Investigación de FOPEA revela los “mecanismos invisibles” de la desinformación extranjera en Argentina
El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) publicó el informe “Análisis del debate público en Argentina: Campañas de desinformación promovidas desde el exterior”, un trabajo de investigación de fondo que advierte sobre la creciente sofisticación de las operaciones de manipulación digital orientadas a incidir en la conversación pública nacional desde fuera de las fronteras del país. El documento, elaborado con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia, aporta evidencia empírica, análisis técnico y estudios de caso recientes que permiten dimensionar un fenómeno que ya no puede ser leído como episódico ni marginal.
El informe parte de una premisa central: la desinformación en Argentina -y en América Latina en general- dejó de responder a acciones aisladas para convertirse en una metodología estructurada, persistente y, en muchos casos, profesionalizada. Se trata de campañas diseñadas para operar en zonas grises del ecosistema digital, aprovechando la opacidad tecnológica, la fragmentación del consumo informativo y las debilidades regulatorias de los Estados.
Operaciones encubiertas y negación plausible
Uno de los rasgos más preocupantes que destaca FOPEA es la naturaleza encubierta de estas maniobras. Las operaciones de desinformación promovidas desde el exterior suelen estar diseñadas para maximizar la “negación plausible”: dificultan la atribución de responsabilidades, diluyen la trazabilidad del financiamiento y fragmentan la ejecución a través de intermediarios locales. Esta arquitectura hace compleja tanto la respuesta institucional como la eventual sanción judicial.
“El anonimato y la tercerización son piezas clave del engranaje”, señala el informe, que advierte que esta modalidad reduce drásticamente la capacidad de los Estados para identificar a los verdaderos responsables y responder en tiempo real ante campañas coordinadas que buscan distorsionar el debate democrático .
Para ilustrar el funcionamiento concreto de estas estrategias, la investigación analiza casos recientes que funcionan como estudios de campo.
El primero se vincula con el uso de tecnología de engaño. El informe detalla el análisis técnico de un video manipulado mediante inteligencia artificial -un deepfake– atribuido a un diplomático extranjero. La pieza fue diseñada con referencias específicas a la coyuntura argentina, apelando a símbolos sensibles de la política local para provocar impacto emocional y fomentar la polarización. El trabajo pericial permitió identificar inconsistencias en la sincronización labial, patrones de voz artificial y un montaje visual orientado a simular un contenido periodístico auténtico .
El segundo eje es la tercerización de la narrativa. FOPEA documenta un circuito de ofrecimientos económicos dirigidos a comunicadores, periodistas y usuarios influyentes de redes sociales en Argentina. Las propuestas incluían pagos en criptomonedas -principalmente Bitcoin y Ethereum– a cambio de publicar contenidos políticos previamente guionados desde el exterior. El uso de activos digitales no es casual: permite sortear controles financieros tradicionales y dificulta el rastreo del origen de los fondos .
El tercer componente es la conformación de redes de influencia. El informe repasa alertas sobre actores extranjeros que operan bajo fachadas civiles -supuestas consultoras, medios alternativos o emprendimientos culturales- y coordinan la difusión de mensajes divisivos. Estas redes no buscan necesariamente viralidad masiva inmediata, sino instalar narrativas persistentes, erosionar consensos básicos y amplificar clivajes preexistentes en la sociedad argentina .
El trabajo contextualiza el caso argentino dentro de un escenario regional más amplio. En América Latina, la combinación de alta penetración de redes sociales, sistemas políticos polarizados y marcos normativos incompletos crea un terreno fértil para la injerencia informativa. FOPEA advierte que los procesos electorales, los debates sobre política exterior y las discusiones económicas sensibles son los principales blancos de estas campañas.
En Argentina, el informe identifica picos de actividad desinformativa en períodos electorales recientes y señala la participación de cuentas extranjeras en interacciones clave del debate político digital. Aunque probar documentalmente la autoría externa resulta complejo sin filtraciones o cooperación internacional, los indicios técnicos y los patrones de comportamiento refuerzan la hipótesis de operaciones coordinadas .
La respuesta: fortalecer la integridad del debate público
Más allá del diagnóstico, el informe incorpora una dimensión propositiva. FOPEA incluye una guía de diez pasos orientada a periodistas, comunicadores y ciudadanía en general para reducir la vulnerabilidad frente a la desinformación. Entre las recomendaciones se destacan la verificación sistemática de fuentes, el chequeo de contenidos audiovisuales, la cautela ante mensajes emocionalmente cargados y la denuncia activa de contenidos sospechosos.
El objetivo institucional es claro: alertar sobre la fragilidad del ecosistema informativo argentino frente a prácticas de manipulación transnacional y reforzar el derecho ciudadano a recibir información veraz, contrastada y contextualizada. En un entorno donde la frontera entre información y propaganda se vuelve cada vez más difusa, la alfabetización mediática y el periodismo profesional aparecen como activos estratégicos para la democracia.
El informe completo, de acceso público y gratuito, se encuentra disponible en el sitio oficial de FOPEA y constituye una de las radiografías más exhaustivas realizadas hasta el momento sobre la desinformación promovida desde el exterior y su impacto potencial en la vida democrática argentina.
