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Sánchez responde a Trump y le exige respetar la legalidad si quiere revisar el comercio con España

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El Gobierno de Pedro Sánchez salió este martes al cruce de las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien anunció que podría “cortar todo el comercio con España” tras la negativa de Madrid a autorizar el uso de las bases de Morón y Rota en la ofensiva contra Irán. La respuesta oficial fue directa: si Washington quiere revisar la relación bilateral, deberá hacerlo respetando la legalidad internacional y los acuerdos entre la Unión Europea y Estados Unidos.

El cruce abre un frente diplomático en plena escalada militar en Oriente Medio y coloca a España en el centro de una disputa que combina defensa, comercio y soberanía. La decisión de no habilitar instalaciones estratégicas tensiona el vínculo con la Casa Blanca y plantea una pregunta política clave: ¿es un gesto de autonomía estratégica o el inicio de un conflicto comercial de mayor alcance?

Sánchez comparecerá este miércoles a las 9:00 en el Palacio de la Moncloa para fijar posición ante la situación regional y responder a las declaraciones del mandatario estadounidense.

Bases militares, OTAN y marco institucional

El detonante del conflicto fue la negativa del Ejecutivo español a autorizar el uso de las bases de Morón y Rota en operaciones militares contra Teherán. Trump calificó a España como “un socio terrible” de la OTAN y advirtió que “nadie” le dirá que no puede utilizar sus instalaciones.

Desde Madrid, fuentes oficiales recalcaron que España es un miembro clave de la OTAN y que cumple sus compromisos con la defensa europea. La discusión, en ese marco, no gira sobre pertenencia a la alianza sino sobre el alcance y la legalidad de una operación concreta.

El Gobierno español sostuvo que la ofensiva se encuentra al margen del derecho internacional, aunque también criticó al régimen iraní. Esa posición intenta mantener equilibrio: no avalar la intervención militar pero tampoco alinearse con Teherán.

La advertencia sobre el comercio añade otra dimensión. España es una potencia exportadora dentro de la Unión Europea y mantiene una relación histórica con Estados Unidos. Cualquier modificación en ese vínculo no depende solo de Madrid y Washington, sino del marco comunitario.

Bruselas entra en escena y blinda el frente comercial

La reacción no quedó en el plano bilateral. La Comisión Europea expresó que espera que Estados Unidos respete los compromisos comerciales asumidos y aseguró que protegerá plenamente los intereses de la Unión Europea.

El portavoz comunitario de Comercio recordó la declaración conjunta emitida el 22 de febrero, en la que ambas partes se comprometieron a evitar una escalada comercial y fijaron un arancel general tope del 15 % para la UE.

La intervención de Bruselas cambia la correlación de fuerzas. Si Trump avanza con medidas contra España, el conflicto dejaría de ser estrictamente bilateral y pasaría a involucrar a toda la Unión Europea. En ese escenario, el margen de presión estadounidense se complejiza y el debate se traslada al plano multilateral.

Impacto político y económico

La amenaza de cortar el comercio introduce incertidumbre en sectores exportadores españoles y en cadenas de suministro vinculadas al mercado estadounidense. Sin embargo, el Ejecutivo aseguró que cuenta con recursos para contener posibles impactos, asistir a sectores afectados y diversificar cadenas productivas.

En el plano político interno, la decisión de no autorizar el uso de bases refuerza una línea de autonomía estratégica que Sánchez viene sosteniendo en foros europeos. Al mismo tiempo, eleva el costo diplomático en la relación con Washington.

La clave está en si la tensión se mantendrá en el plano discursivo o derivará en medidas concretas. El Gobierno español remarcó que su voluntad es trabajar por el libre comercio y la cooperación económica, pero desde el respeto mutuo y el cumplimiento del derecho internacional.

Un pulso que trasciende a España

La comparecencia de Sánchez en Moncloa será el próximo movimiento político. El presidente deberá equilibrar firmeza institucional y cautela diplomática en un contexto internacional volátil.

Si Estados Unidos formaliza alguna restricción comercial, el caso podría escalar a instancias europeas y reabrir debates sobre soberanía, defensa y autonomía estratégica dentro de la OTAN. Si, en cambio, la tensión se diluye en negociaciones, el episodio quedará como un capítulo más de una relación transatlántica sometida a nuevas presiones.

Por ahora, España fija posición y traslada la discusión al terreno jurídico y comunitario. El conflicto no está cerrado. Y la respuesta de Washington definirá si se trata de un cruce retórico o de una reconfiguración más profunda en la relación entre aliados.

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“Inmersión de Selva” presenta una edición especial por el Día de la Mujer en Salto Encantado

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El Parque Provincial Salto Encantado será escenario de una edición especial de “Inmersión de Selva”, en el marco del Día Internacional de la Mujer. La actividad se realizará el domingo 8 de marzo, desde las 13 h, y propone una experiencia pensada para reconectar con la naturaleza y el bienestar personal en uno de los entornos más emblemáticos de la selva misionera.

La jornada invita a celebrar la fuerza y la conexión con la tierra a través de un trekking consciente y un espacio de meditación guiada. El recorrido incluirá miradores panorámicos con vistas al imponente Salto Encantado, además de la visita a la Cascada Picaflor y al Salto La Olla, donde los participantes podrán experimentar la energía del agua en un entorno natural privilegiado.

La propuesta suma momentos de relax e inmersión en piscinas naturales con hidromasaje en plena selva, generando una vivencia integral de descanso y renovación. Como cierre, se compartirá una merienda regional en los balcones del parque, coincidiendo con el atardecer y el característico vuelo de los vencejos de cascada hacia su sitio de pernocte, un espectáculo natural distintivo del área protegida.

“Inmersión de Selva” es una actividad con cupos limitados que prioriza la conexión personalizada y el disfrute consciente del entorno. El valor de la experiencia es de $26.000 por persona, con tarifa especial para grupos de amigas a partir de cinco integrantes.

Las reservas pueden realizarse vía WhatsApp al 3755 663775.

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Caputo desafía a los mercados y relativiza el riesgo país: “No se arregla con reservas ni con un bono de USD 1.000 millones”

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El ministro defendió la estrategia del Gobierno y marcó límites a la presión financiera.

En Córdoba, ante empresarios reunidos en la Fundación Mediterránea, el ministro de Economía, Luis Caputo, expuso una tensión que atraviesa hoy al Gobierno: pese a la compra acelerada de reservas, el riesgo país se mantiene cerca de los 600 puntos básicos. Y lejos de anunciar un giro, eligió confrontar con el diagnóstico de los analistas. “Es más difícil de lo que se cree”, dijo, en un mensaje que buscó ordenar expectativas dentro y fuera del mercado.

El dato no es menor. El Ejecutivo incrementó las compras de divisas por encima del compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional —pasó de un 5% del volumen diario acordado a algo más del 30%—, pero esa señal no se tradujo en una baja sustancial del indicador que mide el costo del financiamiento externo. La pregunta que dejó flotando Caputo es si el mercado exige algo más estructural que acumulación de dólares o si, directamente, el acceso al crédito sigue condicionado por factores políticos y externos.

Reservas, acceso al mercado y el debate sobre la colocación internacional

Caputo apuntó contra quienes, semanas atrás, reclamaban mayor intervención del Banco Central para fortalecer reservas como condición para reducir el riesgo país. Ahora, sostuvo, esos mismos sectores proponen una colocación internacional, aunque sea por USD 1.000 millones, como gesto para validar acceso al mercado.

El ministro rechazó esa alternativa. “Esas son cosas coyunturales que no cambian nada”, afirmó. Según su lectura, el mercado no necesita demostraciones simbólicas de acceso, porque “lo único que sabe es si un país tiene acceso o no”. La diferencia, agregó, puede estar en la tasa, no en la posibilidad técnica de emitir deuda.

La definición tiene peso político. Implica que el Gobierno no se moverá por presión de corto plazo y que priorizará el equilibrio fiscal y la acumulación de reservas por sobre señales financieras que puedan interpretarse como concesiones.

El funcionario insistió en que la estrategia de compra de divisas continuará y que se ejecuta “sin afectar el precio”, considerando la profundidad del mercado. El mensaje apunta a despejar temores de distorsiones cambiarias, pero también a sostener la idea de que la política económica tiene coherencia interna más allá de la volatilidad externa, hoy atravesada por el conflicto en Medio Oriente.

Equilibrio fiscal como eje de poder

Caputo encuadró el debate financiero dentro de una narrativa más amplia: orden macroeconómico, reducción del gasto y eliminación del déficit. Aseguró que el Gobierno bajó el gasto 30% en términos reales y corrigió cinco puntos de déficit fiscal en un mes, sin recurrir a default ni a mecanismos extraordinarios.

En términos políticos, el mensaje es claro. El oficialismo busca consolidar el equilibrio fiscal como activo de poder, no solo como herramienta técnica. “El compromiso fiscal es indeclinable”, afirmó el ministro, y lo presentó como “el escudo más importante ante cualquier shock externo”.

Esa postura redefine la correlación de fuerzas con el mercado. Si el Gobierno mantiene superávit y disciplina fiscal, el riesgo país deja de ser —según esta lógica— un indicador exclusivamente interno y pasa a estar más vinculado a percepciones estructurales y al contexto global.

También defendió la continuidad de reformas y la baja de impuestos, condicionadas al crecimiento de la recaudación y la formalización del empleo. En ese marco, mencionó la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y la reducción de aportes patronales de 18 a 2 puntos, con el objetivo de transparentar costos y reducir litigiosidad.

Crecimiento, crédito y el desafío estructural

El ministro vinculó el problema del riesgo país con una debilidad más profunda: la falta de crédito y de mercado de capitales. Recordó que cuando el Gobierno asumió, el crédito al sector privado representaba apenas el 3% del PBI, frente a niveles superiores al 30% en economías comparables.

Para Caputo, el ahorro existe pero permanece fuera del sistema financiero. Sin crédito interno y con dependencia histórica del financiamiento externo, la baja del riesgo país no depende solo de decisiones puntuales, sino de reconstruir confianza de largo plazo.

Esa definición introduce un matiz estratégico. Si el problema es estructural, la solución no será inmediata. Y si el mercado exige pruebas adicionales, el Gobierno parece dispuesto a sostener el rumbo antes que modificar la hoja de ruta.

Un indicador bajo presión y un Gobierno que no cede

La exposición en la Fundación Mediterránea funcionó como mensaje político. Caputo no anunció cambios. Tampoco negó la dificultad. Admitió que el proceso es “más difícil de lo que se cree”, pero reafirmó la continuidad del esquema fiscal, la acumulación de reservas y la agenda de reformas.

El riesgo país cerca de los 600 puntos básicos refleja que la discusión sigue abierta. La clave estará en si el equilibrio fiscal y la acumulación sostenida de divisas logran alterar la percepción de acceso al crédito o si el mercado demanda un hito adicional.

Por ahora, el Gobierno elige resistir la presión coyuntural. El termómetro financiero no acompaña, pero la estrategia no se mueve. En las próximas semanas, la evolución del contexto internacional y la reacción de los inversores marcarán si la apuesta consolida autoridad o reabre el debate interno sobre cómo acelerar la baja del costo argentino.

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Irán amenaza con atacar “todos los centros económicos” de Medio Oriente y escala la guerra con EE.UU. e Israel

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En el cuarto día de guerra abierta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el régimen de Teherán lanzó una advertencia que amplía el alcance del conflicto: atacará “todos los centros económicos de Medio Oriente” si no cesan las operaciones militares en su territorio. La amenaza llega en medio de bombardeos cruzados, ataques con drones sobre sedes diplomáticas y un bloqueo del Estrecho de Ormuz que ya impacta en los mercados energéticos.

La escalada se produce tras la operación conjunta denominada “Furia Épica”, iniciada el 28 de febrero, con bombardeos sobre instalaciones gubernamentales y bases militares iraníes. Desde entonces, el conflicto dejó de ser un enfrentamiento focalizado para convertirse en una confrontación regional con efectos geopolíticos y económicos globales.

El mensaje de Teherán no apunta solo a objetivos militares. Al mencionar “centros económicos”, introduce una dimensión estratégica que involucra infraestructura energética, puertos y nodos comerciales. La pregunta que sobrevuela es si el conflicto cruzará un umbral que comprometa de manera sostenida el flujo energético mundial.

Operación militar, represalias y presión diplomática

El Comando Central de Estados Unidos informó que desde el domingo se alcanzaron aproximadamente 700 nuevos objetivos en Irán, elevando el total a más de 1.700 blancos impactados en el marco de la operación “Furia Épica”. Entre los activos desplegados se encuentran bombarderos B-1, B-52 y cazas F-15.

Tres F-15 estadounidenses fueron derribados accidentalmente por defensas aéreas kuwaitíes, según reportó el propio comando militar.

La ofensiva incluyó ataques en Teherán y en la ciudad iraní de Qom, donde fue bombardeado el edificio de la Asamblea de Expertos, el órgano clerical encargado de elegir al sucesor del ayatolá Alí Jameneí, muerto el sábado en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel.

En paralelo, Arabia Saudita confirmó que la embajada estadounidense en Riad fue atacada con drones. Washington pidió a sus ciudadanos abandonar de inmediato 14 países y territorios de Medio Oriente y cerró misiones diplomáticas en Arabia Saudita y Kuwait tras ataques con drones iraníes.

El conflicto también se extendió a Líbano. Las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron una nueva oleada de ataques contra Beirut, dirigida a cuarteles y depósitos de armas del grupo Hezbollah, mientras esa organización lanzó drones contra una base militar israelí.

Declaraciones cruzadas y narrativa de poder

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que “pronto” se conocerá la represalia por el ataque a la sede diplomática en Riad y sostuvo que casi todas las capacidades militares de Irán “fueron destruidas”. También señaló que la operación podría extenderse y que el objetivo es acabar con las estructuras militares iraníes.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que atacará “aún con más fuerza” a Irán y Hezbollah, y advirtió que la guerra no ha hecho más que comenzar. Desde Israel se indicó que la campaña podría desarrollarse durante semanas.

Irán respondió con un mensaje de resistencia prolongada. El portavoz del Ministerio de Defensa iraní afirmó que el país está preparado para una “guerra muy larga” y que aún no utilizó sus “armas más efectivas”. Teherán también lanzó misiles contra Israel y contra países de la región con presencia militar estadounidense, como Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, agrega presión económica a la confrontación militar.

Impacto regional y correlación de fuerzas

La amenaza de atacar centros económicos regionales altera la correlación de fuerzas. Amplía el teatro de operaciones y coloca a países del Golfo en una posición más vulnerable. También eleva el riesgo para infraestructuras críticas vinculadas a energía y comercio.

En términos políticos, Estados Unidos e Israel refuerzan su alianza operativa. La ofensiva aérea conjunta y el volumen de objetivos alcanzados consolidan una estrategia de presión directa sobre el régimen iraní.

Irán, en tanto, apuesta a la asimetría. Misiles, drones y bloqueo marítimo funcionan como herramientas de disuasión frente a una superioridad aérea evidente.

La dimensión diplomática queda en suspenso. La evacuación de personal estadounidense y el cierre de embajadas reflejan que la guerra ya impacta en la arquitectura institucional regional.

Escenario abierto y umbral energético

El conflicto ingresa en una fase de incertidumbre estratégica. Israel sostiene que avanzará durante semanas. Irán advierte que puede prolongar la guerra y escalar objetivos. Estados Unidos mantiene una ofensiva de alta intensidad.

La clave estará en dos variables: si el bloqueo del Estrecho de Ormuz se consolida y si la amenaza iraní contra centros económicos se traduce en ataques efectivos. Cualquiera de esos movimientos podría transformar la guerra regional en un shock energético global.

Por ahora, la confrontación combina bombardeos, mensajes políticos y movimientos diplomáticos. El teatro de operaciones se expande y la dimensión económica se vuelve tan relevante como la militar. El desarrollo de los próximos días definirá si se trata de una ofensiva acotada o del inicio de un conflicto de alcance más amplio.

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La Bolsa porteña cae por quinta rueda y el riesgo país roza los 600 puntos en medio de la guerra en Medio Oriente

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La Bolsa porteña cae por quinta rueda y el riesgo país sube a 598 puntos tras la escalada bélica iniciada por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente, tras los ataques a Irán.

La escalada bélica en Medio Oriente volvió a golpear a los mercados y la Argentina quedó atrapada en la ola vendedora. Este martes, la Bolsa porteña encadenó su quinta caída consecutiva: el índice S&P Merval retrocede 3% en pesos y 3,7% en dólares, hasta los 2.552.000 puntos, su nivel más bajo desde el 27 de octubre, inmediatamente después de las elecciones legislativas.

En paralelo, los bonos soberanos en dólares —Bonares y Globales— ceden en promedio 2%, mientras el riesgo país elaborado por JP Morgan sube 32 unidades y alcanza los 598 puntos básicos, el valor más alto desde el 12 de diciembre.

El dato es más que financiero. En un contexto internacional convulsionado por la guerra aérea entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el mercado argentino vuelve a exhibir su vulnerabilidad estructural. La tensión externa acelera las dudas internas.

Shock global y energía en el centro del tablero

Las explosiones en Teherán y Beirut, junto con la expansión del conflicto hacia El Líbano, dispararon ventas masivas en los principales mercados del mundo. Los índices de Wall Street registran pérdidas de hasta 2%, mientras el precio del crudo salta alrededor de 8%.

El Brent del Mar del Norte se ubica cerca de los USD 84 por barril, su máximo desde julio de 2024. La suba responde a la interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, y a la ofensiva aérea que ya provocó la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

Irán calificó la ofensiva como un ataque no provocado y respondió con misiles y drones contra países árabes vecinos, además de restringir la navegación en la zona. Estados Unidos ordenó evacuar personal no esencial de varios países del Golfo y cerró misiones diplomáticas tras ataques con drones.

La dimensión energética del conflicto altera expectativas de inflación global y endurece las condiciones financieras para economías emergentes como la Argentina.

Mercado local bajo presión y señales de fragilidad

En ese marco, la plaza local profundiza su corrección. El retroceso del S&P Merval lo devuelve a niveles previos al rebote poslegislativo, borrando buena parte del impulso político que siguió a la última votación.

Los bonos soberanos acompañan la caída y el riesgo país se acerca a los 600 puntos. Ese umbral no es simbólico: marca una brecha de tasas que encarece cualquier intento de financiamiento externo y condiciona la estrategia fiscal y monetaria.

La correlación es directa. A mayor tensión global y suba del petróleo, mayor presión sobre activos de riesgo. En el caso argentino, esa sensibilidad se amplifica por la dependencia del crédito y la necesidad de sostener expectativas de estabilidad.

Volatilidad, liderazgo y margen de maniobra

La guerra agrega un factor que ningún programa económico controla: la duración del conflicto. Una fuente citada por Reuters indicó que la campaña israelí fue planificada para dos semanas y que avanzaba más rápido de lo previsto, con el objetivo de derrocar al sistema gobernante iraní.

Si el conflicto se extiende o compromete de forma sostenida el suministro energético, la volatilidad podría profundizarse. Para la Argentina, el escenario combina tres variables críticas: precios internacionales en alza, presión financiera externa y sensibilidad política doméstica.

El mercado ya dio una señal. La pregunta es cuánto margen conserva el frente económico para absorber un shock externo prolongado sin que la tensión financiera se traslade a otras variables.

Por ahora, la Bolsa cae, el riesgo país escala y el petróleo se mantiene en máximos. El tablero global se mueve con velocidad y los activos locales reflejan, una vez más, que la estabilidad interna depende también de factores que se deciden lejos de Buenos Aires.

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