La Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), en alianza con la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), lanzó la Encuesta Forestindustrial Semestral, una iniciativa del Observatorio de Monitoreo de la Industria de la Madera y del Mueble.
Creado para suplir la histórica falta de datos estadísticos actualizados y confiables del sector forestal y de la industria de la madera en la Argentina, el observatorio tiene como objetivo fortalecer el análisis, la planificación y la toma de decisiones en los ámbitos productivo, académico y gubernamental.
La encuesta relevará información estratégica sobre la estructura productiva de las industrias, el consumo y origen de la materia prima, la capacidad instalada, el nivel de actividad, la adopción tecnológica, el empleo, las certificaciones, los mercados y los principales desafíos que enfrenta el sector. El relevamiento se realizará de manera semestral y los resultados se publicarán aproximadamente dos meses después de finalizada la recolección de datos, a través del Boletín Forestindustrial Semestral.
La iniciativa forma parte de una acción conjunta de la Universidad de Misiones y de instituciones forestales y madereras de las regiones de Misiones y Corrientes. Además de respaldar políticas públicas y la competitividad del sector, el observatorio promueve la cooperación institucional y la formación profesional, involucrando a estudiantes y graduados en tareas de recolección y análisis de datos.
Todas las empresas que trabajan con madera en la Argentina fueron invitadas a participar. La información será tratada de manera confidencial y utilizada exclusivamente con fines estadísticos, garantizando datos que aporten valor al conjunto del sector.
La Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) trazó un balance 2025 atravesado por un escenario desafiante para las PyMEs del sector: caída del mercado interno, aumento de costos productivos y financieros, y mayores exigencias para sostener la actividad.
Según el monitoreo mensual que la entidad realiza desde marzo, muchas empresas debieron adecuar turnos y niveles de producción frente a una demanda que no logró recomponerse durante el año. En ese contexto, las exportaciones funcionaron como una herramienta clave para mantener en marcha las plantas, preservar capital de trabajo y sostener el empleo.
“El sector atravesó una combinación muy compleja de caída de la demanda e incremento de costos productivos y financieros, que obligó a las empresas a ajustar su funcionamiento y buscar en las exportaciones una alternativa para sostener la actividad”, señaló el ingeniero Gustavo Cetrángolo, autor del informe mensual de FAIMA.
Distintos relevamientos sectoriales coinciden en que la rentabilidad se vio afectada principalmente por factores externos a las plantas, como logística, energía, presión impositiva y financiamiento, más que por cuestiones de eficiencia interna.
Un 2026 de transición
Las perspectivas para 2026 muestran un escenario de transición. Analistas anticipan una posible recuperación con comportamientos heterogéneos entre rubros, en un marco de mayor competencia y reconfiguración de mercados.
Para la industria, el desafío será profundizar la modernización tecnológica, mejorar la productividad y fortalecer el abastecimiento de materia prima mediante forestaciones propias o acuerdos de largo plazo.
“Para que la transformación alcance a la mayor parte del entramado productivo será fundamental que el mercado recupere dinamismo y que existan condiciones de financiamiento adecuadas”, señalaron desde FAIMA.
Exportaciones como sostén operativo
Durante 2025 se observó un crecimiento relevante en varios segmentos. Las ventas externas de láminas más que se duplicaron respecto al año anterior, mientras que la madera aserrada de pino registró incrementos significativos, con Asia como principal destino.
En un contexto de recesión doméstica, muchas firmas priorizaron volumen y continuidad operativa, aun resignando margen, con el objetivo de reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar puestos de trabajo.
Avances en calidad y valor agregado
En paralelo a la coyuntura, el sector avanzó en iniciativas estratégicas. Entre ellas, la implementación de la norma IRAM 9670 para madera de uso estructural —ya vigente para pino, eucalipto y araucaria— y el acompañamiento a aserraderos que trabajan en procesos de clasificación y certificación.
FAIMA impulsará además capacitaciones específicas, instructivos técnicos y articulación con laboratorios para ampliar la oferta de productos normalizados, con el objetivo de ofrecer soluciones confiables a arquitectos, ingenieros y desarrolladores.
Más información para decidir mejor
Otro hito del año fue la puesta en marcha del Observatorio de Monitoreo de la Industria de la Madera y del Mueble, desarrollado junto a la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones. La iniciativa busca generar datos continuos y confiables que fortalezcan la competitividad y aporten insumos tanto al sector privado como al diseño de políticas públicas.
Desde la entidad remarcaron que la participación empresaria será clave para consolidar esta herramienta. Para cerrar, el ingeniero Gustavo Cetrángolo explicó que “la rentabilidad de muchas PyMEs se vio afectada principalmente por factores externos a las plantas, mientras el mercado interno no logró recomponerse”.
Luego del fuerte impacto de su primera edición, la Feria de la Madera y el Mueble Argentino confirmó su realización 2026 y dio una señal clara de madurez institucional y peso económico: el evento se desarrollará del 24 al 27 de septiembre en La Rural de Palermo, el principal predio ferial del país. El cambio de sede marca un salto de escala y posiciona a la industria maderera y del mueble dentro del calendario mayor de los grandes negocios productivos de la Argentina.
Organizada por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) junto al Instituto del Mueble Argentino (IMA), la feria volverá a reunir a fabricantes, diseñadores, estudios de arquitectura, interioristas, distribuidores y compradores, en una propuesta que integra industria, diseño, innovación y generación de negocios, con eje en la producción nacional.
La decisión de trasladar el evento a La Rural responde al desempeño de la primera edición, realizada en 2025 en Costa Salguero, que superó las previsiones de asistencia, calidad de expositores y volumen de contactos comerciales. La curaduría de contenidos, el perfil profesional del público y la articulación entre empresas y diseñadores convirtieron al encuentro en una referencia inmediata para el sector forestal–industrial y del mueble.
A diferencia de otras exposiciones multisectoriales, la Feria de la Madera y el Mueble Argentino se presenta como la única en Buenos Aires dedicada exclusivamente a muebles y bienes finales de y con madera diseñados y producidos en el país. La propuesta apunta a mostrar valor agregado, identidad productiva, innovación tecnológica y uso sostenible del recurso forestal, alineando a la industria con las nuevas demandas del mercado y la agenda ambiental.
Uno de los pilares del evento será la tercera edición del Laboratorio Argentino del Mueble, cuya convocatoria abrirá en febrero. Este espacio vincula empresas fabricantes con estudios de diseño para desarrollar productos reales, que luego se exhiben en la feria. Tras el impacto de las ediciones anteriores, el Laboratorio volverá a presentar prototipos que combinan diseño, funcionalidad y eficiencia productiva, con la madera como insumo estratégico y renovable.
“La respuesta fue excelente desde todo punto de vista. Hubo una percepción muy clara de calidad, prolijidad e innovación, y se sentaron las bases para la continuidad de la feria”, afirmó Pablo Bercovich, asesor de FAIMA en el IMA y coordinador de la Feria y del Laboratorio del Mueble Argentino. “El interés de los expositores y del público confirmó que este era un espacio que el sector necesitaba”.
La industria del mueble y la transformación mecánica de la madera atraviesan un escenario complejo, pero sostienen una apuesta estructural al diseño, la capacitación y la incorporación de tecnología como motores de competitividad. Con más de 60.000 empleos directos y fuerte presencia en economías regionales forestales, el sector tiene un potencial significativo para generar valor agregado, exportaciones y sustitución de importaciones.
En ese marco, la expansión de la Feria de la Madera y el Mueble Argentino refuerza una estrategia de largo plazo para dar visibilidad y proyección a una de las cadenas productivas más importantes del país. La edición 2026 incorporará rondas de negocios, actividades de formación, exposiciones temáticas y espacios de networking, consolidando al evento como una verdadera plataforma de inversión, diseño e industria para el complejo foresto–industrial argentino.
En un escenario económico aún complejo para la actividad industrial y la construcción, el sector de la madera comienza a mostrar signos de estabilización, con una leve recuperación respecto a los meses previos y oportunidades concretas vinculadas al comercio exterior, de acuerdo con el último informe elaborado por el asesor de mercado de FAIMA, Gustavo Cetrángolo.
“Durante noviembre y lo que va de diciembre observamos una continuidad en los niveles de actividad registrados en octubre, mes en el que se había dado una pequeña recuperación. Si bien el contexto sigue siendo desafiante, algunos indicadores permiten pensar en una etapa de transición hacia un escenario más previsible”, explicó Cetrángolo.
Según el análisis, las altas tasas de interés, la restricción del consumo y la caída de la obra pública continúan condicionando el desempeño del mercado interno. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin variaciones desde hace más de un año, con un fuerte nivel de competencia comercial que impacta en los márgenes de rentabilidad de las empresas, especialmente en las pymes.
No obstante, el informe destaca que la industria viene mostrando una capacidad de adaptación significativa, adecuando los niveles de producción a la demanda y explorando nuevos canales comerciales. En ese sentido, las exportaciones de madera aserrada de pino crecieron un 30,7% en los primeros once meses de 2025, impulsadas principalmente por la demanda de mercados asiáticos.
“Frente a la debilidad del mercado interno, la exportación se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad, reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar el empleo, aun cuando los márgenes sean ajustados”, señaló el consultor de FAIMA. Este proceso, que históricamente estuvo concentrado en grandes empresas, comienza a incorporar a un mayor número de aserraderos pymes.
El reporte también subraya que la actividad vinculada a la construcción continúa en una ‘meseta baja’, aunque algunos indicadores muestran leves mejoras intermensuales. En paralelo, las expectativas empresarias comenzaron a mejorar hacia el cierre del año, en línea con un escenario financiero algo más estable y una moderación en las tasas de interés.
“Estamos atravesando un punto de inflexión para el sector foresto-industrial. La competitividad sigue siendo un desafío central, especialmente por el fuerte aumento de los costos estructurales, pero también hay oportunidades si se avanza en una agenda que mejore las condiciones macroeconómicas, el acceso al financiamiento y la previsibilidad”, sostuvo Cetrángolo.
Desde FAIMA remarcan que el sector de la madera mantiene un rol estratégico en la industria nacional, con capacidad de generar empleo, valor agregado y divisas, y que será clave acompañar esta etapa con políticas que fortalezcan la competitividad y promuevan la inversión productiva.
“El desafío es grande, pero el sector ha demostrado históricamente una enorme resiliencia. Con reglas claras y una macroeconomía más estable, la industria de la madera tiene condiciones para recuperar dinamismo y proyectarse a largo plazo”, concluyó el especialista.
Variables que condicionan
La industria foresto-industrial argentina, y en particular el complejo maderero, llega al cierre de 2025 en una situación de extrema fragilidad. Tras una leve mejora técnica en octubre, noviembre y lo que va de diciembre consolidaron una “meseta baja” de actividad: se vende algo más que en el peor momento de la recesión, pero no lo suficiente como para recomponer rentabilidad ni aliviar la asfixia financiera que atraviesan los aserraderos y fabricantes.
El principal problema no es la falta total de operaciones, sino su calidad económica. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin cambios desde hace más de un año, pero en un contexto de costos que no dejaron de subir. Para cerrar ventas, muchas empresas se ven obligadas a aplicar descuentos sobre listas, extender plazos de pago y, en algunos casos, recurrir a esquemas informales. El resultado es una competencia feroz por colocar stock, con márgenes mínimos o directamente negativos.
La sobreoferta es otro rasgo del momento. Numerosos aserraderos arrastran altos inventarios de madera, lo que acelera la presión vendedora y empuja aún más los precios a la baja. El único segmento con algo más de dinamismo es el de pallets, aunque con pedidos de muy corto plazo, lo que vuelve al mercado extremadamente volátil e imprevisible.
Este deterioro ya se refleja en la cadena de pagos. En las últimas semanas comenzó a observarse un aumento en los cheques rechazados dentro del sector, una señal temprana de estrés financiero. Aunque todavía no se trata de una crisis generalizada, complica el acceso al crédito en un contexto en el que financiarse es caro y escaso.
La raíz del problema es estructural. En los últimos dos años, los ingresos del sector crecieron con fuerza en dólares, pero los costos lo hicieron mucho más rápido. La energía eléctrica —clave para aserraderos y secaderos— registró aumentos desproporcionados, al igual que los insumos, la logística y los costos laborales. La ecuación es simple y brutal: aun vendiendo más, muchas empresas ganan menos o directamente pierden dinero.
A este cuadro se le suma el calendario financiero de fin de año. El pago de paritarias, aguinaldos y vacaciones llega en el peor momento de liquidez, lo que vuelve especialmente delicada la situación de muchas pymes foresto-industriales.
La construcción, principal demandante de madera, tampoco ofrece un piso firme. Los despachos de cemento y otros indicadores del sector muestran una actividad deprimida, con leves oscilaciones mensuales que no alcanzan para revertir el estancamiento. La obra pública sigue prácticamente paralizada y la inversión privada no logra despegar en un contexto de crédito caro y consumo débil.
En ese escenario, la exportación se convirtió en la principal válvula de escape. Las ventas externas de madera aserrada de pino crecieron con fuerza en 2025, impulsadas por grandes jugadores y, cada vez más, por aserraderos pymes que encontraron en los mercados externos una forma de sostener producción, empleo y flujo de caja. Asia es hoy el gran destino, con precios estables pero bajos, que obligan a resignar margen a cambio de asegurar cobranzas.
Estados Unidos, en cambio, sigue sin traccionar. La débil recuperación de su mercado inmobiliario limita la demanda de productos de mayor valor agregado, como las molduras de pino, cuyas exportaciones continúan en caída. El sector apuesta a una reactivación en 2026, pero por ahora no hay señales claras.
El resultado es un modelo de supervivencia: se exporta para no cerrar, se vende barato para no acumular stock, se ajusta producción y horas trabajadas para no profundizar pérdidas. La industria comenzó a adaptarse a esta nueva normalidad reduciendo turnos y reestructurando plantas, un proceso que probablemente se intensifique el año próximo.
Para provincias como Misiones, donde la foresto-industria es un pilar del empleo, las exportaciones y la inversión, el momento es crítico. La combinación de costos desbordados, demanda interna débil y mercados externos que compran pero no convalidan mejores precios deja al sector en una posición frágil. El 2026 aparece, así, más como un año de resistencia y reorganización que de verdadera recuperación.
PEFC Argentina renovó su Comisión Directiva para el período 2025–2027 y abrió una nueva etapa institucional orientada a profundizar la integración entre el recurso forestal y la industria transformadora, ampliar el alcance del sistema de certificación en todo el país y acompañar especialmente a PyMEs y pequeños productores en la adopción de estándares de gestión forestal sostenible. La presidencia quedó a cargo de FAIMA, a través de su titular Mercedes Omeñuka, en un contexto global donde la sostenibilidad dejó de ser un diferencial para convertirse en una condición de acceso a los mercados.
Nueva conducción y eje en la integración de la cadena foresto-industrial
La renovación de autoridades marca un punto de inflexión en la estrategia de PEFC Argentina, que busca consolidar un trabajo más articulado entre los distintos eslabones de la cadena de valor foresto-industrial. Para el nuevo período, la conducción encabezada por FAIMA plantea como prioridad fortalecer el vínculo entre el recurso forestal y la industria, avanzar en la federalización del sistema de certificación y brindar asistencia técnica concreta a PyMEs para facilitar su acceso al sello PEFC.
“Contar con la presidencia de FAIMA representa un nuevo hito para fortalecer la integración del sector. Buscamos seguir consolidando el puente entre el recurso forestal y la industria, afianzar la federalización del sistema y brindar apoyo técnico a las PyMEs para que cada vez más puedan acceder a la certificación”, afirmó Mercedes Omeñuka. En ese marco, identificó como eje central la implementación del Proyecto de Posicionamiento, orientado a que el sello PEFC sea reconocido por más argentinos como garantía de origen sostenible.
La nueva etapa institucional se apoya en una trayectoria de 16 años de trabajo en el país, con hitos relevantes como la primera certificación de bosque nativo en la provincia de Misiones, que posicionó al sistema argentino como una referencia en materia de estándares ambientales adaptados a la realidad productiva local.
Proyección internacional y alineación con exigencias regulatorias
Desde el plano internacional, PEFC Argentina forma parte desde 2010 de la Alianza PEFC, integrada por sistemas nacionales de certificación forestal de 57 países. Esta pertenencia le permite operar en plena alineación con los estándares globales definidos por PEFC Internacional, al tiempo que los adapta a las condiciones sociales, productivas y ambientales de la Argentina.
En este esquema, el sistema nacional CERFOAR–PEFC Argentina funciona como una herramienta clave para que productores y empresas puedan cumplir con exigencias internacionales crecientes, entre ellas el Reglamento Europeo contra la Deforestación (EUDR), sin resignar identidad local. La certificación se convierte así en un instrumento estratégico de competitividad, especialmente para sectores que exportan a mercados de alto valor.
En un escenario donde la sostenibilidad dejó de ser optativa, el sello PEFC actúa como un “pasaporte comercial”, garantizando trazabilidad, origen legal y responsable de los productos forestales. Esto impacta de manera directa en múltiples actividades: desde la construcción con madera hasta la producción de papel, cartón, packaging, luthería y diseño, ampliando oportunidades para la foresto-industria argentina.
“La certificación ordena procesos, mejora la eficiencia interna de las empresas y reduce riesgos. Hoy los mercados no discuten la sostenibilidad: la exigen. PEFC brinda herramientas clave, como los sistemas de diligencia debida, que permiten demostrar el origen legal y responsable de los productos forestales y facilitar el comercio internacional”, subrayó Omeñuka.
Escalar el sistema: PyMEs, certificación grupal y desarrollo territorial
El principal desafío identificado por la nueva conducción es escalar el sistema de certificación, pasando de experiencias emblemáticas a una adopción más amplia, especialmente entre pequeños productores y PyMEs. Para ello, PEFC Argentina priorizará procesos más accesibles, la certificación grupal como herramienta para compartir costos y el fortalecimiento de alianzas entre las asociaciones que integran la organización.
La agenda 2025–2027 también incluye un mayor diálogo con el sector público, la articulación con organizaciones de la sociedad civil y una apuesta sostenida por la capacitación técnica y la innovación. La formación de profesionales especializados, el desarrollo de capacidades locales y la difusión de buenas prácticas aparecen como pilares para garantizar una implementación efectiva de los estándares y acompañar el crecimiento del sector.
En paralelo, la entidad buscará reforzar su vínculo con la sociedad, promoviendo el consumo responsable de productos certificados. El mensaje central es claro: elegir madera, papel y productos forestales con sello PEFC no solo contribuye al cuidado de los bosques, sino que también impulsa el empleo local y un desarrollo sostenible de largo plazo, alineado con las nuevas reglas del comercio global.