EXPORTACIONES DE CARNE

Por primera vez, los argentinos comen más pollo que carne vacuna: el impacto de los precios

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La mesa de los argentinos atraviesa un cambio histórico. Por primera vez desde que existen registros, el consumo de carne de pollo superó al de carne vacuna, desplazando a un alimento que durante décadas fue el símbolo de la identidad gastronómica del país.

Los datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) muestran que en 2025 el consumo per cápita de pollo alcanzó los 49,4 kilos anuales, el nivel más alto de la serie histórica. En paralelo, la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) estimó que el consumo promedio de carne vacuna cayó a 47 kilos por habitante, un 8,2% menos que un año antes.

La diferencia de 2,4 kilos por persona marca un punto de inflexión en los hábitos alimentarios de los argentinos y refleja tanto el crecimiento sostenido de la avicultura como la pérdida de participación de la carne bovina en el mercado interno.

El pollo gana terreno

La industria avícola cerró 2025 con una producción de 2,47 millones de toneladas, uno de los mejores registros de su historia, gracias a la faena de unas 750 millones de aves en establecimientos habilitados por el Senasa.

Desde CEPA explican que el crecimiento se apoya en cuatro pilares, mejoramiento genético, nutrición, manejo productivo y bioseguridad.

Estos avances permitieron aumentar la eficiencia, mantener precios competitivos y consolidar además un perfil exportador. Durante 2025, Argentina envió carne aviar a 74 países, sobre un universo de más de cien mercados habilitados.

La tendencia también acompaña el escenario internacional. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta que la producción mundial de pollo llegará en 2026 a 110,7 millones de toneladas, un récord histórico y un crecimiento del 3% respecto del año anterior.

En Argentina, la actividad continúa concentrada principalmente en Entre Ríos y Buenos Aires, provincias que reúnen más del 90% del procesamiento avícola nacional.

La carne vacuna pierde consumo

Mientras tanto, la ganadería atraviesa una realidad diferente en el mercado doméstico.

Según CICCRA, durante el primer semestre de 2026 la producción de carne vacuna cayó 6,2% interanual, hasta 1,428 millones de toneladas, producto de una menor oferta de hacienda para faena.

Pero el dato más significativo aparece en el consumo.

El abastecimiento del mercado interno retrocedió 11,5% respecto del mismo período de 2025, reflejando el impacto de la pérdida del poder adquisitivo y del mayor precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas.

En números absolutos, los argentinos consumieron 131.830 toneladas menos de carne vacuna durante el primer semestre del año.

Exportar más, vender menos en casa

Paradójicamente, mientras cae el consumo interno, las exportaciones bovinas muestran una dinámica positiva.

Entre enero y junio de 2026 se exportaron 408.600 toneladas, un crecimiento del 10,2% interanual, impulsado principalmente por una mayor demanda desde Estados Unidos.

China continúa siendo el principal comprador de carne argentina y concentró más del 52% de las exportaciones de mayo, aunque con una reducción respecto del año anterior.

Así, la ganadería profundiza un perfil cada vez más orientado al mercado externo, mientras resigna participación en el consumo doméstico.

Precio y nutrición, las claves del cambio

El avance del pollo no responde únicamente a una cuestión de precios.

La industria destaca también sus atributos nutricionales. Según la Asociación Argentina de Licenciados en Nutrición (AALEN), cada 100 gramos de pechuga aportan aproximadamente 22 gramos de proteínas de alto valor biológico, con bajo contenido graso y predominio de grasas insaturadas.

A ello se suma un menor contenido de sodio y una estructura de costos que permitió mantener precios más accesibles para los consumidores.

El resultado es un cambio que parecía impensado hace apenas una década: la proteína que durante generaciones definió la dieta argentina cedió el liderazgo frente a una industria más eficiente, con menores costos y una creciente aceptación entre los consumidores.

Más que una simple estadística, el cruce entre ambas curvas refleja una transformación económica y cultural. Mientras la carne vacuna fortalece su perfil exportador, el pollo se consolida como la proteína elegida por cada vez más hogares argentinos.

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El sector cárnico sale en defensa del IPCVA y rechaza el plan de desregulación del Gobierno

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El debate por la desregulación de distintos organismos públicos sumó un nuevo capítulo. Tras conocerse el anteproyecto elaborado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado para modificar el esquema de financiamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), las principales entidades de la producción ganadera y de la industria frigorífica emitieron un fuerte pronunciamiento en defensa del organismo.

En un documento conjunto, las entidades que integran el Consejo de Representantes del IPCVA expresaron su “firme respaldo institucional” al Instituto y reivindicaron su papel como una herramienta estratégica para el desarrollo de la cadena bovina y la promoción de la carne argentina en los mercados nacionales e internacionales.

“Las propuestas de implementar un sistema de aportes voluntarios significarían, sin lugar a dudas, la eliminación del IPCVA”, advirtieron.

Un instituto financiado por el sector privado

Las entidades recordaron que el IPCVA fue creado por la Ley 25.507 a iniciativa del propio sector privado y que, desde entonces, se consolidó como el principal organismo encargado de financiar estudios técnicos, generar información estratégica y promover la carne vacuna argentina en el mundo.

También remarcaron que el Instituto funciona exclusivamente con recursos aportados por la cadena productiva, sin financiamiento del Tesoro Nacional. El esquema vigente establece un aporte obligatorio equivalente al 0,07% del valor índice de la res vacuna por parte de los productores y del 0,03% por parte de la industria frigorífica.

Según sostienen, este sistema garantiza el funcionamiento del organismo y evita el problema del “free rider”, es decir, que algunos actores se beneficien de las acciones de promoción sin contribuir a financiarlas.

Amplia representación federal

El documento destaca que el IPCVA reúne a toda la cadena de ganados y carnes, con representación federal de productores, cooperativas, frigoríficos exportadores e industria.

Entre las entidades firmantes figuran la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (CONINAGRO), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas, la Cámara Argentina de la Industria Frigorífica, la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas y la Unión de la Industria Cárnica Argentina.

Asimismo, recordaron que el Estado nacional participa en el Consejo de Representantes a través de la Secretaría de Agricultura, mientras que el Consejo Asesor incorpora a instituciones técnicas, cámaras empresarias, asociaciones de criadores, organismos científicos y representantes oficiales.

“Así funcionan los principales países exportadores”

Uno de los principales argumentos del sector apunta a que el modelo argentino replica el esquema utilizado por los mayores exportadores mundiales de carne.

Las entidades señalaron que Australia, Estados Unidos, Reino Unido y Uruguay mantienen sistemas de financiamiento obligatorio para sus institutos de promoción, e incluso varios de ellos complementan esos recursos con aportes estatales.

En comparación internacional, sostienen que el presupuesto del IPCVA resulta significativamente menor al de organismos similares, pese a que Argentina continúa siendo uno de los principales productores y exportadores de carne vacuna del mundo.

Riesgo para la apertura de mercados

Las entidades también destacaron que el IPCVA ha sido determinante para la apertura y consolidación de mercados internacionales, el fortalecimiento de las relaciones sanitarias con los países compradores y el posicionamiento de la marca “Carne Argentina” como un producto premium.

Además, recordaron que entre el 3% y el 5% del presupuesto anual del Instituto se destina al apoyo de las tareas sanitarias que lleva adelante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria.

“Degradar la credibilidad y la capacidad operativa del IPCVA implicaría retroceder en logros construidos con años de trabajo conjunto, inversión privada y esfuerzo sostenido de toda la cadena”, sostuvieron.

Finalmente, las entidades ratificaron su respaldo al organismo y reclamaron que se mantengan las actuales condiciones de funcionamiento, al considerar que constituyen un pilar para el presente y el futuro de la producción y comercialización de la carne vacuna argentina.

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El campo se une contra la desregulación del IPCVA y advierte que eliminar los aportes obligatorios pondría en riesgo las exportaciones

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Una propuesta de desregulación impulsada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado abrió un nuevo frente de tensión entre el Gobierno nacional y uno de los sectores más dinámicos de la agroindustria. Las principales entidades de productores ganaderos y cámaras frigoríficas rechazaron el anteproyecto que busca transformar en voluntarios los aportes que hoy financian al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), al considerar que la medida comprometería la capacidad del organismo para sostener la inserción internacional de la carne argentina.

El debate trasciende una discusión sobre aportes obligatorios. Para las entidades que integran el Consejo de Representantes del IPCVA, el instituto constituye una herramienta estratégica construida por el propio sector privado desde la sanción de la Ley 25.507, destinada a financiar investigaciones técnicas, inteligencia comercial, promoción internacional y apertura de nuevos mercados para una de las principales cadenas exportadoras del país.

En un documento conjunto, las entidades afirmaron que la eliminación del esquema de financiamiento compulsivo implicaría, en los hechos, la desaparición del instituto. Argumentan que un sistema de contribuciones voluntarias generaría un problema clásico de acción colectiva: todos se beneficiarían de la promoción internacional sin asumir necesariamente el costo de sostenerla, debilitando progresivamente la capacidad operativa del organismo.

Actualmente, el IPCVA se financia exclusivamente con recursos privados aportados por productores y frigoríficos. La legislación vigente establece una contribución equivalente al 0,07% del valor índice de la res vacuna en plaza de faena para los productores y del 0,03% para la industria frigorífica. Según remarcan las entidades, ese mecanismo permitió sostener durante años una política de promoción continua sin depender del presupuesto estatal.

El respaldo institucional exhibe una amplitud poco habitual dentro del sector agropecuario. Firmaron el pronunciamiento las cuatro entidades de la Mesa de Enlace —Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y Coninagro— junto con las principales cámaras de la industria frigorífica, entre ellas ABC, CADIF, CICCRA, FIFRA y UNICA. Además, el propio Estado nacional participa del Consejo de Representantes a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Las organizaciones sostienen que el IPCVA ha sido determinante para consolidar acuerdos comerciales, fortalecer la relación sanitaria con los principales países compradores y posicionar la marca “Carne Argentina” como un producto premium en los mercados internacionales. Incluso recuerdan que entre el 3% y el 5% del presupuesto anual del instituto se destina a colaborar con tareas sanitarias desarrolladas por el SENASA, aspecto considerado central para mantener la habilitación de mercados de alto valor.

El documento también introduce un argumento comparativo. Según las entidades, todos los grandes países exportadores de carne vacuna cuentan con organismos similares financiados mediante aportes obligatorios y, en muchos casos, complementados con recursos públicos. Australia, Estados Unidos, Reino Unido y Uruguay aparecen como ejemplos de modelos donde la promoción internacional constituye una política de Estado orientada a sostener la competitividad de toda la cadena.

Desde esa perspectiva, los representantes del sector consideran que el debate no debería centrarse únicamente en la reducción de cargas, sino en evaluar el retorno económico que generan estas instituciones. La promoción internacional, la construcción de reputación sanitaria y la apertura de nuevos mercados benefician tanto a grandes exportadores como a pequeños productores, al ampliar la demanda y mejorar las posibilidades de colocación de la producción argentina.

Otro aspecto que las entidades destacan es el carácter federal y plural del instituto. Desde su creación, la presidencia y la vicepresidencia fueron ejercidas de manera rotativa entre representantes de distintas organizaciones, mientras que el Consejo Asesor incorpora universidades, institutos tecnológicos, asociaciones de criadores, organismos científicos, cámaras empresarias y organismos públicos, consolidando un esquema de gobernanza compartida que, sostienen, fortalece la legitimidad institucional.

La discusión también expone un desafío más amplio para la agenda de desregulación impulsada por el Gobierno. Mientras el Ejecutivo busca reducir mecanismos obligatorios de financiamiento sectorial, parte del complejo agroindustrial advierte que existen instituciones cuya sostenibilidad depende precisamente de la participación colectiva de todos los actores. En este caso, el interrogante no pasa únicamente por reducir costos, sino por determinar cómo preservar herramientas que contribuyen a generar divisas, abrir mercados y sostener el posicionamiento internacional de uno de los principales productos de exportación de la Argentina.

La controversia deja planteado un debate de fondo sobre el diseño de las políticas de competitividad. Para el sector cárnico, el desafío no consiste solamente en producir más, sino en mantener instituciones capaces de sostener la calidad sanitaria, promover la diferenciación de la carne argentina y consolidar su presencia en un mercado internacional cada vez más competitivo. Allí radica, sostienen las entidades, el verdadero valor estratégico del IPCVA.

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El consumo de carne vacuna cayó 11,5% y marcó el peor primer semestre en tres décadas

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La carne vacuna, uno de los productos más emblemáticos de la dieta argentina, atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Durante el primer semestre de 2026, el consumo interno volvió a desplomarse y alcanzó el nivel más bajo de los últimos 30 años, reflejando el impacto combinado de la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de los cortes y una creciente participación de las exportaciones en el destino de la producción.

Así lo revela el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), que estima que entre enero y junio el abastecimiento del mercado doméstico cayó 11,5% interanual.

En términos absolutos, el consumo aparente fue de 1.019.430 toneladas res con hueso, unas 132.000 toneladas menos que en igual período de 2025. Se trata del menor registro para un primer semestre desde que la entidad lleva estadísticas comparables.

Menos carne en la mesa de los argentinos

La caída también se refleja en el consumo por habitante.

El promedio móvil de los últimos doce meses descendió hasta 47 kilos por persona al año, lo que representa una baja del 8,2% respecto del mismo período del año anterior. En términos prácticos, cada argentino consumió en promedio 4,2 kilos menos de carne vacuna que hace un año.

La tendencia confirma un cambio que se viene profundizando desde hace varios años: la carne vacuna continúa perdiendo participación en la dieta familiar frente a otras proteínas más accesibles, especialmente el pollo y, en menor medida, el cerdo.

El precio de la carne corrió más rápido que los salarios

Uno de los principales factores detrás de la caída del consumo fue el fuerte aumento del precio relativo de la carne vacuna.

Durante los últimos doce meses, el rubro “Carnes y derivados” aumentó 45%, muy por encima de la inflación general, que fue del 33,5%.

Dentro de ese grupo, los cortes vacunos fueron los que más se encarecieron, con una suba promedio del 53,6%.

En contraste, el pollo entero —el principal sustituto elegido por los consumidores cuando el presupuesto se ajusta— aumentó 29,9%, bastante por debajo de la carne vacuna.

La diferencia de más de veinte puntos porcentuales terminó modificando las decisiones de compra de muchas familias, que redujeron el consumo de carne vacuna o directamente reemplazaron parte de esas compras por proteínas de menor precio.

Entre los cortes populares, la mayor suba correspondió a la carne picada común, que aumentó 56,2% interanual. Le siguió el asado, con un incremento del 54,3%, dos productos de fuerte presencia en la mesa cotidiana.

Menor producción, pero más exportaciones

El retroceso del consumo no obedeció únicamente a la pérdida de poder de compra.

También influyó una menor disponibilidad de carne para el mercado interno.

Durante el primer semestre se faenaron 6,02 millones de cabezas, un 8,9% menos que en igual período del año pasado.

Como consecuencia, la producción de carne vacuna descendió hasta 1,428 millones de toneladas, con una caída interanual del 6,2%.

Sin embargo, el consumo cayó todavía más que la producción.

La explicación está en el comercio exterior.

Mientras el mercado doméstico reducía su demanda, las exportaciones siguieron creciendo.

Entre enero y junio se exportaron 408.600 toneladas, un aumento del 10,2% respecto del mismo semestre de 2025.

Eso modificó significativamente el destino de la producción nacional.

Hace un año, el 75,6% de la carne producida permanecía en el mercado interno y el 24,4% se destinaba al exterior.

Hoy esa relación cambió: el mercado doméstico absorbe 71,4% de la producción, mientras que las exportaciones ya representan 28,6%.

En otras palabras, una porción creciente de la carne argentina encuentra mejores oportunidades en los mercados internacionales, reduciendo el volumen disponible para el consumo local.

Un cambio estructural del negocio ganadero

La evolución de los indicadores refleja un proceso más profundo que una simple caída del consumo.

El sector ganadero viene atravesando una etapa de menor oferta de hacienda, consecuencia de varios años de liquidación de stock bovino.

Según CICCRA, ese proceso comienza lentamente a desacelerarse y podría dar paso, en los próximos años, a una etapa de recomposición del rodeo nacional.

Mientras esa recuperación no se consolide, la oferta seguirá siendo limitada y los frigoríficos continuarán enfrentando un escenario de competencia entre el mercado interno y las exportaciones.

Un consumo en mínimos históricos

El primer semestre de 2026 quedó registrado como el de menor consumo interno de carne vacuna en al menos tres décadas.

Ni las crisis económicas de comienzos de siglo, ni los años marcados por fuertes procesos de liquidación de hacienda habían mostrado un abastecimiento doméstico tan reducido.

El dato refleja un cambio que va más allá de la coyuntura.

Por un lado, el deterioro del ingreso real obliga a las familias a sustituir alimentos de mayor precio por opciones más económicas.

Por otro, la creciente demanda internacional convierte a la exportación en un destino cada vez más atractivo para la industria frigorífica.

La combinación de ambos factores redefine el mercado: menos carne disponible para el consumo local, precios que crecen por encima de los salarios y una dieta que incorpora progresivamente otras proteínas como alternativa.

Para un país históricamente identificado con el consumo de carne vacuna, el descenso hasta 47 kilos por habitante por año constituye mucho más que un dato estadístico. Es una señal de cómo la transformación económica está modificando incluso uno de los hábitos alimentarios más arraigados de la sociedad argentina.

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China reconfigura el mercado de la carne y Argentina apuesta a capturar mejores precios

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La estrategia comercial de los principales proveedores de carne vacuna hacia China comienza a redefinir el tablero del comercio internacional y abre un escenario de oportunidades, aunque también de incertidumbre, para Argentina. Mientras Brasil y Australia aceleraron sus embarques hasta dejar prácticamente agotadas sus cuotas de exportación antes de finalizar el primer semestre, el resto de los países exportadores optó por una política mucho más conservadora, apostando a que la escasez relativa de oferta impulse una recuperación de los precios durante la segunda mitad del año.

El resultado es un mercado que, lejos de haber encontrado un nuevo equilibrio, permanece en pausa a la espera de una definición política por parte de Beijing. La decisión que adopte el gobierno chino sobre el tratamiento de la mercadería que eventualmente llegue fuera de cuota será determinante para el comportamiento de los precios internacionales durante el cierre de 2026 y el inicio de 2027.

De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Australia ya habría consumido la totalidad de su cupo anual de 205.000 toneladas asignadas por China. Según el Ministerio de Comercio chino (MOFCOM), al 20 de junio los embarques australianos completaron ese límite.

Antes de finalizar la primera mitad del año, tanto Australia como Brasil habrían quedado, virtualmente, fuera de juego en el mercado chino.

Según informó el propio Ministerio de Comercio de China (MOFCOM), al 20 de junio los envíos de carne vacuna desde Australia cubrieron la totalidad del cupo asignado de 205.000 toneladas anuales.

En el caso de Brasil, si bien aún no se ha emitido un anuncio oficial, las principales plantas procesadoras que faenan para China están ajustando e incluso suspendiendo la producción de cortes destinados a este mercado, con el objetivo de evitar embarques que arriben fuera de cuota y queden sujetos al pago de un arancel final del 67%. Esta decisión evidenciaría un virtual agotamiento de su cupo anual de 1.106.000 toneladas y, en consecuencia, la necesidad de redireccionar parte de sus exportaciones hacia otros destinos.

En una situación estratégica diferente se encuentran el resto de los proveedores —Argentina, Uruguay, Nueva Zelanda y, naturalmente, Estados Unidos—, que registran hasta el momento un avance considerablemente menor en la utilización de sus respectivas cuotas.

De acuerdo con los datos informados por la Administración General de Aduanas de China, al 31 de mayo Australia había ingresado 175.082 toneladas de carne vacuna, equivalentes al 85% de su cuota anual. Por su parte, Brasil acumulaba 723.745 toneladas, cubriendo el 65% de su cupo.

En contraste, los demás orígenes mostraban avances significativamente inferiores. Argentina registraba una ejecución del 41%, con 210.857 toneladas ingresadas; Uruguay y Nueva Zelanda alcanzaban apenas el 22% de utilización de sus cuotas, sobre un total de 324.000 y 206.000 toneladas, respectivamente; mientras que Estados Unidos, con apenas 803 toneladas ingresadas, prácticamente no había utilizado su cuota anual de 164.000 toneladas.

Por su parte, los proveedores que operan sin una cuota exclusiva aportaron en conjunto 56.122 toneladas, lo que representa un nivel general de cobertura del 33%.

Estos datos reflejan una marcada diferencia en la velocidad de ejecución de las cuotas entre los distintos actores del mercado, en línea con estrategias de posicionamiento claramente divergentes. Mientras que los dos países menos favorecidos en la distribución de cuotas, Australia y Brasil, apuntaron a saturar rápidamente el mercado bajo la expectativa de una negociación —primero sobre los criterios de aplicación para los envíos en tránsito y luego respecto de una eventual ampliación de cuota—, un segundo grupo de países, entre ellos Argentina, apostó por mantener un ritmo más moderado de ejecución, a la espera de un agotamiento de las cuotas y, en consecuencia, de un fortalecimiento de los precios impulsado por las necesidades de la demanda.

Lo cierto es que, hasta el momento, ninguna de las dos estrategias ha logrado plasmar plenamente sus resultados.

En los primeros cinco meses de 2026, China importó cerca de 1,3 millones de toneladas de carne vacuna, un 18% más que en igual período del año anterior, pagando además valores promedio un 14% superiores a los registrados doce meses atrás.

Ambos indicadores contrastan notablemente con la caída del 4% en las importaciones que el propio gobierno chino había proyectado a comienzos de año mediante la asignación de cuotas y, por ende, con las expectativas de precios que predominaban en el mercado. En efecto, el esquema de distribución establecía un límite anual de importaciones de 2.688.000 toneladas, frente a las 2.802.000 toneladas registradas por la aduana china durante 2025.

Una vez conocidas las cuotas asignadas a los distintos orígenes, el mercado esperaba una ejecución relativamente previsible. De hecho, tomando como referencia el comportamiento promedio de compras observado entre 2019 y 2025, era posible proyectar un ritmo mensual relativamente estable.

Sin embargo, la fuerte presión ejercida por Australia y Brasil durante los primeros meses del año alteró rápidamente esas proyecciones, obligando a recalcular los volúmenes disponibles para los meses restantes, que ahora se ubicarían entre 40.000 y 50.000 toneladas mensuales.

No obstante, todavía persisten elementos de incertidumbre dentro del mercado chino. Este año, el patrón de compras podría verse aún más alterado durante el tramo final, sin que dicho cambio resulte necesariamente visible en las estadísticas aduaneras.

La principal incógnita radica en si el gobierno chino permitirá el ingreso de mercadería fuera de cuota para su almacenamiento en depósitos aduaneros.

Si esta alternativa no fuera habilitada, no deberían esperarse cambios significativos respecto del ritmo habitual de compras observado durante la segunda mitad del año. Bajo este escenario, los países que aún disponen de una porción importante de sus cuotas sin utilizar —entre ellos Argentina— podrían consolidar una posición más favorable dentro del mercado chino durante los últimos meses del año.

Por el contrario, si se habilitara el almacenamiento de mercadería fuera de cuota, los dos grandes jugadores que actualmente se encuentran virtualmente fuera de juego —Australia y Brasil— podrían comenzar a presionar los valores de ingreso al mercado chino hacia fines de año, con el objetivo de posicionar mercadería para su nacionalización inmediata una vez renovados los cupos anuales a partir del 1 de enero de 2027.

De confirmarse este escenario, y considerando los tiempos de navegación, Brasil probablemente sería el primer actor en mover sus fichas, convirtiéndose nuevamente en un competidor de fuerte peso para el resto de los exportadores de la región.

Por el momento, lejos de observarse una presión alcista por parte de los importadores chinos, el mercado parece haber ingresado en un impasse, condicionado por una fuerte expectativa y cautela.

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