Economis

Anuncian la intervención del Parque Nacional Los Alerces por los incendios forestales

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La Administración de Parques Nacionales anunció la intervención del Parque Nacional Los Alerces por el avance de los incendios que ya arrasaron más de 10 mil hectáreas.

El objetivo de la medida es “asegurar la adecuada tutela de los bienes ambientales protegidos” y para apagar las llamas que afectan el territorio desde el 8 de diciembre pasado, momento en el que un rayo impactó en el Lago Menéndez.

El gobernador Ignacio Torres reclamó a la administración nacional que tome cartas en el asunto para normalizar la situación.

El pedido fue acompañado por un duro pronunciamiento de la Cámara de Turismo de Chubut, que acusó a las autoridades del Parque de “incumplimiento de los deberes inherentes a sus funciones” y una “deficiente conducción operativa” durante la emergencia ígnea que ya provocó daños ambientales, sociales y económicos de gran magnitud.

En un comunicado dirigido al presidente de la Administración de Parques Nacionales, Sergio Martín Álvarez, la Cámara advirtió sobre “negligencia, falta de previsión, errores estratégicos y una comunicación institucional inadecuada”, al tiempo que denunció la falta de articulación con autoridades locales, la subestimación del riesgo y la demora en la solicitud de apoyo logístico y aéreo.

Más de 400 brigadistas participaban de los operativos de emergencia y eran respaldados por helicópteros, aviones hidrantes y autobombas forestales.

La escasez de precipitaciones complica el trabajo de los bomberos, mientras las autoridades estudian permanentemente las zonas más afectadas.

La Administración de Parques Nacionales reiteró a los habitantes que se mantengan informados por los medios oficiales y respeten las normas impuestas.

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Milei, Trump, Davos y las advertencias que vienen de Auschwitz

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El ingreso de Javier Milei al llamado “Consejo de la Paz” impulsado por Donald Trump no es un gesto aislado ni meramente simbólico: confirma una arquitectura de alineamientos internacionales en la que convergen la alt-right estadounidense, los libertarios europeos, el sionismo ultra, los think tanks antiestatales y la nueva derecha financiera global. Ese campo comparte —más que una doctrina coherente— una pulsión: la demolición de la institucionalidad democrática, el vaciamiento del Estado en favor de corporaciones y fondos, la guerra cultural permanente y un desprecio reaccionario por los consensos internacionales nacidos de la posguerra.

La escena de Milei en Davos fue la puesta en público de esa apuesta: una arenga contra “el colectivismo”, un elogio casi religioso del mercado y una negación explícita de los dispositivos que sostuvieron durante décadas el pacto democrático occidental: derechos, regulación, seguridad social, ciencia, educación pública. La paradoja mayor: que el discurso anti-Estado se pronunciara en el foro donde los estados y las corporaciones negocian, justamente, los términos concretos de la gobernanza global.

En la misma semana en que se invocan estas novedades de la geopolítica reaccionaria, el 27 de enero vuelve a traer a la memoria la liberación de Auschwitz. No como efeméride distante, sino como recordatorio de que la crisis económica, la humillación social, el nacionalismo identitario y la desdemocratización pueden cristalizar —y cristalizaron históricamente— en formas de violencia masiva, exterminio y disciplinamiento extremo. Fue el Ejército Rojo quien abrió las puertas del campo: no lo hizo el mercado, no lo hizo la “mano invisible”, lo hicieron soldados que arrastraban sobre sus espaldas el costo material y humano de frenar al nazismo en Stalingrado y Kursk. La victoria antifascista fue estatal, militar y política; nunca un fenómeno “libertario”.

Hoy, el negacionismo mutó. En lugar de negar el gas Zyklon B, niega la historia, niega el Estado como garante de derechos, niega la desigualdad como tema político, niega el propio concepto de humanidad compartida. Se presenta como “libertad”. En realidad, vuelve a instalar la idea del “descartable”, la noción de que algunos merecen derechos y otros apenas sobrevivencia, que hay quienes pueden vivir sin Estado porque cuentan con capital, contactos o apellido. En su versión más extrema, esa lógica termina justificando guerras punitivas, muros, deportaciones, encarcelamientos masivos y la privatización del mundo.

Milei no llega solo a esos espacios. Llega en nombre de un proyecto que en Argentina se traduce en empobrecimiento súbito, pérdida salarial, desregulación del trabajo, privatización simbólica del sentido común y represión a las resistencias sociales. Nada de eso es neutro, y nada es inconexo con Trump, con Netanyahu, con Meloni, con Vox y con el ecosistema de laboratorios ideológicos que hace rato experimenta con democracias degradadas y sociedades fragmentadas.

Recordar Auschwitz el 27 de enero no es un ejercicio museístico. Es mirar el presente con la conciencia de que los fascismos no vuelven idénticos, pero vuelven cuando se combinan crisis económicas, resentimiento social y discursos que reducen la vida a mercancía. Y que vuelven cuando el mundo mira para otro lado mientras se desarman los pocos diques que impiden que la barbarie se convierta en política de Estado.

La historia también enseña otra cosa: los fascismos no se derrotan con silencios ni con tecnicismos. Se derrotan con organización, con claridad política y con la negativa a naturalizar la desigualdad como destino. En los años 30, el fascismo avanzó mientras las democracias discutían modales; cuando finalmente entendieron de qué se trataba, ya había cámaras de gas y millones de muertos.

Recordar Auschwitz es advertir que la barbarie no aparece de un día para el otro: se ensaya, se legitima, se vota, se aplaude y se financia. Y que cuando llega, llega con leyes, con jueces, con mercado y con propaganda. Milei, Trump y esa constelación reaccionaria global no hablan de “paz”: hablan de disciplinar al débil, desmantelar al Estado y dejar que el mercado decida quién vive bien, quién sobrevive y quién sobra.

Contra eso no alcanza la retórica ni la nostalgia democrática: hace falta voluntad para confrontar. Porque si algo enseñó Auschwitz es que la humanidad puede caer muy bajo cuando se la deja sola frente a la ley del más fuerte. Y que la única paz digna es la que garantiza derechos, igualdad y memoria. Todo lo demás es la previa al desastre.

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De la tapa del diario al algoritmo, cómo cambió el sistema informativo y por qué no estamos mejor informados

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El sistema de circulación de la información atravesó en los últimos años una transformación estructural que alteró de manera profunda la forma en que las sociedades se informan, construyen agenda pública y procesan la realidad. El desplazamiento del consumo informativo hacia redes sociales gobernadas por algoritmos redefinió el rol del periodismo, debilitó la centralidad de los medios tradicionales y fragmentó a las audiencias en burbujas cada vez más cerradas. El resultado es paradójico: nunca hubo tanta información disponible, pero eso no se tradujo en una ciudadanía mejor informada.

Durante décadas, la lógica era clara y previsible. La agenda se ordenaba de manera vertical: el diario marcaba los temas por la mañana, la radio los amplificaba durante el día y el noticiero televisivo los jerarquizaba por la noche. Había pocos emisores, millones de receptores y un recorrido informativo común. Ese sistema comenzó a resquebrajarse con internet, pero terminó de romperse cuando la información pasó a consumirse mayoritariamente en plataformas digitales.

Según mediciones del Pew Research Center, el 53% de los adultos en Estados Unidos afirma que hoy se informa a través de redes sociales, al menos de manera ocasional. La noticia dejó de tener un punto de entrada único y comenzó a circular fragmentada, desordenada y, muchas veces, sin un medio claramente identificable como origen.

Cuando compartir desplazó a informar

En una primera etapa, las redes sociales funcionaron como un complemento del ecosistema tradicional. Facebook replicaba titulares, Twitter amplificaba alertas informativas y YouTube alojaba fragmentos de noticieros. El periodismo seguía produciendo contenidos y las plataformas se limitaban a distribuirlos.

Ese equilibrio duró poco. Con el tiempo, la lógica algorítmica pasó a priorizar impacto, interacción y participación, desplazando la relevancia pública como criterio central de circulación. Hoy, el 38% de los adultos dice informarse regularmente a través de Facebook, mientras que el 35% lo hace desde YouTube. No porque esos espacios sean percibidos como medios, sino porque la información aparece integrada a la rutina cotidiana.

La noticia ya no se busca: se cruza.

En ese cruce, el problema no es solo la sobreabundancia de contenidos, sino el criterio de selección. Lo que circula con mayor fuerza no es necesariamente lo más importante, sino lo que genera reacción, emoción o conflicto. Compartir pasó a ser más relevante que informar, y el algoritmo se convirtió en el nuevo editor invisible del sistema.

Plataformas más chicas, consumo más intenso

Uno de los datos más disruptivos del nuevo ecosistema no proviene de las plataformas masivas, sino de aquellas con menor alcance general. Redes como TikTok y X concentran niveles muy altos de consumo informativo entre sus propios usuarios.

Más de la mitad de quienes utilizan TikTok afirma que se informa allí de manera regular, una cifra que hasta hace pocos años era marginal. En el caso de X, el porcentaje de usuarios que consume noticias supera ampliamente el promedio general de las redes sociales.

El contraste es contundente: menos usuarios totales, pero mayor intensidad informativa. Esto explica por qué plataformas que no son mayoritarias logran instalar temas, climas y marcos interpretativos que luego se expanden al resto del sistema mediático.

La agenda ya no se define solo por alcance, sino por densidad de consumo y capacidad de amplificación.

Del timeline al encuadre: la noticia como identidad

El cambio no fue únicamente tecnológico. Fue también narrativo y cultural. Cada plataforma impuso su propia gramática y transformó la manera en que se presenta y se interpreta la información.

En X, la noticia se traduce en conflicto y posicionamiento. En Instagram, en imagen y síntesis. En TikTok, en relato breve, emocional y personalizado. Un mismo hecho puede tener versiones completamente distintas según el entorno en el que circule.

La información dejó de funcionar como un punto de partida común y pasó a convertirse en un insumo para reforzar identidades, emociones y pertenencias. Los datos muestran además una segmentación marcada por edad, género, nivel educativo y orientación política. Los jóvenes consumen más noticias en plataformas visuales y de ritmo acelerado; las audiencias mayores se concentran en espacios más tradicionales. Incluso aparecen diferencias claras entre hombres y mujeres según la red utilizada.

El resultado es un ecosistema informativo fragmentado en múltiples burbujas, donde cada grupo accede a su propia versión de la realidad. Las redes dejaron de funcionar como canales: funcionan como territorios.

Un desafío institucional y político de fondo

En este contexto, el periodismo convive con algoritmos que priorizan impacto y participación y con audiencias que procesan la información en entornos atravesados por emociones e identidades. La agenda pública se construye en tiempo real bajo reglas que ningún actor controla por completo y donde la visibilidad depende tanto del contenido como de su capacidad de circular.

Para la comunicación institucional, corporativa y política, este escenario redefine las reglas del juego. Ya no alcanza con emitir mensajes claros ni con ocupar espacios en medios tradicionales. La reputación se construye en múltiples capas simultáneas, muchas de ellas fuera del control directo de las organizaciones.

Un comunicado puede ser correcto pero irrelevante. Una información precisa, pero invisible.

Informar vuelve a ser un desafío complejo. En un sistema donde más de la mitad de la población se informa fuera de los medios tradicionales, el riesgo no es solo no ser escuchado, sino ser leído fuera de marco, sin contexto y sin jerarquía. La pregunta que queda abierta no es solo cómo circula la información, sino qué tipo de ciudadanía informativa se está construyendo bajo la lógica del algoritmo.

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Día Internacional de la Educación: las carreras STEM, clave para el futuro del empleo

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Cada 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de concienciar a la población mundial acerca de la importancia de la educación como motor de cambio para reducir la brecha de desigualdad. Debido a la transformación digital, la automatización y los nuevos modelos de trabajo, esta conmemoración también invita a reflexionar sobre la necesidad de adaptar los sistemas educativos a las demandas del futuro.

En este contexto, las empresas mexicanas, impulsadas por la digitalización y la automatización, ha puesto sobre la mesa un desafío que trasciende lo técnico: la escasez de talento especializado. Sectores clave; desde la seguridad electrónica hasta las telecomunicaciones industriales, enfrentan serias dificultades para encontrar perfiles capacitados que no solo comprendan la tecnología, sino que sepan integrarla en entornos de alta demanda, donde la continuidad operativa, la ciberseguridad y la capacidad de respuesta son determinantes.

Ingenieros en telecomunicaciones, desarrolladores de software con dominio en sistemas embebidos, especialistas en videovigilancia avanzada, técnicos en redes de misión crítica, profesionales en ciencia de datos y ciberseguridad industrial: estos son algunos de los perfiles más requeridos hoy por las organizaciones que operan con infraestructuras complejas. No se trata de una tendencia futura, sino de una necesidad inmediata.

“La tecnología es tan eficiente como el talento que la implementa. Después de más de una década de integrar soluciones tecnológicas en sectores estratégicos, podemos afirmar que el mayor reto no es la inversión ni la infraestructura, sino la disponibilidad de profesionales preparados para asumir responsabilidades técnicas con una visión operativa y de negocio”, afirma John Morera, director general de Radiosys.

Las cifras respaldan esta alerta. Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), el 75% de los empleos del futuro requerirá habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). De acuerdo con el Foro Económico Mundial, cerca del 39% de las competencias actuales en el mercado laboral serán obsoletas o deberán transformarse antes de 2030. En México, el rezago en la formación técnica de nivel medio superior y superior es uno de los principales cuellos de botella para la expansión tecnológica del sector productivo.

La brecha entre las capacidades con las que egresan miles de jóvenes mexicanos y las competencias que exigen los sectores más dinámicos de la economía sigue siendo profunda. “Formar talento STEM ya no es una apuesta a futuro, es una necesidad de presente. Carreras como ingeniería en sistemas, ciberseguridad, telecomunicaciones o ciencias de datos deben fortalecerse con un enfoque práctico, orientado a resolver problemas reales en contextos reales”, afirma Vania Arroyo, directora Estratégica de Radiosys. “Hoy las empresas requieren profesionales con pensamiento crítico, capacidad de adaptación, habilidades colaborativas y una comprensión profunda del entorno tecnológico y operativo. Esa combinación es escasa y urgente”.

Los desafíos no se limitan al sector privado. En servicios públicos, infraestructura urbana, seguridad ciudadana y logística, la falta de personal técnico capacitado limita la implementación de políticas y sistemas que, sobre el papel, son viables. La integración de soluciones digitales, desde cámaras inteligentes hasta redes de comunicación en tiempo real, depende de personas con las competencias necesarias para diseñarlas, instalarlas, operarlas y mantenerlas.

El desarrollo de talento STEM no puede depender únicamente de la iniciativa individual o del esfuerzo aislado de algunas universidades. Requiere una estrategia de formación técnica articulada entre el sector educativo, las empresas y los gobiernos estatales y federal. De lo contrario, la brecha entre el potencial tecnológico del país y su capacidad real de ejecución seguirá ampliándose.

“La especialización y la profesionalización en áreas como tecnología, seguridad y continuidad operativa no solo son necesarias para que las organizaciones avancen; son fundamentales para el desarrollo del país. Sin talento, no hay transformación posible”, concluye John Morera.

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Urge nacionalizar las Fuerzas Armadas, tercera parte

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Fuerzas de Defensa o tropas de ocupación al servicio de la antipatria

Desde la revolución fusiladora hasta el “proceso”.

El muy cruento golpe de Estado de 1955, tuvo al menos dos prolegómenos, que anunciaban las fuertes reacciones de sectores de las FFAA muy vinculados o cooptados por la oligarquía tradicional, la cual a su vez históricamente muestra marcada afinidad, rayana en la subordinación explícita, respecto a los mandatos emanados del Reino Unido; y subordinación total a EEUU en las últimas décadas.

En 1951 el General Benjamín Menéndez lideró un alzamiento, que fue rápidamente sofocado.

En junio de 1955, aviones de la Marina, secundados por algunos de la Fuerza Aérea, perpetraron el vergonzoso bombardeo de Plaza de Mayo, en el cual masacraron con alevosía al propio pueblo, provocando numerosas muertes, mutilados y heridos; incluyendo un impacto directo en un ómnibus que llevaba escolares, falleciendo todos ellos.

Posiblemente en la Historia Mundial no se registre otra acción de similar cobardía, crueldad y desprecio por el propio pueblo, como lo hicieron en ese vergonzoso bautismo de fuego esos pilotos y sus apoyaturas en sus bases.

Uno de los aviones atacantes fue tripulado por un civil -Zavala Ortiz-, quien después sería ministro del gobierno radical de Illia, y personaje relevante en los largos períodos de gobiernos pretorianos y los de “democracia condicionada” por la exclusión del peronismo.

Hubo aviones leales al gobierno, que dilataron y seguramente hicieron abortar más oleadas de bombardeos a Buenos Aires. Cobró relevancia el accionar del piloto leal Ernesto “Muñeco” Adradas, quien enfrentó a los agresores, logrando el derribo de uno de los bombarderos genocidas.

Ese deleznable accionar por parte de sectores de las Fuerzas Armadas, rápidamente fue minimizado y luego ocultado, para desconocimiento programado de las siguientes generaciones de argentinos.

En setiembre de 1955 se dio el golpe de Estado, auto denominado por los perpetradores, como la Revolución Libertadora, el cual tuvo en la Marina un rol preponderante.

Como se había detectado que el alzamiento era muy probable, las naves de la Marina fueron dejadas sin municiones y con escaso combustible.

Pero en alta mar, las naves insurrectas fueron abastecidas por la Royal Navy, de combustible y municiones. Prueba irrefutable del accionar intervencionista de la marina imperial. Circuló la versión que Churchill festejó el derrocamiento de Perón.

Un alevoso atentado contra el patrimonio y la dignidad nacional, fue el bombardeo por parte de buques insurrectos, contra los depósitos de combustibles en Mar Del Plata; y la amenaza principal de los alzados era destruir la refinería de La Plata, de enorme importancia para Argentina, siendo por esos años la mayor de Sudamérica.

Esos hechos son demostrativos del nulo patriotismo puesto en evidencia por los instigadores y perpetradores del golpe de Estado.

En cuanto a las motivaciones sociales de los golpistas, cabe recordar que el Contraalmirante Arturo Rial expresó las retrógradas intenciones de abortar toda movilidad social ascendente, con su vergonzosa opinión cargada de clasismo: “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”.

Claramente, ese deleznable pensamiento, está en línea con las ideas fuertemente clasistas, no exentas de dosis de racismo, de la oligarquía tradicional, como también coinciden con el cerrado anti industrialismo practicado por los usurpadores del poder formal.

Apenas perpetrado el golpe de Estado de 1955, dentro de las FFAA se practicó una fuerte exclusión de todos sus integrantes que mostraran afinidades con el sector Nacional y Popular, y en particular, del peronismo. Los uniformados identificados con el peronismo, fueron expulsados de Las Fuerzas, y muchos de ellos soportaron encarcelamientos y malos tratos.

Cabe considerar que “la fusiladora” marcó el inicio informal pero muy claro, del “partido militar liberal”, el cual define en forma excluyente el “pensamiento militarmente correcto” establecido cuan dogma indiscutido de fe, para los uniformados.

1955 significó el comienzo de la proscripción del peronismo, por 18 largos años, en los que hubo gobiernos militares, y civiles de “democracias condicionadas” bajo la sombra omnipresente del poder pretoriano, de crudo perfil “gorila”, concepto que define al visceral antiperonismo violento. Todo eso con los apoyos de la oligarquía tradicional y sectores afines.

Fueron 18 años de imposición forzosa casi ininterrumpida del poder político – económico liberal, doctrina que es un poderoso instrumento de sumisión a los grandes poderes financieros transnacionales.

En 1956 un levantamiento cívico militar de clara orientación nacionalista, fue duramente reprimido, fusilándose al General Juan José Valle, al Teniente Coronel Lorenzo Cogorno, y perpetrándose fusilamientos masivos en Lanús y en los basurales de José León Suárez.

Una anécdota que muestra el grado de soberbia y miserabilidad de los usurpadores del poder, fue la negativa del presidente de facto Aramburu, a recibir a la esposa del General Valle, quien previsiblemente quería pedir clemencia. El guardia que impidió el paso a la dama, tuvo la excusa de “el general está durmiendo”. Aramburu no tuvo el coraje ni la dignidad de recibir a esa dama.

Ese gobierno, de Aramburu e Isaac Rojas, con el beneplácito de la Sociedad Rural y otros entes empresarios ultra conservadores, aplicó medidas económicas anti industriales, buscando volver al inviable país granja de años del Centenario.

Cancelaron líneas de producción de automotores, que eran producidos por el complejo industrial estatal radicado en Córdoba. En los hechos maltrataron a la empresa Mercedes Benz, que iba a concretar una importante inversión para producir camiones y ómnibus, la cual esa empresa desvió hacia Brasil, de donde importaríamos después los vehículos que deberían haber sido de industria argentina.

La empresa IKA, creada poco antes del golpe de 1955, no habría tenido mayores inconvenientes, presumiblemente por ser parte de su capital de propiedad de la empresa norteamericana Kaiser, y por esos años los sectores ultra conservadores de Argentina, mostraban mutar de la alineación subordinada al Reino Unido, volcándose hacia el poder de EEUU.

En 1958 hubo elecciones, que ganó Arturo Frondizi, creando un partido que se desprendió del tronco del radicalismo “ortodoxo”, llamado UCRI.

Hubo un pacto entre Perón y Frondizi, por medio de sus delegados A. Jauretche y R. Frigerio, por el cual el proscripto peronismo dio sus votos al que sería nuevo presidente. Pero Frondizi no cumplió, al no aplicar una política económica similar a la vigente en el período peronista. Con ello, Frondizi quedó careciente de apoyatura política, siendo permanentemente jaqueado por planteos militares de clara catadura “gorila”, a lo que se añadía la fuerte oposición del radicalismo tradicional.

Un nuevo golpe militar, en 1962, derribó al frondizismo, antes de cumplir cuatro años en el gobierno. Fue otro golpe de Estado claramente vengativo, encarcelando sin probar delitos o con procesos manipulados, tanto a Frondizi como a diversos otros funcionarios, a lo ancho y largo del país.

Pese a esas limitaciones de poder político real, Frondizi dio fuerte impulso a la producción petrolera, alcanzando el autoabastecimiento (que se perdería poco después), y dio muy fuerte impulso a la industria automotriz y a la producción de tractores, cuyos efectos positivos permanecieron, pese a sucesivos gobiernos de orientación liberal.

Cabe señalar que entre 1957 y 1960, con muy poca difusión, hubo instructores de las Fuerzas Armadas de Francia, “capacitando” a sus pares locales, en técnicas de “interrogatorios forzosos”, con las metodologías aplicadas en Argelia, cuando los franceses intentaron impedir la independencia del país norafricano.

Alrededor de 1960, probablemente con el activo accionar del “General de empresa” Alcides López Aufranc (por varios años gestionó Acindar), impulsor de cambios acentuados en las FFAA, la Doctrina de la Defensa Nacional dejó de ser prioritaria, poniendo en su lugar a la doctrina de la seguridad nacional, cuya excluyente prioridad es defender al sistema, cuyos enemigos son -en esa visión particular-, el comunismo y la subversión.

Ese profundo cambio de objetivos básicos de las FFAA, se complementó para peor, con los muy escasos o nulos conocimientos de Geopolítica, Historia y Economía, impartidos en los Institutos de Formación Militar. Eso dio lugar a aberraciones, como la de “sentirse consustanciados totales” (subordinados explícitos) a EEUU y al bloque “libre, occidental y cristiano” (que no es ni libre, ni occidental ni menos aun cristiano).

Preludiando mayor violencia, se estaban gestando grupos guerrilleros, que provocaron atentados e intentos de establecer “focos liberados” (teoría foquista, de Regis Debray); y todo eso llevaría a los años de violencia exacerbada, en un contexto similar a una guerra civil, cuyo objetivo último era destruir los notables avances logrados por Argentina desde 1946 en adelante, según la clara definición del británico Harry S. Ferns. Los odios profundos que produjo todo eso, lamentablemente perduran.

En 1963 se volvió a convocar a elecciones, con las que llegó a la presidencia Arturo Umberto Illia, de la UCRP (radicalismo “ortodoxo”), con muy bajo porcentaje de votos, pues Perón dio instrucciones a sus partidarios, de votar en blanco.

Sin dejar de lado que el gobierno de Illia fue otro de “democracia condicionada” por la proscripción del peronismo, se le atribuyen méritos destacables, como la honestidad, prolijidad de sus acciones, logrando crecimiento económico. Pero incluyó personajes muy discutibles, como Zavala Ortiz.

Illia fue depuesto por otro golpe de Estado, esta vez encabezado por el General Onganía, en 1966, comenzando otro período militar, inicialmente pensado para retener el poder por largo tiempo. Pero los alzamientos populares, en particular el Cordobazo (1969), produjeron cambios, entre ellos dos sucesivos reemplazos presidenciales, con los Generales Levingston y Lanusse, en el cargo.

En 1973, Lanusse se vio forzado a llamar a elecciones sin proscripciones, con lo cual el peronismo se impuso por amplio margen.

Cabe precisar que el gobierno de la autodenominada Revolución Argentina, se diferenció claramente de las asonadas militares de 1955 y de 1976, pues a diferencia de ellas, no aplicó excluyentes políticas de liberalismo económico, posiblemente por las influencias de personalidades identificadas con el Pensamiento Nacional, como el economista Aldo Ferrer, y el especialista en Geopolítica General J.E. Guglialmelli, los que habrían neutralizado en buena parte el accionar liberal que tenía a Krieger Vasena como su exponente más visible.

Caben destacar las fuertes inversiones en grandes obras públicas, como caminos; el Complejo Hidroeléctrico Chocón – Cerros Colorados; el llamado Plan Europa, para reequipar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, con fuertes inversiones en equipamientos producidos acá, y los desarrollos locales de materiales de defensa, como los aviones Pucará; y también los fuertes impulsos a la industria y a los entes tecnológicos, en particular el nuclear, comenzándose Atucha 1. Muy diferente a las destrucciones del sistema neoliberal que perpetraría el “proceso”, siguiente golpe de Estado, que se dio después del interregno del Tercer Gobierno Peronista.

Hubo tres presidencias, en el tercer período presidencial peronista; de Cámpora, Perón, y María Estela Martínez de Perón.

Los indicadores económicos y sociales fueron buenos, continuando el desarrollo. La desocupación era considerada “friccional” (no era crónica ni grave), del orden del 4 %, y el PBI aumentaba, oscilando en el 4 % anual acumulativo.

Pero a los serios problemas que ocasionaba el accionar violento de las extremas izquierdas (siempre funcionales a los sectores antinacionales), se agregaban las tareas de zapa para crear descontento general, buscado eso por los sectores oligárquicos antinacionales.

Fallecido Perón el 01/07/74, hubo claramente un vacío de poder. Antes de transcurridos dos años, se perpetró otro golpe de Estado, el cual tuvo desastrosas consecuencias, al meternos a punta de bayonetas, en el perverso sistema socio económico neoliberal; de lo cual aún hoy, la mayoría de los uniformados no tienen ni idea, a consecuencia del cerrado adoctrinamiento antinacional, con ignorancias casi totales en Historia, Economía y Geopolítica, que sigue vigente.

Se ampliará el tema en la cuarta parte.

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