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El ciclo ganadero gira hacia la recría: Argentina ante la zafra de terneros más lenta de la década

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Durante el primer cuatrimestre de 2026, el movimiento de terneros hacia invernada cayó un 25% interanual, marcando el ritmo de comercialización más bajo en diez años. Para el productor, esta retención estratégica sustentada en la oferta forrajera redefine los márgenes de la cría y anticipa una oferta de animales más pesados para el segundo semestre.

La ganadería argentina atraviesa un cambio de paradigma productivo. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, entre enero y abril se movilizaron 2,973 millones de cabezas, casi un millón menos que en el mismo período de 2025. Esta “zafra lenta” no responde a una liquidación de stock —que se mantiene estable en 14,4 millones de terneros— sino a una decisión estratégica del criador: capitalizar la abundante disponibilidad de pasto para intensificar la recría a campo antes del ingreso al corral.

Reconfiguración del negocio: del ternero al novillito

Durante abril, la salida de terneros y terneras desde los establecimientos alcanzó las 926 mil cabezas, casi la mitad de lo registrado en igual mes del año pasado.

En lo que va del año, según datos de DTe correspondientes a los primeros cuatro meses, el movimiento de terneros y terneras con destino a cría y/o invernada asciende a 2,973 millones de cabezas, cerca de 1 millón menos que en igual período del año anterior, cuando se habían registrado 3,958 millones de animales trasladados.

Si bien en términos absolutos la caída es evidente, al contrastarla con el stock informado al 31 de diciembre, la tendencia resulta aún más concluyente.

En relación a los 14,4 millones de terneros y terneras informados como stock al 31 de diciembre, el movimiento registrado en los primeros meses del año representa el 20,6%. En comparación, en 2025 —con un stock de 14,6 millones— los traslados alcanzaban el 27%; en 2024 el 23%; y en 2023, sobre un stock récord de 15,1 millones de cabezas, el nivel de movimiento ascendía al 28%. En este marco, se trata de la zafra más lenta de los últimos 10 años.

Este comportamiento es consistente con una mayor retención en los campos, vinculada a la intensificación de los procesos de recría previos al encierre para terminación.

En línea con ello, al contrastar los traslados totales con los ingresos a corrales de engorde, se observa una disminución de la participación de los feedlots en la recepción de terneros.

Entre enero y abril de 2026, de los 2,97 millones de terneros y terneras que salieron de los campos, 570 mil ingresaron a feedlots, lo que representa el 19,2% del total. En igual período del año anterior, esa participación era del 22,9%, mientras que en 2023 y 2024 se ubicaba en torno al 23,6%.

Sin embargo, esta menor participación del feedlot como destino directo de los terneros y terneras que salen de los campos no implica un menor nivel de actividad en los corrales. Por el contrario, el stock actual de animales en feedlots se ubica en niveles históricamente altos.

De acuerdo con lo informado por SENASA, al 1° de mayo los feedlots reportaban un total de 2,04 millones de vacunos en sus corrales, lo que representa un incremento de casi 6% respecto de igual fecha del año pasado y el segundo registro más alto de la serie, detrás de julio de 2025, cuando en pleno pico de llenado se alcanzaron 2,05 millones de cabezas.

Lo que estaría cambiando para el feedlot no es tanto el nivel de ingresos, sino el perfil de los animales encerrados. Mientras que en los últimos años aproximadamente el 45% de los ingresos del primer cuatrimestre correspondía a terneros y terneras, en 2026 esa participación descendió al 39%.

En contrapartida, el ingreso de novillitos y vaquillonas livianas aumentó su participación, pasando del 40% en años anteriores al 44% actual, con un 15% correspondiente a hembras y un 29% a machos.

Es por ello que actualmente, de los 2,04 millones de animales alojados en feedlots, el 48% corresponde a novillitos y vaquillonas, mientras que solo el 32% pertenece a las categorías de terneros y terneras. Este último porcentaje se ubicaba en torno al 40% en los últimos años, con picos cercanos al 50% durante la sequía de 2023.

En definitiva, se observa una zafra más lenta, orientada a prolongar los procesos de recría a campo, pero articulada con una importante participación de los corrales en la etapa final de terminación. En la medida en que estos sistemas logren sostenerse, podrían derivar en una oferta de animales cada vez más pesados.

En este sentido, un dato destacado del último stock informado por los feedlots es el crecimiento en el número de novillitos. Según datos del SENASA, al 1° de mayo los establecimientos registran cerca de 254 mil novillos en stock, lo que representa un 20% más que un año atrás y el nivel más alto de los últimos cinco años.

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ROSGAN acelera remates y comercializa casi 42.000 cabezas en abril

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El mercado ganadero ROSGAN cerró abril con un dato que marca el pulso del sector: comercializó 41.933 cabezas de hacienda premium a través de ocho subastas realizadas durante el mes, en pleno período de zafra. El volumen, calificado como histórico, refleja una intensificación de la actividad comercial y una reorganización de la oferta en función de las necesidades productivas.

El dato adquiere relevancia en un contexto de tensión estructural entre oferta limitada y demanda sostenida, con un stock nacional que se mantiene por debajo de las 50 millones de cabezas, según lo informado.

Con récor de remates en abril, ROSGAN vendió casi 42.000 cabezas

Transcurrió un abril histórico para el mercado ganadero con la realización de 8 subastas y un total de 41.933 cabezas puestas a la venta, incluyendo hacienda de invernada, cría y faena. En pleno período de zafra, la salida escalonada de la hacienda —según las necesidades de los productores— impulsó una agenda intensa de eventos a lo largo del mes.

Durante este período se destacaron dos tendencias claras: por un lado, la hacienda que viene saliendo posee un mayor kilaje, encontrándose pocos lotes livianos pese a estar en plena zafra; por otro, hubo cambios en la composición de la oferta, donde el mayor volumen correspondió a terneros y terneras (más del 60%), mientras que novillos y novillitos representaron el 12%, cifra que se prevé aumentará con el avance de la recría.

Si bien ROSGAN es el referente nacional en invernada y cría, en abril la oferta con destino a faena fue significativa. El volumen total se distribuyó de la siguiente manera:

Invernada: 34.480 cabezas.
Faena: 3.753 cabezas.
Vientres: 3.762 cabezas.

El espíritu federal del mercado se consolidó a través de remates que cubrieron 13 provincias, mostrando la calidad de los rodeos y la diversidad de la matriz productiva argentina.

En relación al análisis de precios y demanda, aunque los valores promedio de abril se ubicaron un escalón por debajo de los registros de marzo, la demanda se mantuvo firme tanto por parte del invernador tradicional como del sistema de confinamiento. Pese a los intentos de la industria por moderar los precios en animales recriados para engorde en hotelería, la escasez de volumen —con un stock nacional por debajo de las 50 millones de cabezas— mantuvo la firmeza del mercado.

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Bienestar animal en tambos: su importancia en los tres pilares de la sustentabilidad

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El bienestar animal está cobrando cada vez más relevancia en la sustentabilidad de los sistemas productivos modernos: implica la salud, la ausencia de dolor e incomodidad y la posibilidad de manifestar el comportamiento natural por parte de los rumiantes. Existe una relación directa entre el cuidado de los animales, la eficiencia productiva y el impacto ambiental de la actividad ganadera.

De esta manera, el bienestar animal desempeña un papel determinante dentro de los tres pilares de la sustentabilidad (económico, social y ambiental), al contribuir simultáneamente a mejorar los resultados productivos y a reducir externalidades negativas. Así, mejorar las condiciones de bienestar impacta positivamente en la salud de los animales y en la eficiencia de los sistemas productivos.

En cuanto al aspecto económico, se destaca el impacto en la producción de las vacas en el tambo: a más bienestar, se ha demostrado mayor cantidad de leche y menor frecuencia de enfermedades, minimizando el uso de medicamentos. Por otra parte, a nivel social, entran en consideración aspectos éticos y morales, la preocupación por la forma en la que se trata a los animales. Finalmente, en cuanto a la conciencia ambiental, se repasa en qué medida la actividad ganadera puede tener un impacto en cuestiones de interés como el medio ambiente o la salud de las personas.

“En todos esos ámbitos, el bienestar animal juega un papel clave. Sabemos que al mejorar el bienestar de los animales mejoramos su desempeño productivo y, por lo tanto, podemos contribuir a mejorar la rentabilidad económica de las explotaciones. Y, en segundo lugar, cada vez tenemos más estudios que demuestran que al mejorar el bienestar animal podemos contribuir a mejorar la zoonosis y a reducir el uso de antimicrobianos”, explicó el Dr. Xavier Manteca , Médico Veterinario español, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, experto en Etología y Bienestar Animal.

Esta relación se expresa en indicadores concretos: animales con mejores condiciones de vida presentan menores niveles de estrés, lo que se traduce en una reducción de enfermedades y, por ende, en una menor necesidad de intervenciones terapéuticas. Esto no solo optimiza la productividad, sino que también contribuye a un uso más responsable de los recursos, incluidos los medicamentos veterinarios.

Un informe de 2021 de la empresa de investigación Oxford Analytics, publicado por la organización HealthforAnimals, analizó la relación entre la salud animal y los tres pilares de la sustentabilidad, medioambiental, económico y social. Algunos de los hallazgos de la investigación fueron que “una tasa global de vacunación del 60% en el ganado bovino de carne se asocia con un aumento de productividad de más del 50%” y que “una disminución de 10 puntos porcentuales en las enfermedades del ganado se asocia con una reducción de 800 millones de toneladas en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”. 

“En Europa, se ha puesto mucho énfasis en cuestiones relacionadas a las instalaciones, que tiene su importancia, pero considero que la formación del personal es clave para el bienestar animal, por lo que considero que es un aspecto clave a potenciar: los estudios demuestran que es la estrategia más rentable para mejorar el bienestar animal. La otra cuestión en la que insistiría es que la industria ganadera se implique en la elaboración de las normativas, ya que es importante que se elaboren teniendo en cuenta la visión de quienes se dedican a la producción”, continuó el Dr. Manteca

Bajo esta perspectiva, el bienestar animal no solo impacta en la producción agropecuaria, sino que también tiene implicancias directas en la seguridad alimentaria y la salud pública.

“Algo que tenemos cada vez más claro es que el bienestar animal debe abordarse como una estrategia integral y no como una serie de prácticas aisladas. Esto implica considerar factores como la nutrición, el manejo, el ambiente y la sanidad, integrándolos en sistemas de producción que prioricen tanto la eficiencia como la ética en el trato hacia los animales”, detalló Martín Meier, Business Unit Manager Livestock de Boehringer Ingelheim.

“La intervención del veterinario permite traducir los principios de bienestar en prácticas concretas dentro de los establecimientos productivos, facilitando el alcance de estándares sanitarios y productivos más elevados y sostenibles. Actualmente, contamos con indicadores concretos y nuevas tecnologías que nos ayudan a interpretar de manera más rápida y precisa el estado de salud y bienestar de los animales. Esto nos permite intervenir de manera temprana y más efectiva en busca de la eficiencia y la mejora continua. Esta función resulta especialmente relevante en contextos donde la demanda de alimentos de origen animal continúa en crecimiento y exige sistemas más eficientes y responsables”, detalló el Dr. Roberto Albergucci, médico veterinario.

Por su parte, la Ing. Agr. (Mgter.) Verónica Aimar aseguró que, desde el punto de vista ambiental, el bienestar animal se asocia con una mayor eficiencia en el uso de los recursos: “Animales sanos y bien manejados son más productivos y eficientes, lo que permite reducir la huella de carbono por unidad de producto”. En esta línea, resaltó la libre disponibilidad de protocolos y herramientas de bienestar animal con visión integral. Estas soluciones, diseñadas para el trabajo a campo, permiten conocer el estado de los sistemas ganaderos y ejecutar planes de mejora que no solo impulsan modelos productivos sustentables, sino que también garantizan el cumplimiento de las exigencias del mercado internacional. Este enfoque permite avanzar hacia modelos que equilibran rentabilidad con responsabilidad ambiental. Finalmente, subrayó el valor estratégico del regreso de Argentina a la Federación Internacional de Lechería (FIL-IDF) en 2025. En el marco de dicha entidad, existen comisiones trabajando activamente en diversos aspectos, tales como el consenso de estándares específicos para nuestro país y el bienestar vinculado al ambiente, entre otras áreas clave.

En este contexto, el bienestar animal se posiciona como un elemento estratégico para el futuro de la producción agropecuaria. Lejos de ser una tendencia pasajera, se trata de un componente estructural que redefine la manera en que se conciben los sistemas productivos, integrando ciencia, ética y sostenibilidad en una misma agenda.

“En Boehringer Ingelheim estamos comprometidos con impulsar el bienestar animal como un pilar fundamental de la producción sostenible. Creemos que mejorar la salud y las condiciones de vida de los animales no solo es una responsabilidad ética, sino también una vía concreta para lograr sistemas productivos más eficientes y respetuosos con el ambiente. Por eso, trabajamos junto a veterinarios, productores y la comunidad científica para desarrollar soluciones basadas en evidencia que promuevan un enfoque integral, alineado con el concepto de interconexión entre salud humana y animal”, señaló ​ Federico Böttcher, Head of Sustainability de Boehringer Ingelheim Sudamérica. 

En paralelo, la compañía promueve la generación de conocimiento y la colaboración con expertos en bienestar animal para acompañar a los productores en la transición hacia prácticas más sostenibles. Estas alianzas buscan integrar evidencia científica con experiencia práctica, facilitando la implementación de mejoras adaptadas a distintos contextos productivos.

Boehringer Ingelheim se compromete con la sustentabilidad mediante el desarrollo de mejores terapias y soluciones sanitarias que contribuyan a un mundo mejor. No solo en la actualidad sino también para todas las generaciones venideras. ​ Al ser una compañía familiar, considera que quienes allí trabajan, los pacientes, las comunidades y sus socios comerciales son parte de esa familia.​ 

Asimismo, Böttcher describió que “desde nuestro origen, tenemos la ambición de brindar más y mejor salud a las personas, los animales, las comunidades y el planeta. En este sentido, estamos convencidos de que los avances en materia de salud animal constituyen una notable contribución a este propósito”. 

Por su parte, Meier afirmó que: “La evidencia disponible muestra que existe un círculo virtuoso entre bienestar animal, productividad y sostenibilidad. Invertir en mejores condiciones para los animales no solo mejora los resultados económicos, sino que también responde a las crecientes demandas sociales y ambientales del sector agroalimentario”. 

La consolidación de este enfoque refleja un cambio de paradigma en la industria, donde la salud animal ya no se limita al tratamiento de enfermedades, sino que se orienta cada vez más hacia la prevención, el manejo integral y la mejora continua de las condiciones de vida de los animales. En ese camino, la compañía promueve la generación de conocimiento y la colaboración con expertos en bienestar animal para acompañar a los productores en la transición hacia prácticas más sostenibles.

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La confianza del campo cae 16% y la inversión se frena por el aumento de costos

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La confianza de los productores agropecuarios registró una caída significativa del 16%en la medición marzo/abril del Ag Barometer Austral, al ubicarse en 132 puntos frente a los 158 de enero/febrero, según el último informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

El retroceso también se evidencia frente al pico histórico de 159 puntos registrado en noviembre/diciembre de 2025, lo que marca un punto de inflexión tras los máximos alcanzados luego de las elecciones legislativas de medio término de ese año. En términos interanuales, la baja es más moderada (3,6%) y el índice se mantiene por encima de los 100 puntos desde noviembre de 2023.

“El cambio de tendencia responde, en gran medida, al impacto del contexto internacional sobre los costos de producción, particularmente por la suba del precio del petróleo y su efecto en insumos clave como el gasoil y los fertilizantes”, explicó Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Caída generalizada y deterioro de las condiciones

La baja del índice se explica por un retroceso en todos sus componentes. La mayor caída se observa en el Índice de Condiciones Presentes, que descendió un18% (108 vs 138). Dentro de este indicador, la situación financiera actual cayó un 21% (107 vs 138), reflejando el deterioro en los márgenes de los productores.

Por su parte, las expectativas de inversión en activos fijos se contrajeron un 14% (109 vs 127). Aun así, un 54% de los productores considera que sigue siendo un buen momento para invertir, aunque sólo un 43% prevé concretar esas inversiones en el corto plazo, lo que confirma un escenario de cautela.

“Se mantiene la intención de inversión, pero no necesariamente su concreción. La incertidumbre sobre los costos y la rentabilidad futura está generando cautela en la toma de decisiones”, señaló Steiger.

En paralelo, el Índice de Expectativas Futuras registró una caída del 14,8% (149 vs 175). La situación financiera esperada a 12 meses cayó un 13% (144 vs 167), mientras que las expectativas sobre el sector se redujeron un 20% (136 vs 170), evidenciando un ajuste en la mirada de mediano plazo.

Impacto internacional y presión sobre los costos

Uno de los factores centrales detrás de este cambio de tendencia es el efecto del conflicto en Medio Oriente sobre los costos productivos. El aumento del precio del petróleo impacta directamente en el valor del gasoil (clave para labores y fletes) y también en el precio de los fertilizantes, especialmente la urea, afectando la rentabilidad actual y proyectada.

Este impacto se refleja claramente en las preocupaciones de los productores: el 66% identifica el aumento de los precios de los insumos en dólares como su principal desafío para los próximos 12 meses, seguido por el clima (35%), los precios de los productos agrícolas (33%), las altas tasas de interés en pesos (24%) y la baja rentabilidad agrícola (19%). En contraste, la incertidumbre económica (12%) y política (12%) pierden relevancia, luego de haber sido los principales factores en mediciones anteriores.

“El aumento de costos derivado del conflicto internacional ya está influyendo en las decisiones productivas y en la planificación de la próxima campaña”, advirtió Steiger.

En este contexto, la campaña de trigo 2026/27 aparece particularmente condicionada: un 61% de los productores enfrenta un escenario desfavorable para la siembra, y como consecuencia un 41% planea reducir el área sembrada, mientras que un 49% la mantendría y solo un 9% la incrementaría, tras una campaña récord en 2025/26.

La presión sobre los márgenes no es exclusiva de la Argentina. En Brasil se observa un estrechamiento de los márgenes de la soja, mientras que en Estados Unidos los productores enfrentan resultados negativos y reciben apoyo estatal para sostener la actividad.

Inversión frenada y cambio en las preocupaciones

Las inversiones continúan sin consolidarse. En caso de concretarse, las maquinarias lideran las decisiones (57%), seguidas por vientres vacunos (25%), instalaciones (22%) y, en menor medida, la compra de tierras (9%).

“Las altas tasas de interés siguen siendo un factor limitante. Aunque hubo una baja en las tasas pasivas, el crédito todavía no refleja plenamente esa mejora y eso condiciona las decisiones de inversión”, explicó Steiger.

En cuanto a la comercialización, luego de cubrir los costos de la campaña 2025/26, la mayoría de los productores prioriza la venta de trigo, seguido por maíz y soja, aunque otro grupo relevante invierte ese orden entre soja y maíz. Al mismo tiempo, se destaca que un 71% de los productores incrementó sus stocks de maíz, principalmente por su uso en alimentación animal, mayores rindes o como reserva de valor, lo que refleja una estrategia más conservadora frente a la incertidumbre de precios.

“Hoy las preocupaciones del productor están mucho más asociadas a variables concretas del negocio que al contexto político local, lo que marca un cambio relevante en la percepción del sector”, concluyó Steiger.

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La carne vacuna se adelanta al ciclo global y presiona al alza los precios internacionales

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En un contexto global donde todavía no se consolida una suba generalizada de los alimentos, el mercado internacional de la carne vacuna empieza a marcar su propio ritmo. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con datos de la FAO, confirma que los precios de la carne no solo resisten la tendencia bajista de otros productos, sino que ya ingresaron en una fase alcista sostenida.

La clave no está en un shock externo inmediato, sino en fundamentos estructurales: menos oferta proyectada y una demanda firme desde los principales centros de consumo. El interrogante que se abre es si este movimiento anticipa un nuevo ciclo inflacionario global o si se trata de una suba sectorial con impacto acotado.

Un mercado que se mueve antes que los alimentos

En un contexto internacional en el que se anticipa una posible presión alcista sobre los precios de los alimentos el mercado de las carnes, y particularmente el de la carne vacuna, parece adelantarse a estos movimientos impulsado por fundamentos propios.

Si se analiza la evolución del Índice de Precios de los Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), basado en una canasta de productos alimenticios comercializados internacionalmente, observamos que en febrero registró un promedio de 125,3 puntos. A pesar de la mejora registrada en el último mes, el índice todavía se ubica 22% por debajo de los máximos alcanzados en marzo de 2022 (160,2 puntos), tras el inicio de la guerra en Ucrania, nivel que podría considerarse una referencia potencial hacia la cual podrían volver a escalar los precios en un escenario de suba sostenida de la energía.

Desde entonces, los precios de los lácteos registran bajas promedio del 20%, los cereales del 36%, los aceites del 31% y el azúcar del 27%. En contraste, el Índice de Precios de las Carnes —que incluye carne vacuna, aviar, porcina y ovina— es el único que muestra un aumento durante ese mismo período, acumulando un aumento cercano al 8%.

Dentro del complejo cárnico, la carne vacuna y la carne ovina son las que registran los mayores incrementos, 12,5% y 33,5%, respectivamente. En el caso de la carne ovina, si bien el aumento es más pronunciado, su impacto sobre el consumo global es considerablemente menor en comparación con la carne vacuna.

De acuerdo con el último informe de la FAO, la firmeza en las cotizaciones internacionales de la carne vacuna responde principalmente al sólido nivel de demanda proveniente de China y Estados Unidos.

Esta dinámica sostiene los precios de exportación de los principales proveedores mundiales, especialmente Australia y Brasil, cuyas cotizaciones tienen una incidencia directa en la conformación del índice global de carnes.

Según las últimas proyecciones publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de carne vacuna se reduciría en cerca de 1 millón de toneladas durante 2026, reflejando principalmente el proceso de recomposición de stocks ganaderos en varios países productores. Al mismo tiempo, la demanda internacional continuará expandiéndose, con un comercio global que superaría las 12 millones de toneladas, consolidando el crecimiento del mercado internacional.

Estados Unidos continuará desempeñando un rol clave en este escenario, ampliando su déficit comercial de carne vacuna. Recientes proyecciones del USDA indican que las importaciones estadounidenses podrían superar los 2,5 millones de toneladas en 2026, lo que representaría un incremento del 3,4% respecto de 2025. No obstante, el ritmo de compras observado en el inicio del año muestra un crecimiento aún mayor, con datos acumulados para el primer bimestre que exceden en un 10% los registros del año pasado, dato que supera ampliamente el crecimiento proyectado para todo el año.

En el caso de China, si bien el esquema de cuotas de importación aplicado desde este año intenta moderar el ritmo de compras observado en los últimos años, hasta el momento los valores ofrecidos por los importadores continúan en ascenso, reflejando la firmeza de su demanda. Aun sin datos oficiales de la Administración General de Aduanas sobre el volumen efectivamente ingresado en lo que va del año, las referencias de precios FOB para los principales cortes que China compra a Argentina —según datos de APEA— muestran subas cercanas al 40% interanual.

Una dinámica similar se observa en el mercado europeo. Si bien los volúmenes comercializados se mantienen relativamente estables, los precios continúan consolidando una tendencia alcista. Actualmente, cortes de alto valor comercial como el Ramp & Loin o el bife ancho se negocian desde Argentina a valores FOB de entre USD 21.000 y USD 22.000 por tonelada, lo que implica subas superiores al 30% respecto de los valores registrados a igual fecha del año pasado.

En este escenario, una eventual suba en los precios del gas y del petróleo podría agregar presión adicional al mercado, principalmente a través del aumento de los costos logísticos y de transporte internacional.

No obstante, el impacto sobre el comercio de carne vacuna sería relativamente limitado desde el punto de vista de los flujos comerciales, dado el bajo peso que tienen los países involucrados en el conflicto dentro del mercado global.

Según estimaciones del USDA, en 2025 los países de Medio Oriente —entre ellos Israel, Irán, Irak, Siria, Egipto, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes— representaron menos del 5% de la demanda mundial de carne vacuna. A nivel global, esta participación resulta relativamente baja como para generar una disrupción significativa en el mercado internacional.

No obstante, para Argentina la región presenta una mayor relevancia. Destinos como Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7% de los embarques totales y cerca del 11% de las divisas generadas por exportaciones de carne vacuna.

Según datos del SENASA, en los dos primeros meses de 2026 los certificados de exportación de carne vacuna hacia Israel y otros países de Medio Oriente totalizaron unas 11.400 toneladas, equivalentes al 12,5% del total certificado. En lo que va de marzo —ya con una escalada del conflicto en la región— la participación de estos mercados en las certificaciones se mantiene prácticamente sin cambios, lo que hasta el momento no evidencia señales de disrupción en el comercio.

Aun así, Ante un eventual debilitamiento de la demanda proveniente de Medio Oriente, Argentina mantiene una posición sólida en tres de los principales destinos del comercio internacional de carne vacuna: China, Estados Unidos y la Unión Europea. Estos mercados concentran más del 55% del comercio global y constituyen actualmente el eje central de la demanda internacional de carnes, lo que otorga a Argentina una base comercial sólida y equilibrada dentro del actual contexto geopolítico global.

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