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Crisis forestal: congelan precios de la materia prima por seis meses en Misiones

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En reunión ordinaria el Directorio del Instituto Forestal Provincial dio curso al pedido encabezado por el sector industrial de mantener congelados los precios de la materia prima forestal en Misiones durante seis meses. El pedido se basa en un reconocimiento del proceso de crisis por la cual atraviesa el país.

Desde el sector industrial y forestal advierten un panorama complejo. “Crisis y estancamiento, creo que son las palabras exactas”, resumió un empresario, al describir un escenario donde “las exportaciones podrían mejorar si el dólar sube un poco, porque sería más conveniente tanto para productos elaborados como para los de menor valor agregado, pero hoy los márgenes son mínimos”.

El empresario advirtió además que “el problema con los productos elaborados es que los costos son muy altos y el beneficio, casi nulo”.

Por su parte, desde la Apicofom señalaron que la recesión golpea con fuerza: “Está empezando y vienen fuertes las devoluciones de cheques. Se ven casos de cheques falsos y un panorama muy duro; como nunca, se está pensando en cerrar”.

Desde la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap), Enrique Bongers confirmó la gravedad de la situación: “Sigue muy complicado. La demanda interna está baja, el mercado de exportación no demanda y los precios están planchados. A eso se suman los aumentos de costos de energía”.

El dirigente aclaró, no obstante, que “por ahora no hay despidos, aunque se evalúa reducir horas en algunos sectores”.

Los precios no tendrán actualización mensual, como se venía haciendo a través del IPIM del INDEC, y estarán vigentes hasta marzo de 2026 inclusive.  

En la reunión se presentaron dos mociones: la del Órgano Asesor apoyada por el presidente Hugo Escalada, que presentó los cálculos que contemplaban los costos de producción más un 8% de rentabilidad. Además se sumó la propuesta del sector industrial de mantener fijos los precios por un semestre.

Los representantes de los pequeños productores, trabajadores y cooperativas se sumaron a la propuesta y el dictamen fue aprobado por la mayoría.

Según las tablas publicadas por el Instituto Forestal, los precios (sin IVA) por tonelada de rollos aserrables y laminables puestos sobre camión se fijaron en los siguientes valores:

  • Pino resinoso: entre $28.550 y $72.737 según diámetro y tipo de troza.
  • Araucaria: entre $38.541 y $98.195.
  • Eucalipto: entre $25.694 y $65.464.

Asimismo, los precios por tonelada de chip leña se fijaron en $20.458 y la leña (de pino, eucalipto o araucaria) en $18.414, ambos puestos sobre camión.
En tanto, las trozas pulpables (raleo) tendrán un valor de $35.580 y el chip pulpable, $39.138, con flete contemplado a 50 kilómetros.

Con esta medida, el Instituto Forestal busca sostener el equilibrio entre la actividad productiva y la competitividad industrial, garantizando previsibilidad en un contexto macroeconómico inestable.

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Las Marías invierte 8 millones de dólares en la pata forestal del grupo

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Bichos de Campo. Cuando se nombra Establecimiento Las Marías, la referencia inmediata suele ser la yerba mate y el té: marcas emblemáticas como Taragüi, Unión, Mañanita o La Merced forman parte del imaginario nacional. Sin embargo, detrás de esa identidad agroindustrial hay un engranaje menos visible pero cada vez más estratégico: el negocio forestal.

En Gobernador Virasoro, epicentro foresto-industrial del nordeste argentino, Las Marías avanza en la modernización integral de su aserradero. Con una inversión cercana a los ocho millones de dólares, la compañía instalará una línea europea de aserrado de alta automatización, equipada con escáneres tridimensionales que optimizan el corte y maximizan el rendimiento.

“Estamos hablando de una línea que operará con diez personas por turno, frente a las veinticinco actuales, con un rendimiento ocho por ciento superior. Es tecnología de punta, comparable con la de los principales aserraderos del mundo”, explicó Stuart Navajas, presidente del aserradero de Las Marías.

A esto se suma un secadero continuo de última generación, único en el país. “Funciona con un sistema contraflow que mejora el tiempo, el volumen y, sobre todo, la calidad del secado. La calidad de nuestra madera no la iguala nadie”, afirma Navajas.

“Es una inversión que nos pone al nivel de los mejores aserraderos del mundo”, resume Navajas, antes de deslizar una sonrisa: “La parte forestal es la menos conocida de Las Marías, pero queremos que se sepa que también hacemos madera, y la hacemos bien”.

Las Marías inició su actividad forestal en los años sesenta con 500 hectáreas de pino y eucalipto. Hoy el patrimonio supera las 6.700 hectáreas implantadas, con especies como Pino taeda, Pino elliottii, híbridos y eucaliptos de alto rendimiento.

El aserradero produce unos 70.000 metros cúbicos anuales, de los cuales el 70 % se exporta a destinos como China, Vietnam, Filipinas, Estados Unidos y Centroamérica. El resto abastece al mercado interno, que atraviesa una etapa de retracción por la caída del consumo y el freno en la construcción.

“Estamos trayendo contenedores vacíos desde Buenos Aires, lo que implica casi dos mil kilómetros de flete. Solo el traslado al puerto cuesta tres mil dólares por contenedor, mientras que el flete marítimo a Malasia cuesta quinientos”, detalló Navajas, subrayando la necesidad de soluciones logísticas.

Las Marías busca replicar en la foresto-industria el esquema que la consolidó en el agro: control de toda la cadena, desde la plantación hasta el producto final seco y clasificado.

La empresa cuenta con certificación FSC de manejo forestal responsable y aplica prácticas de sustentabilidad basadas en el uso racional del recurso, mejoramiento genético y mecanización. Los turnos de corta varían entre 18 y 25 años, bajo criterios ambientales y sociales.

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Un viaje al corazón de Pindó: energía al mundo

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La madera produce una extraña melodía al salir de la cinta y chocar con otras piezas idénticas. La cinta no se detiene. El movimiento dentro de la enorme planta, tampoco. Hay otros ruidos más potentes. La sierra, troncos transformándose. Cientos de operarios concentrados cada uno en su tarea. Algunos parapetados tras los monitores controlando que cada paso se cumpla a la perfección. Es una planta enorme, que alberga a unos 600 trabajadores que hacen de Pindó una potencia que gana presencia en el mundo.

Pese a las toneladas de madera trabajadas hora a hora, Pindó no es una empresa que pueda clasificarse sencillamente como forestal. Desde su génesis, con la fusión de diversas empresas de Puerto Esperanza, allá por 1976, la empresa liderada ahora por los hermanos Rafael y Andrés Scherer, es forestal, pero también yerbatera. Además custodia bosque nativo y casi “por diversión”, comenzó una “pequeña” producción de árboles frutales. Es también modelo de eficiencia energética, con su planta de generación por biomasa, que fue reconocida por la ONU y que le valió la emisión de más de 40 mil certificados de reducción de emisiones que ahora puede negociar en el mercado global. Pindó es todo eso. Y trabaja para completar el ciclo de la economía circular con el aprovechamiento de los últimos residuos de la biomasa forestal, que se vuelven a aprovechar como bioinsumos.

Fundada en 1976 por descendientes de inmigrantes suizos, la compañía está a punto de cumplir medio siglo con una estructura integrada que combina su propio vivero, yerba, energía y gestión ambiental, y un impacto productivo que la posiciona entre las empresas más innovadoras del país.


Pindó nació con el impulso pionero de reforestar con pino, araucaria y yerba mate, y hoy maneja plantaciones propias y de terceros, con una división de I+D que combina genética, eficiencia industrial y economía circular. El cuidado del suelo es clave en todo el proceso.
El vivero, que hace diez años llegó a ser el más grande del mundo en producción de yerba mate, alcanzó un récord de cuatro millones de plantines anuales entre pino y yerba. “Vivimos del campo y del monte, por eso la sustentabilidad no es una estrategia: es una forma de vida”, resume Rafael Scherer, uno de los hermanos al frente de la firma.

La compañía emplea 620 trabajadores en forma directa e indirecta -es el segundo empleador de Puerto Esperanza- y articula con 600 proveedores activos, en una red que abarca desde pequeños productores hasta gigantes forestales como Arauco, a la que le provee chips.
Pindó produce 7000 toneladas anuales de yerba propia, con 739 hectáreas cultivadas, de las cuales 168 son orgánicas. “Hacemos yerba desde 1990, con secadero propio, y mantenemos una relación comercial de más de 25 años con la cooperativa Colonia Liebig,”, detalla Scherer. La cooperativa correntina, con su marca Playadito que es líder en el mercado, hoy le compra más del 90 por ciento de la producción yerbatera.


La empresa diversificó además su matriz agroindustrial con cuatro hectáreas de maracuyá y una de frutos rojos, que generan 110.000 kilos de fruta y 40.000 kilos de pulpa congelada al año. “Incorporamos esta línea porque creemos que el futuro también pasa por los alimentos de origen natural y local, con trazabilidad y valor agregado”, explica.

“Es muy divertido y va muy con la filosofía de la empresa, que es darle valor a los productos de la tierra sin dañar el medio ambiente. Básicamente empezó como un proyecto de de frutas tropicales, de frutas locales, tenemos pitanga, maracuyá, darle valor a eso y después se fueron agregando otras frutas. La idea es que esto crezca y que tengamos un grupo de productores que nos acompañe y que tenga más margen bruto por hectárea de lo que puede hacerlo con un cultivo tradicional. Por ahí la limitante es que los mercados son un poco chicos y entonces no puedes crecer demasiado ni rápido. Pero manejándolo bien, creo que podemos llegar a hacer un lindo proyecto”, detalla Scherer.

El salto energético: de la biomasa al carbono

La creación de Pindó Eco-Energía, en 2016, marcó un antes y un después. La planta transforma los residuos del aserradero y del proceso forestal en energía limpia. “Aprovechamos la biomasa que antes quedaba acumulada y contaminaba”, señala Ana Lucía Ortiz, coordinadora de gestión del cambio.
La compañía genera 3.700 kWh por hora, con una capacidad instalada de 4 megavatios, de los cuales 2 megas se inyectan de manera constante al sistema eléctrico nacional. En nueve años, la planta produjo más de 225.000 megavatios, consolidando un modelo energético autosustentable.

El impacto ambiental fue verificado por la ONU: Pindó obtuvo 43.803 certificados de reducción de emisiones (bonos de carbono) bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el primer proyecto de este tipo en Argentina.


“Cada bono representa una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera -explica Ortiz-. Aspiramos a venderlos a unos 15 dólares por unidad, aunque el valor dependerá de la demanda y del volumen que necesite compensar el comprador. No se trata solo de una cuestión económica, sino de validar internacionalmente una forma de producir energía limpia desde Misiones”.

Con esos bonos, Pindó aspira a sumar una nueva fuente de ingresos vinculada directamente al impacto positivo de su operación. “Es un reconocimiento a nuestro trabajo, pero también una señal para otras empresas argentinas: se puede competir globalmente desde un modelo sustentable”, agrega Ortiz.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

Ese círculo se completa con el biochar, un subproducto obtenido del residuo forestal carbonizado que se reincorpora al suelo como bioinsumo, mejorando su fertilidad y reduciendo la huella ambiental.
El biochar es un carbón vegetal producido a partir de biomasa orgánica, como restos de madera o agrícolas, mediante un proceso termoquímico llamado pirólisis en ausencia de oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda para el suelo, mejorando su fertilidad, capacidad de retener agua y nutrientes, y como un método para secuestrar carbono de la atmósfera. “Nada se pierde: todo vuelve a la tierra”, dice Scherer.

Pindó logró multiplicar por catorce su facturación inicial, manteniendo una gestión integrada que va del árbol al producto final. La empresa trabaja sobre “los mejores suelos de la provincia”, con un rendimiento promedio de 36 metros cúbicos por hectárea, por encima del estándar nacional (25-30 m³/ha).
“Usamos semillas de Australia y, junto al INTA, desarrollamos un híbrido local de alto rendimiento”, explica Scherer. “Logramos un 52 % de aprovechamiento del rollo, lo que significa 155 pies por tonelada (el resto se transforma en chips). Procesamos entre 30 y 35 equipos por día, unos 1.800 rollos por turno de 12 horas”.

En el aserradero, la producción se orienta a mercados globales exigentes -la empresa mantiene presencia en China, Estados Unidos, Canadá, México, India y Vietnam-. “Exportamos madera rústica a China y al sudeste asiático, que luego vuelve a Estados Unidos más barata”, relata el empresario. Además, aunque reconoce que hay una ventana de oportunidades, todavía no sienten el efecto de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump a Brasil, un competidor directo. “Es un ciclo global extraño -admite Scherer-, pero hoy los precios internacionales están bajos y la demanda floja. Todavía no sentimos el efecto de los aranceles, aunque el mercado sigue inestable”.

Scherer no elude la situación económica del país al analizar el flujo de producción y asegura que uno de los problemas de la Argentina es que “fluctúa demasiado”.

“Se va a la derecha, a la izquierda, se va a expansión monetaria, después se va a retracción y como empresa es muy difícil manejarse en contextos tan cambiantes. Pero hoy por hoy todo el mundo está así, así que capaz el mundo se estuvo argentinizando. Hoy estamos en todos lados, así”, analiza.

Durante la entrevista con Economis, Scherer menciona en varias oportunidades la filosofía de la empresa. Y no es otra que siempre ir “corriendo las metas”.

“El éxito no se mide en cómo estás ahora. Hoy se podría decir que estamos donde queríamos estar y estamos viendo a dónde queremos estar más adelante”, argumenta. “Uno tiene que ser inconformista. Lo que tenés que disfrutar es el camino y no la meta. La meta es es un punto para pararte y para mirar a dónde vas a seguir yendo, pero no no es que llegaste a algún lado y tienes que estar conforme”.

Reservas, biodiversidad y visión de futuro
Además del complejo industrial, Pindó administra cuatro reservas prioritarias de conservación que protegen ecosistemas nativos en la zona norte de Misiones. Allí se aplican planes de manejo sostenible que combinan regeneración natural y conservación de biodiversidad.

“Las araucarias nos dieron de comer -recuerda Scherer-. Son parte de nuestra historia. Pero el futuro exige eficiencia y adaptación: el romanticismo no alcanza si la industria pide otra cosa.”

Con una estructura diversificada y una fuerte inversión en innovación, Pindó consolidó un modelo productivo donde la eficiencia energética, la reforestación certificada y la investigación científica son parte de un mismo sistema.

“Todo lo que hacemos, lo hacemos al revés -bromea Scherer-. Pero si eso significa probar, aprender y crecer, entonces vale la pena”.

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La FAO reconoce a la Asociación Forestal Argentina por su sistema de certificación laboral

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La Asociación Forestal Argentina (AFoA) fue distinguida con el Reconocimiento Técnico Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el área de producción y protección forestal sostenible.
El galardón destaca la efectividad del sistema argentino de certificación de competencias laborales, un modelo que transformó la seguridad, la productividad y la profesionalización del trabajo forestal en el país.

El reconocimiento fue entregado durante la Ceremonia Global de Reconocimiento Técnico realizada el 15 de octubre de 2025 en la sede de la FAO en Roma, Italia, en el marco de las celebraciones por el 80º aniversario de la FAO y del Foro Mundial de la Alimentación (World Food Forum).
De las más de 340 nominaciones provenientes de más de 100 países, la iniciativa argentina fue elegida por su impacto, solidez técnica y potencial de replicabilidad a escala global.

El sistema de certificación implementado por AFoA, en conjunto con la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y la UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), cambió de raíz el enfoque de capacitación en el sector.
La metodología reconoce las competencias adquiridas en el puesto de trabajo e integra estándares de seguridad, promoviendo un diálogo permanente entre empresas, trabajadores y el Estado.

Gracias a esta política, el índice de accidentes laborales en el sector forestal argentino se redujo de 195 por cada 1.000 trabajadores en 2007 a 68 por cada 1.000, equiparando los niveles de riesgo al promedio del sector agropecuario.
Este descenso histórico posicionó al país como referente en buenas prácticas laborales forestales a nivel internacional.

Desde su implementación, el sistema ha mostrado resultados medibles y sostenibles:

  • 19 normas de puestos laborales desarrolladas.
  • Más de 8.000 trabajadores forestales evaluados.
  • Más de 100 evaluadores formados en todo el país.

Además, el programa revaloriza el conocimiento empírico y dignifica la experiencia laboral, fortaleciendo la empleabilidad y la formación continua.

El modelo argentino está alineado con la visión de la FAO de promover un trabajo forestal decente, seguro e inclusivo, en línea con su Plan de Acción Forestal 2024-2030.
Incorpora la participación de comunidades originarias, que actúan como evaluadoras de biodiversidad y transmisoras de saberes ancestrales, y se aplica también en áreas críticas como el manejo del fuego y la extensión rural.

El sistema utiliza estándares internacionales, entre ellos el Repertorio de la OIT sobre seguridad y salud en el trabajo forestal, lo que facilita su replicación en otros países.

“Un modelo que pone a las personas en el centro”

La directora ejecutiva de AFoA, Claudia Peirano, subrayó el valor del reconocimiento internacional: “Este reconocimiento de la FAO es un testimonio del impacto positivo que ha tenido este abordaje por competencias en la formación continua de los trabajadores. Cuando comenzamos en 2007, poner a los empleadores, los trabajadores y la seguridad en el centro del sistema permitió una reducción histórica de los accidentes y una rápida transferencia de mejores prácticas. Este premio valida el modelo argentino y demuestra que puede ser replicado globalmente”.

Trabajo conjunto y compromiso sectorial

El logro de AFoA refleja un trabajo articulado entre el sector privado, los sindicatos y el Estado, con el acompañamiento de:

  • AFoA (Asociación Forestal Argentina)
  • UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores)
  • Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
  • Empresas forestales y contratistas
  • Equipos técnicos de evaluadores y formadores por competencia
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A un año del RIGI, el NEA quedó afuera del mapa de inversiones

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El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aprobado por el Congreso en el marco de la Ley de Bases, cumple un año desde su apertura para la presentación de proyectos. En este primer balance, el dato más llamativo es que ninguna provincia del Nordeste Argentino (NEA) —Misiones, Corrientes, Chaco ni Formosa— presentó proyectos ni recibió inversiones aprobadas dentro del programa.

El informe “RIGI y Escenarios Globales”, elaborado por el Centro de Estudios de Gobernanza Global de la Universidad Austral, analizó los primeros doce meses de implementación y reveló que las inversiones se concentraron en el NOA, Cuyo, Patagonia y el centro del país, dejando al NEA completamente fuera del esquema, pese a que provincias como Misiones adhirieron por ley a la propuesta.

Hasta la fecha, el RIGI recibió 20 presentaciones por un total de USD 34.422 millones, de las cuales 8 fueron aprobadas por el Ministerio de Economía, 1 fue retirada y 11 permanecen en evaluación.
De ese total, el 65% de los montos presentados corresponde a proyectos mineros y el 33% a proyectos energéticos, mientras que el resto se vincula con siderurgia e infraestructura.

La lista de proyectos aprobados evidencia una marcada concentración territorial: San Juan, Catamarca, Salta, Mendoza, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires reúnen la totalidad de las inversiones aprobadas. En cambio, ninguna provincia del NEA figura en el registro, ni siquiera en etapa de evaluación.

Ocho proyectos aprobados, cero en el NEA

Los proyectos que obtuvieron luz verde suman USD 16.285 millones, y se distribuyen principalmente en los rubros de energía y minería. Entre ellos figuran el Oleoducto Vaca Muerta Sur, el Buque de Licuefacción en Río Negro, el Parque Solar El Quemado en Mendoza, el Parque Eólico Olavarría, y tres desarrollos mineros en Catamarca, Salta y San Juan.
En todos los casos, se trata de emprendimientos de gran escala vinculados a hidrocarburos, cobre y litio, sectores priorizados por el régimen.

El Noreste Argentino, pese a su potencial en energías renovables, forestoindustria y turismo, no registró proyectos presentados ni evaluados, lo que refleja una desigual distribución territorial de las oportunidades de inversión promovidas por el RIGI.

Un régimen que no tracciona en sectores estratégicos del Norte

El estudio también advierte que, a un año de su lanzamiento, el RIGI no logró activar inversiones en sectores que el propio marco legal consideraba prioritarios, como la forestoindustria, la tecnología y el turismo, actividades de fuerte peso en la estructura productiva del NEA.

En contraposición, el esquema mostró alta adhesión en provincias mineras y energéticas, donde grandes corporaciones internacionales —como Glencore, Río Tinto, McEwen Copper, YPF, Shell y Golar LNG— concentran las iniciativas presentadas.

Para los especialistas, esta asimetría expone la necesidad de un abordaje más federal en la política de atracción de inversiones y una estrategia que integre las economías regionales a los grandes flujos de capital que el RIGI busca movilizar.

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