FINANZAS PROVINCIALES

El superávit nacional y el costo silencioso que pagan las provincias

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En materia económica, pocas discusiones generan hoy tanto consenso como la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Después de más de una década de déficits fiscales casi permanentes, la búsqueda del equilibrio financiero aparece como una condición necesaria para estabilizar la economía argentina, reducir la inflación y reconstruir la confianza. Sobre ese objetivo, incluso el peronismo se sumó a la ola: el equilibrio fiscal llegó (aparentemente) para quedarse.

Sin embargo, alcanzar el equilibrio fiscal no es solamente una cuestión de números. También importa cómo se llega a ese resultado, quién absorbe el costo del ajuste y cuáles son sus efectos sobre el resto de la economía. Porque las cuentas públicas no son compartimentos estancos: el ahorro de un nivel del Estado muchas veces implica menores recursos para otro. Y eso es precisamente lo que muestran las finanzas provinciales desde el inicio de la actual gestión nacional. Nada que no hayamos ya dicho en innumerables ocasiones, pero que cada mes vale la pena repasar. 

El Gobierno nacional exhibe mes tras mes el superávit fiscal como uno de los principales logros de su programa económico. Es un dato objetivo. Pero existe otra realidad, mucho menos visible, que también merece formar parte del análisis: una parte significativa de ese ordenamiento se consiguió reduciendo las transferencias hacia las provincias, tanto las automáticas como, especialmente, las discrecionales. El resultado fue un deterioro profundo de la capacidad financiera de los gobiernos subnacionales, cuyas consecuencias comienzan a sentirse sobre la actividad económica del interior del país. Otra vez: ya lo hemos dicho hasta el cansancio, pero cada cierre de mes, al observar los datos de coparticipación y transferencias nacionales, vuelve el tema a la agenda (y a la preocupación).

Las transferencias automáticas representan el principal vínculo financiero entre la Nación y las provincias. La coparticipación federal explica la mayor parte de esos recursos y constituye la fuente de financiamiento más importante para la mayoría de las jurisdicciones. Su comportamiento depende de la evolución de la recaudación de impuestos coparticipables y, por lo tanto, del desempeño de la economía. Los datos permiten observar con claridad lo ocurrido desde comienzos de 2024; es decir, en la era Milei.

Durante prácticamente todo ese año las transferencias automáticas registraron fuertes caídas en términos reales. En nueve de los doce meses del año hubo caídas, de las cuales ocho fueron en dos digitos llegando a máximos como -26,8% en marzo. 

Sobre el cierre de año (noviembre y diciembre) comenzaron a observarse algunas mejoras, que se dieron principalmente como rebote, pero esa incipiente recuperación nunca alcanzó para compensar el derrumbe acumulado durante tres cuartas partes del período. 

En términos económicos, recuperar una parte de lo perdido no implica volver al punto de partida. Solo en 2024, el conjunto de provincias perdió, mirándolo a precios actuales, unos $ 8,5 billones de pesos

La expectativa era que, superado ese impacto, 2025 consolidara una trayectoria más favorable. Pero eso tampoco ocurrió. Si bien el año inició con fuertes rebotes (productos de la muy baja base comparativa), a partir del tercer trimestre se vieron deterioros en la trayectoria, con reducción en la velocidad de recuperación como también con caídas (como septiembre y noviembre). Esto marcaba el hecho de que la recaudación no encontraba un ritmo estable de recuperación, y por ende, la economía seguía estando muy inestable sin lograr consolidar una recuperación homogénea. El acumulado de ese año, aun con ello, cerró con una relativa mejora: se “recuperaron” unos $ 1,3 billones, aunque el saldo acumulado seguía siendo altamente negativo (-$ 7,2 billones perdidos en dos años).

Lejos de mejorar definitivamente, durante 2026 la situación volvió a deteriorarse y con fuerza. En los primeros seis meses del año, cinco registraron caídas reales interanuales y solamente mayo logró mostrar un crecimiento impulsado por un factor tributario estacional. El saldo acumulado del primer semestre muestra pérdidas por $ 1,1 billones contra el primer semestre de 2025 y, a su vez, los 30 meses de gobiernos completos de Milei dejan un saldo negativo de $ 8,3 billones para las provincias, solo por envíos automáticos. Es decir, más de dos años después del inicio del nuevo esquema económico, las transferencias automáticas siguen presentando un escenario altamente deteriorado.

Pero si la evolución de la coparticipación genera preocupación, las transferencias no automáticas describen un panorama todavía más contundente. Históricamente, estos recursos permitían financiar obras públicas, programas específicos, asistencia financiera extraordinaria y distintas políticas acordadas entre la Nación y las provincias. Su distribución siempre fue objeto de debate por su carácter discrecional, pero constituían una herramienta relevante para atender desequilibrios fiscales o impulsar inversiones estratégicas.

Con la llegada de la nueva administración nacional, esa herramienta prácticamente desapareció. Los números son elocuentes. Durante 2024 las transferencias no automáticas registraron caídas reales en todos los meses, superiores en todos los casos al -70% real. En moneda de hoy, se recortaron envíos por $ 7,9 billones. 

En otras palabras, el Gobierno nacional eliminó prácticamente la totalidad de los instrumentos de financiamiento provincial. 

Hacia 2025, se puede ver de nuevo una relativa recuperación de estos envíos, con subas en los primeros siete meses de ese año. Sin embargo, esas subas se dieron (otra vez) contar una base de comparación que era extraordinariamente baja, casi nula en algunos casos. Crecer respecto de un año en el cual las transferencias virtualmente desaparecieron no significa haber recuperado los niveles previos. El saldo acumulado mostró una recuperación equivalente a los $ 800 millones, apenas un 10% de lo perdido en 2024.

La evidencia más reciente confirma el sesgo bajista de este cuadro. Durante el primer semestre de 2026 las transferencias no automáticas volvieron a registrar caídas reales muy significativas en todos los meses, llegando a su pico en junio con -87,7% con una en particular: los envíos de junio de 2026 fueron los más bajos para ese mes desde 2005. En otras palabras, el peor junio en veinte años. Por ende, lejos de consolidarse una recomposición, la asistencia a provincial volvió a retraerse con fuerza. Esto produjo que el primer semestre termine con una caída del 62% interanual, siendo el peor primer semestre también en veinte años. De este modo, en los 30 meses completos de Milei en el gobierno nacional, se recortaron transferencias a provincias por un total, a precios actuales, de $ 8,1 billones

Así, la tendencia que muestran los datos es clara: desde el inicio de la actual administración nacional las provincias reciben considerablemente menos recursos provenientes de la Nación: sumando las pérdidas por transferencias automáticas y no automáticas de los últimos treinta meses, las provincias resignaron ingresos por $ 16,5 billones a precios actuales.

Las consecuencias de este proceso exceden ampliamente el plano contable. Las provincias no administran recursos para acumularlos. Los utilizan para financiar hospitales, escuelas, rutas, seguridad, programas sociales, salarios públicos, infraestructura y servicios esenciales. Cuando los ingresos disminuyen de manera persistente, las alternativas disponibles son pocas: reducir gastos, postergar inversiones, incrementar la presión tributaria provincial o aumentar el endeudamiento, cuando ello resulta posible.

En mayor o menor medida, todas esas respuestas comenzaron a observarse durante los últimos dos años. Muchas jurisdicciones redujeron el ritmo de ejecución de obras públicas. Otras demoraron inversiones en infraestructura, equipamiento o mantenimiento. Algunas intensificaron la utilización de impuestos provinciales para compensar parcialmente la pérdida de recursos nacionales o, también, la toma de deuda. En varios casos también aparecieron crecientes dificultades para sostener los compromisos salariales con los trabajadores estatales.

Pero existe además un efecto menos visible y probablemente más importante: el impacto sobre la actividad económica. Cada peso que deja de ingresar a una provincia representa menor capacidad de gasto dentro de esa economía regional. Menos obra pública implica menor demanda para empresas constructoras, industrias proveedoras de materiales, transportistas y profesionales. Menores compras del Estado afectan directamente a cientos de pequeñas y medianas empresas que dependen de la contratación pública. Salarios públicos que pierden poder adquisitivo reducen el consumo en comercios y servicios locales. Todo ello termina repercutiendo sobre el empleo, la inversión y el nivel de actividad.

En definitiva, el ajuste nacional no concluye en el Ministerio de Economía. Se transmite hacia las provincias y desde allí al entramado productivo de cada región. Esto adquiere una relevancia aún mayor en el norte argentino, donde la dependencia de los recursos nacionales resulta significativamente superior a la observada en las jurisdicciones con mayor capacidad de recaudación propia. Para muchas provincias del NOA y del NEA, la coparticipación constituye el principal sostén de sus presupuestos. Cuando esos recursos pierden poder de compra y las transferencias discrecionales prácticamente desaparecen, el margen de maniobra fiscal se reduce de manera considerable.

Por supuesto, reconocer este fenómeno no implica desconocer la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Tampoco supone defender los excesos del pasado ni cuestionar el objetivo de alcanzar un Estado fiscalmente sostenible. El verdadero debate pasa por la distribución del esfuerzo. Hasta ahora, buena parte del ajuste fue absorbido por las provincias. Mientras la Nación exhibe superávits crecientes, los gobiernos provinciales administran presupuestos cada vez más tensionados, con menos recursos para cumplir responsabilidades que siguen siendo esencialmente las mismas.

En ese contexto, celebrar únicamente el resultado fiscal nacional implica observar apenas una parte del problema. El equilibrio de un nivel del Estado no necesariamente refleja el equilibrio del sistema en su conjunto. Si el ordenamiento de las cuentas nacionales se consigue trasladando recursos y obligaciones hacia las provincias, entonces el costo simplemente cambia de lugar. 

Así, el balance global de la era Milei continúa siendo claramente desfavorable para las finanzas provinciales. Las provincias disponen hoy de menos recursos nacionales, cuentan con menor capacidad para impulsar políticas propias y enfrentan crecientes restricciones para sostener el nivel de actividad en sus economías. El superávit fiscal nacional podrá ser una condición necesaria para estabilizar la macroeconomía. Pero difícilmente alcance para garantizar el desarrollo si ese equilibrio se construye sobre unas provincias financieramente más débiles.

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Provincias: los vencimientos de deuda marcaron un récord en junio

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En un contexto de fuerte reordenamiento de las finanzas públicas y de mercados más selectivos para el financiamiento, las provincias argentinas atravesaron en junio uno de los meses más exigentes del año. Los vencimientos de títulos públicos alcanzaron los $1,306 billones, el mayor registro nominal desde que existen estadísticas comparables, mientras que las colocaciones de nueva deuda mostraron una marcada desaceleración.

El informe de Politikon Chaco refleja una dinámica que comienza a consolidarse en el mercado subnacional: las provincias siguen honrando compromisos de deuda crecientes, pero son cada vez menos las que recurren al mercado para refinanciarse o captar nuevos recursos.

Los $1,306 billones pagados durante junio implicaron un crecimiento real interanual del 58,3% y una suba del 60,9% respecto de mayo, impulsada principalmente por amortizaciones de capital, que representaron el 86% del total. Los intereses explicaron apenas el 14%, una composición que muestra que buena parte de las provincias enfrentó pagos efectivos de deuda y no sólo servicios financieros.

También resulta significativa la composición de esos vencimientos. El 57% correspondió a Letras de corto plazo y el 43% a Bonos, mientras que el 87% de los pagos se realizó en pesos y el restante 13% en moneda extranjera. Esa distribución confirma que, aunque el grueso del endeudamiento provincial continúa pesificado, todavía persisten obligaciones dolarizadas relevantes para algunos distritos.

Títulos públicos provinciales | Junio 2026

Las provincias enfrentaron un mes récord de vencimientos de deuda

Los pagos llegaron a $1,3 billones, con fuerte concentración en Buenos Aires y predominio de amortizaciones de capital.

Vencimientos del mes
$1,306 billones

Nuevo máximo nominal. El monto creció 58,3% real interanual y 60,9% frente a mayo.

Emisiones de junio $660.344 millones
Variación real interanual -34,3%

Quiénes concentraron los vencimientos

Buenos Aires
$856.528 M
Mendoza
$133.508 M
Salta
$74.389 M
Chaco
$67.380 M
Córdoba
$65.029 M
86% correspondió a amortización de capital
57% fueron vencimientos de Letras
13% se pagó en dólares: USD 115,3 millones

La concentración geográfica de los vencimientos vuelve a poner de manifiesto el enorme peso financiero de la provincia de Buenos Aires. El distrito explicó 65,6% de todos los pagos del mes, con vencimientos por $856.528 millones, muy por encima de Mendoza ($133.508 millones), Salta ($74.389 millones), Chaco ($67.380 millones) y Córdoba ($65.029 millones). Entre esos cinco distritos se concentró prácticamente el 92% de todos los vencimientos de junio.

En contraste, provincias como Misiones, Corrientes, Catamarca, Neuquén o Tierra del Fuego registraron compromisos significativamente menores. En el caso misionero, los pagos ascendieron a $798,9 millones, correspondientes a los bonos MI31 y MIM31, una cifra marginal dentro del total nacional.

La deuda en dólares sigue presente

Aunque el mercado provincial se ha ido pesificando en los últimos años, junio volvió a mostrar que la deuda en moneda extranjera continúa teniendo impacto.

Durante el mes se cancelaron USD 115,3 millones, equivalentes al 13% del total de los vencimientos. Los mayores pagos correspondieron a Salta, que abonó USD 52,2 millones; Córdoba, con USD 30,7 millones; y Santa Fe, que pagó USD 32,4 millones correspondientes al primer cupón de intereses de un bono emitido a fines de 2025.

Menos provincias salieron a buscar financiamiento

Mientras los vencimientos alcanzaban niveles récord, el mercado mostró un comportamiento mucho más prudente del lado de las emisiones.

Durante junio solamente dos provincias realizaron nuevas colocaciones de deuda: Buenos Aires y Chaco.

Entre ambas emitieron $660.344 millones, lo que representa una caída real interanual del 34,3%, pese a que el volumen continúa siendo elevado en términos nominales.

Buenos Aires explicó el 87% de esas emisiones mediante nuevas Letras del Tesoro y reaperturas de instrumentos existentes, mientras que Chaco retomó el mercado luego de dos meses sin licitaciones, colocando aproximadamente $83.379 millones en Letras de distintos plazos.

La fotografía de junio muestra un cambio de comportamiento respecto de los meses previos: el mercado permaneció abierto para los gobiernos provinciales, pero el acceso fue mucho más selectivo y con una participación muy concentrada.

El semestre cerró con más deuda… y más emisiones

En el acumulado del primer semestre, los vencimientos provinciales totalizaron $5,20 billones, un incremento real del 16,5% frente al mismo período de 2025.

Buenos Aires volvió a concentrar la mayor parte de esos pagos con $3,55 billones, seguida por Chaco ($349.591 millones), Chubut ($266.510 millones), Mendoza y Córdoba.

Del lado del financiamiento, las provincias colocaron durante los primeros seis meses del año $7,01 billones, lo que representa un crecimiento real del 80,9% respecto del mismo período del año anterior.

Sin embargo, ese incremento tiene una explicación puntual: durante el semestre varias jurisdicciones aprovecharon ventanas de mercado para emitir importantes bonos en dólares. Córdoba colocó USD 800 millones; Chubut, USD 650 millones; la Ciudad de Buenos Aires, USD 500 millones; y Entre Ríos, USD 300 millones, operaciones que explican buena parte del salto observado en las estadísticas semestrales.

Un mercado más exigente para las provincias

Más allá de los montos, los datos de junio reflejan un mercado que comienza a diferenciar con mayor claridad entre las jurisdicciones con capacidad de acceso al crédito y aquellas que optan por reducir su exposición financiera.

El récord de vencimientos confirma que las provincias atraviesan un ciclo de mayores obligaciones derivadas del endeudamiento acumulado en años anteriores. Pero, al mismo tiempo, la fuerte reducción de nuevas emisiones sugiere que el financiamiento ya no fluye con la misma facilidad.

En un escenario de tasas reales positivas, disciplina fiscal y menor liquidez disponible, la deuda provincial dejó de ser un instrumento de financiamiento masivo para transformarse nuevamente en una herramienta reservada a las jurisdicciones con mayor profundidad financiera y mejor acceso al mercado.

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La coparticipación de Misiones cayó 4,1% en junio y perdió más de $33.000 millones en el semestre

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Las transferencias automáticas de recursos de origen nacional volvieron a retroceder en junio y profundizaron el escenario de menor disponibilidad de fondos para las provincias. En ese contexto, Misiones recibió $222.880 millones, un monto que representa una caída real interanual del 4,1%, exactamente en línea con el promedio nacional, según el informe elaborado por Politikon Chaco.

El resultado confirma que el alivio observado en mayo fue apenas transitorio. En junio, las transferencias automáticas distribuidas entre las provincias y la Ciudad de Buenos Aires alcanzaron $6,95 billones, pero en términos reales se ubicaron 4,1% por debajo del mismo mes del año pasado. La principal explicación volvió a estar en la fuerte caída de la coparticipación, afectada por una menor recaudación del Impuesto a las Ganancias y del IVA.

La coparticipación volvió a ser el principal problema

Los recursos provenientes de la Coparticipación Federal de Impuestos, que representan el 77% del total distribuido, registraron una caída real del 8,4% interanual. El deterioro estuvo impulsado por un desplome del 14,2% en la recaudación del Impuesto a las Ganancias, acompañado por una baja del 4,1% en el IVA, además de retrocesos en los impuestos internos y otros tributos coparticipables.

En contrapartida, los fondos correspondientes a Leyes y Regímenes Especiales crecieron 12,9% en términos reales, impulsados por Bienes Personales, el impuesto a los Combustibles, el Régimen de Energía Eléctrica y el Monotributo. También aumentaron los recursos por Compensación del Consenso Fiscal, con una mejora del 17,4%. Sin embargo, esos incrementos no alcanzaron para compensar el derrumbe de la coparticipación.

El impacto en Misiones

La estructura se repitió en la provincia.

Misiones recibió en junio:

  • $171.031 millones por Coparticipación Federal, con una baja real del 8,4%.
  • $41.778 millones por Leyes y Regímenes Especiales, con un crecimiento del 14,7%.
  • $10.070 millones por Compensación del Consenso Fiscal, que aumentó 6,5%.

Aun así, el saldo final fue negativo y dejó a la provincia con una disminución real del 4,1% respecto de junio de 2025.

En el ranking nacional, Misiones quedó prácticamente sobre el promedio del país. Mientras Córdoba (-2,4%), Salta (-2,6%) y Catamarca (-2,7%) registraron las menores bajas, la Ciudad de Buenos Aires sufrió el mayor retroceso (-8,1%). Misiones compartió el nivel del promedio nacional con una caída del 4,1%, mientras Corrientes retrocedió 4,3%, Chaco 4,6% y Formosa 4,6%.

Un semestre que también cerró en rojo

El balance de los primeros seis meses del año tampoco dejó margen para el optimismo.

Entre enero y junio, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires recibieron $36,92 billones, con una caída real acumulada del 2,8%, equivalente a una pérdida de $1,11 billones a valores actuales. Se trata de un desempeño inferior al de 2025, pero también por debajo de los niveles registrados en 2023, 2022 y 2021.

Para Misiones, el semestre cerró con transferencias por $1,182 billones, un descenso real del 2,6% frente al mismo período del año pasado. Traducido a pesos constantes, la provincia dejó de percibir el equivalente a $33.066 millones, una cifra que refleja el costo acumulado de la menor recaudación nacional sobre las finanzas provinciales.

Aunque Misiones figura entre las jurisdicciones con menores caídas acumuladas -sólo detrás de Catamarca, Buenos Aires, Salta, Tucumán y Neuquén-, el resultado mantiene la tendencia negativa que viene condicionando los ingresos automáticos de las provincias durante 2026.

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Nación sale al rescate financiero de tres provincias: habilita hasta $400.000 millones para Entre Ríos, Jujuy y Santa Fe

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El Gobierno nacional autorizó nuevos anticipos financieros para las provincias de Entre Ríos, Jujuy y Santa Fe, con un tope de $400.000 millones para cada jurisdicción, en una decisión que busca aliviar tensiones transitorias de caja y garantizar la continuidad de compromisos presupuestarios durante 2026. La medida, oficializada mediante el Decreto 474/2026, implica financiamiento de corto plazo respaldado por recursos de coparticipación federal y con una tasa nominal anual del 15%.

La resolución expone una señal relevante para el mercado: pese al discurso de disciplina fiscal, la Nación mantiene mecanismos de asistencia financiera para provincias que enfrentan descalces temporales entre ingresos y obligaciones. Para las economías regionales, la disponibilidad de liquidez provincial suele impactar directamente en la velocidad de pagos a proveedores, contratistas, municipios y sectores vinculados a la obra pública y los servicios esenciales.

Un instrumento de liquidez, no de financiamiento estructural

La normativa establece que los anticipos deberán ser reintegrados dentro del ejercicio fiscal 2026 y que la Secretaría de Hacienda definirá el monto efectivo para cada provincia según su capacidad de repago, medida a partir de su participación en la recaudación nacional coparticipable.

A diferencia de una asistencia extraordinaria o de un programa de rescate financiero, el esquema funciona como un adelanto de recursos futuros. La garantía es contundente: las provincias deberán autorizar la retención automática de fondos de coparticipación en caso de incumplimiento.

Para el Tesoro Nacional, el mecanismo reduce riesgos porque la recuperación de los fondos queda asegurada sobre ingresos tributarios de distribución automática. Para las provincias, permite atravesar períodos de tensión financiera sin acudir a emisiones de deuda más costosas o a financiamiento bancario de mercado.

El caso de Entre Ríos: ampliación de una asistencia ya vigente

Entre Ríos ya había recibido un anticipo financiero de $220.000 millones otorgado mediante el Decreto 922/2025 y desembolsado durante enero de este año. La nueva medida amplía esa asistencia hasta un máximo de $400.000 millones adicionales, equiparando las condiciones con otros esquemas de ayuda implementados por la Nación durante 2026.

El decreto argumenta que la decisión apunta a mantener criterios de equidad respecto de otras jurisdicciones que también solicitaron apoyo financiero.

La situación financiera de las provincias tiene efectos directos sobre el entramado productivo. Cuando una administración provincial enfrenta restricciones de liquidez, las primeras señales suelen observarse en la cadena de pagos del Estado.

Entre los efectos potenciales de estos anticipos se destacan mayor previsibilidad para proveedores del sector público, especialmente empresas constructoras, prestadores de servicios y contratistas. Reducción del riesgo de atrasos salariales o pagos diferidos, con impacto sobre el consumo interno. Sostenimiento de programas de inversión y gastos operativos esenciales mientras se normaliza el flujo de recursos. Menor presión para tomar deuda financiera de corto plazo, generalmente más costosa para las provincias.

Para sectores productivos que dependen de infraestructura, logística o compras gubernamentales, la continuidad de los pagos provinciales suele ser un factor determinante en la planificación financiera.

La señal fiscal detrás del decreto

El dato político y económico más relevante es que la asistencia no se presenta como una transferencia discrecional sino como un adelanto recuperable.

La tasa fijada del 15% anual y la afectación automática de la coparticipación muestran la intención del Ministerio de Economía de preservar criterios de recupero de fondos y limitar el impacto sobre las cuentas nacionales.

El esquema también permite al Gobierno sostener un equilibrio delicado: brindar liquidez a provincias con dificultades transitorias sin resignar herramientas de control fiscal ni asumir riesgos patrimoniales significativos.

Para empresas que operan con gobiernos provinciales o desarrollan actividades reguladas por las administraciones locales, el decreto ofrece una lectura concreta: Nación reconoce que existen tensiones financieras en algunas jurisdicciones, pero opta por administrarlas mediante mecanismos de corto plazo antes que mediante refinanciaciones estructurales.

La evolución de estos anticipos será un indicador relevante para evaluar la salud fiscal de las provincias durante el segundo semestre. Si las jurisdicciones logran devolver los fondos dentro del ejercicio sin nuevas asistencias, el instrumento habrá cumplido su función de puente financiero. Si los pedidos se multiplican, el mercado comenzará a observar con mayor atención la sostenibilidad de las cuentas subnacionales en un contexto de fuerte exigencia fiscal.

Lo que hay que seguir de cerca es si este esquema continúa ampliándose hacia otras provincias. La utilización recurrente de anticipos financieros puede transformarse en un termómetro temprano de las tensiones de caja que atraviesan los gobiernos provinciales y, por extensión, de la capacidad del sector público para sostener el ritmo de actividad en las economías regionales.

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Las provincias cerraron 2025 con déficit fiscal y se profundiza la tensión entre los gobernadores y la Nación

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La situación fiscal de las provincias dio un giro durante 2025. Tras haber registrado superávit en 2024, el consolidado de los distritos subnacionales finalizó el año con déficit, producto de una combinación de menor crecimiento de los ingresos y una expansión del gasto que superó ampliamente la evolución de la recaudación. El deterioro de las cuentas públicas provinciales ayuda a explicar el creciente conflicto entre los gobernadores y el Gobierno nacional por la distribución de recursos y el financiamiento de las administraciones locales.

De acuerdo con un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), elaborado sobre datos de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales (DNAP) y del INDEC, las 23 jurisdicciones analizadas —con excepción de La Pampa, por falta de información completa— pasaron de un superávit primario de $4,8 billones en 2024 a un déficit de $380.000 millones en 2025, medido a valores constantes de mayo de 2026.

El deterioro fue aún más marcado en el resultado financiero. Una vez computado el pago de intereses de deuda, las provincias cerraron el ejercicio con un déficit de $3,6 billones, en contraste con el superávit de $2 billones alcanzado el año anterior. En términos agregados, el rojo fiscal representó el 2,1% de los ingresos totales provinciales y el equivalente al 0,33% del Producto Bruto Interno (PBI).

Menor actividad y caída de la recaudación

El informe atribuye el cambio de escenario principalmente al impacto de la desaceleración económica sobre los ingresos provinciales. Mientras la recaudación perdió dinamismo, el gasto continuó creciendo en términos reales.

Los ingresos totales aumentaron apenas un 3,4% interanual en términos reales, mientras que el gasto primario avanzó un 6,8%, ampliando el desequilibrio fiscal.

Entre los recursos, el crecimiento estuvo impulsado principalmente por la mejora de la recaudación tributaria propia y de las contribuciones a los sistemas previsionales provinciales. Los ingresos tributarios locales crecieron un 3,6% real, con desempeños destacados del Impuesto de Sellos, que aumentó un 28,7%, y del impuesto Automotor, con una suba del 21,8%.

Sin embargo, esa mejora no alcanzó para compensar la menor dinámica de otros ingresos vinculados al nivel de actividad económica y a la coparticipación federal.

El gasto en personal volvió a ser el principal motor

Del lado de las erogaciones, el IARAF identifica al gasto en personal como el componente que más incidió en el aumento del gasto primario.

Según el estudio, las remuneraciones explicaron el 43% del incremento total del gasto provincial consolidado, consolidándose nuevamente como el principal factor de presión sobre las cuentas públicas.

También crecieron otros componentes relevantes del presupuesto provincial. La inversión real directa aumentó un 23,1% en términos reales, mientras que las prestaciones de la seguridad social registraron una expansión del 11%.

El deterioro de las finanzas provinciales también ayuda a comprender el endurecimiento de la relación entre los gobernadores y la administración nacional durante los últimos meses.

Frente a la caída de los recursos, el Gobierno nacional debió implementar en marzo un mecanismo excepcional que permitió adelantar fondos de coparticipación para aliviar las tensiones financieras de varias jurisdicciones.

El escenario fiscal de las provincias se convirtió así en uno de los principales focos de negociación entre las administraciones provinciales y la Casa Rosada, en un contexto donde la política de equilibrio fiscal del Gobierno nacional convive con crecientes dificultades financieras en los estados subnacionales.

La evolución de la actividad económica durante 2026 y el comportamiento de la recaudación serán variables determinantes para evaluar si las provincias logran recomponer sus cuentas o si el déficit observado en 2025 marca el inicio de un nuevo ciclo de restricciones fiscales.

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