FUNDACIÓN MEDITERRANEA

Perspectivas 2021 para Misiones

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El año 2020 fue un año muy particular debido al impacto económico de las políticas de aislamiento/distanciamiento social implementadas en todo el mundo debido a la crisis sanitaria del Covid19. Dicha crisis, generó problemas a nivel global en la producción, en la demanda, así como también alteraciones en los hábitos de los consumidores.

 En el caso de Argentina, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) dictado a fines del mes de Marzo afectó a la actividad económica nacional, generando que diversos sectores se vieran obligados a detener sus actividades. Sin embargo, a partir de mayo dichos sectores comenzaron lentamente a recuperarse, aunque las dinámicas de recuperación tuvieron variaciones propias que dependieron de cada actividad y rubro.

En primer lugar, si comparamos el acumulado de 7 días de la tercera semana de Diciembre contra los primeros 10 días de Marzo de 2020, se observa una caída del 22,5% en cuanto a los niveles desplazamiento hacia los puestos de trabajo. Sin embargo, la movilidad de puestos de trabajo ha tenido una tendencia a crecer desde los mínimos de Abril, y hay una recuperación de los puestos. En los últimos Meses, ha habido un crecimiento hasta llegar a los niveles de movilidad de puestos de trabajos previos a la pandemia.

En segundo lugar, se aprecia una caída del 17,9% en cuanto a la cantidad de personas que concurrieron a centros de entretenimiento y de compra. A pesar de ello, si comparamos los primeros 10 meses de 2020 contra los primeros 10 meses de 2019, se observa que el total de las ventas en los supermercados para el período ha subido un 38,6%, pero al ajustar las ventas por inflación, según estimaciones propias, se observa que estas disminuyeron un 3,5%, mostrando un posible cambio de tendencia en los patrones de consumo de las personas. Por otra parte, si bien la masa salarial ha crecido un 36,6% durante el mismo período, la inflación anualizada a septiembre fue de un 40,8%, apreciándose una caída en el poder adquisitivo de las personas.

Esto datos nos muestra que, si bien hubo una pequeña caída en el Salario Real, los niveles de ventas disminuyeron muy poco a pesar de que se desplazó menos gente hacia las tiendas. Este cambio en el patrón de compras se debió principalmente a los diversos protocolos que han aplicado los supermercados para el Ingreso a los salones de ventas, concentrando la compra en una menor cantidad de personas dentro del grupo familiar. 

En lo que refiere al consumo de bienes durables, se destaca la fuerte caída que sufrió el sector automotriz en Abril de 2020. Al compararlo contra el mismo período de 2019, en Misiones se aprecia una caída del 85% en el patentamiento de autos. A su vez, al comparar el acumulado de los primeros 11 meses del año 2020 contra el mismo período del 2019, se observa que aun cuando hay una recuperación importante en los últimos meses, los valores anuales acumulados nos muestran una fuerte caída en Misiones, siendo esta caída de patentamiento de un 13%, pasando a patentarse por mes de 747 a 695 unidades en promedio. En el caso de despacho de cemento portland en toneladas, si se compara el acumulado de los primeros 11 meses de 2020 contra el mismo período de 2019, se aprecia que esta variable creció un 12% con respecto al año pasado.

Cabe destacar la gran recuperación de estos 2 últimos sectores que tuvieron desde Abril a Noviembre, que en principio obedeció a que, al haber una brecha cambiaria entre el dólar oficial y el dólar informal, los inversores consideraron que los autos y el costo de construcción valuados al dólar informal estaban accesibles todo esto sumado a las restricciones vigentes a comprar divisas.

Por último, en lo que refirió el sector exportaciones, se observó una caída del 15,1% y del 0,4% en los montos exportados de Té y Yerba Mate respectivamente. En el caso del Té, la caída se debió a que el principal demandante de este producto de Argentina, es Estados Unidos, que importa Té Negro a granel para el consumo de las bebidas heladas. Las políticas de distanciamiento social, ocasionaron que haya menos salidas hacia bares y restaurantes, generando una disminución en el consumo de Té de Estados Unidos.

Como consecuencia de todo lo anterior, es notable el crecimiento de la recaudación de ingresos brutos en la provincia de Misiones, siendo esta de un 77% (considerablemente mayor a la inflación registrada en el último año). Las razones que explican esta dinámica son principalmente tres. En primer Lugar, el efecto que conllevó tener las fronteras cerradas ocasionó que muchas compras que antes se realizaban en países limítrofes ahora se realizan en la provincia de Misiones. En segundo lugar, la matriz productiva de esta provincia se centra en la producción de bienes agrícolas y alimentos, sectores que estuvieron exceptuados del aislamiento con protocolos de funcionamiento vigentes prácticamente desde el inicio. Finalmente, también es relevante el hecho de que en la provincia de Misiones la cantidad de casos de COVID19 detectados hasta el momento son muy pocos, con lo cual se han aprobado numerosos protocolos de funcionamiento de actividades económicas.

Analizando las proyecciones de crecimiento para el 2020, organismos internacionales proyectan para este año que está finalizando una caída de actividad superior al 10% para nuestro país, mientras que para el 2021 se prevé un crecimiento de apenas 4/5%, lo cual implica que para recuperar niveles los previos de actividad económica deberemos esperar al menos 2 o 3 años más.

A su vez, la recuperación de la economía durante 2021 claramente dependerá de la evolución de la pandemia, pero además también se caracterizará porque los sectores que han podido adaptarse más rápidamente al trabajo online y las nuevas tecnologías basadas en la conectividad seguramente serán mucho más dinámicos que aquellos rubros más tradicionales y sean dependientes de las aglomeraciones y movilidad de las personas. Obviamente esto implica desafíos muy importantes, pero también oportunidades para aquellos dispuestos a adaptarse e innovar.

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La rebelión de los años impares

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En el largo ciclo de “stop and go” de la década de estanflación por la que atraviesa la Argentina, los años impares, en los cuales se realizan comicios presidenciales o de medio término, se habían caracterizado por anotar una inflación inferior a la de cada año previo. Este mecanismo no ha sido una garantía para los oficialismos de turno, pero ciertamente ha sido una herramienta electoral.

 El teorema se cumplió hasta 2017, pero en 2019 el gobierno de Cambiemos no pudo evitar que la variación del IPC resultara 20 puntos superior a la del año anterior, con los resultados conocidos. La actual gestión aspira a retomar la tradición, y en el Presupuesto prevé que la inflación de 2021, con un 29 % proyectado, resulte inferior a la de 2020. Sin embargo, la macroeconomía no es consistente con una desaceleración de la inflación, por lo que esta expresión de deseos del oficialismo, si se mantiene como prioridad, sólo puede deparar mayor represión en el funcionamiento de los mercados. 

En realidad, frente al aumento del desempleo y el derrumbe de la inversión, se requiere un replanteo de las políticas, asignando a la política fiscal el rol de ancla para evitar una espiralización de la inflación, recuperando condiciones para el despliegue de la actividad privada. La confianza se reconstruye sobre la base de diagnósticos realistas.

La brecha cambiaria, instalada en el entorno del 100 %, es el síntoma más evidente de los desequilibrios macroeconómicos que habrán de empujar con más fuerza a la inflación. Desde diciembre, el Banco Central emitió 1,9 millón de millones de pesos para financiar al Tesoro, a un ritmo anualizado equivalente a 9,5 puntos del PIB y, para moderar el impacto inflacionario, absorbió una fracción significativa a través de pases y Leliq. Así, sus pasivos que devengan interés se incrementaron al ritmo anualizado de 5,3 % del PIB.

De cara a 2021, al flujo de pesos a favor del Tesoro hay que añadir el “déficit cuasifiscal” en cabeza del BCRA. Con el limitado aporte del Presupuesto 2021 a la reducción del rojo estatal, hay que esperar que la emisión de pesos alcance el año próximo a 7 puntos del PIB, incluyendo intereses de Leliq. Habrá severas limitaciones para absorberlos, ya que hacia fin de este año los pasivos remunerados del Central (pases más Leliq) habrán de aproximarse a 11 % del PIB, un guarismo que dispara las alarmas: la crisis de 2018 se desencadenó cuando el stock de Lebacs alcanzó ese umbral. 

La base monetaria amplia, que incluye los pasivos remunerados, está subiendo al 90 % interanual, por lo que no es casualidad que el “dólar bolsa” y el CCL se hayan más que duplicado en doce meses. No puede entenderse la pérdida de reservas del Central sin reparar en la brecha cambiaria, con un dólar libre cuyo precio se define en el plano monetario. De cara a 2021, y dadas las condiciones descriptas, la expansión monetaria tendría un piso del 60 %, por lo que no sorprende que en la encuesta que realiza el BCRA entre consultores la inflación prevista para 2021 se ubique en 47,5 %. Cabe advertir que ese sería un “buen escenario”, bajo las condiciones actuales.

Detrás de los desequilibrios está la cuestión fiscal, que en realidad es un problema de gasto público, dado lo insustentable de la carga impositiva. Al margen de las presiones inflacionarias, cabe destacar tres dimensiones: 

– Entre 2003 y 2015, el empleo público y las moratorias jubilatorias fueron utilizadas como “sustituto” de la falta de empleo privado. En el presente, con 21 millones de personas que reciben transferencias del estado, esta política ha tocado su límite justo cuando la tasa de desempleo se ha disparado, amenazando con un nuevo piso de 15 %. Sólo el sector privado podrá revertir este fenómeno. 

– Desplazar el eje a favor del empleo privado obliga a pensar en competitividad. Pero la expansión del gasto público, por encima de ciertos límites, genera atraso cambiario. Un gasto primario (sector público nacional) que no erosione la competitividad podría estar en torno a 75 mil millones de dólares (oficiales), como el de 2019. 

Sin embargo, según el Presupuesto 2021, esas erogaciones se ubicarían en 84 mil millones. Llevar el gasto al nivel de 2019 exige más austeridad, o un tipo de cambio más alto. En lugar de un dólar a fin de 2021 de 102,4 pesos como dice el presupuesto, una paridad en torno a 125 pesos.

– La tercer vertiente tiene que ver con la política fiscal y su impacto en el crédito público. Este año hay un recorrido paralelo entre Ecuador y la Argentina, por la reestructuración de la deuda y las negociaciones con el FMI y, sin embargo, a pocas semanas de dos canjes exitosos, el riesgo país de la Argentina es 400 puntos superior. Nuevamente, esto responde a diferentes grados de compromiso fiscal. 

Para 2021, Ecuador se propone llevar el déficit primario del sector público a 1,3 puntos del PIB, pero la Argentina quedaría en 4,2 puntos, pese a que el rojo de 2019 era similar en ambos países. El grueso de la diferencia tiene que ver con un gasto público que en nuestro país apunta a ubicarse en 2021 cerca de 3 puntos del PIB por encima de 2019. 

La drástica suba del desempleo y la destrucción de la inversión deberían ser suficientes argumentos a favor de un cambio en el centro de gravedad de la política económica, pasando a poner eje en la recuperación del sector privado y asignando a la política fiscal el rol de ancla para la inflación y la reducción del riesgo país. 

Por la mayor inflación, la recaudación de 2021 será superior a la presupuestada: alimentar con ese plus un fondo que acumule ahorros para los vencimientos de deuda futura, sería un gran aporte a la reducción del riesgo país. Este replanteo debería involucrar a la política cambiaria, para alinear el gasto público en dólares (oficiales) con el de 2019 y, al menos, eliminar las trabas para el funcionamiento del “dólar bolsa” y el CCL.

Pese a estas evidencias, la agenda oficial sigue incluyendo el “Impuesto a la Riqueza”, que cae sobre activos productivos e ignora los pasivos para su computo. Más que un impuesto, es una proclama anti-inversión. El Congreso debería evaluar alternativas, como la Ley de Inversiones en Bonos Solidarios bosquejada por Amadeo Vázquez. Sería obligatoria para los tenedores de Bienes Personales de más de 500 millones de pesos a fin de 2020, netos de activos productivos y de las deudas. Quienes resulten alcanzados, deberían invertir una fracción de su patrimonio en bonos provinciales (1/4 del total), nacionales (1/4) y privados (2/4), amortizables en 3 ó 4 años. En ese caso, el aporte solidario podría ser un aliado de la inversión.

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Camas UTI ¿Cuál fue el progreso de equipamiento por provincia tras casi seis meses de cuarentena?

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Informe de Laura Caullo y Azul Chincarini de la Fundación Mediterránea-IERAL sobre como se prepararon durante la pandemia las provincias

• La cantidad de camas de unidad de terapia intensiva (UTI) representa un importante dato a seguir como medida de disponibilidad de recursos para la atención de pacientes en centros hospitalarios. Antes de la pandemia, Argentina contaba con 8.584 camas de terapia intensiva. Actualmente, se registran 12.023 camas UTI.
• Para analizar este dato, se tienen en cuenta distintas métricas: la cantidad de camas UTI cada 10.000 habitantes, cada 1.000 personas mayores a 65 años y cada 1.000 contagios. Esta última métrica, resulta la más alarmante donde Argentina sólo tiene capacidad para proveer con cuidados intensivos al 3,7% de los contagios, cuando en promedio, se espera que el 5% de los pacientes sean críticos
• Aquí aparecerían como más complicadas: Buenos Aires (18 camas UTI cada mil contagiados), Mendoza (21), Jujuy (22), Río Negro (24), Santa Cruz (31) y Santa Fe (37)
• Por último se destaca el esfuerzo de cada provincia en incrementar su número de camas UTI en los seis meses de cuarentena y distanciamiento social. Las provincias que duplicaron e incluso triplicaron su cantidad de camas, fueron aquellas que comenzaron el año con un número precario, como Tierra del Fuego, que de 20 camas pasó a 70. Las demás jurisdicciones aumentaron sus camas en un promedio del 40%

Tras registrarse los primeros 100 casos de coronavirus COVID-19 en el territorio argentino, el confinamiento obligatorio comenzó a regir a partir del viernes 20 de marzo. En el día de hoy, a seis meses de cuarentena y de convivencia con el virus, cabe preguntarse cuál fue el progreso de cada provincia a la hora de equiparse para atender a los pacientes en condiciones críticas. De esta manera, la cantidad de camas de terapia intensiva se constituye como uno de los datos más importantes a seguir.

Argentina, antes de ser abatida por la pandemia poseía una razón de 1,9 camas de terapia intensiva cada 10.000 habitantes. Actualmente, existen 2,6 camas UTI cada 10.000 argentinos. A su vez, si se considera la población de riesgo, existe un total de 2,3 camas cada mil personas mayores a 65 años.

Bajo esta última métrica, Tierra del Fuego (6,7) y Catamarca (6,5) se posicionan como las provincias con mayor capacidad para atender a los adultos mayores de su población, mientras que Mendoza (1,4), Entre Ríos (1,5) y Buenos Aires (1,5) se colocan en la base de este ranking. De hecho, si se considera el Área Metropolitana bonaerense (CABA + Buenos Aires), la razón de 2 camas UTI cada mil adultos mayores se ubica debajo del total del país.

A fines de marzo, se contabilizaron 8.584 camas de terapia intensiva, donde el 50% de las camas eran concentradas por las jurisdicciones de Buenos Aires (2.862), CABA (1.173) y Córdoba (1.020). Seis meses después, se registran 12.023 camas y dicha concentración se mantiene

Según la OMS, el 5% de los contagios de COVID-19 requerirán cuidados intensivos. Esto significa que cada 1.000 contagios, 50 requerirán una cama UTI. Considerando la cantidad de infectados desde el 22 de agosto al 22 de septiembre, nuestro país cuenta con 37 camas cada mil contagios, lo que implica que Argentina solo tiene la posibilidad de proveer cuidados críticos al 3,7% de los contagiados, siendo heterogénea la situación entre provincias.

Aquí aparecerían como más complicadas: Buenos Aires (18 camas UTI cada mil contagiados), Mendoza (21), Jujuy (22), Río Negro (24), Santa Cruz (31) y Santa Fe (37).

Por último, cabe destacar el progreso de cada provincia al incorporar este tipo de camas. El AMBA adquirió alrededor de 1142 camas UTI, un 25% más de lo que poseía a principio de año. Provincias como Tierra del Fuego, Neuquén, Catamarca y Tucumán duplicaron y hasta triplicaron la cantidad de camas de terapia que disponían en un principio. Así, pasaron de poseer entre 1,2 y 2 camas de terapia intensiva cada diez mil habitantes, a disponer entre 4 y 6 camas bajo la misma métrica.

Cabe destacar que la cantidad de camas críticas y de terapia intensiva registradas se contabilizan al mes de julio. Los esfuerzos de las provincias para incrementar su capacidad hospitalaria frente a la amenaza de un colapso sanitario han persistido. Sin embargo, no se presentaron grandes avances entre los meses de julio y septiembre.

A modo de cierre, se resalta la ocupación de camas UTI en la última fecha registrada del 22 de septiembre. En AMBA la ocupación fue del 65,9% y a nivel nacional del 60,4%. A su vez, se registraron 470 muertes en la fecha mencionada, sumando un total de 13.952 fallecidos por coronavirus COVID-19 en el país.

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Para recuperarse en 2021, es clave el aporte del agro a la economía; ¿qué podemos esperar?

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Informe de la Fundación Mediterranea IERAL, a cargo de Juan Manuel Garzón.

• En el actual contexto la actividad agropecuaria se posiciona como un sector importante en un eventual y anhelado proceso de recuperación económica, tal como sucediera en la salida de la crisis 2001/2002, lo que exige prestar mayor atención que la usual a los principales factores que influirán en el resultado productivo y en el efecto multiplicador del ciclo agrícola 2020/2021
• En el tablero del clima, por la inusual ausencia de lluvias en ciertas regiones y cierta probabilidad de un evento climático Niña, se están encendiendo algunas luces amarillas, que pueden cambiar de color y complicar el avance la campaña. En cuanto a los precios internacionales, si bien resisten en la crisis global y se han verificado algunos aumentos, sigue habiendo riesgos de reversión; vale recordar que en el período 2002/2003 la soja subió 70% (punta a punta), facilitando la recuperación de la economía en aquel entonces, fenómeno que difícilmente se repita
• Finalmente, habrá que seguir con mucha atención la situación cambiaria, la política tributaria y las acciones que se llevan adelante para contener la inflación y mejorar el ambiente para hacer negocios. Los precios relativos internos de los granos no están en niveles muy bajos, pero tampoco disponen de mucho margen como para absorber un retraso del tipo de cambio o mayores impuestos; sería importante que no se deterioren en estos próximos meses, al menos si se pretende que la próxima siembra de granos gruesos, que debe definirse en el último cuatrimestre del año, sea lo suficientemente potente como para ilusionarse con una buena cosecha en el 2021

Entre noviembre de 2017 y mayo de 2020, fechas que comprenden un período de 31 meses, la economía argentina se contrajo un 25,8% según la medición que INDEC realiza a partir del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). No hay registros, al menos relativamente contemporáneos, de una depresión de esta magnitud, ni siquiera en la gran crisis previa, todavía fresca en la memoria colectiva, de los años 2001/2002; en esta última depresión, y considerando un período también de 31 meses, desde diciembre de 1999 a junio de 2002, cuando la economía ya iniciaba su recuperación, la contracción fue del 17,2%.

En el plano sectorial, y comparando el nivel de actividad de este año con el del 2017 (primeros 5 meses), los sectores que aparecen más afectados por la crisis económica son la construcción, hoteles y restaurantes, actividades de servicios varias, la industria y la actividad comercial; estas actividades económicas han operado este año entre un 20% y un 40% por debajo del nivel que mostraban hace 3 años atrás. La actividad agropecuaria, por su parte, es una de las que mejor posicionada se encuentra, sólo presenta un ajuste del 6% en este período.

¿Contribuirá el ciclo agrícola 2020/2021 a la salida de la crisis?

En las salidas de todas las crisis económicas importantes, el agro siempre ha tenido una participación relevante, particularmente en aquellas regiones del país donde la actividad es más fuerte.

De acuerdo a Cuentas Nacionales, el agro genera en forma directa el 8% de la riqueza nueva que se genera cada año, pero este porcentaje se duplica (y más) en las provincias pampeanas y además se expande si en la medición se incluyen todos los efectos económicos indirectos que deben atribuirse al sector (ventas de maquinaria, de combustibles, de servicios de transporte, de productos químicos, etc.).

Si bien se trata de un sector heterogéneo, con muchos matices, donde los productos se distribuyen entre el mercado interno y externo con diferente intensidad (por caso, la soja no sigue el mismo camino que el tomate), es un hecho que éste se encuentra, en términos relativos, más aislado de los vaivenes de la demanda interna que las restantes actividades productivas, atributo que le permite no sólo sostenerse cuando ésta última se contrae, por los motivos que fuesen (crisis de confianza, restricción de crédito, inflación y pérdida de poder de compra de los salarios), sino también aprovechar mejor las oportunidades de consumo y de inversión que suelen aparecer en medio de estos procesos tan traumáticos.

Concentrando el análisis en la principal actividad agropecuaria, la producción de granos, debe recordarse que el ciclo agrícola en curso es el 2020/21, que la siembra del trigo y otros cultivos de invierno está lanzada y que la producción dependerá de la evolución del clima y de la tecnología que se aplique en el cuidado y desarrollo de los cultivos en sus distintas etapas. Por otra parte, de acá a un par de meses empieza la siembra de los cultivos de verano, los que se cosecharán entre marzo y junio del 2021, y serán determinantes para consolidar un posible proceso de recuperación económica en el próximo año.

Respecto a lo que puede pasar, hay dos factores, de tipo exógenos, que son determinantes para el sector agropecuario, el clima y los precios internacionales. Aparecen luego los factores domésticos, aquellos que definen los precios relativos internos (tipo de cambio, impuestos y regulaciones específicas) y el ambiente de negocios en general (estabilidad de precios, oferta de créditos, legislación laboral, etc.). Se repasan a continuación algunas de estas variables.

Clima

Se han encendido algunas luces amarillas en el tablero climático, que generan preocupación en cuanto a su impacto sobre el ciclo agrícola 2020/2021. En algunas regiones del país (Córdoba, Santa Fe), el otoño y lo que va del invierno están siendo particularmente secos, poniendo en riesgo la productividad de los cultivos de invierno. En estas regiones mencionadas, el agua disponible en los perfiles se ha reducido en forma considerable y contrasta por caso con la situación que prevalecía a la misma fecha (fines de julio) del año pasado. En mejor condición se encuentran el centro y sur de Buenos Aires, un dato no menor, dado que se trata de la principal zona triguera del país.

Si se considera que el área sembrada de trigo (y los restantes cultivos) probablemente sea igual o menor a la del año pasado y que las condiciones climáticas no están siendo las ideales, el escenario base (o más probable) es de una producción estabilizada o menor a la del último ciclo, proyección que no es por supuesto una buena noticia dadas las necesidades de la economía argentina.

En lo que respecta a los cultivos de verano, maíz, soja, sorgo, etc. un buen punto de partida requerirá de una regularización de las lluvias en los próximos meses (recarga de los perfiles), y luego condiciones favorables en los meses de verano. Una variable que se está monitoreando es el género que adoptará el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation), que el INTA define como un patrón climático recurrente que implica cambios en la temperatura de las aguas en la parte central y oriental del Pacífico tropical, que puede asumir tres fases diferentes: Niño, Neutral y Niña. El punto importante para recordar aquí es que cuando el ENSO converge a una fase Niña suele haber menor frecuencia de lluvias en las principales zonas agrícolas del país. Actualmente los modelos que proyectan la situación que puede prevalecer en los próximos meses (primavera y verano) no son concluyentes y se encuentran en un rango que va desde una fase neutral hasta una Niña débil que, de ser este último el caso, no sería por supuesto muy bienvenida por sus antecedentes históricos.

Precios internacionales

Los precios internacionales de las commodities contribuyeron en la salida de la crisis económica 1999/2002 (y, vale decir, también fueron determinantes en el ingreso a este ciclo económico tan negativo).

Entre enero del 2002 y diciembre de ese mismo año la Soja subió un 30% en el Golfo de México, principal mercado de referencia en ese entonces, traccionada básicamente por una gran suba del Aceite de Soja (+50%, precio FOB Argentina). La cotización de la Harina de Soja (referencia Hamburgo) se mantuvo relativamente estable, mientras que las del Maíz y el Trigo crecieron en 16% y 13%, respectivamente. En el 2003 la Soja volvió a subir fuerte, en ese año un 33%, la Harina, que venía más rezagada, se puso a tono con una gran suba del 47% y también volvieron a subir el Aceite de Soja, el Maíz y el Trigo (15%, 4% y 25%, respectivamente). Es decir, entre enero de 2002 y diciembre del 2003, la Soja y el Aceite de Soja aumentaron un 70%, la Harina de Soja y el Trigo un 40% y el Maíz un 20%.

En el contexto económico global actual, de caída de ingresos generalizada, incertidumbre, desaceleración del comercio y guerra fría entre los dos países que disputan el liderazgo mundial (Estados Unidos y China), parece difícil volver a contar con una ayuda para poder salir de la crisis, como la que se observó en 2002/2003 en materia de suba de precios internacionales de commodities, en particular por la magnitud que tuvo el reacomodamiento de los precios en ese entonces.

Si bien China sigue estando muy demandante de commodities y está siendo clave para sostener los precios, su economía ya no crece como antes, y otros factores muy potentes para traccionar la demanda global que operaron en el pasado, como lo fueron los biocombustibles, no se visualizan en el horizonte del mercado. Si se repara en la dinámica de precios internacionales de los últimos 18 meses (enero 2019 a junio 2020), se encuentra una volatilidad importante, pero con una media relativamente estable, es decir los precios suban y bajan, pero en torno a un valor si se quiere fijo, que parece equilibrar las fuerzas del mercado. Por ejemplo, en el caso de la soja, ese precio está en el orden de los US$ 350 / tonelada. Para tener perspectiva, repetir un fenómeno de suba como el del 2002/2003 exigiría que los valores de la oleaginosa se fuesen por encima de los US$ 550 / ton, una cifra que luce hoy inalcanzable salvo que se produzca un gran problema productivo (sequía) en alguno de los tres líderes del mercado (Argentina, Brasil o Estados Unidos).

En síntesis, el escenario base de precios externos que enfrentará la próxima campaña de granos gruesos (2020/21) debería construirse tomando como referencia valores medios de los últimos dos/tres años que, si bien no son precios bajos, tampoco son lo suficientemente altos como para absorber los elevados costos impositivos que se enfrentan en Argentina y en paralelo garantizar una relación rentabilidad / riesgo lo suficientemente atractiva, sobretodo en algunas zonas agrícolas del país, como para traccionar un flujo importante de inversiones y de apuestas de capital.

Precios relativos internos

Los precios relativos internos son, finalmente, los que terminan definiendo la decisión de los productores, y como se sabe, dependen de la evolución de las cotizaciones internacionales, ya comentadas anteriormente, las políticas cambiarias y tributarias locales, y la dinámica que muestren los restantes precios de la economía (insumos transables, maquinarias y servicios no transables).

Si se repara en el poder de intercambio de la soja, principal cultivo, en términos de una canasta de bienes y servicios de consumo, en lo que va de este año (7 meses) se mantiene en un nivel muy parecido al de los dos años previos (2018 y 2019), levemente por debajo de la media de los últimos 22 años, pero quizás lo más importante, un 30% por debajo del poder de fuego que llegó a tener en el período 2002/2004, y que fue tan importante en aquel entonces para estimular las decisiones de inversión en activos vinculados a la propia actividad agrícola y para traccionar y acelerar la salida de la crisis de otros sectores económicos (construcción, consumo de bienes durables).

En síntesis, los precios relativos internos del principal producto agrícola argentino se mantienen en los niveles de los años previos, que no son bajos en relación a, por caso, los valores que se observaban a fines de la Convertibilidad o en algunos años recientes (2015, 2017), pero que distan ser tan elevados y atractivos como lo fueran allá en la salida de la gran crisis económica 2001/2002. En aquel entonces y a diferencia del contexto actual, el tipo de cambio real se encontraba en niveles bastante superiores y los derechos de exportación, si bien ya eran altos, se aplicaban con tasas menores a las actuales (33% hoy vs 23,5% en esos años).

Apreciaciones finales

La economía argentina necesita salir rápido de la crisis económica, de forma tal que los daños que hoy sufre el tejido productivo y social no se vuelvan permanentes y muy difíciles de sanar.

Ciertas actividades están volviendo a la normalidad, rebotando en términos económicos, caso de la construcción y la industria, a medida que la política de aislamiento obligatorio lo va permitiendo y se va disipando el temor al contagio del virus por parte de la población, particularmente en ciertas franjas etarias. Otras, más vinculadas a los servicios, donde la propuesta de valor se basa en la interacción presencial, se encuentran bastante más comprometidas, y pasarán seguramente muchos meses hasta que puedan recuperar el nivel de actividad de los meses pre-pandemia.

El agro ha tenido siempre un rol importante en los procesos de recuperación, por su menor dependencia a las condiciones de la demanda interna y la naturaleza de los productos que ofrece a los mercados. En la actual crisis y pensando en la salida, la relevancia de tener un ciclo agrícola 2020/2021 exitoso se acrecienta, apareciendo aquí como factores claves, el clima, los precios internacionales y las condiciones generales que ofrece la macroeconomía y la política económica a los productores de bienes y servicios agropecuarios.

El clima, la ausencia de lluvias, el fenómeno ENSO y la probabilidad de una Niña neutral, está prendiendo algunas alarmas y es un factor que deberá monitorearse con atención en los próximos meses. En cuanto a los precios internacionales, si bien resisten en la crisis global y se han verificado algunos aumentos, sigue habiendo riesgos de reversión y claramente no habría que esperar un ciclo de alza de la magnitud como la que se observara allá por 2002/2003 (+70% de suba de la soja, punta a punta), fenómeno que facilitaría sin dudas la recuperación de la economía en aquel entonces.

Finalmente, habrá que seguir con mucha atención la situación cambiaria, la política tributaria y las acciones que se llevan adelante para contener la inflación. Los precios relativos internos de los granos no están en niveles muy bajos, pero tampoco disponen de mucho margen como para absorber atrasos cambiarios y/o mayores impuestos, al menos si se pretende que la próxima siembra de granos gruesos, que debe definirse en el último cuatrimestre de este año, sea lo suficientemente potente como para ilusionarse con una buena cosecha en el 2021.

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El retorno a clases marcado por brechas digitales y dificultad de promoción escolar entre provincias

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Informe de la Fundación Mediterránea – IERAL a cargo de Laura Caullo

• Esta semana los alumnos regresan a sus aulas virtuales, sin fecha firme para el retorno presencial
• En el país 16% de los estudiantes secundarios del último año no poseen acceso a internet en su hogar. Aunque, ninguna provincia supera el tercio de estudiantes de nivel secundario sin conexión domiciliaria, nueve jurisdicciones superan el 25%, es decir al menos 1 de cada 4 alumnos no puede acceder a la educación digital. Es el caso de Salta (29,7%), Catamarca (29,5%), Formosa (29,5%), Misiones (29,4%), Corrientes (28,9%), Jujuy (28,7%), San Juan (27,8%), Santiago del Estero (26,8%) y Chaco (26,1%)
• Además, se observan importantes discrepancias provinciales en términos de la proporción de alumnos con dificultas para pasar de año. Mientras en La Rioja la tasa de repitencia y abandono alcanzó en 2018 al 11,8% del total de los alumnos secundarios, en Santa Cruz esta incidencia superó al 30% de los alumnos de nivel medio

Luego del receso invernal, ésta semana los alumnos regresan a sus aulas virtuales, sin fecha firme para el retorno presencial. Desde el 16 de marzo, días antes de dictarse el aislamiento social preventivo y obligatorio, una de las primeras medidas junto al cierre de fronteras, fue suspender las clases para prevenir la propagación del virus.

En un año tan complejo como este 2020, la crisis sanitaria ha desencadenado también inconvenientes en el sistema educativo. Frente al nuevo desafío y modalidad educativa, la conexión y el acceso a internet juegan un rol determinante, profundizando la brecha entre quienes tienen acceso y quiénes no. Si bien las provincias han implementado diversas estrategias para buscar la continuidad pedagógica las diferentes realidades preexistentes a la pandemia serán determinantes del éxito o fracaso escolar de éste año.

En el país 16% de los estudiantes secundarios del último año no poseen acceso a internet en su hogar. Aunque, ninguna provincia supera el tercio de estudiantes de nivel secundario sin conexión domiciliaria, nueve jurisdicciones superan el 25%, es decir al menos 1 de cada 4 alumnos no puede acceder a la educación digital. Es el caso de Salta (29,7%), Catamarca (29,5%), Formosa (29,5%), Misiones (29,4%), Corrientes (28,9%), Jujuy (28,7%), San Juan (27,8%), Santiago del Estero (26,8%) y Chaco (26,1%).

En línea con lo anterior, el Ministerio de Educación Nacional en su último anuario estadístico correspondiente al ciclo lectivo 2018 reporta cifras de repitencia y abandono escolar según división político-territorial. Esta información refiere al porcentaje total de alumnos de nivel secundario que se matriculan como alumnos repitientes en el año lectivo siguiente y tasa de abandono interanual según nivel y provincia. Considerando el agregado de alumnos que repiten o abandonan, se construyó un indicador que captura la proporción de alumnos con dificultad para ser promovidos de año.

Al respecto, se observan importantes discrepancias provinciales en términos de la proporción de alumnos con dificultas para pasar de año. Mientras en La Rioja la tasa de repitencia y abandono alcanzó en 2018 al 11,8% del total de los alumnos secundarios, en Santa Cruz esta incidencia superó al 30% de los alumnos de nivel medio.

Así, la pandemia del coronavirus enfrenta al sistema educativo con una marcada brecha digital y estas limitaciones se adiciona un historial con serios inconvenientes para pasar de año, a nivel nacional 1 de cada 5 adolescentes de nivel medio repite o abandona el ciclo lectivo.

El desafío para el semestre en curso consistirá en mejorar los procedimientos experimentados en la primera mitad del año de manera que el apoyo a los estudiantes en su trayecto formativo se asemeje de la mejor manera a la antigua presencialidad.

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