Lula lanza un plan federal contra el crimen organizado y pone el foco en las fronteras con Paraguay y la Amazonia
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, presentará este martes en el Palacio del Planalto el programa federal “Brasil contra el Crimen Organizado”, una estrategia integral de seguridad pública que busca debilitar las estructuras criminales desde su base financiera, reforzar el sistema penitenciario y profundizar la cooperación regional contra el narcotráfico y el tráfico ilegal de armas.
La iniciativa llega en un momento de creciente preocupación por la expansión del Primeiro Comando da Capital, considerado el grupo criminal más poderoso de Brasil y uno de los principales actores del narcotráfico en América del Sur, con fuerte presencia en zonas de frontera con Paraguay, Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela.
La ceremonia contará con la participación del ministro de Justicia y Seguridad Pública, Wellington César Lima e Silva, además de autoridades policiales y representantes de gobiernos estaduales.
Desde el Palacio de Planalto explicaron que el programa fue diseñado junto a los estados, especialistas y fuerzas de seguridad, con el objetivo de “golpear las bases económicas, operativas y sociales de las organizaciones criminales”, y avanzar hacia una política estructural que supere la lógica de operativos aislados.
El Gobierno brasileño considera que destruir el poder económico de las facciones criminales es el principal punto de ataque. El foco estará puesto en el lavado de dinero, la trazabilidad financiera y la desarticulación de los circuitos económicos ilegales que sostienen al narcotráfico y otras economías criminales.
“También necesitamos destruir el potencial financiero del crimen organizado y de las facciones”, sostuvo Lula.
Lula fue contundente al respecto tras su reunión bilateral con Donald Trump: “La mayoría de las armas que capturamos de contrabando en Brasil vienen de Estados Unidos. Si quieren conversar seriamente, Brasil tiene propuestas para hacer que las cosas sucedan”.

Uno de los puntos centrales del nuevo esquema será la consolidación de una base estratégica en Manaos, desde donde Brasil ya articula operaciones conjuntas con policías de distintos países sudamericanos.
La base funcionará como centro regional de coordinación contra el narcotráfico, el tráfico de armas y las redes criminales transnacionales que operan especialmente en la Amazonia y las fronteras sensibles.
“Nuestras aduanas ya están cooperando en este sentido. Creamos una base en la ciudad de Manaos con la participación de representantes de las policías de países de América del Sur”, explicó Lula.
La intención de Brasil es consolidar una suerte de bloque regional de seguridad con liderazgo sudamericano, en paralelo al avance de la estrategia estadounidense conocida como Escudo de las Américas.
Paraguay y la frontera caliente
El crecimiento del PCC en zonas como Pedro Juan Caballero, Ponta Porã, Amambay y Mato Grosso do Sul volvió a colocar a la frontera con Paraguay en el centro de la agenda.
La expansión criminal en esos corredores impacta directamente en toda la región, incluida la frontera argentina del NEA, donde el control de rutas logísticas ilegales se vuelve cada vez más sensible.
Para provincias como Misiones, que comparten una dinámica fronteriza intensa con Brasil y Paraguay, el endurecimiento del control regional puede tener implicancias directas en materia de seguridad, comercio y cooperación internacional.
La presentación del programa también tiene una lectura geopolítica. Tras su encuentro con Trump en Washington, Lula busca mostrar que Brasil no solo quiere cooperar con Estados Unidos, sino también liderar una estrategia propia de seguridad regional.
Mientras Washington avanzó en la catalogación de grupos criminales como organizaciones terroristas -como el Tren de Aragua o Los Choneros- Brasil mantiene una postura más prudente respecto del PCC, aunque coincide en la necesidad de frenar su expansión continental.
La apuesta de Lula es clara: menos discurso y más articulación operativa, con inteligencia financiera, control territorial y cooperación internacional como pilares de una nueva política de seguridad.

