Economis

Este martes se reabre el aeropuerto de Iguazú y llega Fly Bondi a Posadas

Compartí esta noticia !

El Ministerio de Transporte de la Nación, junto a Aeropuerto Argentina 2000, reabrirá este martes el aeropuerto luego de finalizar la repavimentación del sector central de la pista de aterrizaje. Volverán los vuelos mientras continúan más obras de modernización y ampliación. En total se invertirán 1400 millones de pesos que forman parte del plan de transformación de aeropuertos en todo el país, pilar fundamental de la “Revolución de los Aviones” para duplicar la cantidad de pasajeros que vuelan en Argentina.
 
El aeropuerto estuvo cerrado durante un mes y los pasajeros descendían en Foz de Iguazú para después cruzar a la Argentina.
 

El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, inaugurará la primera etapa de las obras junto al vicegobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, el ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa y al ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos.

 
Las obras forman parte del plan de modernización que lleva adelante el gobierno nacional en 30 aeropuertos de todo el país, a partir de una inversión de 24.000 millones de pesos. Las obras de infraestructura y de mejora en la tecnología de aeronavegación, acompañan el fuerte crecimiento que está teniendo el transporte aéreo a nivel nacional. En el mes de abril los pasajeros de cabotaje, que fueron más de un millón, crecieron un 10% respecto del mismo mes del año pasado. Si se contabiliza los vuelos de cabotaje e internacionales, hubo en total de 2,3 millones de pasajeros, un 10,5% más respecto del mismo mes de 2017.
 
A las 17, casi a la misma hora que se reinaugurará el aeropuerto de Iguazú, llegará a Posadas el primer vuelo de Fly Bondi. 

Compartí esta noticia !

Dos crisis parecidas, una llevó al cepo (2011) y la otra al FMI (2018)

Compartí esta noticia !

En 2011, el año en que la ex presidenta lograra su reelección con el 54 % de los votos, las reservas del Banco Central cayeron 5,8 mil millones de dólares. Como es sabido, muy poco después de los comicios, el gobierno intervino el mercado de cambios y el del comercio exterior, inaugurando la era de los cepos. En 2018, luego de una corrida cambiaria más abrupta, el Ejecutivo decidió apelar al FMI. En 2012, el primer año de los cepos, el país entró en recesión, inaugurando un quinquenio de estanflación. En cambio, ahora, luego del golpe inicial que se sentirá con fuerza en el segundo y en el tercer trimestre, por la incertidumbre, el salario real y la restricción crediticia, la economía tiene chances de volver a recuperarse, de la mano de nuevos vectores, más asociados al comercio exterior, la construcción privada, la energía, el turismo y las economías regionales. Dada la historia, recurrir al FMI tiene costos políticos, que la parte de la oposición que no tiene la responsabilidad de pagar sueldos a fin de mes se ocupará de vociferar, en un rol cada vez más cerca del “cuanto peor, mejor”. Esto pese a que su “preocupación”, la expansión de la deuda pública, ahora estará bajo control. En cambio, aquellos que administran provincias y municipios difícilmente tomen este camino, y su peso es determinante.

La Argentina tiene un amplio catálogo de crisis en su vitrina, pero la actual es difícil de encuadrar. No se trata del tipo de situación en la que el incumplimiento de deudas parecía inminente, ni tampoco de una corrida contra los depósitos bancarios. Por la dinámica del mercado cambiario, lo sucedido se asemeja a 2011, cuando las reservas cayeron 5,8 mil millones de dólares, pero a un ritmo más lento.
En 2011 el contexto internacional tuvo poco que ver con la corrida local al dólar. Había “déficits gemelos”, pero de menor magnitud. El rojo fiscal fue aquel año de 1,8 puntos del PIB y el de cuenta corriente del balance de pagos de 1,1 puntos. Pero el año electoral atrasó un 12 % el tipo de cambio en términos reales y hubo un crescendo de incertidumbre asociada al “día después” de los comicios. Con medidas convencionales, la encrucijada podría haberse resuelto, ya que el déficit de cuenta corriente de entonces representaba apenas el 6,7 % de las exportaciones. Obsérvese que en 2018 ese ratio supera el 40 %!!!.
Fue en aquel contexto en el que entraron en vigencia los cepos, una referencia extremadamente útil para saber lo que NO hay que hacer. En lugar de solucionarse el problema externo, hubo implosión de las exportaciones, que pasaron de 83,0 a 56,8 mil millones de dólares entre 2011 y 2015. Tampoco se detuvo la sangría de reservas, que terminaron 2015 en terreno negativo.
Con déficits gemelos de mucho mayor magnitud en 2018, la crisis de confianza que empezó a sufrir la Argentina dejó pocas alternativas. O un ajuste digitado por el mercado, o un ajuste sincronizado, con reducción más rápida del déficit fiscal, que conlleva la posibilidad de una baja significativa del riesgo país en próximos trimestres, lo que permitiría que la inversión privada pueda compensar el gasto público. Aspirar a tener beneficios derivados de los costos a incurrir.
El gobierno se adelantó al nuevo escenario cuando recortó la meta de déficit primario, de 3,2 % a 2,7 % del PIB para 2018, pero ahora tendrá hacer otro tanto para 2019. Además, nuevas restricciones fiscales pueden surgir por la forma diferente que tiene el FMI de contabilizar programas como los PPP. El Pacto Fiscal firmado en 2017 serviría para guiar los compromisos asumidos por las provincias en materia de gasto y déficit, pero la superposición de partidas con la Nación (dos presupuestos para un mismo fin) estará seguro bajo la lupa. Sin nuevas leyes, el sistema jubilatorio no podría sufrir demasiados cambios, pero el funcionamiento de los organismos vinculados podría ser optimizado.
La palabra ajuste suele utilizarse como sinónimo de recesión, pero ese diccionario es válido cuando el crecimiento descansa exclusivamente en el gasto público. Lo que tiene de novedoso esta crisis es que el sector privado ya había comenzado a dar señales de recuperación, tanto en la inversión como en las exportaciones, caso de la industria que abastece al mercado brasileño.
Pues bien, la economía “en modo FMI” puede dinamizar ese movimiento incipiente. Cabe esperar que el tipo de cambio real sea más atractivo para los exportadores, lo que podría impactar en las economías regionales, que presentan un cuadro heterogéneo, ya que de 17 sectores cubiertos por el Monitor IERAL, 9 están aumentado sus ventas al exterior en 2018, pero 8 permanecen en terreno negativo.
Con un tipo de cambio más alto, el consumo seguirá siendo la variable menos dinámica, pero la inflación podría comenzar a desacelerarse luego de un pico de dos o tres meses: la emisión monetaria tendrá menores requerimientos de origen fiscal. Respecto del empleo, si bien la obra pública perderá dinamismo, cabe esperar que se abarate el costo en dólares de la construcción privada, un fenómeno compensador que sería reforzado si la inflación desacelera y los créditos indexados vuelven a ser atractivos. En otro sector de gran significación, como es el del turismo, el movimiento sería análogo, ya que un dólar más alto significa más demanda local del servicio, por menos argentinos que salen al exterior y más extranjeros que encuentran conveniente viajar a la Argentina. La transición no habrá de ser sencilla ni exenta de dificultades, pero ya sabemos que la otra opción, la de los cepos, no llevó a ningún lado.
 

Compartí esta noticia !

La reducción de gastos apenas compensa la suba de intereses

Compartí esta noticia !

La aceleración en el alza del dólar y su consiguiente presión sobre la tasa de interés obligó a las autoridades económicas a improvisar acciones para tratar de calmar los ánimos. Así se anunció un cambio en la meta de déficit fiscal primario pasando del 3,2% al 2,7% del PBI, sin explicitar cómo se logrará. Las expectativas de mercado no respondieron en consonancia con lo esperado por lo que el gobierno decidió solicitar el apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los funcionarios nacionales argumentan que la volatilidad en el mercado cambiario es exagerada ya que se está sobre-cumpliendo la meta de reducción del déficit fiscal. Bajo esta lógica, acudir al FMI es una opción pragmática que ayudará a disipar dudas y desalentar movimientos especulativos además de permitir obtener financiamiento a costo más bajo. Una hipótesis alternativa es que la presión sobre el dólar se origina fundamentalmente en las inconsistencias de la estrategia adoptada y que el FMI, además de aportar financiamiento barato, deberá inducir a corregir errores.
Para dilucidar el interrogante se puede apelar a las propias cifras oficiales. Según el Ministerio de Hacienda, entre el 2016 y el primer trimestre del 2018 se observa que:
El déficit fiscal primario (esto es, antes del pago de intereses de deuda) bajó de 4,3% a 3,6% del PBI.
El pago de intereses de deuda pública subió de 1,6% a 2,3% del PBI.
Esto implica que el déficit fiscal total se mantuvo en alrededor de 5,9% del PBI.
Estos datos muestran que el déficit fiscal total, que es la variable más relevante para medir la sustentabilidad de las finanzas públicas, no está bajando. Es cierto que el déficit primario bajó un 0,7% del PBI, pero los intereses aumentaron en una magnitud equivalente. Es decir, la disminución de gastos operativos apenas compensa el aumento en el pago de intereses que genera el creciente endeudamiento.
La inconsistencia posiblemente se genera por un exceso de confianza en la amigabilidad de los mercados. Pero es humano que las decisiones de quienes administran inversiones se tomen en base a la realidad de un déficit total persistente. Ante esta situación es inevitable la presión sobre el dólar, la tasa de interés y los precios y, con ello, la imposibilidad de cumplir con el objetivo de reducir la inflación.
Para revertir este proceso, el Ministerio de Hacienda debería inducir al resto del gabinete a reducir gastos con mayor velocidad, para que el Ministerio de Finanzas contraiga menos deuda y el Banco Central emita menos dinero. En este sentido, sería un error muy costoso que el acuerdo con el FMI se limite a convalidar la actual dinámica y solo sirva para prologar la inconsistencia con financiamiento más barato. Si lo hace, confirmará las sospechas de que es un organismo que induce al endeudamiento poco responsable a los países que dice ayudar. El principal apoyo que necesita la Argentina no es de plata sino de ideas para darle consistencia a su estrategia. No se trata de abandonar el gradualismo, sino de darle más velocidad para evitar los costos sociales del déficit fiscal.
Reducir más rápido el déficit y depender menos del endeudamiento es la mejor manera de cuidar a los sectores más vulnerables. Para ello es clave ordenar el federalismoapelando al espíritu del Consenso Fiscal cuando establece que la Nación debe dejar de financiar los servicios públicos de la Ciudad y Provincia de Buenos Aires y dejar de entrometerse en funciones provinciales y municipales (es decir, revisar programas de educación, salud, medioambiente, desarrollo social, vivienda y urbanismo que corresponden a las provincias). Más importante aún es abordar la reforma previsionalpara revisar los regímenes especiales que jubilan gente antes o con mayores haberes y la doble cobertura que se produce entre la jubilación y la pensión por cónyuge.

Compartí esta noticia !

Fuerte caída de la imagen del Gobierno nacional tras el pedido de auxilio al FMI

Compartí esta noticia !

La decisión del presidente Mauricio Macri de pedirle auxilio al Fondo Monetario Internacional tuvo un fuerte efecto político en una caída de la imagen del Gobierno.
Un último estudio nacional realizado sobre el impacto de la decisión del Gobierno de solicitar ayuda al FMI revela que el Gobierno sigue perdiendo imagen y solo tiene 33,8% de imagen positiva.
Además, el 68,5% de los argentinos tiene poco o nada de confianza en el gobierno del presidente Macri, así como el 53,4% cree que la crisis económica es responsabilidad del gobierno nacional, en tanto que un 12,4% cree que es responsabilidad de la oposición.
El 47,9% dice que el anuncio de pedido de ayuda empeoró su imagen del gobierno, mientras que solo el 13,2%, que la mejoró. El 83,4 cree que está crisis le afectará a su vida cotidiana.

Compartí esta noticia !

Paraguay, como en la época de Stroessner

Compartí esta noticia !

A dos semanas de las elecciones presidenciales del 22 de abril en Paraguay, la alianza opositora todavía no reconoce los resultados que le dieron la victoria al colorado Mario Abdo Benítez, por el 46,44% contra el 42,74% del candidato de la alianza de liberales e izquierdistas, Efraín Alegre.
El estrecho margen, del 3,7% (poco más de 90.000 votos), y sobradas evidencias de manipulación de mesas en diversos puntos del país, le hacen suponer a Alegre que esa escueta diferencia podría ser suya y no de Abdo Benítez.
De todas maneras, el reloj no dejó de correr y los tiempos se aceleraron llevando el debate político a otra parte. El fraude, o sus fundadas sospechas, no fue la bola de nieve que se esperaba; no hubo avalancha, apenas una denuncia penal sin muchos elementos impulsada por un abogado del Este del país, que fue electo senador por un movimiento propio, y que asegura que le robaron 70.000, con los que podría agregar otro escaño a su bancada. Su movimiento no fue el único que acusó de fraude a la Justicia Electoral. Y más allá de que quizás no pueda probarse, todo indica que el fraude fue real, y que contó con la valiosa participación de los medios, antes, durante y después de las elecciones.
Pero que “Marito”, como se conoce a Abdo Benítez, hijo del eterno secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, y por lo tanto su heredero “natural”, se convierta en presidente en unos comicios sospechados de fraudulentos no deja de ser una metáfora que retrata los tiempos que vive el país.
Su programa de gobierno recogió viejas banderas de la ortodoxia stronista, como la trilogía “partido, gobierno, fuerzas armadas”, y el Servicio Militar Obligatorio, el SMO, presentado como herramienta de contención, disciplinamiento y reeducación juvenil.
Sus primeros pasos como presidente electo revelan un alineamiento incondicional, y su condición de satélite de Cartes y su grupo, cada vez más ubicado al margen de la ley, no solo por su senaduría abiertamente inconstitucional, sino ahora implicado en una gigantesca operación de lavado de dinero, y la fuga de su principal cabecilla, el brasileño nacionalizado paraguayo, Darío Messer, a quien Cartes llama “hermano del alma”, buscado por la Interpol en más de 120 países.
Su bancada parlamentaria se dispone a respaldar el juramento de Cartes, Nicanor Duarte Frutos y Juan Afara, como senadores activos contra lo que establece con mucha claridad el artículo 189 de la Constitución Nacional de 1992.
El nombramiento como Vicepresidente, de la ex titular de la Corte Suprema de Justicia, Alicia Pucheta, quien curiosamente habilitó la ilegal candidatura de Cartes al Senado, y otorgó la carta de ciudadanía al “hermano del alma” prófugo, supuso la antesala del quiebre institucional en curso, al que todos los analistas coinciden en otorgarle un desenlace de consecuencias imprevisibles para la democracia, en un país de desigualdades extremas, con necesidades sociales urgentes, con más de la mitad de su población económicamente activa condenada a la informalidad y la precarización laboral, con cientos de miles de exiliados económicos repartidos por América y Europa, sin cuyas remesas mucha gente se moriría de hambre, y que son la contracara de una realidad signada por políticas que favorecen a los sectores concentrados de la economía, como el agronegocio, la “patria contratista” y la especulación financiera.
Pucheta asumirá la Presidencia, en reemplazo de Cartes, quien -si todo sigue de acuerdo al plan- renunciará a fines de mayo para preparar su ingreso al Senado.

Con el militarismo y su idea de orden cerrado de los tiempos de la mano más dura, han vuelto también coloridas palabras del folclore lingüístico paraguayo, como el término “Mau”, que por décadas sirvió para denominar a todo lo que es falso, ilegal, copia, como los automóviles, el famoso “auto mau” que le dicen, en la época en que el “contrato privado” reemplazaba a la Cédula Verde.
Así, el ingenio popular convirtió a “Marito” en “MAUrito”, por el carácter supuestamente fraudulento de su elección, que aunque no haya podido probarse en los estrados judiciales se inscribió ya en la memoria colectiva.
Dicen que Stroessner solía decir: “solo falto yo”, cuando repasaba las noticias de lo que sucedía en Paraguay durante su exilio en Brasil. Hoy, aquella frase, de haber existido, sigue tan vigente como el sistema político que dejó hace 29 años, y que no termina de reproducirse como una recurrente fatalidad.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin