CAME advierte por la crisis de las economías regionales y exige respuestas urgentes al Gobierno nacional
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) encendió una fuerte señal de alarma sobre la situación que atraviesan las economías regionales y reclamó al Gobierno nacional la implementación de políticas públicas diferenciales para evitar un mayor deterioro productivo, laboral y social en el interior del país.
A través de un memo institucional, la entidad sostuvo que las economías regionales representan un componente crítico del entramado productivo argentino, pero enfrentan una combinación de factores que están erosionando su rentabilidad, competitividad y capacidad de sostener empleo genuino en las provincias.
Según CAME, estas actividades abarcan el 63 por ciento de las explotaciones agropecuarias nacionales, generan alrededor del 70 por ciento de la mano de obra rural y exportan unos 8.700 millones de dólares anuales, consolidado 2024. La entidad remarcó que, a diferencia de los grandes complejos agroexportadores de la Pampa Húmeda, las economías regionales tienen una fuerte base MiPyME, alto uso de mano de obra intensiva y un fuerte impacto territorial en arraigo, empleo y valor agregado.
“Al campo no le está yendo bien”
Desde la entidad empresaria rechazaron la idea generalizada de que “al campo le está yendo bien” y remarcaron que no todas las actividades agropecuarias atraviesan la misma realidad.
“Las economías regionales tenemos más en común con la agricultura familiar que con las grandes agroexportadoras y los grandes acopiadores”, señala el documento, que reclama un marco legal propio y políticas específicas para revertir restricciones estructurales que vienen deteriorando la actividad.
En ese sentido, CAME impulsa el Proyecto de Ley “Régimen de Promoción MiPyME de las Economías Regionales”, que plantea una vigencia de 15 años, presupuesto propio y la creación de un Fondo de Fomento específico para el sector.
Los principales problemas: rentabilidad, impuestos y dólar
El diagnóstico presentado por la entidad enumera una serie de factores que están asfixiando al sector.
Falta de rentabilidad
Muchos productores no logran cubrir los costos de producción porque los precios de venta permanecen estancados o crecen por debajo de la inflación, mientras aumentan otros costos estructurales.
Presión tributaria
CAME calificó al sistema impositivo argentino como “distorsivo” en sus tres niveles -nacional, provincial y municipal- y sostuvo que se transformó en un obstáculo directo para la competitividad.
Aunque reconocen algunos avances en la Ley de Modernización Laboral, consideran que siguen siendo insuficientes.
Tipo de cambio y competitividad
La entidad advirtió que un tipo de cambio bajo o atrasado desalienta exportaciones, abarata importaciones y encarece los productos argentinos frente a competidores internacionales.
“El costo argentino dificulta competir con productos importados que ingresan a menor costo”, ejemplificaron, mencionando casos como el tomate.
Otro de los ejes centrales del planteo es el alto costo laboral. CAME propone reducir cargas patronales mediante la actualización del Mínimo No Imponible y revisar los Convenios de Corresponsabilidad Gremial para que reflejen mejor la realidad de cada sector productivo.
También pidió extender beneficios energéticos. Si bien valoraron la reducción del IVA para regantes agroindustriales, reclamaron que el mismo tratamiento alcance al gas de uso productivo, clave en numerosas agroindustrias.
En paralelo, advirtieron sobre la dificultad de acceso al financiamiento por altas tasas, falta de períodos de gracia y exigencias bancarias restrictivas.
“Sin rentabilidad no existe capacidad de pago”, resume el documento.
La entidad también apuntó contra el deterioro de rutas, los altos costos logísticos y la necesidad de avanzar en obras estratégicas como la hidrovía, la mejora ferroviaria y la creación de terminales intermodales o puertos secos.
Además, sumó una advertencia sobre riesgos externos vinculados al conflicto en Medio Oriente, que ya impacta en el precio del gasoil, el transporte y los fertilizantes.
El aumento del precio internacional del gas impulsó una fuerte suba de la urea -que llegó hasta el 50 por ciento-, agravando aún más los costos de producción agropecuaria
Para CAME, la salida no pasa por medidas generales sino por una estrategia específica para las economías regionales, que permita sostener producción, empleo y arraigo en el interior del país.
El mensaje al Gobierno nacional es claro: sin rentabilidad, sin competitividad y sin financiamiento, el motor productivo de muchas provincias comienza a apagarse.

