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Keynes para nuestros tiempos

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Por Robert Skidelsky / F&D FMI – La inteligencia artificial tiene una inclinación por pronunciamientos claros, seguros… y a menudo equivocados. Más que un fallo técnico pasajero, esto refleja la dificultad que todos nosotros—incluidos los arquitectos humanos de la IA—enfrentamos al lidiar con la incertidumbre. John Maynard Keynes, en cambio, entendía que el futuro es esencialmente incognoscible y que “es mejor tener una vaga razón que estar precisamente equivocado.” Esta visión transformó la economía en el siglo XX, y es solo una de sus ideas que resultan aún más relevantes en nuestros tiempos extremadamente inciertos.

Para entender la importancia de Keynes hoy en día, volvemos a su genio original, vemos cómo la observación y la filosofía informaron sus flexibles modelos económicos y luego aplicamos sus ideas a los problemas de 2026.

Dos compromisos filosóficos fundamentaron su economía: en la ética, la distinción entre “el bien como medio” y el “bien como fin”; en la epistemología, la existencia de una incertidumbre inextircable. Volveré a la primera. Respecto a este último, fue el estudio de la incertidumbre de Keynes lo que le llevó a dar al dinero su papel protagonista en la economía.

Lejos de ser una herramienta pasiva para el trueque, el dinero, demostró él, es un refugio psicológico que puede empujar a toda una economía al colapso cuando la gente huye hacia la seguridad del dinero en efectivo, un fenómeno que hemos visto varias veces este siglo y hacia el que quizá nos dirigimos de nuevo.

Este deseo de dinero era un defecto moral para él—inseparable de lo que él llamaba el “amor al dinero”, una enfermedad de la mente que drena la vida de la economía. Exploraremos cómo esta cualidad “vampírica” del dinero crea una lucha de poder entre quienes prestan y quienes construyen, un conflicto que Keynes creía definía gran parte de la historia humana.

Viendo cómo “ametralladoras y campos de concentración” surgieron del desempleo masivo durante la Gran Depresión, escribe que “puede ser posible, mediante un análisis adecuado del problema, curar la enfermedad preservando la eficiencia y la libertad.” Comprender los éxitos y fracasos del sistema posterior a la Segunda Guerra Mundial que él propició es de vital importancia hoy en día, cuando ese sistema está, posiblemente, más en constante evolución que en cualquier otro momento desde su muerte.

Un “análisis correcto” de las ideas de Keynes proporciona pistas sobre cómo abordar el comercio actual, los desequilibrios externos y las interrupciones financieras sin recurrir a herramientas bruscas como los aranceles globales. Sus ideas pueden ayudar a abordar cuestiones éticas que plantea la IA. En términos más amplios, ofrece un marco para gestionar un mundo que se siente cada vez más fuera de control.

Racionalmente irrazonable

Para entender el compromiso de Keynes con el ajuste de la incertidumbre, empieza por su distintiva teoría de la probabilidad. Los economistas neoclásicos anteriores veían el futuro como predecible. No lo hizo. Describió la probabilidad como el grado de creencia en una conclusión justificada por la evidencia. “Siempre se puede cocinar una fórmula para que encaje moderadamente bien con un rango limitado de datos pasados”, escribe. “¿Pero qué prueba esto?”

De hecho, es racional ser “irrazonable” al acaparar dinero cuando no hay una base segura para hacer cálculos sobre el futuro. Su asombrosa realización de que el dinero juega “un papel propio” en el drama económico —que hace más que simplemente facilitar el trueque, como creían economistas anteriores— se desarrolló durante un cuarto de siglo.

Todo empezó con un ataque al patrón oro. El problema, dijo, era que la escasez del oro creaba un sesgo deflacionario, mientras que las economías en expansión requieren una cantidad creciente de dinero “lubricante”. Cuando el oro escaseaba, toda la economía colapsó, como se vio en la Larga Depresión de las décadas de 1880 y 1890.

El instrumento inicial propuesto por Keynes para emancipar a las economías de sus cadenas de oro fue la Teoría Cuantitativa del Dinero. Prometía restaurar la “neutralidad” monetaria mediante una moneda elástica gestionada científicamente para satisfacer las “necesidades del comercio”. Pero pronto se dio cuenta de que este mecanismo no funcionaba lo suficientemente rápido.

La siguiente innovación, explicada en Tratado sobre el dinero (1930), fue considerar las implicaciones de que el dinero circulara a diferentes velocidades. Dividió los flujos monetarios en dos tipos de circulación, uno para lo que ahora se llama la economía “real” y otro una circulación “financiera”, lo que explicaba cómo los precios de los activos y el desempleo pueden aumentar simultáneamente a corto plazo. Pero eso no explicaba el acaparamiento.

La Gran Depresión condujo entonces a la teoría de la preferencia por liquidez, la etapa final de la teoría del dinero de Keynes. “Puede que aún sea así”, dijo en 1932, “que el prestamista, con su confianza destrozada por su exposición, siga exigiendo nuevas tasas de interés empresariales que el prestatario no puede esperar alcanzar.”

Prima de liquidez

Un colapso de la inversión es simultáneamente una huida hacia la liquidez. El vuelo aporta valor añadido en dinero, una “prima de liquidez” que hace que los tipos de interés suban en lugar de bajar, justo lo contrario de lo que afirma la teoría ortodoxa. Hoy vemos la preferencia por la liquidez en acción. Esto explica la crisis financiera global de 2008, la carrera por el dinero en la era temprana del COVID, las dramáticas oscilaciones en los precios de las acciones conocidas como “flash crashes” y otras recientes caídas de los mercados.

Toda la historia depende de una incertidumbre irreductible sobre los acontecimientos futuros. “Por ‘conocimiento incierto’, déjame explicar, no me refiero simplemente a distinguir lo que se sabe con certeza de lo que es solo probable. El juego de la ruleta no está sujeto, en este sentido, a la incertidumbre… El sentido en que uso el término es aquel en el que la perspectiva de una guerra europea es incierta, o el precio del cobre y el tipo de interés dentro de veinte años, o la obsolescencia de una nueva invención… Sobre estos asuntos no existe ninguna base científica sobre la que formar ninguna probabilidad calculable.”

En estos mercados pobres en información de “no sabemos”, los inversores confían en la sabiduría convencional sobre los precios futuros. Cuando las convenciones se rompen, como es inevitable que ocurra periódicamente —siendo tan endebles— hay una huida del compromiso. El dinero toma el control de la trama económica.

Un defecto moral

¿Habría dado Keynes al dinero un papel tan protagonista si no hubiera encontrado algo intrínsecamente inmoral en ello? Probablemente no. Hay una fuerte corriente moral y psicológica en la visión de Keynes sobre el dinero, en la que el amor al dinero, lejos de ser una respuesta racional a la incertidumbre, está motivado por la avaricia, el amor al poder y el amor al oro.

En el drama monetario de Keynes, el amor al dinero es de rostro de Janus. Aunque bombea sangre hacia economías preindustriales estáticas, el amor excesivo al dinero chupa la sangre de las modernas. La cualidad vampírica del dinero fue simbolizada para Keynes en la leyenda del rey Midas de Frigia, cuya codicia por el oro era tan intensa que (al menos en algunas versiones) murió de hambre. Esto no es una preferencia racional por liquidez, sino una morbilidad psicológica.

Keynes reconoció que en el pasado, “riesgos y peligros de todo tipo” pudieron haber jugado un papel importante en inducir a la gente a acaparar dinero. Sin embargo, le desconcertaba la persistencia de esta tendencia en tiempos modernos, cuando las condiciones de vida son mucho más seguras. En lugar de ver el ahorro como una virtud, Keynes lo vio como un freno a la empresa. “[E]n no es ahorro, sino empresa que construye ciudades y drena pantanos.”

Keynes veía la lucha por el poder entre acreedores y deudores como la trama económica de la historia. El objetivo de sus reformas económicas era así reducir el poder del acreedor sobre la vida económica. Estos planes reflejaban su visión de que el amor al dinero es una enfermedad del alma—pero también un felix culpa, o “falta afortunada”—porque impulsa el crecimiento económico que liberará a la humanidad del esfuerzo. Para agilizar esta libertad, los programas gubernamentales deberían aprovechar “el deseo desmesurado de obtener riqueza” para impulsar la inversión productiva.

Keynes para hoy

¿Qué aspectos del legado de este pensador excepcional requieren nuestra atención hoy? Déjame sugerir tres.

Primero, un regreso a la cuestión del propósito del crecimiento económico. ¿Cuánto más crecimiento, y qué tipo de crecimiento, se necesitan para asegurar las condiciones materiales de una buena vida? ¿Qué sistema económico puede aportar mejor las condiciones necesarias?

El propósito inicial de la actividad económica es utilitario: ganarse la vida. Pero más allá de esto, dice Keynes, la actividad económica es un medio para lograr una buena vida y no debe extenderse más allá de lo necesario para ese propósito. Esta filosofía puede ayudar a centrar nuestra discusión sobre las profundas cuestiones éticas sobre el futuro de los humanos en un futuro habilitado por IA.

También puede ayudarnos a fortalecer para abordar la coexistencia de un acaparamiento inimaginable de riqueza con una estancación generalizada y el subempleo; estas condiciones reavivan el argumento de Keynes a favor de la inversión pública. La “observación vigilante” por sí sola debería permitir relegar a la basura locuras actualmente de moda como la hipótesis del mercado eficiente.

Segundo, un nuevo impulso para volver a poner el dinero en circulación: para deshacerse de la riqueza acumulada. Cabe recordar que el ataque original de Keynes al patrón oro iba dirigido tanto a la escasez del metal como a la propensión de países excedentes como Estados Unidos —el rey Midas de la época de Keynes— a acapararlo. El propósito de sus sucesivos planes de reforma monetaria global, incluida la Unión Internacional de Compensación, era lograr que Estados Unidos se deshiciera de sus reservas de oro y restaurar el equilibrio del comercio.

El rechazo estadounidense a este enfoque dio lugar al sistema Bretton Woods centrado en el dólar, establecido en 1944 con el dólar convertible solo en oro. Estados Unidos empezó entonces a sufrir el problema del Rey Midas, ya que el dólar, la principal moneda de reserva mundial, fue sobrevalorado progresivamente frente a los de sus principales competidores, China, más recientemente.

Por tanto, era necesario un descenso en el valor del dólar para restaurar la capacidad manufacturera y exportadora estadounidense. Los aranceles del presidente Donald Trump pueden verse como un intento burdo de asegurar la necesaria realineación monetaria, pero a costa de una enorme interrupción del comercio y las finanzas.

Keynes buscaría un camino menos disruptivo hacia el balance comercial. El paso más importante sería sustituir la función de reserva del dólar por una nueva moneda internacional de reserva que él llamó el “bancor”. El mismo resultado podría lograrse mediante un aumento progresivo de los derechos especiales de dibujo de los miembros del FMI.

El exgobernador del banco central de China, Zhou Xiaochuan, revivió la idea del bancor de Keynes en 2009 como una forma de proporcionar la liquidez necesaria para expandir el comercio internacional. Pero ese movimiento de reforma monetaria fue sofocado por Estados Unidos.

Enfrentando el futuro

Tercero, enfrentar sin miedo tiempos peligrosos. Este aspecto del legado de Keynes nos llama a afrontar los peligros actuales buscando con valentía soluciones para los males del capitalismo que preserven la “eficiencia y la libertad”.

Hoy nos enfrentamos a preguntas similares a las de hace un siglo: ¿Presagia la creciente división del mundo en bloques hostiles una regresión a la barbarie? ¿Puede la democracia domar a la oligarquía financiera? ¿Puede abordar los conflictos raciales y culturales e invertir de una manera que contrarreste la creciente desigualdad dentro de los países y el calentamiento global? ¿O es inevitable un retroceso de la democracia, acompañado de violencia nacional e internacional?

En 1939, Keynes vio la guerra como el gran experimento para demostrar su caso. Tenía razón. Fue la Segunda Guerra Mundial, y no la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, la que propició el pleno empleo. Pero por muy tentador que sea eliminar la capacidad excedente mediante el gasto militar, las ideas de Keynes son independientes de cualquier propósito que pueda utilizarlas.

El colapso de la creencia en la posibilidad de un buen futuro ha contribuido a amplificar los problemas del mundo: económicos, geopolíticos y espirituales. La pregunta hoy es tan brutal como la que planteó Keynes en 1936: ¿Es necesario un apocalipsis para sacar a los políticos de sus estancamientos intelectuales, o puede un mejor análisis de nuestros problemas restaurar a la salud nuestra civilización enferma en condiciones de paz y libertad?

ROBERT SKIDELSKY fue el principal biógrafo de John Maynard Keynes y un par vitalicio de la Cámara de los Lores del Reino Unido.

Nota del editor: El autor falleció el 15 de abril, a los 86 años, antes de que se completara la edición. Las ediciones finales de este artículo, que se basa en su próximo libro, Keynes for Our Times, fueron acordadas por su asistente, Attila Mesterházy, que trabajó con él en el libro.

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Luz verde del FMI para el programa fiscal

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Por Isidro Guardarucci / FIELUn abril en positivo. El Sector Público Nacional No Financiero volvió a cerrar abril con superávit primario y financiero. El dato no es menor. En una economía que hasta hace 2 años estaba acostumbrada a que el déficit sea la norma y el equilibrio la excepción, la persistencia de resultados positivos sigue siendo una buena noticia. Más aún, en un contexto donde el ancla fiscal ocupa un lugar central en el programa económico y en la relación con el FMI.

No obstante, mirar sólo el signo del resultado puede llevar a una lectura incompleta. El acumulado del primer cuatrimestre muestra una foto algo menos holgada que la del año pasado. Cuando se compara enero-abril de 2026 con el mismo período de 2025, medido a precios constantes, el resultado primario cae alrededor de 12%, pero si se netean ingresos extraordinarios (en línea con la medición que realiza el FMI para sus metas), la merma real es de casi 27%. Es decir, la caja sigue cerrando, pero con márgenes menores.

Ejecución acumulada enero-abril ($ millones de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Mecon

La explicación es sencilla: aun cuando la consolidación del gasto continúa, los ingresos caen relativamente más. Los recursos totales muestran una baja real superior al 4%, mientras que los ingresos tributarios retroceden alrededor de 7%. Del otro lado, el gasto primario también se contrae, aunque a un ritmo menor, cercano al 3%.

El detalle del primer cuatrimestre

La debilidad de los ingresos tributarios es evidente en el primer cuatrimestre. La caída no descansa en un único componente, sino que se distribuye entre varios pilares de la estructura tributaria nacional. Cabe mencionar que, a diferencia de años pasados, cuando la alta inflación y consecuente licuación de algunas partidas daban aire a la caja, el escenario actual exige que la recaudación acompañe por cantidades y no sólo por nominalidad. Si eso no ocurre, el equilibrio fiscal depende cada vez más de la administración del gasto.

Para estos resultados, pesa la caída de los Derechos de Exportación, afectada por cambios en alícuotas y por la propia dinámica del tipo de cambio. A esto se suman bajas en aportes y contribuciones. Estos dos recursos concentran el 33% y 21% de la baja total de ingresos tributarios, respectivamente. En esta línea, el IVA vuelve a aparecer entre los tributos que más explican la merma. Esta señal es relevante porque se trata de un impuesto muy asociado a la dinámica del consumo y la actividad interna. No obstante, debe tenerse presente que mientras la recaudación a abril muestra una reducción real de 8,4%, la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos cayó menos del 3% cuando se mira el conjunto de las provincias. Si bien la base imponible de este presenta diferencias con el tributo al consumo nacional, es también reconocido como un indicador de la actividad y refleja un panorama distinto.

Por el lado del gasto, el primer cuatrimestre muestra que la disciplina fiscal sigue a la orden del día. Así, los gastos de funcionamiento no salarial se reducen de forma importante, al igual que las transferencias corrientes a provincias. También se observa una baja real en remuneraciones y en el resto de prestaciones sociales. Estos rubros siguen siendo parte relevante del esfuerzo fiscal.

No obstante, hay otros componentes que muestran una dinámica distinta. Las jubilaciones y pensiones contributivas vuelven a crecer en términos reales, algo esperable luego de la recomposición parcial del poder adquisitivo respecto de los momentos más duros del ajuste inicial. Los subsidios económicos también crecen en la comparación interanual del acumulado, impulsados especialmente por energía. Este punto merece atención, no tanto porque el nivel actual vuelva a los registros del pasado, sino porque se trata de una partida con una larga historia de desbordes fiscales.

La inversión pública nacional, por su parte, ya no muestra el mismo ritmo de caída que en etapas anteriores. El mes de abril mostró un cambió fuerte en la tendencia. Sólo en ese mes se registraron erogaciones equivalentes al 80% del acumulado en el primer trimestre entero.

La lectura de fondo es que la consolidación fiscal entra en una fase distinta. En 2024, una parte importante del ajuste descansó en la licuación inicial del gasto y en el shock de corrección de partidas. En 2025, el superávit se sostuvo con menor holgura, pero todavía apoyado en recortes muy fuertes en subsidios, inversión pública y transferencias. En 2026, el resultado exige una política fiscal más fina. Y acá, el pasado importa. El gobierno argentino ha mostrado en reiteradas ocasiones su voluntad por cumplir con los objetivos fiscales y no hay motivos para creer que 2026 será una excepción a esta dinámica (menos aún en un año que no presenta elecciones en agenda).

Revisión del FMI: programa fiscal aprobado y un futuro previsible

La segunda revisión del acuerdo con el FMI dejó una señal favorable para el gobierno: el programa sigue en pie y la política fiscal continúa siendo reconocida como un pilar del proceso de estabilización. Como era esperable, los nuevos desafíos incluyen avanzar calidad del ajuste, la sostenibilidad y la coordinación con el resto del programa macroeconómico.

En cuanto al pasado reciente, el Fondo destacó el desempeño fiscal, pero también manifestó que el efecto del registro de los intereses capitalizados debajo de la línea totalizó en 2025 un punto del PIB. De modo que, con esto, el balance global (incluyendo intereses) pasaría de un 0,2% positivo a 0,8% negativo. Además, esta revisión confirmó una reducción de la meta de superávit primario para este año la cual pasó de 2,2% del producto a 1,4%, el mismo nivel que el último ejercicio. Esto vuelve al objetivo actual desafiante pero muy razonablemente cumplible. Así, el objetivo de 2,2% quedó mencionado, pero como una meta en el mediano plazo y no como una condición para 2026.

A su vez, la institución volvió a manifestarse a favor de un esquema tributario más eficiente y equitativo (menos impuesto al cheque y retenciones, sumadas a una política de reducción de exenciones y tratamientos especiales). Ninguna novedad; no sería un reporte del FMI si no tuviese este pedido. En la misma categoría se incluye la idea de mejorar la focalización del gasto, especialmente en materia de subsidios. Más relevante (aunque tampoco muy novedoso) es la ratificación de la necesidad de presentar una reforma previsional. No obstante, la fecha fijada para tal evento es diciembre de 2027. Es decir, exactamente después de la renovación del mandato presidencial. Sea este gobierno u otro, esto refleja la intención deliberada de sacar de la agenda electoral el tema y postergarlo para una gestión políticamente renovada.

En resumen: aprobación, una meta menos ambiciosa para este año y el decálogo de buenas prácticas habitual.

El desafío que viene

El gobierno todavía conserva el activo más importante de su programa económico: la convicción fiscal. La pregunta para los próximos meses es si será suficiente para sostener el superávit mientras se espera que el ciclo económico (iniciado en sectores como el agro, las actividades extractivas y financieras) permee al resto de la economía y recaudación. La caja sigue cerrando. Pero, a diferencia del comienzo del ajuste, ahora cada peso cuesta más. Con menos presión del lado del Fondo y sin elecciones este año, no hay motivos para pensar que se incumplirá con los objetivos de este año. 

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El FMI dijo que la proyección para Argentina es “alentadora” y destacó la compra de dólares

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayó este jueves que la proyección para la Argentina “es alentadora” y destacó el programa de compra de reservas del Banco Central que ya está próximo a cumplir con la meta de acumulación comprometida en el acuerdo.

“La proyección es alentadora. El enfoque a corto plazo sigue siendo aumentar las reservas lo que le permitirá al país estar mejor preparado para afrontar los shocks externos”, destacó la vocera del organismo, Julie Kozack.

La portavoz ofreció este jueves una conferencia de prensa en Washington. La vocera remarcó que “desde el comienzo de 2026 el Banco Central compró US$ 10.000 millones en divisas, con una posición de acumulación de reservas netas de  US$7.000 millones y están cerca de alcanzar la meta de US$8.000 millones” que es el nuevo objetivo tras la reformulación que derivó de la última revisión.

Kozack destacó que “las autoridades están comprometidas con el ancla fiscal y están planeando seguir fortaleciendo los marcos fiscales y tributarios con el tiempo”.

También resaltó la decisión de fortalecer el frente fiscal “incluso ante una reducción gradual de las retenciones” y, además, de ya contar con “una fórmula de actualización de las pensiones” más adecuada.

Kozack volvió a destacar “el progreso significativo que realizó el Gobierno para estabilizar la economía del país en los últimos dos años y medio”.

“La inflación cayó del 200 al 30%, el déficit fiscal se redujo 5 puntos del PIB, se registró superávit primarios consecutivos en dos décadas y la pobreza cayó de 50 a 30%”, enumeró.

Añadió que también “hubo reformas importantes, en lo fiscal, comercial y laboral, en algunos casos con apoyo del Congreso. El objetivo es crear economía más abierta y de mercado”.

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Banco Central cumple la meta anual de compra de dólares y acelera la acumulación de reservas

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La estrategia de acumulación de reservas del Gobierno alcanzó uno de sus principales objetivos antes de la mitad del año. Con una nueva compra de USD 43 millones realizada este miércoles, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) superó los USD 10.000 millones en adquisiciones de divisas durante 2026 y cumplió la meta anual originalmente prevista en el programa económico acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El dato no es menor. La autoridad monetaria logró encadenar 100 ruedas consecutivas con saldo comprador —con excepción de la primera jornada operativa del año— y consolidó un proceso de recomposición de reservas que se transformó en uno de los pilares de la estabilización macroeconómica impulsada por el equipo económico de Javier Milei.

Desde enero, el Banco Central acumuló compras por USD 10.020 millones entre operaciones realizadas dentro y fuera del mercado cambiario. La rueda más significativa se registró el 10 de abril, cuando la entidad adquirió USD 457 millones en una sola jornada.

Sin embargo, el objetivo oficial ya no es simplemente alcanzar la meta. El Gobierno comenzó a elevar sus propias expectativas. Durante su participación en el Cambras Business Day, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Banco Central podría cerrar el año con compras de entre USD 17.000 y USD 24.000 millones.

“Hoy ya está cumplida la meta acordada con el FMI de USD 10.000 millones. En un escenario muy optimista pensábamos que el Central podía comprar USD 17.000 millones, pero si seguimos al ritmo actual podríamos llegar a USD 24.000 millones”, afirmó el funcionario.

Un cambio de paradigma en la acumulación de reservas

La acumulación de divisas se convirtió en una de las variables centrales del programa económico. A diferencia de ciclos anteriores, el Gobierno busca fortalecer las reservas sin recurrir a controles cambiarios más estrictos ni a emisiones monetarias descontroladas.

Durante los primeros meses del año, la estrategia combinó compras de dólares por parte del Banco Central con una activa participación del Tesoro en el mercado financiero. Mientras la autoridad monetaria adquiría divisas, el Ministerio de Economía absorbía liquidez mediante colocaciones de deuda en pesos para evitar presiones inflacionarias.

El resultado fue una mejora sustancial en la posición externa del país. Las reservas brutas cerraron la jornada en USD 48.414 millones, el nivel más alto en casi siete años y superior al máximo registrado durante febrero de la actual administración.

En paralelo, las reservas internacionales netas alcanzaron USD 5.013 millones al cierre de mayo, impulsadas por las compras de divisas, los desembolsos del FMI y nuevas colocaciones financieras.

El agro todavía tiene cartas para jugar

Uno de los factores que alimenta el optimismo oficial es que, según el Ministerio de Economía, todavía no ingresó al mercado la totalidad de las divisas provenientes de la actual campaña agrícola.

La cosecha récord de maíz y los elevados niveles de producción proyectados para varios complejos exportadores permiten anticipar un flujo adicional de dólares durante los próximos meses.

Sin embargo, algunos analistas advierten que la liquidación del sector podría estar avanzando a un ritmo más lento de lo esperado. Walter Stoeppelwerth, CIO de Grit Capital Group, señaló que los datos de liquidación todavía no reflejan plenamente el volumen asociado a la cosecha actual.

Según su análisis, algunos productores podrían estar esperando una depreciación mayor del tipo de cambio oficial para mejorar sus márgenes antes de acelerar las ventas.

Hasta ahora, los principales abastecedores de dólares para el Banco Central no fueron los exportadores agrícolas, sino las emisiones de deuda realizadas por empresas y provincias en los mercados internacionales.

El rol creciente de la energía y la minería

Más allá del aporte del agro, el Gobierno apuesta a una transformación estructural de la balanza externa argentina basada en la expansión de los sectores energético y minero.

Caputo insistió en que el país se encuentra apenas en el comienzo de ese proceso. Según sus estimaciones, hacia 2031 la balanza comercial combinada de energía y minería podría aportar USD 60.000 millones anuales, unos USD 40.000 millones más que en la actualidad.

El ministro vinculó esas proyecciones al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que concentra buena parte de los proyectos actualmente en desarrollo en Vaca Muerta, litio, cobre y otras actividades extractivas.

Para el equipo económico, esa expansión exportadora será clave para sostener un esquema de acumulación de reservas sin necesidad de generar tensiones cambiarias ni comprometer la competitividad de la economía.

La mirada del mercado ya apunta a 2027

Mientras el Gobierno celebra el cumplimiento anticipado de las metas de reservas, parte del mercado comienza a observar un horizonte más largo.

Las emisiones internacionales de deuda corporativa y provincial continúan creciendo. Según estimaciones privadas, podrían superar los USD 3.200 millones en las próximas semanas.

Desde GMA Capital destacan que, desde las elecciones legislativas, las colocaciones externas acumulan cerca de USD 11.900 millones. Ese flujo contribuye a fortalecer la disponibilidad de divisas en el corto plazo, aunque también abre interrogantes sobre la dinámica financiera futura.

La lectura de los inversores es que la consolidación de reservas durante 2026 fortalece la estabilidad macroeconómica y mejora la capacidad de pago de la Argentina. Sin embargo, la sostenibilidad del proceso dependerá de que el crecimiento de las exportaciones, particularmente de energía y minería, logre reemplazar gradualmente el protagonismo actual del financiamiento.

Por ahora, los números juegan a favor del Gobierno. El Banco Central ya alcanzó la meta anual pactada con el FMI cuando todavía queda más de medio año por delante. La discusión dejó de ser si el objetivo era posible y pasó a centrarse en cuántos dólares adicionales podrá acumular la Argentina antes de cerrar 2026.

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CAME rechazó la reforma tributaria sugerida por el FMI y pidió un nuevo Consenso Fiscal

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La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) rechazó las recomendaciones tributarias formuladas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la Argentina y advirtió que las propuestas apuntan a aumentar la carga sobre trabajadores, pequeños contribuyentes y consumidores, sin resolver los problemas estructurales que afectan la competitividad del sector productivo.

El organismo internacional planteó ampliar la base del Impuesto a las Ganancias para trabajadores en relación de dependencia, extender el alcance del IVA sobre bienes y servicios actualmente exentos y reformar el régimen del Monotributo elevando sus categorías.

Para CAME, estas iniciativas tienen un efecto regresivo porque reducen el ingreso disponible de las familias, encarecen la formalidad y afectan el consumo interno, uno de los principales motores de la actividad económica.

“La discusión tributaria está enfocada en el lugar equivocado”, señalaron desde la entidad empresaria, al sostener que el principal problema fiscal para las pymes no se encuentra en los impuestos nacionales sino en la estructura tributaria provincial y municipal.

El foco de la crítica: Ingresos Brutos y las tasas municipales

Según el análisis de CAME, el verdadero obstáculo para la inversión, la producción y la generación de empleo formal es la acumulación de impuestos subnacionales, especialmente el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) y diversas tasas municipales.

La entidad explicó que estos tributos se aplican sobre la facturación y no sobre la rentabilidad, por lo que impactan incluso sobre empresas que registran márgenes reducidos o pérdidas.

Además, advirtió que el denominado “efecto cascada” de Ingresos Brutos incrementa los costos en cada etapa de la cadena productiva y termina trasladándose a precios, afectando tanto a empresas como a consumidores.

Otro de los puntos cuestionados es el sistema de retenciones y percepciones provinciales, que genera saldos a favor difíciles de recuperar y obliga a las empresas a financiar involuntariamente a los fiscos locales.

Un préstamo forzoso al Estado

CAME sostiene que las retenciones anticipadas aplicadas por las provincias suelen superar el impuesto efectivamente adeudado por los contribuyentes.

Qué propone el FMI para Argentina

  • Ampliar la base del Impuesto a las Ganancias para trabajadores.
  • Extender el IVA a bienes y servicios actualmente exentos.
  • Modificar el régimen de Monotributo elevando categorías.
  • Incrementar la recaudación tributaria de manera permanente.

Como consecuencia, miles de empresas acumulan créditos fiscales que pueden tardar años en recuperarse, perdiendo valor por efecto de la inflación.

La entidad remarcó que este mecanismo afecta especialmente al capital de trabajo de las pymes y funciona, en la práctica, como un financiamiento sin costo para los gobiernos provinciales.

La propuesta: un Nuevo Consenso Fiscal

Frente a este escenario, CAME propuso convocar a un Nuevo Consenso Fiscal entre Nación, provincias y municipios para avanzar en una reforma integral del sistema tributario subnacional.

El objetivo sería armonizar criterios, transparentar los regímenes de recaudación y reducir las distorsiones que afectan la competitividad empresarial.

La entidad considera que el acuerdo debería incluir una transformación gradual de Ingresos Brutos para eliminar su aplicación en las etapas intermedias de producción y concentrar la tributación en la venta final al consumidor, siguiendo una lógica similar a la del IVA.

Asimismo, plantea establecer reglas uniformes para las devoluciones de saldos a favor, limitar las retenciones excesivas y fortalecer la coordinación entre jurisdicciones.

Las 6 bases del Nuevo Consenso Fiscal que propone CAME

  1. Armonizar criterios tributarios entre provincias.
  2. Limitar retenciones y percepciones excesivas.
  3. Agilizar la devolución de saldos a favor.
  4. Transparentar tasas municipales.
  5. Reducir el efecto cascada de Ingresos Brutos.
  6. Fortalecer la coordinación fiscal entre jurisdicciones.

Desde CAME sostienen que aumentar la carga sobre salarios y consumo no resolverá los problemas estructurales de la economía argentina.

Por el contrario, afirman que una mayor presión tributaria sobre trabajadores y pequeños contribuyentes podría afectar la demanda interna, desalentar la formalización y reducir la actividad económica.

“La competitividad no se recupera aumentando impuestos sobre quienes producen, trabajan y consumen, sino eliminando los tributos distorsivos que encarecen la inversión y la generación de empleo”, concluyó la entidad.

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