Concepción de la Sierra, la Cooperativa CEUROSP inauguró su planta de postes de hormigón con financiamiento productivo del Banco Macro y el Gobierno de Misiones
En un paso decisivo hacia la consolidación del desarrollo energético y productivo regional, la Cooperativa de Electricidad Urbana, Rural y Otros Servicios Públicos (CEUROSP) de Concepción de la Sierra inauguró su nueva fábrica de postes de hormigón armado, un proyecto financiado a través de una línea de crédito productiva del Banco Macro con tasa bonificada por el Gobierno de Misiones. La planta permitirá abastecer la demanda local de infraestructura eléctrica, reducir costos logísticos, fortalecer la autonomía operativa de la entidad y generar empleo genuino en la zona.
Producción local y valor agregado: la apuesta cooperativa al desarrollo regional
El acto inaugural se realizó en las instalaciones de la cooperativa, ubicadas en las cercanías del barrio Esperanza, con la participación de autoridades locales, representantes del sector cooperativo y jefes comunales de la región.
Encabezaron la ceremonia Carlos Pernigotti, presidente de CEUROSP; la intendente de Apóstoles, María Eugenia Safrán; y los intendentes Ramón Gerega (Tres Capones), Rodolfo Kuinaschuk (Azara) y José Zadovek (Santa María), además de socios, trabajadores y vecinos.
Durante su discurso, Pernigotti agradeció el respaldo del Gobierno provincial y de las municipalidades de Concepción de la Sierra y Apóstoles, subrayando que “esta planta es el resultado del esfuerzo conjunto de una comunidad que apostó a la producción local, al trabajo y a la eficiencia en los servicios públicos”.
La nueva fábrica de postes de hormigón armado representa un hito en la infraestructura eléctrica de la zona sur de Misiones. Permitirá producir localmente los insumos utilizados en la ampliación y mantenimiento del tendido eléctrico, lo que reducirá la dependencia de proveedores externos y mejorará la capacidad de respuesta ante emergencias y obras de expansión.
Además, la planta se proyecta como un motor de empleo regional, al incorporar mano de obra local en tareas de producción, logística y mantenimiento. Su puesta en marcha refleja el modelo de desarrollo cooperativo que caracteriza a Misiones, basado en la articulación público-privada y el fortalecimiento del entramado económico territorial.
Financiamiento productivo con impacto local: una política provincial sostenida
La concreción del proyecto fue posible gracias al acceso a una línea de crédito productivo del Banco Macro, con tasa subsidiada por el Gobierno de Misiones, destinada a promover inversiones estratégicas en infraestructura, tecnología y producción local.
En un contexto nacional marcado por la volatilidad económica y la restricción del crédito, la iniciativa se inscribe en la política provincial de impulsar el desarrollo cooperativo y la generación de valor agregado en origen, a través de mecanismos de financiamiento accesibles y sostenibles.
Desde el Ejecutivo provincial destacaron que Misiones mantiene activas líneas de crédito con Banco Macro, Banco Nación y el Consejo Federal de Inversiones (CFI), con el objetivo de sostener la inversión privada, el empleo y la competitividad de las cooperativas y pymes locales.
Estos programas permiten que entidades como CEUROSP puedan avanzar en proyectos de autonomía energética, eficiencia operativa y expansión de servicios públicos, garantizando mayor estabilidad y equidad territorial.
Infraestructura eléctrica y desarrollo territorial: un círculo virtuoso
La inauguración de la planta de postes se enmarca en un proceso de modernización del sistema eléctrico cooperativo, que busca fortalecer la infraestructura de distribución y mantenimiento en el sur provincial.
El proyecto no solo reducirá los costos de provisión de materiales —actualmente afectados por los aumentos logísticos y la dependencia de insumos externos—, sino que también permitirá a la cooperativa ofrecer un servicio más eficiente, con tiempos de respuesta más cortos y mayor capacidad de planificación.
El impacto económico se reflejará en la reactivación del empleo local, el fortalecimiento de proveedores regionales y la consolidación del cooperativismo como actor clave en la economía misionera.
Frente a la coyuntura nacional y las dificultades de acceso al crédito, la experiencia de CEUROSP muestra el valor de las alianzas público-privadas y la gestión cooperativa como instrumentos de desarrollo inclusivo, que priorizan la producción local y la sostenibilidad.
El Gobierno actualizó el precio del biodiesel, $1.590.832 por tonelada para mezcla obligatoria con gasoil.
La Secretaría de Energía fijó un nuevo valor de referencia para las operaciones de biodiesel, en el marco de la Ley 27.640. El ajuste responde a la evolución de costos del sector y busca garantizar la rentabilidad de los productores.
Nuevo precio de referencia para el biodiesel
El Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Energía, estableció mediante la Resolución 422/2025un nuevo precio de adquisición del biodiesel destinado a la mezcla obligatoria con gasoil, fijado en $1.590.832 por tonelada, con vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial y hasta que un nuevo valor lo reemplace.
La medida se enmarca en lo dispuesto por la Ley N.º 27.640, que regula la producción, comercialización y mezcla de biocombustibles en la Argentina. Según el texto oficial, el nuevo valor “se determina conforme al procedimiento establecido por la Resolución 963/2023”, que fija la metodología de cálculo de precios del biodiesel considerando costos de elaboración, transporte y rentabilidad razonable para los productores.
Asimismo, la norma dispone que el plazo máximo de pago por las operaciones no podrá exceder los siete días corridos desde la fecha de la factura, una disposición que busca asegurar liquidez y previsibilidad a las empresas elaboradoras.
La actualización llega menos de un mes después de la Resolución 385/2025, que había fijado el precio para octubre. Sin embargo, el contexto de volatilidad de costos y precios internacionales del aceite de soja —principal insumo para el biodiesel— impulsó la revisión de los valores locales.
Un marco regulatorio con foco en previsibilidad y sostenibilidad
El marco regulatorio de biocombustibles, establecido por la Ley 27.640, asigna a la Secretaría de Energía la función de determinar y publicar periódicamente los precios de comercialización de los biocombustibles destinados a mezcla obligatoria con combustibles fósiles.
Los artículos 13 y 14 de dicha norma establecen que el precio debe garantizar una rentabilidad adecuada al sector, considerando los costos de producción y el transporte, así como el valor final del producto puesto en planta. De este modo, la política de precios busca preservar la sustentabilidad económica de las pymes productoras que abastecen el mercado nacional de biodiesel.
La Secretaría, encabezada por María Carmen Tettamanti, fundamentó la medida en la necesidad de “adecuar el precio del biodiesel a las actuales condiciones del mercado”, manteniendo la metodología de cálculo basada en criterios objetivos y verificables.
El procedimiento para la determinación de precios fue aprobado en 2023 a través de la Resolución 963/23, que introdujo un esquema técnico de ajuste con fórmulas de actualización periódica, contemplando variables como el precio del aceite de soja, el tipo de cambio oficial y los costos industriales.
Implicancias para el mercado energético y la cadena productiva
La fijación del nuevo valor impacta de manera directa sobre las mezclas obligatorias con gasoil, que según la normativa vigente mantienen un porcentaje mínimo del 7,5% de biodiesel en el combustible final. Este componente es abastecido principalmente por pymes radicadas en provincias como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, que forman parte del entramado industrial del sector oleaginoso.
Con el nuevo precio de $1.590.832 por tonelada, el Gobierno busca dar previsibilidad al abastecimiento interno, en un contexto de tensión entre los costos industriales y los valores internacionales de exportación. La medida también refuerza la política de transición energética impulsada desde la Secretaría, que considera a los biocombustibles un instrumento clave para la descarbonización del transporte y la reducción de emisiones.
La Ley 27.640, sancionada en 2021, sustituyó los regímenes previos (Leyes 26.093 y 26.334) y estableció un esquema integral de regulación que abarca la elaboración, almacenamiento, comercialización y mezcla de biocombustibles, con el objetivo de promover la diversificación energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Desde el punto de vista económico, la actualización de precios del biodiesel tiene un impacto transversal: afecta a las refinerías que realizan las mezclas, a las pymes productoras, y al mismo tiempo, incide en los costos logísticos del transporte y la agroindustria.
La madera produce una extraña melodía al salir de la cinta y chocar con otras piezas idénticas. La cinta no se detiene. El movimiento dentro de la enorme planta, tampoco. Hay otros ruidos más potentes. La sierra, troncos transformándose. Cientos de operarios concentrados cada uno en su tarea. Algunos parapetados tras los monitores controlando que cada paso se cumpla a la perfección. Es una planta enorme, que alberga a unos 600 trabajadores que hacen de Pindó una potencia que gana presencia en el mundo.
Pese a las toneladas de madera trabajadas hora a hora, Pindó no es una empresa que pueda clasificarse sencillamente como forestal. Desde su génesis, con la fusión de diversas empresas de Puerto Esperanza, allá por 1976, la empresa liderada ahora por los hermanos Rafael y Andrés Scherer, es forestal, pero también yerbatera. Además custodia bosque nativo y casi “por diversión”, comenzó una “pequeña” producción de árboles frutales. Es también modelo de eficiencia energética, con su planta de generación por biomasa, que fue reconocida por la ONU y que le valió la emisión de más de 40 mil certificados de reducción de emisiones que ahora puede negociar en el mercado global. Pindó es todo eso. Y trabaja para completar el ciclo de la economía circular con el aprovechamiento de los últimos residuos de la biomasa forestal, que se vuelven a aprovechar como bioinsumos.
Fundada en 1976 por descendientes de inmigrantes suizos, la compañía está a punto de cumplir medio siglo con una estructura integrada que combina su propio vivero, yerba, energía y gestión ambiental, y un impacto productivo que la posiciona entre las empresas más innovadoras del país.
Pindó nació con el impulso pionero de reforestar con pino, araucaria y yerba mate, y hoy maneja plantaciones propias y de terceros, con una división de I+D que combina genética, eficiencia industrial y economía circular. El cuidado del suelo es clave en todo el proceso. El vivero, que hace diez años llegó a ser el más grande del mundo en producción de yerba mate, alcanzó un récord de cuatro millones de plantines anuales entre pino y yerba. “Vivimos del campo y del monte, por eso la sustentabilidad no es una estrategia: es una forma de vida”, resume Rafael Scherer, uno de los hermanos al frente de la firma.
La compañía emplea 620 trabajadores en forma directa e indirecta -es el segundo empleador de Puerto Esperanza- y articula con 600 proveedores activos, en una red que abarca desde pequeños productores hasta gigantes forestales como Arauco, a la que le provee chips. Pindó produce 7000 toneladas anuales de yerba propia, con 739 hectáreas cultivadas, de las cuales 168 son orgánicas. “Hacemos yerba desde 1990, con secadero propio, y mantenemos una relación comercial de más de 25 años con la cooperativa Colonia Liebig,”, detalla Scherer. La cooperativa correntina, con su marca Playadito que es líder en el mercado, hoy le compra más del 90 por ciento de la producción yerbatera.
La empresa diversificó además su matriz agroindustrial con cuatro hectáreas de maracuyá y una de frutos rojos, que generan 110.000 kilos de fruta y 40.000 kilos de pulpa congelada al año. “Incorporamos esta línea porque creemos que el futuro también pasa por los alimentos de origen natural y local, con trazabilidad y valor agregado”, explica.
“Es muy divertido y va muy con la filosofía de la empresa, que es darle valor a los productos de la tierra sin dañar el medio ambiente. Básicamente empezó como un proyecto de de frutas tropicales, de frutas locales, tenemos pitanga, maracuyá, darle valor a eso y después se fueron agregando otras frutas. La idea es que esto crezca y que tengamos un grupo de productores que nos acompañe y que tenga más margen bruto por hectárea de lo que puede hacerlo con un cultivo tradicional. Por ahí la limitante es que los mercados son un poco chicos y entonces no puedes crecer demasiado ni rápido. Pero manejándolo bien, creo que podemos llegar a hacer un lindo proyecto”, detalla Scherer.
El salto energético: de la biomasa al carbono
La creación de Pindó Eco-Energía, en 2016, marcó un antes y un después. La planta transforma los residuos del aserradero y del proceso forestal en energía limpia. “Aprovechamos la biomasa que antes quedaba acumulada y contaminaba”, señala Ana Lucía Ortiz, coordinadora de gestión del cambio. La compañía genera 3.700 kWh por hora, con una capacidad instalada de 4 megavatios, de los cuales 2 megas se inyectan de manera constante al sistema eléctrico nacional. En nueve años, la planta produjo más de 225.000 megavatios, consolidando un modelo energético autosustentable.
El impacto ambiental fue verificado por la ONU: Pindó obtuvo 43.803 certificados de reducción de emisiones (bonos de carbono) bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el primer proyecto de este tipo en Argentina.
“Cada bono representa una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera -explica Ortiz-. Aspiramos a venderlos a unos 15 dólares por unidad, aunque el valor dependerá de la demanda y del volumen que necesite compensar el comprador. No se trata solo de una cuestión económica, sino de validar internacionalmente una forma de producir energía limpia desde Misiones”.
Con esos bonos, Pindó aspira a sumar una nueva fuente de ingresos vinculada directamente al impacto positivo de su operación. “Es un reconocimiento a nuestro trabajo, pero también una señal para otras empresas argentinas: se puede competir globalmente desde un modelo sustentable”, agrega Ortiz.
El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.
Ese círculo se completa con el biochar, un subproducto obtenido del residuo forestal carbonizado que se reincorpora al suelo como bioinsumo, mejorando su fertilidad y reduciendo la huella ambiental. El biochar es un carbón vegetal producido a partir de biomasa orgánica, como restos de madera o agrícolas, mediante un proceso termoquímico llamado pirólisis en ausencia de oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda para el suelo, mejorando su fertilidad, capacidad de retener agua y nutrientes, y como un método para secuestrar carbono de la atmósfera. “Nada se pierde: todo vuelve a la tierra”, dice Scherer.
Pindó logró multiplicar por catorce su facturación inicial, manteniendo una gestión integrada que va del árbol al producto final. La empresa trabaja sobre “los mejores suelos de la provincia”, con un rendimiento promedio de 36 metros cúbicos por hectárea, por encima del estándar nacional (25-30 m³/ha). “Usamos semillas de Australia y, junto al INTA, desarrollamos un híbrido local de alto rendimiento”, explica Scherer. “Logramos un 52 % de aprovechamiento del rollo, lo que significa 155 pies por tonelada (el resto se transforma en chips). Procesamos entre 30 y 35 equipos por día, unos 1.800 rollos por turno de 12 horas”.
En el aserradero, la producción se orienta a mercados globales exigentes -la empresa mantiene presencia en China, Estados Unidos, Canadá, México, India y Vietnam-. “Exportamos madera rústica a China y al sudeste asiático, que luego vuelve a Estados Unidos más barata”, relata el empresario. Además, aunque reconoce que hay una ventana de oportunidades, todavía no sienten el efecto de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump a Brasil, un competidor directo. “Es un ciclo global extraño -admite Scherer-, pero hoy los precios internacionales están bajos y la demanda floja. Todavía no sentimos el efecto de los aranceles, aunque el mercado sigue inestable”.
Scherer no elude la situación económica del país al analizar el flujo de producción y asegura que uno de los problemas de la Argentina es que “fluctúa demasiado”.
“Se va a la derecha, a la izquierda, se va a expansión monetaria, después se va a retracción y como empresa es muy difícil manejarse en contextos tan cambiantes. Pero hoy por hoy todo el mundo está así, así que capaz el mundo se estuvo argentinizando. Hoy estamos en todos lados, así”, analiza.
Durante la entrevista con Economis, Scherer menciona en varias oportunidades la filosofía de la empresa. Y no es otra que siempre ir “corriendo las metas”.
“El éxito no se mide en cómo estás ahora. Hoy se podría decir que estamos donde queríamos estar y estamos viendo a dónde queremos estar más adelante”, argumenta. “Uno tiene que ser inconformista. Lo que tenés que disfrutar es el camino y no la meta. La meta es es un punto para pararte y para mirar a dónde vas a seguir yendo, pero no no es que llegaste a algún lado y tienes que estar conforme”.
Reservas, biodiversidad y visión de futuro Además del complejo industrial, Pindó administra cuatro reservas prioritarias de conservación que protegen ecosistemas nativos en la zona norte de Misiones. Allí se aplican planes de manejo sostenible que combinan regeneración natural y conservación de biodiversidad.
“Las araucarias nos dieron de comer -recuerda Scherer-. Son parte de nuestra historia. Pero el futuro exige eficiencia y adaptación: el romanticismo no alcanza si la industria pide otra cosa.”
Con una estructura diversificada y una fuerte inversión en innovación, Pindó consolidó un modelo productivo donde la eficiencia energética, la reforestación certificada y la investigación científica son parte de un mismo sistema.
“Todo lo que hacemos, lo hacemos al revés -bromea Scherer-. Pero si eso significa probar, aprender y crecer, entonces vale la pena”.
En una era donde la conciencia ambiental es cada vez más prioritaria, la eficiencia energética ha pasado a ser lo primero que evalúan las personas tanto en las empresas. La impresora láser, la cual es una herramienta clave para toda oficina, es capaz de consumir bastante energía, sobre todo con el uso constante tras la impresión de documentos.
Afortunadamente, el progreso en la tecnología ha permitido que existan en el mercado modelos más eficientes. A continuación, se exploran las claves para disminuir el consumo de energía en impresoras láser, comenzando por la función modos de ahorro, el dúplex automático y la selección de equipos con certificación energética.
El papel de la eficiencia energética en el mundo de la impresión
El ciclo de operación de una impresora láser, que va desde el encendido, calentamiento y modo de espera, utiliza una cantidad importante de electricidad. Las organizaciones con departamentos de impresión de gran tamaño tienen un consumo de energía considerable.
Por lo tanto, trabajar en una reducción de la huella de carbono de las impresoras es clave para lograr que los procesos productivos sean más sostenibles. Contar con una gestión adecuada que satisfaga las normas ambientales no es suficiente, pues también hay que mostrar una imagen comprometida con la responsabilidad social.
Las empresas fabricantes tienen la necesidad de integrar varias tecnologías que reducen el consumo energético sin afectar la calidad o la velocidad de impresión. Cada una de estas innovaciones se enfocan en el fusor, la unidad que más electricidad necesita. Los modelos modernos emplean sistemas de fusión de baja temperatura o rápidos, disminuyendo los tiempos de impresión y el consumo eléctrico para lograr las condiciones de operación óptimas.
Modo de ahorro de energía inteligente
Un método eficaz para lograr que las impresoras láser consuman menos electricidad es activar el modo ahorro de consumo. Se trata de una función que entra en funcionamiento de forma automática cuando la misma tiene un lapso de tiempo en espera.
La hibernación profunda o modo reposo, es un estado donde el consumo de energía es inferior. La impresora inactiva la mayoría de sus funciones, logrando despertar cuando recibe una solicitud de impresión o al presionar un botón. Es necesario definir el tiempo de inactividad tras el cual entrará en este modo de ahorro de energía, por ejemplo, después de 15 a 30 minutos.
La modalidad de bajo consumo es otra función que está presente en algunas impresoras láser, se trata de una fase intermedia entre el reposo y las funciones al 100%. En este caso, el fusor conserva una temperatura superior a la de operación, logrando que el tiempo para despertar sea más corto comparado con el modo de hibernación.
Impacto de la función dúplex automático
Las impresoras láser también pueden tener la función de impresión a doble cara, conocida como dúplex automático, esto permite disminuir los tiempos de operación, lo que se traduce en menor consumo de energía. Además, reduce a la mitad el consumo de papel, lo que hace que las operaciones en una empresa sean más rentables.
Cuando se imprime un contenido en menos páginas, la cantidad de ciclos de operación es inferior. Estos ciclos consumen electricidad para mover el papel, alimentar los rodillos y pasar el papel por el fusor. Si un documento de 100 páginas se procesa en 50 gracias al dúplex automático, el trabajo requerido disminuye un 50%, lo que impacta en la factura energética mensual.
Certificados energéticos, una guía de consumo eficiente
Cuando se va a comprar una impresora láser, lo mejor es elegir modelos que tengan un certificado energético como los siguientes:
Energy Star. Es un certificado de nivel mundial que se concede especialmente en América, garantizando que la impresora láser satisface las normas de eficiencia energética de la EPA (Agencia de Protección Ambiental) de EEUU, y la DOE (Departamento de Energía).
Blue Angel. Es una etiqueta ecológica alemana que demuestra que aparte de que el equipo es de bajo consumo, aporta longevidad, baja emisión de ruido, es reutilizable y emplea materiales salubres. En general, significa sostenibilidad integral.
Antes de comprar, seleccionar una impresora con uno de estos certificados energéticos será sinónimo de calidad y sostenibilidad.
Empresas que lideran el mercado de impresoras láser eficientes
Las empresas más importantes del sector de impresión han invertido recursos para que sus equipos consuman menos energía. Por lo tanto, se muestra una lista de las 3 más relevantes:
Ricoh Argentina. Es un líder indiscutible en el mercado argentino gracias a sus equipos de impresión enfocados en el ahorro energético. Además, ofrece tecnologías para reciclaje en sus reconocidas impresoras láser.
HP. Es una empresa que ofrece impresoras láser en Argentina, cuenta con modelos multifuncionales y de bajo consumo eléctrico, todos con certificados Energy Star.
Canon. Esta marca es reconocida por su tecnología de Fusión Bajo Demanda, la cual permite que sus impresoras reduzcan el tiempo de calentamiento requerido por el fusor.
La elección de una impresora láser eficiente no es complicada, pero es clave entender cuáles son las funciones que permiten ahorrar energía. Comenzando por cada una de las modalidades en reposo, la adopción del dúplex automático y selección de equipos con certificados energéticos como Energy Star, todas sirven para disminuir el consumo eléctrico. Esto no solamente las vuelve más productivas, sino que contribuye a reducir la huella de carbono.
La empresa misionera Pindó SA, con casi cinco décadas de trayectoria en el desarrollo forestal, agroindustrial y energético, alcanzó un nuevo hito que reafirma su modelo de gestión sustentable. La compañía obtuvo 43.803 Certificados de Reducción de Emisiones (CERs), conocidos también como bonos de carbono, bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Cada certificado equivale a una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera gracias a la generación de energía limpia.
Desde 2016, Pindó SA opera su planta de generación eléctrica a partir de biomasa forestal, un proyecto pionero en Misiones que reemplaza combustibles fósiles por recursos renovables provenientes de su propia actividad productiva. En nueve años, la iniciativa permitió generar más de 225.000 MWh de energía renovable y acumular más de 72.000 horas de operación, evitando la emisión de decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero.
El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.
“Los certificados ratifican que nuestras acciones concretas de sustitución de fósiles por biomasa local tienen un impacto real en la reducción de emisiones. Este logro no es solo de PINDÓ, sino también de Misiones y de la Argentina”, destacaron desde la compañía.
La filosofía empresarial que guía a PINDÓ va más allá de un proyecto energético: la sustentabilidad forma parte integral de todas sus unidades de negocio. Desde las plantaciones forestales certificadas bajo PEFC hasta la industrialización de la madera con estándares internacionales, pasando por la producción agroindustrial de yerba mate y pulpa de frutas, cada iniciativa conjuga innovación, cuidado ambiental y compromiso con la comunidad.
En palabras de la propia empresa, la obtención de los 43.803 CERs es la confirmación de un camino: “La sustentabilidad no es una meta aislada, sino parte de nuestra forma de producir y crecer. Como empresa familiar, seguiremos desarrollando proyectos que integren innovación, cuidado del ambiente y compromiso con la comunidad, porque creemos que ese es el verdadero legado para las próximas generaciones”.