etiquetado frontal

Expertos en nutrición infantil respaldan actualizar el modelo de etiquetado frontal de alimentos

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El debate instalado en las últimas semanas sobre el futuro del etiquetado frontal de alimentos abrió una discusión que trasciende la posibilidad de mantener o modificar la normativa vigente. Para especialistas integrantes de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), la verdadera oportunidad consiste en avanzar hacia un sistema de información nutricional más preciso, basado en la evidencia científica más reciente y capaz de ayudar efectivamente a los consumidores a tomar mejores decisiones alimentarias.

A la luz de los desafíos epidemiológicos que enfrenta el país en términos de déficits nutricionales (hierro, calcio, vitamina D y fibra, entre otros nutrientes) y con más de 6 de cada 10 argentinos con sobrepeso y obesidad, desde PROFENI consideran pertinente seguir trabajando en forma coordinada entre los distintos actores involucrados para tomar medidas orientadas a mejorar los patrones alimentarios de los argentinos e impactar así en la salud actual y futura de la población.

Remarcan que toda política pública orientada a mejorar la alimentación debe garantizar que las personas cuenten con información nutricional clara, visible y comprensible. En ese sentido, consideran que el etiquetado frontal constituye una herramienta importante, pero sostienen que puede evolucionar incorporando mejoras con base en evidencia científica  que minimicen mensajes erróneos y  confusos para los consumidores y favorezcan el desarrollo de políticas alimentarias más eficaces.

“La discusión no debería plantearse como una elección entre mantener o eliminar los octógonos. El verdadero desafío consiste en construir un sistema que preserve el derecho de las personas a recibir información nutricional sencilla, pero que al mismo tiempo refleje con mayor precisión las diferencias entre los alimentos”, señaló María Elena Torresani, doctora en Nutrición e integrante de PROFENI.

La Ley Nacional Nº 27.642 incorporó el modelo de perfil de nutrientes desarrollado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que establece umbrales móviles para identificar excesos de nutrientes críticos como azúcares, sodio, grasas saturadas y grasas totales. Este modelo fue diseñado originalmente como una herramienta para evaluar la calidad nutricional de la dieta en su conjunto, pero no para ser aplicado a alimentos individualmente. 

Desde PROFENI sostienen que podría concluirse que el criterio elegido (‘umbrales móviles’) para establecer los límites pretendió maximizar la presencia de octógonos en alimentos envasados, en lugar de brindar información clara para discernir.

Para estos expertos, la experiencia acumulada desde la implementación de la ley permite identificar aspectos susceptibles de mejora. Uno de ellos es que los criterios actualmente utilizados pueden generar situaciones en las que alimentos con perfiles nutricionales significativamente diferentes reciban advertencias similares, mientras otros productos de mayor densidad energética o con mayor contenido de nutrientes críticos puedan exhibir menos sellos de advertencia.

“El sistema que se utilice debe permitir a las personas distinguir claramente entre alimentos y comprender mejor las diferencias que existen entre ellos”, explicó la Dra. Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición y miembro de PROFENI. 

También señalan que los criterios actuales pueden limitar los incentivos para la reformulación de alimentos. En algunos casos, aun cuando una empresa disminuya el contenido de azúcares agregados, sodio o grasas saturadas, se reduce a la vez el aporte de calorías, por lo que -guardando la misma proporción-, el producto continúa exhibiendo la misma cantidad de sellos de advertencia debido al modo en que se calculan los umbrales establecidos por la normativa.

En esa línea, recuerdan que la propia implementación del sistema ya comenzó a incorporar ajustes. La Disposición ANMAT 11362/2024 introdujo modificaciones para diferenciar nutrientes naturalmente presentes en los alimentos de aquellos incorporados durante los procesos de elaboración, particularmente en el caso de los azúcares añadidos, lo que representa un antecedente relevante para continuar perfeccionando la regulación.

Ante el objetivo de mejorar la nutrición poblacional importan los nutrientes crítico, sean envasados o graneles. En ese sentido, la ley argentina, como todos los etiquetados frontales en el mundo y tal como lo establece el CODEX Alimentarius (FAO), solo aplica a alimentos envasados. Algún otro instrumento también debería prestar atención a la situación que se plantea a los consumidores al no acceder a información nutricional de los alimentos que se adquieren en panaderías, carnicerías, heladerías o cualquier restaurante. Gran parte de estos alimentos tienen severos excesos de nutrientes críticos. Esto podría resolverse sencillamente poniendo a disposición la información nutricional a través de, por ejemplo, un código QR.

Hacia una “segunda generación” del etiquetado
Para PROFENI, la evolución del sistema podría apoyarse sobre cuatro grandes consensos. En primer lugar, preservar el derecho de los consumidores a recibir información nutricional frontal clara y visible. En segundo término, adoptar criterios técnicos expresados en valores absolutos por cada 100 gramos o 100 mililitros, metodología utilizada en otros países de la región, como Brasil, Chile o Uruguay y decenas de países del mundo, que facilita la comparación entre alimentos y favorece una mayor armonización regulatoria.

Asimismo, proponen distinguir con mayor claridad los nutrientes intrínsecos propios de cada alimento de aquellos agregados durante su elaboración, especialmente en el caso de los azúcares, evitando penalizar matrices alimentarias naturalmente nutritivas. Finalmente, consideran necesario generar incentivos regulatorios que estimulen la reformulación progresiva de alimentos mediante reglas claras, metas alcanzables y reconocimiento de las mejoras.

“La evidencia científica demuestra que ningún sistema de etiquetado, por sí solo, modifica los hábitos alimentarios. La alimentación saludable depende también de la educación nutricional, del acceso a alimentos de calidad y del desarrollo de hábitos sostenidos dentro del hogar, en la escuela y en la comunidad. El etiquetado debe entenderse como una herramienta dentro de una estrategia mucho más amplia, pero aún así, desarrollar científicamente criterios (fijos) de perfil de nutrientes es una urgente necesidad para perfeccionar la ley que ya tenemos”, sostuvo el Prof. Sergio Britos, Director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Nutrición (CEPEA) e integrante de PROFENI. 

Los especialistas de PROFENI concluyeron que el escenario actual representa una oportunidad para avanzar hacia una regulación superadora que preserve los avances alcanzados en materia de información al consumidor, incorpore la evidencia científica disponible y promueva un sistema más preciso, más equitativo y armonizado con las experiencias regulatorias internacionales.

Integrantes de PROFENI : Esp. Albert Arribas (Nutrición), Prof. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Dra. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Lic. Florencia Flax Marcó (Nutrición), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dra. Andrea Fabiana González (Nutrición en Gastroenterología), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Mónica Katz (Nutrición), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química, Microbiología).

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Las claves de la derogación de la Ley de Etiquetado Frontal

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El Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso de la Nación un proyecto de ley para derogar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable N° 27.642, conocida popularmente como la Ley de Etiquetado Frontal. 

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la iniciativa ingresó este sábado al Senado. El texto lleva las firmas del presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni, y el ministro de Salud Mario Lugones.

El texto oficial argumenta que la aplicación de la normativa vigente, basada en los parámetros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), evidenció severas “limitaciones técnicas, regulatorias, operativas y económicas” que justifican su eliminación total.

A continuación, los puntos principales y fundamentos del proyecto oficial:

Derogación total: El proyecto consta de un articulado directo que establece la derogación de la Ley N° 27.642 en su totalidad, la cual entraría en vigencia a partir del día de su publicación en el Boletín Oficial. Esto incluye la quita de los octógonos negros de advertencia y las restricciones asociadas a publicidad, entornos escolares y uso de personajes infantiles en los envases.

Críticas al sistema “binario” y confusión al consumidor: El Gobierno señala que el modelo de perfil de nutrientes actual aplica parámetros homogéneos sobre matrices alimentarias muy diferentes, sin considerar las porciones reales consumidas ni la densidad nutricional. 

Según el Ejecutivo, esto genera situaciones inconsistentes donde alimentos tradicionales y saludables reciben advertencias equivalentes a las de productos ultraprocesados, provocando “interpretaciones simplificadas o poco precisas” y confusión en el comprador.

Falta de incentivos para la industria: La Casa Rosada argumenta que la estructura binaria del sistema (contiene o no contiene la advertencia) no premia los esfuerzos de las empresas por realizar mejoras parciales o graduales en la composición nutricional de sus productos dentro de una misma categoría.

Asimetrías en el Mercosur y perjuicios a PyMEs: El mensaje enviado al Parlamento advierte que la falta de armonización regional en materia de rotulado frontal genera trabas operativas dentro del Mercosur, obligando al sector a fabricar envases diferenciados. 

Esta situación afecta especialmente a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs), que enfrentan costos fijos de cumplimiento proporcionalmente más elevados, lo que podría incentivar la concentración del mercado.

Rigidez normativa: Se cuestiona que numerosos aspectos metodológicos y técnicos hayan sido incluidos directamente en el cuerpo de la ley, lo que impide que el sistema se adapte de forma ágil y dinámica a los nuevos consensos científicos internacionales o a las actualizaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA).

Garantía de la información tradicional: El Ejecutivo aclaró que la medida no elimina las obligaciones de información nutricional de los alimentos envasados. La declaración obligatoria de valor energético, azúcares, grasas y sodio continuará plenamente vigente bajo el Código Alimentario Argentino y el sistema armonizado del Mercosur (Resoluciones GMC N° 44/03 y 46/03), complementado por las leyes de lealtad comercial y defensa del consumidor.

Con este envío, el Gobierno solicitó al Congreso el “pronto tratamiento y sanción” de la norma para avanzar hacia un esquema que califica como “técnicamente más consistente, uniforme y adaptable”.

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El Gobierno se acopla al lobby de Coca-Cola, Arcor y Danone para volar los octógonos de envases de alimentos

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La ley de etiquetado frontal en Argentina atraviesa un momento de fuerte tensión política y regulatoria. A más de dos años de su implementación, la normativa que transformó las góndolas con advertencias visibles sobre excesos de azúcares, grasas, sodio y calorías enfrenta ahora modificaciones clave impulsadas desde el propio Estado nacional y presiones del sector empresarial.

Desde su reglamentación en 2022, la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable introdujo los octógonos negros como herramienta central de información al consumidor. Sin embargo, recientes disposiciones administrativas de la ANMAT modificaron aspectos sustanciales del sistema, generando preocupación en sectores vinculados a la salud pública.

Cambios técnicos con impacto estructural

El punto más controvertido radica en la modificación del criterio de evaluación nutricional. Hasta ahora, el sistema consideraba la composición total de los alimentos, en línea con los estándares de la Organización Panamericana de la Salud. Con los nuevos cambios, el análisis se limita únicamente a los nutrientes críticos agregados durante el proceso industrial.

Este giro metodológico tiene consecuencias directas: productos que no modificaron su composición pueden presentar menos sellos o incluso perderlos, generando una percepción más favorable en góndola sin mejoras reales en su calidad nutricional.

A su vez, se flexibilizaron aspectos vinculados a la publicidad, promoción y rotulado. Se habilita nuevamente el uso de mensajes positivos —como “rico en fibras” o “con vitamina C”— incluso en productos con advertencias, lo que podría inducir a confusión en el consumidor. También se relajan restricciones en estrategias de marketing dirigidas a niños, uno de los ejes más sensibles de la normativa original.

Estrategia regional: la discusión se traslada al Mercosur

En paralelo, el debate escala al plano internacional. El Gobierno nacional impulsa una “armonización” del etiquetado dentro del Mercosur, con el argumento de facilitar el comercio regional y reducir costos para la industria.

Sin embargo, especialistas advierten que este proceso podría implicar un retroceso para Argentina. El sistema local es considerado uno de los más exigentes de la región, mientras que países como Brasil utilizan modelos más flexibles, basados en símbolos menos visibles y umbrales más elevados para activar advertencias.

La eventual convergencia hacia ese esquema implicaría eliminar componentes clave del modelo argentino, como las advertencias sobre edulcorantes y cafeína, además de reducir la cantidad de productos alcanzados por los sellos.

Impacto en consumo e industria

Más allá de la disputa regulatoria, el etiquetado frontal ya mostró efectos concretos en el comportamiento del consumidor. Estudios del sector indican que uno de cada tres hogares modificó sus hábitos de compra a partir de la implementación del sistema, priorizando productos con menor cantidad de sellos o reduciendo su consumo.

Este cambio también generó una reacción en la industria alimenticia, que avanzó en la reformulación de productos para mejorar su perfil nutricional y reducir advertencias. Sin embargo, los recientes cambios regulatorios podrían alterar estos incentivos.

Un debate que excede lo técnico

La discusión sobre el etiquetado frontal refleja una tensión más amplia entre dos enfoques: uno centrado en la salud pública y otro en la competitividad y reducción de costos para el sector productivo.

En ese equilibrio, Argentina enfrenta una decisión estratégica: sostener un estándar alto de información al consumidor o avanzar hacia una flexibilización en pos de la integración regional.

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El Gobierno implementó cambios en el Etiquetado Frontal de alimentos

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La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMATrealizó modificaciones en el Manual de Aplicación de la Ley de Etiquetado Frontal, que se encuentra en vigor desde mayo pasado.

Esta medida, que se introduce a partir de dos disposiciones publicadas hoy en el Boletín Oficial, afecta el cálculo de agregados de grasa, azúcares y sodio y la publicidad de los productos. 

La misma se verá reflejada recién a partir de los próximos días, cuando las fábricas distribuyan alimentos rotulados bajo las nuevas pautas y tiene como fin “adaptar” la normativa a estándares internacionales para “mejorar” la información nutricional disponbile para los consumidores.

La nueva reglamentación está basada en el perfil nutricional establecido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aunque con una variante clave: el cálculo de nutrientes excesivos, como grasas, azúcares, sodio y calorías, indicados únicamente los ingredientes añadidos durante la producción, no los intrínsecos de los alimentos.

Los productos etiquetados bajo la normativa podrán mantenerse en circulación hasta agotarse, pero las nuevas adaptaciones serán obligatorias para toda producción futura.

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Oficializan cambios en el Etiquetado Frontal de alimentos

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A través de dos disposiciones publicadas hoy en el Boletín Oficial se introdujeron modificaciones en el Manual reglamentario que incluyen ajustes en los cálculos de nutrientes críticos y restricciones en la publicidad

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) introdujo modificaciones en el Manual de Aplicación de la Ley de Etiquetado Frontal, que desde mayo pasado se encuentra completamente en vigor. La medida, —que se introduce a partir de dos disposiciones publicadas hoy en el Boletín Oficial— afecta el cálculo de agregados de grasa, azúcares y sodio y la publicidad de los productos. La norma se verá reflejada en los próximos días, cuando las fábricas comiencen a distribuir los alimentos rotulados según las nuevas pautas.

Fuentes oficiales aseguraron a Infobae que con las disposiciones 11378/2024 y 11362/2024, que modifican el Manual de Aplicación de la Ley N°27642 y el Decreto 151/22, se busca “adaptar” la normativa a estándares internacionales y “mejorar la información nutricional” disponible para los consumidores.

Los mismos voceros dijeron a este medio que la nueva reglamentación continúa basada en el perfil nutricional establecido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), pero introduce un cambio clave: el cálculo de nutrientes excesivos, como grasas, azúcares, sodio y calorías, indicados únicamente los ingredientes añadidos durante la producción, no los intrínsecos de los alimentos.

Así, por ejemplo, los alimentos con numerosos componentes, como una mermelada de naranja deberá informar cuánto azúcar se incorpora en su elaboración, más allá del azúcar presente de forma natural en la fruta. La fuente consultada por Infobae sumó otro ejemplo: en el caso de los frutos secos envasados, dijo, que antes podían tener etiquetas de advertencia debido a sus grasas naturales, con la nueva normativa, alimentos como almendras o maní podrían recibir sellos de “exceso de sodio” o “exceso de grasas” si contienen ingredientes adicionales, como sal o aceites añadidos. Al contrario, productos como la manteca, pese a su alto contenido de grasa intrínseca, evitarían sellos si no incluyen aditivos como sodio.

Además, dijo el vocero consultado, las empresas no contarán con plazos para adaptar los rótulos de sus productos, ya que la normativa está plenamente implementada. Asimismo, admitió que es una medida que va en sintonía con lo que venía expresando la industria alimentaria, ya que algunos sellos se aplican por exceder los límites establecidos por márgenes mínimos y señalan que su intención de ajustar las fórmulas de ciertos productos sería evitar etiquetas de advertencia por productos que forman parte natural de los alimentos.

Los sellos ahora reflejarán únicamente

Restricciones publicitarias y supervisión de la ANMAT

En cuanto a la publicidad, la ANMAT reforzó las restricciones para productos con sellos de advertencia, especialmente los dirigidos a niños y adolescentes menores de 16 años. Según la nueva Disposición 11362/2024, queda prohibida la promoción de alimentos y bebidas envasadas que utilicen elementos atractivos para esta franja etaria, como colores llamativos, personajes infantiles o bandas sonoras diseñadas para captar su atención.

Por otro lado, la normativa exige que toda publicidad destinada al público general incluya información clara y veraz sobre los sellos de advertencia, edulcorantes o cafeína que puedan contener los productos. También se establece que las promociones deben propender al consumo responsable, y evitar engaños o ambigüedades en la presentación de los alimentos.

Los productos etiquetados bajo la normativa podrán mantenerse en circulación hasta agotar existencias, pero las nuevas adaptaciones serán obligatorias para toda producción futura, según las autoridades.

Según la norma, la intención es fortalecer el derecho de los consumidores a acceder a información nutricional transparente, promoviendo hábitos alimenticios más saludables, medidas y alineados con estándares internacionales.

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