Históricamente, la tasa de destete del país se mantiene entre el 62 y el 65%, lo que significa que casi cuatro de cada diez vacas consumen recursos durante todo el año sin producir un ternero. Detrás de ese indicador intervienen múltiples factores, pero uno de los más importantes es el anestro posparto – condición que retrasa el reinicio de la actividad reproductiva y limita la posibilidad de que la vaca vuelva a preñarse dentro del mismo ciclo productivo. –
Un problema que cambia según la región
El anestro no tiene la misma incidencia en todos los rodeos. Su prevalencia depende de factores como la condición corporal, la disponibilidad de forraje, el estrés térmico, el manejo del amamantamiento y la categoría del animal. Por eso, mientras en algunos sistemas bien manejados la proporción de vientres en anestro puede mantenerse relativamente baja, en regiones con mayores restricciones nutricionales o climáticas los porcentajes aumentan significativamente.
Los relevamientos realizados por distintos organismos de investigación muestran esta realidad. En el NEA y el NOA, por ejemplo, el estrés térmico y las limitaciones forrajeras pueden prolongar el intervalo posparto y aumentar la cantidad de vacas que llegan al servicio sin haber reiniciado su actividad ovárica. En otras regiones, como la Cuenca del Salado, las mayores dificultades se observan principalmente en vientres de primera cría o animales con baja condición corporal.
Cuando el tiempo también pesa
El impacto del anestro no termina en una menor tasa de preñez. Su mayor costo aparece cuando las concepciones se retrasan. Cada vaca que demora en quedar preñada genera una cola de parición más extensa y, en consecuencia, terneros que nacen más tarde y llegan con menos kilos al destete.
Diversos trabajos muestran que entre el 40% y el 70% de las vacas de cría puede presentar anestro al inicio de la temporada reproductiva. Según la región, la condición corporal de entore y el manejo del amamantamiento, eso impacta directamente en la eficiencia del sistema, ya que por cada día adicional entre el parto y la concepción, se pierden entre 500 y 650 gramos de peso al destete. En rodeos donde ese intervalo supera los 100 días, la diferencia puede representar hasta 70-80 kilos menos por ternero respecto de vacas que lograron concebir tempranamente.
Por eso, cada vez más especialistas coinciden en que no alcanza con lograr un buen porcentaje de preñez. El verdadero objetivo es conseguir que la mayor cantidad posible de vacas quede preñada al inicio del servicio, incrementando la cabeza de parición y mejorando la productividad del rodeo.
Un abordaje integral
No existe una única herramienta capaz de resolver el problema. Los mejores resultados se obtienen cuando se combinan una adecuada nutrición, un correcto manejo del rodeo, una planificación reproductiva acorde a cada establecimiento y el uso de tecnologías que permitan adelantar el reinicio de la actividad ovárica.
Entre las estrategias disponibles se destacan la suplementación nutricional, el manejo del destete, los protocolos de sincronización y las tecnologías farmacológicas que ayudan a movilizar vacas y vaquillonas en anestro para que lleguen ciclando al inicio del servicio.
Tecnología para producir más con el mismo rodeo
Dentro de este enfoque integral, Agropharma desarrolló BullSynch® N, una tecnología de liberación sostenida única en el mercado, diseñada para favorecer el reinicio de la ciclicidad en vacas y vaquillonas en anestro. Su formulación de liberación inteligente basada en nanotecnología, permite actuar durante 8 a 10 días con una única aplicación, favoreciendo la concentración de los celos y así lograr una mayor cabeza de parición, mejorando la eficiencia tanto en pre-sincronización de programas de Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF), como en sistemas donde se realiza monta natural.
Más allá del incremento en los índices reproductivos, el verdadero impacto se observa en el resultado económico del establecimiento: más preñeces tempranas significan más terneros cabeza de parición y, finalmente, más kilos al destete.
En definitiva, producir más carne no siempre implica aumentar el número de vacas. Muchas veces significa aprovechar mejor el potencial reproductivo del rodeo. Ese es el verdadero desafío de la ganadería moderna: transformar tiempo en kilos.
La cadena agropecuaria argentina recuperó impulso en mayo y volvió a ubicarse prácticamente en niveles récord. Tras el freno que habían impuesto las intensas lluvias de abril sobre las tareas de cosecha, la mejora climática permitió acelerar las labores agrícolas y reactivar buena parte de la actividad primaria e industrial vinculada al sector. Como resultado, el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, registró un crecimiento desestacionalizado del 1,4% mensual y quedó apenas un 0,2% por debajo del máximo histórico alcanzado en febrero.
El IACA-BCR mostró una mejora mensual de 1,4% en mayo, con un aporte destacado de las labores agrícolas tras los retrasos observados durante el mes previo. En términos interanuales, la serie se posicionó 8,8% por encima de igual mes del año anterior.
1. IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL
El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, registró un incremento mensual desestacionalizado del 1,4% en mayo. De esta manera, el dato del último mes se posicionó apenas 0,2% por debajo del máximo registro histórico alcanzado en febrero.
Durante el mes de mayo, cinco de las doce series que componen el índice registraron una variación mensual positiva, mientras que las siete restantes se posicionaron en terreno negativo. El mayor impulso del índice general provino del avance mensual de labores agrícolas, que evidenció un crecimiento del 2,6%, ante el notable progreso en la cosecha de soja, luego de los retrasos observados en el mes previo. Esta situación se reflejó asimismo en la molienda de la oleaginosa, que creció un 2% respecto a abril, en tanto que se estima que la producción de biodiésel habría registrado un incremento del 1,6%.
Por su parte, la molienda de cebada continuó su tendencia alcista, marcando un crecimiento de un 1,2%, ante la gran cosecha registrada para la campaña en curso. Finalmente, se destaca una leve recuperación en la faena de bovinos, que se posicionó un 0,2% por encima del dato de abril, luego de encadenar sucesivas bajas.
En cuanto a las series que marcaron caídas, se destaca un retroceso del 3% en las exportaciones de los principales complejos agropecuarios medidas en dólares constantes, aunque en términos de volumen la mayoría de los sectores mostraron un buen desempeño respecto al promedio de mayo de los últimos años. Las faenas aviar y porcina también registraron retrocesos mensuales del 0,5% y 0,7%, respectivamente; en tanto la producción de leche cayó 0,7% respecto de abril.
Asimismo, se evidenció una caída mensual del 0,7% en la molienda de trigo y del 0,2% en la molienda de girasol, aunque esta última se mantiene en los mayores valores observados desde el año 2000. Por último, se estima que la producción de bioetanol habría retrocedido 0,5% frente al mes anterior.
Analizando las variaciones interanuales, las cuales permiten poner en perspectiva la dinámica mensual, se evidencia que el IACA-BCR marcó un nuevo crecimiento en mayo, con una suba del 8,8% respecto al mismo mes del año anterior. De esta manera, el índice general mantuvo un sólido desempeño, aunque con cierta moderación frente a los registros observados en los meses previos.
El subíndice IACA-Cultivos marcó un avance interanual del 10,5%, sosteniéndose como uno de los principales motores del índice general, en el marco de una cosecha histórica para la campaña 2025/26. Por su parte, el IACA-Agroindustria se posicionó 1,1% por encima del año anterior, manteniéndose en terreno positivo durante los últimos cuatro meses. Entre las series que lo componen, se destaca el notorio crecimiento de las moliendas de girasol y cebada, en tanto la faena de bovinos registró la mayor caída respecto a igual mes del año anterior.
Finalmente, el subíndice IACA-Agroexportación exhibió un incremento interanual del 15,3% en mayo. De esta manera, el indicador se mantiene al alza y acumula once meses consecutivos de crecimiento, ante la gran disponibilidad de mercadería por el aporte de la campaña agrícola y de los complejos vinculados a la industrialización.
2. SUBÍNDICES
2.1. IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos
El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir con dicha periodicidad la actividad primaria de producción de granos. En mayo, la actividad primaria marcó un crecimiento desestacionalizado de 2,6% respecto de abril y alcanzó un máximo histórico.
En lo que respecta a las labores de cosecha, se advierte que durante mayo se avanzó febrilmente en la recolección de soja. Luego de un abril particularmente lluvioso que había impedido el avance en las labores de cosecha por falta de piso, mayo tuvo menor cantidad de precipitaciones, lo que permitió acelerar la recolección de la oleaginosa, cubriendo el 75% de la superficie total a cosechar en el mes, la mayor proporción para un mes de mayo de toda la serie. Asimismo, se avanzó con normalidad en la recolección de los demás cultivos de la cosecha gruesa, marcando un avance de 33 p.p. en la recolección de sorgo, 16 p.p. en maíz y 2 p.p. en girasol, que de esta manera dio por finalizada la cosecha.
En cuanto a las labores de siembra, durante el último mes se lanzó la cosecha fina 2026/27, marcando un avance de 23% de la superficie total a sembrar de trigo. En tanto, la superficie de cebada registró un avance del 18%.
En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma mostró un avance del 0,2% respecto de abril, luego de haberse registrado caídas en seis de los últimos siete meses. No obstante, dichas caídas se produjeron tras el récord alcanzado en septiembre, por lo que, en términos de nivel, la serie aún se posiciona en valores históricamente elevados.
Dentro de las actividades que componen al sector agroindustrial, se advierte que la molienda de granos marcó un incremento del 1,2% en mayo. En lo que respecta a las oleaginosas, el avance en la cosecha y la mayor disponibilidad de mercadería impactó en el crushing de soja, que se posicionó al alza con una tasa de cambio mensual del 2%. El procesamiento de girasol, por el contrario, marcó un leve descenso mensual del 0,2% en abril, aunque manteniéndose en los niveles más elevados desde marzo del año 2000.
En cuanto a los cereales, el comportamiento también resultó dispar. La molienda de trigo retrocedió 0,7% respecto a abril, en tanto el procesamiento de cebada avanzó por séptimo mes consecutivo, incrementándose un 1,2% mensual y acumulando un crecimiento del 26%.
Por su parte, el subíndice de faena se posicionó levemente a la baja en mayo, registrando una tasa de cambio mensual del -0,1%, mostrando caídas en los últimos diez meses. Diferenciando por sector, en lo que respecta a la faena de bovinos, la misma avanzó 0,2% en el quinto mes del año, posicionándose al alza luego de nueve meses de caídas. Los informes del sector destacan que el impulso en el último mes se debió a una abundante oferta de hacienda que había estado sumando kilos en los meses previos gracias a condiciones climáticas favorables.
En materia de precios, luego de haber alcanzado los valores reales más altos de la historia en febrero del año actual, las cotizaciones del sector ganadero experimentaron una nueva corrección a la baja en mayo, en el marco de un aumento en la oferta de hacienda que se encontró con un consumo interno sobreabastecido. De esta manera, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero retrocedió por tercer mes consecutivo en términos reales, posicionándose 3,2% por debajo de abril. A pesar de ello, los precios se mantienen en niveles excepcionalmente elevados, resultando 13% superiores en términos reales respecto al mismo mes del año anterior.
En lo que respecta al sector porcino, se destaca que la faena exhibió su segunda contracción consecutiva en mayo, con una tasa de cambio mensual del -0,7%. Sin embargo, estas caídas mensuales se dan luego del valor récord alcanzado en marzo, de manera que la serie continúa en sus mayores niveles históricos, con el dato de mayo ubicándose como el cuarto más alto registrado, reflejando una tendencia de mayor consumo de esta proteína desde principios del siglo. En cuanto a la carne aviar, la faena de aves marcó un retroceso del 0,5% en el quinto mes del año, registrando bajas por siete meses al hilo.
Con respecto al sector lechero, la serie desestacionalizada de producción exhibió una caída del 0,7% en mayo respecto al mes anterior, la segunda de manera consecutiva. Aun así, este retroceso se registra luego de que la serie hilara variaciones mensuales positivas durante dos años consecutivos. De hecho, la producción del mes de mayo alcanzó 916 millones de litros, registrando un incremento interanual del 2% y del 5% respecto al promedio histórico de igual mes, influenciada por condiciones climáticas favorables. Como resultado, en los primeros cinco meses del año se observa una producción acumulada de 4.411 millones de litros, siendo el tercer mayor volumen para este período desde el inicio de la serie en 1983, únicamente por detrás de 2012 y apenas por debajo de 2015.
En materia de precios, la cotización en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,36 para el mes de mayo, incrementándose por quinto mes consecutivo y posicionándose holgadamente por encima del precio promedio de los últimos cinco años, que se estima en U$S 0,25 / litro. Este panorama favorable a nivel local difiere de lo observado a nivel internacional, donde se advierte que el índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) retrocedió 0,5% en el último mes, alcanzando su nivel más bajo en los últimos dos años y medio.
Por su parte, el incremento en el precio de la leche durante mayo resultó superior al incremento nominal en el precio del maíz, de manera que se registró una leve mejora en la relación insumo-producto. Se estima que en mayo un litro de leche, en promedio, podía comprar 1,98 kg de maíz, muy cerca del valor de referencia de 2. En cuanto a la soja, en mayo la relación se ubicó en 1,11 kg por litro de leche, por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.
Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, se habría incrementado 0,5% en mayo, luego de tres meses consecutivos a la baja. Durante el último año la serie evidencia cierto estancamiento: de los últimos doce datos mensuales, seis resultaron positivos y seis negativos. Diferenciando por producto, se estima que la elaboración de biodiesel habría crecido 1,6% respecto de abril; en tanto que la producción de bioetanol habría retrocedido un 0,5% mensual.
En términos de mezcla obligatoria, en mayo se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, con la posibilidad de incorporar voluntariamente hasta 15% de bioetanol en naftas y hasta el 20% de biodiésel en gasoil. Por su parte, para el quinto mes del año la Secretaría de Energía dispuso una nueva baja nominal del 0,014% en el precio del biodiésel destinado al corte obligatorio, y un incremento del 0,5% en los precios mínimos de adquisición para el bioetanol.
2.3. IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación
Finalmente, analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los principales complejos agroindustriales, medidas en dólares constantes, registraron una variación mensual desestacionalizada del -3% en mayo. No obstante, el análisis difiere cuando se analizan cantidades.
Por un lado, al observar únicamente los volúmenes exportados por complejo, se advierte que tres de los nueve bajo análisis exportaron un volumen menor de mercadería respecto al promedio de igual mes de los últimos cinco años, en tanto los restantes mostraron un incremento. De hecho, comparando igual mes de años anteriores, resultó el mejor mayo para los volúmenes exportados del complejo girasol y el complejo lácteo, y el segundo mejor mayo para las exportaciones de maíz.
Sin embargo, tomando el valor en dólares constantes, son cinco de los nueve complejos los que presentan un valor inferior al promedio de los últimos 5 años. Entre esos cinco complejos con exportaciones en dólares constantes por debajo del promedio del último lustro se ubican el complejo soja, trigo, cebada, avícola y porcino. Contrariamente, entre los complejos que presentaron un valor exportado por encima del promedio se ubican el complejo girasol, maíz, lácteo y carne y cueros bovinos.
Durante el primer cuatrimestre de 2026, el movimiento de terneros hacia invernada cayó un 25% interanual, marcando el ritmo de comercialización más bajo en diez años. Para el productor, esta retención estratégica sustentada en la oferta forrajera redefine los márgenes de la cría y anticipa una oferta de animales más pesados para el segundo semestre.
La ganadería argentina atraviesa un cambio de paradigma productivo. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, entre enero y abril se movilizaron 2,973 millones de cabezas, casi un millón menos que en el mismo período de 2025. Esta “zafra lenta” no responde a una liquidación de stock —que se mantiene estable en 14,4 millones de terneros— sino a una decisión estratégica del criador: capitalizar la abundante disponibilidad de pasto para intensificar la recría a campo antes del ingreso al corral.
Reconfiguración del negocio: del ternero al novillito
Durante abril, la salida de terneros y terneras desde los establecimientos alcanzó las 926 mil cabezas, casi la mitad de lo registrado en igual mes del año pasado.
En lo que va del año, según datos de DTe correspondientes a los primeros cuatro meses, el movimiento de terneros y terneras con destino a cría y/o invernada asciende a 2,973 millones de cabezas, cerca de 1 millón menos que en igual período del año anterior, cuando se habían registrado 3,958 millones de animales trasladados.
Si bien en términos absolutos la caída es evidente, al contrastarla con el stock informado al 31 de diciembre, la tendencia resulta aún más concluyente.
En relación a los 14,4 millones de terneros y terneras informados como stock al 31 de diciembre, el movimiento registrado en los primeros meses del año representa el 20,6%. En comparación, en 2025 —con un stock de 14,6 millones— los traslados alcanzaban el 27%; en 2024 el 23%; y en 2023, sobre un stock récord de 15,1 millones de cabezas, el nivel de movimiento ascendía al 28%. En este marco, se trata de la zafra más lenta de los últimos 10 años.
Este comportamiento es consistente con una mayor retención en los campos, vinculada a la intensificación de los procesos de recría previos al encierre para terminación.
En línea con ello, al contrastar los traslados totales con los ingresos a corrales de engorde, se observa una disminución de la participación de los feedlots en la recepción de terneros.
Entre enero y abril de 2026, de los 2,97 millones de terneros y terneras que salieron de los campos, 570 mil ingresaron a feedlots, lo que representa el 19,2% del total. En igual período del año anterior, esa participación era del 22,9%, mientras que en 2023 y 2024 se ubicaba en torno al 23,6%.
Sin embargo, esta menor participación del feedlot como destino directo de los terneros y terneras que salen de los campos no implica un menor nivel de actividad en los corrales. Por el contrario, el stock actual de animales en feedlots se ubica en niveles históricamente altos.
De acuerdo con lo informado por SENASA, al 1° de mayo los feedlots reportaban un total de 2,04 millones de vacunos en sus corrales, lo que representa un incremento de casi 6% respecto de igual fecha del año pasado y el segundo registro más alto de la serie, detrás de julio de 2025, cuando en pleno pico de llenado se alcanzaron 2,05 millones de cabezas.
Lo que estaría cambiando para el feedlot no es tanto el nivel de ingresos, sino el perfil de los animales encerrados. Mientras que en los últimos años aproximadamente el 45% de los ingresos del primer cuatrimestre correspondía a terneros y terneras, en 2026 esa participación descendió al 39%.
En contrapartida, el ingreso de novillitos y vaquillonas livianas aumentó su participación, pasando del 40% en años anteriores al 44% actual, con un 15% correspondiente a hembras y un 29% a machos.
Es por ello que actualmente, de los 2,04 millones de animales alojados en feedlots, el 48% corresponde a novillitos y vaquillonas, mientras que solo el 32% pertenece a las categorías de terneros y terneras. Este último porcentaje se ubicaba en torno al 40% en los últimos años, con picos cercanos al 50% durante la sequía de 2023.
En definitiva, se observa una zafra más lenta, orientada a prolongar los procesos de recría a campo, pero articulada con una importante participación de los corrales en la etapa final de terminación. En la medida en que estos sistemas logren sostenerse, podrían derivar en una oferta de animales cada vez más pesados.
En este sentido, un dato destacado del último stock informado por los feedlots es el crecimiento en el número de novillitos. Según datos del SENASA, al 1° de mayo los establecimientos registran cerca de 254 mil novillos en stock, lo que representa un 20% más que un año atrás y el nivel más alto de los últimos cinco años.
El mercado ganadero ROSGAN cerró abril con un dato que marca el pulso del sector: comercializó 41.933 cabezas de hacienda premium a través de ocho subastas realizadas durante el mes, en pleno período de zafra. El volumen, calificado como histórico, refleja una intensificación de la actividad comercial y una reorganización de la oferta en función de las necesidades productivas.
El dato adquiere relevancia en un contexto de tensión estructural entre oferta limitada y demanda sostenida, con un stock nacional que se mantiene por debajo de las 50 millones de cabezas, según lo informado.
Con récor de remates en abril, ROSGAN vendió casi 42.000 cabezas
Transcurrió un abril histórico para el mercado ganadero con la realización de 8 subastas y un total de 41.933 cabezas puestas a la venta, incluyendo hacienda de invernada, cría y faena. En pleno período de zafra, la salida escalonada de la hacienda —según las necesidades de los productores— impulsó una agenda intensa de eventos a lo largo del mes.
Durante este período se destacaron dos tendencias claras: por un lado, la hacienda que viene saliendo posee un mayor kilaje, encontrándose pocos lotes livianos pese a estar en plena zafra; por otro, hubo cambios en la composición de la oferta, donde el mayor volumen correspondió a terneros y terneras (más del 60%), mientras que novillos y novillitos representaron el 12%, cifra que se prevé aumentará con el avance de la recría.
Si bien ROSGAN es el referente nacional en invernada y cría, en abril la oferta con destino a faena fue significativa. El volumen total se distribuyó de la siguiente manera:
El espíritu federal del mercado se consolidó a través de remates que cubrieron 13 provincias, mostrando la calidad de los rodeos y la diversidad de la matriz productiva argentina.
En relación al análisis de precios y demanda, aunque los valores promedio de abril se ubicaron un escalón por debajo de los registros de marzo, la demanda se mantuvo firme tanto por parte del invernador tradicional como del sistema de confinamiento. Pese a los intentos de la industria por moderar los precios en animales recriados para engorde en hotelería, la escasez de volumen —con un stock nacional por debajo de las 50 millones de cabezas— mantuvo la firmeza del mercado.
El bienestar animal está cobrando cada vez más relevancia en la sustentabilidad de los sistemas productivos modernos: implica la salud, la ausencia de dolor e incomodidad y la posibilidad de manifestar el comportamiento natural por parte de los rumiantes. Existe una relación directa entre el cuidado de los animales, la eficiencia productiva y el impacto ambiental de la actividad ganadera.
De esta manera, el bienestar animal desempeña un papel determinante dentro de los tres pilares de la sustentabilidad (económico, social y ambiental), al contribuir simultáneamente a mejorar los resultados productivos y a reducir externalidades negativas. Así, mejorar las condiciones de bienestar impacta positivamente en la salud de los animales y en la eficiencia de los sistemas productivos.
En cuanto al aspecto económico, se destaca el impacto en la producción de las vacas en el tambo: a más bienestar, se ha demostrado mayor cantidad de leche y menor frecuencia de enfermedades, minimizando el uso de medicamentos. Por otra parte, a nivel social, entran en consideración aspectos éticos y morales, la preocupación por la forma en la que se trata a los animales. Finalmente, en cuanto a la conciencia ambiental, se repasa en qué medida la actividad ganadera puede tener un impacto en cuestiones de interés como el medio ambiente o la salud de las personas.
“En todos esos ámbitos, el bienestar animal juega un papel clave. Sabemos que al mejorar el bienestar de los animales mejoramos su desempeño productivo y, por lo tanto, podemos contribuir a mejorar la rentabilidad económica de las explotaciones. Y, en segundo lugar, cada vez tenemos más estudios que demuestran que al mejorar el bienestar animal podemos contribuir a mejorar la zoonosis y a reducir el uso de antimicrobianos”, explicó el Dr. Xavier Manteca , Médico Veterinario español, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, experto en Etología y Bienestar Animal.
Esta relación se expresa en indicadores concretos: animales con mejores condiciones de vida presentan menores niveles de estrés, lo que se traduce en una reducción de enfermedades y, por ende, en una menor necesidad de intervenciones terapéuticas. Esto no solo optimiza la productividad, sino que también contribuye a un uso más responsable de los recursos, incluidos los medicamentos veterinarios.
Un informe de 2021 de la empresa de investigación Oxford Analytics, publicado por la organización HealthforAnimals, analizó la relación entre la salud animal y los tres pilares de la sustentabilidad, medioambiental, económico y social. Algunos de los hallazgos de la investigación fueron que “una tasa global de vacunación del 60% en el ganado bovino de carne se asocia con un aumento de productividad de más del 50%” y que “una disminución de 10 puntos porcentuales en las enfermedades del ganado se asocia con una reducción de 800 millones de toneladas en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”.
“En Europa, se ha puesto mucho énfasis en cuestiones relacionadas a las instalaciones, que tiene su importancia, pero considero que la formación del personal es clave para el bienestar animal, por lo que considero que es un aspecto clave a potenciar: los estudios demuestran que es la estrategia más rentable para mejorar el bienestar animal. La otra cuestión en la que insistiría es que la industria ganadera se implique en la elaboración de las normativas, ya que es importante que se elaboren teniendo en cuenta la visión de quienes se dedican a la producción”, continuó el Dr. Manteca.
Bajo esta perspectiva, el bienestar animal no solo impacta en la producción agropecuaria, sino que también tiene implicancias directas en la seguridad alimentaria y la salud pública.
“Algo que tenemos cada vez más claro es que el bienestar animal debe abordarse como una estrategia integral y no como una serie de prácticas aisladas. Esto implica considerar factores como la nutrición, el manejo, el ambiente y la sanidad, integrándolos en sistemas de producción que prioricen tanto la eficiencia como la ética en el trato hacia los animales”, detalló Martín Meier, Business Unit Manager Livestock de Boehringer Ingelheim.
“La intervención del veterinario permite traducir los principios de bienestar en prácticas concretas dentro de los establecimientos productivos, facilitando el alcance de estándares sanitarios y productivos más elevados y sostenibles. Actualmente, contamos con indicadores concretos y nuevas tecnologías que nos ayudan a interpretar de manera más rápida y precisa el estado de salud y bienestar de los animales. Esto nos permite intervenir de manera temprana y más efectiva en busca de la eficiencia y la mejora continua. Esta función resulta especialmente relevante en contextos donde la demanda de alimentos de origen animal continúa en crecimiento y exige sistemas más eficientes y responsables”, detalló el Dr. Roberto Albergucci, médico veterinario.
Por su parte, la Ing. Agr. (Mgter.) Verónica Aimar aseguró que, desde el punto de vista ambiental, el bienestar animal se asocia con una mayor eficiencia en el uso de los recursos: “Animales sanos y bien manejados son más productivos y eficientes, lo que permite reducir la huella de carbono por unidad de producto”. En esta línea, resaltó la libre disponibilidad de protocolos y herramientas de bienestar animal con visión integral. Estas soluciones, diseñadas para el trabajo a campo, permiten conocer el estado de los sistemas ganaderos y ejecutar planes de mejora que no solo impulsan modelos productivos sustentables, sino que también garantizan el cumplimiento de las exigencias del mercado internacional. Este enfoque permite avanzar hacia modelos que equilibran rentabilidad con responsabilidad ambiental. Finalmente, subrayó el valor estratégico del regreso de Argentina a la Federación Internacional de Lechería (FIL-IDF) en 2025. En el marco de dicha entidad, existen comisiones trabajando activamente en diversos aspectos, tales como el consenso de estándares específicos para nuestro país y el bienestar vinculado al ambiente, entre otras áreas clave.
En este contexto, el bienestar animal se posiciona como un elemento estratégico para el futuro de la producción agropecuaria. Lejos de ser una tendencia pasajera, se trata de un componente estructural que redefine la manera en que se conciben los sistemas productivos, integrando ciencia, ética y sostenibilidad en una misma agenda.
“En Boehringer Ingelheim estamos comprometidos con impulsar el bienestar animal como un pilar fundamental de la producción sostenible. Creemos que mejorar la salud y las condiciones de vida de los animales no solo es una responsabilidad ética, sino también una vía concreta para lograr sistemas productivos más eficientes y respetuosos con el ambiente. Por eso, trabajamos junto a veterinarios, productores y la comunidad científica para desarrollar soluciones basadas en evidencia que promuevan un enfoque integral, alineado con el concepto de interconexión entre salud humana y animal”, señaló Federico Böttcher, Head of Sustainability de Boehringer Ingelheim Sudamérica.
En paralelo, la compañía promueve la generación de conocimiento y la colaboración con expertos en bienestar animal para acompañar a los productores en la transición hacia prácticas más sostenibles. Estas alianzas buscan integrar evidencia científica con experiencia práctica, facilitando la implementación de mejoras adaptadas a distintos contextos productivos.
Boehringer Ingelheim se compromete con la sustentabilidad mediante el desarrollo de mejores terapias y soluciones sanitarias que contribuyan a un mundo mejor. No solo en la actualidad sino también para todas las generaciones venideras. Al ser una compañía familiar, considera que quienes allí trabajan, los pacientes, las comunidades y sus socios comerciales son parte de esa familia.
Asimismo, Böttcher describió que “desde nuestro origen, tenemos la ambición de brindar más y mejor salud a las personas, los animales, las comunidades y el planeta. En este sentido, estamos convencidos de que los avances en materia de salud animal constituyen una notable contribución a este propósito”.
Por su parte, Meier afirmó que: “La evidencia disponible muestra que existe un círculo virtuoso entre bienestar animal, productividad y sostenibilidad. Invertir en mejores condiciones para los animales no solo mejora los resultados económicos, sino que también responde a las crecientes demandas sociales y ambientales del sector agroalimentario”.
La consolidación de este enfoque refleja un cambio de paradigma en la industria, donde la salud animal ya no se limita al tratamiento de enfermedades, sino que se orienta cada vez más hacia la prevención, el manejo integral y la mejora continua de las condiciones de vida de los animales. En ese camino, la compañía promueve la generación de conocimiento y la colaboración con expertos en bienestar animal para acompañar a los productores en la transición hacia prácticas más sostenibles.