G7

Milei viajará al G-7 sólo con su hermana Karina y sin reuniones bilaterales confirmadas

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Sin la canciller Diana Mondino y sin el ministro de Economía, Luis Caputo. El viaje del presidente Javier Milei a la cumbre del G-7 que se realizará en Italia será solamente en compañía de su hermana Karina, quien es la secretaria General de la Presidencia. El Presidente partirá el miércoles 12 por la noche rumbo a Europa mientras en el Congreso se esté debatiendo en el Senado la aprobación de la Ley Bases.

A esa Cumbre del G-7 en la que participan los Jefes de Estado y Gobierno de Estados Unidos, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá y Japón, Milei fue invitado (al igual que el Papa Francisco) por quien es la presidenta Pro Tempore del foro y anfitriona, la italiana Giorgia Meloni. Por el momento, el mandatario argentino no tiene agendada ninguna reunión bilateral con quienes asistirán al encuentro en la localidad de Borgo Egnazia, en la región de Apulia frente al Mar Adriático, que se desarrollará entre el jueves 13 y el sábado 15, de acuerdo a lo informado por la Casa Rosada a Infobae.

Además del Papa Francisco como invitados figuran el presidente de Brasil, Lula da Silva, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Con Lula está pedida una reunión, pero todavía no contestó”, sostuvo un funcionario con acceso al despacho del líder libertario.

Tampoco está previsto que haya reuniones a solas con los demás asistentes al cónclave en el que estarán los principales referentes de los países de Occidente: el presidente estadounidense, Joe Biden; su colega de Francia, Emmanuel Macron; la italiana Meloni, y los primeros ministros de Alemania, Olaf Scholz; del Reino Unido, Rishi Sunat; de Canadá, Justin Trudeau; y de Japón, Fumio Kishida.

Que no viaje Mondino, quien intervendrá el fin de semana junto al ministro de Defensa, Luis Petri, en la Cumbre por la Paz que organiza el presidente Volodimir Zelensky en Suiza, fue vista como una señal de cierto malestar con la canciller después de algunos hechos que ocurrieron en los últimos días. Pero en Balcarce 50 afirman que “está firme, el Presidente tiene otros líos más urgentes”.

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G7: Se acuerda eliminar gradualmente las centrales eléctricas de carbón para el 2030

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Un paso histórico hacia la energía sostenible

En un avance significativo en la lucha contra el cambio climático, las naciones del Grupo de los Siete (G7) han acordado establecer como objetivo la primera mitad de la década de 2030 para eliminar gradualmente sus centrales eléctricas de carbón. Este hito representa un compromiso crucial por parte de algunas de las economías más industrializadas del mundo para transitar hacia fuentes de energía más sostenibles.

El ministro de energía y energía nuclear del Reino Unido, Andres Bowie, calificó el acuerdo de “histórico” y destacó su importancia como señal al mundo de que las economías avanzadas están tomando medidas decisivas para eliminar el carbón. “Que las naciones del G7 se reúnan y envíen ese mensaje al mundo de que nosotros, las economías avanzadas del mundo, nos estamos comprometiendo a eliminar gradualmente el carbón para principios de la década de 2030 es bastante increíble”, afirmó Bowie en declaraciones al canal Class CNBC.

Un compromiso multilateral

El acuerdo sobre la fecha límite para la eliminación del carbón se alcanzó tras las conversaciones celebradas el lunes bajo la presidencia de Italia, que actualmente ostenta la presidencia rotatoria del G7. Los países que integran el grupo son Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá, Japón e Italia. Se espera que el objetivo forme parte del comunicado final de la reunión, aunque aún no ha sido confirmado oficialmente por Italia.

Un contexto crucial

La reunión ministerial del G7 en Turín se celebra en un momento crítico para las naciones que buscan trazar un camino sostenible para sus necesidades energéticas. La invasión rusa a Ucrania ha trastornado los equilibrios de oferta y demanda que habían estado vigentes durante años, lo que ha generado una gran volatilidad en los mercados energéticos mundiales. En este contexto, la eliminación gradual del carbón y la adopción de fuentes de energía renovables se vuelven aún más urgentes para garantizar la seguridad energética y combatir el cambio climático.

Un posible obstáculo superado

Según Bloomberg, Alemania había estado inicialmente reticente a incluir la energía nuclear en el comunicado final, lo que generó dudas sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo completo. Sin embargo, parece que este obstáculo ha sido superado y el enfoque principal se centrará en la eliminación de las emisiones de carbono como paso fundamental hacia un futuro energético más sostenible.

Un avance significativo

El acuerdo del G7 para eliminar gradualmente las emisiones de carbono para la primera mitad de la década de 2030 representa un avance significativo en la lucha contra el cambio climático. Donde las principales economías están enfocadas hacia la transición de un futuro energético más sostenible y limpio. Este compromiso colectivo es crucial para limitar el calentamiento global y sostenerlo.

Fuente: Bloomberg

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El G7 pide “pausas” en los ataques de Israel en Gaza y reafirma su apoyo a Ucrania

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Los cancilleres del G7 expresaron hoy su apoyo a pausas y corredores humanitarios en la ofensiva de Israel contra Hamas en la palestina Franja de Gaza, pero sin pedir un alto el fuego, al tiempo que ratificaron su apoyo a Ucrania en la guerra con Rusia.

Los ministros del Grupo de los Siete (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) también instaron a China, tras una reunión de dos días en Japón, a a no respaldar a Rusia en la invasión de Ucrania.

“Apoyamos que haya pausas y corredores humanitarios para facilitar ayuda urgente, el movimiento de civiles y la liberación de los rehenes” capturados por el movimiento islamista palestino Hamas, dijeron los ministros en un comunicado conjunto.

Además, destacaron el “derecho de Israel a defenderse a sí mismo y a su pueblo, cumpliendo con la legislación internacional, para evitar que se repitan” ataques como el cometido por Hamas el 7 de octubre en suelo israelí.

“Instamos a Irán a abstenerse de apoyar a Hamas y de llevar a cabo más acciones desestabilizadoras en Medio Oriente, incluyendo el apoyo al Hezbollah libanés y a otros actores no estatales, y a utilizar su influencia en esos grupos para que las tensiones regionales se reduzcan”, agregaron los ministros en una declaración.

El Ejército israelí bombardea sin descanso la Franja de Gaza desde el 7 de octubre, cuando milicianos de Hamas lanzaron un ataque contra su territorio que dejó más de 1.400 muertos, la mayoría civiles.

El Ministerio de Salud en Gaza, un territorio gobernado por Hamas, aseguró que el balance en el enclave palestino supera las 10.300 muertes, entre ellos miles de niños.

La Franja está sometida a un asedio israelí, que cortó los suministros de agua, alimentos y carburante. La ayuda humanitaria en el enclave entra a cuentagotas.

Ayer, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que no se reanudará el suministro de combustible a Gaza y que no habrá ningún alto el fuego hasta que los más de 240 rehenes retenidos por Hamas, entre ellos 21 de nacionalidad argetina, no sean liberados.

También afirmó que Israel asumirá “la responsabilidad general de la seguridad” en Gaza después de la guerra y que, hasta entonces, podría permitir eventuales “pausas tácticas” para liberar a los cautivos y facilitar la llegada de ayuda al territorio.

El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, llamó hoy a Israel a no ocupar el enclave palestino, del que los israelíes se retiraron unilateralmente en 2005 tras colonizarlo casi cuatro décadas.

En declaraciones a la prensa tras la reunión, Blinken dijo que no debería producirse “ninguna reocupación de Gaza después del conflicto”.

Sobre la guerra en Ucrania, el G7 reiteró en el comunicado su “compromiso firme en que su apoyo a Ucrania en su lucha por su independencia, soberanía e integridad territorial nunca decaerá”.

“Además, instamos a China a no ayudar a Rusia en su guerra contra Ucrania, a presionar a Rusia para que pare su agresión militar y a apoyar una paz justa y duradera en Ucrania”, señalaron los cancilleres.

Asimismo, aplaudieron “la participación de China en el proceso de paz liderado por Ucrania”.

El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, intervino en la reunión del G7 por videoconferencia.

Previamente, el canciller japonés, Yoko Kamikawa, había apuntado que “incluso si las tensiones aumentan en Medio Oriente Medio, es importante para el G7 estar unido en enviar un claro mensaje a la comunidad internacional de que nuestro compromiso firme en apoyar Ucrania nunca vacilará”.

En el vigésimo mes de guerra y con la contraofensiva de Kiev intentando ganar terreno, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, se ha reunido regularmente con líderes occidentales para intentar disipar el cansancio alrededor del conflicto.

La ministra de Relaciones Exteriores alemana, Annalena Baerbock, había anticipado que los países del G7 estaban trabajando para ayudar a Ucrania ante un segundo invierno en el que prevén nuevos ataques rusos contra las instalaciones energéticas.

“Si nuestro respaldo a Ucrania decae ahora, [Rusia] lo explotará sin piedad, con consecuencias terribles para los ucranianos y los europeos. Otros actores en distintas partes del mundo sacarían también malas conclusiones”, dijo Baerbock.

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El tablero mundial del eje OTAN-G7

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Los últimos días del mes de junio encontraron a Occidente bajo la necesidad de diagramar y trazar políticas conjuntas a futuro. Lógicamente, esto sucede en el contexto de incertidumbre generado por el avance de las tropas rusas en Ucrania, y con las consecuencias económicas evidentes relacionadas a este suceso. Las potencias occidentales y capitalistas tuvieron la ardua tarea de poder empezar a pensar en los distintos panoramas sobre como salir de esta situación, con el menor riesgo colateral posible para ellos. En consecuencia, la cumbre del G7 en Alemania y la cumbre de la OTAN en España han dejado bosquejo de la reconfiguración geopolítica del globo, desde la perspectiva de los intereses occidentales.

Ucrania en la agenda de los grandes

No es una novedad el hecho de que el país dirigido por Volodimir Zelenski se ha transformado en un tema recurrente, no solo en las esferas académicas, diplomáticas o militares, sino que inclusive en cualquier charla cotidiana. En parte se explica esto por la reacción generada en una sociedad que, en occidente, nunca vivió ni padeció una guerra. Lejos quedan las problemáticas de Siria, Myanmar, Cisjordania y Yemen. Asimismo, la generación de la comunicación inmediata se ha hecho eco de la guerra en Ucrania y, de igual manera, han ayudado a su difusión. Ahora bien, donde la situación mundial se dirime es en la mesa de las grandes potencias representadas por sus máximos mandatarios. 

La cumbre de los 7, conocida como el G7, tuvo lugar en Alemania entre el 26 y el 28 de junio. Este grupo de países, potencias políticas, militares y económicas, está integrado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y Japón. Particularmente siempre se invita a la Unión Europea, y en esta ocasión, Argentina fue el único representante latinoamericano, por invitación directa de Olaf Scholz para la presidencia argentina. En esta edición también fueron invitados los jefes de Estado de India, Indonesia, Senegal y Sudáfrica. Si bien, este grupo de grandes países de economía de libre mercado e industrializados, funciona desde 1975, esta edición tuvo un agregado más que importante: la guerra ruso – ucraniana. 

Esta cumbre del G7 partió de la base de las sanciones a Rusia. Se intensificaron, con el aval de los líderes políticos occidentales, una batería de sanciones in crescendo para el país de Vladimir Putin. En principio, la limitación con tendencia prohibitiva hacia la exportación del oro ruso, uno de los principales motivos de generación de excedentes. Ante esto, la reacción en cadena es predecible, sobre todo con los problemas financieros que se evidencian en la cuestión plasmada en la falta de pago de deuda externa a la que ha incurrido Rusia. El primer posible default en un siglo. Asimismo, otro “cepo” económico propuesto desde el G7 giró en torno a la industria militar rusa. En este sentido, es entendible que esto afectaría directamente a la capacidad bélica del Kremlin, la cual pareciera no tener fin, comprendiendo el poderío armamentístico de Moscú. Claro está, que la condena hacia el preconcepto del crimen de guerra al cual se lo juzga a Rusia fue tema de debate, entendiendo el rearmado diplomático que se daría cuando cese la guerra, triunfe Putin o triunfe Zelenski. 

Sacando la situación de la guerra en Ucrania, el G7 no se salió de su molde. Reactivación económica a partir de paquetes monetarios emitidos por los grandes países hacia los de economía emergente o crónica. Lógicamente que, con esto se da el posicionamiento de grandes potencias como EEUU, como los acreedores del mundo. Paralelamente, la presencia de países invitados marca el rumbo de las alianzas políticas. La presencia argentina es fundamental, sobre todo entendiendo el contexto de refinanciamiento de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, la diplomacia juega un papel clave a la hora de poder establecer una red de países que sirvan de soporte o apoyo a las decisiones financieras argentinas con un plan de pago que pueda mantener una economía sostenida.

Por otro lado, aparece la otra gran cumbre. Hablamos de la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tuvo lugar en España entre el 28 y el 30 de junio. Esta cumbre reunió a gran parte de los países que formaron parte de la reunión del G7, aunque con la salvedad del tópico militar como presencia estelar. Ante esto, fue nuevamente la cuestión ucraniana la que se posicionó como la vedette de dicha cumbre.

Aquí sí, con total claridad se puede resumir que, a partir de la invasión en territorio de Ucrania, Putin y su país se transformaron en la amenaza de la OTAN. Esto se da porque, básicamente, con una mínima acción belicista de Moscú, se puso en jaque el sistema de seguridad occidental. El punto real para la Alianza Atlántica no es, principalmente, la situación de Ucrania en sí, sino lo que puede pasar a raíz de eso. Es decir, el temor de la OTAN es tener que enfrentar militarmente a Rusia, por el poderío que representa Putin, como así también por las alianzas armamentísticas que ha generado el Kremlin con el correr de los años. Ante la activación del protocolo de emergencia y actuación de la OTAN, es sabido que detrás de la potencia militar heredada de la Unión Soviética, aparecerá la figura de China, Irán y Corea del Norte. Todos los países que podrían participar de este enfrentamiento hipotético podrían acarrear una guerra de dimensión monumental. Este es lo que genera el verdadero sentido de mesura por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. 

Más allá de esto, las medidas tomadas en Madrid por parte de la OTAN, son las de reforzar el flanco militar este de Europa, con una frontera cercana a Ucrania, que también pone en alerta al mismísimo Vladimir Putin. Sin embargo, lo que le quita el sueño al líder político ruso, son los posibles nuevos miembros de la OTAN. Hablamos de Suecia y Finlandia. Los países nórdicos desde hace semanas confirmaron su necesaria adhesión a la Alianza Atlántica, con el fin de tener resguardo militar y político ante un posible avance de las tropas rusas sobre su territorio. Esto sería un verdadero revés para las intenciones de equilibrio político en Europa por parte de Rusia, entendiendo que esta forzando un proceso de ingreso a la OTAN de países con los que tiene un comercio fluido, además de una historia militar en común. No obstante, y más allá de la anulación del veto turco, la propia dinámica de las alianzas geopolíticas conlleva a rearmar el tablero global, y sobre todo en el viejo continente, territorio donde hace décadas no se ve tan agitado en términos de inestabilidad. 

Otro punto de vital importancia para comprender, a manera de resumen, lo acontecido por los representantes de la OTAN en la última cumbre de Madrid, es el abordaje sobre China. Stoltenberg y los jefes de Estado fueron claros respecto a este país de vital importancia. Para ellos, el gigante rojo de Asia representa un desafío. Esto se entiende desde la perspectiva económica y el brutal afianzamiento financiero y de generación de excedentes que mantiene a un ritmo galopante el régimen de Xi  Jinping. De hecho, la preponderancia económica lo lleva a China a ser la potencia mundial por excelencia, y además es la razón por la cual, el país asiático no busca involucrarse de manera directa en el enfrentamiento bélico entre Ucrania y Rusia. Cierto es, que China es un aliado de Moscú, aunque el afán por mantener la aceleración en la rueda de consumo es mucho más grande. Una guerra enfriaría la economía global donde China impera, es por esa razón que Xi Jinping solo mira de reojo lo que acontece en el este de Europa. La OTAN sabe eso, y es la razón por la cual no se lo considera una amenaza como sí es considerada Rusia.

Empero, hay otra cuestión por la cual China es un reto para la Alianza Atlántica. Tiene que ver con el abultado ejército a disposición que tiene Beijing, y los intereses geopolíticos que se encuentran alejados del viejo continente. En base a esto, conocida es la vieja disputa entre China y Taiwán, y la constante tensión vivida en esa zona del globo a partir de amenazas de Beijing dirigidas hacia la isla taiwanesa. De igual forma, los intereses económicos de China se ven reflejados, geopolíticamente hablando, en el cinturón de perlas hecho alrededor de India, con el fin de establecer un comercio marítimo prácticamente directo con África. Dicho esto, es predecible ver que los ánimos de China se encuentran lejos de Europa, aunque cerca de sus aliados. Con esto último, es menester hablar de la posición dominante que el gigante asiático busca tener en los archipiélagos de Oceanía, sobre todo centrado en Islas Salomón. Xi Jinping ha demostrado en más de una ocasión su intención de mantenerse cerca de los países oceánicos y esto fue advertido en reiteradas situaciones por Australia, el país que mantiene bajo su control, la hegemonía de Oceanía. Es así, que Sídney, además de haber sido una colonia inglesa, sigue perteneciendo a la Commonwealth, y tiene una relación más que cercana con los intereses de la OTAN y el G7. 

2022, una cachetada a Europa

Una de las premisas que se esgrimen como síntesis de supina importancia al hablar de las últimas cumbres que han tenido lugar en el viejo continente, es el hecho de que Europa se dio cuenta que perdió la batalla de modelos políticos. Más que Europa, hablamos de la Unión Europea. ¿Por qué se dice esto? Básicamente porque la UE se había posicionado como el modelo político nacional y regional de funcionamiento ideal de las democracias liberales, la socialdemocracia, el libre mercado y las dinámicas políticas en base a la diplomacia total desde el comienzo del siglo XXI. Pero Europa se equivocó, no solamente eso, sino que se equivocó y perdió. Este año le dio un baldazo de agua fría, propinado por Rusia y también por EEUU.

Esto se explica por el proceso de otanización que lleva adelante Europa, con una rigidez política mucho más evidente que durante los años de proliferación de las diplomacias europeizantes. El concepto otanización fue propuesto por el mismísimo Joe Biden. El máximo mandatario de Estados Unidos aclaró que Europa está atravesando por ese proceso de inclusión a la OTAN por culpa de las decisiones de Vladimir Putin y las ambiciones de mayor defensa nacional de Rusia. He aquí un claro ejemplo en donde una invasión rusa y una respuesta estadounidense fueron suficientes para ponerle un punto a las prácticas políticas institucionales de la Unión Europea. 

Vayamos más a fondo, el G7 y la OTAN entendieron que el avance militar ruso no trae consigo solamente una cuestión plenamente territorial, sino que detrás viene el afianzamiento de un modelo político puesto a disposición en el personalismo de un líder carismático. De hecho, si se hace un breve proceso de revisión de la historia rusa, verá que sus épocas de apogeo económico estuvieron en manos de personajes y líderes, no así de modelos concretos. Aquí podríamos nombrar a Pedro el Grande, Catalina, Stalin y el mismísimo Vladimir Putin. Es decir, que tan solo el avance de Rusia sobre Ucrania puso en jaque todo un modelo de prácticas políticas que la Unión Europea había construido durante décadas. 

Por otro lado, hablamos de EEUU. En este sentido, Washington y su intransigencia o posición cuasi dubitativa también dejaron a la Unión Europea en un limbo. Curiosamente, Joe Biden condenó la operación militar rusa en Ucrania desde el primer momento, ejecutó sanciones económicas, apoya a Ucrania con envío de armamentos y de paquetes monetarios, pero no se metió en suelo ucraniano a combatir al “enemigo”. Pareciera ser que EEUU perdió esa fiereza que tuvo durante la Guerra Fría, en donde junto a la Unión Soviética, transformaron al mapa mundial en un juego táctico. Hace falta recordar lo que sucedió en la península de Corea, Vietnam, Afganistán y la crisis de los misiles cubanos. Ahora bien, Biden sabe que no es momento de actuar de esa manera, por las razones previamente establecidas como la equivalencia de fuerzas bélicas y el debilitamiento del sistema económico que ya viene desguarnecido por la pandemia de COVID – 19. Por otro lado, el eterno defensor de la democracia ha tomado la postura de la defensa indirecta, resguardando sus intereses y con un contexto nacional particular. La adhesión social en EEUU no es algo homogéneo en su mayoría, y además cabe recordar el avance de los extremismos en su sociedad, marcada por los tiroteos masivos y por el funesto episodio del asalto al Capitolio en 2021. Con esto se quiere decir que Estados Unidos tiene asuntos que resolver en su patio trasero antes de salir a pasear por el barrio. 

En el medio de esta discordia, la Unión Europea se encuentra entre fuego cruzado y con una amenaza constante y total. Por esa razón, personajes como Macron o Scholz han buscado el diálogo constante con Putin, entendiendo que esa vía es la indicada al no tener un contexto favorable para otro tipo de ultimátum. Por otro lado, las sanciones económicas a Rusia, no parecen afectarle en demasía, como si lo hace el bloqueo del petróleo y el gas del Kremlin, que están causando una verdadera crisis energética en el viejo continente. Efectos casi nunca padecidos: altas tasas inflacionarias, previsiones a futuro aún más elevadas, aumento del precio de combustible y caída del nivel de vida. Ante esto, la Unión Europea se dio cuenta del golpazo que le están propinando Rusia y EEUU, y también que su modelo puede entrar en crisis en cualquier momento. 

G7 y OTAN en la periferia 

Mucho se habló de lo acontecido en el viejo continente y de lo meramente relacionado a la Guerra en Ucrania. Sin embargo, hay países considerados emergentes que han participado de dichas cumbres, en forma de invitados. Previamente se habló de Argentina, y en este apartado cabe recordar que el país conducido por Alberto Fernández quedó medianamente bien posicionado en la última Cumbre de las Américas. Esto podría servir para Argentina, por razones de pagos externos, pero también para las potencias, entendiendo que, si la economía argentina goza de un leve despegue en los próximos meses o años, puede ser una oportunidad de invertir en Sudamérica. 

Más allá de esto, India se presenta como un país interesante que tuvo invitación al G7. La importancia de este gran país asiático radica en que forma parte del BRICS. Es decir, la alianza conformada también por Brasil, Rusia, China y Sudáfrica. Es decir, son países con economías emergentes, con relaciones bilaterales estratégicas. El acercamiento de India a las problemáticas que guardan relación con Europa puede servir como una especie de termómetro, si es que se posiciona como interés de la India, para con Vladimir Putin. No pareciera ser de suma importancia para Nueva Delhi, el hecho de ser un mediador en esta guerra. Caso contrario al de Turquía. 

Erdogan sigue haciendo de la OTAN, una novela en donde él mismo es el guionista. Con idas y vueltas para con Suecia y Finlandia. Más, sin embargo, habría que empezar a pensar en un actor importante que no ha aparecido en escena en estas cumbres, pero que tiene intereses de mediador y de dominador regional tal y como lo busca Turquía: hablamos de Israel. El país de Medio Oriente cumple un papel fundamental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles, un rol preponderante como aliado de los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. El control de las sublevaciones o los afianzamientos de movimientos islámicos y, sobre todo, palestinos, es de vital importancia para mantener los intereses petroleros de la región. Israel, a su vez, no ha tenido participación directa en estas cumbres, aunque se conoce su postura al respecto de las problemáticas tratadas. A esto hay que agregarle, que Tel Aviv está pasando por un proceso de fragilidad institucional más que evidente. En los últimos días, Israel disolvió su parlamento y llamó a elecciones anticipadas para noviembre del corriente año. Será la quinta elección en cuatro años en dicho país. 

Luego de lo previamente expuesto, pareciera ser que África vuelve a ser ignorada y dejada de lado por las grandes potencias. El G7 y la OTAN solo tuvieron una escasa aproximación a un paquete económico de ayuda humanitaria en el continente más afectado por la pobreza y la enfermedad. Además de esto, la siempre complicada situación de Melilla en el norte africano fue material de comentarios en los pasillos alemanes y españoles, pero no más que eso. Nuevamente, el continente africano queda afuera de las políticas globales, sin tener en cuenta su galopante y preocupante nivel de pobreza, indigencia, falta de educación, crisis sanitarias por enfermedades y bajísimo nivel de vida. 

Finalmente, las políticas medio y socio – ambientales ocuparon un breve espacio, sobre todo en la cumbre del G7. Con el fin de continuar un proceso de saneamiento de la naturaleza y preservación de la naturaleza y la biodiversidad a partir de políticas a largo plazo. Inclusive, la Unión Europea aprobó el abandono de los vehículos a combustión para 2035, pero no más que eso. Es decir, antes de la guerra en Ucrania, la agenda global se encontraba plenamente abocada a las políticas ambientales. Hoy, la OTAN y el G7 tienen preocupaciones de mayor envergadura, las cuales han sido identificadas y tienen claros destinatarios: el avance militar de Rusia con el declive político de Europa, y la mega – maquinaria económica y financiera de China, manejada por un régimen con mano dura como el de Xi Jinping.

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Alberto Fernández ponderó el acceso a la salud mental como un “eje” de la política sanitaria argentina

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 El presidente Alberto Fernández dialogó hoy con el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en el marco de la cumbre del G7 que se desarrolla en Múnich, Alemania, y ratificó el acceso a la salud mental como un “eje” de la política sanitaria argentina.

“Ha sido un placer encontrarme con el director general de la OMS en la Cumbre del G7”, expresó Fernández desde su cuenta de Twitter, donde acompañó la publicación con una foto del intercambio.

Fernández reseñó que con el director de la OMS conversaron sobre la “importancia de garantizar el cuidado y el acceso a la salud mental, eje central en las políticas de salud de la Argentina”.

Por su parte, Tedros Adhanom Ghebreyesus se mostró complacido por el encuentro con Fernández, a quien le agradeció su “apoyo al informe reciente de la OMS sobre salud mental”.

“Discutimos cómo unir esfuerzos para promover y garantizar el acceso a la salud mental en todas partes”, añadió.

Fernández clamó hoy, en su primera intervención en la cumbre del G7, por la necesidad del “diálogo” para alcanzar el “cese de hostilidades” entre Rusia y Ucrania, al tiempo que abogó “por la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional que incluya a las periferias del mundo”.

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