EMISIONES DE CARBONO

Big data y clima: por primera vez Misiones mapea sus emisiones para planificar la gestión del cambio climático

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Desde el espacio, la selva misionera parece un océano verde. Un territorio húmedo, vibrante y denso que resiste como uno de los últimos grandes refugios del Bosque Atlántico Paranaense en Sudamérica. Pero ahora, por primera vez, Misiones puede observar algo que hasta hace poco era invisible: el rastro exacto de sus emisiones de gases de efecto invernadero.

No se trata de una intuición ni de una estimación general. Son mapas precisos, dinámicos y abiertos al público que muestran dónde se concentra el dióxido de carbono, el metano o el óxido nitroso en cada rincón de la provincia. Una radiografía climática construida a partir de información satelital, procesamiento geoespacial y análisis masivo de datos ambientales.

El proyecto representa un hito técnico para Misiones. Detrás de cada pixel hay años de trabajo, equipos especializados en geoprocesamiento, cambio climático y análisis territorial, además de una articulación compleja entre conocimiento local y tecnología de escala global.

La subsecretaria de Gestión, Desarrollo Sostenible e Innovación, Silvia Kloster, expresó que “el desarrollo de estos mapas representa una evolución en la transparencia climática de Misiones, facilitando que tanto el sector público como el privado cuenten con datos precisos para avanzar hacia una economía baja en carbono”.

Para construir estos mapas se utilizaron datos de EDGAR -Emissions Database for Global Atmospheric Research-, uno de los sistemas de monitoreo de emisiones más avanzados del mundo, desarrollado por la Comisión Europea junto a organismos científicos internacionales.

Gracias a esa enorme plataforma de información satelital y big data geolocalizada, hoy Misiones puede visualizar cómo “respira” su territorio.

En los mapas, Misiones aparece dividida en una cuadrícula de aproximadamente 11 kilómetros por 11 kilómetros. Cada celda funciona como una cápsula climática: allí se representan las emisiones anuales producidas por vehículos, industrias, consumo energético, residuos urbanos o actividades agrícolas. Los colores cuentan la historia. Verde para las emisiones bajas. Amarillo y azul para las medias. Rojo y bordó para los puntos críticos.

Y hay una imagen que impacta de inmediato: Misiones sigue siendo, mayoritariamente, verde.

En un planeta donde las manchas rojas avanzan sobre bosques, ciudades y corredores industriales, el mapa misionero revela otra realidad. Los grandes focos de emisión aparecen localizados en áreas urbanas y nodos de actividad intensa, mientras vastas extensiones del territorio mantienen una huella climática relativamente baja gracias al peso ecológico de la selva y la cobertura forestal.

Es, en cierto modo, una fotografía contemporánea del valor ambiental de la provincia.

Pero el objetivo no es solamente contemplativo. Estos mapas fueron concebidos como una herramienta estratégica para la toma de decisiones. Ahora es posible identificar con claridad dónde crecen las emisiones, qué sectores generan mayor presión ambiental y qué regiones requieren políticas específicas de mitigación o adaptación climática.

Para urbanistas, investigadores, docentes, municipios o funcionarios públicos, el acceso abierto a esta información cambia las reglas del juego. Un estudiante podrá usar los datos para una investigación académica. Un municipio podrá planificar mejor su gestión de residuos. Un organismo provincial podrá anticipar riesgos o diseñar políticas energéticas más eficientes. Y cualquier ciudadano podrá recorrer el mapa climático de su provincia desde una computadora o un teléfono.

Hay algo profundamente simbólico en esta iniciativa: por primera vez, Misiones no solo conserva naturaleza; también puede medirla, monitorearla y traducirla en inteligencia territorial.

En tiempos donde el cambio climático se discute en conferencias internacionales o informes globales, estos mapas traen el fenómeno a escala humana. El calentamiento global deja de ser una abstracción lejana y se convierte en algo concreto, visible y localizable. Un punto rojo en el mapa puede representar tránsito, residuos, expansión urbana o presión productiva. Un área verde puede mostrar el valor silencioso de la selva en pie.

La tecnología satelital, que alguna vez sirvió para explorar océanos y galaxias, hoy ayuda a leer el pulso ambiental de Misiones. Y, quizás, allí reside la verdadera dimensión del proyecto: no solamente en los datos que produce, sino en la nueva forma de mirar el territorio. Porque aquello que puede verse, también puede comprenderse. Y aquello que puede comprenderse, finalmente, puede transformarse.

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El precio global del carbono superó los US$107.000 millones y acelera la presión sobre las economías exportadoras

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El Banco Mundial confirmó que los mecanismos de fijación del precio del carbono triplicaron su recaudación en una década y ya cubren casi el 30% de las emisiones globales. El avance de estos sistemas empieza a redefinir competitividad, comercio exterior y acceso a financiamiento para sectores productivos intensivos en energía y recursos naturales.

Según un informe del Grupo Banco Mundial publicado el pasado 19 de mayo, los ingresos derivados de la fijación del precio del carbono se triplicaron en la última década: aumentaron de menos de US$30.000 millones en 2016 a movilizar más de US$107.000 millones para presupuestos públicos en 2025.

En el informe anual titulado State and Trends of Carbon Pricing 2026 (Situación y tendencias de la fijación del precio del carbono 2026) se revela que actualmente existen 87 políticas de fijación de precios del carbono en el mundo, un aumento de siete con respecto al año anterior. Asimismo, se muestra que todas las grandes economías de ingreso mediano han implementado o tienen previsto implementar mecanismos de fijación directa del precio del carbono. India y Viet Nam son los países que realizaron avances más significativos en este ámbito en 2025. En la publicación también se señala que los precios directos del carbono han crecido un 7% desde la edición del año pasado del informe y que se han duplicado en la última década. El precio promedio del carbono es ahora de casi US$21/tCO2e.

Un poco más del 29% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en todo el mundo están ahora cubiertas por mecanismos de fijación directa del precio del carbono. Esta cifra aumentaría a alrededor de un tercio si los instrumentos actualmente en desarrollo se implementaran en más economías emergentes importantes.

“La fijación del precio del carbono y los mercados de carbono pueden desempeñar un papel importante al permitir que los países determinen su propia matriz energética”, dijo Paschal Donohoe, director gerente y oficial principal de Conocimientos del Grupo Banco Mundial. “Cuando están bien diseñados, pueden ayudar a impulsar la eficiencia y la innovación, al tiempo que movilizan recursos para las prioridades de desarrollo. Durante más de 20 años, este informe ha ayudado a los responsables de formular políticas y al sector privado a comprender mejor la evolución de estos mercados y las oportunidades que representan”.

En los mercados de créditos de carbono, el volumen total de las emisiones de créditos de carbono aumentó un 8% entre 2024 y 2025. En tanto, los precios de los créditos de carbono disminuyeron levemente durante 2025, pero algunos tipos de proyectos continuaron teniendo un sobreprecio, incluidos aquellos que pueden ser utilizados por aerolíneas internacionales o proyectos de conservación forestal y reforestación con alta calificación.

El Grupo Banco Mundial se ha comprometido a ayudar a los países a alcanzar sus propios objetivos de desarrollo para facilitar la creación de empleo y promover el crecimiento sostenible. Un área de apoyo es el creciente acceso al financiamiento disponible a través de los mercados de carbono. A tal fin, el Departamento de Clima del Grupo Banco Mundial complementa sus servicios básicos de financiamiento y asesoría con productos clave que respaldan a los clientes a lo largo de la cadena de valor de las soluciones climáticamente inteligentes.

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El Efecto Trump en la COP29 ¿Qué pasará con las emisiones cero?

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La elección de Donald Trump impacta a las negociaciones globales sobre el cambio climático, mientras los diplomáticos se preparan para una agenda que favorezca a los combustibles fósiles.

Los líderes mundiales que se reúnen este lunes en Bakú, la capital de Azerbaiyán, para la cumbre climática global se enfrentan a una dura realidad: se espera que Estados Unidos, el país que más gases de efecto invernadero emite, pronto abandone su compromiso en la lucha contra el cambio climático.

Este encuentro sobre el clima es la primera gran reunión de la ONU desde la victoria electoral de Trump la semana pasada, y los diplomáticos internacionales están atentos a cualquier señal de cómo el nuevo presidente abordará las negociaciones multilaterales. Tras su victoria, se prevé que las prioridades de Estados Unidos cambien rápidamente.

Como ocurrió durante su primer mandato, Trump, un conocido escéptico del cambio climático, planea retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, el pacto internacional de 2015 para proteger el planeta, que él ha calificado de “horrendo”. Esto implicaría que el país incumpliría su compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero justo cuando los científicos advierten que las naciones deben reducir rápidamente la contaminación para evitar las peores consecuencias del calentamiento global.

La salida de Estados Unidos del acuerdo también significaría que el país, el más rico del mundo, probablemente abandone sus planes de ayudar financieramente a los países más pobres, que, aunque han contribuido poco al calentamiento global, son los más afectados por los desastres climáticos. La ayuda financiera a las naciones en desarrollo es uno de los temas clave en las negociaciones de la ONU, conocidas como COP29, que se prevé que se extiendan por dos semanas.

En lugar de reducir el uso de combustibles fósiles, como muchos países lo han prometido, la administración de Trump tomará una dirección opuesta. Trump ha prometido “perforar, perforar, perforar”, exportar más gas (aunque Estados Unidos ya es el mayor exportador mundial) y facilitar la quema de carbón, el combustible fósil más contaminante.

“Ya no nos vamos a preocupar por las emisiones”, dijo Myron Ebell, ex miembro del Competitive Enterprise Institute, quien dirigió el equipo de transición en el primer mandato de Trump. “Bajo la administración Trump, Estados Unidos llevará al mundo a un futuro mejor. Cuanto antes olvidemos todo esto sobre la reducción de emisiones, mejor”.

Trump asumirá el cargo el 20 de enero, pero su retorno inminente, junto con las crecientes tensiones geopolíticas, parece estar minando el impulso de la COP29 incluso antes de su inicio. Los líderes de la Comisión Europea, Alemania, Francia, Brasil, China, India, Sudáfrica, Japón, Australia y Papúa Nueva Guinea, así como el presidente Biden, han decidido no asistir al evento. También se han ausentado importantes figuras del mundo financiero, como los directores de Bank of America, BlackRock, Standard Chartered y Deutsche Bank.

Los representantes de la administración Biden en Bakú están ahora en una posición debilitada, con poca influencia sobre cualquier acuerdo. Se esperaba que las naciones desbloquearan miles de millones, e incluso billones de dólares, para la energía limpia y la adaptación al cambio climático a través de un acuerdo, pero ahora esa meta parece más difícil de lograr. La credibilidad de Estados Unidos como socio confiable en la lucha contra el cambio climático está en juego.

“Ya tenemos experiencia del primer mandato de la administración Trump, cuando sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París”, comentó el embajador de Samoa, Fatumanava-o-Upolu III Dr. Pa’olelei Luteru, quien lidera una coalición de pequeñas naciones insulares en las negociaciones climáticas. “Si va a ser lo mismo, entonces estamos extremadamente preocupados”.

El senador Ben Cardin, demócrata de Maryland y presidente del Comité de Relaciones Exteriores, dijo que los líderes mundiales tienen razón al sentirse ansiosos. “Donald Trump retirará el liderazgo de Estados Unidos en el escenario global y hará todo lo posible para ayudar a la industria de los combustibles fósiles”, expresó.

Hace meses, los diplomáticos extranjeros insistieron en que estaban preparados para la posibilidad de una segunda administración de Trump. Sin embargo, esta semana muchos admitieron estar sorprendidos por su victoria decisiva.

“La sorpresa de que Trump haya ganado con un margen tan amplio en el voto popular es una gran interrogante”, dijo Laurence Tubiana, quien fue embajadora climática de Francia durante la creación del Acuerdo de París. Ella lo calificó como “un golpe para la acción climática”.

El equipo de transición de Trump no respondió a las solicitudes de comentarios sobre sus planes para el Acuerdo de París, pero varias fuentes cercanas a su equipo de transición confirmaron que ya se ha preparado una orden ejecutiva para iniciar el proceso de retiro.

Los funcionarios de la administración Biden y los líderes ambientales insisten en que la revolución de la energía limpia es imparable, independientemente de quién controle la Casa Blanca. También aseguran a los aliados globales que los gobernadores y alcaldes de Estados Unidos llenarán el vacío, tal como lo hicieron la última vez que Trump hizo que Estados Unidos fuera el único país en retirarse del acuerdo de París.

“Ya hemos estado en esta posición antes”, dijo la gobernadora de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, demócrata y presidenta de una coalición de 24 gobernadores que enviarán una delegación a Bakú. “Vamos a continuar con nuestros compromisos”.

Muchos argumentaron que las circunstancias son diferentes a las de 2017, cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo de París. En ese momento, el acuerdo estaba en sus primeras etapas y la transición global hacia la energía limpia apenas comenzaba. Hoy en día, casi todos los países tienen un plan para reducir las emisiones y la energía limpia es un negocio de gran envergadura. La semana pasada, más de 650 inversores con 33 billones de dólares en activos globales instaron a los gobiernos a implementar políticas alineadas con la prevención de un aumento de temperaturas catastrófico.

Desde entonces, Estados Unidos aprobó una histórica ley sobre el cambio climático. La legislación, conocida como la Ley de Reducción de la Inflación de 2022, está destinando al menos 390.000 millones de dólares a la manufactura de energía limpia, como la eólica, la solar y otras.

Trump ha prometido derogar esta ley, pero esto podría resultar políticamente complicado, ya que aproximadamente el 80% de la inversión en nueva manufactura hasta ahora ha fluido hacia distritos republicanos.

“Las inversiones que esta administración ha estimulado no solo son buenas para la economía, sino que también son bastante estables”, dijo John Podesta, asesor climático de Biden, quien lidera la delegación estadounidense en Bakú. “Si analizamos sector por sector, la nueva generación de energía será limpia”, añadió. “El deseo de desarrollar la próxima generación de energía nuclear sigue allí. Los gigantes de la tecnología siguen buscando acuerdos con energías limpias. Las compañías automotrices siguen invirtiendo en electrificación e hibridación. Todas estas tendencias no van a cambiar de la noche a la mañana por Trump”.

Sin embargo, las matemáticas del cambio climático no perdonan. Sin que Estados Unidos trabaje a nivel nacional para reducir las emisiones y movilizar a otros países, la esperanza de evitar que las temperaturas globales promedio aumenten más de 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales se está desvaneciendo. Ese es el umbral más allá del cual los científicos advierten que los riesgos aumentan considerablemente, con más tormentas destructivas, sequías, incendios forestales, olas de calor y extinción de especies.

La agencia de la Unión Europea que monitorea el calentamiento global informó la semana pasada que 2024 está perfilándose para ser el año más cálido de la historia registrada y el primer año calendario en el que las temperaturas globales han aumentado consistentemente 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.

Un solo año por encima de 1,5 grados Celsius no significa que se haya alcanzado el objetivo del Acuerdo de París. Según los términos del pacto, para que esto suceda, las temperaturas deben mantenerse a o por encima de 1,5 grados durante un período de 20 años.

Para limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius, los científicos afirman que las naciones deben reducir las emisiones un 40% para fines de esta década. Sin embargo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero aumentaron el año pasado a un récord de 57 gigatoneladas y no se espera que disminuyan mucho, si es que lo hacen, en esta década, según un informe reciente de la ONU.

Las consecuencias de este calentamiento ya se sienten en todos los continentes. Solo este año, tres meses de lluvia cayeron en Brasil durante un período de dos semanas, causando inundaciones devastadoras, y lluvias torrenciales provocaron inundaciones repentinas en España que dejaron más de 219 muertos. En Estados Unidos, los huracanes Helene y Milton golpearon rápidamente, matando a más de 230 personas y causando daños por hasta 34.000 millones de dólares, según estimaciones de Moody’s, una agencia de calificación financiera.

“Esta es la nueva normalidad”, dijo Niklas Höhne, científico del NewClimate Institute, un grupo sin fines de lucro. “No desaparecerá. Solo cuando dejemos de emitir gases de efecto invernadero, la temperatura dejará de aumentar y la probabilidad de tales eventos también disminuirá”.

Según algunas estimaciones, comparados con las políticas del presidente Biden, los planes del Trump podrían agregar alrededor de cuatro mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera para 2030. Eso equivale aproximadamente a la cantidad de emisiones que producen anualmente los 140 países con menores emisiones del mundo.

Fuente: The New York Times

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Los pulmones verdes del planeta, podrían no ser suficientes para absorber CO2

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El calentamiento global podría acelerarse, si no se hace algo concreto para paliar la crisis de los sumideros de carbono.

Los bosques, los océanos y los suelos de nuestro planeta actúan como enormes esponjas, absorbiendo el exceso de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Conocidos como sumideros de carbono, estos ecosistemas han sido nuestros aliados en la lucha contra el cambio climático, amortiguando los efectos del calentamiento global causado por las actividades humanas. Sin embargo, esta capacidad vital está en peligro.

Dos estudios recientes, realizados por científicos del Reino Unido, China, Alemania y Francia, advierten que la capacidad de los sumideros de carbono se está viendo comprometida a un ritmo alarmante. El aumento de las temperaturas globales, la deforestación, la degradación de los suelos y la acidificación de los océanos son algunos de los factores que están debilitando estos ecosistemas cruciales.

El primer reporte preliminar implica un llamado de atención para el futuro porque temen que los procesos cruciales de los sumideros de carbono se desmoronen.

El año pasado, fue uno de los años récord en registros de calor y el estudio señaló que la cantidad de carbono absorbida por la Tierra se desplomó temporalmente. Las conclusiones del mismo destacan que los bosques, las plantas y el suelo prácticamente no absorbieron carbono. También este fenómeno ocurrió en los mares.

Las capas de hielo del Ártico y los glaciares de Groenlandia se derritieron más rápido de lo previsto, un cambio que altera la corriente oceánica del Golfo y desacelera la absorción de carbono por los océanos. Además, el zooplancton, que se alimenta de algas, queda expuesto a una mayor luz solar por el deshielo, y eso podría afectar también el almacenamiento de carbono en el fondo oceánico.

En julio pasado, otra investigación había revelado que los ecosistemas de bosques han absorbido constantemente dióxido de carbono durante las últimas tres décadas, incluso mientras las perturbaciones erosionan su capacidad.

Este estudio fue co-liderado por Yude Pan, científica de la Estación de Investigación del Norte del Servicio Forestal del USDA de los Estados Unidos, y por Richard Birdsey, del Centro de Investigación Climática Woodwell, e incluye a 15 coautores adicionales de 11 países, publicado en la revista Nature.

Para la recolección de datos utilizó mediciones terrestres a largo plazo combinadas con datos de teledetección. La misma determinó que los bosques absorben un promedio de más de 3,5 mil millones de toneladas métricas de carbono por año, lo que representa casi la mitad de las emisiones de dióxido de carbono de la quema de combustibles fósiles entre 1990 y 2019. Además, arrojó otros datos preocupantes:

Los bosques boreales en el hemisferio norte, que abarcan regiones como Alaska, Canadá y Rusia, han experimentado un descenso significativo en su capacidad de sumidero de carbono, con una caída del 36%. Esa disminución se atribuyó a factores que incluyen incrementos en disturbios por incendios forestales, brotes de insectos y calentamiento del suelo.

Los bosques tropicales también han visto una disminución, con la deforestación, causando un descenso del 31% en su capacidad para absorber carbono.

También se obtuvo algunos datos positivos: un crecimiento en tierras agrícolas previamente abandonadas y áreas taladas que compensó parcialmente las pérdidas y mantuvieron el flujo neto de carbono en los trópicos cerca de neutral.

Por otro lado, los bosques templados han mostrado un aumento del 30% en su capacidad de sumidero de carbono. Este aumento se debe en gran medida a extensos esfuerzos de reforestación, particularmente en China, según el estudio.

Qué indican ambos estudios

  • Bosques en llamas: Los incendios forestales, cada vez más frecuentes e intensos, destruyen vastas extensiones de bosque, liberando grandes cantidades de CO2 almacenado en la biomasa y el suelo.
  • Océanos asfixiados: La absorción de CO2 por los océanos está acidificando las aguas, afectando a la vida marina y reduciendo su capacidad para absorber carbono.
  • Suelos degradados: La pérdida de materia orgánica en los suelos, debido a prácticas agrícolas insostenibles y la erosión, disminuye su capacidad para almacenar carbono.
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Las emisiones de carbono llegaron a su pico en 2023 y disminuirían en 2024

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De acuerdo a un informe, las emisiones mundiales de carbono podrían haber alcanzado el máximo en 2023 y disminuirían en 2024

Un nuevo informe de BloombergNEF (BNEF) sobre las perspectivas energéticas a largo plazo y la transición hacia una economía baja en carbono indica que las emisiones globales de CO2 podrían haber alcanzado su máximo en 2023 y comenzar a disminuir estructuralmente este año.

Se espera que las emisiones se reduzcan entre un 2% y un 2,5% en 2024, según el informe BNEF “New Energy Outlook 2023”, publicado la semana pasada. Esta disminución se atribuye principalmente a la reducción del uso de carbón para la generación de electricidad en China y a la menor demanda de combustibles fósiles en las economías desarrolladas de Europa y Asia.

Este sería un hito crucial, ya que representaría la primera vez que las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyen estructuralmente como resultado de los esfuerzos deliberados de los países para combatir el cambio climático. En el pasado, las emisiones se han reducido temporalmente debido a recesiones económicas, como la crisis financiera mundial de 2009 y la pandemia de COVID-19 en 2020. Sin embargo, en ambos casos, el uso de combustibles fósiles repuntó rápidamente, lo que provocó que las emisiones volvieran a aumentar.

Alcanzar un pico de emisiones seguido de una disminución estructural marcaría el inicio de un camino real hacia el objetivo de cero emisiones netas para 2050. Para limitar el aumento de la temperatura global a 2°C, es necesario acelerar significativamente los esfuerzos para desarrollar y desplegar energías limpias y nuevas tecnologías, como la captura de carbono y el hidrógeno.

Fuente: Bloomberg

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