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El desafío de la sucesión en las empresas familiares

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por Diego Madeo. Director Ejecutivo de Garnet Technology. La sucesión generacional es uno de los mayores desafíos de las empresas familiares. A partir de experiencias reales y datos concretos, esta nota analiza por qué muchas no logran trascender y qué hacen diferente aquellas que sí lo consiguen. Tuve la suerte de haber trabajado durante muchos años en una gran compañía multinacional. Admito que allí aprendí muchísimo, sobre todo en lo referente a procesos, metodologías de trabajo y formas de organización que, en más de una ocasión, pueden parecer tediosas, lentas o excesivamente burocráticas. Sin embargo, con el tiempo entendí que esos métodos, aunque incómodos en el día a día, suelen ser el camino correcto para construir buenos resultados en el mediano y largo plazo.

Después de casi quince años, la vida profesional me dio la oportunidad, y me gusta decir la suerte, de pasar al mundo de las PYMEs. Y lo llamo suerte porque fue, verdaderamente, una aventura. Una aventura desafiante, intensa y profundamente formativa. Todo el aprendizaje previo no solo encontró un espacio donde aplicarse, sino que se potenció. En una pyme, el hacer y deshacer es dinámico, inmediato; las decisiones tienen impacto directo y el aprendizaje es constante, casi diario.

En ese entorno, uno comprende rápidamente que no todo está escrito, que muchas veces no hay manuales ni estructuras perfectas, y que gran parte del crecimiento depende de la capacidad de adaptarse, corregir y volver a intentar. La cercanía con las personas, con los equipos y, muchas veces, con la familia detrás de la empresa, le da al negocio una dimensión mucho más humana.

Empresas familiares, cuando el apellido pesa

Es en este contexto es donde empecé a entender en profundidad el valor y la complejidad de las empresas familiares. Empresas que nacen de un sueño, de una necesidad o de una oportunidad, pero sobre todo de una enorme vocación de trabajo donde literalmente no hay descanso ni fines de semana. Empresas donde el apellido pesa, donde las decisiones no solo se toman con la cabeza, sino también con los sentimientos, decisiones subjetivas que pueden ser muy peligrosas. Mientras esto sucede, el tiempo pasa y sin darte cuenta aparece uno de los mayores desafíos: trascender, ya no se trata de sobrevivir y crecer, sino lograr que ese proyecto de vida que inició una generación pueda continuar en manos de la siguiente, sin perder identidad, pero aceptando que el mundo y la dinámica comercial ya no es la misma.

Las empresas familiares constituyen el pilar fundamental de muchas economías a nivel mundial. Se estima que el 70% de las empresas familiares no logra sobrevivir al traspaso a la segunda generación, y lo más alarmante es que solo el 4% llega con éxito a la tercera. Esta cifra, repetida en múltiples estudios a nivel internacional, no solo revela un problema de sucesión, sino también de preparación, profesionalización y visión de largo plazo. Según datos recopilados por la consultora PwC en su informe global sobre empresas familiares, uno de los mayores riesgos a los que se enfrentan es la falta de planificación estructurada para la sucesión. De hecho, más del 40% de las empresas familiares no tiene un plan formal para el recambio generacional, lo que suele derivar en conflictos internos, pérdida de rumbo estratégico y, en muchos casos, el cierre o venta de la empresa.

Además, según el Instituto Argentino de la Empresa Familiar (IADEF), otro dato crítico es que el 85% de las empresas en Argentina son familiares, pero solo el 30% logra continuar con éxito después del retiro del fundador. Esta realidad se repite en gran parte de América Latina, las PYMEs familiares tienen un peso enorme en la economía, pero al mismo tiempo su continuidad en el tiempo es frágil. Y ahí es donde inevitablemente me pregunto por qué. ¿Será que los gobiernos no acompañan con reglas claras y políticas de largo plazo? ¿O el problema está puertas adentro, en cómo se gestionan, se ordenan y se preparan para el recambio generacional? 

El mercado de la seguridad y el choque generacional

En el mercado de la seguridad, especialmente en el segmento de las empresas de monitoreo, hoy observo que muchas están atravesando el proceso de desarrollo y consolidación de las segundas generaciones. Lo veo de manera recurrente en mis recorridas y en las conversaciones con dueños, hijos y equipos que conviven día a día con ese desafío.

A principios de los años 90, cuando la infraestructura telefónica crecía a pasos agigantados y las alarmas micro procesadas comenzaban a consolidarse, surgieron empresas visionarias que apostaron por un negocio prácticamente sin explorar: la seguridad electrónica. El mercado era joven, estaba lleno de oportunidades, y quienes lo iniciaron sabían que había mucho por construir. No había manuales ni fórmulas mágicas; había intuición, trabajo constante y una idea bastante clara de hacia dónde querían ir. Pero hoy ya no es lo mismo y las nuevas generaciones llegan a profesionalizar y optimizar muchos de los procesos para poder seguir creciendo y sobrevivir en un mercado mucho más competitivo.

En esas charlas, muchas veces largas y sinceras, aparecen siempre los mismos temas. Veo cómo se mezclan los roles, cómo lo familiar se cruza con lo empresarial sin un límite claro, y cómo esa confusión termina generando tensiones que no siempre se dicen en voz alta. Escucho historias donde nadie sabe del todo quién decide qué, donde las responsabilidades se superponen, donde no existe una regla escrita que ordene la relación entre la familia y la empresa. Donde la superposición de roles familiares y empresariales puede generar tensiones y conflictos, afectando la toma de decisiones, y, en no pocos casos, aparece algo todavía más profundo, la dificultad del fundador para soltar el control, para confiar plenamente en que la nueva generación puede y debe tomar decisiones, equivocarse y aprender.

Creer que lo que funcionaba hace 30 años sigue funcionando hoy es uno de los errores más comunes. Lo más importante para comprender este cambio es entender que estamos frente a nuevas generaciones de consumidores, que se informan, eligen y consumen de una manera completamente distinta.

Con el tiempo entendí que el problema no es el recambio en sí, ni mucho menos “pasar la posta” de manera simbólica. El verdadero desafío está en construir una estrategia consciente y planificada, que prepare a la nueva generación, que abrace la profesionalización y que incorpore herramientas modernas de gestión como parte del ADN del negocio. Porque cuando eso no sucede, la empresa queda atrapada entre lo que fue y lo que nunca termina de ser.

En un mundo que cambia a velocidad vertiginosa, la capacidad de una empresa familiar para trascender generaciones no dependerá solo del apellido que la fundó, sino de su habilidad para adaptarse, reinventarse y entender que el legado no es algo que se conserva de manera estática, sino algo que se transforma para continuar.

Planificar, ordenar y profesionalizar

Con el paso del tiempo, y después de haber acompañado a muchas empresas familiares en distintos momentos de su historia, fui entendiendo que no existen recetas mágicas para lograr una transición generacional exitosa, pero sí algunos patrones que se repiten cuando las cosas salen bien. Uno de los más claros es la planificación. Las empresas que logran atravesar este proceso de manera ordenada son aquellas que empiezan a pensar la sucesión con tiempo, sin apuros ni urgencias, permitiendo que el recambio sea gradual y que la nueva generación se prepare de verdad para el rol que le tocará asumir.

También aprendí que la claridad en los roles y responsabilidades es clave. Cuando cada persona sabe qué se espera de ella, dónde empieza y termina su función, y cómo se toman las decisiones, se reducen los conflictos y se gana foco. En cambio, cuando todo se mezcla, familia, empresa, emociones, el negocio suele perder orden y dirección.

Otro punto fundamental tiene que ver con la formación. La nueva generación no puede liderar solo por herencia; necesita capacitarse, formarse, equivocarse y aprender. Invertir en educación, en experiencia y en desarrollo personal no es un gasto, es una de las mejores inversiones que una empresa familiar puede hacer para asegurar su continuidad.

En ese mismo camino aparece la profesionalización de la gestión. Incorporar prácticas modernas, ordenar procesos y, en muchos casos, sumar miradas externas, como la de un consultor, aporta mucho. No se trata de perder identidad, sino de fortalecerla con herramientas que ayuden a tomar mejores decisiones en un contexto cada vez más complejo y competitivo.

Nada de esto funciona sin comunicación. La apertura para hablar, disentir, plantear dudas y expresar preocupaciones de manera honesta es lo que permite alinear objetivos y evitar que los conflictos se acumulen en silencio. Cuando la conversación fluye, las decisiones mejoran y el negocio también.

He visto empresas que lograron atravesar generaciones y perdurar en el tiempo. En todos esos casos, hay algo en común, una enorme capacidad de adaptación, una identidad clara que se sostiene más allá de las personas, y una gestión financiera prudente que prioriza el largo plazo por sobre la urgencia del corto.

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Kruse S.A.: 80 años de transporte misionero y los desafíos que marca el futuro del sector

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La empresa familiar Kruse S.A. fundada en 1941 en Montecarlo enfrenta hoy un escenario marcado por costos dolarizados, caída de demanda y regulaciones que desordenan el mercado. Su gerente, Fernando Kruse, aporta una mirada cruda y técnica sobre el futuro del transporte de pasajeros en Misiones.

En una entrevista realizada por La Start Up CACIM en Montecarlo, Fernando Kruse —actual gerente de Kruse S.A., una de las compañías más antiguas del transporte de pasajeros de Misiones— analizó el presente y futuro del sector en un contexto de tarifas reguladas, costos dolarizados, caída de pasajeros y tensiones institucionales. Con 84 años de trayectoria, la firma enfrenta desafíos estructurales que impactan directamente en la movilidad regional, la sustentabilidad financiera de las empresas y el acceso al transporte público. “Estamos hoy en la tercera generación… la semana del 14 de octubre cumplimos 84 años de trayectoria”, resumió el empresario.

Un legado de 84 años: historia, regla de oro y sucesión familiar

“El colectivo tiene que salir sin deber nada”

La empresa nació en 1941, cuando Federico Kruse —abuelo de Fernando— transformó un pequeño camión en un colectivo para transportar personal en la zona de Montecarlo. “Era un camioncito de la empresa Laharrague… lo transformó en colectivo, con asientitos de madera” , recuerda su nieto.

Aquel origen forjó una lógica de gestión que se mantiene hasta hoy. Fernando cita literalmente la regla fundacional familiar:
“Mi abuelo siempre decía que la unidad cuando sale a la calle tiene que estar sin deudas: personal pago, combustible lleno, sin deber nada, y ahí salir a buscar el dinero.”

Su padre, Manfredo, consolidó la expansión en servicios provinciales y de turismo. “Mi papá nos enseñó absolutamente todo… es muy meticuloso y estricto” , agrega Fernando, quien hoy dirige la firma junto a él y a su hermano Javier.

La vida de empresa familiar —cuenta— está marcada por tensiones generacionales y decisiones compartidas:
Las decisiones las tomamos entre los tres. A veces hay discusiones, pero siempre pensando en la empresa” .

Fernando Kruse, actual gerente de Kruse S.A.

Estructura del transporte: subsidios, tarifas congeladas y costos dolarizados

Un sector regulado con ingresos fijos y gastos variables

Kruse ofrece una descripción técnica del funcionamiento económico del transporte: la tarifa que paga el usuario no refleja el costo real por kilómetro, que surge de una ecuación polinómica que integra combustible, salarios, repuestos, seguros y administración.

Nuestro ingreso sigue siendo el mismo, pero los insumos están 100% dolarizados. Neumáticos, grasa, repuestos: todo sube automáticamente” .

La tarifa está regulada por la Provincia y se actualiza esporádicamente: “Este año tuvimos una adecuación tarifaria en enero y durante todo el año no hubo más ajustes”. Recién en esta semana se actualizó un 30% la tarifa de media distancia en Misiones.

El atraso tarifario, dice, se combina con presiones políticas: “La tarifa está politizada… si hay elecciones no actualizan”.

Subsidios: del gasoil diferencial al esquema actual

Kruse repasa la historia del sistema: Antes de 2018, las empresas recibían gasoil subsidiado: “Prácticamente regalado”. Ese beneficio se eliminó, generando un shock financiero: “Fue como que te saquen el respirador artificial” .

El esquema actual se basa en compensaciones provinciales y reembolsos del Boleto Estudiantil Gratuito (BEG), pero con brechas significativas: “Cuando el Estado pasó a pagar, dijo: ahora voy a pagar solo el 50% del boleto.

Las empresas deben financiar la operación mientras esperan los pagos: “Cobramos un anticipo y recién a fin de año los saldos. Es muy difícil sostenerse así.

Pandemia, digitalización y caída estructural de la demanda

El impacto de 2020 y el cambio cultural

El golpe más severo en la historia reciente fue la pandemia: “Para nosotros fueron 9 o 10 meses sin actividad, sin ingresos, pero todos los gastos seguían”.

El cierre prolongado modificó para siempre los patrones de movilidad. “La pandemia digitalizó todo… la gente dejó de ir personalmente a hacer trámites, y eso impactó muchísimo en el transporte” .

Muchas líneas aún no se reactivaron: “No pudimos volver a poner en marcha San Antonio–Irigoyen… era muy usada por estudiantes, pero no se sostiene con los costos actuales”.

Turismo y regulaciones: el golpe silencioso del “Protocolo de Viajes Seguros”

Uno de los segmentos que compensaba los ingresos regulados era el turismo escolar y recreativo. Ese flujo también cayó tras la implementación del nuevo protocolo provincial: “Hoy un viaje que antes costaba un millón, cuesta cuatro millones y medio”.

Las escuelas dejaron de contratar viajes cortos: “Ese protocolo es incumplible… trajo una merma impresionante en los viajes”.

El efecto colateral alcanzó a todo el ecosistema turístico: “Afectó a las escuelas, a las empresas de transporte y también a los puntos turísticos como el zoológico o los balnearios”.

Competencia y concentración: un mercado asimétrico

El mapa actual del transporte interurbano muestra un fuerte proceso de concentración. “Antes competíamos con empresas similares… hoy tenemos que competir contra Crucero del Norte y Río Uruguay”.

La metáfora que eligió Fernando es elocuente: “Es como pelear con una espada de madera contra muchas amenazas.”

La estrategia de Kruse S.A. es simple y humana: “Competimos con amabilidad, responsabilidad y trato personal. Eso nos identifica.

Qué necesitaría el sector para ser sostenible

Cuando le preguntaron cuál sería “la bala de plata” que resolvería el problema estructural del transporte, Fernando fue directo: “Que nos quiten todo tipo de regulaciones de precios y trabajar con costos reales.”

Y aclara: “Sé que es difícil, pero si la gente tuviera el dinero para pagar lo que vale el servicio, todo mejoraría.

Un sector que necesita reglas claras

La entrevista con Fernando Kruse expone un diagnóstico de alto valor institucional: El transporte interurbano de Misiones es estructuralmente deficitario bajo el esquema actual.

Enfrenta costos variables dolarizados, tarifas fijas, compensaciones atrasadas y regulaciones superpuestas. La pandemia y la digitalización provocaron una caída permanente de pasajeros.Los protocolos turísticos y la concentración empresarial profundizan la fragilidad de las firmas locales.

Aun así, Kruse S.A., con 84 años de historia, continúa operando entre Montecarlo, Puerto Piray, Eldorado y Posadas, sosteniendo un servicio esencial para miles de usuarios.

Trabajamos todos los días para mejorar. El apellido va en el costado del colectivo y cada rasponcito es como si fuera nuestro.

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Empresas familiares: cómo equilibrar tradición e innovación para garantizar su futuro

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“Gestionar vínculos para garantizar la continuidad”, es la mirada de Eduardo Press, pensando en el desafío de la empresa familiar. Press es consultor en relaciones interpersonales en empresas y organizaciones, analizó con Economis los desafíos de la gestión de vínculos en las empresas familiares en la previa del Programa Ejecutivo organizado por Mejora Continua, donde será encargado de dos de las charlas.

La compleja dinámica de las empresas familiares plantea retos que van más allá de la gestión tradicional. Eduardo Press, especialista en relaciones interpersonales dentro de estas organizaciones, abordó las principales dificultades y brindó herramientas para lograr una mejor convivencia entre generaciones.

La clave está en organizar, no separar

Uno de los grandes mitos sobre la empresa familiar es que se puede separar el ámbito laboral del personal. Para Press, esto es una falacia: “Los seres humanos somos unidades integrales. No se trata de evitar el cruce entre la empresa y la familia, sino de organizarlo”. En este sentido, recomienda establecer reglas claras, como tiempos específicos para hablar de la empresa y momentos reservados exclusivamente para la familia.

El cambio generacional y la resistencia a la modernización

El traspaso generacional es un punto de conflicto habitual en las empresas familiares. Según Press, mientras los fundadores tienden a conservar estructuras tradicionales, los jóvenes traen consigo nuevas herramientas y modelos de gestión. “Los padres creen que sus hijos la tienen fácil porque reciben una empresa ya establecida, pero sostener y mejorar algo que otro creó es un desafío aún mayor”, explicó.

El consultor destacó que muchas veces los hijos regresan de la universidad con conocimientos teóricos, pero sin la experiencia del día a día en la empresa. “Mi trabajo es integrar: hacer que los jóvenes reconozcan el valor del conocimiento práctico de sus padres y que los fundadores comprendan la importancia de la modernización”, afirmó.

Roles dentro de la empresa: la importancia del equilibrio

Press utilizó la metáfora de un automóvil para ilustrar la necesidad de equilibrar funciones dentro de la empresa: “Hace falta quien acelere, quien frene, quien mire hacia adelante y quien observe el retrovisor. Si todos hacen lo mismo, la empresa se estanca o se descontrola”. Según su experiencia, la rotación de roles y la flexibilidad son claves para una convivencia saludable.

La tecnología y el impacto en las relaciones laborales

La digitalización y el trabajo remoto han modificado las dinámicas dentro de las empresas. Press reconoció que el home office llegó para quedarse, pero advirtió sobre la importancia del contacto presencial: “Nada reemplaza el verse cara a cara, el mirarse a los ojos y sentir la presencia del otro. La tecnología es una gran herramienta, pero no puede ser el único medio de interacción”.

Gestión de ideologías en el ámbito laboral

En un contexto de alta polarización, la diversidad de ideologías dentro de una empresa puede generar tensiones. Press destacó la importancia del respeto mutuo y de establecer límites claros: “Cada persona tiene derecho a su ideología, pero cuando esto interfiere en la convivencia laboral, es necesario priorizar la relación humana por sobre las diferencias”. Además, subrayó que la clave está en decidir qué es más importante: “¿Querés tener razón o querés mantener el vínculo?”.

Conclusión: la empresa familiar como un espacio de aprendizaje continuo

Para Press, la empresa familiar es un ecosistema donde todos los integrantes tienen algo que aportar y algo que aprender. “Nadie sabe tanto como para no aprender de otro, y nadie sabe tan poco como para no enseñar algo”. Finalmente, hizo un llamado a la empatía y la flexibilidad: “El verdadero éxito de una empresa familiar no se mide solo en términos económicos, sino en la capacidad de sus miembros para construir relaciones sólidas y sostenibles en el tiempo”.

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