tampoco vale todo ni que todas las políticas son igualmente eficaces. Las políticas óptimas dependen de la naturaleza de los shocks y de las características de los países. Por ejemplo, la respuesta de política económica adecuada en un país con mercados financieros menos desarrollados y abultadas deudas en moneda extranjera puede diferir de la respuesta de un país que no tenga descalces de divisas en sus balances o que pueda recurrir a mercados más sofisticados (profundos y líquidos).

En general, en países con tipos de cambio flexibles, mercados profundos y acceso continuado a los mercados, resulta adecuado el ajuste completo de los tipos de cambio a los shocks. Sin embargo, cuando un país presenta ciertas vulnerabilidades, como son los mercados poco profundos, la dolarización o las expectativas de inflación escasamente ancladas, si bien los tipos de cambio flexibles proporcionan importantes beneficios, también otras herramientas pueden desempeñar un papel positivo. En particular, las medidas macroprudenciales, la intervención cambiaria y las medidas de gestión de los flujos de capitales pueden fortalecer la autonomía de la política monetaria, de forma que esta pueda centrarse debidamente en contener la inflación y en fomentar el crecimiento económico estable. Las mismas herramientas —incluidas las medidas precautorias de gestión de los flujos de entrada de capitales, aplicadas antes del shock— también pueden ayudar a disminuir los riesgos para la estabilidad financiera.

Nuestros resultados no justifican el uso indiscriminado de herramientas. En particular, las herramientas del Marco Integrado de Políticas no deben utilizarse para mantener un tipo de cambio sobrevaluado o subvaluado. Asimismo, aunque las herramientas del Marco Integrado de Políticas contribuyen a hacer frente a los shocks, en la mayoría de los casos no pueden contrarrestar por completo las vulnerabilidades subyacentes. Por tanto, no sustituyen a los mercados profundos, los balances sólidos y las instituciones fuertes. Las iniciativas para fomentar el desarrollo de los mercados y las instituciones siguen siendo un complemento importante de las políticas macroeconómicas sólidas.

Nuevos pasos necesarios

El nuevo marco representa un avance importante en la reflexión sobre cuándo deben utilizarse o no estas herramientas y sobre cómo pueden trabajar conjuntamente para lograr mejores resultados. Para completar el análisis, el personal técnico del FMI se centra en diversos ámbitos:

Impactos a largo plazo. Los beneficios de las herramientas del Marco Integrado de Políticas deben ponderarse con los posibles costos, tales como un desarrollo del mercado más lento y el aumento de la asunción de riesgos. La dependencia dilatada de algunas de las herramientas podría perpetuar las vulnerabilidades que justifican su uso. Por ejemplo, realizar intervenciones de manera continuada podría alimentar una (falsa) sensación de seguridad sobre la evolución futura de los tipos de cambio que lleve a las empresas o a los hogares a asumir más deuda en moneda extranjera, aumentando así las vulnerabilidades del balance.

Aspectos fiscales. La orientación fiscal y los niveles de deuda pública influyen en la vulnerabilidad de los países frente a los shocks, aun cuando la política fiscal suela ser menos adecuada que las herramientas del Marco Integrado de Políticas para gestionar flujos de capitales. Los modelos seguirán ampliándose para examinar más de cerca la interacción entre las distintas políticas fiscales y las herramientas del Marco Integrado de Políticas.

Factores multilaterales. La combinación óptima de políticas económicas de un país también depende de las medidas de otros países y de las instituciones internacionales. El uso de herramientas del Marco Integrado de Políticas puede tener efectos secundarios positivos si mejoran la estabilidad macroeconómica y financiera y facilitan el comercio. Pero también pueden darse efectos secundarios negativos. Por ejemplo, las medidas de gestión de los flujos de capitales podrían desviarlos hacia otros países, donde podrían contribuir a la sobrevaluación de la moneda y el sobrecalentamiento.

Salvaguardias y mediciones. En el Marco Integrado de Políticas, las herramientas tienen objetivos macroeconómicos y de estabilidad financiera bien definidos. En la práctica, sin embargo, podría hacerse un uso inadecuado de las herramientas y fomentar la subvaluación o sobrevaluación de los tipos de cambio, sustituir el ajuste macroeconómico necesario o impedir la formación de precios y la competencia. Distinguir entre el despliegue adecuado y no adecuado de herramientas del Marco Integrado de Políticas exigirá el desarrollo de mediciones para evaluar su uso.

Ahondaremos en las investigaciones en cada uno de estos ámbitos y confiamos en que darán como resultado una mejor orientación de política económica para los países que afrontan la volatilidad de los flujos de capitales.

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