La cadena yerbatera dejó en marzo una postal de doble lectura: mientras la salida de molinos mostró una fuerte recuperación tanto en el mercado interno como en las exportaciones, el comportamiento de la cosecha sigue reflejando la tensión estructural que atraviesa al sector productivo, en especial en el primer eslabón de la cadena.
Los datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) confirman que durante marzo las exportaciones alcanzaron los 4.541.352 kilos, lo que significó una suba del 66,61% respecto de febrero y una mejora interanual del 9,32%. En el acumulado del primer trimestre, los envíos al exterior totalizaron 10.840.446 kilos, con un crecimiento del 3,38% frente al mismo período de 2025.
El mercado interno también mostró una aceleración. La salida de molinos hacia el consumo doméstico llegó a 24.285.176 kilos en marzo, con un incremento mensual del 26,08% y una suba interanual del 4,57%. En el acumulado enero-marzo, el consumo interno alcanzó los 64.947.806 kilos, apenas 0,86% por encima del mismo tramo del año pasado.
En términos globales, la suma entre mercado interno y exportaciones dejó un volumen total de 75.788.252 kilos entre enero y marzo de 2026, prácticamente en línea con los 76.863.678 kilos del mismo período de 2025, lo que implica una leve caída del 1,4%.
Ese dato es central porque representa la salida de molino, el indicador más cercano al comportamiento real de la yerba en góndola: incluye tanto los despachos hacia centros de distribución como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados.
Yerba mate: marzo 2026 en números
Indicador
Marzo 2026
Variación
Exportaciones
4.541.352 kg
+66,61% mensual +9,32% interanual
Consumo interno
24.285.176 kg
+26,08% mensual +4,57% interanual
Ingreso de hoja verde
44.985.760 kg
+148,18% mensual
Acumulado exportaciones
10.840.446 kg
+3,38%
Acumulado consumo interno
64.947.806 kg
+0,86%
MI + ME total
75.788.252 kg
-1,4% interanual
La cosecha crece sin precio
El otro gran dato del trimestre está en la materia prima. Según el INYM, entre enero y marzo ingresaron a secaderos 80.847.651 kilos de hoja verde, un 24,3% más que en igual período del año pasado.
Solo en marzo, el ingreso de hoja verde fue de 44.985.760 kilos, con una suba mensual explosiva del 148,18% respecto de febrero.
Ese comportamiento se da en medio de una fuerte crisis de rentabilidad para el productor primario, atravesada por la desregulación del mercado tras la pérdida de facultades del INYM para fijar precios de referencia. El reclamo por un valor sostén para la hoja verde sigue abierto, mientras la provincia insiste en mecanismos de consenso para evitar que el ajuste recaiga exclusivamente sobre el eslabón más débil.
La paradoja es evidente: mientras la yerba sigue sosteniendo su nivel de consumo y mantiene buen ritmo exportador, el productor continúa atrapado en una ecuación donde el volumen no necesariamente se traduce en rentabilidad.
El paquete de medio kilo sigue mandando
En el análisis de formatos, no hubo sorpresas. El paquete de medio kilo volvió a consolidarse como el preferido de los consumidores argentinos: en marzo representó el 55,89% de las salidas de molinos al mercado interno.
Le siguieron los envases de un kilo, con el 38,21%; los paquetes de dos kilos, con 1,97%; y los de cuarto kilo, con 0,72%.
El rubro “sin estampillas” representó el 2,97%, mientras que “otros formatos” alcanzó apenas el 0,24%.
Así, los envases de medio kilo y un kilo concentraron el 94,10% del total de las ventas, ratificando una tendencia histórica que prácticamente no presenta cambios y que refleja el patrón de consumo más estable del mercado yerbatero argentino.
En ese escenario, la yerba mate vuelve a mostrar una fortaleza comercial sostenida, pero también una fragilidad estructural que sigue sin resolverse: la brecha entre lo que ocurre en la góndola y lo que sucede en la chacra. Allí, donde empieza toda la cadena, todavía persiste la discusión más sensible.
En medio de un escenario de protestas, reclamos por precios y advertencias de una “crisis terminal” en el sector yerbatero, el presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Rodrigo Correa, trazó una lectura diametralmente distinta: negó que se trate de una crisis estructural y sostuvo que la actividad atraviesa una transición derivada de la desregulación.
“Hay un cambio de modelo (…) la desregulación trajo buenas noticias, como por ejemplo, el frente exportadores creció, tuvo récord, el consumo interno se estabilizó (…) pero hay variables que se están corrigiendo”, señaló en una entrevista concedida a Radio Rivadavia. Sin embargo, los datos no convalidan esa tesis. Si bien hubo un récord de exportaciones, el consumo interno está por debajo de 2023, el último año con el mercado regulado, que cerró con 285.430.373 de kilos, el volumen más alto de la historia. El año pasado se vendieron en el mercado interno 266 millones de kilos.
Lejos de convalidar el diagnóstico de los productores, Correa encuadró el momento actual como un proceso de ajuste tras años de intervención estatal.
El funcionario apuntó directamente al esquema previo de regulación de precios como origen de los desequilibrios actuales.
“Venimos de un proceso de intervención estatal (…) donde el Estado intervenía mediante la fijación de un precio. Eso trajo a colación que muchos oportunistas se metieran en el rubro porque el Estado les garantizaba una rentabilidad”, argumentó.
Según su mirada, esa lógica distorsionó el mercado. “Eso benefició a algunos y a la gran mayoría de los argentinos le trajo un perjuicio, sobre todo al productor genuino (…) porque eso trajo sobreproducción de yerba mate”.
Correa detalló que “del 2016 al 2025 crecieron casi un 40% de las superficies implantadas de yerba mate. Eso denota el oportunismo”. Ante esa expansión el INYM había emitido la resolución 170, que limitaba las nuevas plantaciones a cinco hectáreas por productor, pero las grandes industrias, de Corrientes y de Misiones lograron que la Justicia frene esa medida.
Correa en cambio, sin identificar actores puntuales, remarcó que las nuevas plantaciones pertenecen a “nuevos jugadores” atraídos por un negocio con rentabilidad asegurada.
Correa defendió el nuevo esquema sin intervención estatal, donde los valores se determinan entre privados. “Estamos en un modelo que se rige por oferta y demanda y ahí se establecen los precios”, resaltó en defensa del DNU presidencial que provocó un desplome del valor de la hoja verde, que se paga hoy menos que hace dos años.
Y fue enfático respecto al rol del organismo: “EI Instituto hoy no cuenta con facultades para intervenir en los precios (…) y yo como representante del Ejecutivo nacional apoyo esa idea”.
Para el titular del INYM, la caída del precio de la hoja verde responde a un reacomodamiento tras la sobreoferta generada en años previos.
“Cuando las cosas iban bien, no se quejaron y hoy día (…) al establecer los precios entre privados hay resistencia y la distribución se modificó”, remarcó.
En respuesta a los reclamos de los sectores productivos, Correa también relativizó la dimensión del universo afectado. “Tenemos registrados productores por 14.200, pero en los últimos 6 años entregaron hoja verde 9.200 (…) pequeños productores no tenemos más de 5.000”, criticó.
“Cuando digo pequeños productores, digo productores que van de 5 hasta 10 hectáreas (…) y hasta 15 hectáreas”, diferenció.
En línea con la política de desregulación que emana del Gobierno, el presidente del INYM planteó que la solución pasa por expandir el consumo. “La solución acá es trabajar en la demanda de producto, es aumentar la demanda”.
Y vinculó directamente la desregulación con un cambio en la estructura comercial. “Históricamente las exportaciones representaban un 10% (…) hoy representan cercano al 20% a dos años de implementación”.
“Eso nos está mostrando el camino por donde debemos encauzar esta situación”, aseguró. Sin embargo, las principales industrias advierten que el aumento de las exportaciones no es sinónimo de rentabilidad, afectada por la suba de tarifas y el combustible. De hecho, Argentina exporta a un valor menor por tonelada que Brasil, el principal competidor global.
Correa planteó que el futuro del sector no pasa sólo por el consumo tradicional, sino que “tenemos que ir detrás de las necesidades del mundo y abrir otros rubros como el energizante, cosmético, farmacéutico”.
En paralelo, propuso una transformación del rol del productor que “tiene que integrar todo el ciclo productivo y eso se está dando con pequeñas marcas”.
Sobre el debate por los costos, cuestionó los esquemas homogéneos: “Hay una resolución (…) que establece una única modal productiva y eso es lo que nos oponemos (…) debería haber tantas modalidades productivas como productores haya”.
Para Correa, la eficiencia individual será clave en los nuevos tiempos de la yerba. “Va a depender el costo real de cuán eficiente es cada productor”.
Finalmente, el titular del INYM dejó en claro que no espera soluciones inmediatas: “Acá no hay soluciones de la noche a la mañana. Acá es trabajo y tenemos que incrementar la demanda”.
El Gobierno de Misiones reunió este jueves en Posadas a productores, cooperativas, secaderos e industrias yerbateras en una mesa de diálogo convocada por el Ministerio del Agro y la Producción, con un objetivo: destrabar la crisis de precios que golpea al eslabón primario. Según lo expuesto en la reunión, el valor actual de la hoja verde se ubica alrededor de un 50% por debajo de los costos, lo que implica una pérdida de rentabilidad cercana al 70% para los productores.
El sector ya no cuenta con la herramienta que permitía fijar precios mínimos -atribución que tenía el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)– y la provincia solo puede tomar un rol de mediación. Pero el dato es que la Industria acudió casi en pleno y escuchó y expuso su posición en un diálogo abierto aunque no exento de tensión con los productores.
Durante el encuentro, los productores plantearon la necesidad de contar con precios de referencia que otorguen previsibilidad a la actividad, mientras que los representantes de los trabajadores rurales expusieron la compleja situación que atraviesa el sector, señalando el impacto directo de la desregulación sobre sus condiciones laborales y de ingresos. Se compartió un diagnóstico generalizado sobre las dificultades que atraviesan especialmente los sectores primarios de la cadena.
Los representantes de la industria misionera manifestaron su disposición a trasladar el planteo a sus respectivas cámaras y federaciones, con el objetivo de avanzar en una propuesta concreta que permita ordenar la discusión de precios. Desde el sector industrial con presencia en Corrientes -particularmente de la cooperativa de Colonia Liebig- se expusieron los valores actualmente abonados por la materia prima, destacando el vínculo con productores misioneros y reconociendo que la situación responde a múltiples factores que inciden sobre la rentabilidad del sector.
Del precio regulado a la negociación entre privados
El ministro del Agro, Facundo Sartori, explicitó en dialogo con Economis ese límite: la provincia no fija precios, pero intenta ordenar el conflicto. “Hoy los valores que se están pagando no cubren los costos”, advirtió, al tiempo que describió un mercado con fuerte asimetría: muchos productores frente a pocos molinos que concentran la capacidad de fijación de precios.
La dinámica actual, según se planteó, responde a un cambio estructural. La oferta de materia prima creció en los últimos años, mientras la demanda no acompañó en igual proporción. Esa combinación, en un esquema sin precios sostén, presiona a la baja el valor de la hoja verde.
El subsecretario de Asuntos Yerbateros, Ricardo Maciel, recordó que este tipo de instancias de diálogo tiene antecedentes previos a la creación del INYM, y remarcó que, más allá de los desafíos, la existencia de ese organismo permitió durante años dotar de mayor previsibilidad al sector. Asimismo, advirtió que los períodos de libre mercado han sido históricamente los más adversos para el conjunto de los actores de la cadena.
Desde la industria, el diagnóstico no difiere en lo general, aunque incluye sus propios problemas. Gustavo Quatrin, de la Cooperativa Liebig, señaló a Economis que el aumento de exportaciones -que llegó a crecer un 37% interanual- se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks no bajaron y eso sigue condicionando los valores.
Qué se discute: precios, plazos y poder de mercado
El eje concreto de la negociación pasa por el precio de la materia prima y las condiciones de pago. La cooperativa Liebig anunció un incremento del 5% en los valores que paga por hoja verde y una reducción en el plazo de pago de 30 días, movimiento que fue leído por el Gobierno como un gesto inicial, aunque insuficiente.
Los productores cuestionaron que los precios actuales que ofrece la industria están entre 180 y 250 pesos por kilo, valores que, según afirmaron, no solo eliminan margen sino que generan pérdidas. “Cosechar es entrar en deuda”, sintetizó uno de los referentes.
La posibilidad de medidas de fuerza sigue latente. Algunos sectores ya evalúan sostener la no cosecha e incluso avanzar en cortes para interrumpir la circulación de materia prima, aunque la mayoría pretende seguir el camino de la negociación y el Gobierno busca evitar mediante la mediación. El dato político es que la Industria se sentó a la mesa y sus representantes no bloquearon la discusión. La producción, incluso los más exaltados, también mantuvo una posición negociadora.
El diagnóstico industrial hizo foco en otro dato: el mercado interno mantiene una demanda relativamente estable -definida como inelástica-, lo que limita la capacidad de absorber mayores volúmenes incluso con precios más bajos.
Al mismo tiempo, el crecimiento del mercado externo enfrenta barreras culturales y de escala. Quatrin explicó que la Cooperativa Liebig aunque exporta a más de veinte países, la participación sobre el total sigue siendo marginal, inferior al 2% en volumen. La expansión internacional, entonces, aparece como una estrategia de largo plazo, pero sin capacidad de resolver la sobreoferta inmediata.
El corrimiento del INYM como fijador de precios reconfigura el equilibrio de poder dentro de la cadena. Los molinos basan su capacidad de negociación en un contexto de sobreoferta, mientras los productores quedan están expuestos a la dinámica de mercado.
El Gobierno provincial, sin herramientas regulatorias directas, intenta ocupar un rol de articulador. La mesa de diálogo funciona como espacio de contención institucional, pero su efectividad depende de la voluntad de las partes de ceder posiciones.
La convocatoria a un cuarto intermedio por parte de las cámaras molineras marca el próximo punto de inflexión: deberán definir si avanzan hacia un precio común o sostienen estrategias individuales.
Ingreso rural en riesgo y tensión social
La caída de precios en la hoja verde impacta de forma directa en el ingreso de las familias productoras, que constituyen la base social de la actividad en Misiones. La pérdida de rentabilidad no solo compromete la cosecha actual, sino también la sostenibilidad de las chacras en el mediano plazo.
En paralelo, el encarecimiento del financiamiento -con tasas positivas- limita la capacidad de la industria para sostener stocks y pagar mejores precios, lo que complejiza aún más la ecuación.
Mientras el debate de fondo sigue siendo el precio de la materia prima, la cadena yerbatera muestra señales mixtas en el inicio de 2026. La cosecha de hoja verde comienza a tomar ritmo, pero los despachos al mercado interno y las exportaciones evidencian una desaceleración que impacta en el balance general del sector y que contrastan con el cierre del año pasado.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en febrero se cosecharon 18.126.439 kilos de hoja verde, lo que representa un incremento del 10,35% respecto a enero y una suba del 8,79% interanual. Este crecimiento en la materia prima confirma un buen arranque de la zafra en términos productivos, a pesar de la fuerte disputa por el precio de la hoja verde, que en promedio no supera los 220 pesos, aunque aparecen algunas señales que ubican los nuevos valores entre 380 y 450 pesos.
Sin embargo, el desempeño comercial no acompaña esa dinámica. La salida de molinos alcanzó los 19.261.816 kilos en febrero, con una caída del 10% mensual y del 9% en comparación interanual, lo que refleja un menor ritmo de colocación tanto en el mercado interno como en los canales de distribución, lo que avala el argumento de la industria de no tener rentabilidad para aumentar el precio de la materia prima.
El dato más llamativo aparece en el frente externo. Las exportaciones totalizaron 2.725.681 kilos, con una fuerte contracción del 23,72% mensual y del 30% interanual, marcando un retroceso significativo en uno de los motores clave del negocio yerbatero, que el año había cerrado con un récord. El primer bimestre sumó 6,3 millones de kilos, apenas por debajo del mismo período del año pasado.
Un bimestre en retroceso
En el acumulado de enero y febrero, la yerba mate alcanzó 46.961.725 kilos, frente a los 48.020.466 kilos del mismo período del año anterior, lo que implica una caída del 2,2%.
Dentro de ese total, el mercado interno absorbió 40.662.630 kilos, mientras que las exportaciones sumaron 6.299.094 kilos.
El INYM destaca que este indicador incluye tanto los envíos a centros de distribución como las compras de mayoristas y supermercados, por lo que funciona como un termómetro directo del consumo
En paralelo, el ingreso de hoja verde a secaderos durante el primer bimestre alcanzó 34.552.751 kilos, consolidando el aumento en la oferta primaria. Este desfasaje entre mayor producción y menor salida comercial podría generar tensiones en los precios de la materia prima en el corto plazo, en un contexto donde ya existe discusión abierta entre industria y productores.
En cuanto a las preferencias de los consumidores, no se registran cambios relevantes. Los paquetes de medio kilo concentran el 54,04% de las ventas en el mercado interno, seguidos por los de un kilo con el 41,08%. Entre ambos formatos explican el 95,13% del total, confirmando la estabilidad estructural del consumo.
En medio de la estrategia del Gobierno por consolidar respaldo internacional a su programa económico, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, presentó en Nueva York un balance político y económico de las reformas impulsadas por la administración de Javier Milei. Lo hizo durante el Argentina Week, ante inversores y referentes del sistema financiero en la sede del Bank of America, en un encuentro organizado junto al Council of the Americas.
El eje del mensaje fue claro: la desregulación como motor de crecimiento. Y para ilustrarlo, el funcionario eligió un caso emblemático de la economía regional argentina: la yerba mate. Según explicó, la eliminación de la autoridad regulatoria del sector y de su capacidad para fijar precios redujo a la mitad el precio del producto para el consumidor, al tiempo que impulsó un aumento del 29% en la producción durante 2024 y llevó a casi 58 millones de kilos las exportaciones en 2025, un récord histórico.
La exposición no se limitó a una presentación técnica. Funcionó como una señal política hacia el mercado internacional: mostrar que el proceso de reformas económicas iniciado por el Gobierno no sólo continúa, sino que busca consolidarse como el nuevo marco estructural de la economía argentina.
La pregunta que sobrevuela ese mensaje es si la estrategia de desregulación logrará consolidar una nueva arquitectura económica duradera o si enfrentará resistencias internas capaces de frenar su avance.
La yerba mate como símbolo político de la desregulación
El caso de la yerba mate ocupó un lugar central en la presentación. Para Sturzenegger, el mercado yerbatero representa un ejemplo concreto de lo que el Gobierno describe como liberación de sectores productivos históricamente regulados.
Según los datos que expuso ante inversores, la disolución del esquema de intervención estatal que ejercía el Instituto Nacional de la Yerba Mate eliminó la capacidad de fijar precios mínimos para la materia prima. En la lectura del ministro, ese cambio permitió reducir costos para el consumidor y expandir la producción.
El argumento apunta a un punto sensible del debate económico argentino: el rol del Estado en la regulación de cadenas productivas regionales. Durante años, el mercado yerbatero funcionó bajo un sistema de precios acordados que buscaba equilibrar el ingreso de productores, secaderos e industria.
La decisión de desactivar ese esquema forma parte del giro económico impulsado por el Gobierno, que plantea que la intervención estatal generaba distorsiones de precios y restricciones a la expansión productiva.
La elección de la yerba mate como ejemplo ante inversores internacionales no es casual. Se trata de un producto profundamente asociado a la identidad económica del nordeste argentino y, al mismo tiempo, de un mercado históricamente atravesado por tensiones entre regulación estatal y competencia.
Una batería de cifras para defender el programa económico
La exposición del ministro incluyó un recorrido más amplio por los resultados que el Gobierno atribuye a su agenda de desregulación.
Entre los datos presentados ante la comunidad financiera internacional, Sturzenegger mencionó que el precio de los alquileres cayó 30% tras la eliminación de la ley que regulaba ese mercado. También sostuvo que las exportaciones de pequeñas y medianas empresas yerbateras crecen a una tasa anualizada del 40%.
En paralelo, mostró un gráfico sobre la reducción del empleo público desde diciembre de 2023. Según afirmó, la plantilla estatal se redujo en 65.000 personas, sin impacto en la calidad de los servicios.
El ministro vinculó esos cambios con una narrativa más amplia sobre el crecimiento económico. En ese marco, señaló que la economía creció 6,6% en el primer año de gestión y 3,5% en el segundo, con 400.000 empleos creados durante ese período.
La lógica del mensaje fue presentar un patrón: menos regulación, mayor actividad económica.
Internet satelital, aviación regional y apertura productiva
Otro de los ejemplos que el funcionario utilizó para ilustrar el impacto de las reformas fue el del internet satelital. Según explicó, una normativa previa impedía su uso en el país para proteger a proveedores tradicionales. Tras eliminar esa restricción, el servicio comenzó a expandirse rápidamente, alcanzando zonas que históricamente carecían de conectividad.
El ministro también destacó cambios en el mercado aerocomercial. De acuerdo con los datos presentados, 1,2 millones de argentinos tienen ahora un vuelo comercial a menos de 50 kilómetros de su hogar, gracias a la operación de aerolíneas que utilizan aeronaves de seis a 19 asientos en rutas regionales.
Se trata de un esquema que apunta a expandir la conectividad aérea en rutas de baja densidad, un segmento históricamente poco atendido por la aviación comercial tradicional.
A esa agenda se suman otras medidas de apertura económica mencionadas en la presentación, como la habilitación de la importación de bienes de capital usados, que permitiría a empresas acceder a maquinaria a una fracción de su costo anterior, y la autorización del uso de bitrenes, camiones capaces de transportar dos contenedores en lugar de uno, con potencial de reducir hasta 40% los costos logísticos.
Patentes, ciencia y la relación tecnológica con Estados Unidos
Uno de los anuncios más relevantes de la exposición fue la intención de avanzar con la adhesión de Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT).
Sturzenegger definió esa decisión como el mayor progreso posible para el sistema científico y tecnológico argentino en décadas. Según explicó, la ausencia de Argentina en ese sistema obliga a investigadores a patentar sus desarrollos en otros países, lo que genera intermediaciones que pueden absorber entre 10% y 15% del capital accionario de los proyectos tecnológicos.
El punto conecta con la agenda bilateral con Estados Unidos y con la estrategia del Gobierno de integrar más profundamente a la Argentina en el sistema global de innovación.
Exposición del Ministro @fedesturze en la Argentina Week de Nueva York.
Durante su presentación, explicó cómo la política de desregulación en Argentina está mejorando la eficiencia del Estado. Además, detalló su utilidad para desarmar viejas estructuras burocráticas y liberar… pic.twitter.com/u52kwPRWuo
— Ministerio de Desregulación (@MinDesreg_Ar) March 11, 2026
Economía política de las reformas
Más allá de los datos económicos, el ministro ofreció una lectura política del proceso de reformas.
En su exposición identificó tres actores que, según su visión, históricamente bloquearon cambios estructurales en la Argentina: los sindicatos, el capitalismo de amigos y el kirchnerismo. Los describió como los vértices de un “Triángulo de las Bermudas” institucional que habría impedido reformas durante décadas.
La estrategia de desregulación, según planteó, busca desarticular la arquitectura legal que permitió la consolidación de esos actores. En esa lógica ubicó la reforma laboral, la apertura comercial y la implementación de la Boleta Única de Papel, aprobada por el Congreso en 2024.
La exposición, así, combinó argumentos económicos con una narrativa de confrontación política que apunta a legitimar el proceso de reformas.
El mensaje a los inversores y lo que viene
La presentación en Nueva York tuvo un destinatario claro: la comunidad financiera internacional. Argentina busca atraer inversión y consolidar credibilidad en su programa económico en un contexto global todavía cauteloso respecto al país.
El mensaje central fue que el proceso de desregulación no se detendrá.
Sin embargo, la sostenibilidad política de esas reformas sigue siendo una variable abierta. La agenda económica del Gobierno avanza en paralelo con un escenario político dinámico, donde las reformas estructurales pueden generar apoyos, pero también resistencias.
El recorrido de las próximas medidas —como la adhesión al tratado global de patentes o la continuidad del proceso de desregulación— será un indicador clave para medir hasta dónde puede avanzar el rediseño institucional que propone el Gobierno.
Por ahora, el mensaje en Nueva York buscó instalar una idea simple: que la transformación económica argentina ya está en marcha. Pero el verdadero test de ese modelo todavía se juega en el terreno político y productivo del propio país.