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De la medicina al mundo emprendedor: Poketo y Ketolandia apuestan por una nueva alimentación en Oberá

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La médica ginecóloga Silvana Gamarra convirtió una experiencia personal vinculada con la alimentación en dos emprendimientos que hoy generan empleo y suman una nueva propuesta gastronómica a Oberá. Ketolandia nació como panadería saludable y Poketo amplió el concepto hacia la cafetería y los bowls. Ahora, el proyecto familiar comienza a estudiar un próximo paso: desarrollar un modelo de franquicias.

Oberá atraviesa un momento particularmente dinámico en materia comercial. En una ciudad que viene recibiendo nuevas inversiones, ampliaciones y propuestas gastronómicas, también empiezan a ganar terreno emprendimientos que no compiten solamente por precio o ubicación, sino que intentan construir un concepto propio.

En ese escenario nacieron Ketolandia y Poketo, dos proyectos de una misma familia y forjados a partir de una misma idea: ofrecer alternativas para quienes buscan reducir el consumo de harina de trigo, azúcares refinados y productos ultraprocesados.

Detrás de ambos está Silvana Carolina Gamarra, médica ginecóloga desde 2006, formada además en medicina ortomolecular y nutrigenómica. Su ingreso al mundo empresarial no significó abandonar la medicina. En cierta forma, ocurrió exactamente al revés: fue desde su experiencia profesional, sus estudios y, especialmente, su historia personal que comenzó a imaginar el negocio.

“Si yo puedo mejorar, pueden mejorar otras personas”, resume Gamarra al explicar el razonamiento que terminó convirtiéndose en un proyecto comercial.

El primer paso fue Ketolandia, que abrió sus puertas en noviembre de 2024. La propuesta fue desarrollar una panadería diferente de la tradicional. Allí no se utiliza harina de trigo y las recetas incorporan alternativas como harina de almendras, coco o garbanzos. Tampoco trabajan con azúcar de mesa, sino que recurren, según cada producto, a stevia, eritritol o frutas.

La premisa es sencilla pero ambiciosa: conservar una costumbre profundamente argentina -comer pan, medialunas, tortas y otros productos de bollería- modificando los ingredientes con los cuales se elaboran.

El catálogo fue creciendo. Hoy incluye panes de molde y de campo, ciabattas, medialunas, productos de repostería y otras variedades. También desarrollaron alfajores con diferentes rellenos y una línea propia de helados en palito denominada Sin Cero, elaborada bajo el mismo concepto de reducción de azúcares.

Las mermeladas, el dulce de batata y el membrillo son elaborados en la propia panadería. Según explica Gamarra, tampoco utilizan conservantes ni colorantes y privilegian materias grasas como el aceite de oliva, aceite de coco y, dependiendo de las recetas, manteca.

Pero Ketolandia no nació de un estudio de mercado convencional. Nació de una historia.

Gamarra cuenta que durante buena parte de su vida convivió con distintos malestares y que, con el tiempo, identificó una intolerancia al gluten, aunque aclara que no es celíaca.

A partir de allí comenzó a modificar su alimentación, investigó alternativas y realizó distintas formaciones, incluso en España, relacionadas con dieta cetogénica y nutrición.

Esa búsqueda personal fue transformándose paulatinamente en otra cosa. “Se me abrió un panorama y un nuevo estilo de vida”, recuerda.

La experiencia también estuvo atravesada por la historia de su padre, quien padecía diabetes e hipertensión y sufrió un accidente cerebrovascular antes de fallecer. Aquello terminó convirtiéndose en uno de los motores emocionales del proyecto.

Gamarra comenzó a preguntarse por qué una persona que debía restringir determinados alimentos encontraba tan pocas alternativas cuando quería comprar algo tan cotidiano como una medialuna, un panificado o una torta.

De esa pregunta surgió una oportunidad. No se trataba de decirle al consumidor qué debía comer, sino de darle la posibilidad de elegir.

“Por lo menos que exista la opción que en su momento yo me planteaba que mi papá no tenía”, explica.

Esa combinación entre experiencia personal, formación profesional y demanda insatisfecha fue la semilla de Ketolandia.

La recepción del mercado terminó empujando el segundo paso. Ketolandia comenzó a recibir clientes de Oberá y de localidades cercanas, entre ellos personas con diferentes restricciones alimentarias o consumidores que simplemente habían decidido modificar algunos hábitos.

A partir de esa demanda, la familia detectó que había espacio para ampliar el concepto. Así nació Poketo, que abrió sus puertas en julio de 2026. Esta vez la apuesta fue más allá de una panadería.

Poketo incorpora una cafetería saludable. El cliente puede armar su propio bowl seleccionando carnes, vegetales, semillas y toppings, con la intención de resolver una comida completa dentro de una rutina cotidiana marcada por el trabajo, la escuela, los horarios y la falta de tiempo.

El concepto apunta precisamente a una de las transformaciones del consumo urbano: existe un público que quiere comer de determinada manera, pero que no siempre dispone del tiempo necesario para preparar esos alimentos.

Poketo intenta ocupar ese espacio. La cafetería mantiene la filosofía que dio origen a Ketolandia. Utiliza cacao 100%, distintas bebidas elaboradas a partir de ingredientes como remolacha y zanahoria y alternativas que buscan evitar azúcares refinados.

Dos conceptos, una misma dirección

Los dos emprendimientos funcionan uno junto al otro, en Jujuy 394, Oberá. Ketolandia ocupa el local A y Poketo el local B. Sin embargo, cada espacio fue diseñado con una identidad diferente.

En la panadería, los productos están exhibidos en canastas sobre una mesa central. El cliente elige personalmente las piezas que quiere comprar, se pesan y finalmente se determina el precio. La inspiración surgió de una panadería que Gamarra conoció durante uno de sus viajes. 

Poketo, en cambio, fue pensado también como un lugar de permanencia. Cuenta con sillones, mesas para grupos pequeños y una mesa de mayor tamaño destinada a reuniones familiares. Además, incorporaron un pequeño sector literario con libros para adultos y niños.

La intención es que el espacio permita hacer algo que muchas veces parece haber desaparecido de la experiencia gastronómica: quedarse.

Tomar un café, conversar, leer, escuchar música o simplemente reducir por un rato la velocidad de la rutina y el protagonismo del teléfono celular.

Los emprendimientos son también una empresa familiar. Gamarra trabaja junto a su marido, Marcelo, abogado de profesión. Ambos participan activamente de la operación cotidiana y cuentan con empleados tanto en la panadería como en la cafetería.

De ese modo, dos profesionales provenientes de actividades completamente diferentes terminaron construyendo una nueva unidad económica y generando puestos de trabajo alrededor de una idea que inicialmente había surgido dentro de su propia casa.

La familia, de hecho, fue el primer laboratorio del proyecto. Gamarra recuerda que uno de sus objetivos era que su hijo, hoy de 12 años, pudiera incorporar determinados hábitos no como una imposición sino entendiendo las razones detrás de cada elección.

El cambio comenzó en la mesa familiar y después saltó al mercado. “Mi esposo es abogado, yo soy médica”, señala al describir un recorrido empresarial que no había comenzado originalmente en el mundo gastronómico.

La historia de Poketo y Ketolandia se inserta además en un proceso más amplio.

Oberá viene mostrando en los últimos años una creciente dinámica de inversiones comerciales y gastronómicas. Nuevas marcas, ampliaciones, emprendimientos locales y conceptos diferentes están modificando gradualmente la oferta de la ciudad y reforzando su condición de centro económico de la zona Centro de Misiones.

En ese mapa, los emprendimientos de Gamarra aportan una característica particular: la especialización.

Esa diferenciación puede ser, precisamente, una de las claves para competir en mercados urbanos donde la oferta gastronómica es cada vez mayor. Y el proyecto ya empieza a mirar más allá de Oberá. El crecimiento despertó consultas para replicar el modelo en otras localidades.

Gamarra confirma que ya recibieron pedidos para desarrollar franquicias y que la familia está trabajando sobre esa posibilidad. El desafío no es menor.

Una de las fortalezas del producto -la ausencia de conservantes- también representa una dificultad logística. Algunos panificados tienen una ventana de entre 24 y 48 horas antes de necesitar congelación, lo que obliga a diseñar cuidadosamente cualquier eventual esquema de producción, almacenamiento y distribución. “Es una logística bastante compleja, pero no imposible”, reconoce.

Por eso, antes de expandirse, buscan terminar de ajustar los procesos. El objetivo, sin embargo, está definido.

“El propósito a largo plazo sí es una franquicia”, asegura Gamarra. Si ese salto finalmente se concreta, Ketolandia habrá recorrido en pocos años un camino significativo: de una necesidad personal a una panadería; de la panadería a una cafetería; de un emprendimiento familiar a una marca con potencial para replicarse fuera de Oberá.

Es también una pequeña postal de la transformación empresarial que atraviesa la ciudad. Silvana Gamarra resume la filosofía detrás de su apuesta con una frase que, además de explicar su relación con la alimentación, permite entender la lógica con la que decidió emprender: “La salud y la alimentación son una inversión y no un gasto”.

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Kerato Lens cumple 15 años: la visión de Paula Giménez para crecer sin perder de vista al cliente

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Paula Giménez abrió su óptica en Posadas en agosto de 2011, cuando su primera hija tenía apenas seis meses. Quince años después, celebra haber atravesado crisis, pandemia y cambios tecnológicos sin abandonar una premisa: calidad

Paula puede medir los quince años de su óptica en generaciones: algunos de quienes llegaron adolescentes a Kerato Lens hoy vuelven llevando de la mano a sus hijos. Ese detalle probablemente diga más sobre el negocio que cualquier balance.

La historia comenzó formalmente el 16 de agosto de 2011, aunque había empezado bastante antes. Giménez se recibió de óptica en 2005 en la Universidad Nacional de Rosario, trabajó durante un tiempo en esa ciudad y después decidió regresar a Misiones. En Posadas pasó varios años por Óptica Rueda, uno de los comercios tradicionales del rubro, hasta que llegó el momento de intentar construir algo propio.

El salto tuvo además una particularidad familiar que Paula todavía recuerda con una sonrisa.

“Ese año 2011 tuve mis dos bebés, como siempre digo. Sofi nació en febrero y la óptica en agosto”.

Su hija tenía apenas seis meses cuando abrió las puertas. Emprender, en aquel momento, significó entonces bastante más que poner en marcha un comercio. Era combinar maternidad, profesión, inversión, incertidumbre y largas jornadas de trabajo en una Argentina que, como demostrarían los quince años siguientes, nunca ofrecería demasiado tiempo para acomodarse.

Una silla también puede ser una idea de negocio

Desde el comienzo, Giménez quiso diferenciarse en algo aparentemente sencillo: escuchar antes de vender.

Cuando inauguró, recuerda, llamaba la atención que la óptica tuviera un espacio preparado para que el cliente pudiera sentarse. Hoy parece un detalle menor. Entonces no lo era.

La intención era recibir la receta, conversar, entender para qué necesitaba los anteojos esa persona y recién después recomendar cristales, materiales y armazones. Porque detrás de una misma graduación puede haber vidas completamente distintas: alguien que maneja durante horas, un niño que necesita sus anteojos para jugar, una persona que trabaja frente a una computadora o un usuario que debe adaptarse por primera vez a multifocales.

Esa filosofía terminó convirtiéndose en la identidad comercial del negocio.

No se trata solamente de vender un armazón que quede bien. La estética importa -y mucho-, pero comparte protagonismo con la función.

Hasta una gafa de sol cambia según quién vaya a utilizarla. No es lo mismo elegir anteojos para caminar por la Costanera que para viajar a la nieve, ir al mar, manejar o asistir a un casamiento de día. La venta, explica Giménez, comienza preguntando. Y quince años después, esa conversación continúa siendo parte del producto.

Sobrevivir también es innovar

En Argentina, cumplir quince años al frente de una pyme implica haber aprendido bastante más que el oficio original. Giménez atravesó distintas crisis económicas y también la pandemia, uno de los momentos que recuerda entre los más difíciles del recorrido. Hubo que modificar horarios, reorganizar el equipo y adaptarse al comportamiento de los clientes. Durante aquella etapa llegaron a trabajar de 8 a 19.30 de corrido, almorzando dentro del local y rotando al personal para poder sostener la atención.

Pero algunas transformaciones quedaron. Hoy una parte considerable de la relación con el cliente empieza antes de que cruce la puerta. WhatsApp y las redes sociales se convirtieron en una extensión del mostrador: llegan consultas, fotografías y audios; se muestran modelos y se brinda asesoramiento. Muchas veces, cuando finalmente entra al negocio, el cliente ya sabe qué armazón quiere probarse.

La tecnología también modificó el corazón técnico de la actividad.

Giménez y su equipo realizan capacitaciones permanentes, presenciales y virtuales, y fueron incorporando nuevas soluciones. Entre las más recientes aparece el control de miopía infantil, para el cual realizaron una capacitación específica, además de nuevas generaciones de multifocales cuyo diseño utiliza inteligencia artificial y software que incorpora distintos parámetros del usuario.

La personalización llega hasta los hábitos cotidianos: además de la graduación indicada por el oftalmólogo, determinados sistemas pueden contemplar parámetros visuales y actividades habituales para calcular las características de las lentes.

Es, en cierto modo, la versión tecnológica de aquella silla colocada hace quince años para escuchar al cliente.

Cuando el crecimiento no se mide en sucursales

Hay una conversación familiar que resume bastante bien la filosofía empresaria de Giménez. Su hijo Bruno alguna vez le preguntó por qué no abría otra sucursal. La lógica parecía irrebatible: otro local permitiría vender más.

La respuesta de Paula fue sencilla: “No hace falta”.

No porque haya perdido ambición. Su idea de crecimiento pasa por otro lugar.

Prefiere conservar el control sobre todo el recorrido del cliente: la primera atención, la elección del anteojo, el armado, la entrega y, especialmente, la postventa. En graduaciones elevadas o en personas que comienzan a utilizar multifocales, por ejemplo, la venta no termina cuando el cliente se lleva los anteojos. Empieza un período de adaptación que requiere seguimiento.

En tiempos en los que el discurso empresario suele asociar éxito exclusivamente con escala, Giménez eligió  crecer hacia adentro.

Más tecnología. Más capacitación. Mejores instrumentos. Nuevos materiales. Más precisión.

Entre los próximos pasos está la incorporación de nuevo equipamiento para realizar mediciones todavía más exactas. Las metas, dice, aprendió a pensarlas cortas. Una detrás de otra.

El valor de que vuelvan

También hubo pequeños hitos comerciales. Después de la pandemia se propuso convertirse en representante de Luxottica Italia y sumar marcas internacionales como Ray-Ban, Vogue y Armani Exchange. Cada renovación de la certificación es recibida como una pequeña confirmación de que el camino continúa. Pero cuando mira hacia atrás, Giménez no empieza hablando de marcas.

Habla de sus padres. De su familia. De sus amigas. De las colaboradoras que estuvieron y están en el negocio. Y, especialmente, de los pacientes y clientes que regresaron durante estos quince años.

“Estoy enormemente agradecida”, resume.

Hay clientes que llegaron siendo adolescentes. Otros llevaron primero a sus padres o a sus abuelos. Ahora algunos aparecen con sus propios hijos para hacerles sus primeros anteojos.

“Confiabas tus ojos y ahora estás confiando los ojitos de tus hijos”, dice Paula.

Para un comercio dedicado a la salud visual, difícilmente exista un indicador de fidelidad más potente.

El aniversario encuentra al negocio con promociones especiales durante agosto. Entre ellas aparecen modelos seleccionados de lentes de sol en modalidad dos por uno, beneficios vinculados con la compra de anteojos recetados, promociones en cristales y descuentos en distintas líneas y formas de pago. Las colecciones seleccionadas corresponden, según explicó Giménez, a temporadas anteriores y mantienen sus prestaciones y protección.

Es la parte comercial de una celebración que, en realidad, cuenta una historia mucho más larga.

Porque entre aquel agosto de 2011 y este aniversario pasaron cambios de hábitos, nuevas tecnologías, redes sociales, WhatsApp, crisis económicas y una pandemia. La óptica sigue allí. Y Paula también.

Quizás porque entendió tempranamente algo que no figura en ninguna receta: en un negocio donde el producto puede parecerse mucho al de la vidriera de al lado, la verdadera diferencia está en cómo se mira a quien entra por la puerta.

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“La Feria en el Monte”: emprendedores, gastronomía misionera y una tarde frente al río en Posadas

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Posadas tendrá este domingo una nueva edición de “La Feria en el Monte”, una iniciativa que busca articular el emprendedurismo local con la gastronomía misionera en un espacio de encuentro frente al río. La propuesta es impulsada por Spacio Mujer junto con Monte Resto-Bar, con el acompañamiento del Ministerio de Turismo de Misiones.

“La Feria en el Monte” fusiona el talento emprendedor con la mejor gastronomía local en un entorno privilegiado frente al río. La iniciativa, impulsada por Spacio Mujer en articulación con Monte Resto-Bar y con el acompañamiento del Ministerio de Turismo de Misiones, invita a la comunidad a disfrutar de una jornada diseñada para los sentidos.

A diferencia de otras propuestas masivas, esta es una versión más íntima, pensada específicamente para quienes buscan Feria de emprendedores y gastronomía misionera en un solo lugar. Es un espacio para conectar con el talento local, saborear lo nuestro y disfrutar de una tarde distinta frente al río.

La propuesta destaca por reunir a un grupo reducido de emprendimientos seleccionados, priorizando la calidad de la propuesta y el respeto por el entorno natural que la alberga.

Desde el 2013 la comunidad de Spacio Mujer promueve el desarrollo local, el turismo y la cultura emprendedora de nuestra provincia.

DETALLES DEL EVENTO:

  • Fecha: Domingo 09 de Agosto
  • Somos Pet Friendly
  • Horario: 14:30 a 20:30 horas
  • Lugar: Lanusse y Costanera, Posadas

Para más información: @laferia_spaciomujer

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