ESTADO

Tú haces, nosotros hacemos, y ellos hacen

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Esta frase resume lo que entiendo será el devenir económico del año 2018. La economía nacional no logra exponer dos años consecutivos de crecimiento desde el año 2010 hasta la fecha, después de 7 años (2003-2009) con altas tasas de crecimiento indiscutido y reducción del desempleo.

El Gobierno Nacional entiende que para salir del actual estancamiento (en realidad, crecimiento y decrecimiento registrado año tras año) debe motivarse a la Inversión Privada como el disparador del crecimiento y el garante que sea sostenible todos los años venideros.

La inversión privada no es la colocación financiera en depósitos de ahorro, a plazo, compra de Lebacs o similares. Es el aumento en los bienes de capital de una sociedad (rutas, autovías, fábricas, maquinarias, medios de transporte, etc) que aumenta la capacidad de producción de un país y con ello su crecimiento.

Desde el Gobierno Nacional y las provincias (“Tú haces y nosotros hacemos”) se asumió un compromiso de reducción gradual de impuestos nacionales y provinciales con el objeto de mejorar la rentabilidad de determinados sectores de la economía –empezando por la industria y el transporte- y también su competitividad.

Ahora bien, para que el Consenso Fiscal surta los efectos deseados, estos sectores económicos beneficiarios deberán (“Ellos hacen”) reinvertir esos mayores beneficios productos de la reducción impositiva, inversión que asegurará el crecimiento económico y dinamizará a la economía.

Esta conducta empresaria será crucial para el éxito del paquete de reformas que se concretaron sobre el fin de este año. La inversión será el único componente de la Demanda Agregada que podrá exhibir un incremento sustancial, incrementar las ventas finales y con ello recuperar a la economía.

Los otros componentes no pueden asegurar lo mismo:

1) El Gasto Público no podrá aumentar en términos “reales”, es decir, por encima de la tasa de la inflación, con lo cual el sector público “perderá peso” en la economía, tal cual la ideología dominante en el Gobierno Nacional. Esto surge también de la nueva ley de responsabilidad fiscal que está en tratamiento del Congreso por estos días. Desde el Gobierno de la Renovación siempre se ha sostenido la participación del Estado en la economía, en los programas sociales y educativos, a fin de redistribuir el ingreso y reducir la pobreza; pero en el convencimiento que para salir del actual “estancamiento” de la economía hay que dar gobernabilidad y acompañar las medidas que puedan conducir al crecimiento, es que se ha acompañado este paquete de reformas.

2) El consumo privado, es un componente que por lo general “acompaña” a la economía, es decir aumentando en períodos de expansión y cayendo en períodos de recesión. Pocas veces, el Consumo ha sido la causa de los ciclos económicos, más bien es “la consecuencia”. Si la economía crece, las familias tienen más ingresos y consumen más, y viceversa. Por lo tanto, el consumo privado no es capaz de ser el disparador del crecimiento argentino en el actual contexto.

3)  El sector externo (exportaciones menos importaciones) aún se muestra deprimido. Si aumentaran las exportaciones argentinas, las empresas demandarían más empleo y aumentaría la producción, pero con un tipo de cambio rezagado y una economía internacional que no termina de despegar es dudoso que este sector pueda provocar el salto de crecimiento que se requiere. En esta área hay dos aspectos que pueden influir positiva y negativamente en forma respectiva: I) La recuperación de la economía brasileña, aún como “efecto rebote” que mejorará las exportaciones argentinas (positivo) y II) el aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, que provocará una caída en el precio de nuestros productos agrícolas de exportación (soja, trigo, carne, etc) y perjudicando entonces nuestras exportaciones.

Como materia pendiente de la macroeconomía nacional:

  1. a) la baja en la tan criticada elevada tasa de interés de referencia del Banco Central, con el recurrente debut de las Lebacs pero que encarece el crédito para el consumo y la inversión,
  2. b) la corrección del tipo de cambio que le permita a las empresas exportadoras vender más y generar empleo, y
  3. c) la reducción del déficit fiscal nacional para evitar el sobreendeudamiento del Estado que, como dato positivo de último momento se estarían sobrecumpliendo las metas fiscales fijadas para el año 2017, lo cual marca un buen indicio.

Desde el Gobierno provincial, el norte siempre ha sido la defensa y generación de nuevos puestos de trabajo: la promoción del consumo con el Programa AHORA MISIONES, utilizado como modelo a nivel nacional por la Confederación de la Pequeña y Mediana Empresa para el lanzamiento del Programa de Comercios de Frontera que ha incluido a 14 localidades misioneras, el subsidio a la tarifa eléctrica para los sectores del comercio y de la producción, el lanzamiento del Fondo de Créditos Misiones SAPEM con más de trescientos créditos aprobados en estos primeros diez meses de existencia, la puesta en marcha del Parque Industrial con la radicación de empresas con tecnología de vanguardia como son las empresas VOLTU y LUG, la profundización de las relaciones con los estados del sur de Brasil para promover la integración regional son algunos de los tantos lineamientos definidos por el gobernador Hugo Passalacqua  y el conductor del Frente Renovador, Carlos Rovira para incentivar al desarrollo económico de Misiones.

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¿Los impuestos que pagamos son muchos? ¿Es mucho?

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Escriben Guillermo Knass, y Martín Leiva Varela, ECONEA.  El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne constantemente en todos los anuncios que realiza afirma que se viene una reforma tributaria integral en la Argentina. Cuando se plantea una modificación al sistema tributario vigente es porque la cosa anda muy mal, pero ¿qué es lo que anda mal?

Algunas cuestiones que tenemos que entender para saber si los impuestos que pagamos están bien o mal:

  • Suficiencia: Los impuestos que pagamos deben alcanzar a cubrir todas las necesidades públicas, reza una cualidad del buen sistema tributario, según estimaciones el país tiene un déficit de entre 7 y 8 puntos del PBI. El tercero más alto de la historia según Economía&Regiones (consultora fundada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio) aquí hay que analizar el resultado fiscal desde dos puntos de vista:

O se está recaudando muy poco, esto quiere decir que la gente puede pagar más y no lo está haciendo; o se está gastando mucho y por más que suban las alícuotas o se creen nuevos impuestos, el Estado no va a poder recaudar más porque la actividad económica (base de toda recaudación impositiva) no permite recaudar más.

 

 

Como se aprecia, la recaudación no alcanza a cubrir los gastos actuales del Estado. Además como el déficit actual se va financiando con endeudamiento, a futuro se puede ir corrigiendo el déficit primario pero se irá agravando el déficit financiero que es el que resulta de pagar los intereses de la deuda.

  • Progresividad: La progresividad es fácil definirla en teoría, implica que aporten más los que más tienen. En este caso el impuesto a las Ganancias es más progresivo que el IVA. Entonces hagamos un solo impuesto que recaude y reemplace a todos los demás y sea de carácter progresivo. Pero el sueño del impuesto único es imposible porque muchas veces los impuestos más justos son más difíciles de recaudar o más costosos de administrar. Por eso tenemos tantos impuestos.

 

Como se ve, en 2016 los impuestos PROGRESIVOS nacionales (Ganancias, Bienes Personales etc.) recaudaron apenas un 5,79% del PBI, mientras que los impuestos más neutros o regresivos (IVA es el principal) recaudaron el 10,82 % del PBI. Porque son más sencillos de administrar.

Aquí es donde lo ideal toca con lo real, los impuestos progresivos dependen más de las declaraciones personales de los contribuyentes y en países con baja cultura tributaria tienden a pagar lo menos posible.

Aparte, hablar de progresividad solo mirando impuestos es muy limitado. La progresividad es un concepto que hay que analizar globalmente en la acción del Estado; o sea mirar de quien recauda (los recursos) y en quien gasta (gasto público, subsidios, etc.).

En síntesis, un Estado es progresivo si distribuye más entre los que menos tiene combinando los impuestos con los gastos.

Lo que sí es innegable es el incremento de la presión tributaria en los últimos años. Como se aprecia en el cuadro anterior en Argentina en el año 2004 los impuestos se llevaban el 24,65 % del PBI, mientras que el año pasado se llevaron el 32,14 %.

Si a esto se le suma que el déficit fiscal es del 7% del PBI, necesitaríamos que los impuestos recauden el 40% del PBI aproximadamente para cubrir el nivel actual de gastos del Estado. Esto es considerando que la actividad estatal es suficiente o a lo sumo hay margen para cambiar gastos superfluos por otros necesarios.

Para saber si es mucho o poco comparemos con otros países del mundo:

 

 

Como vemos la presión fiscal analizada por si solo dista de ser concluyente, si miramos a Europa y la calidad de sus servicios públicos diríamos que el modelo es pagar altos impuestos y tener un Estado de bienestar fuerte, como por ejemplo, en Francia y Alemania, pero también en esta franja encontramos a Grecia con una situación fiscal inmanejable que cada tanto lo pone al borde de caerse de la zona del Euro y con cada vez más protestas sociales.

En la franja de presión media tenemos a Argentina, Japón, Brasil con realidades muy distintas entre sí.

Entre los de menor presión, de menor presencia estatal, tenemos por un lado a Paraguay, como así también a Estados Unidos.

Conclusión:

Recaudar más o menos no se correlaciona con el éxito ni con el fracaso del crecimiento y la inclusión social. Debemos incorporar al análisis cuanto debemos gastar de acuerdo a las realidades y las posibilidades de la economía actual.

Al progresismo hay que mirarlo desde la acción integral del Estado, tanto desde lo que recauda como desde lo que gasta.

Existen más de treinta impuestos nacionales, a lo que hay que sumarle otra tanda de provinciales y tributos municipales.  

Esto hace que el cumplimiento de las obligaciones de los ciudadanos sea algo realmente complejo, vendría bien una reforma pero enmarcada en un modelo integral de estado que determine también un modelo de país más justo y solidario con sus ciudadanos y más responsable con sus finanzas.

 

 

 

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Misiones fue una de las provincias donde el crecimiento del empleo público fue poco significativo

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Conforme a los datos publicados por la Subsecretaría de Políticas, Estadísticas y Estudios Laborales dependiente del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación  sobre la evolución del empleo en el sector público provincial (excluyendo a los empleos municipales) entre diciembre de 2016 y el mismo mes de 2015, la cantidad de empleos dependientes de las administraciones provinciales (incluyendo las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) se incrementó un 1% (21.603 puestos de trabajo). En Misiones, el crecimiento fue de menos de la mitad, con 0,4 por ciento.

Es decir, el Estado misionero está lejos del concepto de “aguantadero” que utilizó el presidente Mauricio Macri, pese a que durante el primer año de su gestión se perdieron en Misiones más de seis mil puestos de trabajo registrados por la caída del poder adquisitivo y las asimetrías generadas por la inflación y los sucesivos tarifazos. 

Asimismo, la dinámica del empleo público no fue homogénea entre las distintas provincias: i) Hubo un grupo de provincias cuya expansión en términos de puestos de trabajo se encontró por encima de la media del empleo público provincial. Este es el caso de las provincias de Santa Cruz, Chaco, Tucumán, San Juan, Formosa, La Pampa, Neuquén, Corrientes y Jujuy. ii) Otro grupo de provincias presentó una dinámica del empleo más moderada que la media, en este segmento se encuentran las siguientes jurisdicciones: CABA, Santa Fe, Salta, Misiones, La Rioja, Catamarca y Rio Negro que crecieron por debajo de la media iii) Finalmente, se identifican un conjunto de provincias donde el empleo público cayó durante el último año: en Buenos Aires, Córdoba y San Luis la reducción de la dotación de personal fue leve (entre -0,2% y -0,4%), mientras que en los casos de Mendoza y Santiago del Estero se registraron caídas más pronunciadas (-0,9% y -1,7% respectivamente).

El incremento del empleo público provincial en términos absolutos en promedio para las 24 jurisdicciones alcanzó a un total de 900 personas, siendo las Provincia de Tucumán (+4.931), Chaco (+3.472), Neuquén (+2.573), San Juan (+2.344), Formosa (+1.951) las de mayor incremento, en tanto que, la Provincia de Misiones aumento su dotación en tan solo 221 personas, estando por debajo del promedio nacional en 679 personas, como así también, representó el menor aumento en el NEA estando por debajo del promedio en 1.648 puestos.

Misiones, a través de su política fiscal conocida como “misionerista” tiene por objeto cuidar claramente los recursos fiscales provinciales sin comprometer las finanzas provinciales, que ante contexto de vacas flacas como las que actualmente se viene afrontando por la coyuntura económica nacional de falta de crecimiento y las asimetrías con respecto a los países limítrofes, termina permitiendo que no salga a endeudarse para paliar tales ciclos económicos a diferencia de otras provincias que tienen que acudir al endeudamiento, por la razón de que es afrontada con recursos propios a pesar de tener uno de los menores índices de coparticipación.

Si se analiza la dotación de empleados públicos provinciales (sin contemplar empleados municipales) cada Mil habitantes  según la proyección del INDEC para el año 2016, Misiones se encuentra por debajo de la media provincial que asciende a 53, ubicándose asimismo en el puesto Nº 20 de las 24 jurisdicciones, inmersa en el lote de las provincias menor concentración de empleados públicos conjuntamente con Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Santa Cruz entre el 5% y 7% de sus habitantes.

Al respecto, es importante resaltar que mediante el Decreto Nº 152 de fecha 1 de Marzo de 2017, el mandatario provincial Hugo Passalacqua, a los fines de mantener esta tendencia, decidió prorrogar hasta el 31 de Diciembre de 2017 a la suspensión de las designaciones en planta permanente a fin de racionalizar los recursos humanos prevista en el Decreto Nº 913/16, en el marco de la sensible situación económica y merma de los ingresos públicos.

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Cómo NO ‘achicar’ el Estado

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El empleo público siempre ha sido el botín de la política. En un extremo existen los países donde el botín es acotado a algunos centenares de cargos políticos -legales-, y alguno que otro abuso de acomodo o nepotismo, que por lo general termina en escándalo o renuncia. En el otro extremo, está la Argentina. Con su Estado enteramente colonizado, se destaca como caso singular de neopatrimonialismo crónico, que no cuestiona ningún sector dirigente del país. Así, el acomodo es la norma en casi todos los cargos jerárquicos, y el nepotismo una costumbre generalizada.

Esta captura de cargos sirve tanto para lucrar con la remuneración o el favor político, como para extraer recursos públicos de manera ilegítima, o incluso, para entregar los resortes de control estatal a sectores o corporaciones que el mismo Estado debiera estar controlando. El fraude administrativo ya no es un accidente, sino un efecto buscado. La corrupción generalizada debilita la provisión de bienes públicos como la educación, salud y justicia. Al no haber Estado estable, escasean las políticas de Estado permanentes.

En definitiva, existe un pacto tácito de la dirigencia sindical, empresarial prebendaria, política y judicial, de alternarse -o perpetuarse- en el usufructo del Estado botín, que compromete no sólo la suerte del gobierno sino también el desarrollo futuro del país.

Nuevos estudios publicados advierten sobre el tamaño desmedido del Estado, y la profusión de dependencias y cargos innecesarios. Este es otro efecto obvio del acuerdo de cúpulas, porque los cargos nunca alcanzan para paliar todas las “emergencias políticas” o satisfacer las ansias de poder de nuestros líderes.

Es probable que la actual frondosidad estatal absurda desencadene finalmente un plan de recortes indiscriminados basados en criterios fiscalistas. Sería tropezar con la misma piedra. Cuando se “achicó” el Estado en los 90, se pasó de un estado grande, inefectivo y corrompido a uno igual pero más chico. La crisis de 2001 mostró que el déficit fiscal es peligroso, pero mucho más lo es el costo social de un Estado diezmado.

Peor aún, un intento de recorte con anteojeras terminará reduciendo más los gastos operativos, que permiten sostener la gestión, porque las remuneraciones estatales suelen ser inflexibles. Como el caso de una familia que contrató un jardinero y una cocinera en épocas de bonanza, y cuando llega la crisis, solo recorta en semillas y provisiones. Sigue pagando sueldos, pero sin disfrutar de jardín ni de buenas comidas, hasta que la situación se hace insostenible y estallan gastos paliatorios desmedidos.

Hay peligro que así suceda con el próximo ciclo de disminución del gasto público. Bajará momentáneamente el déficit, pero no se habrá desarmado la lógica del Estado botín. Seguiría siendo débil el poder de control administrativo del gobierno sobre un Estado colonizado por sus predecesores; y para controlar realmente al gasto público, ¡hay que primero poder controlar -legalmente- al Estado! Así, el Estado cada vez más ineficaz, desbocado y corrompido, favorecerá la gestación de la próxima crisis.

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Panorámica de la cúpula de cristal en el Estado

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Por Mercedes D’Alessandro, Aldana Vales y Andrés Snitcofsky. Hay más ministros llamados Juan que mujeres ministras en la historia de la Argentina. Desde 1983, solo hubo 16 mujeres en este cargo en diferentes gobiernos, con 154 ministros varones que se sucedieron. Tampoco hay una larga historia, la primera fue la primera fue Susana Ruiz Cerutti en 1989 y duró sólo 45 días. Hoy las mujeres son el 31% de los trabajadores totales en los cargos que componen la estructura orgánica y autoridades del poder ejecutivo nacional, sin embargo, hay solo 3 mujeres en los 23 cargos de primera línea (ministerios, gabinete y cancillería); es decir, apenas el 13%. En esta capa también hay más egresados del colegio Cardenal Newman que ministras.

 

La Argentina tuvo dos presidentas y actualmente tiene una vicepresidenta, pero el poder no derrama. El techo de cristal está siempre ahí, invisible pero inconmovible, marcando el límite de las carreras de las mujeres en su camino hacia la cima en una jerarquía política o empresarial. Si bien hay derechos conquistados que alientan la participación política femenina, aún hay estructuras sociales que impiden que ellas puedan acceder en igualdad de condiciones a los espacios de poder.

Uno de los factores centrales que marca el punto de quiebre entre las carreras de mujeres y varones es la maternidad; no solo porque las licencias de maternidad y paternidad son asimétricas y significan una penalización para las madres, sino porque además se asocia a la mujer con los cuidados. Se espera de ella un rol maternal o ser el sostén emocional de la familia, cuestiones que no siempre son compatibles con la figura de una mujer que ejerce el poder en la órbita de lo público. Estos aspectos, sin embargo, no parecen generarle al varón ningún tipo de desajuste en el llamado working-life balance (balance vida-trabajo). Aunque podrían redistribuir el trabajo del cuidado con su pareja, contratar niñeras o empleadas domésticas, el mandato social sigue pesando para ellas. “Quién se va a ocupar de los chicos cuando estés en campaña” es una pregunta que nunca vamos a escuchar que se le haga a un candidato varón, pero que aparece en todas las entrevistas a mujeres que se postulan en algún cargo.

Además de estos obstáculos, y otros en donde los estereotipos y el machismo juegan un rol importante, hay un prejuicio subyacente y es que las mujeres no llegan a posiciones de alto nivel porque no tienen la educación, la experiencia y/o la capacidad necesarias. Cuando se discute la ausencia de mujeres en jerarquías, algunos dicen “no importa si es varón o mujer, tienen que estar los mejores, los más calificados”. Si asumiéramos que en la cúpula del gobierno siempre están los mejores o más calificados entonces deberíamos preguntarnos por qué las mujeres son solo un 10% de los ministros que hemos tenido desde 1983 hasta aquí. Las mujeres son la mitad de la población, más del 40% de los trabajadores, tienen un año más de educación en promedio que sus pares y son el 60% de las estudiantes y graduadas universitarias. Todo esto pareciera no alcanzar.

Más todavía: a medida que bajamos en los círculos de poder, encontramos más representación femenina. El 17% de las secretarías y el 29% de las subsecretarías del gobierno están conformados por mujeres. Las directoras nacionales son el 38%. Algo similar ocurre en otras áreas. Según la carta orgánica del BCRA el directorio está integrado por 10 directores y 2 síndicos. Actualmente los directores son todos varones, el síndico también y la única excepción es la sindicatura adjunta representada por una mujer. De todos los presidentes del BCRA solo una fue mujer, Mercedes Marcó del Pont, y hubo solo dos directoras. Sin embargo, el cuerpo de asesores goza de una representación del 47% y las secretarias son el 97% conforme fuentes oficiales del BCRA. Por algún misterioso motivo (que no se explica por su educación o capacidad) quedan relegadas a asistir a varones.

En el Estado no solo hay un techo sino también hay paredes de cristal. A nivel mundial, según muestra la información relevada por ONU, las mujeres tienen mayor participación en ministerios de desarrollo social y todos aquellos que se ocupan de familia, infancia, asuntos de la mujer, educación y cultura. En el otro extremo, casi no hay ministras en medios y comunicación, defensa, transporte, economía y finanzas. En el caso de la Argentina, Desarrollo y Salud son los ministerios que más ministras han tenido y le sigue Educación. En Economía solo hubo una mujer en la historia, que cuenta 100 varones en ese cargo.

Un camino hacia la igualdad ¡porque estamos en 2017!

El mapa de Mujeres en Política de la ONU, a enero de 2017, muestra que las mujeres tienen solo un 18,3% de los cargos ministeriales en el mundo. Además, esta proporción está estancada: de 730 ministras en 2015 se pasó a 732 en 2016. La Argentina se encuentra en el puesto 22 entre 145 países en el ranking de “empoderamiento político“ elaborado en 2016 por el World Economic Forum. En el mismo ranking ocupa el puesto 26 en proporción de mujeres en el parlamento, aunque desciende al 50 en mujeres con cargos ministeriales. Esta performance parlamentaria, que deja al país por encima de países como Inglaterra, España o Estados Unidos, fue posible gracias a que en 1991 Argentina sancionó una ley de Cupo Femenino (la ley 24.012), que establece que “las listas que se presenten a elecciones deberán tener mujeres en un mínimo del 30% de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidades de resultar electas“. El resultado de la ley de cupo es contundente: en la Cámara de Diputados la participación de las mujeres pasó de 5% a 14% tras las elecciones legislativas de 1993 y llegó a 30% hacia 2001. Después de las últimas elecciones en 2015, 34% de los representantes son mujeres. En el Senado el aumento también fue abismal: antes de la ley, la representación femenina llenaba menos del 5% de las bancas y hoy el 40% están ocupadas por mujeres. Pese a que esta ley fue criticada, la implementación del sistema significó un aumento real de mujeres en el Congreso que de otro modo dudosamente se hubiera alcanzado. El contraste con lo que ocurre en cargos ministeriales -sin ningún cupo- lo deja en evidencia.

Pero el cupo por sí solo no alcanza para cambiar las cosas. En Canadá, Justin Trudeau formó el primer gabinete de su país con una composición de “50-50” (son 15 mujeres y 15 varones), entre los cuales además están incluidos representantes aborígenes y políticos sikh. Según él mismo cuenta, la mayor dificultad que tuvo en el proceso no fue encontrar mujeres capaces para ocupar esos cargos, sino más bien para encontrar mujeres decididas a hacerlo. “En general, cuando se le propone a un varón un trabajo así, la respuesta es rápida y simple: ¿hay que usar corbata? La mujer, en cambio, pregunta: ¿por qué yo?”, dice Trudeau. Suelen sentirse menos confiadas en sus propios talentos y capacidades, dudan de estar a la altura del desafío aun cuando tienen amplia experiencia y trayectoria. El primer ministro confiesa que a algunas tuvo que insistirles y que esto motivó también una campaña local llamada ask her to run, que sería algo así como “pídele que se postule”. Cuando le preguntaron por qué había armado un equipo igualitario, respondió “¡porque estamos en 2015!”. Quizás los ministerios argentinos aún están con una agenda vieja, ya que muy pocos decidieron abrir el juego a sus pares mujeres. No hay representación femenina en las primeras filas del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Finanzas o Hacienda. Romper el techo de cristal requiere voluntad y compromiso con la idea de igualdad para remover obstáculos y luchar contra los estereotipos de género que construyen también la pared interna del techo de cristal y hacen que muchas mujeres se autoexcluyan.

Después de un año y cuatro meses en el cargo, Macri no ha mostrado preocupación por la igualdad de género en la conducción del gobierno (ni en la políticas públicas). Hace poco se publicó una nota en La Nación que contaba que los ministros y el presidente juegan al fútbol regularmente en un campeonato que llaman “Casa Rosada” versus “Ministerios”, y que en los vestuarios se dan importantes discusiones que afectan a las políticas y decisiones que se llevan adelante. De estos partidos y charlas en paños menores no participan las mujeres del equipo. Susana Malcorra hizo una sugerencia, ella podría ser arquera. Hasta el momento, no la han convocado.

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